martes, 15 de julio de 2014

El factor “desde”

por Juan Carlos Kreimer

Un alumno de una escuela nocturna, interpretado por Carlos Carella, le pregunta a la maestra: “Si la Tierra es redonda y gira permanentemente... ¿por qué no nos paramos nosotros arriba y obligamos a los europeos y norteamericanos a caminar cabeza abajo?” Norberto Galasso recordó esta escena de la película El rigor del destino, de Gerardo Vallejo, cuando le pedimos con Nerio Tello que nos supervisara el original de Pensamiento nacional para principiantes. La cosmovisión de Jauretche hace pie en esa imagen, siguió Galasso. Lo nacional es simplemente lo universal visto por nosotros, abordar los problemas viendo el mundo desde aquí, desde nuestras propias especificidades.
Nunca había evaluado hasta qué niveles el “desde” qué lugar observamos, es capaz de determinar el destino de ese lugar y el de su gente. Algo similar pasa con las palabras que usamos para nombrar determinados hechos. El uso de la palabra “descubrimiento” referido al desembarco europeo del 12 de octubre de 1492, implica aceptar el punto de vista de los descubridores. Del mismo modo, tendemos a ver el planeta desde una convención creada en un observatorio británico que hace pasar el meridiano cero por un suburbio londinense. Desde esa óptica, hacia un lado es Oriente, hacia el otro, Occidente; y allá abajo, los suburbios del mundo. Nosotros, los países soberanos; ustedes los países sin historia (o ignorada por nosotros), nuestras colonias. Esa perspectiva imperial –el pensamiento colonial ocupando el lugar del pensamiento nacional– coloniza la mente de los colonizados –económica, política y culturalmente–, y nos hace ver la globalidad con los ojos de los así llamados países centrales, no desde el lugar donde apoyamos los pies. Independientemente de los usos, abusos y desusos que se puedan hacer de estas ideas originadas en el sentido común, las formulaciones de Jauretche, sus lecturas de la realidad y, en especial sus pedidos de que nos “avivemos” de una vez por todas, constituyen la base más sólida sobre la que se puede empezar (o volver, si tomamos algunos contados ejemplos de nuestra historia) a “pensar en nacional”.
Quizá, para algunos, como perspectiva puedan parecer anticuadas e insistan en que es imposible vivir aislados, nos quedaríamos muy atrás (Jauretche agregaría este argumento a su lista de zonceras criollas). No “pensar en nacional” nos ha colocado en una condición de inferioridad y, al mismo tiempo, afianzó nuestra dependencia. Dependencia al modelo que nos tiene a su servicio, cabeza abajo y en el mejor de los escenarios nos tira algunos huesitos electrónicos para hacernos creer que formamos parte de esa globalidad. A la fórmula materias primas + mano de obra barata ahora le han sumado otro término: carne de mercado, y por no quedar afuera más que por necesidad, compramos sin parpadear. Hoy, que el mundo se cae a pedazos, las zonceras argentinas que con tanta sensatez contabilizó Jauretche deberían devolvernos a las reflexiones más básicas. A las que a lo largo de la historia de la humanidad hombres y mujeres nos hicimos cada vez que pudimos sacar la mirada de lo inmediato: el sentido de la vida, el amor, el odio... Para qué hacemos lo que hacemos, qué estamos sembrando, ¿un crecimiento basado en el consumo? ¿Consumir para que se pueda seguir produciendo? En lo colectivo, salirnos de esa rueda para hamsters produce temores similares a los que percibe cualquier empleado que abandona (o quiere abandonar) la dependencia: fin de la sensación de protección que da estar bajo el ala de quien da trabajo y asegura la paga mensual. Los que atravesamos esa barrera y pasamos a ser autónomos sabemos que la realidad se ve distinta de un lado y del otro. Y que exige, primero, un reajuste mental: olvidarse de la seguridad (relativa) del salario y aprender a contar y arreglártelas solo con esto: lo que hago, lo que obtengo, lo que doy... sustraernos por un instante del concepto de crecimiento económico, considerado la madre de todos los crecimientos, y volver a la idea del trabajo como un don hace que la relación misma con el trabajo sea lo que modifique las reglas. Dejar de pedirle al trabajo que nos dé y darle lo mejor de nosotros. Esto crea una energía imparable, que unifica a quienes lo practican e imprime a lo que se haga un sentido mayor que el meramente productivo.
Tal vez lo que Jauretche, Scalabrini Ortiz, Hernández Arregui y tantos que les pusieron (y ponen) el cuerpo a estas ideas quieren decirnos es que sólo “desde” esta actitud de servicio podemos recuperar la fuerza –la dignidad– necesaria para descolonizarnos mentalmente, construir la unidad que nunca logramos como país (salvo en los mundiales de fútbol) y abandonar la zoncera-paradigma: que “lo nacional” de los países dominantes “es” lo universal. No. Pensar en nacional significa ver a los demás países y relacionarnos con ellos, desde nuestra perspectiva, nuestras necesidades, nuestros potenciales. No llegar a ser como ellos por parecernos sino por animarnos a explorar, desarrollar y ser felices llevando adelante lo que nos ha sido dado. En un mundo patas para arriba, quién no te dice que desde esa posición podamos volver a levantar la mirada más allá de una buena cosecha.


Las cadenas del endeudamiento. FORJA y la deuda externa

por Juan Godoy

En nuestra intención abordar en estas líneas el análisis que realiza la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA), acerca del endeudamiento externo. Acerca de cuál es realmente el papel que se pretendió y se pretende con el mismo. En este sentido, FORJA analiza el primer empréstito contraído por nuestro país, como demostración de los mecanismos que se valen los países colonialistas y/o imperialistas para sojuzgar a los pueblos. El lector sabrá apreciar, en estas breves líneas, que la senda que nos marca el pensamiento nacional sigue absolutamente vigente.

Brevemente, FORJA fue una agrupación surgida como una ruptura al interior del Radicalismo. Este Movimiento nacional amplio contenía en su seno sectores propulsores de un proyecto nacional-popular, y al mismo tiempo sectores fuertemente conservadores, y como este puñado de muchachos considera que el Movimiento nacional no puede estar conducido (aunque sí pueden formar parte), los sectores conservadores, y ante la entrega de las banderas más consecuentes del yrigoyenismo que hace el alvearismo, dan nacimiento a esta Agrupación, que también viene a denunciar (por primera vez en forma profunda y sistematizada sostiene Hernández Arregui), la injerencia del imperialismo británico en nuestro país. En un sótano de la Ciudad de Buenos Aires surge FORJA que grita: “SOMOS UNA ARGENTINA COLONIAL: QUEREMOS SER UNA ARGENTINA LIBRE”. En este sentido examinan la cuestión de la deuda externa que más que como posibilidad de desarrollo “ha operado como un instrumento de saqueo y sumisión semi-colonial. En tal sentido ha sido un personaje permanente de nuestra historia, oculto, a veces, de prepotente presencia, en otras oportunidades” (Galasso, 2008: 13), o bien como sostiene uno de las principales denuncias en la pluma del patriota Alejandro Olmos: “esa deuda es, pues, el común denominador de la desgracia de América Latina (…) La deuda debe ser un problema convocante en esta hora trascendental del destino latinoamericano (…) es clave para un replanteo de la lucha política en los países deudores. Porque la solución es política y no económica” (Olmos, 2004: 82-84). Pero vayamos con los forjistas, y el comienzo de esta historia infame de la deuda. En la pluma y voz de Raúl Scalabrini Ortíz será, sobre todo, que FORJA enjuicie el endeudamiento externo. Así, Scalabrini demuestra que nuestro país no cayó en el endeudamiento por necesidad, o por debilidad, sino más bien por astucia, y penetración del colonialismo o imperialismo británico, en complicidad con la oligarquía local. La deuda no se contrae por necesidades fiscales (que ya estaban cubiertas, y es más arrojaban superávit). También deja de lado los argumentos que pretenden el no reclamo de la soberanía nacional ante los usureros imperiales por temor a las condenas del capital trasnacional. Es “el pasado, de donde arranca el paulatino sometimiento argentino, así enderezado en su realidad efectiva, servirá a la obra de manumisión nacional” (Scalabrini Ortíz, 2012: 323)

FORJA analiza profundamente el primer empréstito para demostrar el mecanismo que utilizan las potencias, por eso que “para muestra basta un botón”. De esta manera cuenta que de nuestro primer empréstito contraído con la Casa Baring Brothers por 1 millón de libras esterlinas (parte de los diez empréstitos hechos por Inglaterra entre 1822-1826 por casi 21 mil millones de libras en nombre de las colonias españolas), llega al país un monto muchísimo menor. El empréstito aparece así como una imposición. Las investigaciones dicen que poco más que la mitad es lo que tendría que haber llegado al Rio de la Plata, no obstante esa suma no llega en metálico, Scalabrini sostiene que han llegado unas 140 mil libras esterlinas, casi 120 mil en letras, y el resto en oro, y es más el empréstito sostiene el forjista sirve como desbloqueo a las utilidades de los comerciantes británicos en la ciudad-puerto (Scalabrini Ortíz, 2001). ¡El resto solo Dios, la burguesía comercial entreguista y los financistas británicos sabrán! Afirma Scalabrini: “el primer empréstito argentino no fue más que un empréstito de desbloqueo, un modo de transportar en forma permanente las ganancias logradas por los comerciantes ingleses en las orillas del Río de la Plata. Es decir, que ese primer empréstito representa una riqueza que se llevó de la Argentina a Inglaterra, no una riqueza inglesa que se trajo a la Argentina. Ésta es la interpretación más favorable a Inglaterra (…) Lo más desfavorable linda con la brutal denominación de coacción y aun de estafa internacional” (Scalabrini Ortíz, 2012: 324-325) Este es el “precio” por el reconocimiento de nuestra independencia. Es de recordar que recién para principios del siglo XX se termina de pagar el empréstito, llegando a pagar entre cinco y ocho veces más (es decir 8 millones libras esterlinas). ¡Una estafa! No hay negocio, o más bien hay negocio para pocos. Rememoramos, pedimos 1 millón de libras, se sabe que llegaron 140 mil (la mayor parte en letras), se cree que llegaron algunas más (como desbloqueo), y se pagó cerca de 8 millones de libras. Lamentablemente debemos decir que es “moco de pavo” con lo que va a venir más tarde (sobre todo con la última dictadura cívico-militar, y la segunda década infame). Sumado a todo esto debe considerarse que “monstruosas y vejatorias, tal es efectivamente la adjetivación que merecen las garantías del empréstito de 1824 (…) las tierras públicas han quedado hipotecadas, es decir, afectadas, por el mismo acto (…) Desde el 1º de julio de 1824, la tierra pública argentina sólo era argentina en cuanto a su ubicación geográfica.” (Ibídem, 336-337)

Pero nuestra intención, como la de FORJA no es abrumar con datos, sino ir a la estrategia de sometimiento que denotan éstos. FORJA considera que el endeudamiento de los países coloniales o semi-coloniales corresponde a un cambio de método de sometimiento de las potencias luego de nuestros procesos independentistas. Antes las armas, ahora la penetración económica, “el imperio británico usará métodos nuevos en el transcurso del siglo XIX. Conseguirá tributos de riquezas, de productos, de trabajo, merced a la habilidad. Sólo usará la fuerza para destruir unidades muy resistentes o conductores muy precavidos (…) La primera arma de dominación económica es el empréstito”. (Ibídem, 329-330) Rechazados los británicos en 1806-1807 buscarán otro camino para someter a nuestro país. Recordemos que el imperialismo seguirá utilizando la fuerza, lo que será oportunamente denunciado por FORJA, por ejemplo cuando la Batalla de la Vuelta de Obligado, o con la ocupación de Nuestras Islas Malvinas en 1833. ¿Había otro camino se pregunta Scalabrini? y se responde que sí, y encuentra un ejemplo claro. Mientras Mitre en nuestro país transfiere la deuda de la Provincia de Buenos Aires al Estado Nacional, y contrataba un empréstito de 2,5 millones de libras esterlinas con Gran Bretaña del cual llega menos del 70%, el Mariscal López en el Paraguay desarrollaba fuertemente desde el Estado un país autónomo, construía astilleros, la primera línea férrea sudamericana, altos hornos de acero, etc. es decir se desarrolla industrialmente, llega a ser el país más desarrollado de Sudamérica, y cuando se endeuda por 1 millón de libras esterlinas… Luego de la Guerra de la Triple Infamia, y que El Mariscal López muera con su patria en Cerro Corá. De dicho empréstito indica el forjista, no llegó un peso a Paraguay (1). En fin lo que se busca es detener la posibilidad de desarrollo, dejar al país deudor en el primitivismo agropecuario, “el único resultado visible y comprobable del empréstito fue el de retener el desarrollo de los pueblos, que es posiblemente el objetivo primordial de la diplomacia inglesa: detener el progreso de los pueblos”. (Ibídem, 333) Asimismo se busca imponer condicionamientos ante la imposibilidad de pagar. Este estrategia no es el otorgamiento de un préstamo que luego el país deudor puede saldar en varios años con algunos intereses, pero que invertido de forma tal termina generando más riqueza. La lógica es el endeudamiento de forma tal que los países deudores no puedan hacer frente a los mismos, sean deudores y pagadores continuos. La deuda es entonces un peso enorme a los países coloniales y/o semi-coloniales que no los deja desarrollarse, y el drenaje es tal que complica incluso la continuación del pago de los mismos “préstamos”. Así, los forjistas ya en la década del ’30, nos advierten que el endeudamiento con los organismos, bancos y/u organismos del imperialismo no tienen como objetivo el desarrollo nacional, sino más bien imposibilitar el mismo, de esta forma actúa como una forma más de encadenamiento de los países imperiales en relación a los oprimidos. En los forjistas es claro que seguir pagando para continuar debiendo cada vez más no es el camino. De esta forma, la salida posible es romper el esquema de expoliación, y así avanzar en la liberación nacional, ruptura solo posible en el marco de la Patria Grande.

Bibliografía

Cuadernos de Fuerza de orientación radical de la joven argentina (FORJA). Re-edición facsimilar. Jaramillo, Ana (Comp.). (2012). Cuadernos de FORJA. Buenos Aires: Ediciones de la UNLA/Colección Pensamiento Nacional.

Galasso, Norberto. (2008). De la Banca Baring al FMI. Historia de la deuda externa Argentina. Buenos Aires: Colihue.

Hernández Arregui, Juan José. (2004). La formación de la conciencia nacional. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente).

Olmos, Alejandro. (2004). Todo lo que quiso saber sobre la deuda externa y siempre se lo ocultaron. Quiénes y cómo la contrajeron. Buenos Aires: Peña Lillo: Continente.

Scalabrini Ortíz, Raúl. (2001). Política Británica en el Río de La Plata. Buenos Aires: Plus Ultra
























[1] Destacamos que estos trabajos de Scalabrini Ortíz que tomamos son anteriores al peronismo, durante el cual la deuda externa llega a ser igual a 0 (cero). Sí rescata Scalabrini la política de Juan Manuel de Rosas, quien “supo volver contra las pretensiones inglesas el arma del empréstito, interesando a los tenedores de bonos y banqueros ingleses en el levantamiento del bloqueo establecido en el Río de la Plata por la flota de Gran Bretaña (…) pero en esta cadena de humillaciones es un pequeño punto luminoso, cuya perspectiva puede aclarar nuestro futuro”. (Scalabrini Ortíz, 2012: 348)

El fútbol, una alegría mundana

por Alberto Buela 

No existe ningún otro acontecimiento en la Tierra ni en el mundo que convoque tanta cantidad de personas y que conmueva toda la vida del planeta como el mundial de fútbol cada cuatro años. Este es el hecho bruto y cierto: la vastedad de la repercusión. ¿Qué podemos decir desde la filosofía sobre semejante conmoción?

El fútbol ha reemplazado desde la segunda mitad del Siglo XX y en lo que va del XXI  a la guerra en gran escala. La FIFA con 209 miembros tiene más países afiliados que las Naciones Unidas, con 193. Los seleccionados representan a las Naciones y no a los equipos de los países de donde salen los jugadores. Los colores de las camisetas, en general, están vinculados a los colores de las banderas o a la coloratura histórica de los países. Así Argentina lleva la camiseta celeste y blanca, Brasil la verde amarilla,  pero en Europa va más atrás de las banderas. El fútbol es representado por los colores nacionales, así a Inglaterra el color blanco o España el rojo, Alemania el plateado (como el color de la Mercedes Benz), Francia el blue, e Italia el azzurro (azul claro) que son los colores históricos que les pertenecen. Ese gran politólogo que es nuestro amigo, Horacio Cagni, nos observó: El fútbol simula una batalla con dos equipos enfrentados, sus capitales, corazas  y soldados. Fijate que las camisetas (corazas) a rayas son más permeables a la derrota que las lisas, porque entre líneas, dejan lugar para pasar (herir). O ese gran ocurrente oriental que es Eduardo Galeano  cuando observa: el fútbol se parece a Dios, tiene la devoción del pueblo creyente y la desconfianza de los intelectuales. Nuestro maestro José Luís Torres, el fiscal de la Década Infame, sostenía que: el fútbol es el partido del imperialismo y por algo ha sido un invento inglés. Dante Panzeri, ese gran observador del fútbol, afirmó: en esta dinámica de lo impensado, un hombre puede ser infiel a su mujer pero nunca a su camiseta o casaca. El Papa Francisco acaba de señalar que en la práctica del fútbol se deben observar tres comportamiento esenciales: entrenamiento, juego limpio y respeto a los adversarios. Es decir, estamos ante un fenómeno que fue pensado desde muchos ángulos pero que ninguno termina de comprender del todo. El muy buen filósofo brasileno, Nilo Reis, de Feria de Santana observa con agudeza: Eu jamais acreditei neste time. Aliás, considero-me apenas tricampeão. Os dois últimos títulos não foram conquistados com Arte, apenas com estratégia de "retranca". Lo que quiere decir que hay que distinguir entre el fútbol como jogo bonito del fútbol industrial y especulativo que se juega ahora.

Pero indudablemente, y más allá de todas estas válidas opiniones, este inmenso fenómeno masivo, tanto por su práctica mundial como por los espectadores desde los lugares más recónditos del planeta, algo nos está diciendo: Qué el hombre necesita desatar alegrías, no solo personales sino masivasSi Ortega y Gasset viviera diría que es el deporte predilecto del hombre-masa, y no estaría errado. Lo que ha sucedido en este último tiempo, sobre todo con la entrada de Internet, es que ya no es sólo el burgués, a que él ser refería, sino que es el pueblo llano en su conjunto el que participa hoy del juego. Pero esta alegría de que hablamos está vinculada a la distensión de la voluntad y de la obligación a que nos ha llevado la sociedad de consumo: trabajar pagar cuentas y tarjetas de crédito. Es como un parate, como una puesta entre paréntesis, como una epojé del diario trajín. Claro está, ya no existe más el domingo como el día del Señor donde no se trabajaba para honrar su gloria. Ese domingo al que llegábamos limpios pues nuestros padres nos obligaban a bañar y asearnos. Obvio que la fiesta del fútbol mundial cada cuatro años tiene sus sacerdotes (los jugadores), sus acólitos (los entrenadores y técnicos), sus misas (los partidos), sus réprobos (los que muerden o lastiman), sus santos (los grandes jugadores) y sus feligreses (los hinchas, torcedores, hooligans o tifossi). Pero a diferencia de la Iglesia que propone una felicidad ultramundana, la iglesia futbolera propone una felicidad mundana, sin un más allá. Es decir con una conciencia de la banalidad o el pasar de las cosas, porque dentro de cuatro años, otro puede ser el rey, el salvador, el héroe. Hay en este aspecto algo de la mentalidad estoica romana de alegrase con los hechos hilaritas animi, pero al mismo tiempo aceptar los hechos, cuando nos son contrarios. Todo perdedor que pierde luchando, es un ganador: Chile llega como triunfador y perdió, México lo mismo, Costa Rica igual.

En realidad el fútbol se ha transformado en una reacción ante la civilización ilustrada de estos últimos doscientos años que no ha hecho más feliz a la humanidad sino, antes bien, más desdichada. Es que el desarrollo tecnológico y financiero  ha transformado al mundo en usufructo y beneficio para unos pocos, y al hombre del pueblo le cuesta mucho arrancar lo que necesita para vivir con su duro trabajo a una naturaleza cada vez más pobre y rebelde. El fútbol le da un respiro a sus pesares cada cuatro años. Es que el hombre (varón y mujer) ha pasado por distintas etapas en estos últimos siglos. Así, de la vieja noción de calidad, a la que se llega por la fortuna o la educación (comienzo de la modernidad), a la de mérito o esfuerzo (revolución industrial) a, finalmente, la capacidad de consumo o shopping. Y hoy en las canchas de fútbol, son más los que están fuera que adentro de los shoppings.

Cuando los seleccionados llegan vencidos a sus respectivos países, si han perdido luchando se los recibe como héroes (hasta los Presidentes se sacan fotos con ellos) y si han perdido mal, por haber jugado mal, son casi considerados traidores a la patria (recuerdo aun cuando el seleccionado argentino llegó a Ezeiza en 1958, que se lo recibió a monedazo limpio). Pero, ¿Qué encierra esta cita mundial del fútbol cada cuatro años, como una especie de eterno retorno de lo mismo, para hablar como Nietzsche? En primer lugar que la alegría, ese sentimiento de placer que se siente ante una satisfacción o hecho favorable, necesita renovarse cada tanto. No existe la alegría permanente. Luego, lo efímero y banal de las cosas de este mundo. Es una alegría que no exige responsabilidad por parte del pueblo o del que se goza. Posteriormente, la necesidad de la acclamatio universal compartida, como un: aquí estamos nosotros los hombres comunes (uomo qualunque). Y, finalmente, poder proclamar en forma masiva como Schiler en su himno: todos los hombres han nacido de la alegría y a la alegría vuelven. En una sociedad desacralizada, queda esto como el último grito mundano, de una muerte sin más allá.


 


Cuaderno N° 15: 10 Cuestiones para entender el conflicto entre Israel y Palestina


10 CUESTIONES PARA COMPRENDER EL CONFLICTO ENTRE ISRAEL Y PALESTINA



ARITZ RECALDE


INTRODUCCIÓN

“Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente, es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente.” León Gieco

El objetivo del presente Cuaderno es uno sólo: contribuir a la paz.

Partimos de un supuesto: la guerra actual de Israel contra Palestina prolonga la inestabilidad política, económica, cultural y social de la Región, conduciendo las relaciones entre las partes a un destino de confrontación sin salida. Ante esta realidad y después de casi 120 años de la aplicación del Proyecto Sionista por parte de la dirigencia hegemónica del pueblo judío, puede concluirse que éste lejos de terminar con el enfrentamiento, lo profundiza. En este marco, difícilmente judíos y palestinos donde quiera que habiten puedan convivir, continuando esta política de guerra, enfrentamiento y exterminio. Asimismo, es innegable que el terror ejercido por el Estado de Israel genera no sólo el rechazo en la comunidad árabe víctima directa de las acciones, sino que además produce un sentimiento de marcada enemistad con el pueblo judío a lo largo del Planeta, adscriba o no al Sionismo. Si el objetivo de Israel es la seguridad de su pueblo, con su política terrorista fomenta por el contrario que su población viva en un estado de inseguridad y de guerra permanente. Consideramos oportuno reiterar que no hay acuerdo de paz posible sin la asunción de las responsabilidades de las partes directamente ligadas al conflicto. Asimismo, pensamos que un acuerdo para la paz en la Región debe involucrar la intervención de los Jefes de Estado y de las Organizaciones Libres del Pueblo, no importa la nacionalidad o la afiliación partidaria de cada una de ellas. Si la colectividad internacional no discute y actúa en consecuencia, atendiendo las alternativas en el mediano y largo plazo, vamos hacia un camino que conduce al abismo al pueblo palestino. Además, la inacción de medidas concretas en la actualidad por parte de la comunidad internacional, prolonga la inestabilidad e inseguridad indefinida entre los miembros de la comunidad de judíos de Israel y del resto del Mundo. 

Interesa ofrecer al lector un esquema conceptual de diez variables o cuestiones centrales para comprender el bombardeo actual de Gaza y los enfrentamientos constantes entre Israel y Palestina de las últimas décadas. Las mismas son presentadas a través de un recorrido histórico que permite al lector no especializado introducirse en la génesis del conflicto y en sus potenciales soluciones. En todos los casos, se consignan a pié de página fuentes bibliográficas y documentales que sustentan nuestro punto de vista y que tienen utilidad para la profundización del tema. La primera cuestión, se refiere al momento de ocupación del territorio de Palestina. La segunda, tiene que ver con la historia del movimiento político y cultural judío denominado Sionismo, que aportó la justificación doctrinaria y programática e implementó gran parte de las acciones para desarrollar el Estado de Israel. La tercera cuestión, tiene que ver con la relación entre Israel y un conjunto de Gobiernos, en especial nos vamos a referir a Inglaterra y Estados Unidos. La cuarta, se refiere a las acciones militares fundamentales que oficiaron como una bisagra en el desenvolvimiento del conflicto. La cuestión quinta se relaciona al tratamiento de la dimensión religiosa. La sexta, explica los mecanismos implementados por el Sionismo para la ocupación del territorio y la apropiación de los recursos económicos de Palestina. La cuestión séptima, aborda los mecanismos ideológicos y las estrategias comunicacionales y de sentido construidas para justificar la ocupación. La octava, introduce el factor de la industria de la guerra como un elemento central para comprender el proceso político histórico y actual. La cuestión novena, sintetiza la historia de las organizaciones políticas de Palestina. Finalmente la décima, presenta tres modelos políticos que actualmente tienen vigencia a la hora de atender posibles soluciones a los enfrentamientos.


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Juan Perón y el lugar de los trabajadores (en el movimiento nacional)

Por Juan Godoy* “Es alrededor de los sindicatos donde se centra la lucha nacional. Una lucha de todo el pueblo contra el coloniaje”. (J...