domingo, 18 de octubre de 2020

Apuremos el Paso

  Propuestas del Grupo Bolívar 


Extraído de Ser Industria


El Grupo Bolívar dio a conocer un documento titulado “Apuremos el paso”, elaborado por César Crocitta y Bruno Capra. El mismo señala que “estamos oscilando en torno a un centro que no nos atrevemos a tocar y esa timidez hecha de prudencia, nos desgarra a favor de pocos. Es la hora de enfrentar el tema”.

El texto exhorta al gobierno de Alberto Fernández a “poner el rumbo a los grandes objetivos nacionales” y usar los recursos para, entre otras acciones, avanzar con el Canal Magdalena, canalizar el río Bermejo, activar la industria naval y construir un millón de viviendas. Tras indicar que “hay 200 mil millones de dólares en los colchones” propone “instrumentos para ponerlos al servicio del país”.

El Grupo Bolívar, que integran Fernando Vaca Narvaja, Miguel Belardi, Bruno Capra, Cesar Crocitta, Carlos Levinton, Daniel Llermanos, Daniel Numerowsky, Juan Enrique, Luis Duarte, Marta Toresin, Raquel Pina, Conde Ramos, Rodolfo Games, Armando Nieto, Denis Vilardo, Eduardo Perez Bayo, Fernando del Giúdice , Juan Zion, Hugo País y otros dirigentes, reclama “alcanzar rápidamente el pleno empleo con los 20 Millones  de trabajos dignos que son necesarios”.

 

EL TEXTO COMPLETO

“Hay que cerrar las canillas por donde se va la riqueza. Tenemos más de 15.000 millones de superávit comercial, y permitimos que mediante maniobras se transfieran al exterior más de 10.000 millones de dólares mediante distintos mecanismos. Es necesario poner al BCRA al servicio de la defensa del patrimonio nacional. Único camino para terminar con la pobreza.

Desde el GRUPO BOLIVAR recordamos, hoy, que en 10 meses de gobierno, les transferimos a los sectores ahorradores de la sociedad que operan en Argentina (Bancos) la suma del equivalente a 6.000 millones de dólares en  intereses, innecesariamente,  pagados por las Leliqs.  Hay que fijar la tasa de interés en 0%, y  ofrecer cuentas de ahorro en pesos actualizables por la variación del dólar oficial. Ya los bancos demostraron que están dispuestos a usar este instrumento. Salimos desde el BCRA con una oferta para colocar en pesos el equivalente a 500 millones de dólares y los bancos nos ofrecieron 1700 millones de dólares que tomamos.  Esto no nos cuesta prácticamente  nada de interés, ya que la tasa pactada fue 0,10 anual.  Este es el mecanismo para crear el tan declamado mercado de ahorro en pesos. Hay que ofrecerla preferentemente al público, en cajas de ahorro común actualizables por dólar oficial. La gente para proteger sus ahorros no va a tener que comprar dólares.

Usemos la imaginación y movilicemos los recursos disponibles. Hay que poner el rumbo a los grandes objetivos nacionales.

Hay cerca de 200.000 millones de dólares en los colchones. Debemos diseñar instrumentos para ponerlos al servicio del país, ofreciendo tasas de interés atractivas, que motiven a los poseedores colocarlos en el sistema bancario. Tenemos que crear cuentas de ahorro en dólares para el público, ofreciendo 4% de interés anual pagaderos los intereses en pesos. Con los fondos que se capten, administrados por el Fondo de Garantía de sustentabilidad de los Jubilados, (símil del Fondo de Garantía Noruego), pongamos en marcha todos los proyectos de envergadura, con capital nacional, realizados por Pymes nacionales, que nos facilite alcanzar rápidamente el pleno empleo con los 20 millones de trabajos dignos que son necesarios.

Usemos esos recursos, por ejemplo, hagamos el Canal Magdalena, la canalización del Rio Bermejo, permitiendo extender la frontera agropecuaria bajo riego y darle conectividad barata a todo el NOROESTE Argentino y facilitando la vuelta a su tierra a millones de argentinos. 1.700 Km de nuevas vías navegables hasta Bolivia.  Pongamos en marcha toda la industria Naval Nacional, llenando de órdenes de trabajo todos los astilleros. Hagamos rápidamente 1.000.000 de viviendas con Economía Circular, poniendo en marcha miles de Pymes, con insumos que faciliten la tarea. Pongamos en marcha todos los proyectos energéticos posibles haciendo de la Energía un Insumo Estratégico, al igual que la alimentación. Renovemos y ampliemos la estructura ferroviaria, utilizando las fábricas argentinas de capital interno. Proponemos también una revolución del empleo construyendo una red vial, con Pymes nacionales.  Los recursos están todos en Argentina. Usemos la organización del Estado para facilitar a los que tengan imaginación que se desarrollen y para que sea para ellos, derogando la ley de inversiones extranjeras, y así le sirvan a los argentinos para terminar con la pobreza y generando el pleno empleo con mayor calidad, progresivamente. Todo crecimiento, desde el gobierno Cívico Militar, fue capturado por empresas extranjeras en Argentina que están igualadas en derechos con las nacionales, lo que es un absurdo a reformar lo antes posible. Hoy es necesario terminar con los 4 secretos, 1) Bancario, 2) Aduanero, 3) Fiscal y 4) Estadístico, todos afinados por el Macrismo que no facilitan el trabajo a los funcionarios honestos y facilitan las maniobras fraudulentas.

Con el crecimiento a disposición de nuestra sola voluntad, seguimos desde 1976 accionando en diferentes velocidades, estructuralmente en contra de nosotros mismos, al no tomar nuestras propias decisiones que nos conduzcan a un bienestar posible. ¿Qué tal si lo enfrentamos?”

 

Bruno Capra / César Crocitta

Grupo Bolívar

Lealtad

 Por Luis Gotte, 17 de octubre de 2020


La LEALTAD es una virtud que distingue al Justicialista, garantiza la unidad en comunión de los que llevan la prédica en sus corazones.

La LEALTAD es un sentimiento más que una idea o un acto de voluntad. Nace desde el espíritu, más no en nuestra mente.

La LEALTAD asume el cumplimiento de aquello a lo que somos fieles, a nuestro pueblo trabajador.

La LEALTAD es el Verbo hecho carne, permite que el espíritu del hombre logre lo que piensa que es imposible.

La LEALTAD es firmeza en los afectos y en las ideas que lleva a no engañar ni traicionar a nuestro pueblo.

La LEALTAD justicialista es lo que condujo a los héroes de la Resistencia a enfrentar los momentos más difíciles y a no mirar atrás, arrebatándole triunfos importantes a los tiempos de sufrimientos.

La LEALTAD jamás promete recompensa alguna. Tampoco quiere mártires.

La LEALTAD tiene tres aristas cardinales: el honor, cualidad que nos lleva al cumplimiento de los deberes asumidos como justicialistas con respecto a la Patria, al Movimiento y a nuestro pueblo; la fidelidad, en lo que se refiere a cumplir con lo que dice nuestra Doctrina y nuestras XX Verdades; y la gratitud, que es eterna con aquél gran argentino que supo conquistar a la masa del pueblo con Justicia Social.

La LEALTAD no es el resultado de una deliberación mental para elegir lo que es correcto. Es intuición, impulso y corazón de saber lo que es y que no es justo.

La LEALTAD es un asunto serio y real, debe ser vivida y practicada, solamente así se podrá vencer los ataques del enemigo y se avanzará con la frente en alto.

La LEALTAD a nuestros sanos valores y principios originales en que se sustenta la vida de nuestro pueblo, convertida en Doctrina y en Teoría política para su ejecución. No se puede ser leal a varios amos, ni liberal ni marxista.

La LEALTAD permitió que existieran hombres y mujeres, como Rucci y Eva, que dejarán huellas imborrables.

La LEALTAD es una virtud que es necesario recuperar para que podamos enfrentar los desafíos de los días por venir.

 

Que Dios nos ayude a entender la carga grande que implica ser LEAL. Luchemos por lograr la lealtad que el JUSTICIALISMO nos demanda, no defraudemos a nuestro pueblo.

 

 Ser leal con Perón, nuestro único conductor y con nuestro pueblo, es nuestro deber.

Nuestro ¡Viva Perón! es grito de lealtad a la doctrina peronista

 Julio PIUMATO para Infobae


 

De pronto alzó la frente y se hizo rayo

(¡era en Octubre y parecía Mayo!),

y conquistó sus nuevas primaveras.

El mismo pueblo fue y otra victoria.

Y, como ayer, enamoró a la Gloria,

¡y Juan y Eva Perón fueron banderas!” (Leopoldo Marechal)

 

El 17 de Octubre de 1945, épica nuestra, fecha fundacional imborrable del destino manifiesto de los argentinos en nuestros 500 años sin respiros ni fatigas, marcó el inicio de la única revolución social y en paz que vivió la Argentina. Bisagra cardinal que significó la concreción del primer proyecto de Nación en beneficio de la totalidad de los argentinos sin exclusiones. Irrupción masiva de millares de trabajadores y humildes surgidos del “subsuelo de la Patria sublevada” según describió Raúl Scalabrini Ortiz, movilizados por la liberación del Coronel patriota a quien consagrarían como su líder, dando nacimiento al Peronismo. Es en este sentido, que hace décadas vengo insistiendo en que fueron los trabajadores movilizados los que dieron nacimiento al Peronismo en ese enorme aluvión de voluntad y lealtad popular en defensa de quien, desde la modesta Secretaría de Trabajo y Previsión, los había señalado como los verdaderos artífices de la riqueza nacional y había impulsado la legislación que dignificaba su trabajo y mejoraba la condición de vida de sus familias.

Por esa razón había sido desplazado y encarcelado el 9 de octubre de ese año. El día de su liberación, en su mensaje al pueblo, además de anunciar la convocatoria a elecciones como condición a sus captores que le exigían que tranquilizara a las multitudes y desactivara la concentración popular, dejó un consejo final que me interesa recordar por la vigencia medular para el tiempo que vivimos. Exhortó: “Trabajadores: únanse; sean hoy más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa tierra la unidad de todos los argentinos.” Sabio consejo que cuando los dirigentes supieron hacerle honor, acompañó los mejores momentos de los trabajadores argentinos. El recuerdo de los logros de la revolución justicialista así lo atestigua: en 1953, la participación de los trabajadores en la renta nacional fue la más elevada de la historia, cuando el fifty-fifty entre capital y trabajo alcanzó al 54 % para los trabajadores. Y a fines del año 1974, como consecuencia de las políticas que se desarrollaron a partir de 1973 y al Pacto Social, el salario real del trabajador argentino alcanzó el nivel más alto de nuestra historia. De 1983 al día de hoy, estos números son una enorme quimera.

Tiempos aquéllos en que la CGT estaba unida. Y fue la unidad del movimiento obrero organizado la que permitió cumplir el mandato del General Perón, quien al anunciar un 24 de febrero los Derechos del Trabajador, puso a la CGT como custodia para garantizar que esos derechos perduraran y no fuesen conculcados.

 

También reconoció el derecho a las organizaciones sindicales, auténticas organizaciones libres del pueblo, de participar activamente en la discusión e implementación del modelo de Nación a la que aspiraban. Por esta razón, el movimiento obrero organizado en una única CGT se constituyó como columna vertebral del Proyecto Nacional y, por lo tanto, del Peronismo como federación de organizaciones libres del pueblo con centralidad en los trabajadores. Mientras lo fue en forma efectiva, el Peronismo tuvo programa de gobierno, tuvo a la planificación como herramienta de un Proyecto Nacional independiente, a la Comunidad Organizada como modelo civilizatorio alternativo y a los trabajadores organizados como garantía de su cumplimiento.

La dictadura cívico militar del 24 de marzo del 1976 impuso a sangre y fuego con un brutal genocidio -del que los trabajadores y sus organizaciones sindicales fueron el principal blanco represivo-, un programa económico de especulación sobre la producción, de desnacionalización sobre la economía nacional, del individualismo sobre la solidaridad y de concentración económica sobre la justicia social. Y así como el Proyecto Nacional de Perón tuvo al movimiento obrero organizado como columna vertebral, la dictadura hizo de la nueva Ley de Entidades Financieras de Martínez de Hoz, su propia columna vertebral, transformando con ella el ahorro nacional que había sido eje de financiación del consumo popular y de la inversión pública, en botín de la especulación financiera trasnacional, iniciando un proceso de saqueo incesante de nuestras riquezas que se continúa al momento en que esto escribimos.

En 1983, la vuelta a una democracia de tipo liberal que el Peronismo había superado con el modelo de democracia social, orgánica y directa, devolvió a los argentinos sus derechos civiles y políticos, pero nunca restituyó a los trabajadores -que fuimos quienes llevamos adelante la heroica resistencia a la dictadura que nos costó miles de víctimas los derechos que la dictadura conculcó. Los trabajadores y los humildes de la Patria pagábamos el costo de una dirigencia sin conciencia nacional que mantendría inalterable hasta la actualidad la Ley de Entidades Financieras causante del genocidio y la decadencia nacional. Aun cuando fueron Juzgados los responsables del genocidio, insólitamente no se tocó la Ley de Martínez de Hoz, verdadera causal de la violación de los derechos humanos de tantos argentinos en aquellos años dolorosos. Y digo más: causal de las cifras actuales de pobreza e indigencia que, aunque no se lo diga con la fuerza necesaria, permite que se continúen violando los derechos de millones de argentinos con la violencia cruel del hambre, la desocupación, la exclusión y el “descarte.”

De la misma forma, el retorno a una democracia formal parece haber hecho caer en la amnesia total a la dirigencia respecto a la vitalidad del testamento póstumo que Perón legó: síntesis de su experiencia histórica, profético y pleno de esa sabiduría que nos permitió pensar el devenir del mundo varias décadas antes de que los hechos se produjeran. Porque en el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, pueden encontrarse hoy mismo las bases para reconstruir la Argentina con Independencia económica, Soberanía política y Justicia social.

Por eso, al recordar el 17 de Octubre debemos fundamentalmente reflexionar, y mucho más los que tienen responsabilidades de gobierno o dirigencial, sea ésta sindical, empresarial o social, sobre el significado de aquella gesta no como una anécdota histórica del museo de los recuerdos, sino como el inicio de un proceso histórico que, aún en un mundo bipolar y hostil, permitió a los argentinos vivir dignamente y proyectar un futuro para toda la Nación. Hoy, el Papa Francisco señala que la pandemia como toda crisis profunda, puede derrumbarnos definitivamente o ser una oportunidad.

Para los trabajadores, para los peronistas, para todos aquellos que ansiamos una Argentina justa y que somos conscientes de la potencialidad que tiene nuestra Patria por sus riquezas y por la capacidad de nuestro Pueblo, esta es una oportunidad que no podemos desperdiciar. Contamos con el bagaje histórico de los últimos 75 años para volver, como enseñó Perón, a ser “artífices de nuestro propio destino y no presas de la ambición de nadie.” No será fácil, nunca lo fue, pero tampoco será imposible: necesitamos patriotismo, fundamentalmente en los dirigentes, que vuelvan a ser un ejemplo de humildad, entrega, honestidad y solidaridad. Que vuelvan a señalar nuestro camino: que nadie se realiza en una comunidad que no se realiza. Que convoquen a trabajar para la verdadera unión de todos los argentinos en un proyecto que nos contenga y nos permita participar en la reconstrucción nacional.

Por nuestra parte, los dirigentes sindicales tenemos la responsabilidad de concretar la unidad en una única CGT, que es reclamo de los trabajadores y reaseguro de poder impulsar un Proyecto Nacional que nos devuelva protagonismo efectivo. Sobre esa unidad podremos reconstruir la unidad de todos los argentinos, como lo expresó Perón aquel glorioso 17 de Octubre de 1945, que seguirá vertebrando los desafíos actuales para el país y para las organizaciones libres del pueblo.

Por eso, nuestro ¡Viva Perón! hoy es grito de lealtad y fidelidad a los principios de la doctrina peronista que nos enseñó una ética política, la del sentido heroico de la vida que legó el General, la del amor y la igualdad que enseñó Evita, la del camino de combatir al capital, la del continentalismo de ganarle al imperio para hacer realidad la Argentina Grande con la que San Martín soñó. Este 17 de octubre ratifiquemos con más ahínco nuestras banderas históricas, nuestra doctrina y la lealtad con la Patria y el Pueblo que, más temprano que tarde, logrará la unidad nacional para que desde los cimientos profundos, desde bien abajo, podamos cantar con Marechal: “El mismo pueblo fue y otra victoria. Y, como ayer, enamoró a la Gloria.”

 

sábado, 17 de octubre de 2020

Día de la Lealtad

 


El 17 de octubre y la Revolución Justicialista

 Aritz Recalde, Octubre 2020

Extraído de OPINARG

El pueblo vence. El pueblo venía siendo derrotado por la oligarquía desde la Batalla de Caseros. Las guerras de policía de Mitre, los fusiles Remington de Sarmiento, las persecuciones a las montoneras y las represiones en Vasena y en la Semana Trágica habían regado de sangre trabajadora el suelo argentino. 

El 17 de octubre de 1945 tuvo a la clase obrera como el gran sujeto de la historia y en esa oportunidad no sólo triunfó sino que determinó la orientación de la política argentina. Con el fenomenal hecho de masas que, se calcula, movilizó 500 mil almas, el pueblo derrotó a las embajadas británica y norteamericana, así como a los representantes de capital concentrado reunidos en la SRA, la UIA y la Bolsa de Comercio.  La movilización debilitó a la oposición de los grandes partidos tradicionales (UCR, PS, PC y Conservadores), del periodismo comercial y de un sector militar enfrentado al proceso de cambio iniciado con la Revolución de junio de 1943.

Las bases empujan a la dirigencia y ganan la calle. El programa político y social iniciado en el año 1943 encontró una enconada resistencia tanto en sectores internos como internacionales. EUA, Inglaterra y la Unión Soviética cuestionaron el neutralismo del gobierno argentino en la Segunda Guerra y lo caracterizaron como parte de una estrategia de apoyo al frente alemán. Como resultado de las presiones diplomáticas y de los bloqueos económicos, el presidente Edelmiro Farrell emitió el decreto 6945 del 27 de marzo, declarando la guerra a Alemania y a Japón. La medida encontró oposición dentro del nacionalismo argentino y, si bien redujo la hostilidad internacional contra el país, el abandono de la neutralidad no impidió la campaña política pública y agresiva contra Perón, ejecutada por el embajador norteamericano Spuille Braden y por el Partido Comunista. 

El gran empresariado se opuso a la obra social de la Revolución del '43, cuestión frente a la cual Perón manifestó que era natural que frente a la reforma “se hayan levantado las fuerzas vivas, que otros llaman los vivos de las fuerzas (…) ¿En qué consisten esas fuerzas? En la Bolsa de Comercio, quinientos que viven traficando con los que otros producen; en la Unión Industrial, doce señores que no han sido jamás industriales”.

Los altos niveles de aceptación popular de las medidas sociales, fueron un llamado de atención para los partidos políticos tradicionales que vieron en Perón el riesgo que de que se prolongue la Revolución de 1943. Estos grupos iniciaron una dura campaña contra el gobierno desde el periodismo, que era mayoritariamente opositor. Organizaron movilizaciones y acciones callejeras destacándose la Marcha de la Constitución y la Libertad (19/9/45).

Empujados por la estrategia opositora, el 8 de octubre se produjo un amotinamiento militar en Campo de Mayo. En este escenario, el día 9 de octubre Juan Perón presentó la renuncia a todos sus cargos. En su último discurso al frente de la Secretaria de Trabajo y Previsión afirmó a los trabajadores: “venceremos en un año o venceremos en diez, pero venceremos. En esta obra, para mí sagrada, me pongo desde hoy al servicio del pueblo (…) y si algún día, para despertar esa fe, ello es necesario, me incorporaré a un sindicato y lucharé desde abajo”.

A partir del 9 de octubre los hechos se sucedieron rápidamente. Pese a haber renunciado a sus funciones, Perón fue encarcelado y conducido a la Isla Martín García. El día 12 las patronales se opusieron a pagar el aguinaldo ya convenido y se inició la típica revancha clasista que luego se reiteraría en 1955 y en 1976. Los partidos políticos organizaron la transición contrarrevolucionaria con el lema de transferir el poder a La Corte Suprema de Justicia. Mientras tanto, los rumores del encarcelamiento y del peligro de la vida del General circularon entre las barriadas humildes. El día 16 se reunió el Comité Central Confederal de la CGT y con una elección reñida de dieciséis votos a favor y once en contra, se convocó a un paro de 24 horas en defensa de las “conquistas” a realizarse el día 18. En la convocatoria a la huelga no se nombró a Perón, sino meramente al peligro de perder los derechos alcanzados.

Sin esperar la decisión del Confederal, la masa popular se movilizó el día 17 de octubre, exigiendo la vuelta de su líder y consagrándolo como el depositario de la lealtad del pueblo. En la histórica movilización, las bases superaron a sus dirigentes y le otorgaron a Perón un capital político excepcional y sin mediaciones.

El dilema de la clase dirigente. Los militares y civiles opositores presenciaron atónitos la plaza colmada de pueblo pidiendo por Perón. También fueron conscientes de que la policía desobedeció órdenes y levantó los puentes de ingreso a la Capital Federal permitiendo la movilización. El fantasma de la revolución social era un hecho y el régimen estaba en peligro. En ese contexto, un sector militar, entre los cuales estaban Vernengo Lima y Avalos, le propuso a Edelmiro Farrell reprimir violentamente la manifestación con las ametralladoras apostadas en el techo de la casa de gobierno. Farrell se opuso terminantemente y evitó que se produjera un reguero de sangre. Unos días antes, algunos militares ya habían sugerido asesinar a Perón.

Esta tendencia ideológica represiva y terrorista de los militares y los civiles no desapareció en octubre de 1945, sino que siguió vigente. Estos grupos organizaron los atentados contra civiles en 1953, los bombardeos de 1955 y los fusilamientos de 1956, entre otras atrocidades. Esta tendencia política sería hegemónica en la dictadura de 1976, que fue la respuesta al 17 de octubre: la clase dirigente no estaría dispuesta a cogobernar el país con los sectores trabajadores y nacionales. 

¿Por qué se movilizó el pueblo? Jorge Luis Borges consideró al 17 de octubre como “una especie de farsa” y el órgano periodístico Orientación del Partido Comunista caracterizó a los manifestantes como “hordas de desclasados” y “malevaje reclutado”.

En realidad, y para ser más objetivos, hubo dos grandes causas que favorecieron el 17 de octubre. La primera, fue la contundencia de la obra de la Secretaría de Trabajo y Previsión que, en un año y medio, aprobó más convenios y leyes protectoras del obrero y de su familia que todos los gobiernos nacionales anteriores juntos. Dicha efectividad Perón la logró con la intervención de los sindicatos y del partido militar, que le aportaron la agenda de temas a legislar y a resolver, y los cuadros técnicos para implementarlos. El segundo hecho excepcional que favoreció la movilización, fueron las destacadas condiciones de conductor, de orador y de organizador de Juan Domingo Perón, quien supo amalgamar un Movimiento político de articulación de clases y de diversas tradiciones partidarias y culturales.

La participación de los obreros en la obra iniciada en 1943 y su movilización del día 17 generaron las condiciones de posibilidad del Peronismo y a su vez, en un ida y vuelta, el líder potenció y refundó al Movimiento Obrero.

Los trabajadores columna del Movimiento Nacional. El 17 de octubre la clase obrera generó las condiciones para que Perón sea candidato a presidente en febrero de 1946. Los trabajadores aportaron su estructura para la campaña y formaron el Partido Laborista. Luego del triunfo electoral, el Movimiento Obrero ocupó ministerios, cargos legislativos y tareas en las embajadas, entre otros ámbitos. El Estado argentino fue refundado con los Planes Quinquenales y la reforma Constitucional de 1949, y la Revolución Justicialista permitió la universalización de los derechos laborales y sociales a la educación, la salud, el esparcimiento, las jubilaciones y la vivienda.

La clase obrera fue la columna vertebral del proceso político y generó las condiciones de posibilidad de formulación del programa de desarrollo y del despegue productivo argentino. El país inició un histórico ciclo de crecimiento y el sector más dinámico comenzó a ser la industria nacional y el resultado directo de ese proceso fue el pleno empleo.

Una parte de la burguesía no entendió que su propia clase dependía del Movimiento Obrero y acompañó los golpes de Estado contra el peronismo y los trabajadores de 1955 y de 1976. Las dictaduras debilitaron a la clase obrera, que era la base del proyecto político y el dique de contención al liberalismo y a los intereses de las corporaciones trasnacionales. La dictadura de 1976, al destruir el sindicalismo, que era la “gallina de los huevos de oro” del desarrollo argentino, generó las condiciones para el desembarco de la política económica neoliberal de desindustrialización, primarización y extranjerización productiva.

Los legados del 17 de octubre. Gracias a la movilización, se instaló en la agenda política argentina la necesidad de garantizar o al menos de considerar, los derechos de la clase trabajadora. A partir de esa jornada, se desenvolvió con fuerza el Modelo Sindical Argentino y el Movimiento Obrero más poderoso de Sudamérica. La clase obrera adquirió una renovada conciencia social y política de su centralidad en los destinos de la República Argentina. Con base en un Movimiento de trabajadores, se inició un proyecto de desarrollo industrial nacional, popular y antimperialista, edificando un país moderno e integrado socialmente.

 

Ciclo de Formación: Conducción Política de J. D. Perón

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