sábado, 9 de noviembre de 2019

El pensamiento nacional y popular


Aritz Recalde, octubre 2019

¿Cómo definir al pensamiento nacional y popular?
El pensamiento nacional y popular es una corriente intelectual y política con rasgos propios. Su particularidad no estriba en la ubicación geográfica de nacimiento de sus titulares y no tiene que ver tampoco con una línea disciplinaria en particular. El pensamiento nacional no supone necesariamente una única afiliación partidaria. Se puede nacer en cualquier país y ser nacionalista, liberal, de izquierda o desarrollista. Los miembros de dicha corriente intelectual poseen una formación disciplinar diversa, siendo Raúl Scalabrini Ortiz agrimensor, Alberto Baldrich obtuvo el título de abogado, Juan José Hernández Arregui era filósofo, Juan Perón adquirió una formación militar y Leonardo Castellani era filósofo y teólogo. Dentro del pensamiento nacional existió una diversidad de orígenes y de modalidades de acción partidaria y no se los puede circunscribir a una sola expresión política.
El pensamiento nacional es una perspectiva para analizar los problemas y para construir los proyectos de país, de región y de mundo. En una gran síntesis, articula tres grandes perspectivas:
- La pregunta por el ser nacional. ¿Qué rasgos históricos, presentes y futuros definen la personalidad nacional?.  Dicho interrogante contempla aspectos culturales e históricos y también temas sociales, económicos y políticos. La nación es una herencia espiritual y un patrimonio civilizacional que pasa de generación en generación. La afirmación nacional de una comunidad contiene un pasado compartido, un adversario y/o enemigo presente y una unidad de destino futuro.
- Un análisis de nuestra condición nacional a partir de la inscripción del país en el sistema mundo. Este aspecto supone un análisis crítico de la dependencia y de todo tipo de colonialismo o de neocolonialismo en las relaciones internacionales.
- Una voluntad de emancipación política. El pensamiento nacional y popular valida sus análisis y sus aportes conceptuales en la capacidad histórica de la comunidad de realizarse. Lejos de ser una mera especulación teórica o académica, el pensamiento nacional se consuma y se valida en la acción política de las organizaciones libres del pueblo.
En una gran síntesis, para esta corriente intelectual y política, la comunidad nacional debe edificar y potenciar cuatro grandes pilares:
PRIMERO.  La nación es una unidad de destino. La nación se construye a partir de lo que una comunidad siente, desea y funda políticamente. Tal definición supone un principio de unidad cultural y una identidad colectiva que se despliegan en tensiones y en contradicciones. Las disputas de clases, de etnias o las diferencias de género existentes en el seno de cada país, no deben imponerse si ello supone desandar el interés nacional. En caso que esto ocurra, se puede llegar a fragmentar territorialmente un Estado en guerras étnicas o incluso destruir el proyecto colectivo en enfrentamientos internos de facciones. Si bien el conflicto nunca desaparece dentro de una nación, la tendencia a edificar una unidad superior debe prevalecer. Juan Perón lo explicó con lucidez cuando afirmó que primero están la patria, luego el movimiento y finalmente los hombres y sus intereses y sus ambiciones. 
La unidad de destino de una nación se desenvuelve como un proyecto social de vida en comunidad, como una organización de poder y como una fe.  Los pueblos que no tienen fe en la legitimidad de su causa y en su capacidad histórica, presente y futura para realizarla, no serán una nación, sino un mero conglomerado de individuos.
La nación es un principio de unidad moral y emocional y para que pueda unificase es necesario que el individuo actúe libremente al servicio de la colectividad, percibiendo en su tarea diaria la satisfacción del deber cumplido.
SEGUNDO: la nación es un principio de solidaridad social. Los pueblos sin ideales y sin sentimientos de justicia, no pueden conformar una comunidad y serán una mera acumulación gregaria de egoísmos. El interés comercial puede constituir un mercado, pero no una nación. Las naciones avanzan si tienen la capacidad de imponer un imperativo moral de colaboración con el prójimo, de bien común y de solidaridad con los hijos de la misma patria. 
TERCERO. La nación requiere del efectivo cumplimiento del derecho de los pueblos a la autodeterminación política. Cada comunidad organizada es única y diferenciada en relación a las otras unidades humanas. Como tal, cada pueblo debe tener el derecho propio e irrenunciable a construir y a planificar su propio modelo de desarrollo nacional.
CUARTO. La nación requiere de una economía independiente. En el siglo XX la categoría de nación se convirtió en sinónimo de industrialización y de planificación productiva y social. No hay nación posible, si los principales elementos de la economía de un país son manejados por el “mercado mundial”, que es la forma eufemística de nombrar a un grupo reducido de países y de corporaciones a ellos vinculadas.
Los Estados sin industria y sin una actividad productiva planificada socialmente, no pueden generar condiciones de empleo y dignidad para su pueblo. El resultado de dicho modelo económico es el descarte en masa de los seres humanos, que son sumergidos en la pobreza, el subconsumo y en la marginalidad. El pensamiento nacional argentino del siglo XX conceptuó como los pilares fundamentales de la soberanía de un país, la capacidad de los Estados para administrar los recursos naturales, la finanza (bancos y Banco Central), el comercio exterior y los servicios públicos.
El pensamiento nacional y popular comparte el respeto hacia las minorías, sin por eso olvidar el principio fundamental e irrenunciable de consumar primero la emancipación de las mayorías. Esta corriente intelectual considera al pueblo y a sus dirigentes como actores centrales de la nación y descree de la capacidad de las oligarquías para construir un programa colectivo y soberano. También niega el modelo de la dictadura del proletariado o del clasismo como posible esquema para organizar una comunidad libre. El pensamiento nacional no es xenófobo y su participación activa de apoyo al peronismo, demostró que es posible asimilar la diversidad étnica, en el marco de un programa soberano y antiimperialista.     

El pensamiento nacional del siglo XXI es la antítesis del pensamiento neoliberal
Hay que decirlo sin titubear: actualmente el país y la región se encuentran ante el dilema histórico de forjar la soberanía nacional o de profundizar la sumisión al imperio anglosajón.
Los comunicadores e ideólogos del establishment presentan a la globalización como un único e incuestionable camino al desarrollo. En realidad, detrás de esta categoría aparentemente neutral, se esconden los intereses y el proceso de expansión política de los norteamericanos que fue desenvuelto con fuerza desde la caída de la Unión Soviética.
El gobierno de las elites financieras trasnacionales pone en riesgo las democracias. El neoliberalismo busca destruir la organización del pueblo y le entrega la soberanía política y las decisiones gubernamentales a los organismos multilaterales y a los CEOS. En este sistema, el pueblo a lo sumo delibera, pero nunca gobierna y sus decisiones están enajenadas en las elites que son designadas por las corporaciones.
En nombre de la libertad el régimen político neoliberal conforma un totalitarismo de mercado, que está caracterizado por exportar las riquezas del centro hacia la periferia y por fabricar millones de pobres y de desempleados.
En el aspecto económico, la “división neoliberal del subdesarrollo” opera como un programa de socialización de pérdidas y de privatización de ganancias. A los países del sur les cabe la tarea de primarizar la producción, para reconvertirse definitivamente en economías agropecuarias y en una plaza para la especulación financiera. A este proceso, se le suma la tendencia a la concentración y a la extranjerización permanente de su patrimonio que se fuga hacia los centros de poder occidental. De no revertirse la tendencia, el capitalismo neoliberal puede destruir la propiedad privada y productiva de Sudamérica.
En el plano social, el gobierno de la finanza del siglo XXI está superando la clásica lucha entre las clases productivas. En su lugar, quiere instaurar el sistema de los descartados y de los excluidos que pelean por ingresar al mercado o por no caerse definitivamente al abismo de la miseria estructural. Los grupos financieros y los Estados que controlan las principales decisiones del mundo, están insectificando la vida de las barriadas populares en Sudamérica. La geografía del hambre y la cultura de la marginalidad estructural, se están tornando dos características centrales del caos políticos del mundo contemporáneo. Al modelo actual le sobran trabajadores y a diferencia de la modernidad liberal, ya no plantea un progreso en el futuro que sea capaz de revertir la tenebrosa tendencia.
La cultura neoliberal se presenta como universal y eso la hace represiva. En dicha ideología, se piensa como ellos o se está contra ellos. Caracterizan a las ideas políticas que no son liberales anglosajonas, como antidemocráticas y autoritarias (hoy le dicen “populistas”). A este esquema lógicamente totalitario, hay que enfrentarlo con la bandera del derecho a la identidad nacional, en el marco de un proyecto mundial de pluri-verso cultural y civilizatorio.    
El neoliberalismo difunde una ideología individualista, narcisista y nihilista y es por eso anti nacional y anti colectivista. La evocación al individuo consumista con derechos y sin deberes con la comunidad, conduce a que desaparezca el concepto de colectividad. La sociedad se disgrega y aumenta la violencia y la desigualdad. Lo que nunca debe olvidarse y pese a que quieran encubrirlo los cultores del liberalismo, es que la supervivencia de la nación es la única garantía de la libertad del individuo.
En el sistema neoliberal el hombre no tiene fe en el progreso de la humanidad y la remplazó por el deseo de consumir. Se es lo que se tiene y la patria es el dólar, la bolsa de valores es la iglesia y la ganancia su Dios único.
El fetiche tecnológico neoliberal está corroyendo los valores humanos fundamentales. Se plantea como un hecho positivo remplazar al trabajador en una empresa con la finalidad de no pagar cargas sociales, no financiar una licencia por maternidad o para evitar conflictos sindicales. Esta ideología conduce a la sustitución del hombre por la máquina. Con esa actitud aumentan el desempleo y se reduce el mercado interno y a la larga van conformando una crisis capitalista de superproducción. La ciencia desligada de la filosofía y de la metafísica puede conducir al mundo al caos ecológico, al desempleo, la pobreza y al enfrentamiento bélico de inusitadas dimensiones.  
El neoliberalismo difunde el mito de la republica formal y tal cual explicó Antonio Cafiero “Los liberales hablan del Estado de Derecho, nosotros hablamos del Estado de Justicia. Los liberales hablan de los derechos del ciudadano, nosotros hablamos de los derechos del hombre, que es más que un ciudadano: el hombre es una persona que genera familia, trabajo, profesionales, vida barrial, vida vecinal, partidos políticos y una multitud de acciones sociales”.

Los argentinos y sudamericanos tenemos el deber histórico de rehacer la patria sobre las ruinas del neoliberalismo. Para eso, es necesario fortalecer la comunidad nacional y la unidad moral del pueblo en una nueva fe cívica movilizadora y vital.






jueves, 7 de noviembre de 2019

Mitos y verdades sobre la fascinación de Perón con Mussolini


IGNACIO CLOPPET 
Miembro de la Academia Argentina de Historia. Profesor de la Usal.


En la vida de Juan Domingo Perón, la supuesta vinculación con el fascismo, es tal vez uno de los capítulos más trillados. Hay quiénes lo vinculan al golpe de 1930, sosteniendo erróneamente, que tuvo una activa participación con el gral. José F. Uriburu. Esta versión quedó descartada por una carta que Perón le escribió al gral. José M. Sarobe, donde mostró su absoluto rechazo al golpe.
En 1939, Perón fue incorporado a la “Lista de Oficiales en el Extranjero”. A partir de ese viaje, se dice que se hizo fascista en la Italia de Benito Mussolini. Estuvo adjunto a unidades militares alpinas: Merano, Bolzano, Pinerolo, Chietti, Sestrier y Aosta, donde formó parte del batallón Ducca degli Abruzzi. Precisamente allí se formó, con un entrenamiento para las unidades que avanzan entre glaciares y ascienden por paredes de gran dificultad. Además se consagró como maestro esquiador.
Es bueno aclarar que los oficiales y suboficiales alpinos no fueron fascistas. Eran, por sobre todo, patriotas. Ninguno de ellos apoyó a Mussolini ni antes ni después del armisticio de 1943, ni menos aún se unieron a los nazis entre 1943/44 cuando invadieron el norte de Italia e hicieron desmanes en ciudades y pueblos ocupados.
La misión de Perón fue estrictamente militar. Se destacó, y fue reconocido por sus superiores como oficial alpino. En Roma se instaló a fines de mayo de 1940, donde se desempeñó como adjunto del agregado militar, el coronel Virginio Zucal.
¿Qué amistades tuvo Perón? La más importante fue la del marques Luigi Incisa di Camerana. También fue amigo de los oficiales Santovito, Zoppi y Mancini. Frecuentó al capellán el P. Gnocci y a Mons. Schuster, arbobispo de Milán, quien durante la 2ª Guerra se convirtió en la tabla de salvación para los perseguidos por el nazismo. En conclusión, todos sus amigos italianos fueron anti fascistas, opositores a Mussolini y a su totalitaria doctrina.
Es evidente que durante su experiencia en los dos años que pasó en Europa, Perón no se encandiló con las luces de los totalitarismos y autoritarismos en boga. Esto lo pude comprobar con 14 cartas inéditas que Perón envió desde Italia a su cuñada María Tizón y a 2 sobrinas Tizón Echauri. Entre tantos conceptos, llegó a escribir: “Reconozco que me deslumbré con la personalidad de Mussolini, pero tengo la serena tranquilidad de espíritu para sostener que nunca me «enamoré» de él”.
Algo que Perón sabía, es la excelente relación que tenía Winston Churchill con Mussolini. Precisamente esa admiración del Primer Ministro inglés hacia il Duce, es la razón por la cual se decepcionó de ambos.
Con respecto a dos supuestos encuentros, me cuesta creer que Mussolini haya recibido a Perón. Para ese entonces, Perón era un “cuatro de copas”. No había motivación suficiente para que un jefe de estado, tuviera un instante para recibir al militar argentino.
Hay quienes con error consideran al peronismo como una versión criolla del fascismo. Nada más errado. Si algo caracterizó al Peronismo fue su oposición a los fascismos, y su plena adhesión a la Doctrina Social de la Iglesia. En esa línea se sitúan los ensayos de 2 destacados extranjeros: Raanan Rein y Alain Rouquié.
Así de claro lo describió Rein: “La imagen fascista de Perón tiene sus raíces en el desafío argentino a la hegemonía norteamericana en el continente y en el mantenimiento de la neutralidad, aún después de la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial”.
Por su parte Rouquié sintetiza claramente que: “Perón cambió la cultura política de un país que era liberal”. Así pues, puso en vereda la demonización que muchos intentan achacarle, cuando lo acusan de populista. Siendo pequeño, Perón había recibido una formación matriarcal fiscalizada por su abuela la vasca Dominga Dutey, que concibió un ser eminentemente sensible, abocado a la inclusión de las clases humildes desde niño.
Su postura después de Yalta, lo llevó a gestar con genialidad su “Tercera Posición”, que fue una válida alternativa para situarse entre el capitalismo y el comunismo. Rouquié define al régimen político del peronismo, como una democracia hegemónica: “Es un régimen procedente de elecciones honestas, sin fraude, que desde el Poder Ejecutivo controla al conjunto de las instituciones políticas. Otros han definido este tipo de sistema como populismo, como autocracia competitiva o autoritarismo electoral, entre otros términos, que descarto".
Resulta entonces más que evidente, que Perón nunca fue fascista, ni adhirió, ni adoptó ninguna de sus totalitarias doctrinas.

VOLVERÉ Y SERÉ MILLONES


José María Castiñeira de Dios, año 1962                                      
                                                
Yo he de volver como el día
para que el amor no muera
con Perón en mi bandera
con el Pueblo en mi alegría.

¿Qué pasó en la tierra mía
desgarrada de aflicciones?
¿Por qué están las ilusiones
quebradas de mi hermanos?
Cuando se junten sus manos
VOLVERÉ Y SERÉ MILLONES

Pido un lugar en tu pecho
y aunque lo tengo ya sé
que me das lo que se ve:
solo un corazón deshecho.
¡Tanto es el mal que te han hecho,
mi Pueblo, con sus traiciones!
Que claman los corazones
y me llaman y ya voy,
desde la muerte en que estoy
PRESA ENTRE SUS CERRAZONES.

Tantos rostros, tanta pena,
tanta espiga de dolor
y la vida alrededor
con tu cepo de condena.
Ya tu suerte me enajena.
Pueblo mío, y me sostiene
solo el amor con que viene
tu llamado hasta mi ausencia:
AUNQUE LA MUERTE ME TIENE.

Yo he de volver, como sea,
junto al Pueblo dolorido,
convertida en una tea.
y sin que nadie me vea,
sin que el opresor se alerte
ni el cancerbero despierte
ventearé casa por casa;
para reavivar la brasa
YO VOLVERÉ DE LA MUERTE.

Toda mi vida es un río
que anda rodeando la tierra
con ese pendón de guerra
que sólo al Pueblo confío.
¡Mi Pueblo, este signo mío,
este amor sin más razones!
Presa entre sus cerrazones,
y porque soy libre y fuerte
YO VOLVERÉ DE LA MUERTE.

VOLVERÉ Y SERÉ MILLONES.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Volver a lo nacional para reconstruir la Patria. Apuntes al filo de las elecciones.



“Una Revolución Argentina que sólo quiere cambiar las estructuras superficiales dejando subsistentes las profundas, está indiscutiblemente destinada al fracaso”. (Juan Domingo Perón)

Por Juan Godoy

La derrota electoral de la Alianza Juntos por el Cambio y su proyecto semi-colonial de subordinación y planificación de la miseria, es un hecho significativo y auspicioso sin dudas. Se corta en principio la posibilidad de una “nueva década infame” a estos cuatro años de entrega y oprobio que amenazaba con la desintegración nacional. Se dio el primer (y sustancial) paso, aunque pensamos aquí que la derrota de ese proyecto vendrá no sólo en las urnas, sino del desarrollo de un proyecto nacional que lo entierre definitivamente.
Algunas cuestiones a tener en cuenta para la reflexión: pensar si la administración desastrosa de la economía (de las peores de la historia, sino la peor), no solo para los sectores populares (aunque sí los más perjudicados), sino también mayormente para todos los sectores nacionales, no fue lo que abrió o al menos incrementó mucho nuestras chances electorales (más teniendo en cuenta las elecciones legislativas de 2017).
Esto último, no obtura también ponderar la resistencia a los avances de la administración semi-colonial, fundamentalmente a partir de uno de los últimos bastiones de la Argentina Peronista, el movimiento obrero organizado a través de masivas movilizaciones o paros contundentes. Los paros generales convocados por la Confederación General del Trabajo (CGT), y cumplidos en forma absolutamente exitosa fueron cinco (6 de abril y 18 de diciembre 2017, 25 de junio y 25 de septiembre de 2018, y el último el 29 de mayo de 2019 –y seis si se cuenta el del 30 de abril del mismo año convocado por el sector moyanista-), cabe recordar la temprana y masiva movilización convocada por la CGT (y ambas CTA, con movimientos sociales y el PJ), en el Monumento al trabajo el 29 de abril de 2016, la del 7 de marzo con los mismos actores que movilizó, al menos, más de medio millón de compatriotas o las masivas movilizaciones (además del paro mencionado), en diciembre de 2017 contra la reforma previsional (momento que constituye un fuerte quiebre contra el gobierno cambiemos), o la del 20 de octubre de 2018 a Luján, pilar en la conformación de la unidad del peronismo, por mencionar algunas significativas que recordamos (de memoria), ahora. El movimiento obrero organizado, y fundamentalmente la CGT constituyó a nuestro entender la oposición más fuerte y dinámica al gobierno oligárquico de Mauricio Macri.
Al mismo tiempo, tampoco impide dejar de ponderar la unidad amplia lograda por el movimiento nacional peronista que constituye un elemento central (más teniendo en cuenta las elecciones 2013, 2015 y 2017), en la contundente victoria electoral del domingo pasado. Asimismo, vinculado a estas cuestiones, cabe destacar el aspecto político de la última elección, en tanto la manifestación de un voto que pretende desterrar de la Argentina todo lo que “huela” (aunque sea mínimamente), a peronismo (manifestado en los cambios porcentuales de las PASO a las generales), como asimismo un voto que se identifica y resiste a eso través de los años.
Ahora bien, sostenemos acá que el movimiento nacional en los últimos años ha sido desvirtuado en algunos aspectos que pensamos urgente retomar si no queremos volver a fracasar, y permitir una “nueva” restauración oligárquica. Afirmamos entonces la necesidad de volver a lo nacional para retomar banderas e ideas que hicieron del peronismo un movimiento revolucionario, popular y anti-imperialista, y avanzar en la reconstrucción de la Patria.
De esta forma, consideramos a modo de apuntes, y para que eso de “volver para ser mejores” no quede solo en una frase retórica, los siguientes ejes:
- Poner en primer lugar la discusión de los mecanismo que sostienen la dependencia económica de la Argentina. Esta es la cuestión central, ya que sin romper la dependencia económica que hace que nuestra riqueza drene desenfrenadamente al extranjero, por más buena voluntad que se tenga, se puede lograr una mejor redistribución de la riqueza, no obstante lo cual el “techo” a la misma es “bajo”, los datos de pobreza, desempleo, etc. en años de importante crecimiento y redistribución dan cuenta de esta situación. Si se quiere lograr un proyecto de nación con justicia social, se hace necesario romper la dependencia económica. Lo primero es hacer que el dinero generado por los trabajadores argentinos permanezca en nuestro país en función de nuestro interés y beneficio, y no “escape” al extranjero por los mecanismos de la dependencia. Perón afirma al respecto, en torno a la transformación operada por el peronismo, que "éramos un pequeño país sometido al Capitalismo internacional que ahogaba nuestra economía y especulaba con el hambre de los trabajadores argentinos. Éramos un país sin rumbo. ¡Ahora el rumbo es el rumbo de la Patria. Es nuestro rumbo. Vamos donde queremos ir! (…) Podemos decir que trabajando juntos, hemos construido sobre la vieja Argentina injusta, vendida y traicionada; una Nueva Argentina justa, libre y soberana." Asimismo tener en cuenta, la necesidad de avanzar sobre el control de nuestra estructura económica, pues es claro como sostiene Scalabrini Ortíz que "el crédito, la producción de energía y los transportes están íntima e indisolublemente ligados a la existencia de la nación. Ellos no pueden ser propiedades de entes privados que regulen su acción por el camino del lucro y la ganancia, porque el lucro y la ganancia no pueden formarse sobre la satisfacción o la insatisfacción de las necesidades colectivas"
- En contraposición a la idea que circula en “propios”, y que proviene de la penetración de un esquema de pensar en colonial, en torno a que (y “curiosamente” coincidiendo con el pensamiento liberal), en base a las transformaciones en el mundo actual se hace imposible “volver” a un modelo de desarrollo industrial que se centre en el trabajo formal, desarrollando las bases materiales del país. Este pensamiento, al mismo tiempo, lleva a la naturalización que millones de argentinos vivan en la miseria. Esta idea es tomar una derrota política de un proyecto de nación como inexpugnable y concluir en el “fin de la historia”. Un ejemplo histórico nos permite reflexionar acerca de esta cuestión: si ante la derrota del proyecto de desarrollo endógeno en el siglo XIX, se hubiese concluido la imposibilidad del desarrollo industrial por el triunfo del modelo agroexportador, no hubiese existido el peronismo y su modelo de desarrollo nacional (que retoma la mejor tradición nacional), y antagónico al semi-colonial, agroexportador, dependiente. Sin negar ciertas transformaciones en los procesos productivos, lo que no implica concluir la imposibilidad de un proyecto de nación anclado en el desarrollo industrial que permita resolver la cuestión nacional. Juan José Hernández Arregui argumenta al respecto que “sin industrialización no hay independencia económica base de la soberanía nacional (…) Toda industrialización es un intento consciente del país que ejecuta para alcanzar la plena soberanía”.
- En contraposición a un modelo que hace énfasis en la agenda de las minorías, la vuelta a los grandes temas nacionales, los intereses de las mayorías populares. Romper con el abandono de la búsqueda de solución a las problemáticas de las mayorías populares en virtud de la imposición de la lucha por las libertades individuales. Estas no pueden ser el centro de los debates y las que marcan el “ritmo” de la política. Los movimientos nacionales justamente son nacionales en torno a que avanzan en la solución, a partir de la aplicación de un criterio propio, de las problemáticas del pueblo argentino, construyen y levantan la agenda política de las mayorías. Resulta que el progresismo con la adopción de cuanta agenda “a la moda” este “dando vueltas”, está atravesado por la incomprensión y la invisibilización de las cuestiones nodales de nuestra patria emancipada a medias, fundamentalmente la dependencia. Varios casos hay en los que colisiona con los intereses de los sectores populares y de la nación. Esta agenda progresista lleva a la profundización del individualismo. Alejadas de las tradiciones de lucha del pueblo argentino, de sus anhelos, de las tradiciones populares, de nuestra historia, etc. Construyen un pensamiento abstracto que pretenden aplicar a una realidad concreta que no se adecua al mismo. Hernández Arregui sostiene que “cuando la “intelligentzia” de un país recibe su lumbre espiritual no del “humus” colectivo, sino de los focos externos con su luz extenuada por la distancia cultural, cuando los intelectuales se alejan del pueblo, se opera al mismo tiempo la deformación de la historia, y el pueblo es negado o desechado”.
- En base a este último punto, cabe destacar que en la actualidad se observa la imposición de los intereses del individuo, el hedonismo, el Yo por encima del Nosotros, el “sálvese quien pueda”, la ruptura de la solidaridad, la discursividad contra la “injerencia” del estado en asuntos “privados”, la satisfacción del placer del individuo sobre todo, etc. todo lo cual destruye los lazos sociales, los valores comunitarios, la cohesión nacional y la posibilidad de vida en comunidad. Desaparece la idea de un destino común compartido por los habitantes de nuestro país. No hay trascendencia posible, no por casualidad Perón afirma que “sin claridad de objetivos, sin base ideológica común que reúna a los hombres que sientan de una misma manera lo que consideran fundamental para el país”. Ante esta situación se opone la reivindicación de los valores comunitarios expresados en la comunidad organizada. El mismo Perón sintetiza que los individuos solo pueden realizarse en comunidad, y que “el tránsito del yo al nosotros no se opera meteóricamente como un exterminio de las individualidades sino como una reafirmación de éstas en función colectiva”
- Otra cuestión a tener en cuenta, en relación al último punto es la ruptura del “empoderamiento individual”, o bien de la lógica de “círculo” o el “vanguardismo iluminado”. Contra esa idea aparece el pilar de la construcción de la comunidad organizada que no es otro que las organizaciones libres del pueblo, ya que “no está en manos del gobierno el organizarlas, porque esa organización, para que sea eficaz y constructiva, debe ser popularmente libre”. No resulta casual que en los últimos años de imposición liberal o neoliberal se haya procurado fuertemente debilitar a estas organizaciones como otras instituciones que también general cohesión nacional. Así la comunidad organizada encuentra entre sus pilares a los sindicatos, partidos políticos, sociedades de fomento, clubes, comisiones vecinales, organización de productores, comerciantes, cooperativas, cooperadoras, etc. En este sentido Perón afirma que “al sentido de la comunidad se llega desde abajo, no desde arriba; se alcanza por el equilibrio, no por la imposición.”
- En vinculación a esta última cuestión se hace presente el debate en torno a la preeminencia otorgada (en los últimos años, no obstante ser un debate que atraviesa nuestra historia), a los sectores juveniles, mayormente universitarios de sectores medios en detrimento de los trabajadores organizados. Los sectores medios muchas veces con su soberbia “intelectual” pretenden erigirse en los únicos capaces de ocupar puestos de decisión política, muchos no creen que los trabajadores estén capacitados para ello, colonizados pedagógicamente piensan en términos de “civilización y barbarie”. La experiencia histórica demuestra más bien lo contrario. Si bien es cierto que todos los sectores constituyen parte del movimiento nacional y tienen representación, es claro que dentro de la tradición nacional la preeminencia siempre estuvo centrada en los trabajadores, a los cuales se los define, ya sabemos, como la columna vertebral del mismo. Es que los sindicatos constituyen una de las principales de esas organizaciones, sino la principal organización libre del pueblo, Perón sostiene que “en la comunidad a que aspiramos, la organización de los trabajadores es una condición imprescindible para la solución auténtica de los problemas argentinos”. John William Cooke manifiesta que si bien el peronismo es un movimiento que tiene una composición policlasista, la ideología debe ser la de la clase trabajadora. Es claro que el peronismo le dio representación real a los trabajadores a través de lugares en el parlamento, ministerios, embajadas, etc. Perón había remarcado que “cuando los obreros hayan renunciado a intervenir en los destinos del país, ese será un sentimiento suicida para su propia clase y para sus propias organizaciones.”
- Por otro lado, en contraposición al progresismo liberal de izquierda se levantan las banderas del nacionalismo popular. Este ha sido una forma original en que los países semi-coloniales de Nuestra América le dieron respuesta a la penetración imperialista. Así, el caso de la Argentina resulta emblemático con el peronismo, no obstante es una manifestación que recorre prácticamente todo nuestro continente. Jauretche, desde FORJA, asevera que “al espíritu colonial de entrega, se opone equivocadamente un espíritu colonial de rebelión”, por eso “hacer la nación: esa es nuestra tarea y traición es todo lo que se le oponga… Es necesario unirse bajo la gran bandera de la causa argentina”.
- Romper también con el “anti-militarismo abstracto” que pregona que todo lo que proviene de las Fuerzas Armadas es negativo. Fruto de esa visión (y de otras cuestiones también claro, que escapan a estas líneas), se ha producido un abandono de una política de recuperación de esta institución en tanto componente fundamental para la defensa nacional y el desarrollo industrial. Resulta entonces urgente recuperar y replantear rol de las Fuerzas Armadas en un país semi-colonial como la Argentina, integrándolas a un proyecto nacional, dado que como sostiene Jauretche “sin política nacional no hay ejército nacional y recíprocamente”. Es necesario entonces tener una política nacional, y la conformación de un proyecto de nación para definir el papel de las mismas, ya que como afirma Ramos “el ejército de un país semi-colonial, situado en el extremo austral de un continente periférico, no puede permanecer ajeno al debate de los grandes problemas nacionales.
- Por último, sin cerrar que haya otras aristas a destacar, consideramos central también destruir el discurso de la desmalvinización. Ese discurso, la mayor de las veces es tomado, por su formación vinculada el pensamiento colonial que enseña a pensar a contrapelo de las necesidades del país, por el progresismo. Se han adoptado todas las ideas del discurso desmalvinizador, se aborda la cuestión a “gusto del paladar” de los piratas usurpadores de nuestro territorio, desde “los chicos de la guerra”, “la guerra inútil”, “la idea del borracho loco”, “la de las víctimas y no héroes”, “la que fueron víctimas de la dictadura y no del imperialismo británico”, “que fueron al luchar por Galtieri”, por tomar algunas. Romper con la desmalvinización, recuperar la conciencia nacional en torno a la cuestión Malvinas, que perdura en las tradiciones populares, rescatando la gesta patriótica parte de la larga lucha del pueblo argentino contra Inglaterra, develar el papel del imperialismo británico, entre otras cuestiones, resulta central para volver a pensar estratégicamente la recuperación de nuestras islas arrebatadas.
En este breve recorrido, procuramos remarcar algunas de las cuestiones vinculadas a la tradición nacional que nos permiten pensar la realidad nacional, y orientarnos en el presente para buscar soluciones a las problemáticas de nuestra Patria, y poder lograr la derrota definitiva del neoliberalismo y la emancipación nacional.

Publicado originalmente en Revista Zoom

martes, 5 de noviembre de 2019

Homenaje a la gratuidad universitaria en la Universidad de Rosario


CON UNA PEQUEÑA AYUDA DE MIS AMIGOS



Saludar no obliga a nada y puede reportar un gran beneficio. Con esta idea en mente el presidente norteamericano Donald Trump llamó el viernes 1º a Alberto Fernández, para felicitarlo por el triunfo del domingo 27 de octubre. Con este simple gesto corrigió el dedo admonitorio de su Secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, quien dos días antes advirtió, palabras más o menos, que “las deudas se pagan”. En realidad, el mandatario hizo un pedido de ayuda: en la misma semana en la que la Cámara de Representantes de mayoría demócrata puso en marcha la fase testimonial previa al juicio político contra el jefe de Estado, al llamar a Alberto Fernández antes de que éste viaje a México, Trump le hizo un guiño para que empiecen a conversar. Nada más ni nada menos, pero es mucho.
Tanto López Obrador como Fernández están extremadamente condicionados por los problemas internos y sus constreñimientos internacionales. Después de 37 años de neoliberalismo y de una “guerra contra el narcotráfico” que entre 2006 y 2018 dejó 120.000 muertos, México necesita paz en sus fronteras y que entre en vigencia el nuevo tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá que remplaza al TLCAN que Donald Trump abrogó en 2017. Pero la ratificación del acuerdo en la Cámara de Representantes de EE.UU. depende de la evolución del juicio político contra el presidente norteamericano y López Obrador no puede esperar tanto para recuperar espacio de maniobra internacional. Por ello se abraza fervientemente al vínculo con el venidero gobierno argentino.
Para el próximo equipo peronista, en tanto, la relación con México es una alternativa al bloqueo y sabotaje por el Brasil bolsonarista y la posibilidad, junto con Uruguay y Bolivia, de acordar con las partes del conflicto venezolano una salida pacífica y democrática. Consciente de que no hay alternativa militar, hasta el propio Donald Trump puede estar interesado en un arreglo que dé a empresas norteamericanas con buena llegada a la Casa Blanca una chance en la industria petrolera del país suramericano.
Hasta las elecciones primarias del 11 de agosto pasado Donald Trump no escatimó los gestos de apoyo al gobierno de Mauricio Macri: reuniones, fotos en común, declaraciones y una masiva presión, para que el Fondo Monetario Internacional (FMI) regale el 60% de su capital. Se trataba de evitar que Argentina estrechara sus lazos con China. Sin embargo, Macri fracasó y ahora Washington busca reducir el daño.
Para redondear, el pasado jueves 31 la Cámara de Representantes decidió iniciar el juicio político al presidente Donald Trump por el escándalo conocido como la “trama ucraniana”. Se trata de la denuncia contra el mandatario por haber presionado a su colega de Ucrania, Volodimir Zelensky, para que investigue las actividades empresarias de Hunter Biden, el hijo del ex vicepresidente de Obama, Joseph “Joe” Biden, quien es uno de los principales precandidatos presidenciales demócratas. Cuando en febrero de 2014 un golpe de estado orquestado por EE.UU. derrocó al gobierno ucraniano, Rusia recuperó Crimea y las provincias orientales rusófonas de Lugansk y Donetsk se alzaron en armas contra Kiev y todavía son autónomas. En aquel momento Hunter Biden se incorporó a la dirección de Burisma, la principal distribuidora de gas del país, controlada por el oligarca Mykola Zlochevsky, quien se especializaba en desviar al mercado negro el gas ruso que Ucrania compraba.

Tanto el presidente Obama como el secretario de Estado Kerry y la entonces consejera de Seguridad Nacional Susan Rice conocían las actividades del joven Biden. Sea cierto o no que el presidente Trump presionó a su recién electo par ucraniano, para que investigara a un ciudadano norteamericano (éste es el tenor de la acusación), los demócratas enfrentarán serias dificultades para justificar el proceso y es improbable que el mismo prospere en el Senado, controlado por los republicanos, y en un año electoral. Sin embargo, al poner en marcha la fase testimonial del juicio, la mayoría de la Cámara intenta, a la vez, desprestigiar públicamente al mandatario en plena campaña electoral y agudizar el conflicto con Rusia.
El proceso les sirve también para condicionar la aprobación del Tratado de Libre Comercio con México y Canadá (T-MEC), una de las cartas presidenciales para la reelección, asimismo contestada por la oposición con el argumento de que el presidente no ha apoyado suficientemente a las empresas estadounidenses frente a la nueva política petrolera de Andrés M. López Obrador.
El petróleo tiñe también la política mediooriental de EE.UU. A principios de octubre el Trump ordenó el retiro de las fuerzas norteamericanas de Siria, propició el entendimiento entre Vladimir Putin y Recep T. Erdogan, por un lado, para controlar la frontera sirio-turca, y, por el otro, el acuerdo entre el gobierno de Damasco y las milicias kurdas, para que el ejército sirio se despliegue en el norte y este del país como protección contra Turquía. No obstante, dejó en el país 200 efectivos, para ocupar los pozos petroleros en el Este y seguir exportando en beneficio propio el mineral por 30 millones de dólares mensuales.
A la agudización del conflicto de Medio Oriente contribuye también el bloqueo norteamericano contra el financiamiento internacional de Hizbulá que ha llevado desde hace dos semanas al cierre de todos los bancos de Líbano y a una crisis socioeconómica general que ya ha provocado la renuncia, el pasado lunes 28, del primer ministro sunita Saad Hariri. Con este asedio se pretende empujar al partido de la minoría chiíta libanesa a depender exclusivamente de Irán, para deslegitimarlo internamente y propiciar una nueva invasión israelí. Sin embargo, esta maniobra acarrea peligrosas consecuencias en nuestra región, porque la comunidad libanesa en las Tres Fronteras entre Argentina, Brasil y Paraguay constituye el principal sostén financiero de Hizbulá en nuestro continente. Para preparar este bloqueo, ya hace tres meses los gobiernos de Argentina y Paraguay han etiquetado al partido libanés como “terrorista” y militarizado la zona fronteriza, justificando así la intromisión norteamericano-israelí y opacando el narcotráfico que involucra a funcionarios de todos los gobiernos.

El jefe de Estado de EE.UU. necesita dar señales de liderazgo, para contrarrestar el cerco que los demócratas van a montar en los próximos meses en la Cámara de Representantes. Si bien Argentina no ocupa un papel importante en las percepciones del público estadounidense, el encaminamiento de las negociaciones con el FMI y una gestión diplomática que aliviare la crisis venezolana serían, entonces, muy bienvenidos en el Salón Oval. Por eso es que al presidente estadounidense no le cae mal el vínculo entre Alberto Fernández y AMLO. Si el mandatario mexicano y el futuro jefe de Estado argentino encaminan una negociación exitosa sobre Venezuela que, a la vez, considere el interés económico estadounidense, el jefe de la Casa Blanca podría ayudar a repactar el pago de la deuda con el FMI y a aliviar las tensiones en su frontera sur. Donald Trump necesita una ayudita de sus amigos, pero sabe devolver los favores.

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