jueves, 11 de noviembre de 2010

Arturo Jauretche: ¿inductivista o materialista dialéctico?


Arturo Jauretche: ¿inductivista o materialista dialéctico?


Por Alberto J. Franzoia (Sociólogo, posgraduado en psicopedagogía, presidente del Centro Cultural América Criolla y director de los Cuadernos de la Izquierda Nacional y de la Ciencia Social en El Ortiba)

Publicado en: La Tecl@ Eñe

Arturo Jauretche es uno de los mayores sociólogos que ha dado Argentina, aunque paradojalmente no se lo incluya en la bibliografía obligatoria de casi ninguna cátedra universitaria. Seguramente el mayor inconveniente que presenta la obra de Don Arturo para ingresar allí ha radicado en su rechazo a todo tipo de conocimiento formal, academicista, tributario de las usinas donde se gestan las ideas dominantes, sean conservadoras o progresistas. Sin embargo pocos sociólogos de carrera, algunos de los cuales buscan obcecadamente en la oscuridad del discurso una profundidad de la cual carecen, han logrado penetrar como él en nuestra idiosincrasia criolla. Sería muy bueno que a partir de los procesos de descolonización mental que recorren varias provincias de la Patria Grande Latinoamericana, los textos de Jauretche se conviertan en material de estudio en nuestras facultades de ciencias sociales. Su producción fundamental en ese sentido (aunque no la única) es El medio pelo en la sociedad argentina, que no casualmente pero sí con excesiva modestia subtituló: Apuntes para una sociología nacional.

Existen diversos estudios que analizan la teoría producida por Jauretche, y no sólo en el plano sociológico, sin embargo nada demasiado significativo se ha dicho con respecto al método que empleó para construirla. Esto es así porque casi todos los estudiosos del tema han ofrecido muy poca resistencia a aquello que este intelectual nacional explicita en su obra. Fue muy claro al respecto, ya que siempre y sin dudar reivindicó al inductivismo como el verdadero método de la ciencia. Por lo tanto parece que no quedara nada por decir al respecto.

Pero ocurre que la historia del conocimiento, tanto nacional como internacional, está plagada de lugares comunes, y precisamente uno de ellos se vincula con juzgar a filósofos o científicos según lo que dicen de sí mismos. Claro que entre lo que se explicita y lo que efectivamente se practica a veces media la misma diferencia que entre la intención que políticamente se persigue y las consecuencias que efectivamente se generan. Demás está decir que tanto a un político como a un investigador de la realidad debe interesarle principalmente lo segundo (la consecuencia) y no lo primero (la intencionalidad). De allí que este trabajo está dedicado no al método que Jauretche dijo utilizar, sino al que efectivamente utilizó según logramos rastrearlo a través de su nada exigua producción.


Arturo Jauretche y su defensa del método inductivo

Jauretche nunca escribió un trabajo sobre cuestiones metodológicas, sin embargo se cansó de señalar en varios de sus libros que el verdadero método de la ciencia es el inductivo. En el otro extremo de esta opción que Jauretche nos presentaba como bipolar está el método deductivo, seguido frecuentemente por esa intelligentzia argentina a la que nuestro maestro combatió durante gran parte de su vida. Claro que en su defensa incondicional del inductivismo no se refería sólo al método propio de la ciencia natural sino también al de la ciencia social, terreno en el que incursionó con una poca común eficiencia.

Para confirmar la defensa del método inductivo se publicaron en 1984 dos conferencias que Jauretche dictó durante el tramo final de su vida acerca de dicho tema; lleva por título Metodología para el estudio de la realidad nacional. En ambas conferencias se comprueba, una vez más, que él parte siempre de nuestra realidad a la hora de construir teoría y recurre a ejemplos muy concretos para demostrar la validez del método defendido:
“He citado estos ejemplos porque para iniciar un curso como éste no creo que ni los profesores ni los jóvenes estudiantes cuenten con un material orgánico. Lo tienen que hacer ellos a través de una larga casuística, caso por caso y aprendiendo a razonar, no de las teorías hacia la realidad, sino de la realidad hacia la teoría. Van a hacer el auténtico método de la ciencia que no es deductivo, sino inductivo. Van a partir del hecho hacia la teoría y no de la teoría al hecho” (1).

En las conferencias contenidas en dicho libro Jauretche vuelve sobre uno de sus temas preferidos, la dicotomía sarmientina civilización o barbarie (que como sabemos consideró la madre de todas las zonceras) como fuente de los más gruesos errores a la hora de abordar nuestra realidad. Precisamente esa concepción paradigmática para muchos intelectuales argentinos va asociada (en la práctica concreta y más allá de lo que sostengan) a la utilización de un método, el deductivo, que Jauretche juzga como adversario del conocimiento científico:
“El mesianismo impone civilizar. La ideología determina el cómo, el modo de la civilización. Ambos coinciden en excluir toda solución surgida de la naturaleza de las cosas, y buscan entonces, la necesaria sustitución del espacio, del hombre y de sus propios elementos de cultura. Es decir "rehuir la concreta realidad circunstanciada” para atenerse a la abstracción conceptual. Su idea no es realizar un país sino fabricarlo, conforme a planos y planes, y son éstos los que se tienen en cuenta y no el país al que sustituyen y derogan, porque como es, es obstáculo” (2).

Los intelectuales que recurren al método deductivo han operado siempre desde una teoría que ha intentado civilizar (con una cultura “verdadera” que supuestamente es la europea y su exitosa aplicación estadounidense) a un pueblo inscripto en la barbarie (que en realidad es la otra cultura, la producida por los sectores populares en contacto directo con su realidad latinoamericana). Sin embargo Jauretche en su explícita defensa del método inductivo, que requiere partir de nuestra propia cultura y desarrollarla, se encarga de aclarar que esto no significa negar los aportes de la cultura europea (u otras) sino tomar aquello que resulte útil, porque se trata de adaptar la civilización a nuestra realidad y no ésta a la civilización:
“Hace un tiempo en una mesa redonda en la Escuela Normal de Paraná, yo hice un cargo a la Escuela Normal, después de haber hecho el elogio de lo que el país le debe a través de los maestros que hicieron la alfabetización, a veces heroicamente. El cargo se refería a esa mentalidad dogmática que caracterizó su enseñanza y la formación de sus maestros. Un profesor de la escuela me salió al encuentro diciendo que eran épocas en que había que adaptar el país a la civilización. Yo le contesté: ahí está el problema; es una letra nuestra diferencia. Adoptar y adaptar. Que nosotros adoptáramos la civilización para adecuarla a nuestra realidad es una cosa distinta a que nosotros adaptáramos el país a la civilización, lo que sirvió para desnaturalizarnos” (3).

Entre numerosos ejemplos que Jauretche cita para justificar la elección del inductivismo podemos encontrar no pocos extraídos del campo de la arquitectura, como cuando critica las características negativas del Centro Cívico de Santa Rosa (La Pampa) por haberse construido siguiendo, seguramente, las enseñanzas de alguna revista europea de arquitectura (4). Sin embargo, aún en todo lo que resulta explícito en su discurso nunca reniega del aporte de otras culturas, a condición de que sean siempre adaptados a las características y necesidades de lo propio. Siempre creyó que lo que hay que adaptar no es la cabeza (realidad) al sombrero (ideas, ideologías, teorías), sino exactamente al revés.


Inductivismo y positivismo

Todo paradigma científico, tanto en el campo de la ciencia natural como en el de la ciencia social, incluye entre sus elecciones una filosofía del quehacer científico (o epistemología) que da cuenta de cómo construir conocimiento, un método o camino (más las técnicas) seguido para producir y verificar concretamente el conocimiento construido; por último, cuando la teoría que se gestó resulta muy satisfactoria, suele convertirse en referente conceptual para los seguidores del paradigma.

La primera duda que me acechó cuando observaba las reiteradas adhesiones de Jauretche al inductivismo fue que dicho método se inscribe habitualmente como la elección que hacen los defensores del paradigma positivista. Sin embargo, a nadie que maneje cuestiones elementales de ciencia social (campo en el cual desarrolla Jauretche sus estudios) se le ocurriría pensar en Don Arturo como un cultor de dicho paradigma. ¿Por qué?

La búsqueda del por qué debe vincularse con una indagación sistemática sobre las elecciones que suelen realizar los positivistas a la hora de escoger tanto una epistemología como el conjunto de reglas que explícita o implícitamente van asociadas a un método, con el que finalmente producen e intentan comprobar la teoría.

Desde el punto de vista epistemológico es necesario recordar que los positivistas son partidarios de la neutralidad valorativa como garante de un conocimiento objetivo. Es decir que para que la teoría producida acerca de la realidad sea verdadera (se corresponda con la realidad del objeto), el investigador debe renunciar a cualquier compromiso previo con valores (ideológicos y políticos). Los periodistas que circulan por nuestros medios sostendrían que hay que ser “independientes”.

Mientras tanto en el plano metodológico, el uso del método propuesto, el inductivo, supone para este tipo de cientistas varias cuestiones:
1- Se debe partir de la observación de los hechos particulares para comenzar luego a construir una teoría que dé cuenta de ellos. La objetividad está garantizada por este proceder que deja de lado todo tipo de consideraciones teóricas o valoraciones previas.
2- Todos los factores que componen la realidad tienen la misma jerarquía y además son independientes, por lo tanto se los puede escindir del todo para un estudio específico. De allí que las distintas ciencia que abordan la realidad puedan tomar un único factor y convertirlo en su objeto de estudio aislándolo del conjunto (economía, sociología, política, historia, etc.). Es por esta particular visión que en tiempos de hegemonía neoliberal (neopositivismo) resultaba habitual encontrarse con un ministerio de economía manejado por “técnicos” que no aceptaban ninguna injerencia política.
3- El científico debe limitarse a explorar, describir y en la medida de lo posible (y deseable) explicar la realidad. Es por lo tanto un observador especializado que suministra información confiable para resolver problemas específicos.
4- Finalmente esas investigaciones que generan un conocimiento objetivo, confiable, sirven a los efectos de una mejor adaptación de los seres humanos a una sociedad que, al igual que la naturaleza, está gobernada por leyes que el hombre no puede modificar a voluntad. Esto se verifica con facilidad cuando uno escucha o lee a un economista liberal (positivista) que rinde pleitesía al “mercado”, o en políticos “realistas” que sólo toman decisiones “posibles”, por lo que en siglo XIX nunca hubiesen cruzado Los Andes para liberar a la Patria Grande como lo hizo San Martín.

Aclaro que estoy presentando sólo una síntesis de algunos aspectos esenciales de la concepción positivista y no pretendo agotar el tema, ya que existen variantes con menores grados de ortodoxia. Pero como tipo, o modelo paradigmático, considero que responde a aquellas decisiones a las que un defensor del inductivismo positivista no está dispuesto a renunciar. Si bien no es tema de este artículo, no puedo menos que llamar la atención sobre lo curioso que resulta comprobar que muchos de los intelectuales orgánicos de nuestra oligarquía en el siglo XIX adherían a una concepción positivista de la ciencia social, sin embargo, como bien advierte Jauretche, recurrieron a un método deductivo, como es el caso de la célebre dicotomía civilización y barbarie.

Ahora bien, si las decisiones anteriores son fundamentales para un inductivista, el abordaje sistemático de la producción jauretcheana nos conduce en otra dirección, ya que: Jauretche nunca adhirió a las decisiones paradigmáticas expuestas. Se podría sostener que es probable que no haya sido un ortodoxo del inductivismo profesado por los positivistas (desde ya no era un positivista), y que haya adoptado por lo tanto una versión muy personal del método defendido, pero como argumento resulta bastante débil ya que por momentos su práctica investigativa se convierte en la negación del inductivismo. Me inclino por considerar, a riesgo de incomodar a no pocos de mis amigos y colegas peronistas, que Jauretche practicó en realidad, con o sin conciencia de ello, una metodología muy afín con el materialismo dialéctico gestado por Marx y Engels. Para demostrarlo lo primero que se necesita es definir qué decisiones están inscriptas en un paradigma como el mencionado, y luego rastrear la presencia fuerte de las mismas en su obra.

Algunas características del materialismo dialéctico

El materialismo histórico y dialéctico adoptan una epistemología que en ocasiones se ha confundido con la positivista, ya que la defensa de un conocimiento objetivo es permanente. Sin embargo no hay científico, independientemente del paradigma con el que se identifique, que renuncie a la objetividad. Los únicos planteos subjetivistas o extremadamente relativistas son propios del posmodernismo (por ejemplo Paul Feyerabend), y si bien no es este el espacio para debatirlo, debo aclarar que considero a dicha corriente como una filosofía muy valiosa en el terreno artístico pero ajena a la producción de conocimiento científico.

En realidad la defensa de la objetividad expresada desde Marx en adelante por los exponentes de este paradigma nada tiene que ver con la neutralidad valorativa defendida por los positivistas. Todo lo contrario, el compromiso con la o las clases oprimidas es permanente, ya que se las considera el verdadero sujeto del cambio social revolucionario con el que Marx y Engels se identificaban. Un científico materialista y dialéctico debe ser por lo tanto alguien que aporte conocimientos específicos para favorecer la liberación de los oprimidos, tanto clases sociales como naciones. Objetividad y compromiso no son excluyentes.

En el plano metodológico se postula la práctica (que es lo concreto) como instancia primera para iniciar el proceso de conocimiento o construcción de la teoría, lo cual puede generar confusiones también con uno de los postulados inductivistas (observación de los hechos). Sin embargo el concepto práctica supone una relación de transformaciones mutuas entre el sujeto cognoscente y la realidad, de esa relación de ida y vuelta surge la teoría. Es decir, no se corresponde con la mera observación defendida por los inductivistas. Pero, por otra parte, la teoría producida no se la concibe simplemente como un conocimiento contemplativo (pasivo), que sirva para facilitar la adaptación de los hombres a las leyes sociales; nada de eso. La teoría si es correcta ha de servir para que los hombres logren modificar colectivamente su realidad. Tanto es así que sólo la práctica transformadora (de la realidad) es el criterio necesario para validar teorías en la perspectiva del materialismo dialéctico. Por eso la liberación de los oprimidos está fuertemente vinculada a la producción de un conocimiento objetivo (que exprese lo esencial del objeto), verdadero, pero nunca imparcial. Los científicos, como cualquier otro intelectual revolucionario, deben explicitar su compromiso social y hacerse cargo de él. Pero como esa teoría transformadora a su vez es modificada siempre por el contacto con nuevas prácticas humanas, la relación entre ambas es de influencias mutuas, una relación por lo tanto dialéctica. Como se observa la dialéctica es un concepto clave.

Por otra parte este paradigma no es materialista sólo porque el punto de partida para la construcción de conocimientos útiles sea siempre la práctica, sino porque entre todos los factores que operan en la realidad de una sociedad (que no son independientes y aislables para el estudio) hay uno que nunca es único pero sí es el principal: el factor material o estructura socio-económica. La relación que los demás factores (políticos, jurídicos e ideológicos), denominados superestructura, tienen con la estructura económica, es también dialéctica, ya que éstos vuelven sobre la estructura que facilitó su gestación modificándola. Estructura económico-social y superestructura son dos instancias que se relacionan en un ida y vuelta permanente, pero el hilo conductor del estudio de dicha relación es el factor (material) que los fundadores y principales continuadores del materialismo dialéctico siempre visualizaron como esencial (determinante, aunque sólo en última instancia):
“Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta --las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las Constituciones que, después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas, e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo ulterior de éstas hasta convertirlas en un sistema de dogmas-- ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma. Es un juego mutuo de acciones y reacciones entre todos estos factores…” (4).


Jauretche y su uso del materialismo dialéctico

Jauretche nunca explicitó una adhesión al método creado por Marx y Engels, pero siguiendo con el tipo de abordaje que he propuesto eso no es lo importante, ya que recurriré a su obra para demostrar cuanto hay del mismo en ella.

Lo primero que se debe considerar es con qué tipo de filosofía científica se identifica, y en esta cuestión sí es muy explícito. Jamás adhirió al postulado inductivo-positivista según el cual la construcción de un conocimiento verdadero debe estar asociada a la neutralidad valorativa (imparcialidad o supuesta independencia). Por el contrario en todas sus producciones (desde los Cuadernos de Forja en los años treinta) Jauretche se define como un hombre del campo nacional y popular, enfrentado con la clase alta u oligarquía y con su aliado externo el imperialismo; desde ese lugar construye conocimiento. Sin embargo esta clara identificación no implica en la concepción jauretchiana una renuncia a construir conocimiento verdadero (es decir lo más objetivo posible). Toda su obra apunta a demostrar el carácter falso de las ideas dominantes que hemos aprendido desde la escuela primaria, y para hacerlo le opuso un conocimiento en construcción al cual mucho aportó él mismo junto con otros intelectuales del campo nacional y popular a los que suele citar, como Scalabrini Ortiz, Abelardo Ramos, José María Rosa, el uruguayo Alberto Methol Ferré, o tantos otros. El manual de zonceras argentinas, es al respecto uno de sus mayores aportes. Indaga en él los razonamientos lógicos que por partir de premisas falsas terminan construyendo por la vía deductiva un conocimiento falso, que ha servido para postrar a nuestra Patria ante intereses ajenos a ella. Dice Jorge Abelardo Ramos:

“Satirizó con inigualable poder disolvente a la petrificada y apolínea literatura de la factoría, a ese gélido mundo procedente de Paul Groussac y Enrique Rodríguez Larreta que había venido a parar a Borges. A la literatura cortesana, inclinada ante la supremacía terrateniente y enferma de anglofilia, opuso Jauretche la risa de Rabelais (o de Mansilla). Diría que en su estilo verbal y escrito hasta había algo del desenfado de Sarmiento en este adversario del autor de Facundo. Realizó la tarea de demolición político-estética que era imperioso hacer ante la cultura aristocrática y logró conmover en sus gustos a las clases medias que en esa esfera, como en todas las demás, copiaban a la oligarquía” (5).


Pasando ahora al terreno estrictamente metodológico, más allá de explicitar en forma permanente su adhesión al inductivismo, nos encontramos con que no responde positivamente a ninguno de los ítems que señalamos en el punto Inductivismo y positivismo:
1- Si bien parte de los hechos como los positivistas no tiene una actitud meramente contemplativa de la realidad, por el contrario es un actor que pretende transformar y es a su vez transformado por la realidad.
2- No le asigna el mismo peso a todos los factores que operan en la realidad argentina, ya que como se comprueba en su obra más acabada al respecto (El medio pelo) centra su estudio en la estructura económico-social. Tanta importancia le adjudica a la misma que en un libro que no casualmente se subtitula “Apuntes para una sociología nacional”, sigue su desarrollo desde los tiempos de la colonia hasta mediados de los años sesenta del siglo XX (se publicó en 1966).
Detectar los datos que comprueban lo afirmado requiere tiempo de lectura porque se manifiesta a lo largo de las 389 páginas del Medio Pelo.
3- Decía anteriormente que nunca creyó que un estudioso de la realidad deba limitarse a observar o contemplar desde su condición de intelectual. Fue un explícito defensor de una intelectualidad comprometida con el campo nacional y popular. Él lo hizo primero desde el radicalismo yrigoyenista y luego desde el peronismo, aunque como informó Ernesto Goldar, en 1973 terminó votando a la izquierda nacional a través del Frente de Izquierda Popular.
4- El objetivo de construir un conocimiento verdadero sobre nuestra realidad nada tenía que ver con lograr una mejor adaptación al statu quo (las supuestas leyes sociales), por el contrario apuntaba a utilizarlo para transformar colectivamente esa realidad, siendo el frente nacional (de clases y sectores sociales identificados con la Nación) el sujeto de la misma. Sus estudios sobre el medio pelo, el modo de operar de la colonización pedagógica” (yapa que incorpora a la redición de Los profetas del odio), y las zonceras tienen la clara intencionalidad de colaborar en el desarrollo de una conciencia nacional para la liberación de la Patria.

Por esas cuestiones que considero centrales afirmo que Jauretche nunca fue un inductivista, pero además se puede observar en su obra una clara recurrencia al materialismo dialéctico como método. En parte esto se infiere de lo que sostengo en las consideraciones anteriores, pero avancemos aún más sobre las mismas.

En El medio pelo aborda el surgimiento y desarrollo de las principales clases y sectores sociales argentinos partiendo de la función que cada uno desempeña en la producción y circulación de bienes materiales. Todo el recorrido que hace desde la colonia hasta ya avanzado el siglo XX sobre esta cuestión es lo que le permitirá, sobre el final de su texto, explicar qué cosa es el medio pelo. Y si bien nos dice que es un falso status (posición social), producto de una falsa conciencia, Jauretche creyó imprescindible abordar nuestra historia socio-económica para explicar un fenómeno superestructural como es la falsa conciencia e ironizando al mismo tiempo sobre cierta concepción de la ciencia a la que no adscribía:

“El sociólogo apreciará los hechos que refiero, valorándolos según el juicio que surja de su particular inclinación interpretativa. Yo sólo pretendo señalarlos y es su tarea determinar causas, lo que no excluye que ocasionalmente me aventure hasta las mismas, cuando lo imponga la descripción de los grupos identificados. Esencialmente aspiro a señalar la gravitación en nuestra historia de las pautas de conducta vigentes en los grupos sociales que la han influido, y solo subsidiariamente referirme a las causas originarias de las mismas.Con lo ya dicho, —la naturaleza de testimonio de este trabajo— excuso la ausencia de informaciones estadísticas y de investigaciones de laboratorio que pudieran darle, con la abundancia de citas y cuadritos, el empaque científico de lo matemático y al autor la catadura de la sabiduría. Las pocas pilchas que lo visten son las imprescindibles para justificar la presentación del testimonio” (6)

El mismo Jauretche recurre al concepto superestructura (concepto central de la concepción materialista de la historia) para dar cuenta de todas aquellas manifestaciones sociales que se inscriben en el plano no material (ideas, cultura entendida como la suma de bienes simbólicos producidos). Por eso cuando aborda a los intelectuales que producen y difunden las ideas dominantes (que son las de la oligarquía y el imperialismo) nunca ubica a éstas en un plano de autonomía sino como productos surgidos en íntimo vínculo con la realidad material: la Argentina oligárquica y semicolonial. Esos intelectuales a su vez pueden ser expresiones de diversas ideologías (liberales de derecha o de izquierda, o inclusive nacionalistas reaccionarios), pero todos funcionales a un mismo modelo de país, tal como lo demuestra en Los Profetas del odio (publicado en 1957) cuando aborda a referentes como Ezequiel Martínez Estrada, Jorge Luis Borges y Julio Irazusta (7).

Cuando en el Manual de zonceras argentinas (1968) examina las ideas dominantes que esos intelectuales gestan y difunden ocurre exactamente lo mismo:
“Las zonceras de que voy a tratar consisten en principios introducidos en nuestra formación intelectual desde la más tierna infancia —y en dosis para adultos— con la apariencia de axiomas, para impedirnos pensar las cosas del país por la simple aplicación del buen sentido. Hay zonceras políticas, históricas, geográficas, económicas, culturales, la mar en coche. Algunas son recientes, pero las más tienen raíz lejana y generalmente un prócer que las respalda. A medida que usted vaya leyendo algunas, se irá sorprendiendo, como yo oportunamente, de haberlas oído, y hasta repetido innumerables veces, sin reflexionar sobre ellas y, lo que es peor, pensando desde ellas. Basta detenerse un instante en su análisis para que la zoncera resulte obvia, pero ocurre que lo obvio pasé con frecuencia inadvertido, precisamente por serlo” (8)).

El contenido de la superestructura cultural nunca es independiente de la Argentina material y no se entiende sin ella. Pero a su vez, esos intelectuales de los profetas, y esas ideas de las zonceras vuelven permanentemente sobre la estructura económica y social de el medio pelo garantizando su reproducción histórica.


Conclusión:

Si bien este es un trabajo de considerable extensión (aunque como ensayo resulta sintético), no puedo abusar del lector introduciendo en el mismo la cantidad necesaria de documentos para suministrar mayores pruebas de lo que sostengo. Sin embargo hay tres textos, de los más logrados de Jauretche, que resultan muy pertinentes al respecto, por eso recomiendo su lectura para quienes no lo hayan hecho, o una relectura orientada por lo sostenido en este ensayo para localizar pruebas en el caso de tratarse de lectores habituados a la obra de Don Arturo. Los tres libros han sido mencionados en estas líneas, me refiero a El medio pelo en la sociedad argentina, Los profetas del odio y El manual de zonceras argentinas. En ellos Jauretche deja clara evidencia de su concepción materialista y a la vez dialéctica a la hora de abordar los problemas de nuestra sociedad, pero para comprobarlo hay que leer los tres trabajos.

Sus excelentes análisis sobre los intelectuales que producen y difunden las ideas dominantes (profetas del odio), los medios e instituciones que utilizan (consideradas en la yapa de los profetas que es publicada recién en la reedición de 1967), el contenido de dichas ideas (o zonceras) y la clara vinculación entre estas cuestiones y la estructura socio-económica que se gestó en Argentina desde los tiempos de la colonia (de la cual da cuenta el medio pelo), son perfectamente detectables en estas tres obras. Dialéctica pura entre la estructura económico-social y la superestructura cultural. El resto de su obra (abordando cuestiones como la década infame y el surgimiento de Forja, ejército y política, el revisionismo histórico o su denuncia sobre el retorno del coloniaje con el Plan Prebisch) apunta en una dirección que completa y enriquece esa triada medular.

Jauretche nunca aisló factores de la realidad como suelen hacerlo los inductivistas. Sí puso el acento en alguno de ellos, pero dejando siempre constancia de que el factor acentuado en un determinado texto tenía fuertes vinculaciones con otros factores que muchas veces ya había tratado en libros anteriores o que trataría en futuros trabajos. En esta línea de pensamiento no podía ser otra cosa que un adversario de la independencia del factor económico propuesta por los liberales, pero nunca de considerarlo el factor central:
“La economía moderna es dirigida. O la dirige el Estado o la dirigen los poderes económicos. Estamos en un mundo económicamente organizado por medidas políticas, y el que no organiza su economía políticamente es una víctima. El cuento de la división internacional del trabajo, con el de la libertad de comercio, que es su ejecución, es pues una de las tantas formulaciones doctrinarias, destinadas a impedir que organicemos sobre los hechos nuestra propia doctrina económica”(9).

Finalmente reiteraré para cerrar este análisis sobre el método que realmente utilizó Jauretche, que renunció explícitamente y en cada una de sus obras a la neutralidad valorativa tan reivindicada por todo aquel que se precie de ser un verdadero exponente del inductivismo. Es necesario recordarlo siempre, Jauretche cumplió con plena conciencia su función como intelectual del campo nacional y popular (nunca dejó de lado esa postura a la hora de abordar los hechos), con el manifiesto objetivo de modificar la condición semicolonial de su tierra. Claro que en realidad Don Arturo tampoco creyó que sus adversarios cientificistas fuesen tan neutrales (o independientes) como ellos suelen declaran; sí individuos que promovieron la tristeza (por necesidades ideológicas y políticas) para facilitar la opresión ejercida por la oligarquía y el imperialismo:

“El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza” (10).

La Plata, noviembre de 2010


Bibliografía:

(1) Arturo Jauretche: Metodología para el estudio de la realidad nacional, Editorial Fundación Ross, Rosario, 1984.
(2) Arturo Jauretche: obra citada
(3) Arturo Jauretche: obra citada
(4) Federico Engels; Carta a Bloch, fuente en Internet: http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/cartas/oe3/mrxoe329.htm
(5) Jorge Abelardo Ramos: Réquiem para un luchador, diario La Opinión, 30 de mayo de 1974
(6) Arturo Jauretche: El medio pelo en la sociedad argentina, Peña Lillo Editor, 1966
(7) Arturo Jauretche: Los profetas del odio, Peña Lillo Editor,1957
(8) Arturo Jauretche: Manual de zonceras argentinas, Peña Lillo Editor, 1968
(9) Arturo Jauretche: Frases:
http://www.frasesypensamientos.com.ar/autor/arturo-jauretche.html
(10) Arturo Jauretche: Frases:
http://www.frasesypensamientos.com.ar/autor/arturo-jauretche.html

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