viernes, 11 de noviembre de 2011

Simón Bolívar, de mantuano a Libertador de la Patria Grande

por Juan Godoy

“En primer plano aparecen, indisolublemente
unidas, la cuestión nacional y la cuestión
social. Una no puede resolverse sin la otra” Cooke, John William

“Artigas más San Martín: eso es Bolívar” Rodó, José Enrique


Bartolomé Mitre nos ha entregado una imagen de Bolívar, sobre todo en su Historia de San Martín y la emancipación sudamericana, en contraposición a la de San Martín. Mientras el primero sería ambicioso, desconfiado, desequilibrado, lujurioso, autoritario, dictatorial, libertador de Colombia (como patria chica), etc.; el segundo sería desinteresado, generoso, respetuoso, héroe de la Argentina, etc. (cabe resaltar que las características que encuentra en uno no lo hace en el otro y viceversa, son dos figuras contrapuestas). Así Mitre relata el primer encuentro de las dos figuras: “la impresión que a primera vista produjo Bolívar en San Martín, fue de repulsión, al observar su mirar gacho, su actitud desconfiada y su orgullo mal reprimido (…) Bolívar, más lleno de sí mismo, miró a San Martín de abajo a arriba (…) vio simplemente en él un hombre sin doblez, un buen Capitán que debía sus victorias más a su fortuna que a su genio” (Mitre, 1943; T vi, 71).
La idea del denominado “Padre de la Historia”, ya analizada la revolución de mayo como separatista, anti-hispánica (pro-británica), porteña, como “revolución argentina americanizada”, y la vuelta de San Martín a la Patria como fruto del recuerdo y amor de sus años de infancia, es mostrar a un San Martín que no desea la unificación del continente, sino que las “naciones” liberadas conformen nuevos estados, mientras que sería la ambición de Bolívar, sus ideas anexionistas, las que pretenden hacer del nuevo continente una gran nación. Esta lectura del pasado de Mitre se relaciona en que él, como jefe de la oligarquía local, plantea un proyecto porteño, conservador, libre importador, anti-latinoamericano, pro-británico, etc. La revisión de la historia para justificar las políticas que pretende aplicar en el presente.
Aquí procuraremos dar cuenta de la evolución de Simón Bolívar de mantuano a Libertador de la Patria Grande, para lo cual consideraremos la relación entre la lucha por la independencia nacional y la incorporación de la cuestión social. De esta forma dar cuenta que la lucha por la cuestión nacional debe implicar necesariamente la lucha por la cuestión social, y viceversa, si se pretende un proyecto emancipador. A la vez que rebatir la figura creada por Mitre y colocar a Bolívar (y por ende a San Martín) en su verdadera dimensión, como Libertador de Nuestra América.
Resaltamos por un lado a uno de los más obstinados continuadores del mitrismo que es Pacífico Otero quien sostiene que “con Guayaquil y son Guayaquil, Bolívar y San Martín estaban destinados a chocar, y esto no por culpa del héroe del Sur, sino por la ambición y por los planes de hegemonía continental que perseguía el Libertador del norte (…) San Martín, por el contrario, menospreciaba aquella (la gloria) y si tenía un ídolo era el desinterés” (Pacífico Otero, 2007, 300). Al tiempo que rescatamos a una de las plumas que más fuertes críticas lanzó contra el mitrismo en relación a su interpretación de Bolívar que es, a saber, la de Rufino Blanco Fombona, quien rescata el pensamiento latinoamericano de Bolívar, y lo concibe no como héroe de Venezuela, de Colombia o de las patrias chicas, sino de Latinoamérica, de la patria grande, así sostiene que “su ideal fue hacer del nuevo mundo una o dos naciones potentísimas, o de unirlas a todas por lazos de solidaridad tan estrechos que viniesen a construir una Federación, o si se quiere, un Imperio formidable” (Blanco Fombona, 1981; 244-245). Así consideramos que Simón Bolívar, nacido en el año 1783, hijo de una familia de la clase alta de la sociedad colonial, cuyos padres fallecen pocos años después dejándolo huérfano a temprana edad, va a ser formado por varias personas, pero esencialmente por dos maestros, a saber Andrés Bello y Simón Rodríguez (Carrera Damas, 2007). A este último, en su viaje a Europa para realizar sus estudios, le iba, en 1805, a realizar un juramento en una colina romana, el Monte Sacro, que prometía que él, Simón Bolívar, iba a liberar al Nuevo Mundo. Cabe resaltar que en Europa también iba a entablar relación con Francisco de Miranda, quien fuera uno de los pensadores precursores del pensamiento de Unidad Latinoamericana. Había propuesto una Confederación, llamada Colombia, desde Tierra del Fuego hasta el Mississippi, coronada por un emperador hereditario Inca. Pero ¿quién es Bolívar en esos años? Bolívar es un joven mantuano (término que es derivado de los finos mantos que usaban las mujeres de la aristocracia criolla), parte de los sectores aristocráticos de la sociedad colonial que propugnaba la independencia nacional. Así consideramos que la debilidad de Bolívar en un comienzo, viene dada por una idea de República Abstracta, donde no estuvieran integrados los sectores populares de la nación (Ramos, 1968), es decir, en ese momento no tiene en cuenta la cuestión social. Entre los años 1810 y aproximadamente 1817 la lucha se desarrolla en forma de guerra civil, similar a la zona de las Provincias Unidas del Río de la Plata, donde la Revolución de Mayo no es anti-hispánica, separatista sino que aparece como la prolongación de la insurrección popular en Europa de 1808, insurrección democrática contra el absolutismo, con el advenimiento de la Restauración en Europa se tornará independentista. (Galasso, 2005). En el norte de Sud –América tenemos: por un lado, a los mantuanos que representan a las clases criollas privilegiadas; y por el otro, a las masas populares, los llaneros, los esclavos y la “plebe” de color que luchaba bajo las órdenes de jefes españoles, los cuales les habían prometido “libertad de clase”, y entre los cuáles se destacaba Boves como líder de los llaneros, éstos luchaban contra los opresores blancos, y les eran entregadas las tierras que les arrebataban a los blancos, en la lucha obtenían una forma de abolición de su condición de esclavos, así “en el ejército llanero de Boves, compuesto de 7500 hombres, solo podían contarse 60 a 80 soldados blancos, y unos 40 ó 45 oficiales entre españoles y criollos. Por el contrario, en las fuerzas de Bolívar, la mayoría aplastante estaba compuesta por criollos blancos” (Ramos, 1968; 153) Consideramos también aquí que para los sectores populares, los llaneros, esclavos, etc. era más cercano el opresor de la aristocracia local que el conquistador español. A la vez que los mantuanos tampoco llevaban adelante sus reivindicaciones. Ignacio Politzer sostiene que “los criollos en la dirección del proceso revolucionario no hacían concesiones hacia estos sectores (los sectores más bajos)” (Politzer, 2009; 94)
Brevemente reseñamos los hechos de estos años de los que venimos hablando (1810 hasta aproximadamente 1817). Aquí Bolívar es parte, luego de algunas conspiraciones fallidas (en una de las cuales iba a ser apresado), el 5 de julio de 1811, conjuntamente con Miranda de la declaración de la Primera República, la cual iba a fracasar (Miranda será apresado). Bolívar se va hacia Cartagena de Indias y escribe el Manifiesto de Cartagena “yo soy de sentir que mientras no centralicemos nuestros gobiernos americanos, los enemigos obtendrán las más completas ventajas” (Bolívar, (1812) 2009, 57). Éste puede considerarse el primer documento político de Bolívar (Carrera Damas, 2007) Luego el joven mantuano va a realizar la denominada “Campaña Admirable”, en la cual llegará hasta Caracas y proclamará la Segunda República a principios de 1813, pero no logrará derrotar definitivamente al ejército colonial. Así los sectores que apoyaban la sociedad colonial reaccionarán y harán fracasar el nuevo intento bolivariano. Bolívar se retirará hacia el Oriente, a Nueva Granada y luego se exiliará en Jamaica, desde donde escribirá su célebre Carta de Jamaica (que es la contestación a un ciudadano británico) “yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riqueza que por su libertad y gloria” (Bolívar, (1815), 2009; 130). De esta forma la lucha por la independencia nacional, por librarse del yugo extranjero, estaba destinada a fracasar a menos que Bolívar u otro de los jefes independentistas cambiara de perspectiva, de estrategia, y diera cuenta de la necesidad de la incorporación de la cuestión social a la lucha, por tanto de la incorporación de los sectores populares, de los llaneros, llevando adelante sus reivindicaciones y haciéndolas a éstas parte sustancial del programa de la lucha revolucionaria. Luego de su permanencia en Jamaica, continuará su exilio en Haití. Este es un momento fundamental en la vida de Simón Bolívar y en el de la Revolución Latinoamericana. Haití era el primer territorio independiente de Nuestra América desde 1804, largos años habían pasado ya de la primera sublevación de esclavos (en el año 1522), los esclavos del hijo de Cristóbal Colón, Diego, fueron los primeros y la osadía les costaría cara, pues derrotados fueron colgados en los senderos de los ingenios como forma de disciplinamiento a los demás (Galeano, 2005). También algunos años habían pasado de, según Boleslao Lewin, la mayor convulsión (aunque fueron tan solo seis meses desde el “Grito de Tinta” hasta la condena de José Gabriel Condorcanqui -Tupac Amarú II-) que debió afrontar el reino de España en América (Lewin, 1957). Estas rebeliones como tantas otras que se suscitaron a lo largo y ancho del continente fueron por motivos sociales o fiscales, recién los movimientos de fines del XVIII y principios del XIX van a comenzar a forjar una conciencia nacional (Ezcurra, 2006).
Así Haití (nombre tomado del Arawak, los conquistadores la habían bautizado La Española, luego Saint Domingue) será uno de estos últimos, se había convertido no solo en la primera nación independiente, sino también en la única revolución de esclavos triunfante en la historia a nivel mundial, (Martínez Peria, 2009) el levantamiento había comenzado en 1791 encabezado por Toussaint Louverture, continuada por Dessalines y Petión, quienes declararán en 1804 la independencia, dando nacimiento a la primera República Negra, y al primer estado independiente, Dessalines dirá: “he vengado a América” (Martínez Peria Lazos, 2010; 55) Haití ayudará a diferentes causas americanas, como a la expedición de Miranda en 1806 (negado anteriormente por Estados Unidos), o la que nos atañe aquí, la de Simón Bolívar. Éste había entablado en su exilio en Haití relación con Alexandre Petión, “tengo la esperanza, Señor Presidente, de que nuestra afinidad de sentimientos en defensa de los derechos de nuestra patria común me granjeará por parte de V. E. los afectos de su inagotable benevolencia” (Carta de Bolívar a Petión del 19 de Diciembre de 1815, citado en Martínez Peria, 2010; 63). Bolívar le prometerá a Alexandre Petión, a cambio del apoyo (militar y económico), que ni bien tocara suelo venezolano iba a liberar a los esclavos. Así el Presidente haitiano cumple con el apoyo, y el Libertador con la liberación de los esclavos y la prohibición del trabajo obligatorio. De esta forma comienza una nueva etapa de la gesta libertaria de Bolívar, donde incorpora a la lucha por la independencia nacional, la cuestión social. Así de 1817 a 1824 se abre el periodo de los triunfos de Bolívar por la independencia del Nuestra América. Se establece una alianza entre los terratenientes y los llaneros levantados en armas. Bolívar comprende en Haití la importancia de la liberación de esclavos, y de poner al frente de la lucha a mestizos como Páez, Padilla o Piar (Ramos, 1968) Así Haití, revela una importancia fundamental en la gesta bolivariana y en la independencia de nuestros pueblos.
Con esta nueva concepción bolivariana, los llaneros poco a poco se van pasando al bando independentista. Marcaremos brevemente el camino que llevará hasta Ayacucho. Así luego de la Batalla de Boyacá, llama al Congreso de la Angostura (1819), en el Discurso de la Angostura proclamará: “¡representantes del pueblo! Vosotros estáis llamados para consagrar o suprimir cuanto os parezca digno de ser conservado, reformado o desechado en nuestro pacto social (…) el sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”” (Bolívar, (1819), 2009; 184-186). Rebautizará a Nueva Granada como Colombia. La Gran Colombia comprendía los territorios de lo que hoy es Colombia, Venezuela, Panamá y Ecuador (piensa que la Capital de ésta debe llamarse Las Casas en homenaje a Bartolomé de Las Casas). Luego de fundar la Gran Colombia proyectará confederar a todos los estados nacientes, pero la idea se dilatará hasta el Congreso de Panamá en 1826.
En 1821 consolida la república con la victoria en la batalla de Carabobo, luego Bombona, y Pichincha en 1822 al mando de Sucre. Ese mismo año se produce la conocida Entrevista de Guayaquil sobre la que se ha tejido un misterio, y sobre el cual Arturo Jauretche argumenta que “el único misterio es éste que se haya hecho un misterio de un hecho evidente, enturbiando la cuestión con una pequeña e interminable polémica (…) cuyo propósito último es ahondar las diferencias entre americanos” (Jauretche, 2005; 45). Norberto Galasso dará cuenta que los libertadores hicieron lo que convenía y a la vez podían en base a las fuerzas sociales que sustentaban a ambos, así la posición de San Martín era la peor pues, entre otras cuestiones, lo había traicionado Cochrane que lo deja casi sin escuadra, desde Buenos Aires los rivadavianos le niegan todo apoyo, etc. (Galasso, 2005). Consideramos que los dos personajes estuvieron a la altura de las circunstancias que la historia demandaba, y dejaron de lado mezquindades personales en pos de la liberación de la Patria Grande. Finalmente gana la batalla de Junín, y la campaña llega al último reducto realista, se libra la batalla de Ayacucho en 1824, la cual es liderada por El Mariscal Sucre, y se pone fin al dominio español en suelo americano.
Habían pasado ya 14 años de la proclamación de la Primera República, el cambio en Bolívar de aquel momento, luego de su paso por Haití, es evidente. Tuvo que negarse como mantuano, para poder así dar lugar a los sectores populares, unificar la cuestión nacional con cuestión social. Éste cambio que ponemos de relevancia se observa en la liberación de esclavos, en la prohibición del trabajo obligatorio, suprime la mita, el derecho de Curas y Corregidores para el trabajo gratuito de los indios en el servicio doméstico, entregó una porción de tierra a cada indio (Ramos, 1968), en la relación con los pueblos originarios para los cuales protege ríos, conserva las aguas, aprovecha racionalmente la riqueza forestal, como también en la nacionalización del suelo, de las minas, en la protección a la manufactura local, en el establecimiento de un sistema de cultivo de interés social orientado a un mercado interno y a exportar los excedentes, en un sistema de gobierno propio, original con la división en cinco poderes (ejecutivo, legislativo, judicial, electoral y moral), en la presidencia vitalicia para evitar el divisionismo (que se daría sobre el fin de sus días y luego de su muerte). (Politzer, 2009) Fue ese el cambio necesario, y esas las medidas implementadas a partir del entendimiento de la situación social y política del momento, para poder dar por finalizado el dominio español en Nuestra América. Luego, establecerá el Congreso de Panamá en 1826 (al que la oligarquía rivadaviana y porteña no envía representantes), como uno de los últimos intentos de unificar la Patria Grande por la que tanto había luchado, así sostiene que “este congreso parece destinado a formar la liga más vasta, o más extraordinaria o más fuerte que ha aparecido hasta el día sobre la tierra (…) el Nuevo Mundo se constituirá en naciones independientes, ligadas todas por una ley común que fijase sus relaciones externar y les ofreciese el poder conservador en un congreso general permanente” (Bolívar, (1826), 2009; 329). Consideramos de esta forma que la versión que nos dieron Mitre, Pacífico Otero, y demás historiadores de la denominada “historia oficial” se hacen a un lado, y dan paso a la espada de Bolívar que ha vuelto en estos últimos años a caminar por América Latina. La Patria Grande vuelve a estar de pie, está en nosotros completar el sueño bolivariano.

(Trabajo publicado originalmente en la Revista Falta Envido. Año 1, Nº 2. Septiembre de 2011)

Bibliografía citada
Mitre, Bartolomé. (1943). Historia de San Martín y de la emancipación Sudamericana. Buenos aires: Rosso.
Galasso, Norberto. (2000). Seamos Libres y lo demás no importa nada. Vida de San Martín. Buenos Aires: Colihue
Galasso, Norberto. (2005). La revolución de Mayo. El pueblo quiere saber de qué se trató. Buenos Aires: Ediciones del Pensamiento Nacional.
Pacífico Otero, José. (2007). La entrevista de Guayaquil y la crítica. En Viñas, David y García Cedro, Gabriela (comp.). (2007). Bolívar. Antología Polémica. Buenos Aires: Crónica General de América Latina
Blanco Fombona, Rufino. (1981). Ensayos históricos. Caracas: Biblioteca Ayacucho.
Carrera Damas, Germán. (2007). Reseña biográfica de Simón Bolívar. En Viñas, David y García Cedro, Gabriela (comp.). (2007). Bolívar. Antología Polémica. Buenos Aires: Crónica General de América Latina
Politzer, Ignacio. (2009). La relación negada: Bolívar y la Argentina. En AA.VV. (2009). La Patria es América. Buenos Aires: Ediciones Madres de la Plaza de Mayo
Galeano, Eduardo. (2005). Las venas abiertas de América Latina. Buenos Aires: Catálogos.
Bolívar, Simón. (2009). Doctrina del libertador. Caracas: Biblioteca Ayacucho.
Ezcurra, Daniel. (2006). Nuestroamericano. La dimensión regional en la identidad política de la revolución. En AA.VV. (2006). ¡Libertad, muera el tirano! El camino a la independencia en América. Buenos Aires: Ediciones Madres de la Plaza de Mayo
Martínez Peria, Juan Francisco. (2009). Haití, la revolución maldita. En AA.VV. (2009). La Patria es América. Buenos Aires: Ediciones Madres de la Plaza de Mayo
Martínez Peria, Juan Francisco. (2010). Lazos revolucionarios. En Ibáñez, Germán (Comp.). (2010). Son tiempos de revolución. De la emancipación al bicentenario. Buenos Aires: Ediciones Madres de la Plaza de Mayo
Jauretche, Arturo. (2005). Manual de zonceras Argentinas. Buenos Aires: Corregidor.
Lewin, Boleslao. (1957). La rebelión de Tupac Amarú y los orígenes de la emancipación americana. Buenos Aires: Hachette.
Ramos, Jorge Abelardo. (1968). Historia de la Nación Latinoamericana. Buenos Aires: Peña Lillo.

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