miércoles, 21 de febrero de 2018

Envar “Cacho” El Kadri y la crítica a las armas


Por Juan Godoy (Sociólogo, UBA)

“La derrota de un proyecto de país liberado, con justicia social, con soberanía política y con independencia económica se va a ir revirtiendo en la medida que seamos capaces de construir desde nosotros mismos ese mundo solidario, más justo, más fraterno, más igualitario que soñamos y por el cual luchamos”. Envar El Kadri

            El 1º de Mayo de 1941 se conmemoraba el día del trabajador, nuestro país transitaba lo que serían los últimos años de la década infame, ese día en la provincia de Córdoba que al menos los primeros años había quedado en cierto sentido distanciada de la infamia de esa época, en Río Cuarto nace Envar El Kadri que va a dedicar toda su vida a la lucha por la liberación nacional, los trabajadores, los humildes de la Patria.
            El Kadri tiene una profunda formación política e intelectual (Ana Lorenzo comenta que era un ávido lector, pero que no hacía alarde de ello), lo que le permite articular virtuosamente la teoría y la praxis, en tanto lo entiende John William Cooke cuando afirma que “la teoría es necesaria (…) los burócratas creen que la política es puro pragmatismo, y como ellos son los empíricos por excelencia, también se creen los más altos políticos; la teoría es extraña o exótica, como dicen repitiendo las consignas oligárquicas. No ven que la acción y la práctica no son categorías independientes sino partes indivisibles de la lucha revolucionaria. No ven que la acción es conocimiento revolucionario que se sustenta a sí mismo, separado de la acción. La lucha revolucionaria es acción enriquecida por el conocimiento; compenetración de la realidad”. (Cooke, 2009: 72) En esa formación tiene relación con pensadores nacionales, militantes políticos y gremiales centrales de nuestra historia reciente de los cuales se nutre. Entre otros podemos nombrar a José María “Pepe” Rosa, Fermín Chávez, el mismo “Bebe” Cooke, Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortíz, a los sindicalistas Jorge Di Pascuale, Alfredo Ferraresi de Farmacia o a Sebastián Borro del gremio de la carne con quien participa de la histórica toma del Frigorífico Lisandro de la Torre en el barrio de Mataderos.
También tiene una formación en el ejército, lo cual le permite, a partir de una frase de su padre en el ingreso: “hijo, quiero que vos seas como San Martín, tomá ese ejemplo”, conocer la tradición sanmartiniana, las diferentes vertientes de las Fuerzas Armadas y no “caer” en el anti-militarismo abstracto. Recibido de Cadete, ingresa al Liceo Militar, donde se niega a quemar los libros peronistas. Allí también observa como son expulsados los peronistas de la fuerza. Su padre había sido funcionario de la revolución del 43, y más aún sus abuelos y tíos eran peronistas, en fin la tradición familiar lo lleva a adscribir tempranamente al peronismo. Recordemos que también participa del levantamiento, fracasado, del General Iñíguez en 1960. Hasta ahí, cuenta, se pensaba que si Perón había sido derrocado por un golpe de estado, volvería por la misma vía.
Apenas producido el golpe de estado del 55 que deja inconclusa la revolución nacional, El Kadri rápidamente pasa a las filas de la resistencia peronista. Tiempos de tiza y carbón, flores de no me olvides, sabotaje, gritos peronistas en la madrugada, huelgas, cocinas, bombas caseras, y demás formas de enfrentar a la restauración oligárquica. Es de los primeros que comienzan a pensar formas de combatir al gobierno ilegal y luchar por los derechos del pueblo argentino, y el regreso de Juan Perón. Reparte el periódico Palabra Argentina, más tarde edita mimeografiado Trinchera que tiraba 500 ejemplares y mayormente lo distribuían en los sindicatos. Esos primeros años son desordenados, pero con el correr del tiempo se va dando organicidad a la resistencia para ser más efectivos e implacables.
            Como sabemos, ni bien asume Frondizi va virando su programa de gobierno hacia un plan de ajuste (pactado con el FMI), sobre los trabajadores y represión. En esta última se encuentra el Plan CONINTES para afianzar la persecución y el encarcelamiento. Se cuentan por miles los trabajadores, militantes, sindicalistas, etc. que pagan con la cárcel su patriotismo, entre ellos está El Kadri, que va a pasar tres años tras las rejas (1960-63). No será la última vez.
            En 1968 forma las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), y al poco tiempo se instalan en Taco Ralo, en la Provincia de Tucumán para entrenarse. El Kadri junto a otros compañeros piensan en ese momento que están agotadas las posibilidades de la vía legal para el regreso de Perón. El análisis de las condiciones lo lleva a justificar el accionar, la idea no es la toma del poder (aunque afirma que en momentos creían que la lucha armada era un fin y no un medio para arrinconar a la dictadura), sino forzar a la dictadura a negociar. En estas dos cuestiones, entre otras, El Kadri diferencia ese momento concreto de la lucha armada, y el que sigue posteriormente con los gobiernos democráticos de Cámpora y Perón, con la recuperación de la soberanía el contexto cambia radicalmente, “el depositario de la soberanía era el pueblo, no una vanguardia, un grupo mesiánico, un grupo elegido”. (El Kadri. Entrevista de Mona Moncalvillo, 1984. Rep. en Cersósimo, 2012: 34) En los diálogos con Jorge Rulli hace referencia nuevamente a esta distinción de los momentos: “habría que comenzar por distinguir dos grandes etapas: una que va, a grosso modo, de 1955 a 1973, cuando el pueblo utilizó todas las formas de lucha para reconquistar sus derechos; y otra, que va de 1973 en adelante, cuando en nombre del pueblo esa violencia fue consumada”. (El Kadri-Rulli, 1984: 16)
La experiencia Taco Ralo de todas formas fracasa antes de arrancar, pues son detenidos en el campamento de entrenamiento los 14 integrantes. Hasta mayo del 73 El Kadri va de una cárcel a otra, sufriendo fuertes tormentos y torturas. No obstante, en esas cárceles comienza un momento de revisión de lo realizado hasta el momento, y también en torno a las organizaciones político-militares y lucha armada que por esos años va creciendo, “la cárcel fue una gran escuela para mí; la cárcel sirvió para muchos de nosotros como la escuela política que no habíamos hecho”. (El Kadri. Entrevista de Mona Moncalvillo, 1984. Rep. En Op. Cit.: 31) Estas ideas y (auto) crítica se van a profundizar luego de la amnistía del gobierno de Cámpora, muy ligada al contexto político en que se avanza. Así afirma que “comprendimos que con esa concepción no íbamos a ninguna parte, que habíamos caído en un vanguardismo alejado de nuestro pueblo, que en definitiva la lucha era política y que había que desarrollar la organización popular, la lucha de masas, porque a las fuerzas armadas del régimen no las íbamos a vencer enfrentándolas en su terreno el de la violencia, sino políticamente”. (Entrevista Carlos Aznares. 1984. Rep. En Cersósimo, 2012: 53)
            En 1972 un grupo de Montoneros que estaba preso da a conocer el Documento Verde, una crítica a la conducción de la agrupación, la idealización de la lucha armada, el foquismo, la visión sobre el peronismo, etc. “se sostiene que las reflexiones de Cacho e Ignacio Velez fueron determinantes para la autocrítica del Documento Verde” (Tarruela, 2015: 200), afirma Alejandro Tarruela.
La extracción social de clase media de la mayoría de los sectores juveniles que se suman al movimiento nacional que en sus orígenes tenía un claro componente popular, y los sectores medios estaban más bien en la “vereda de enfrente”, es problematizado por El Kadri que sostiene que “cuando el peronismo recibió ese inmenso caudal de clases medias, que llegaron con ciertas ideas empresariales, que traían la visión de los “señores”, la soberbia de considerar que nada ni nadie podía estar por encima de ellos”. (El Kadri. Entrevista de Carlos Aznares. 1984. Rep. En Op. Cit.: 54) Profundizando las diferencias con los sectores medios cuenta que en “la frescura de los primeros años en los cuales éramos receptores de esas historias se contrapuso la época en que quisimos transmitirlas y nos encontramos con que los activistas las escuchaban y nos decían: “Bueno, pero ustedes no tenían ideología… ustedes carecían de un programa revolucionario, ustedes no expresaban la lucha de clases…”. O te decían: “Claro, el peronismo es tachín, tachán, la marchita, el Perón Perón, el 17 de octubre y nada más…”. Hubo un momento en que nos sentimos hasta acomplejados por esas formulaciones que menoscababan nuestro peronismo”. (El Kadri-Rulli, 1984: )
            El triunfo del gobierno popular primero con Cámpora, y luego con Perón abre una nueva etapa en el país y en la lucha revolucionaria. Cambia fuertemente el contexto. Piensa el Kadri que ahora es absolutamente necesario hacer a un lado las armas y ponerse a trabajar codo a codo por la recuperación del país y la revolución nacional. Forma las FAP 17 de Octubre y se pone a disposición del gobierno. Otro de los grupos importantes que sigue un camino similar, ya en febrero-marzo de 1974, en este caso escindiéndose de Montoneros, es el grupo Lealtad. (Duzdevich et. al, 2015) Otros sectores no lo entienden así y “ahí está la gran diferencia con aquellos que después del triunfo popular de 1973 usaron la violencia para imponer su voluntad de secta. Sectas que podrían tener un aparato más grande o más chico, ser de derecha o izquierda, pero finalmente no eran más que eso”. (El Kadri. Entrevista de Carlos Aznares. 1984. Rep. Op. Cit.: 54)
            La forma de “construcción política” también es analizada por el fundador de las FAP: “ellos decían: no, acá la única fuerza es la que nace de la boca del fusil, entonces lo que hay que hacer es tener fusiles, lo que hay que hacer es acumular poder. Todo esto se vio favorecido también con la incorporación al peronismo de vastos sectores de la clase media, del estudiantado, trayendo un montón de deformaciones (…) Cada uno se creía un “peroncito” (…) Venían con el esquema leninista del partido”. (El Kadri. Entrevista de Mona Moncalvillo, 1984. Rep. Op. Cit.: 36) El Kadri considera al peronismo como un movimiento nacional vertebrado en un gran frente nacional, en la mejor tradición de los movimientos revolucionarios de Nuestra América. Asimismo como un movimiento policlasista pero que su contenido ideológico y político se centra en los trabajadores. Nos interesa destacar que Facundo Cersósimo sostiene que El Kadri considera que la revolución no es un punto de llegada “un estado ideal al cual hay que llegar por cualquier medio, sino más bien un proceso de permanente construcción, de pequeñas acciones cotidianas, donde se buscan no sólo reformas económicas estructurales sino transformar de raíz las relaciones humanas de las sociedad en la que se vive”. (Cersósimo, 2012: 18-19)
El poder no lo traen las armas, sino la organización de los sectores populares de la patria. Siguiendo la crítica en tanto la política de la muerte lleva a la muerte de la política, argumenta que “terminaban suplantando las palabras por las pistolas. No había discusión, no había diálogo ni respeto por la mayoría, ni consulta a las bases. No se trataba de organizar al pueblo para que tomara las decisiones e hiciera lo que tenía que hacer, sino de suplantarlo por este grupo”. (El Kadri-Rulli, 1984: 24) Romper con la idea de la “vanguardia iluminada”. La construcción debe ser conjuntamente con las mayorías populares, “no somos los protagonistas irremplazables, únicos, de la Historia, porque el protagonismo está en el pueblo, en los trabajadores, en los miles de jóvenes que participan en los sindicatos, los partidos, las comunidades de base, los organismos de derechos humanos, los festivales, etc. Que hay valores como la ética, la honestidad, la coherencia entre lo que se dice y se hace, que son permanentes y no pueden ser sacrificados a ningún fin”. (Ibídem: 53) Asimismo también está “el poder del elitismo, es decir, el poder de ese pequeño grupo que se va salvando de las razzias policiales o que por las bajas sucesivas que van teniendo los compañeros al frente de las organizaciones, van quedando como número 1, 2, 3, etc., y que forman una casta, una élite que va a crear sus propias necesidades, la necesidad de mantener relaciones internacionales, de habitar con prestigio, de vivir con ostentación para “impresionar”, etc. El poder del catastrofismo, o sea la política del “todo o nada”, el poder de decir “hacemos la revolución ya mismo o no la hacemos nunca más”; “es preferible que los militares den el golpe y enfrentemos a un ejército contra otro”. (Ibídem: 225)
            Con la experiencia de los años de lucha y la humildad de quien trabaja por el bien de la nación, hace esfuerzos por evitar fracturas en el frente nacional, y por el abandono de las armas en pos del trabajo por la revolución nacional, pero con el paso del tiempo esas diferencias son cada vez mayores y hacen que las rupturas sean inevitables, así “El Kadri entró así en un limbo insondable: cuestionaba a Montoneros (que lo condenó a muerte por no irse de la Plaza de Mayo el 1º de mayo de 1974), y la Triple A, que lo puso en una lista de condenados a muerte”. (Tarruela, 2015: 230)
            La situación es cada vez más complicada para El Kadri, más aún luego de la muerte de Perón. Muchos compañeros le recomiendan abandonar el país. Así, finalmente en el año 1975 se tiene que exiliar. Termina en Francia, desde donde lucha denunciando a la dictadura genocida, y comienza a abrir una nueva arista para la militancia, la ligada a la revalorización, creación y difusión de la cultura nacional. Asimismo afianza desde el otro lado del océano su latinoamericanismo considerando que “hay que difundir la idea de que esta unidad latinoamericana no se dará oficialmente, ni por acuerdos entre gobiernos o a nivel de embajadas. Esta unidad hay que forjarla desde abajo, a través del acercamiento de sindicatos, partidos, artistas, intelectuales, que sientan esta necesidad de unión como algo vital”. (El Kadri-Rulli, 1984: 190)
           
 Bibliografía

Cersósimo, Facundo. (2012). Envar El Kadri. Historias del peronismo revolucionario. Buenos Aires: Colihue.

Cooke, John William. (2009). Duhalde, E. L. (Comp.). Obras Completas. Artículos periodísticos, reportajes, cartas y documentos. Tomo III. Buenos Aires: Colihue,

Duzdevich, Aldo, Raffoul, Norberto y Beltramini, Rodolfo. (2015). La Lealtad. Los Montoneros que se quedaron con Perón. Buenos Aires: Sudamericana.

El Kadri, Envar y Rulli, Jorge. (1984). Diálogos en el exilio. Buenos Aires: Foro Sur.

Tarruela, Alejandro. (2015). Envar “Cacho” El Kadri. El guerrillero que dejó las armas. Buenos Aires: Sudamericana.

Alberto Baldrich, ideario de un nacionalista



Aritz Recalde, febrero de 2018
“Originada la economía en una cosmovisión interesada y utilitaria, enfoca al mundo, a la comunidad política y al prójimo como campo de explotación. La política en cambio, surge de una primaria apetencia de mando, que se subordina a un ideal humano justificado por la justicia, para organizar la sociedad y llevarla al despliegue y desarrollo integral en pleno de lo que, como destino, siente arder en su ser”. Alberto Baldrich


VIDA DE ALBERTO BALDRICH
“Sólo mantendremos de pie a la patria si miramos cara a cara sus virtudes y defectos”. Alberto Baldrich

Alberto Baldrich (1898-1982) es hijo del General de Brigada Alonso Baldrich[1]. Se incorporó al Ejército en carácter de Subteniente de Reserva en el Regimiento 11 de Infantería, continuando así con la tradición familiar (Baldrich 1944: 13). 
Alcanzó el título de abogado de la Universidad de Buenos Aires y ejerció la profesión ocupando el cargo de Juez en la Cámara Nacional de Apelaciones en lo civil de la Capital Federal.
Desempeñó una importante tarea docente desde la década del treinta en la Facultad de Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas de Rosario. Fue profesor de las universidades Nacionales de Buenos Aires y del Litoral, convirtiéndose en un referente intelectual de las ciencias sociales de su época. Se desempeñó como catedrático en la Universidad Católica, en diversas instituciones militares y en la Universidad Provincial de Mar de Plata, donde además fue nombrado profesor emérito (ver Anexo).
Acompañó la Revolución del año 1943 y ocupó el cargo de Interventor Federal en la provincia de Tucumán, donde nacionalizó la empresa hidroeléctrica que estaba en manos de monopolios extranjeros.
Al tener vínculo con Juan Domingo Perón en el año 1944, Edelmiro Farrell lo designó Ministro de Justicia e Instrucción Pública de La Nación.
En el año 1947 creó el Instituto de Sociología en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y fue uno de los fundadores de la disciplina en la República Argentina. Intervino en los encuentros internacionales de sociología en Europa de Lieja (Bélgica) y Beaune (Francia).
Sus prolíferos estudios constituyen las bases de una sociología política y de la cultura. Los enfoques de Baldrich articulan diversas disciplinas como el derecho, la filosofía, la historia, las relaciones internacionales y la sociología clásica.
Sus investigaciones fueron publicadas en formato de libros y en revistas académicas y militares. 
Como parte de su militancia cultural, intervino en conferencias y charlas a organizaciones libres del pueblo. En los años sesenta mantuvo correspondencia con Juan Perón, quién le escribió el 25 de junio de 1966 estas elogiosas palabras: “le felicito y agradezco en nombre de todo el Movimiento su admirable obra en provecho de una elevación intelectual y doctrinaria del Peronismo. Su incansable acción y el talento con que la realiza son circunstancias que rara vez se unen. Por eso tengo fe en el triunfo de sus empeños y fatigas”.
En el tercer gobierno Justicialista se desempeñó como Ministro[2] de Educación de la Provincia de Buenos Aires. En el año 1974 las organizaciones políticas de derecha Concertación Nacional Universitaria (CNU) y el Comando de Organización publicaron una solicitada en la que acusarona Monseñor Pironio y a Baldrich de “avalar con su silencio el accionar de bandas marxistas que a punta de pistola pretenden imponer su ideología” (El Peronista 1974: 10-11).


[1] Alonso Baldrich (1870-1956) tenía formación de ingeniero (UBA) y junto a Enrique Mosconi fue uno de los impulsores de Yacimientos Petroleros del Estado (YPF). Durante el segundo mandato de Yrigoyen acompañó activamente la Ley de Nacionalización y Monopolio del Petróleo. La dictadura del año 1930 lo desplazó de sus funciones y fue relegado a la Dirección de Parques Nacionales. Es uno de los forjadores del nacionalismo económico antiimperialista y tuvo influencia en las generaciones militares de Manuel Savio y Juan Perón.
[2] En el primer y tercer gobierno peronista la Dirección General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires alcanzó el rango de Ministerio.


martes, 20 de febrero de 2018

Scalabrini Ortiz como pensador


            Alberto Buela (*)

Desde que tengo memoria política-militante; esto es, desde mi primera participación allá por 1964 en el Movimiento Nueva Argentina, siempre escuché hablar sobre Scalabrini como periodista que se ocupó de dos temas básicos: la ingerencia británica en Argentina y los ferrocarriles. Así como Silenzi de Stagni se ocupó del petróleo y Jorge del Río de la electricidad.
Pero Scalabrini no fue solo un periodista dedicado a la investigación histórica y económica sino que además fue un pensador. Y este es el aspecto que quiero destacar en estas breves líneas.
Nació en Corrientes en 1898, hijo de un inmigrante italiano y de una criolla entrerriana. Estudió ingeniería en la Universidad de Buenos Aires en donde se recibió de ingeniero y agrimensor. Falleció en Buenos Aires en 1959. Participó de la revolución radical de 1933 y después de la derrota viajó a Europa donde estuvo hasta 1936. A su regreso formó parte del grupo Forja junto con Jauretche, del Maso, del Río, Alessandro, Dellepiane, Manzi, Ortiz Pereyra, García Mellid, y otros. En 1940 publica sus dos grandes libros: Política británica en el Río de la Plata y Historia de los ferrocarriles argentinos.
Como periodista fundó o cofundó al menos tres periódicos: Reconquista (1939); El Líder (1956)
y El federalista.
Acá nos vamos a ocupar de sus tesis político-filosóficas esbozadas en El hombre que está solo y espera, un ensayo escrito a partir de varios artículos que van desde 1928 a 1931, año en que se publicó. Y así lo hace notar cuando dice: “las líneas anteriores fueron escritas y publicadas bajo la dictadura del general Uriburu” (95)[1]
La primera intención de Scalabrini fue escribir una novela pero al final terminó en un ensayo sobre los caracteres del hombre de Corrientes y Esmeralda. Del hombre porteño por antonomasia pero que viene a representar al hombre argentino en su conjunto.
Qué paradoja no¡ Qué un no porteño escriba sobre el porteño y además otorgándole valor nacional. Sobre todo para nosotros hoy en día, donde el porteño está visto en el interior del país con cierto desprecio por su petulancia y fanfarronería.
Sin embargo no siempre fue así. Basta recordar a Borges, para quien la ciudad de Buenos Aires es equivalente a la Argentina. O a los hombres de Tejedor que se consideraban los verdaderos criollos pues eran porteños. Yo mismo de chico he escuchado alguna vez decir: Ojo, que este es criollo porteño. Las letras de los tangos que nos hablan de bien criollo y bien porteño. Los mismos personajes de nuestra historia como Rosas, Mansilla, Irigoyen, Sáenz Peña y tantísimos otros, donde se amalgaman los dos rasgos.
Evalúo la edad del hombre de Corrientes y Esmeralda en más de veinticinco años y menos de cincuenta” (55), afirma Scalabrini, y esto dicho entre 1928 a 1931. Coincide con su propia edad. Es decir, que es el hombre que vivió entre la última década del siglo XIX al final de la década infame. Esto es, la revolución del 4 de junio de 1943. Este hombre va a estudiar, aquel que recibe toda la oleada inmigratoria y su primera su primera generación. Es por eso que a lo largo de todo el libro él distingue dos tiempos: 1) el del Buenos Aires que recibe a la inmigración “Buenos Aires no quería mujeres: las repudiaba, aunque el equilibrio estaba ya seriamente comprometido y en un millón y pico de habitantes había ciento veinte mil mujeres menos que hombres” (45). Era una ciudad donde no se bailaba ni se cantaba y el baile llegó a ser sinónimo de licencia y disolución. 2) Y el de los hijos de los inmigrantes, donde comienza el baile, la fiesta y el tango. No olvidemos que Scalabrini fue como Borges discípulo de primer metafísico argentino, el gauchipolítico Macedonio Fernández, quien sentenció de una vez y para siempre: “lo único que Buenos Aires no tomó prestado de Europa fue el tango”.[2]

En las primeras líneas del libro afirma que “procura indagar las modalidades del alma porteña actual”(13). Y para eso descarta los viejos tipos del gaucho, el porteño colonial, el aindiado y el cololiche.
Este hombre de Corrientes y Esmeralda está en el centro de la cuenta hidrográfica comercial, sentimental y espiritual que se llama República Argentina. Todo afluye en él y todo emana de él” (29). Es el hombre por antonomasia que desciende de cuatro razas distintas que se anulan mutuamente y sedimentan en él. Pero Scalabrini en ningún momento dice cuáles son. Nosotros podemos colegir que está hablando de los europeos, principalmente españoles e italianos, de los indios, de los negros y de los de medio oriente (árabes y judíos). Esta tesis la utiliza para afirmar que: “Nada humano le es chocante, porque no le atenaza la herencia de ningún prejuicio localista” (31). En definitiva, el porteño no es hijo de nadie. Y eso lo muestra en esa capacidad para salir de apuros, para encontrar recursos en sí mismo, en resolverlo todo en plena pampa.
Y qué es la pampa se pregunta. Y así como Drieu la Rechelle la definió ante Borges como “Un vértigo horizontal”, y Ortega y Gasset como una promesa constante, Scalabrini afirma que: La pampa abate al hombre. La pampa no promete nada a la fantasía. No entrega nada a la imaginación. El espíritu patina sobre su lisura y vuela” (39). Más que un vértigo y más que una promesa, la pampa es una siesta horizontal. Hombres ociosos, taciturnos, sufridos y altaneros son los hijos de esta llanura, que tienen menos necesidades y aspiraciones que cualquier otro. Y por eso son más libres.
El europeo invadió la pampa, la labró, la dividió y la llanura por un tiempo le dio sus frutos pero poco a poco la tierra se fue recobrando y aplacó los bríos y las exuberancias del bienestar material, “al conjuro irresistible de esa metafísica de la tierra la continuidad de la sangre se quebró. El hijo del colono ya solfea una burla cuando rememora los esfuerzos del padre” (40)
La funcionalidad que otorga a la tierra presenta en Scalabrini una ruptura con el pensamiento cosmopolita e ilustrado y comienzan a aparecer todos los elementos básicos en la formación de una conciencia nacional.
“Como el hombre de la pampa, el porteño no tenía un paisaje delante de sí. Estaba solo junto a los años” (50). “Y solamente quiere saber que está aferrado a esta tierra y al espíritu de esta tierra por sobre todas las cosas” (51).
En el hombre de Corrientes y Esmeralda convergen dos fuerzas; la tierra y lo a ella vinculado (toda la industria agropecuaria, la exportación, etc.) y el capital extranjero que implantó mejoras y la fertilizó. En la resolución de esta dialéctica se juega gran parte del destino de la Argentina.
El capital es poder de alevosías que no debe descuidarse” (92). El hombre porteño tiene que rastrear sus manejos y “palpita” que si en el aprovechamiento del capital estuviera el sacrificio del país, sacrificaría el país sin escrúpulo alguno. El capital debe de estar alejado de la función pública, no debe tener ninguna ingerencia en el poder político nacional. “Lo que el hombre de Corrientes y Esmeralda no permite es que los extranjeros le birlen las riendas del gobierno” (97).
Y como un visionario laico afirma: “Una dañosa tentación acecha a esta juventud (porteña), un riesgo la sitia: es la de norteamericanizarse” (56).
Tenemos además de este aspecto político un marcado aspecto filosófico, más específicamente caracterológico, del hombre de Corrientes y Esmeralda. Que como dijimos y reiteramos quiere representar al hombre argentino en su conjunto.
Pero no es una caracterología al estilo de Teofrasto o de La Bruyère donde se estudian virtudes y vicios a través de figuras como el inoportuno, el ambicioso, el impúdico, sino que estudia rasgos psicológicos del hombre porteño como sus silencios, su habla, su disposición, su emotividad, más al estilo de los filósofos Renè Le Senne, Gaston Berger y Ludwig Klages, contemporáneos de Scalabrini.
Así hablando de un hombre que robó, no es para el porteño un ladrón, porque “las faltas, los pecados, los delitos y los errores no son congénitos, no son el hombre mismo. Hay una comprensión casi fatalista de gaucho antiguo en su entendimiento” (130). El porteño no lo descalifica definitivamente.
El porteño en su afán de no inmovilizar lo humano ha creado un lenguaje de más en más esotérico. Cada una de sus palabras involucra un centenar de adjetivos castellanos. Así si dice “reo” quiere decir licencioso, despilfarrador, sucio, nocherniego, dicharachero, irreverente, disoluto, despreocupado y cien más. “Pelotudo es tanto el honrado, el puntilloso, el cumplidor, el probo, el enfermizo, el continente, el fehaciente, el económico, el tacaño, el disciplinado, el circunspecto, el equitativo, el enfermizo, el pachorriento, como el opa. El opa y sus congéneres tontos, pavos, secos son pelotudos de lo último.”(128).
Pero hay un tema que recorre todo el ensayo y es el de la amistad en el hombre de Corrientes y Esmeralda. Así en las primeras páginas afirma que “La amistad europea es un intercambio. La amistad porteña es un don: el único de esta tierra”. Mientras que en la última afirma: “Entra en un café de la calle Esmeralda. Allí está un camarada en el fortín de la amistad. Allí está seguro, habla y se ríe…ya hay algo nuevo en ese amasijo informe de la amistad” (134). Y termina el ensayo: “Por primera vez, el hombre está junto al hombre” (134).
“El porteño no piensa, siente. Siento luego existo, es un aforismo más apropiado que el cartesiano” (81). De ahí que Enrique Santos Discépolo pudo definir al tango como un sentimiento trágico que se baila.
En el café construye un mundo junto con los amigos. La amistad tiene un sentido existencial más que social. Y es existencial porque en ella le va la vida: “El porteño no puede estar solo. La soledad personal lo contraría y atrista. Las tertulias se instalan en el café” (66).
Aristóteles, también denominado el filósofo de la amistad pues le dedicó tres libros al tema establece tres tipos de amistad: a) la que deriva de la mutua utilidad, b) la que deriva del mutuo placer y c) la que deriva de una preocupación común por los bienes que son de ambos amigos. Es ésta última la que funda la ciudad =polis. Y este es el rasgo que en definitiva distingue a los griegos de los bárbaros, que carecen de polis, porque ignoran las relaciones políticas que se fundan en la  antiphilía u honestas amicitia o amistad recíproca.
La amistad en Scalabrini sería la segunda, la que deriva del mutuo placer, aun cuanto contempla un aspecto de preocupación por los bienes comunes al aconsejar que no queden los bienes del Estado en manos del capital extranjero: Lo que el hombre de Corrientes y Esmeralda no permite es que los extranjeros le birlen las riendas del gobierno” (97).

(*) arkegueta, aprendiz constante

 [1] Número de página del libro, El hombre que está solo y espera, Ed.Hyspamerica, Bs.As. 1986
[2] Su principal libro es No toda es vigilia la de los ojos cerrados. Scalabrini  en la segunda parte de su libro titulada Libreta de apuntes, le dedica el primero a Macedonio afirmando: “es la quintaesencia de lo más puro, de lo más acendrado del espíritu de Buenos Aires”.

lunes, 19 de febrero de 2018

Francisco a partir de algunas reflexiones de Alberto Methol-Ferré


Rocco Buttiglione - 4 Diciembre 2017
  
Este aporte no pretende en modo alguno agotar la comprensión del significado del pontificado del Papa Francisco para la Iglesia universal ni tampoco para América Latina. Se concentra más bien en una fuente del pensamiento de Jorge Mario Bergoglio, Alberto Methol Ferré, y esto tampoco de manera exhaustiva. "En las rivalidades entre las diversas patrias pequeñas, en las luchas entre los puertos y las regiones del interior, que es la clave para la comprensión de gran parte de la historia latinoamericana, se insinúa el imperialismo inglés, que condena a América Latina a una condición de subordinación cultural y política.
A fines de los años 70 y luego hasta la primera mitad de los años 90, participé en los intensos debates de un grupo de intelectuales italianos (don Francesco Ricci, Alberto Metalli y yo) y latinoamericanos (Alberto Methol-Ferré, Lucio Gera, Jorge Mario Bergoglio, Juan Carlos Scannone, Hernán Alessandri, Pedro Morandé, Joaquín Alliende, Guzmán Carriquiry…), posteriormente centrados en torno a la revista Nexo. Más adelante, los hechos de la vida me llevaron a comprometerme intensamente en las cosas italianas y no pude seguir de cerca los posteriores desarrollos que condujeron a Aparecida del Norte y al presente. Inevitablemente, mis reflexiones tienen el color y el sello de esos años. Se agrega el hecho de que descansan en gran medida en la memoria personal. Alberto Methol era un gran conversador, pero publicó bastante poco, al menos en vida. Guzmán Carriquiry me indica que en cambio escribió muchísimo, pero de manera dispersa, y que ahora este legado literario de proporciones relevantes está en curso de publicación. Lo que me dispongo a exponer lo tomo, más que de los escritos, del recuerdo de las largas y apasionadas conversaciones que mantuvimos en los años 80 y siguen viviendo en mi memoria. Esas conversaciones eran parte de un debate más amplio en el cual participaban todos los amigos de Nexo y en particular Jorge Mario Bergoglio.

PUEBLA
A fines de los años 70 y comienzos de los 80, empecé a venir a América Latina para hablar del Papa polaco, y poco después también de Solidarnosc. Era el tiempo de la preparación de Puebla, en la cual Alberto Methol tenía un rol muy importante. Él vio de inmediato en el Papa polaco un momento del proceso de globalización de la Iglesia Católica. Católico significa “katá olon”, según la totalidad. La Iglesia tiene desde el inicio la capacidad de globalizarse, y realiza la globalización del espíritu que debe preceder (y guiar) el proceso de globalización de la política y de la economía. El proceso de globalización no es único, sino doble, y precisamente por este motivo no tiene mucho sentido estar a favor o en contra de la globalización. Es necesario más bien preguntarse de qué globalización se trata. ¿Es una globalización ordenada en la cual la globalización del espíritu precede y ordena la de la política y de la economía o es una globalización económica que consuma la substancia espiritual de los pueblos? En una globalización ordenada, no se puede ignorar el rol de la política. La política utiliza (debería utilizar) la energía de la globalización para regir la globalización de la economía. Para hacer esto, la política de nuestro tiempo debe tener una dimensión continental. La construcción ordenada de la unidad de la familia humana pasa por diversas etapas: […] la de nuestro tiempo es de la construcción de realidades políticas continentales, que son las únicas capaces de salvar las identidades culturales de los pueblos y las naciones en la época de la globalización. De aquí el interés de Methol en la geopolítica y su amor apasionado por la idea de una “patria grande” latinoamericana. Solo la “patria grande” puede impedir que las patrias pequeñas sean sacudidas por la globalización puramente económica, perdiendo sus identidades y su razón de ser; pero la construcción de la “patria grande” latinoamericana tiene además otro significado, como veremos mejor más adelante. La modernidad católica se ve disminuida por una completa fase histórica ante la modernidad protestante, precisamente porque no logra la construcción de los Estados Unidos de América Latina. En las rivalidades entre las diversas patrias pequeñas, en las luchas entre los puertos y las regiones del interior, que es la clave para la comprensión de gran parte de la historia latinoamericana, se insinúa el imperialismo inglés, que condena a América Latina a una condición de subordinación cultural y política.
Con el Concilio Ecuménico Vaticano II, la Iglesia Católica acepta el desafío de la globalización. El Papa polaco es hijo del Concilio.
Con Medellín, la Iglesia latinoamericana ya había iniciado su camino dentro de la globalización, afirmando su aspiración de ser Iglesia/matriz y ya no solo Iglesia/reflejo o Iglesia periférica (esta distinción la formuló por primera vez Lima Vaz, brasileño, quien era muy cercano a las reflexiones que estamos desarrollando aquí). La Iglesia matriz es una Iglesia madura y misionera, que piensa en el advenimiento de la fe cristiana en su propia historia y a partir de la experiencia cristiana de su pueblo. El advenimiento cristiano es único. Tuvo lugar en Palestina alrededor de hace dos mil años, y sin embargo se representa, en la vida de la Iglesia, en la presencia de sus santos, que no son únicamente los que están en los altares, sino todos los que han encarnado la fe en su vida. Al entrar en la historia, este advenimiento encuentra la instancia de liberación de los pueblos, se convierte en factor constitutivo de la identidad de los mismos y de su camino de liberación. La teología de la liberación procuró concretar una teología latinoamericana a partir de la experiencia del pueblo latinoamericano. Sin embargo, este esfuerzo permaneció empantanado en un último residuo de dependencia intelectual del viejo mundo: el análisis marxista. San Juan Pablo II disolvió este equívoco en Puebla. Él afirmó no solo la posibilidad, sino la necesidad de una teología latinoamericana. Confirma por lo tanto el carácter de Iglesia matriz de la Iglesia latinoamericana, pero la invita a tener más confianza en sí misma en cuanto Iglesia y en cuanto latinoamericana, y a purificar su instrumentación analítica a partir de la comparación con la idea de justicia que se formó en el corazón del hombre latinoamericano mediante la evangelización. Esta idea se inserta en la historia latinoamericana con el acontecimiento de Guadalupe y se consolida con la afirmación de la dignidad y los derechos de todos los hombres por parte de Bartolomé de las Casas y los demás defensores de los indígenas. Aquí está la raíz del pensamiento auténtico de la liberación latinoamericana.

SOLIDARNOSC: HISTORIA Y DESTINO DEL MOVIMIENTO DE LOS TRABAJADORES
Un tema que fascinaba a Methol en los años 80 era Solidarnosc. Francesco Ricci y yo teníamos una larga experiencia en cosas polacas y en el círculo de Nexo siempre nos pedían noticias y explicaciones sobre lo que ocurría en Polonia. En la lucha de Solidarnosc, Methol veía dos cosas. La primera era la lucha entre el catolicismo y el marxismo. Para él, esta era sobre todo una lucha por la guía del movimiento de liberación de la persona humana, que históricamente se concreta en el movimiento de los trabajadores (creo que una referencia importante para su visión del movimiento de los trabajadores fue el libro de Duroselle sobre la historia de los orígenes del movimiento social católico en Francia). Este movimiento nace siendo cristiano y opone al egoísmo y al materialismo de la sociedad capitalista la medida moral del Evangelio y los derechos de la persona humana. El tema predominante de esta primera etapa cristiana del movimiento de los trabajadores es la violación de la dignidad trascendente de la persona humana. En una segunda etapa, los cristianos pierden la guía del movimiento, que es conquistada por los anarquistas. El tema de los anarquistas es la sociedad de los iguales, sin Dios ni jefe. Los anarquistas quisieran ser ateos, pero no lo logran. El porqué lo explica Marx en un precioso pequeño libro contra Proudhon titulado La miseria de la filosofía. Los anarquistas sitúan en el puesto de Dios la justicia absoluta, que es un atributo divino. En el caso del anarquismo, más que de ateísmo habría que hablar de anticlericalismo llevado al extremo, mientras que el sentimiento fundamental de los anarquistas está inspirado fundamentalmente en el derecho natural. En este contexto, Methol insistía en el significado semi-eucarístico originario de la palabra compañero: aquel que comparte el pan con nosotros. Aun cuando, en una etapa posterior, los marxistas toman la dirección intelectual y política del movimiento, este sigue siendo, en el sentimiento espontáneo de las masas y en la ideología espontánea de la clase obrera, fundamentalmente anárquico e inspirado en una idea cristiana de la ley natural.
En América Latina, la hegemonía marxista en el movimiento de los trabajadores siempre ha sido precaria y los elementos anárquicos siempre han conservado gran vivacidad. Con la CLAT, hubo también un vigoroso componente cristiano, y en Argentina, en la etapa peronista, el movimiento de los trabajadores, originariamente anárquico, se reconoce en la doctrina social cristiana.
Solidarnosc inauguró una nueva etapa cristiana en la historia del movimiento de los trabajadores. El marxismo fracasó y con él fracasó la convicción de que la historia y el desarrollo de las fuerzas productivas producen inevitablemente el comunismo y la liberación de la enajenación. Al parecer, las fuerzas productivas se desarrollan de bastante mejor manera en una economía de mercado que en un sistema comunista y por lo demás el comunismo no libera de la enajenación, produciendo en cambio su propia forma de enajenación comunista. La protesta contra la enajenación comunista solo puede tener carácter ético, y carácter ético debe tener también la protesta contra el capitalismo que triunfa en el terreno de la eficiencia económica. Con Solidarnosc, la Iglesia Católica retoma la guía de la lucha por la liberación. Mientras el riesgo de la teología de la liberación era subordinar el cristianismo al marxismo, el sentido filosófico del advenimiento de Solidarnosc es precisamente lo contrario: la lucha por la liberación puede conducirse únicamente sobre la base de un pensamiento cristiano. El marxismo se descompone: en el terreno del materialismo, pierde ante el materialismo vulgar del capitalismo; en el terreno de la lucha por la liberación del hombre, pierde contra la doctrina social cristiana. Esta visión es totalmente distinta de la visión de los apologetas del capitalismo, quienes pensaron que con el fin del marxismo se perdía la razón misma de la existencia del movimiento de los trabajadores. Para la doctrina social cristiana, el defecto y la culpa del marxismo es haber representado y explotado indebidamente el sufrimiento de los trabajadores y su protesta por la injusticia padecida; pero este sufrimiento y esta injusticia existían con anterioridad al marxismo y además siguen existiendo después de fracasar el mismo. Ahora es tarea del movimiento social cristiano asumir la representación de la instancia de liberación de los trabajadores en esta nueva etapa de la historia de la humanidad. Esta visión implica también una visión distinta de la habitual del pontificado de San Juan Pablo II. La lucha de San Juan Pablo II contra el comunismo transcurre paralelamente con la lucha entre capitalismo y comunismo, pero no se identifica con esta. Solo con esta luz se comprende por qué, inmediatamente después de la caída del comunismo, se acentúa en la predicación de San Juan Pablo II la denuncia de las desviaciones de la sociedad occidental.
La conclusión de Methol era que lo iniciado en Polonia debía continuar en América Latina. La novedad de Solidarnosc, que era parte esencial de la novedad del pontificado de Juan Pablo II, no podía ser portadora de todos sus frutos en Polonia. La urgencia de la reconstrucción económica atraía inevitablemente a los polacos a la órbita del consumismo de Europa occidental. La ruptura iniciada en Polonia debía entonces continuar en América Latina, así como en su época la ruptura iniciada por la Comuna de París terminó con la revolución de octubre. La revolución requerida por América Latina no era la marxista, sino la cristiana. Tal vez la idea de la preparación de una revolución cristiana de la justicia y la solidaridad en América Latina, de maneras y formas totalmente nuevas y todavía por imaginar y definir, constituya una clave importante para comprender el pontificado del Papa Francisco.
Sin embargo, la revolución de la justicia y de la solidaridad es profundamente distinta de la marxista y en general de cierta idea de revolución que se afirma con posterioridad a la revolución francesa. Se trata en aquella de una revolución no violenta, que habla a la conciencia del adversario, y es por lo tanto una revolución democrática. Es una revolución que no es enemiga del mercado, pero quiere poner a los espíritus animales del mercado bajo la guía de la conciencia ética. Es una revolución que solo es posible sobre la base de una renovación espiritual y oral que la antecede y la acompaña. Es una revolución que no está enteramente centrada en el Estado, queriendo en cambio restituir voz y fuerza a la sociedad civil.
El marxismo consideraba que el método de producción daría lugar, sobre la base materialista de las relaciones de producción, al sujeto de la liberación, la clase trabajadora. En realidad, la clase trabajadora como sujeto resulta ser un mito. Es el partido el que le da una existencia aparente forzando a individuos aislados a actuar como si fuesen una comunidad. La experiencia polaca demuestra la capacidad de la fe de construir la conciencia de un pueblo que se sitúa como sujeto de su propia acción. Se escucha un eco de la lucha de Solidarnosc, no violenta y haciendo permanentemente un llamado a la conciencia del adversario, en el tema tan presente en el Magisterio del Papa Francisco de los movimientos populares y su rol en la lucha por la justicia.
A propósito de este proceso, se puede hablar de revolución cristiana o de revolución personalista y comunitaria, como lo hizo Mounier; pero, en realidad, quizás la expresión revolución propiamente tal es inadecuada. El reconocimiento de la primacía del momento cultural lleva al grupo de Nexo hacia Del Noce y su redescubrimiento de la categoría de Resurgimiento.

DEL NOCE Y LA INTERPRETACIÓN TRANSPOLÍTICA DE LA HISTORIA CONTEMPORÁNEA
Recuerdo que cuando conocí a Methol me impresionó mucho su gran admiración por Del Noce. Había leído muchas de sus obras, lo que no era una cosa habitual, ya que en ese momento Del Noce era casi desconocido fuera de Italia. Creo que el primero en dar a conocer a Del Noce a Methol fue Emilio (Milan) Komar, un filósofo esloveno emigrado a Argentina y fundador, en Buenos Aires, de una escuela filosófica de excelente nivel. Methol tenía un gran deseo de conocer personalmente a Del Noce, y así en una oportunidad lo acompañé a visitarlo en Roma. Lo que unía sobre todo a ambos era un gran interés por la interpretación filosófica de la historia contemporánea. No se comprende la historia sin filosofía porque lo que hacen los hombres depende de la conciencia que tengan de sí mismos (Hegel diría de su autoconciencia). No es posible, por otra parte, comprender la política contemporánea sin la perspectiva de una interpretación histórica, porque la política no es sino la historia haciéndose, la historia del presente. Methol y Del Noce compartían el juicio según el cual el mayor defecto del compromiso de los católicos en la política era la falta de una interpretación histórica propia. Los católicos tienen una metafísica, pero no una visión histórica propia, y por este motivo se subordinan a una visión histórica (y por lo tanto también a una praxis política) para ellos ajena. Methol ha procurado desarrollar una interpretación total de la historia latinoamericana basándose también en el gran trabajo de Del Noce para una interpretación transpolítica de la historia contemporánea y más en general de la idea de modernidad. Del Noce calificaba de transpolítica su interpretación de la historia para diferenciarla de las filosofías de la historia (idealismo, positivismo, marxismo…), que sostienen que la historia tiene un curso predeterminado y no es el resultado de la acción libre de los hombres. Del Noce llamaba más bien la atención sobre el hecho de que dicha acción está guiada por la idea que el hombre tiene de sí mismo, por su autoconciencia. "La Iglesia matriz es una Iglesia madura y misionera, que piensa en el advenimiento de la fe cristiana en su propia historia y a partir de la experiencia cristiana de su pueblo. El advenimiento cristiano es único. Tuvo lugar en Palestina alrededor de hace dos mil años, y sin embargo se representa, en la vida de la Iglesia, en la presencia de sus santos, que no son únicamente los que están en los altares, sino todos los que han encarnado la fe en su vida." Imagen de San Pedro Claver en Cartagena de Indias.

LA INTERPRETACIÓN DE METHOL DE LA MODERNIDAD LATINOAMERICANA
La primera tesis de Methol era que el comienzo de la modernidad coincide con el descubrimiento de América. América y el otro mundo. Con su descubrimiento, el horizonte de lo posible se amplía indefinidamente y sobrepasa la capacidad del hombre de abarcarlo con una simple mirada. En el mundo nuevo viven otros hombres. Son hombres como nosotros y sin embargo son irreductiblemente otros, distintos. El otro es el idéntico (esto ya lo había dicho Borges) y, sin embargo, en el momento en que decimos que el otro es el idéntico, el idéntico deja de ser idéntico a lo que era antes. Es un idéntico más grande de lo que era antes, que contiene en sí mismo la capacidad de ser otro. El reconocimiento del hecho de que el indígena es él también un hombre implica un cambio de la medida de lo humano para poder comprender nuevamente en él también al indígena. Debe cambiar la comprensión de sí mismo por parte del europeo. Debe cambiar su autoconciencia. Este cambio de perspectiva, esta ruptura y extensión de horizontes, esta transformación de la autoconciencia, esta nueva visión del espacio, esta dimensión más amplia de lo humano, se solidifican en la cultura del siglo de oro y en el barroco.
La arquitectura románica vive en un espacio horizontal que el ojo humano abarca con una sola mirada, aun cuando se reparte en tres (o algunos casos en cinco) naves. La Iglesia es el símbolo de la historia que marcha hacia Cristo que está en el altar. En el gótico, esta perspectiva se verticaliza, con el centro en el cruce de la perspectiva horizontal y la vertical. El Verbo está presente en la historia y además la trasciende infinitamente. Lo encontramos todos juntos como Iglesia y además cada uno tiene una relación directa y personal con el mismo en su propia conciencia, en la intimidad de la propia alma. El barroco complica el espacio, que ahora ya no se puede abarcar con una sola mirada. Adquiere gran importancia la capilla, una pequeña Iglesia en particular que confluye en la Iglesia universal. Hay recorridos diferenciados de la humanidad hacia Cristo, que es el centro del cosmos y de la historia. Están el camino de los conquistadores y el de los indígenas, y además hay otros caminos, cada uno con su carga tanto de sufrimiento como de gloria. La Iglesia rige el tejido de la historia del género humano en el cual los hermanos luchan unos contra otros, se masacran el uno al otro antes de reconocerse hermanos ante la Madre, que sufre con cada uno de ellos y los acompaña a Cristo, que los reconcilia con el Padre y entre ellos.
El barroco es el arte de la complejidad y de la contradicción reconciliada en una perspectiva trascendente. Es el arte del desorden creativo. Es el arte del mestizaje, que es el distintivo de América Latina. El barroco es la modernidad católica.
El siglo de oro es también la segunda escolástica española, la invención del derecho internacional y del derecho natural de los pueblos registrado en las leyes de Indias, los inicios de la economía moderna en las reflexiones de Suárez y de la escuela de Salamanca
Sin embargo, en un determinado punto se interrumpe este gran inicio. La modernidad católica se enfrenta con otra modernidad, con la modernidad protestante. En la visión (un poco unilateral) de Methol, es la reconducción forzada de lo distinto dentro de lo idéntico. Mientras el distintivo de la América católica es el mestizaje, la mezcla de razas, el barroco en el cual las mitologías indígenas se representan en la decoración redundante de las catedrales, con sus demonios y sus criaturas monstruosas, el distintivo de la América protestante es el exterminio de los indígenas, la pureza de la raza, la simplificación del espacio y en último término la reducción de la multiplicidad a una identidad cerrada. Paradojalmente, la América protestante se vuelca sobre la América católica acusándola de la destrucción de las Indias de la cual ella misma se siente responsable. No debemos negar que en esa leyenda negra hay algo de verdad. Ella se nutre de la Brevísima Relación de la destrucción de las Indias, de Bartolomé de las Casas, que, con un poco de exageración propagandística, contiene muchas cosas verdaderas sobre las atrocidades y las injusticias de la Conquista. Los comienzos de América Latina fueron atroces; pero luego, también a raíz de la actividad de Las Casas, vinieron las Leyes de Indias y vino sobre todo el acontecimiento de Guadalupe. Comenzó el recorrido, difícil y todavía sin terminar, de la reconciliación. Se inició el genocidio, pero no se llevó a cabo. En la América protestante faltó un Las Casas que denunciase el exterminio, que además de iniciarse, se llevó (prácticamente) a cabo. ¡Lamentablemente, todos conocen la leyenda negra y bastante pocos, en cambio, la historia real!
Los siglos XVI y XVII son los siglos de la lucha entre la modernidad católica y la modernidad protestante. En definitiva, la modernidad católica fue derrotada, y en su decadencia se subordina al adversario y acepta su juicio de la historia. Esta subordinación puede asumir dos formas distintas: se acepta adecuarse a la modernidad protestante o se cede la modernidad al adversario junto con refugiarse en un rechazo reaccionario de la modernidad. En ambos casos, se renuncia a la modernidad católica. Cuando, con Napoleón, la modernidad anticatólica se implanta en España, Latinoamérica inicia su lucha por la libertad y la identidad. Esta lucha es la clave para comprender la historia latinoamericana hasta el presente. Las fuerzas que se subordinan a la modernidad anticatólica tienden a desmenuzar la identidad latinoamericana en una pluralidad desordenada de estados; en cambio, aquellas que buscan salvaguardar el legado de la modernidad católica sustentan el horizonte de la “patria grande” latinoamericana.

EL CONCILIO Y EL RESURGIMIENTO LATINOAMERICANO
Progresivamente, la Iglesia Católica (y Latinoamérica junto con la misma) se vuelve a encontrar prisionera de una alternativa imposible: renunciar a la modernidad, encerrarse en una nostalgia reaccionaria de un medioevo idealizado o someterse a una modernidad que ya no es protestante, sino secularizada, y luego, en su última etapa, experimenta un vuelco, pasando del moralismo protestante o secularizado al liberalismo masivo de la sociedad permisiva.
El Concilio Ecuménico Vaticano II fue precisamente la tentativa de eludir esta alternativa reabriendo el camino de la “modernidad católica” o del “católico en la modernidad”. Por este motivo, la realización del Concilio coincide con la gran oportunidad histórica de América Latina de reconquistar su alma y su ubicación adecuada en la historia del mundo. La renovación conciliar es la clave de la revolución requerida por Latinoamérica no solo para proporcionar un nivel aceptable de bienestar material a sus masas empobrecidas, sino también para reforzar la conciencia de su dignidad humana y de su vocación cristiana.
Latinoamérica necesita una revolución, pero… ¿qué revolución necesita Latinoamérica? Alberto Methol encontró (a través de Del Noce) la palabra y el concepto de Resurgimiento (Risorgimento), al cual dedicó un precioso pequeño libro “El resurgimiento católico latinoamericano” (Entrevista con Alver Metalli, CSEO, 1983). Revolución es una palabra que, después de la revolución francesa y aún más después de la rusa, llegó a indicar una ruptura total con el pasado y el proyecto de construcción de una sociedad integralmente nueva que la razón humana debe extraer únicamente de sí misma. Esta ruptura total con el pasado fue la utopía de una orien-tación del iluminismo que pensó sustituir la redención trascendente del cristianismo con una salvación inmanente en la historia bajo el signo del ateísmo. A la idea de revolución se opuso la idea de una restauración del orden después del caos revolucionario.
Cuando, tras la caída del imperio napoleónico, tuvo lugar la restauración deseada por tantos (sobre todo los jóvenes), pronto sus partidarios se disgustaron con la misma. El orden restaurado era un orden hipócrita en el cual los valores eternos eran instrumentalizados para la defensa de un orden social obsoleto. Es así como nace la idea de Resurgimiento. El Resurgimiento es la Restauración de los valores permanentes que implica la crítica de las formas sociales e históricas envejecidas, inadecuadas e incluso corruptas, en las cuales se pueden manipular los valores en cierta fase histórica para proteger situaciones de privilegio y de injusticia social. El Resurgimiento se opone tanto a la Revolución como a la Restauración.
También es propia de la noción de Resurgimiento la convicción según la cual la historia tiene distintos niveles: la historia política es el nivel más superficial, bajo el cual la historia económica constituye un nivel más fundamental. El más profundo es en todo caso el nivel de la autoconciencia religiosa, de la percepción que un pueblo tiene de su relación con Dios y por consiguiente de las relaciones entre los hombres. Por este motivo la fe cristiana crea un pueblo y no debe pensarse en la misma como una convicción intelectual y abstracta, sino como un factor decisivo en el proceso de formación de un pueblo. Por esto a Methol le gustaba la idea de que “comunión es liberación”. La comunión cristiana es el sujeto adecuado de la praxis de liberación, por lo cual, sin clericalismo alguno, el cristianismo es intrínsecamente político. Descubrir a Cristo como identidad mía propia significa al mismo tiempo reconocer que soy parte de quienes igualmente confiesan que Jesús es el Señor de una manera tan íntima que somos una sola cosa. El Resurgimiento católico comienza con la renovación eclesial. Este no es un hecho propiamente político, sino la matriz de la cual desciende la posibilidad de pensar en una praxis política cualitativamente distinta, la praxis política del Resurgimiento católico latinoamericano.
Así, el Concilio Ecuménico Vaticano II es luego el proceso que va de Medellín a Puebla y más allá hasta Aparecida del Norte, es la matriz del Resurgimiento católico latinoamericano. La Iglesia no hace política, pero tiene la responsabilidad de educar la conciencia de las naciones, de educar a los hombres en el ser nación. "Cuando, tras la caída del imperio napoleónico, tuvo lugar la restauración deseada por tantos (sobre todo los jóvenes), pronto sus partidarios se disgustaron con la misma. El orden restaurado era un orden hipócrita en el cual los valores eternos eran instrumentalizados para la defensa de un orden social obsoleto. Es así como nace la idea de Resurgimiento. El Resurgimiento es la Restauración de los valores permanentes que implica la crítica de las formas sociales e históricas envejecidas, inadecuadas e incluso corruptas, en las cuales se pueden manipular los valores en cierta fase histórica para proteger situaciones de privilegio y de injusticia social. El Resurgimiento se opone tanto a la Revolución como a la Restauración." Imagen: Francisco de Goya, “Disparate de miedo”, ci. 1819.

PROBLEMAS
Es difícil decir cuántas de estas ideas y con qué reelaboración persisten en la reflexión de Jorge Mario Bergoglio, que es ciertamente un pensador original. Lo cierto es que estas ideas y los métodos de Methol se encuentran en el trasfondo del pensamiento del Papa latinoamericano a causa de la larga amistad entre ambos y porque reflejan con impresionante precisión la situación real del mundo de hoy. El método es el mismo de Juan Pablo II: pensar en la historia a partir de su centro, que es Cristo.
Vivimos en una época en la cual la Iglesia se globaliza. Dos tercios de los católicos ya no son ni europeos ni estadounidenses; son pueblos de lo que una vez se llamaba el Tercer Mundo y poco menos de la mitad son latinoamericanos. Algunos lamentan el hecho de que no piense en términos de “defensa del Occidente”. No sabemos si el Occidente sigue siendo cristiano, pero sabemos que el cristianismo ha superado en gran medida los límites del Occidente. La situación actual es similar a la del medioevo, cuando los alemanes se convirtieron y el Papa comenzó a pensar no solo en términos de latinos y griegos, sino mirando el mundo también con los ojos de los alemanes. La Iglesia pagó caro este cambio de época con el cisma entre la Iglesia griega y la Iglesia latina. En realidad, el cisma tuvo lugar entre una Iglesia latina, que había llegado a ser también germánica a causa de la conversión de los bárbaros, y una Iglesia griega, que no quería cambiar para asumir esta nueva situación misionera. ¿Cómo guiar a la Iglesia en este cambio de época? El cristianismo occidental ha formulado aspectos de la fe y de la doctrina que tienen validez permanente junto con otros cuyo valor está vinculado con la contingencia histórica y con las peculiaridades del carácter occidental. ¿Cómo distinguir lo que es permanente de lo que es históricamente contingente y reformular los valores para facilitar su apropiación por parte de nuevas culturas? Posiblemente, la primera etapa consista en ampliar el concepto de Occidente de tal manera que el concepto cultural se adecúe al geográfico, incluyendo en aquel a Latinoamérica.
Ya hemos dicho que Methol nos deja más bien un método para pensar en la historia y no tanto un sistema. Hay luego algunos temas sobre los cuales deben reflexionar quienes tienen intención de continuar su interpretación de la historia.
Methol opone radicalmente modernidad católica a modernidad protestante, permaneciendo para él ajena la perspectiva ecuménica. Hoy sería preciso reflexionar sobre el fracaso de estas dos modernidades, por cuanto también la modernidad protestante ha sido derrotada y se ha vuelto lo contrario de lo que era. De aquí parte el tema de lo posmoderno. Quizás la derrota de ambas modernidades sea producto precisamente de su separación y el camino del cristiano en la modernidad solo pueda continuar mediante la reconciliación ecuménica de ellas. Por lo que sé al respecto, este no es un tema propio de Methol-Ferré. Es en cambio un tema del Papa Francisco, como se desprende de su discurso para el centenario de Lutero, y sería interesante indagar sobre su origen. Otra cuestión que merece indagación es el tema del mercado. Me parece que la perspectiva de Methol es de un socialismo cristiano. La comunidad cristiana es el sujeto adecuado de la economía socialista. Más precisamente: la comunidad de los trabajadores, animada por la fe, está en condiciones de crear una nueva forma económica igualitaria. En cambio, en la teología de Puebla, de los argentinos, la fe crea (colabora para crear) no tanto la comunidad de trabajadores como la comunidad de naciones. El Papa Francisco luego habla de economía social de mercado. El rol creativo de la libertad de empresa parece encontrar un reconocimiento mucho más amplio. Más allá de la fórmula de la economía social de mercado (que ciertamente no se entiende como una fórmula para transponer mecánicamente en contextos socioeconómicos distintos a aquellos donde surgió), queda abierto el tema de la alianza entre mercado libre y solidaridad, presente de distinta manera y con diversos énfasis desde Centesimus annus hasta Laudato si’. Nunca tuve ocasión de reunir a Alberto Methol con otro de mis grandes amigos, que fue Michael Novak. Estoy seguro de que eso los habría entusiasmado mucho, y también de que el tema de la creatividad de la empresa y el de la responsabilidad común de la comunidad de trabajadores deben conjugarse en los futuros desa-rrollos de la doctrina social cristiana.
 Como todos los pensamientos vivos, el de Methol-Ferré no es necesario repetirlo mecánicamente, sino revisarlo creativamente en el momento actual. Esta revisión de su pensamiento puede entregar un aporte fundamental para comprender las amenazas, las oportunidades y los desafíos de esta etapa de la historia de la Iglesia y del mundo, en la era del primer pontificado latinoamericano.

La culpa es de Balmaceda



Sin ser este un intento de crítica o de polémica, la nota “¿El kirchnerismo ha muerto?” que Carlos Balmaceda publicó en Identidad peronista (https://www.identid adperonista.com/2018/02/13/el- kirchnerismo-ha-muerto/) ha suscitado en quien escribe un sinnúmero de dudas e interrogantes y apenas un puñadito de respuestas, parciales e imperfectas, a esas y otras dudas e interrogantes.

EL FANTASMA DE ALVEAR
Uno nunca ha sido muy proclive a separar kirchnerismo de peronismo. Ni viceversa. Sin Néstor y Cristina (dicho sea de paso –porque si vamos ahora a señalarle la quinta pata al gato, hagámoslo en serio–, dos dirigentes políticos que habían participado, y en forma muy activa –hasta el punto de subir al enyesado Rafael Flores al avión de la gobernación para que pudiera votar en la sesión de diputados–, en uno de los mayores crímenes cometidos contra el país en lo que va de la historia del país como fue la privatización de YPF –cuyo miembro informante fue Oscar Parrilli–, la aniquilación de Gas del Estado y el descuartizamiento de Agua y Energía Eléctrica), pero sin Néstor y Cristina ¿qué hubiera sido del peronismo sino una federación de partiditos conservadores de carácter provincial o, en el mejor de los casos, una nueva versión del alvearismo radical?
A propósito, durante la juventud de uno el fantasma siempre presente era el peligro de “alvearización”, del que, sorprendentemente, hoy no se habla. ¿Será que ese proceso tuvo lugar y el peronismo ya fue alvearizado con cintita y moño?
De acuerdo a lo ocurrido durante los gobiernos de Néstor y Cristina correspondería decir que no, que la alvearización no es una realidad, pero de todos modos sigue siendo un riesgo siempre presente. Porque ¿qué es lo que llamamos alvearización? El acuerdo, la componenda con el Régimen oligárquico y antinacional, hasta el punto de mimetizarse en y con él, adoptando sus modos, lenguaje, metodología, conceptos e ideología, un camino que conjuntos más o menos importantes del peronismo intentaron recorrer del 55 a esta parte y, con mayor enjundia, desde la muerte de Perón.
(Otro tanto había pasado con el radicalismo desde mucho antes de la muerte de Yrigoyen, primero con la disidencia “antipersonalista” –que se separó de la UCR para formar un nuevo partido– y luego con la facción interna encabezada por Marcelo de Alvear que acabó apropiándose de la conducción y el espíritu de la UCR).

 QUE ME FALTA UN OJAL, QUE ME SOBRA UN BOTÓN
El “problema” aquí (en comillas porque es “problema” para la interpretación, pero no muy grave para la acción ni la construcción, excepto en cuanto al esfuerzo de creación e imaginación que demanda) es que siendo el kirchnerismo parte del peronismo, a la vez lo excede. Plantear entonces que debe firmarse el certificado de defunción del kirchnerismo (aun precedido del pronombre ese)¿no implicaría amputar aquella porción que excede al peronismo? ¿Qué hacer con el resto, con la masa que ha ido levando, si el molde resulta chico? ¿Dos pizzas diferentes? ¿No valdrá la pena ampliar el molde, lo que en realidad podría implicar hacer un molde nuevo? ¿Es a eso a lo que se le teme?
Se nos habla de volver a Perón (no Balmaceda, pero esto no es un análisis ni una crítica a Balmaceda sino una enumeración desordenada de interrogantes que la nota le ha despertado a uno, que sí habla de “volver a los clásicos”). Pero a Perón, a esos “clásicos”, hay que volver para reinterpretarlos, no para recitarlos; para releerlos con ojos actuales y no con la mirada de hace diez, veinte o cincuenta años. Dicho esto por la sorpresa que despierta la tentación, la tendencia incluso, a transformar a Perón en un Cid Campeador de las pampas que atado al lomo de la doctrina gane las batallas por nosotros.
Ganar estas batallas no es asunto de Perón –ni de Jauretche, Scalabrini o Hernández Arregui– ni de la doctrina; es asunto de la política y de quienes hoy pretenden asumir la dirección de un conjunto que –por lo que se ve– no aspira a ser muy grande.
Dicho de otra manera: va hacia atrás, no para adelante, en la creencia de que por influjo de alguna poción mágica todos los dirigentes de 1País devengan peronistas y todos los votantes de ese conglomerado, de Unidad Ciudadana y del Frente Justicialista vayan a pronunciarse por un único candidato que, hipotéticamente, surgiría de esos encuentros dirigenciales y/o de elecciones internas o Paso que lo resolverían todo.
¿Por el solo hecho de surgir de un acuerdo entre las distintas facciones peronistas, de “representar al peronismo”, ese hipotético candidato va a despertar la expectativa general?
Y dicho sea de pasada ¿no cabría preguntarse por qué razón a esa tan amplia y generosa “reunificación peronista” no fue invitado Pino Solanas? ¿Alberto Fernández, Daniel Filmus o Sergio Massa pueden exhibir mayor trayectoria en el peronismo que Fernando Solanas? ¿Los aportes conceptuales a la causa nacional de Daniel Arroyo, Florencio Randazzo o Victor Santamaría han sido superiores a los de Alcira Argumedo? ¿O es que en esa unidad de todos no están todos? ¿Y están seguros esos casi todos de que de un acuerdo entre ellos podrá surgir quien exprese al votante marginal a la política y marginado de la sociedad a quien, es más que obvio al menos en la provincia de Buenos Aires, parece seguir expresando electoralmente Cristina Fernández más que el “peronismo” o el “kirchnerismo” en cualquiera de sus expresiones?
Pero aun contando con el apoyo explícito de Cristina Fernández, ese hipotético candidato de los todos que no son todos ¿podrá despertar algún entusiasmo en ese sector juvenil politizado durante los últimos años en base a esa insoportable macchietta que actualmente se cuestiona de la administración anterior?

 PA QUE DENTRE
La lista de horrores y errores al divino botón del gobierno anterior podría ser interminable y no se reducen a la errática política de medios, los sobreactuados stand ups presidenciales o el discurso lelo y absolutista de las pasionarias kirchneristas, que las hubo a raudales y de ambos sexos.
Concebir Enarsa como un instrumento de negocios y no como germen de una nueva empresa nacional de energía es un error mucho más grueso que el hablarse encima de Cristina, la soberbia canchera de Aníbal o la sobreactuación permanente de Guillermo Moreno. El disgusto y la renuencia con que se procedió a unas pocas estatizaciones merece aun mayores críticas que la ingenua pretensión de que el Poder Judicial fuera a aceptar alegremente una reforma que recortaba su poder, porque revela una concepción equivocada de la sociedad, de la historia y de la estructura cultural y económica del país: los servicios públicos y la energía deben necesariamente ser estatales, porque si no son estatales estarán en manos extranjeras. Pero aun en el hipotético caso de que estuvieran en manos de empresas nacionales, fuera de la necesidad de que se responda a la pregunta ¿qué es lo que hace nacional a una empresa? (¿acaso la condición de argentinos nativos o por opción de sus accionistas mayoritarios? ¿sería eso suficiente? ¿en qué medida existe en nuestro país, fuera de la clase trabajadora, una clase social cuyo destino esté indisolublemente ligado al destino nacional?), nunca podrá existir una empresa comercial que satisfaga las necesidades de alta inversión y baja rentabilidad que requieren las empresas de servicios públicos. Es que su propósito no es el lucro –razonable leit motiv de todo emprendimiento comercial– sino el servicio.

¿Vale la pena mencionar la cantidad de años perdidos al cuete, sin encarar –sino tardía y muy débilmente– la reconstrucción del sistema ferroviario, indispensable desde el punto de vista económico y social y tan redituable simbólica y políticamente?
Junto a estas enormidades (pudiéndose enumerar muchas más) la deficiente política de medios, el alquiler de empresarios y periodistas mercenarios y el desprecio y ninguneo a lo propio y lo alternativo, es poca cosa. O sería, acaso y si se permite la ironía, uno de los rasgos más “peronistas” de los gobiernos de Néstor y Cristina.
Sin embargo, nada de esto, ni siquiera la ausencia de una política y una estrategia energética, agropecuaria y minera, el desinterés por el conservacionismo y la sustentabilidad productiva (de las que, como para repartir en forma un cacho más equilibrada, ni Alberto Fernández, ni Daniel Arroyo, Sergio Massa, Florencio Randazzo ni, muchísimo menos, el secretario de Agricultura de Carlos Menem que fue Felipe Solá, pueden hacerse los distraídos), nada de esto quita mérito a los tres mejores gobiernos que tuvo el país de 1955 a esta parte, fuera del brevísimo y  frustrado intento de recreación peronista 73-75.

EN SU MEDIDA Y ARMONIOSAMENTE
No es cuestión de quitar mérito pero tampoco exagerar en las críticas, especialmente cuando están fuera de momento y de lugar: la crítica debe hacerse mientras sea tiempo de corregir el error o cuando es útil para reflexionar sobre los fundamentos y las estrategias del movimiento nacional. Por ejemplo, carece de la menor utilidad criticar el ciego empecinamiento con que Perón porfió en su disputa con la Iglesia, convencido de tener la razón –que la tenía, como la había tenido Roca– sin advertir que esa porfía le sería fatal. O enumerar la cantidad de errores políticos que cometió, que los cometió a bocha, en especial durante su segundo período de gobierno. Similar utilidad y pertinencia tiene hoy hacerle la autocrítica a los gobiernos de CFK.
Es igualmente descabellado adjudicarle a la preocupación por sancionar la ley de matrimonio igualitario el supuesto o real olvido, desatención o demora en resolver los problemas sociales. ¿Creerá alguien que ese “kirchnerismo” que, al tiempo de no expresar a todo el peronismo, a la vez lo excede, habría sido posible sin cierta relativa preocupación gubernamental por los llamados “derechos de tercera generación”? ¿Y por qué pensar que los derechos de tercera generación son contradictorios con los de segunda, y los de segunda generación con los de primera?
Es imprescindible devanarse los sesos para que la libertad individual no sea antagónica con la justicia social, ni los derechos sociales contradictorios con la libertad de casarse con el conocido del vestuario o la compañerita de banco del colegio de monjas. Es que así como los derechos humanos proclamados por las revoluciones norteamericana y francesa resultan de realización incompleta si no son acompañados de los derechos de segunda generación sancionados por el constitucionalismo social, los derechos sociales son también incompletos sin los derechos de tercera generación, como el derecho a la identidad cultural, a la paz, a la información, a gozar de un medio ambiente sano o a hacer del propio culo un ramillete de freesias.
Esas no son “veleidades progresistas” sino legítimas expectativas y necesidades de la sociedad contemporánea.

 ANACRONISMOS
Por otra parte ¿qué hay de malo hoy con los “progresistas”? Quienes en nombre del peronismo insisten en pelearse con el progresismo atrasan tanto o más que los funcionarios gubernamentales que se pelean o fingen pelearse con indios y anarquistas.
Fue gracias al benemérito general Onganía que progresistas, izquierdistas, radicales y peronistas quedamos igualados según el más bajo denominador posible, el de Personal Civil Bajo Sospecha. Y fue entonces, gracias no sólo a Hernández Arregui, Jauretche, Ramos o Puiggros, sino también –y fundamentalmente– al propio Onganía, que comenzó la llamada “nacionalización de las clases medias”: de un día para el otro, todos quedaron tan sin derechos como los peronistas lo habíamos estado desde diez años antes.
Fuera de que es necesario comprender que así como el "progresismo" de 60 años atrás celebró a la Revolución Libertadora y una parte significativa del “progresismo” actual acompañó, aun en sus más difíciles momentos, a estos gobiernos peronistas que, por uso y costumbre (y añadido de nuevos sujetos políticos y sociales) devinieron en “kirchneristas”, también hay que entender que ahora por obra de Cambiemos y esos seres bestiales que actualmente ocupan las más altas responsabilidades de gobierno, progresistas, peronistas, peronistas kirchneristas, kirchneristas, radicales alfonsinistas, socialistas de amplia gama, trotskistas, nacionalistas, sindicalistas, transexuales, gays, lesbianas, villeros, científicos, filósofos y hasta indios y anarquistas, volvimos a quedar igualados según el más bajo denominador posible.
Es entonces el momento de “nacionalizar”, no de discriminar. Y aunque algunos tontos y ciertamente excéntricos se empeñen en el perturbadora costumbre de buscarle el pelo al huevo de Hugo Moyano (hay que reconocer que sobre gustos no hay nada escrito) y el trotskismo activo y orgánico no pierda oportunidad de ensañarse con nosotros, hay que comprender que ya se les pasará, o se irán pasando ellos, por insistir en el anacronismo porque ¿qué de "progresista" o "revolucionario" tiene cuestionar a quien fuera un gran dirigente sindical justamente en el momento en que ha decidido recuperar lo mejor de su historia personal y ponerse al frente de la protesta social? ¿O qué de novedoso tiene criticar a un gobierno que ya no gobierna? ¿A quién se puede conmover o convencer con tácticas tan tontas y discursos tan ñoños?

 SINDICATOS Y MOVIMIENTO OBRERO
Se dirá que así como el trotskismo sólo se ocupa de denostar al peronismo (y particularmente a los gobiernos kirchneristas, con lo que parece mostrar más perspicacia que muchos neo-ortodoxos del peronismo), el progresismo –y por su influencia, el propio “kirchnerismo”– incubaría un prejuicio cerril contra el movimiento obrero.
Es posible que así haya sido, pero también sería de gran utilidad que alguien pudiera explicar en forma satisfactoria qué es hoy el movimiento obrero. ¿Es acaso el movimiento obrero ese conjunto heterogéneo de sindicatos desagrupados en cinco, seis, o las que se vayan presentando, “centrales” sindicales? ¿Y no es una incoherencia hablar de cinco centrales?
Como sea, pasando por alto que la existencia de un movimiento obrero, además de la unidad supone la simultánea existencia de un proyecto de poder propio o asumido como propio, convengamos que, ya sea por influencia del prejuicio “progresista” o reaccionario del elenco gobernante, por fallas de implementación, cerrazón mental o acaso soberbia, la política gubernamental hacia el sindicalismo, al menos durante el último gobierno de CFK, fue en líneas generales errónea, siempre distante y en ocasiones, catastrófica.
Pero ¿no hubo en este cortocircuito ninguna responsabilidad sindical? ¿Acaso el cortocircuito se produjo con todas las organizaciones gremiales de la misma manera?
Pero más importante que eso, porque trasciende la coyuntura y los cortocircuitos del último período de Cristina Kirchner, ¿estuvieron los sindicatos a la altura de las circunstancias durante, antes y después de las administraciones “kirchneristas”? ¿Se mostraron atentos los dirigentes sindicales al cada vez más creciente número de trabajadores precarizados, desempleados y jubilados dejados a la buena de Dios? ¿Es la Ctep un invento de cuatro politiqueros y vivillos? ¿Es acaso el mejor destino, la más adecuada organización, la más promisoria perspectiva de los trabajadores precarizados y desempleados? ¿No será, en cambio, la única opción que encontraron esos trabajadores para suplir la ausencia, la defección de un pseudo movimiento obrero más preocupado por proteger sus organizaciones que por defender a los trabajadores? ¿Tuvieron políticas, tuvieron propuestas, tuvieron verdadero proyecto de poder esos desorganizados conjuntos de sindicatos?
Ya que tan de moda está hacerle la autocrítica a todo el mundo ¿no tienen nada que criticarse los dirigentes sindicales? ¿Lo han hecho todo tan impecablemente? ¿Cómo es que demoraron más de treinta años en descubrir la existencia de un número cada vez mayor, una verdadera fábrica de trabajadores desempleados, marginados de la sociedad, carentes de futuro y privados de los más elementales derechos, como no fueran los pocos que mal o bien fue otorgando (o cediendo, dicho sea para tranquilidad del Partido Obrero) ese gobierno inficionado de prejuicios “progresistas”? ¿Y cómo es que habiéndolos descubierto, aunque fuera con demora –porque nunca es tarde cuando la dicha es buena–, no atinaron los sindicatos a organizarlos y protegerlos? ¿Por qué esos desempleados, precarizados y marginados tuvieron que organizarse a sí mismos o ser organizados por agrupaciones de origen político atentas al drama social o vueltas “organizaciones sociales”? ¿Sólo los últimos gobiernos de orientación popular son responsables de esta omisión? ¿Los sindicatos existen únicamente para cobrar la cuota, organizar servicios de turismo y administrar obras sociales?
Quienes hacen una defensa cerrada de la dirigencia sindical por el mero hecho de ser dirigencia sindical, así como los que la atacan por el mismo motivo ¿tienen la más remota idea de qué piensan al respecto los jóvenes dirigentes y delegados y aun buena parte de los viejos militantes y dirigentes sindicales?
En la mayoría de los sindicatos, muy especialmente entre los jóvenes dirigentes y activistas, existe verdadera consciencia de la necesidad de reformular la doctrina, la práctica y la naturaleza de las organizaciones gremiales, en la convicción de que no es tan imperioso defender al sindicato tal cual es, sino que lo que merece y justifica la más firme defensa es el modelo sindical. Es necesario transformar la práctica y la organización gremial para que sirva más cabal y eficazmente al modelo de sindicato único –o más representativo– por rama de actividad, que es justamente lo que está en riesgo y resulta más atacado por ser el instrumento más eficaz para la defensa de los trabajadores.
Respecto a la confusión –por ignorancia o mala leche– que reina sobre la verdadera naturaleza de ese modelo sindical ¿no tienen los propios sindicatos una enorme responsabilidad? ¿Se han propuesto explicarlo no sólo a los “progresistas” animados de prejuicios antisindicales, sino al conjunto de la sociedad y aun a los propios afiliados?
Desde luego que no, de la misma manera que gran parte de esos subconjuntos sindicales parecen no tener nada que decir ni responsabilidad alguna sobre, para no abundar, nuestro deficiente sistema nacional de salud, la ruina de los hospitales públicos, la creciente privatización de la educación, la actual zozobra económica de las universidades del conurbano cuya "cleintela" se recluta mayormente en la clase trabajadora, los planes y criterios en la construcción de viviendas, la creación de empleos, el fomento de cooperativas de trabajo o el amparo político, orgánico, económico e ideológico a las empresas recuperadas.
Puede asegurarse que en base a una mirada sesgada, a tanto equívoco, no es posible hablar ni reflexionar y ni mucho menos actuar con un mínimo de seriedad.

EL PERONISTA LEANDRO SANTORO
Y Balmaceda no tiene nada que ver, porque nada ha dicho de estos temas, pero la culpa es suya, porque alguien tiene que ser el culpable de todo. Y sí lo es de algunos despropósitos, porque hay algo mal en su razonamiento cuando en tren de propugnar el abrazo, la consustanciación o transmigración del kirchnerismo en el peronismo, cae en la desmesura de calificar de peronista –¡peronista!– a Leandro Santoro, un alfonsinista casi de manual, de indudable identidad radical, que moriría de un síncope cardíaco de descubrir que Balmaceda lo considera peronista.

Y es aquí donde uno se pregunta ¿es que es acaso indispensable ser peronista? ¿Dónde entran los que no lo son y comparten los mismos ideales de emancipación nacional y justicia e igualdad social? ¿Surgirá de la unidad básica Moisés Lebenshon la línea interna peronista Crisólogo Larralde encabezada por el dirigente peronista Leandro Santoro?
En efecto, existe una tradición nacional y popular no peronista, en algunos casos previa, en otros simultánea y en no pocas oportunidades, enfrentada al peronismo, que el peronismo no atinó o no pudo terminar de asumir como parte inseparable de su propia tradición. Es que esta operación supondría alterar no sólo aquella tradición sino también la tradición y la naturaleza misma del peronismo (seguramente es eso lo que Balmaceda llama “abrazar dialécticamente”), cuyo acto fundacional consistió en incorporar como propia la tradición sindical socialista y anarcosindicalista y, a la vez, la tradición industrialista y nacionalista de lo mejor del ejército.
Ese peronismo que hoy se invoca, ya como palabra mágica, ya como fenómeno inmutable y cristalizado, tuvo a lo largo de su historia y desde el primer instante de su existencia, una enorme creatividad, una intrepidez casi irresponsable y una voracidad y capacidad de asimilación y, consecuentemente, de autotransformación, que resultan sorprendentes. ¿Está hoy el peronismo realmente existente a la altura de su propia historia? ¿Ha sido capaz de incorporar como propias al menos alguna de esas tradiciones paralelas a la suya?
Hubo algunos tibios, imperfectos intentos... pero por parte de ese kirchnerismo al que se le firma tan tranquilamente el certificado de defunción. No otra cosa fue la deificación en vida de Raúl Alfonsín, la invención de Unidad Ciudadana o la incorporación en papeles estelares de los peronistas Leopoldo Moreau y Leandro Santoro.
El instituto Patria no son los padres pero, por lo que se ve, Balmaceda tiene razón, porque tampoco es un faro irradiador de verdades sino apenas una suerte de centro cultural, oficina política de la ex presidenta y algunos de sus antiguos colaboradores, apto para presentaciones de libros y espacio de conferencias, en cuyas inmediaciones las fans suelen acechar la llegada de CFK con la misma unción de quien aguarda en la entrada de un recital la aparición de Charly García. Y es verdad que ese kirchnerismo, explica Balmaceda, ya no tiene vigencia ni grandes perspectivas de futuro, pero esto no implica suponer que las tenga el peronismo, este peronismo, por el solo hecho de serlo.
El 44,3% de los argentinos de hoy tiene entre 15 y 44 años. Los más viejos de entre ellos tenían 20 años entre 1994 y el 2000. ¿Qué puede significar el peronismo para la mayoría de estos muchachos ¿Cuál fue el peronismo que conocieron? ¿El de Carlos Saúl ? ¿el de Eduardo Duhalde? ¿el de Jabón de Bidé? ¿el de Néstor? ¿el de Bossio? ¿o acaso el de Das Neves o Cristina? ¿Qué puede significar un peronismo no kirchnerista para estos compatriotas? ¿El discurso profundamente reaccionario y pronorteamericano de Sergio Massa? ¿Las nostalgias cafierista o las setentistas? ¿Puede conmover a alguien, más que a un grupo de militantes y activistas, el mensaje básicamente internista de Florencio Randazzo, a veces tan a medio camino entre el antipersonalismo de Vicente Gallo y el neoperonismo con pantalones largos del doctor Matera? ¿La pose políticamente correcta, por no decir lobotomizada, de los Abal Medina? ¿Las clases propias de Trabajo Social de Daniel Arroyo? ¿La cómoda inanidad de Felipe Solá, tan propenso a hacerse el boludo, ahora a título personal? ¿Alcanza con decir que algo o alguien es peronista para despertar el entusiasmo de quienes no activan, de quienes no forman parte, de los simples compatriotas a veces votantes y otras no?

 BATALLAS PERDIDAS
Al referirnos a la franja etaria que va de los 15 a los 44 años estamos hablando de dos generaciones, con sus propios lenguajes, valores y “tradiciones”. ¿Es razonable intentar meterlas a martillazos dentro de un corsé previamente construido –adaptar el pie al zapato, se escandalizaría Mao– o resulta preferible  centrarse en su “nacionalización” y “sensibilización social”?
De eso se trataría la dichosa batalla cultural con la que tantos se llenaron la boca en los últimos años y creyendo patear al arco se terminó mandando la pelota a la cabina de transmisión. Para unos podía ser una disputa de sentidos, para otros, cuestión de revisionismos históricos, asuntos a los que se dedicaron decenas de stand ups militantes, cientos de conferencias, miles de sesudas páginas en libros y revistas y muchos más minutos radiales y televisivos... mientras se nos colaba un elefante de contrabando.
No se trata de una disputa de sentidos –excepto que hablemos del “sentido común”– ni de interpretación histórica o política, sino de un debate, de una “batalla” si se quiere, en torno a los valores morales sobre los que se funda una sociedad y las vidas de las personas, individual y colectivamente tomadas. Más que citar y recitar a Jauretche, Fermín Chávez, Hernández Arregui, Fidel Castro o Juan Domingo Perón, se trataría de construir una sociedad basada, por ejemplo y como para no ir muy lejos, en las Bienaventuranzas, porque es imprescindible anunciar a los que tienen hambre y sed de justicia que serán saciados, los pobres en el espíritu y a los perseguidos por causa de la justicia que recibirán el reino de los cielos, a los mansos que heredarán la tierra, a los que lloran que serán consolados, a los que trabajan por la paz que serán llamados hijos de Dios y a todos, sin excepción, que antes pasará un camello por el ojo de una aguja que entrará un rico en el reino del Señor. Porque sí, porque el pobre, el débil, el tullido, el enfermo, el tonto, el viejo, el niño merecen ser protegidos. Pero ¿por qué? Simplemente porque no concebimos a los hombres como factores de ninguna ecuación económica sino como sujetos de derecho cuya libertad y dignidad deben ser preservadas, y porque esa y no otra es una sociedad que merece y puede ser vivida.
Pero al momento de preguntarnos si no tenemos nada que anunciar al pueblo fuera de una reunión de dirigentes en busca de una supuesta unidad, de nuevo estará aquí el riesgo de reducir todo a la cita y el recitado, ahora del papa Francisco.
Tiene razón Balmaceda: “los militantes no necesitan mantras sino doctrina”, a condición de que no se entienda como doctrina a la cita y al recitado. Lo que el militante (y en mayor medida, el dirigente) realmente necesita es la reflexión, el ejercicio del razonamiento inductivo, el que va de lo particular a lo general, de la experiencia a la generalización y no de la teoría o la doctrina a la realidad. Jamás el mantra, pero tampoco el eslogan o la receta.
Tal vez la principal falta del período kirchnerista no haya sido el sobrechamuyo sino la ausencia de razonamiento inductivo, la creencia, real o fingida en algunos mitos que carecen de fundamento, desde la existencia de un capitalismo razonable, de “rostro humano”, o de algo todavía más incierto como la inevitabilidad de que una burguesía “argentina” devenga en “nacional” y, mucho más inconcebible aun, la creencia de estar gobernando Francia y no una semicolonia que necesita urgentemente construir su propio sistema institucional, una institucionalidad al servicio de la liberación y de la justicia social y no al servicio del sometimiento y la desigualdad.
Ha sido una falta seria, pero no exclusiva de las esferas gubernamentales ni tampoco del “kirchnerismo”. Por ejemplo, no se observa esta discusión, esta necesaria reflexión en ninguna de las demás expresiones del supuesto o real peronismo, incluida la de Leandro Santoro.
Y ya que de Francisco hablamos antes, no se observa reflexión alguna que acerque a la realidad efectiva las advertencias y recomendaciones de la Encíclica Laudato Si, a la que, por esas convenciones de uso, se presta más atención (apenas un poquito más) que a las viejas y siempre denostadas advertencias de Jorge Rulli, que tan imprescindibles resultan en momentos en que la “civilización” arrastra al planeta entero hacia la autodestrucción. Que se sepa, no ha surgido nada semejante de las reuniones de unificación de este peronismo incompleto de la que tan mágicos resultados se espera, sin que decir esto suponga restarle importancia o necesidad a dichas reuniones, aunque más no sea para detener la acción destructiva de Cambiemos, su empecinamiento en acabar, a toda velocidad, con lo poco de Argentina que a lo largo de doce años de kirchnerismo –vale decir, de peronismo realmente existente– se había podido reconstruir.

 AUDACIA
Si tomáramos las elecciones legislativas de 2017 en provincia de Buenos Aires como un modesto banco de pruebas, además de comprobar que la división no parece dar los resultados deseados, y en el hipotético caso de que Sergio Massa, Margarita Stolbizer y la totalidad de sus votantes pudieran considerarse algo semejante a peronistas, tendríamos que ese supuesto peronismo o panperonismo surrealista habría cosechado 4.848.743 votos, de los cuales 3.348.210 pertenecerían a una Unidad Ciudadana representada centralmente por Cristina Fernández de Kirchner. Esto es, el 69, 05% del total de votos “peronistas”.
¿No resulta un tanto aventurado, por no decir atrevido, determinar la desaparición de ese kirchnerismo que obtuvo el 70% de los votos cosechados por un peronismo que incluye a Margarita Stolbitzer y el ex alcalde Rufolf Giuliani traducido por la Embajada para uso y beneficio de Sergio Massa?
En todo caso, podríamos convenir en la peligrosidad de firmar el certificado de defunción de quien está dormido o, a lo sumo, groggy. Pudiera ocurrir que algo tan previsible y natural como que el groggy se espabile o el dormido despierte, fuera tomado como un milagroso anuncio de resurrección y vida eterna.
No parecería ser ese el mejor camino hacia una reflexión profunda y una autocrítica creativa y sincera.
Pero ya se sabe, todo –incluida la extensión de este escrito –  es culpa de Balmaceda.


Envar “Cacho” El Kadri y la crítica a las armas

Por Juan Godoy (Sociólogo, UBA) “La derrota de un proyecto de país liberado, con justicia social, con soberanía política y con indepen...