jueves, 28 de abril de 2011

Aporte de la economía social al desarrollo local y a las políticas públicas en la Argentina contemporánea

Por Roberto David Roitman

“La economía política, o economía (economics) es un estudio del género humano en las actividades ordinarias de la vida; examina esa parte de la acción individual y social que se encuentra más estrechamente vinculada con la obtención y el uso de los requisitos materiales del bienestar (well-being). Así, por un lado, (esta disciplina) es un estudio de la riqueza, y por el otro, más importante, es una parte del estudio del hombre” Alfred MARSHALL en Principles, 1890


“El economista de alto nivel debe poseer una rara combinación de dotes. Debe alcanzar elevados niveles en varias disciplinas distintas, combinar capacidades que no muy a menudo se encuentran juntas. Debe ser, en cierto modo, matemático, historiador, estadista, filósofo: manejar los símbolos y expresarse en palabras; ver lo particular a la luz de lo general, y abarcar lo abstracto y lo concreto con un mismo aletazo del pensamiento. Debe estudiar el presente a la luz del pasado, y con miras al futuro. No hay porción de la naturaleza y de las instituciones humanas que pueda escapar a su mirada. Debe ser a la vez resuelto y desinteresado; apartado e incorruptible como un artista, también deberá, a veces, pegarse a la tierra como un político.” J. M. KEYNES, en Essays in biography, 1933

Acerca de la relación entre Economía y Sociedad y las visiones parcializadas


Hemos asistido en el campo de las Ciencia Sociales a una manipulación ideológica acerca de la relación entre Economía y Sociedad, entre Economía y Política, tanto en el Hemisferio Norte como en el Sur. Hemos padecido las amputaciones al conocimiento como modo de operar sobre la realidad e instituir como único conocimiento científico una determinada visión, que intentaba confundir “ciencia” con opinión o ideología.
Esta separación epistemológica, ausente en los padres fundadores de la Economía llamada Clásica, en realidad apunta al disciplinamiento mental, y ha alentado y consagrado notables “errores”, como la “confusión” entre crecimiento y desarrollo; la reducción de la economía a su forma mercantil, la recomendación y aplicación de fórmulas idénticas para todas las sociedades del orbe; la negación de la necesidad de políticas públicas para el desarrollo, particularmente las de desarrollo local; y el desprecio, descalificación e ignorancia sobre la Economía Social.
Ya en 1944, Kart POLANYI en su gigantesca obra “ La gran transformación”, nos advertía sobre la falacia economicista: la identificación de la economía con su forma mercantil.. Dejando de reconocer “abstrayendo” la Incrustación (embebbed) del subsistema económico en el sistema social. Era el paso para el avance de la economía sobre la sociedad. Como si el mercado y la sociedad industrial o financiera hubieran podido surgir sin estructuras institucionales provistas desde la política.
Aún hoy se nos induce a confundir Sociedad de Mercado con Economía de Mercado. Baste recordar la exclamación de la economista Margaret Thatcher “¿qué es esa cosa llamada sociedad?”, arquetipo paradigmático de la “reaganomics”. “El paradigma académico neoliberal es una perspectiva reduccionista, ahistórica y cosificante. La economía es vista como una esfera históricamente autonomizada de la sociedad, pensable como un modelo extremadamente limitado de agentes, relaciones, leyes e instituciones, productores y consumidores motivados por la maximización de ganancias o satisfacciones (=felicidad); oferentes y demandantes compitiendo entre sí en mercados virtuales que determinan mecánicamente cantidades transadas y precios, de acuerdo a leyes universales. El economista hace abstracción (supone) de aspectos cruciales de la realidad que denomina “extraeconómicos”. "Hace elusión del problema del poder”, remarca Enguita (1998). El Premio Nóbel Paul Krugman, analizando las Teorías del desarrollo económico, reconocía el desconocimiento acabado que de este fenómeno tienen los economistas neoliberales, recalcado y probando la falacia de agregados micro/ macro; la falacia de las inversiones y del comercio exterior como los únicos factores que explican los procesos de crecimiento. Las desastrosas consecuencias de la aplicación del llamado “Consenso de Washington (Williamson), como así el derrumbe del socialismo planificado, remarcando asimismo el abuso de la política monetaria, fiscal y cambiaria, concluyendo: “No hay teorías, Debería propenderse a un uso riguroso (no interesado) de la teoría económica y sobre todo de los datos empíricos” (Krugman, 1996).

El desarrollo como proceso


Desde el Sur, para teorizar acerca de las prácticas en los procesos de desarrollo, Sergio Boissier analiza lo que Guell denomina “premisas” que no son sino: confianza/ reconocimiento / sentido colectivo. Porque: las personas y su subjetividad no son un recurso, sino un requisito indispensable .Reconocer la subjetividad social no significa construirle refugio, sino potenciar su capacidad de aportarlo. La subjetividad no debe conducir a un populismo voluntarista. La toma de decisiones no puede ser autocrática ni tecnocrática, pues genera incertidumbre y no institucionalidad.
Boissier trabaja y retoma de Edgar Morin lo de Sistemas Complejos, que aplicado a los procesos de desarrollo deberían semejarse a la mecánica de los procesos de sinapsis neuronal: contacto y transmisión sin fusión. Finalmente, destaca la importancia de los Subsistemas locales para generar desarrollo, dado que este se basa en el reconocimiento explícito de Valores, Actores, organizaciones (públicas y privadas), Procedimientos (Objetivos, propiedades, conductas), Acumulación (Capital Económico), y Capitales intangibles (Imagen, idea) poder, territorio. (Boissier, 2003). Desde otra perspectiva, el Banco Mundial en 1994 trataba de explicar porqué crecían los países y eran capaces de sostener una mejor calidad de vida para su población, y analizaba los tipos de acumulación de capital para conseguir un Desarrollo Sustentable.
Analizaba la importancia para los procesos de los países de la dotación de Bienes Tangibles: Capital Natural (Recursos Naturales) como Capital Construido (Infraestructura, Capital Comercial, Capital Financiero) los que se reflejan tradicionalmente en los PBI; como también la relevancia de los Bienes Intangibles : Capital Humano (Calidad de Recursos Humanos, Salud, Educación, Capacidades Humanas), así como la dotación de Capital Social (Institucionalidad, Confianza Social, Capacidad para Concertar, Normas y Valores Compartidos, Redes Sociales). Su notable conclusión es el peso relativo superior de los “Capitales o Bienes Intangibles” sobre lo que clásicamente se mide en el PBI.
Tomamos la caracterización de J. Durston que por Capital Social entiende “el conjunto de normas, instituciones y organizaciones que promueven la confianza y la cooperación entre las personas, en las comunidades y en la sociedad en su conjunto”, lo que es revalorizado por Kliksberg al considerar al Capital Social como un requisito para el desarrollo. (Kliksberg, 1999).
Hoy nuestra sociedad está signada por profundas crisis cambios. Hay una reestructuración de la Economía, con significativos cambios en el Estado y modificaciones en el rol de la Política.
Asistimos a una crisis en el Estado, o sea de las Instituciones que hacen funcionar el vínculo entre los hombres y la Sociedad. A una crisis de la forma de relación entre la Economía y la Sociedad, lo que se ha denominado Crisis del Trabajo; y a una crisis de las Identidades individuales y colectivas, llamada crisis del Sujeto. (R. Castel, 2010)
Del mismo modo, nos hallamos inmersos en un proceso de Globalización, del cual C Vilas ha sintetizado en seis hipótesis falsas las enunciaciones de sus propagandistas, demostrando su irrealidad. La globalización: ni es un fenómeno nuevo, ni se trata de un proceso homogéneo, ni es un proceso homogeneizador, no garantiza que conduce al progreso y al bienestar universal; tampoco conduce a la globalización de la democracia, así como no acarrea la desaparición progresiva del Estado, o al menos una pérdida de importancia del mismo (Vilas, 2002). Concluyendo que una cosa es el fenómeno de la globalización, y otra su ideología. Respecto de lo primera coincide con grandes pensadores como Wallerstein o Beck, pero además alerta sobre la asimilación de modelos y conceptos que obedecen a razones ideológicas, disfrazadas de “ciencia” o “pensamientos únicos”.
Asimismo, verificamos al menos cuatro grandes contradicciones no resueltas en la forma como hoy están, en general, organizadas las sociedades y economías llamadas modernas: a) entre la oferta y la demanda: gran demanda potencial insatisfecha vs. gran producción de bienes y servicios; b) entre crecimiento económico y bienestar social: no necesariamente van juntos: c) entre capital productivo y capital financiero-especulativo: preeminencia de las finanzas sobre la economía con enorme transferencia de recursos: d) entre el crecimiento económico y la sustentabilidad social y ambiental: está cuestionado el modelo de acumulación que excluye parte de la sociedad y que afecta la supervivencia global.”
Como señala Cattani (2007) este aumento de la acumulación, de la concentración de la riqueza, y de los riesgos de supervivencia física del planeta obliga a pensar en “otra economía” que redefina el trabajo, busque alternativas prácticas verdaderas, y se ubique en estándares sociales, políticos, culturales y tecnológicos, que permitan superar al capitalismo tradicional”
Hay en general, desde el Sur, el consenso en que crecimiento no es lo mismo que desarrollo. Se adopta cada vez más la definición de A Sen que concibe al desarrollo como la expansión de las capacidades de las personas en la sociedad, en un contexto de equidad y de expansión de las fuerzas materiales, en los valores que cada sociedad elija. Conceptos recogidos en el paradigma de Desarrollo Humano que la ONU operativiza a través de los Objetivos de desarrollo del Milenio. Novedosos y sorprendentes los enfoques que realizan otras miradas sobre la reestructuración de las sociedades. Por ejemplo, Z Baumann (2002) nos explica que la nueva división social nos la explica más pensar en términos de “los que se mueven por el tiempo y los fijados al espacio” que los “viejos” conceptos de la economía o la sociología.
Es Guy Standing (2004), experto en Seguridad Social, el que sistematiza la nueva estratificación social en ocho categorías: a) La élite; b) Los “proficians” (calificados); c) Los “salariat” (asalariados); d) Los “core workers” (trabajadores propiamente dichos); e) Los “flexiworkers” (trabajadores flexibilizados); f) Los desempleados; y g) Los excluidos. Lo grave es el acrecentamiento cuali-cantitativo de las personas incluidas en esta última categoría
Por otro lado, el cambio de paradigma productivo que implica la masiva incorporación de la informática, las telecomunicaciones y la biotecnología a los procesos productivos y de distribución, colabora a que cada vez se produzca más. Al decir de P Drucker (1999) al menos, en la economía industrial la producción se separó del empleo. El Siglo XXI se caracteriza, además, por una separación entre la producción y la generación de empleo en todas las ramas. Esto es con el nuevo paradigma productivo, hoy se produce más con menos gente. Dicho de otra forma, el crecimiento del Producto Bruto Interno no garantiza la generación de empleo suficiente para la cantidad de personas que intentan incorporarse al sistema. De ahí que esa vieja cuestión de que una cosa es el empleo y otra es el trabajo, se hace más visible y relevante, demandando nuevas respuestas e instituciones. Por otra parte, las mediciones que se realizan en el mundo entero, con la metodología recomendada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT),particularmente la “Resolución sobre estadísticas de la población económicamente activa, del empleo, del desempleo y del subempleo, adoptada por la decimotercera Conferencia Internacional de Estadígrafos del Trabajo (octubre de 1982)”, contienen una caracterización del empleo que nos obliga más a estudiar las cifras de “subempleo demandante” y las categorías de cuentapropistas (como lo realizan la mayoría de los expertos en mercado laboral), para tener una idea de la magnitud del desempleo involuntario. Obvia consecuencia de la incapacidad del sistema productivo formal para la total incorporación de las personas que procuran un empleo formal. . (Roitman y Carbonetto 2006)
Este tema ha sido largamente caracterizado tanto como por los que proclaman el fin del trabajo (ej. Rifkin), como por estudiosos de la Economía Social desde el Sur (ej, Razzeto, Coraggio)
La aparición de numerosas formas de “ganarse la vida” nos invade, y con ella la necesidad de recuperar un destino colectivo. O sea: los proyectos individuales de miles de pequeños emprendedores, logran un nuevo sentido (y mayor eficiencia) si son ensamblados de manera asociativa. Este es también el rol de la Economía Social. A los tradicionales roles de prever el fututo (jubilaciones, pensiones, mutualismo de salud, seguros de invalidez, sepelio, etc.) frente a los cuales surgieron las mutuales; y formas cooperativas de enfrentar el consumo, la producción, el empleo, la vivienda, el crédito, etc.; se le suman estos ``nuevos” desafíos que tienen que ver con el asociativismo, el microcrédito, el voluntariado, la economía de los cuidados, los clubes de trueque, el comercio justo, la moneda social, por mencionar algunos del universo de soluciones de las que hacen a que los hombres seamos parte del mismo proyecto colectivo: una sociedad que nos contenga a todos. La economía social es mucho más que su nave insignia de las cooperativas y mutuales, ponderando adecuadamente el importante rol que instituciones de esta naturaleza cumplen en el tejido económico y social de nuestros países y de nuestras regiones. Como muestra de esa importancia, simplemente veamos el Sector de las Cooperativas en Argentina con datos cuya proporción se ha por lo menos mantenido a nuestros días (Cfr Elgue, Mario 2006),


COOPERATIVISMO AGROPECUARIO: (Datos Censo Nacional Agropecuario 2003) Participación en la comercialización de los principales productos: 22% Granos; 20% Arroz; 14% Algodón; 7,5% Lana; 25% Yerba; 45% Té; 35% Lácteos; 20% Miel; 16% Vino; 45% Tabaco.


COOPERATIVISMO DE SERVICIOS PUBLICOS: (Datos Secretaría de Energía de la Nación - Año 2002) 590 Cooperativas Eléctricas (15 % del total nacional en KW, 1.850.000 usuarios); 311 Cooperativas Telefónicas (401.000 líneas, 5,3% del total nacional); 639 Cooperativas de provisión de Agua Potable (10 % de la población); 60 Cooperativas de provisión de servicios cloacales (atienden a 1.200.000 personas)
Mientras que en el Sector Vitivinícola (emblemático de Mendoza) las Cooperativas Vitivinícolas son 53 entidades con autorización para funcionar, de las que más de un tercio tienen más de 40 años de antigüedad; suman más de 20.000 has. de viñedos, son más de 3.000 asociados, cosechan el 20 % de la uva mendocina (o sea, aprox 3,5 millones de Quintales), obtienen más del 18 % del vino de Mendoza y del 14 % del jugo de uva concentrado. Representan el 18 % de la industria vitivinícola. Cfr Moyano, Fabián (2010)
Algunos estudiosos recomiendan que para caracterizar a una Institución como integrante del sector de la Economía Social, se debe atender al cumplimiento o no de los objetivos declarados para su constitución, así como a la vigencia efectiva en su seno de relaciones democráticas y participativas; mucho más que a las formalidades jurídicas, o sea su declamado propósito. Esto es porque a veces encontramos entidades que bajo formas de economía social, disfrazan otro tipo de relaciones. Elgue (2006) señala que deben considerarse empresas sociales a las organizaciones civiles sin fin de lucro, a organizaciones comerciales sin fin de lucro (cooperativas), mutuales, empresas asociativas, sindicatos, autoempleo, Organizaciones no Gubernamentales no empresariales, Sociedades y Asociaciones de Fomento, Cooperadoras, Fundaciones, Voluntariado, emprendedores solidarios, Consorcios Asociativos, Agrupaciones de colaboración empresaria, Redes y asociaciones de microempresas, Consorcios intermunicipales con integración de privados, . Todas formas que coexisten con el Mercado y el Estado. Sean de autoproducción, de subsistencia o capitalizada, pero siempre basadas en relaciones no salariales e igualitarias entre los trabajadores y/o productores, quienes como propietarios del capital, del producto que realizan y de los beneficios que obtienen de su trabajo, establecen en el interior de la organización mecanismos participativos para la toma de decisiones; conforme lo caracterizado por el Consejo Valón de Economía Social, y luego adoptado por la Unión Europea (De Fourney). Se trata siempre de una economía que construye sociedad y abarca formas tan diversas (y no excluyentes) como: diferentes modalidades asociativas, cadenas productivas solidarias, cooperación internacional, microfinanzas / finanzas solidarias, comercio justo, economía del trabajo, moneda social (clubes de trueque), ahorro popular y previsión . Desde estas miradas, también se refuerzan la ideas del “desarrollo local y regional” como procesos inducidos, y donde las distintas manifestaciones de la Economía Social desempeñan un rol central, no solo económico y laboral, sino fundamentalmente cultural, político y social.


La “nueva cuestión social” y la economía social


Por supuesto que toda economía es social, y que toda sociedad tiene su manera de organizar la obtención y distribución de bienes para la provisión de sus necesidades. Toda economía es social, pero el mercado no crea sociedad. Desde el nacimiento de la moderna economía se la denominó economía política (Smith, Ricardo, Mills, entre otros), pensando que la política reglaba las relaciones de los hombres conviviendo en una sociedad, y la economía era una parte de la misma. Con el transcurso del tiempo se fue escamoteando la obvia incrustación del mercado en una sociedad, y se nos trató de formar en la idea de que las relaciones de competencia y no las de colaboración, eran las “normales” y “permanentes” entre los seres humanos, priorizando objetivos individuales sobre los colectivos, lógica que se trasladó a la esfera pública. En Argentina, como en casi todo el mundo, coexisten tres subsistemas en la provisión y distribución de bienes o servicios: el Mercado, el Estado, y el de la Economía Social. Estos tienen tres lógicas diferentes. En el subsistema orientado por el mercado la lógica que prevalece es la del afán de lucro y la acumulación de capital. En el estatal, la lógica es la construcción de legitimidad y el incremento del poder político. En el sector de la economía social lo que se propone es asegurar el nivel y calidad de vida ampliada para sus miembros. Si bien los tres subsistemas coexisten en el espacio y en el tiempo, y tienen fluidas relaciones entre ellos; la dinámica de cada uno es totalmente diferente.
El vigoroso resurgimiento de la economía social en la agenda pública no sólo es reflejo de la falta de respuestas para toda la sociedad de los otros dos subsistemas, sino de su crecimiento real y teórico verificado en la cotidianeidad. Por lo menos, esto es lo que pensamos los que nos alineamos en que la regla para no equivocarse es que el capital debe estar al servicio de la economía, y la economía debe estar al servicio del hombre. La articulación público-privada en la concepción, elaboración, ejecución y control de las políticas públicas las torna más eficaces y eficientes. En un planteo que apunta a contribuir positivamente a lo que Robert Castel plantea como la nueva cuestión social: esa aporía fundamental en la cual una sociedad experimenta el enigma de su cohesión y trata de conjurar el riesgo de su fractura. Es un desafío que interroga, que pone en cuestión la capacidad de una sociedad para existir como un conjunto vinculado por relaciones de inter- dependencia” (RCastel, 1997). Recordemos siempre que “La pobreza debe concebirse como la privación de las capacidades básicas que tiene una persona para llevar adelante el tipo de vida que tiene razones para valorar (no meramente falta de ingresos)” Amartya Sen (2000). Desde el Sur, Bonilla-Molina y El Troudi (2004) ponen el énfasis en la educación en Economía Social para la derrota de la pobreza y la exclusión. Con una visión transdisciplinaria relacionan economía social con democracia participativa, como herramienta de lucha contra la pobreza cultural, política, ideológica, no sólo restringida a niveles de ingresos o NBI. Por ello definen las tareas de primer orden para el impulso de la Economía Social, que” consisten en la derrota de : a) el determinismo capitalista liberal: b)el fracaso del reduccionismo del socialismo real: c) el desconocimiento de los saberes que emergen de las experiencias históricas de cambio, y el carácter nacional y popular de cualquier transformación: d) la conceptualización de la pobreza limitada a la esfera económica; e) la perspectiva tecnicista que desconoce el saber popular inherente a formas de sobrevivencia social; f) la aproximación ahistórica que pretende declarar la inamovilidad de las perspectivas disciplinarias, en particular, la economía; g) la concepción unidimensional de los procesos sociales que niega la especificidad nacional y local a la actual dinámica de cambios.” Emerge el paradigma de Desarrollo Local con diversas respuestas a los procesos globalizadores, con su implicancia en los cambios la incumbencia de los Estados Nacionales, y su proceso de retiro y descentralización, muchas de cuyas funciones son asumidas desde los territorios. Frente a la uniformación global, lo local aparece como resistencia, más adaptativa o confrontativa, pero como voluntad de los habitantes de un territorio de forjar su destino colectivo. Con diversas características: es un proceso, lo que destaca la importancia de la conducción; trata de ser de abajo/ arriba; poner en valor el territorio y la diversidad frente a la uniformidad (denominaciones de origen); revalorización de la cultura local; prioriza la pequeñas y medianas empresas por su generación de empleo, la residencia de los propietarios del capital y su impacto en la democracia y el tejido social. (De Mattos, Gallichio, Borja y Castells, Guerrero, et alt)
Preconiza la concepción del territorio no como un mero soporte de las actividades económicas, sino una como construcción social: el hombre y su medio ambiente en el centro de la actividad territorial. Supone e implica la articulación de los protagonistas (público-privados) en el lugar donde ocurre la vida: el territorio. En la Argentina, desde el gobierno nacional y los distintos gobiernos locales se están últimamente ejecutando políticas sociales que coadyuven a incluir al conjunto de la población. También son importantes los esfuerzos nacidos en el seno de la sociedad. Pero es de destacar que nuestro país aún tiene no sólo tasas altas de desempleo, sino graves índices de informalidad laboral, que afectan a más de un tercio de la PEA.
Más allá de continuar la promoción de formas tradicionales como cooperativas y mutuales, se destacan la Ley de Promoción del microcrédito para el desarrollo productivo (primera ley en la Región que fomenta el acceso al crédito de micro emprendedores fuera del sistema formal y además subsidia a las entidades de la sociedad civil que ejecutan concretamente las políticas, para no caer en la frecuente paradoja que sean los mismos pobres quienes paguen por su incorporación), la incorporación del Monotributo Social, la promoción del asociativismo, incentivos mediante la creación de mercados, ganancia de competitividad en encadenamientos productivos, apoyo a empresas en crisis recuperadas por sus trabajadores, intentos de vinculación del ahorro local con el crédito local (renacen las Cajas de Crédito Cooperativas), entre otras. Es en el territorio, con su lógica ordenadora, donde confluyen y se potencian las miradas y acciones del desarrollo local y la economía social. La medida de su impacto en la transformación de las relaciones sociales es parte del debate actual.


Mirando desde América Latina


En el Informe Regional sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe 2010, titulado “Actuar sobre el futuro: romper la transmisión intergeneracional de la desigualdad” del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), se propone un enfoque más integral de política pública. “Las estrategias de redistribución deben llegar a aquellos para quienes fueron diseñadas, deben considerar no solamente cada restricción por separado sino tomar en cuenta que las restricciones que enfrentan los hogares son múltiples y en ocasiones se refuerzan unas con otras. Además, los objetivos de la política pública deben incorporarse al imaginario de los beneficiarios, quienes deben ser sujetos activos de su propio desarrollo”
Allí se recomienda “la nueva política integral y específica que se propone para reducir la desigualdad en la región debe incidir sobre las condiciones objetivas de los hogares y las restricciones que enfrentan, sobre aspectos subjetivos que determinan autonomía y aspiraciones de movilidad y, finalmente, sobre la calidad y eficacia de la representación política y la capacidad redistributiva del Estado”
Dado que “Las explicaciones para la persistencia de la desigualdad no se encuentran solamente a nivel del hogar. El proceso político también responde de manera diferenciada a las necesidades de distintos grupos. La reducción sostenible de la desigualdad asume actuar sobre la baja calidad de la representación política, la debilidad institucional, el acceso diferenciado a la influencia sobre políticas concretas, y sobre fallas institucionales que derivan en corrupción y captura del Estado por grupos minoritarios.”
Mientras, la COMISION ECONOMICA PARA AMERICA LATINA (CEPAL) propone en su informe de Noviembre de 2010: "Esta es y no otra, la hora de la igualdad", Resaltando que: La igualdad se basa en la titularidad de derechos y no solamente en acceso; las brechas sociales no cerrarán en tanto no se cierren las brechas productivas; hay que igualar para crecer y crecer para igualar; y la calidad de la política es central para el desarrollo con igualdad”
Sin políticas públicas que expresen concretamente la voluntad de incorporar al conjunto de la población, y la adecuada articulación con las diversas organizaciones que la sociedad ha venido construyendo, no hay posibilidades de que todos seamos parte de un mismo destino.
Nos preguntamos, con Baumann (2008), que “si la libertad ha sido conquistada, cómo es posible que la capacidad humana de imaginar un mundo mejor y hacer algo para mejorarla no haya formado parte de esa victoria”, pues no dejamos de tener presente que la libertad individual sólo puede ser conseguida y garantizada colectivamente.

Bibliografía

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BAUMAN, Zygmunt, “En busca de la política”, Sudamericana, Bs. As. 2008
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(Roitman es Director del Centro de Estudios de Economía Social de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Argentina)