lunes, 30 de agosto de 2010

Tras el Búho de Minerva: la filosofía tardía y olvidada de Héctor Raurich por Maximiliano Molocznik


Tras el Búho de Minerva: la filosofía tardía y olvidada de Héctor Raurich

Por: Maximiliano Molocznik


Hegel escribía, en el párrafo final de su “Prefacio” a la Filosofía del Derecho, que el búho de Minerva despliega sus alas al anochecer. Con esta metáfora –una de las más hermosas de la historia de la filosofía- nos ilustra sobre cómo la teoría y la filosofía, simbolizadas en el búho de Minerva, siempre llegan tarde; sólo se constituyen como conocimiento una vez que la vida real de las sociedades produjo los acontecimientos y las circunstancias que motivan la reflexión del teórico y del filósofo.
De ahí que Hegel estableciese un contrapunto inspirado en las palabras pronunciadas por Mefistófeles en el Fausto de Goethe: “los tonos grises de la reflexión filosófica son siempre un pobre reflejo del verde árbol de la vida”. Este artículo -dedicado a presentar sucintamente la explosiva hermenéutica del pensamiento hegeliano realizada por el filósofo marplatense Héctor Raurich- no sólo asume la sabiduría de la sentencia de Hegel, sino también intenta mostrar el inevitable retraso del pensamiento en relación al ser y de las ideas en su conexión con la realidad social.
Casi nada sabemos sobre la infancia y juventud de Raurich salvo que nació en la ciudad de Mar del Plata en 1903. Diversos testimonios coinciden en presentarlo como un hombre más proclive a la charla que a la escritura. De hecho, Liborio Justo -uno de los más importantes dirigentes trotskistas de los años 30- lo había bautizado “Sócrates” por sus cualidades oratorias y su renuencia a escribir.
Sus primeras participaciones políticas se darán en la facultad de Derecho de la UBA donde milita en el grupo Insurrexit que apoya -por izquierda- el proceso de la Reforma Universitaria.
Luego comienza una militancia orgánica en el Partido Comunista siendo miembro de la fracción izquierdista “La Chispa” y expulsado en 1925.
En 1931 conoce al político trotskista Antonio Gallo en España y, a su retorno, ambos amigos se proponen aportar a la consolidación de la ICA (Izquierda Comunista Argentina), uno de los primeros grupos trotskistas de nuestro país.
Munido de una sólida formación cultural y dotado de un magnífico don del lenguaje era un consumado conferencista. Siempre recreaba las temáticas que abordaba, que discurrían espontáneamente, sin ninguna rutina o atmósfera de claustro, ahorrándole a la concurrencia cualquier muestra de pedantería intelectual y, por innecesarias, toda vana retórica y solemnidad.
Raurich fue el representante más importante de la bohemia trotskista de los años 30. Estos grupos noctámbulos se reunían a discutir sobre política, filosofía, estética, historia argentina, etc. hasta altas horas de la madrugada en el Café Tortoni, en los 36 billares o en el Politeama.
Reconocido como un excelente anfitrión se transformó en el animador de esas veladas conocidas, en el caso del Tortoni, como “La Peña de Raurich”. Allí volcará toda su prédica antistalinista y de vituperio al “socialfascismo” argentino y europeo aunque quedará en evidencia su falta de respuesta a los problemas nacionales.
Hombre polifacético defenderá a lo largo de toda su trayectoria la tesis de que para la Argentina la única perspectiva viable era la revolución socialista, oponiéndose de plano a cualquier tentativa de frente de liberación nacional. Este marxismo antinacional lo llevará a mantenerse alejado de las luchas concretas de los trabajadores argentinos llegando incluso, en 1955, a firmar una solicitada de hombres de la cultura apoyando el golpe contra Perón.
Se mantuvo siempre en los márgenes de la cultura universitaria a tal punto que fue rechazada una petición suya en 1957 para dictar un curso paralelo de Estética en la facultad de Filosofía y Letras de la UBA , lo cual no impidió que ejerciera gran influencia sobre los estudiantes de los años 50. Uno de los más conspicuos representantes de la pequeña burguesía universitaria de la época, Juan José Sebreli, lo recuerda de esta manera: “Un día, en 1954, en el bar Florida, un compañero de la escuela normal y de la Facultad de Filosofía me recomendó el curso sobre la filosofía de Hegel que iba a dar Héctor Raurich, a cuyo grupo él pertenecía. Asistimos con Masotta y quedamos rápidamente atrapados por ese extraño personaje de rostro anguloso, de maneras elegantes y cálidas, de palabras exquisitas, de erudición vastísima. Las páginas que se publicaron póstumamente no dan la dimensión de su talento: pertenecía a ese tipo de intelectuales en quienes lo mejor de su obra no esta en lo escrito sino en lo hablado. Razones subjetivas y otras objetivas le impidieron hacer las grandes empresas que se proponía: la creación de un partido político de izquierda y un gran libro sobre Hegel y Marx del que solo quedaron apuntes. Resulta un caso de interés historiográfico descubrir por que caminos distintos llegó Raurich, oscuro-autodidacto, desde una ciudad aislada del centro filosófico del mundo a coincidir en algunos aspectos con pensadores coetáneos como los de la Escuela de Frankfurt, a quienes no llegó a conocer. Como suele ocurrir con los jóvenes, yo no supe ver en su momento que el azar me había deparado la fortuna de conocer a un verdadero pensador, que como decía Sartre, son escasos”.
Su labor como conferencista no había comenzado, sin embargo, allí. Antes del intento fallido en la UBA había dictado dos cursos libres sobre "La Filosofía de Hegel". El primero, en 1952, en la Asociación Cristiana Femenina de Buenos Aires. Desarrolló allí en 35 conferencias la fase del pensamiento juvenil y la Fenomenología del Espíritu.
El segundo, dictado en 1955, en el Salón de Arte de Buenos Aires E. Birabén, consistió en el análisis, en 30 lecciones, de la Lógica de Hegel. En 1959 dictó en el Instituto de Filosofía del Derecho de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Plata un curso de nueve conferencias sobre la Filosofía de Marx en su relación con la Filosofía de Hegel.
Son muy pocas las publicaciones de tipo ensayístico que de él hemos podido rastrear. Entre ellas cabe mencionar a La teoría de las Generaciones publicada en la Revista Jurídica y C.S., Bs. As, julio-octubre de 1926, año XIII, Nos. I y II, Defensa del Arte en: Vertum, Rev. del C.E. de Filosofía, año XXVI Nº 8, agosto de 1933 y La Filosofía de Hegel: El fragmento de sistema de Francfort en Rev. "Cultura Argentina", enero de 1953.
Sabemos que existen dos trabajos aún inéditos: El Concepto de la Historiografía de las Bellas Artes y Sindicato y lucha de clases en la obra de Marx.
Hacia 1961, Raurich, que, como vemos tenía muy poco publicado comenzó a escribir en una pequeña libreta de tapas negras de hule, unas doscientas carillas numeradas por él con su escritura pequeña y enredada, de muy difícil, a ratos casi imposible, lectura. Allí, indicados a veces los días, arrimó algunas reflexiones que, años después, sus amigos editarían bajo el título de Notas para la actualidad de Hegel y Marx (1968).
Algo similar ocurriría con el destino de sus conferencias de 1952 y 1955, consagradas al pensar de Hegel. Como era su costumbre Raurich no leyó, dijo sus conferencias sin ningún apunte ni esquema a la vista. Esta verdadera proeza intelectual, que no era en modo alguno efectista, obedecía a la profunda exigencia del autor de sólo exponer lo que animaba su más íntima convicción.
Sus amigos y, luego, sus editores, sabían que Raurich al preparar sus conferencias, ponía en su lugar los libros consultados y comentados (hechos muchas veces en los márgenes o “pretil del pozo” como gustaba decir) yendo a parar a la gaveta las notas minuciosas.
Luego de su muerte y tras una paciente y titánica labor realizada con el manuscrito original y las notas saldría a la luz Hegel y la lógica de la pasión (1975). Este libro monumental no es ni un manual didáctico ni una antología de textos críticos o comentarios ni mucho menos una ecléctica selección o componenda de textos.
El objetivo de Raurich es, por un lado, esclarecer el espíritu que inspira la corriente hegeliana restableciendo y obedeciendo a un tiempo a ese mismo espíritu, y por el otro, sintetizar y asimilar con sentido crítico los elementos rescatables del hegelianismo, desde sus inicios hasta el presente, vistos a través de sus representantes y también de sus contradictores.
Aún hoy, a más de treinta de años de haber salido a la luz, sigue siendo un libro clave para quién quiera acercarse a las honduras del pensamiento de Hegel. Raurich examina con brillantez el existencialismo desde Kierkegaard a Heidegger y utiliza y conjuga las interpretaciones diversas y aún opuestas de Hyppolite, Kojéve, Niels y Wahl a fin de brindar, a través de ellos, su propia comprensión de la religiosidad hegeliana.
No deja de sorprendernos el hecho de que si comparamos este trabajo con la multiplicidad de ambiciosos ensayos posteriores dedicados a Hegel -como los escritos por Hartmann, Findlay, Kaufmann o Kung -no sólo se constata la vigencia de la exégesis por él propuesta sino también su carácter de pionero.
Otros libros importantes -todos publicados póstumamente, pues Raurich muere en 1963- son: Ser en el otro (1964) y De la crítica como creación (1965).
Como vemos, entonces, Héctor Raurich fue uno de los hombres más cultos de su época. Amante de Hegel, interdictor de Marx y Trotsky, apasionado estudioso de la poética de Whitman y cultor del teatro shakespeariano no le sirvió toda esa prosapia para aplicar correctamente la teoría marxista a la problemática nacional.
En síntesis, su marxismo de importación, munido de brillantes análisis no le alcanzó para poder acompañar las luchas reales de la clase obrera argentina. Desplegó sus alas al anochecer, como el búho de Minerva.

Fuentes
Raurich, Héctor: Hegel y la lógica de la pasión, Bs.As, Ediciones Marymar, 1975.
Raurich, Héctor: Notas para la actualidad de Hegel y Marx, Bs. As, Ediciones Marymar, 1968.
González, Ernesto: El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina, Bs. As, Editorial Antídoto, 1995.
Galasso, Norberto: Aportes críticos a la historia de la izquierda argentina, Bs. As, Nuevos Tiempos, 2007.
Sebreli, Juan José: Las señales de la memoria, Bs. As, Sudamericana, 1987.

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