sábado, 21 de mayo de 2011

El tren de la historia: anotaciones al margen

Cristina celebró el 17 de mayo la recuperación del Ferrocarril Belgrano Cargas y definió que “al poner en marcha los ferrocarriles, ponemos en marcha el país.” Comprenderá a cinco provincias: Formosa, Salta, Chaco, Santiago del Estero y Santa Fe. A propósito, esta nota de Juan Godoy escrita, curiosamente, meses antes, en febrero de 2011.


¿Se podría reescribir nuestra historia reciente, desde mediados del siglo XIX, como la historia del ferrocarril? Si lo intentáramos, ¿tendríamos en ella los diferentes tópicos que hacen al desarrollo de una nación? Mirando hacia atrás tenemos tiempos en que los ferrocarriles no existían, en que el traslado de sujetos y/o de mercancías era con animales, carretas, etc., momentos en los que la desintegración es latente, de sitios anegados, de grandes distancias (más grandes aún), de dificultad para la comunicación. Con el advenimiento del material férreo, rodante, grandes vagones, largas vías, etc., la situación es otra. Comienzan a nacer otras formas de subjetividad. En sus comienzos el tren ¿obstaculiza o libera?, pues tenemos la penetración del capital británico, el trazado en líneas rectas hacia la ciudad-puerto. El imperio ávido de materias primas, expoliaba así a la nación en ciernes, Scalabrini dirá “una inmensa tela de araña metálica donde está aprisionada la república”. Ahí lo tenemos, a quién fuera a historiar los ferrocarriles, en su ligazón al desarrollo (y a su dificultad en tanto la presencia del capital británico) de una nación. A la auscultación de la patria, al silenciamiento, a la complicidad, los mecanismos de la prensa (¿libre o libre empresa?), de la superestructura cultural, a las pilas y pilas de papeles, de balances, el rompecabezas que se arma. Las zonceras se desvelan.
El pensamiento nacional está allí, en la denuncia de la semicolonia, ¿no está también la izquierda nacional? Hay denuncia del imperialismo presente, opresor (no el que todavía no había llegado a estas tierras), hay cuestión nacional. A la vez que también aparece el Estado, quien tendiera las líneas disonantes en ocasiones a las del capital inglés, pues el autor de Política británica en el Río de la Plata nos alerta que no fueron los ingleses quienes desarrollaron nuestros ferrocarriles. Ramales con nombres que denotan pujanza, proyecto (voy a Chile, por ejemplo, se llama uno del Ferrocarril Oeste, atravesar la cordillera, unir los dos océanos). Podríamos preguntarnos por la presencia de una burguesía nacional siempre esquiva. ¿Nos adentraríamos así, en el plan de operaciones, y/o en la creación del ejército sanmartiniano en tierras mendocinas?. ¿Quién debe hacerse cargo del desarrollo del país? Tenemos creación de empresas estatales, nacionalizaciones (o compra de soberanía). Desenvolvimiento de pueblos a medida que los rieles avanzan, creación de industrias, a la par que trabajadores, obreros, cuadros técnicos, barrios diseñados para los ferroviarios, talleres-escuela. Es la yuxtaposición entre el mundo del trabajo y la ciencia ¿al servicio de la nación?. Pero no olvidemos las luchas, las victorias, la sindicalización, las asambleas, las persecuciones, desapariciones. El armado de un tejido social en torno a los ferrocarriles. La vida gira en torno a éste, las subjetividades se crean a partir de la pertenencia a ese mundo. Desapariciones decíamos al referirnos a las detenciones seguidas de muerte por la última dictadura genocida. También, y no casualmente, podríamos evocar el mismo vocablo para referirnos a la época de la desaparición de los rieles, de las locomotoras, al tiempo en que esos hierros que supieron forjar vida, nación solo pasaron a ser chatarra vieja acumulándose en galpones, a la intemperie esperando que en otras épocas vuelvan a ser codiciadas por familias que deambulan, y buscan cómo sobrevivir al oleaje neoliberal que arrasó con la patria, con el pueblo (¿cuál era su lugar en la globalización?). Desaparición y desguace. Ramales que “paraban”, y automáticamente cerraban. El surgimiento de pueblos fantasmas, de “fantasmas sociales”; suicidios masivos, que nos hacen recordar los tangos discepolianos de la década infame, esos de “cacha el bufoso y a dormir”. La desintegración del más mínimo lazo social. La aparición de otros. La generación de núcleos de dignidad y lucha.
¿Podremos levantar un proyecto nacional-popular, la liberación de la patria sin avanzar en la (re)creación de los recorridos que le dan vida a la nación?, ¿no es momento ya? Pensamos que sí.