martes, 19 de julio de 2011

Lisardo Zía: La única aspiración de América es América misma

por Alberto Buela (*)

Si existe una disciplina olvidada en Suramérica en este último medio siglo pero que sigue produciendo en silencio, esa es la poesía y de entre los poetas son cientos los desconocidos. Acá hoy vamos a recordar a uno que ha sido, en su tiempo, muy conocido y que luego fue amurado al rincón de los olvidados. Se trata de Lisardo Zía (1900-1975), nacido en Rosario-Santa Fe y fallecido en Buenos Aires. Fue el mayor de siete hermanos, hijo de padres españoles don Lisardo y de Ramona García. Fue  un poeta con todas las letras cuyos poemas anduvieron y andan de aquí para allá sin ningún orden ni temático ni cronológico. La plenitud y fama como poeta la tuvo en el tiempo que se editó el diario El Pampero que dirigió Enrique P. Osés de mediados de los años treinta hasta 1946. Fue un periódico que llegó a editar 100.000 ejemplares por tirada y donde siempre aparecía un poema o una humorada de Lisardo Zía. Cuando en 1938 un grupo de amigos lo insita a publicar su primer libro de versos donde pudiera recoger los esparcidos por todos lados y en cuanto publicación reclamara sus poemas. Cuenta su biógrafo que “Hace un cuarto de siglo estuvo a punto de publicarlo, pero se arrepintió en cuanto llegó a sus oídos que existía, en la república literaria, el propósito de otorgarle un premio.” La publicación de su único poemario la realizó en 1962 el también periodista Luis Soler Cañas. Seis años más tarde publicó un pequeño trabajo de cincuenta y cuatro páginas titulado De Carolis: Introducción a la exégesis de sus sofosonetos, Ed. Colombo, Buenos Aires, del que se editaron sólo 530 ejemplares. Fue escrito en homenaje a Victorino de Carolis, poeta y pintor también santafesino, y lleva un dibujo original coloreado a mano por César López Claro.
Zía trabajó en la edición de varias revistas: Gaceta de Buenos Aires junto con Pedro y editó en muchas: La Fronda, Sur, Nosotros, Megáfono, Martín Fierro, El Hogar, Criterio, Poesía, La Protesta, La Hora, etc. Su poesía se inscribe en la línea romántica de Juan Ramón Jiménez y de Antonio Machado pero su poesía satírico política es de un claro y límpido nacionalismo popular revolucionario en la misma línea de Enrique Pedro Osés, una especie de Ledesma Ramos en estas tierras del sur. Luego, pasando el tiempo, creó junto con Luis Cané, también rosarino, la sección diaria de “Clarín porteño” en el diario homónimo. Los últimos años de Zía se hunden en una oquedad muy similar al de otros de sus colegas y amigos como Ramón Doll (1896-1970) o José Luis Torres (1901-1965). Es como un sino de los pensadores nacionalistas populares revolucionarios el llamado a silencio de sus últimos años. Es que en todos ellos, parece ser, que la Patria, que es el deber primero del pensar nacional, se transforma al final de sus días en un pensamiento sobre las postrimerías. De alguna manera, ellos vienen a aplicar en sus vidas aquel consejo de Platón de “la filosofía como preparación para la muerte”. Que Dios nos pille confesados, nos dice Castellani, otro poeta nacional. Como anécdota traigamos a colación el soneto más angosto de lengua castellana que nos recuerda Lisardo Zía. No conocemos otro unisílabo con sentido poético completo como este:

RESFRÍO

La
tos
nos
da
a
los
dos
ya.

Paz,
ve,
haz
te
con
ron.

Mostrando un puro dominio de las formas poéticas pero sin mengua de su específico contenido poético queremos copiar su Soneto Ambidextro, rimado tanto a la izquierda como a la derecha. Cuando salió publicado en el diario Clarín se dijo que era la primera vez en idioma castellano que se intentaba un doble juego de rimas extremas en cada verso.

Para jugar con una rima rara,
Sueño de ocioso artífice pequeño,
Compara mi compás el canto y cara:
Empeño fútil y arduo desempeño.
Alquitara de química preclara,
Ensueño de humo, perfumado leño,
Vara votiva, nardo sobre el ara,
Sedeño filtro, néctar y beleño,
Amapola sensible que tremola,
Estrella que luz música destella,
Ola en vigilia en la rivera sola:
Doncella, lira al viento, tras la huella,
Viola marfílea de la caracola,
Bella que esconde el canto de la estrella.

Habiendo tantas tesis al ñudo que realizan nuestros cientos de estudiantes de literatura, bien podría alguno de ellos ocuparse de recoger la inmensa cantidad de materiales poéticos y en prosa de un autor tan significativo para el campo nacional y popular. Es un trabajo que está pendiente y sobre el que no hay nada. El motivo de este artículo breve es despertar ese interés.
(*) alberto.buela @gmail. com


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