lunes, 30 de agosto de 2010

Ni calco ni copia, creación heroica. El socialismo indoamericano de José Carlos Mariátegui por Maximiliano Molocznik


Ni calco ni copia, creación heroica. El socialismo indoamericano de José Carlos Mariátegui.

Por: Maximiliano Molocznik


El objetivo central de este artículo es presentar los aspectos más importantes de la trayectoria de José Carlos Mariátegui y sus aportes a la conformación de una cultura contra hegemónica y socialista en América Latina.
Las clases dominantes y su aparato liberal-académico están en perfecta sintonía a la hora de identificar a sus enemigos de clase. Es por ello que se les hace necesario omitir, manipular, deformar o directamente desaparecer la obra, la lucha y hasta la vida de los hombres y mujeres que no se contentaron con ser solamente ni meros reproductores académicos del capitalismo dependiente ni sus socios políticos.
Esto fue lo que le sucedió a Mariátegui. Resultó también muy “útil” en esa tarea de ocultamiento la labor llevada adelante por el stalinismo que nunca pudo digerir las “herejías” del amauta (sabio) peruano.
Sería imposible enumerar la cantidad de veces en las que fue elogiada la creatividad y la originalidad del pensamiento de Mariátegui. Basta sólo con ver los adjetivos que le dedicaron sus detractores: "populista", "demagogo tropical", "el primer comunista de América Latina", "vitalista nietzscheano", etc., todos cargados de un profundo desprecio. Es por ello que uno no puede menos que preguntarse: ¿Por qué tanto odio?.¿Por qué lo atacan el stalinismo y el nacionalismo burgués?. Trataremos de responder a esos interrogantes sin apelar a hagiografías ni demonizaciones, sólo tratando de buscar la respuesta posible para un rescate y un balance crítico de sus aportes.
Estamos convencidos de que Mariátegui es todavía hoy –a principios del siglo XXI- un pensador sobre el que es bueno volver.
En su obra, el marxismo alcanzó una mayor raigambre latinoamericana y fue utilizado como un verdadero instrumento crítico para la comprensión y transformación de la realidad concreta y sus estructuras de manera original y auténtica
Silenciado –como dijimos- por el dogmatismo moscovita entre 1930 y 1960, es el representante más cabal de una tradición marxista que intentó “romper amarras” con la socialdemocracia, el nacionalismo burgués y el marxismo economicista y momificado.
Por su vasta cultura y su amplia manera de mirar las cosas desde una perspectiva en esencia marxista, Mariátegui ha sido considerado con razón como un "exponente del marxismo abierto" y, sin dudas, es el más creativo de todos los precursores en tierra americana.
Infatigable lector y estudioso, se apasionó por la poesía de autores latinoamericanos contemporáneos: Rubén Darío, su compatriota Santos Chocano, el insigne poeta uruguayo Julio Herrera Reissig, Leopoldo Lugones, José Enrique Rodó y otros.
Estrechó amistad con Barbusse y una frase que éste pronunciara está escrita, por no haber hallado mejor destino, en el epitafio de su tumba. “¿Ustedes quieren saber quién es Mariátegui Es una nueva luz de América, un espécimen nuevo del hombre americano”. También traba amistad con Anatole France y, junto con otros intelectuales, forman el grupo "Clarité".
Su obra principal, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928), es una muestra sustancial de cómo se debía utilizar el marxismo efectiva y originalmente por un "marxista convicto y confeso" según se reconocía.
Parte del análisis de los problemas socioeconómicos más medulares como la distribución de la tierra, y continúa con otros factores de carácter supraestructural no menos importantes que destacó adecuadamente por sus repercusiones en el mundo latinoamericano, como el aspecto religioso y el étnico.
Mariátegui supo recepcionar con una actitud crítica y dialéctica tanto el pensamiento filosófico y político de su país como el de la Europa de los nuevos tiempos
A la vez supo enfrentarse a aquellos que desvirtuaban la teoría marxista en su obra En defensa del marxismo (1930). Tanto en ella como en otros de sus múltiples trabajos, avizoró la profunda crisis que se produciría en el marxismo si no se actuaba de manera acertada en el desarrollo crítico de esta teoría y de su práctica revolucionaria.
Para lograr este objetivo sometió a demoledora crítica el socialismo reformista. Descartó por inviable el camino reformista frente al capitalismo monopolista e imperialista, les criticó su falta de interés en comprender la situación “real” de América Latina y su negativa obstinada a aceptar la crisis de la idea de progreso, a partir de 1914. Fue el gestor del Partido Socialista en su país y luchador por los derechos de los sectores populares.
El Amauta, como también se le conoce, se pronunció contra aquellos que se dedicaban a "exagerar interesadamente el determinismo de Marx” y destacaba que "el marxismo, donde se ha mostrado revolucionario vale decir donde ha sido marxismo no ha obedecido nunca a un determinismo pasivo y rígido".
Ello evidencia su profunda concepción dialéctica sobre el desarrollo social y desenmascara a quienes, disfrazados de marxistas, esgrimían un determinismo fatalista mecánico, nada más alejado del marxismo auténtico, cuya esencia era marcadamente revolucionaria y por tanto presuponía la activa participación del sujeto histórico.
Mariátegui comprendía muy bien que en Marx no se podrían encontrar todas las respuestas ni todas las indicaciones a los nuevos problemas del mundo contemporáneo, en especial del latinoamericano, y había que ir más allá de Marx convencido de que "el marxismo es el único medio de proseguir y superar a Marx”. Esta actitud de intentar vincular marxismo y latino americanismo es, sin lugar a dudas, la veta más importante de su pensamiento.
Su entrañable condición de marxista orgánico lo convertirá en paradigma de las nuevas generaciones de revolucionarios latinoamericanos.
Vale la pena destacar también la polémica sostenida por el amauta peruano -igual que Julio Antonio Mella- con la tendencia claudicante y de seguidismo de la burguesía de Víctor Raúl Haya de la Torre. Ambos compartían la noción del antiimperialismo, mayoritariamente aceptada entre los intelectuales críticos, la gran duda radicaba en cómo llevarlo a la práctica.
Haya estaba convencido de que el imperialismo en América Latina era sólo una “fase” del desarrollo capitalista y, por ende, debía seguir un curso evolutivo homólogo al de Europa. Para ello, postula la necesidad de un partido continental en el que se aúnen reclamos concretos, pero sobre todo la nacionalización de las tierras e industrias y la solidaridad con los pueblos y las clases oprimidas del mundo.
Haya decía que lo primero que había que hacer era una revolución social, y después una socialista. Es decir, primero una revolución democrático-burguesa incorporando a la burguesía con un frente de clases y luego, después de que se cumplieran las tareas democrático-burguesas, se pasaría a la revolución socialista.
Al estar convencido de la imposibilidad de destruir al capitalismo sin que este se desarrolle plenamente, transforma al APRA de “frente” en “partido”, decisión con la cual Mariátegui no estará de acuerdo.
He allí el nudo de la polémica que los enfrentará. Frente a los planteos de Haya, el Amauta responde proponiendo construir un nuevo partido de clase, integrado por proletarios y campesinos, de los cuales nacerá el nuevo sujeto social de la revolución.
Ni folklorista ni cosmopolita, cree en la necesidad de unir la tradición socialista europea con la tradición comunista incaica.
Postula para ello el ayllu como objeto teórico y destaca la importancia de la comuna rural -en una actitud similar a la del último Marx, de 1881, en sus trabajos sobre la comuna rural rusa- pese a no contar en su acervo con el concepto de modo de producción asiático.
En síntesis, resulta indispensable rescatar hoy, a principios del siglo XXI, los tres legados teóricos más importantes que nos dejó José Carlos Mariátegui. El primero de ellos es la idea medular de visualizar al marxismo como instrumento de análisis y guía de acción política para las masas pero no como un dogma; el segundo consiste en no subestimar la importancia del mundo rural pensando y haciendo un marxismo latinoamericano y no europeizado y el tercero –central para una praxis política tendiente a lograr la unidad latinoamericana- es mirar la expansión colonial e imperial desde las fuerzas sociales de la región oprimida.

Fuentes:
Guadarrama, Pablo: Valoraciones sobre el pensamiento filosófico cubano y latinoamericano. Editora Política. La Habana. 1985.
Liss, Scheldon B: Marxist Thought in Latin America. University of California Press. 1984.
Mariátegui, José Carlos: Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Casa de Las Américas. La Habana. 1968.
Posada, Francisco: Los orígenes del pensamiento marxista en América Latina. Cuadernos Ciencia Nueva. Madrid. 1968.
Guadarrama, Pablo: Mariátegui y la actual crisis del marxismo. La Gaceta de Cuba. Nro. 4. 1994.
Mariátegui, José Carlos: En defensa del marxismo. Amauta. Lima. 1985.

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