viernes, 22 de junio de 2018

La Segunda Reforma Universitaria



Aritz Recalde - Leonardo Moyano
Junio de 2018
El legado de los reformistas del año 1918
Hace un siglo se produjo la Reforma Universitaria del año 1918, conformando uno de los sucesos políticos y culturales sudamericanos más importantes del siglo XX. Con justeza, el peruano Raúl Haya de La Torre lo caracterizó como el “más trascendente movimiento de renovación intelectual acaecido en Indoamerica desde la Independencia”.
Europa se encontraba sumergida en una cruenta guerra y en una decadencia política, económica y cultural. Frente a ese panorama, la juventud iberoamericana elevó la esperanza de un nuevo mundo. Los universitarios promovieron activamente la edificación de una cultura humanista, que iba a funcionar como marco para construir una sociedad justa, libre y solidaria.
La Reforma retomó el legado de los pensadores, artistas, dirigentes políticos y trabajadores de nuestra región. Las jornadas reflejan los aires libertarios de la revolución mexicana y el legado intelectual de José Vasconcelos. La iniciativa afirmó los ideales americanistas de la Magna Patria del uruguayo Enrique Rodó y también la causa democrática y social del presidente José Batlle y Ordóñez. El proceso luego se irradió por las diversas universidades sudamericanas, templando la política regional con nuevas consignas y con renovadas banderas emancipadoras.    
La Reforma Universitaria fue pluripartidista y diversa en el plano ideológico. El movimiento expresó los anhelos de cambio social y de democratización electoral, en línea con la presidencia de Hipólito Yrigoyen. Los reformistas bregaron por una universidad comprometida con su tiempo, que garantizara la participación activa de los jóvenes y que estuviera consustanciada con el cambio social y político de los pueblos. La institución tenía que ser forjadora de la conciencia nacional independiente y antiimperialista, contribuyendo a la unidad sudamericana y a un nuevo orden regional y mundial de paz y de fraternidad.
La Universidad de la Segunda Reforma Universitaria
En el contexto de surgimiento y de desenvolvimiento de la Reforma, los trabajadores carecían de derechos sociales y laborales, y en muchos casos las organizaciones sindicales no eran reconocidas institucionalmente. Las represiones de los Talleres Vassena y de la Patagonia son expresiones trágicas de esa realidad. Las mujeres no votaban y tenían cercenadas las posibilidades de estudiar en la universidad. Los modelos productivos del país y de la región eran dependientes y atrasados y se caracterizaban por la escasa industrialización y por la mera exportación de recursos naturales.
Con posterioridad al año 1918, surgieron en todo el Continente diversos movimientos nacionales que intentaron superar el subdesarrollo y emancipar socialmente al pueblo. En ese marco, se conformó una nueva agenda universitaria, científica, cultural y social y eso supuso cambios y actualizaciones a la Reforma.
Los obreros exigieron el derecho a estudiar y a participar activamente de la vida académica. Cumpliendo este anhelo, Juan Perón sancionó la gratuidad de los estudios en el año 1949 y sostuvo que “yo no quiero una universidad para el privilegiado: yo quiero la universidad para el Pueblo (…) hemos de llevar a las universidades profesionales a nuestros muchachos pobres, porque entre ellos, estoy persuadido, hay más inteligencia y más corazón que en los otros”.  La Revolución Justicialista creó comedores estudiantiles subsidiados, horarios nocturnos y promovió becas para jóvenes de bajos recursos y derechos laborales para docentes y nodocentes. El gobierno inauguró la Universidad Obrera Nacional (UON), con carreras de ingeniería orientadas a alcanzar la independencia económica.
En las décadas del cuarenta al setenta, los sindicatos de trabajadores ocuparon un lugar fundamental en la vida nacional y en su origen la Universidad Obrera designó un rector proveniente de la Confederación General del Trabajo. Con justeza, Ernesto “semilla” Ramírez afirmó que “en la universidad no puede lograr hacerse otra cosa que lo que sucede en el país; en este momento el pueblo y su columna vertebral, los trabajadores, asumen el gobierno y también lo tenemos que asumir en la Universidad”. Los universitarios argentinos lucharon por alcanzar los derechos laborales de estabilidad, salario digno, capacitación y carrera académica y administrativa. Con estos antecedentes y por primera vez en la historia, en los años 2006 y 2015 se sancionaron los Convenios Colectivos de trabajo nodocente y docente, respectivamente.
Abandonando posiciones elitistas, las Casas de Altos estudios fueron reconociendo la importancia de incluir en los órganos de gobierno a los docentes (1918), los estudiantes (1918), a los graduados (1956), a los nodocentes (1974) y a miembros de la producción y del trabajo que intervienen en consejos sociales y comunitarios en diversas universidades argentinas.

Ciencia para la emancipación
Los académicos no pueden ser ajenos al acontecer nacional. Los universitarios no nos podremos realizar plenamente en una comunidad que no se realiza. La autonomía no puede convertirse en la justificación de una universidad isla, distante de la realidad nacional y social. Ernesto “semilla” Ramírez lo manifestó con lucidez: “nosotros decimos que vamos a crear una universidad para la liberación (…) lo que no vamos a tolerar es que en nombre de la libertad de cátedra o en nombre de la autonomía universitaria venga a trabajarse en contra del país”. Con esta misma finalidad, entendemos que las instituciones deben orientar sus funciones de docencia, transferencia, cooperación e investigación, para acompañar el desarrollo nacional y la soberanía cultural y tecnológica de los países.
A cien años de las históricas jornadas de Córdoba, seguiremos bregando por edificar:
-       Una cultura y una ciencia nacional y antiimperialista, reconociendo la diversidad histórica, étnica y regional, promoviendo el dialogo interdisciplinario y orientando la actividad académica hacia la solución de los problemas argentinos, sudamericanos y universales;
-       Una universidad abierta al pueblo y en la cual la educación sea un derecho social universal y no un privilegio de elite o de clase;
-       Una comunidad colegiada y democrática de trabajo, en la cual intervengan los cuatro claustros con voz y voto, en dialogo directo y permanente con consejos sociales compuestos con organizaciones de la producción y del trabajo de cada región;
-       Una institución cogobernada, con participación protagónica de los sindicatos y en la cual se reconozcan, garanticen y profundicen los derechos laborales de sus trabajadores docentes y nodocentes;
-       Una conciencia sudamericana que contribuya a la efectiva integración cultural, social, productiva y tecnológica de nuestros pueblos, gobiernos y Estados;
-       Una agenda de investigación, de docencia y de transferencia que contribuya a la formación de cadenas de valor, a la innovación y a la soberanía industrial y tecnológica sudamericana;
-       Una cultura humanista y democrática, que reconozca y que promueva el pleno ejercicio de los derechos humanos, repudiando las dictaduras y la violación del orden constitucional.

Como bien dijo Arturo Jauretche, “el remedio no es menos Reforma, si no más Reforma, es decir más politización (…) entendiendo por politización aproximar más la Universidad al país”.

jueves, 21 de junio de 2018

Actividad en Mendoza


¿Cómo se posiciona Donald Trump?


por Thierry Meyssan

Los electores estadounidenses optaron por Donald Trump porque aspiraban a un cambio de paradigma y, ya en la Casa Blanca, Trump sigue sorprendiendo a quienes lo consideran una especie de desquiciado. Pero Trump no está haciendo otra cosa que aplicar las ideas que ya había desarrollado durante su campaña electoral, inscribiéndose así en una tradición política profundamente enraizada en la historia estadounidense, aunque fue ignorada por mucho tiempo. Haciendo abstracción de su particular manera de comunicarse con la opinión, Thierry Meyssan se concentra en los actos de Donald Trump en relación con sus compromisos.
Durante la campaña electoral que precedió la elección presidencial estadounidense mostramos que la rivalidad entre Hillary Clinton y Donald Trump no tenía tanto que ver con sus estilos respectivos como con la cultura particular de cada uno de los dos candidatos [1]. Donald Trump, recién llegado a la política, cuestionaba la dominación puritana sobre Estados Unidos y reclamaba el regreso al compromiso original de 1789 –inscrito en la Carta de Derechos (The Bill of Rights)– entre los revolucionarios que luchaban contra el rey Jorge y los grandes terratenientes de las Trece Colonias.
Pero Donald Trump no era tan neófito en materia de política: en 2001, ya había manifestado claramente su oposición al sistema el día mismo de los atentados del 11 de septiembre [2] y, posteriormente, con su polémica sobre el lugar de nacimiento del presidente Barack Obama.
En aquel momento tampoco interpretábamos la fortuna personal de Donald Trump como una señal de que actuaría obligatoriamente al servicio de los más ricos sino como prueba de que defendería el capitalismo productivo contra el capitalismo especulativo.
En materia de política exterior subrayábamos que los presidentes George W. Bush y Barack Obama habían iniciado guerras en Afganistán, Irak, Libia y Siria, en aplicación de la estrategia del almirante Cebrowski tendiente a destruir las estructuras de los Estados en todos los países del «Medio Oriente ampliado» (o «Gran Medio Oriente») [3], mientras que, en el plano interno, habían suspendido la aplicación de la mencionada Carta de Derechos y que todo eso había empeorado la situación de los «blancos pobres».
Donald Trump, por el contrario, denunciaba constantemente el Imperio estadounidense y anunciaba el regreso a los principios republicanos, señalando como referencia a Andrew Jackson (presidente de Estados Unidos de 1829 a 1837) [4], y obteniendo así el aval de los ex colaboradores de Richard Nixon (1969-1974) [5].
En materia de política interna, Trump sintetizaba su pensamiento en el eslogan «Make America Great Again», o sea apostando por dejar de lado la quimera imperial para volver al «sueño americano» de enriquecimiento personal. Y su política exterior la expresaba con el eslogan «America First», que nosotros no interpretábamos en el sentido que se le dio durante la Segunda Guerra Mundial sino con su sentido original. En resumen, no veíamos en Donald Trump un neonazi sino un político que se negaba a mantener su país al servicio de las élites transnacionales.
Más sorprendente aún, nos parecía imposible que Trump lograra llegar a un acuerdo cultural con la minoría de origen mexicano y pronosticábamos que facilitaría a largo plazo una especie de divorcio por consentimiento mutuo a través de la independencia de California (CalExit) [6].
No obstante, nuestra lectura de los objetivos de Donald Trump y de su método dejaba abierta la cuestión sobre las posibilidades reales que un presidente estadounidense puede tener para modificar la estrategia militar de su país [7].
Durante 2 años, nuestros artículos han ido contra la corriente de la totalidad de los comentaristas, y hemos sido clasificados como partidarios de Donald Trump, lo cual es una interpretación errónea del sentido de nuestro trabajo. No somos electores estadounidenses y, por ende, no apoyamos a ningún candidato a la Casa Blanca. Somos analistas políticos y sólo tratamos de comprender los hechos y anticipar sus consecuencias.

¿CUÁL ES LA SITUACIÓN EN ESTE MOMENTO?
Tenemos que concentrarnos en los hechos y hacer abstracción de todo lo que Trump dice.
Tenemos que distinguir los resultados de los actos de Donald Trump de lo que constituye la continuidad de sus predecesores así como lo que tiene que ver con la tendencia del momento preciso.
En el plano interno
Donald Trump apoyó una manifestación de los supremacistas blancos en Charlottesville y el derecho a portar armas, incluso después de la matanza de Parkland. Esas posiciones han sido interpretadas como un respaldo a la extrema derecha y a la violencia. En realidad, para Trump se trataba de defender la versión estadounidense de los «derechos humanos», la que se enuncia en la Bill of Rights.
Por supuesto, es válido enumerar las duras críticas contra la definición estadounidense de los «derechos humanos», que nosotros mismos criticamos constantemente, pero ese es otro debate.
A falta de los medios necesarios, está lejos de terminarse la construcción –iniciada por los predecesores de Trump– del muro en la frontera con México. Es pronto aún para sacar conclusiones al respecto. No ha tenido lugar el enfrentamiento con el sector de los inmigrantes hispanoamericanos que rechazan hablar inglés e integrarse al compromiso de 1789. Donald Trump se ha limitado a suprimir el servicio de comunicación pública de la Casa Blanca en lengua hispana.
En el sector del medioambiente, Donald Trump rechazó el Acuerdo de París, no porque no le importe la ecología sino porque ese acuerdo impone un arreglo financiero que sólo beneficia a los responsables de las bolsas creadas para la compra-venta de derechos de emisión de gases de efecto invernadero [8].
En el plano económico, Donald Trump no ha logrado imponer su revolución, que consistía en favorecer la exportación y gravar la importación. Pero sacó a Estados Unidos de los tratados de libre comercio que aún no estaban ratificados, como el Acuerdo de Asociación Transpacífica. Su Border Adjustment Tax fue modificada por el Congreso y ahora está tratando de evadir la oposición de los parlamentarios y de instaurar gravámenes prohibitivos a la importación de ciertos productos, sorprendiendo con ello a los aliados de Estados Unidos y provocando la cólera de China [9].
Al mismo tiempo, Donald Trump encuentra dificultades para iniciar su programa rooseveltiano de construcción y reacondicionamiento de infraestructuras –hasta el momento sólo ha encontrado un 15% del financiamiento. Y tampoco ha iniciado aún su programa de utilización de cerebros extranjeros para mejorar la industria estadounidense, a pesar de tratarse de un tema recogido en su Estrategia de Seguridad Nacional [10].
Sin embargo, lo poco que ya ha podido hacer ha bastado para reactivar la producción y el empleo en su país.

En el plano exterior
En su intento de renunciar al Imperio estadounidense, Trump había anunciado su intención de poner fin al apoyo de Estados Unidos a los yihadistas, disolver la OTAN, abandonar la estrategia del almirante Cebrowski y traer de regreso las tropas estadounidenses que ocupan varios países. Es claramente mucho más difícil reformar el más extenso de los entes federales –las fuerzas armadas de Estados Unidos– que modificar por decreto las reglas económicas y financieras.

El presidente Trump priorizó poner personas de confianza a la cabeza del Departamento de Defensa y de la CIA, para evitar todo intento de rebelión. Reformó el Consejo de Seguridad Nacional restringiendo el papel del Pentágono y el de la CIA [11]. Y de inmediato puso fin a las «revoluciones de colores» y a otras formas de golpes de Estado utilizadas por sus predecesores.
Luego convenció a los países árabes, como Arabia Saudita, para que pusieran fin a su apoyo a los yihadistas [12]. Los resultados de esa decisión no tardaron en aparecer con la caída del Emirato Islámico (Daesh) en Irak y en Siria.
Al mismo tiempo, Trump postergó la disolución de la OTAN y se limitó a agregarle una función antiterrorista [13]. Mientras tanto, en el contexto de la campaña británica contra Moscú, la OTAN desarrolla su dispositivo anti-ruso [14].
Si Donald Trump ha conservado la OTAN ha sido sólo para mantener bajo control a los vasallos de Estados Unidos. Y al mismo tiempo acaba de desacreditar deliberadamente al G7, poniendo con ello a sus desorientados líderes ante sus propias responsabilidades.
Para interrumpir la aplicación de la estrategia de Cebrowski en el «Medio Oriente ampliado», Trump está preparando una reorganización de esa región alrededor de la salida de Estados Unidos de los acuerdos con Irán (o sea el acuerdo llamado 5+1, o JCPOA, y el acuerdo bilateral secreto entre Washington y Teherán) y de su plan para el arreglo de la cuestión palestina. Si bien ese proyecto –que Francia y el Reino Unido ya tratan de sabotear– tiene pocas posibilidades de instaurar una paz regional, al menos permite paralizar las iniciativas del Pentágono. Pero los oficiales superiores preparan ahora la aplicación de la estrategia Cebrowski en la «cuenca del Caribe».
La iniciativa tendiente a resolver el conflicto en la península de Corea, último vestigio de los tiempos de la guerra fría, debería permitir a Trump poner nuevamente en tela de juicio la razón de ser de la OTAN ya que si los países europeos se hicieron miembros de ese bloque militar fue, supuestamente, para evitar en Europa una situación comparable a la guerra de Corea.

A fin de cuentas, las fuerzas armadas estadounidenses ya no serían utilizadas para aplastar pequeños países sino única y exclusivamente para aislar a Rusia y para impedir que China pueda desarrollar sus «Rutas de la Seda».

Citas
[1] «Estados Unidos, ¿se reforma o se desgarra?», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 26 de octubre de 2016.
[2] Ver la intervención de Donald Trump, el 11 de septiembre de 2001, en New York 9.
[3] «El proyecto militar de Estados Unidos para el mundo», por Thierry Meyssan, Haïti Liberté (Haití), Red Voltaire, 22 de agosto de 2017.
[4] “Trump has picked a deeply disturbing hero”, Michael Gerson, The Washington Post, 16 de marzo de 2017.
[5] “Donald Trump’s ‘America First’ Foreign Policy Speech”, by Donald Trump, Voltaire Network, 27 de abril de 2016.
[6] «Balance y perspectivas de Donald Trump», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 5 de diciembre de 2017.
[7] «La alternancia del Poder imperial», por Manlio Dinucci, Il Manifesto (Italia), Red Voltaire, 16 de noviembre de 2016.
[8] «1997-2010: La ecología financiera», por Thierry Meyssan, Оdnako (Rusia), Red Voltaire, 28 de abril de 2010.
[9] «En Estados Unidos, imperialismo contra ultraimperialismo» y «¿Guerra económica o “guerra absoluta”?», por Jean-Claude Paye, Red Voltaire, 3 de junio y 9 de junio de 2018.

[10] Security Strategy of the United States of America, White House, 18 de diciembre de 2017.
[11] “Presidential Memorandum: Organization of the National Security Council and the Homeland Security Council”, por Donald Trump, Voltaire Network, 28 de enero de 2017. «Donald Trump disuelve la organización del imperialismo estadounidense», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 30 de enero de 2017.
[12] “Presidential Memorandum: Plan to Defeat the Islamic State of Iraq and Syria”, por Donald Trump, Voltaire Network, 28 de enero de 2017. “Donald Trump’s Speech to the Arab Islamic American Summit”, por Donald Trump, Voltaire Network, 21 de mayo de 2017.
[13] “Remarks by Donald Trump at NATO Unveiling of the Article 5 and Berlin Wall Memorials”, por Donald Trump, Voltaire Network, 25 de mayo de 2017.
[14] «La OTAN no “obsoleta” se prepara con Mattis para otras guerras», por Manlio Dinucci, Il Manifesto (Italia) , Red Voltaire, 16 de febrero de 2017.

lunes, 18 de junio de 2018

El desafío de los esclavos



Martín Granovsky

Abril 2018

Decía el hashtag que circulaba anoche en Twitter, mientras la Corte Suprema de Brasil se aprestaba a dar luz verde para la prisión de Luiz Inácio Lula da Silva: #LulaValeALuta. Literalmente, Lula, vale la lucha. Era un ejercicio de la voluntad que buscaba sintonizar con el de Lula. A los 72 años, el ex presidente se mueve con la energía de un chico. Incluso hace fierros para soportar caravanas, actos y, como mínimo, un discurso de 45 minutos por día. Lula tiene la determinación de Espartaco, el esclavo que en el 73 antes de Cristo lideró en Roma una rebelión de los esclavos.

Sin voluntad ninguna política es posible. Tampoco sin esperanza. Pero ni la decisión ni el sentimiento pueden omitir el análisis realista de los hechos: la simple chance de que Lula pueda ir a prisión es en sí misma una catástrofe para Brasil y para toda América Latina. Hay diez motivos para pensar así:

1) La sentencia de la Corte por seis a cinco convalida la verosimilitud del fallo sin pruebas del juez Sergio Moro, confirmado en segunda instancia por un tribunal de Porto Alegre.
2) La Corte bendijo la Justicia utilizada como arma persecutoria contra el líder popular más grande del continente. Carmem Lúcia, la presidenta de la Corte, la que desempató el cinco a cinco, es una figura mimada por el establishment. Si alguien quisiera comprobar la trama del golpe bastaría con examinar sus interlocutores frecuentes: directivos del la Red Globo (monopolio en la tevé abierta), el banco Itaú, Gol, constructora MRV, Electrobras, Mittal Aceros. Es decir los grandes medios, las grandes empresas y los grandes bancos, que dirigieron el golpe parlamentario de 2016 contra Dilma Rousseff utilizando como herramientas a funcionarios de la Procuración, de la Policía Federal y del Poder Judicial.
3) Lula no es cualquier líder. Es el que condujo a 36 millones de pobres hacia el consumo, la educación y la autoestima en solo ocho años, desde el primer día de 2003 hasta el último día de 2010. Son 36 millones dentro de los 230 millones que viven en uno de los mayores países del mundo.
4) Lula no es solo una leyenda. Todas las encuestas lo dan como ganador en primera y segunda vuelta para las presidenciales del 7 de octubre.
5) Lula no tiene relevo. Ningún dirigente del Partido de los Trabajadores pinta con fuerza como candidato. Si la Justicia Electoral le cierra definitivamente el camino, cosa que puede ocurrir el 15 de agosto, el PT debe confiar en que el dedo de Lula bendiga a un postulante y lo levante. Pero nunca será Lula.
6) El PT es un organismo colectivo pero con la prisión de Lula perdería la fórmula mágica para octubre: este Luther King que en 2002 contó su sueño de tres comidas por día para todos los brasileños y ahora narra, todos los días, el sueño de recuperar los derechos sociales que se están perdiendo con el gobierno de facto de Michel Temer.
7) Lula es el símbolo del gatillo fácil de la Justicia. Cualquiera puede ir preso sin motivos. Hasta el tipo más popular de una nación.
8) Para extirpar lo que significa Lula  -los sindicatos, los movimientos sociales, el Estado fuerte, la banca pública, Petrobrás-  las élites están recurriendo a la violencia directa. Los nueve tiros del killer que mató a la concejal de Río Marielle Franco no quisieron representar un accidente. Buscaron dejar en claro que era un asesinato profesional.
9) Sería un error poner al Ejército como la vanguardia de las élites. La vanguardia es esa constelación de bancos, grandes medios y funcionarios judiciales. Pero los militares avanzan como factor de poder interno, cumpliendo el encargo de transformar en escenarios de guerra los conflictos sociales. Clima de época: la policía bonaerense de Lanús, que practica razzias en comedores y colectivos, es pariente directa de las policías asesinas de Río y San Pablo.
10) Con el fallo de la Corte terminó la primera etapa del golpe, iniciada con el derrocamiento de Dilma. Esta segunda etapa busca estabilizar un modelo de injusticia persistente en el tiempo. Y para eso es necesario extirpar lo que un senador brasileño llamó “la raza maldita”, o sea el PT y sus obreros con ínfulas de gobierno.

En Brasil los esclavócratas reciclaron una ideología de dominación basada en la esclavitud, que el país pudo dejar recién en 1888. Tarde, muy tarde. Tal vez porque esa inercia pueda ser vencida solo en décadas, y no en años, es que los brasileños de hoy simpatizan con Lula pero no se comprometen en la calle por él ni por ellos. Por si algún día llegaran a hacerlo es que los esclavistas brasileños ya no dan más vueltas. Vieron que su único camino era jaquear a Espartaco y neutralizarlo.
En los últimos años, desde que dejó la presidencia, Lula lee biografías. Es el género que más le gusta. ¿Habrá leído el “Espartaco” del norteamericano Howard Fast? El novelista terminó su libro en 1951 pero lo había empezado a diseñar mentalmente mientras estaba en la cárcel. Lo apresaron porque no había querido delatar a los miembros de la solidaridad con los republicanos españoles. No consiguió editor y la publicó por su cuenta, con dinero prestado, hasta que vendió millones de ejemplares. Es interesante la obra. En un momento el escritor se detiene a contar cómo son las fuerzas de Espartaco. Las describe así: “Un ejército que debe alcanzar la victoria, ya que no hay puentes por los que pueda retroceder ni tierra en que pueda encontrar refugio o descanso”. Una fuerza sin vuelta atrás. Lula parece consciente de que ése es su destino y, como no es un mesiánico, ahora quiere persuadir al pueblo brasileño de que, si vuelve atrás, le costará una enormidad recuperar una vida digna. Otros 500 años, tal vez.

El desafío de Brasil es tan inmenso como su tragedia.

jueves, 14 de junio de 2018

PERIODISTAS / Un recorrido con apuntes sobre distintas épocas


Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

Cuando nos formaron laboralmente el elemento central no era otro que la redacción periodística en sus múltiples variantes. Nos zambulleron en un mundo de artículos, reportajes, títulos, copetes, volantas, bajadas. Algunos periodistas que ejercían como docentes nos hablaron de las fuentes y los modos de conseguir información. Claro que advirtieron sobre líneas editoriales y casi no hacían mención a las empresas que gobernaban progresivamente el mercado. Pero estaba bien: era lo que nos permitía tener una concepción clara del oficio y, a la primera ocasión, empezar a practicarlo.
Con todo, así fue durante casi dos décadas. En todos los medios recorridos el área comercial y la zona administrativa quedaban lejos. Otros trabajadores, con experiencia o formados en esos rubros, se ocupaban del sostén y el papeleo. Claro que aquellos con inquietudes específicas podíamos transitar, a riesgo propio, experiencias independientes. Lo hacíamos; pero contábamos con el reaseguro de la contratación profesional, en blanco y con vigencia de estatuto y convenio. Había trabajo en prensa.
Lo decía el querido Adrián Desiderato –compartimos La Voz, Sur y él luego derivó hacia Crónica mientras este periodista recaló en el diario de las Madres -: “¿viste que en este gremio siempre aparece algo? ¡No hay que preocuparse! Cada tanto sale un medio nuevo o alguien te llama de algún diario”. De ese modo transcurrió nuestra vida laboral, por aquí y por allá. El quiebre, la rajadura generada como una espada de hielo entre el ayer y el hoy, se registró durante el menemismo. Allí se fueron dando dos situaciones simultáneas. El ministro Domingo Cavallo inventó el monotributo y las empresas empezaron a contratar planteles enteros de los otrora freelance, pero para todos los días: luego, de común acuerdo, esas firmas entendieron que debían atraer a periodistas acordes con su lineamiento.
Entre ambos factores, el oficial y el empresarial, el gremio de prensa se fue convirtiendo en uno de los espacios más precarizados en el mundo del trabajo. Quienes quedamos al frente de algunos medios, casi sin darnos cuenta, nos familiarizamos con facturas, búsqueda de publicidad, inversores, planillas y transferencias. Todo esto gestó una realidad que supera holgadamente las dos o tres funciones que saltan formalmente a la vista: la concreción de esas labores comerciales y administrativas para quienes ni siquiera considerábamos la posibilidad de hojear un libro de contabilidad en el secundario ha resultado un esfuerzo superior para el que –a la luz de aquellos años de formación- no estábamos habituados.
Sin embargo, la adecuación a esta singular polifunción se fue dando, y la Década Ganada, con su mercado interno dinámico, facilitó el desarrollo de los más ordenados y de aquellos que podían ofrecer materiales atractivos. Hubo muchos problemas y desencuentros, claro, pero aún sin respaldo oficial, se pudo laborar y proyectar con cierto vuelo. Cuando hay plata en la calle la sociedad se amplía y las perspectivas se tornan probables. Así construimos algunos de los medios que quienes leen estas líneas toman en cuenta día a día, y otros que andan mejor o peor realizados por ahí. Aunque el filo de aquella espada seguía en alto, aprendimos a esquivarlo.
Por estas horas, cuando era posible dar un salto cualitativo y construir grandes medios nacional populares, el cambio de orientación económico política en el Estado Nacional desestructuró el camino y revivió lo peor de los años noventa pero combinado con un poderío empresarial con patente de corso que pretende inhabilitar los mejores esfuerzos. El resultado parcial ha sido un bloqueo informativo apreciable que en vez de forjar interpretaciones variadas sobre hechos admitidos directamente se permite el lujo de ignorar realidades y transmitir mentiras sin más.
Es tentador afirmar que frente a este panorama es preciso volver a las fuentes. Pero sería una verdad a medias y sabemos lo que ello implica. Dentro del bullente panorama comunicacional es importante –claro que sí- retomar la sana práctica de brindar respuesta al qué, cómo, cuándo, porqué, donde y si es posible, para qué; narrado con los apreciables sujeto, verbo y predicado. Pero a la vera de esa esencia laboral, emerge el gran desafío de ordenar con justeza el funcionamiento de los medios que buscan vincularse certeramente con el pueblo al que pertenecen.
Para ello es pertinente la búsqueda profunda de un sostenimiento económico ligado a los espacios con intereses comunes. Y enlazar con el aprovechamiento extremo de las nuevas tecnologías. Estas no ameritan idealización ni negación, sino admisión justa de su carácter de canales de comunicación. El lineamiento editorial, que necesita incluir la descripción de la Verdad como elemento central, ya no puede ignorar eso que hemos incorporado conceptualmente al debate periodístico nacional: el posicionamiento, el lugar de mirador resulta determinante. La enorme tarea por delante es la elaboración de medios cuya perspectiva nazca en el Pueblo argentino y en el Sur del continente.

EL OFICIO, EN SÍ MISMO
Esto nos lleva a dar una vuelta de tuerca sobre el arranque de este mismo artículo. Veamos. Ahí, claro, nace la objeción. –Y con todo eso ¿qué cambia? La misma pregunta implica un error, pues la comunicación nunca resultó eje motor de las transformaciones, sino apuntalamiento de las batallas políticas que los pueblos libran en las calles, en los comicios, en los gremios y en los congresos. En la cultura. Tampoco cambiaba nada per se con la difusión de un artículo extenso y profundo en el pasado. Contribuía, como hoy, a forjar una zona poblacional crítica, pensante y a mejorar por tanto el accionar de las franjas más dinámicas. Pero el misterio de porqué cuándo cómo dónde se genera un camino revolucionario está más allá de una publicación. Ni hablar del quién, gran debate sobre el Sujeto. No lo generaron los artículos del 18 Brumario, no lo originó Operación Masacre, no lo produjo el Libro Rojo.
Lo cual nos lleva al nudo lejano de la discusión. Nada es en sí mismo revolucionario. Queda bien decirlo, pero no es cierto. La poesía, el rock, Beethoven, el marxismo, la contracultura, el peronismo, la pasión, la sabiduría, el sexo, el cine, la literatura; el ping pong. Nada. Toda expresividad humana, si calza justo en el segmento exacto en el momento adecuado, potencia el cambio, moviliza el quiebre de viejas estructuras y abre nuevos senderos. Pero no lo concreta por sí misma. Es parte de un volcán conjunto, del emerger de toda una comunidad que necesita modificaciones trascendentes y toma las herramientas disponibles para llevarlas a cabo.
El periodismo, puesto en su justo lugar, no ha logrado –porque no podía hacerlo- llegar más allá. Es canal de control, desinformación y desorientación del poder, así como lo es de conciencia, reflexión y movilización de las regiones populares antitéticas. Posee una variedad enorme de zonas grises, contiene múltiples facetas, incide bastante y daña o mejora con intensidad; pero aunque le pese a colegas que evalúan tener un lugar más valioso que el descripto, no va más allá. Los beneficios planteados párrafos antes acerca de las virtudes de las redes no escapan a ese diagnóstico; estamos muy lejos de suponer que su expansión libera por su misma expansión. Pero de allí a aceptar la versión según la cual empeora las cosas, no.
Sin embargo, la apertura tecnológica si contiene un elemento que cabe mencionar: tiende a democratizar. Y no “falsamente” como se dice por ahí. Antes del desarrollo que impuso a la radiodifusión la tecnología adaptada por la organización Montoneros con sus camioncitos durante la dictadura, para difundir algo por una radio había que tomarla militarmente. Apuntar al locutor, extenderle el documento y decirle  -con la simpatía propia del militante- “leé esto”. Andando el tiempo, esa cajita simple llegó a todos los pueblos del país y existen miles de radios que en sus zonas de llegada compiten con las más importantes. Y sirven, a su modo. Muchas ayudan a pensar, informan lo que otros no dicen. Contribuyen a organizar.
Antes de internet para emitir masivamente era preciso poseer un medio de comunicación. Hoy, una persona –con la única condición habilitante de ser alfabetizada, lo cual no es poco, admitimos- se convierte en emisor universal desde su hogar o, por qué no, desde un económico locutorio. Ingresa a las redes y dice. Lo que quiere dice. Y resulta ser que muchos, muchos, dicen pavadas. Pero también resulta ser que unos cuantos ponen en cuestión la grandeza de los grandes escritores y las veleidades de grandes periodistas… y dicen cosas atinadas, creativas, talentosas, certeras. A veces mejores que las emitidas por soportes y personalidades consagradas. Y reúnen lectores, y congregan grupos, y fomentan causas.
¿Porqué olvidamos victorias? Es habitual indicar que no hay que desdeñar la experiencia aquilatada en los fracasos. Está bien. Pero tal vez resulte peor dejar de lado, desmerecer, ignorar, los propios logros. Por eso señalamos los Cuadernos de Forja, el gran éxito periodístico de la historia argentina, pero podemos seguir aquí y allá desmembrando prestigios y preguntándonos si alguien evoca hoy al todopoderoso editorialista de los años 40 del diario La Nación. Pero Raúl Scalabrini Ortiz, mal que bien, dejó su huella con un medio alternativo por excelencia. Rodolfo Walsh jamás publicó en un medio grande, comercial o masivo. Y hay mucho más.
¿Adónde vamos en definitiva? Acá: tenemos demasiados expertos, contra lo que se piensa, en asuntos mercadotécnicos, en las ciencias de las redes, que intentan convencernos a quienes nos ocupamos de los contenidos, que los Ellos son tan poderosos que jamás podremos alcanzarlos. Estos amigos bien intencionados, miden y miden y dicen “nadie lee al campo nacional y popular, todos ven lo que ellos quieren” y siguen midiendo y siguen midiendo y se les cruzan las mediciones y nos explican que los lectores en redes se vinculan por su cercanía conceptual, como si antes hubiera sido distinto, y miden y miden y desfallecen ante el poder de los poderosos. Y nos dicen “¿Forja? ¡Pero ahora no es lo mismo!”, y enfurecen cuando les decimos “es cierto, ahora tenemos más herramientas, no menos”.
Entonces terminan tirando el argumento “científico” por los aires y recaen en el decir del viejo nostalgioso de fútbol era el de antes (cuando él era joven): “es que no hay Jauretches, no hay Walshs, no hay…” . Esos perdieron antes de pelear.
No confían en el vigor de una buena idea. Nosotros, en cambio, potenciamos los contenidos.

Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal.


martes, 12 de junio de 2018

La gestión Mercante: expresión de la Revolución Nacional en la Provincia de Buenos Aires


Por Juan Godoy (Sociólogo –UBA-) 
“los ideales democráticos de libertad e igualdad reclaman hoy una reinterpretación en términos predominantemente económicos, pues que la garantía de los derechos políticos será irremediable abstracción mientras no se asegure a cada ciudadano el bienestar en que arraiga la vida (…) La libertad e igualdad no son conceptos abstractos, sino verdaderas conquistas en la lucha del hombre, para cuya vigencia es preciso crear condiciones sociales adecuadas”. (Domingo Mercante) 


La Revolución Nacional llevada a cabo por el peronismo tuvo una de sus expresiones más profundas en la Provincia de Buenos Aires bajo la gestión de Domingo Mercante. Algunos datos biográficos del mismo: nace el 11 de junio de 1898 en la Ciudad de Buenos Aires. De joven, luego de trabajar como arriero, ingresa en el Ferrocarril Oeste. En 1919 egresa como Subteniente de Artillería, y a mediados de los años 20 logra el grado de Mayor. Hacia 1942 se encuentra en la División General de Tropas de Montaña en la Provincia de Mendoza, donde establece una estrecha relación con el Coronel Juan Perón (a quien conocía, aunque lejanamente, desde 1924). Es el mismo Perón quien lo invita a formar parte del armado del GOU. Mercante es así el primer enrolado y tiene como tarea establecer los contactos con los oficiales de las guarniciones de la Capital Federal que pudieran integrar la logia, quien en su fundación quedará con el número 1. Es una pieza fundamental en el armado político del proto-peronismo. Con la Revolución del 43 se integra a la Secretaría del Ministerio de Guerra que había quedado en manos de Perón. Ya desde allí este último entabla vínculos con los trabajadores. En ese establecimiento de relaciones y acercamientos Mercante es un pilar. Cuando el Coronel se hace cargo del Departamento de Trabajo (rápidamente convertido en Secretaría), el Teniente Coronel Mercante se hace cargo de la Dirección General de Trabajo y Acción Social. Mercante aparece por entonces como interventor del gremio ferroviario (tanto de la Unión Ferroviaria como de La Fraternidad), desde donde reincorpora a dirigentes desplazados por la anterior intervención, mantiene la afiliación de la Unión Ferroviaria a la Confederación General del Trabajo (CGT), y otorga beneficios sociales a los trabajadores a partir de la creación de la Dirección General de Asistencia y Previsión Social para los ferroviarios, al culminar su intervención se dirige a los trabajadores diciendo: “al despedirme de ustedes en este acto, se va el interventor, pero queda el amigo, siempre a disposición de las causas justas, siempre a disposición de las aspiraciones razonables, siempre a disposición de todos ustedes, soldados de la causa del trabajo, a cuyas manos vuelve el instrumento de gran potencia y valor, como es la sociedad que supieron ustedes levantar con su inteligencia y su perseverancia”. (Cit. en Panella. En Rein y Panella, 2013: 219) Años más tarde (1949) los trabajadores ferroviarios le rinden un homenaje por su acción como interventor, Mario Gasparri afirma que “el movimiento obrero organizado, a través de sus representantes, valoraba 2 a Mercante en forma positiva y lo tenía como referente de la acción de gobierno”. (Gaparri. En Panella (comp.), 2005. T1: 32)


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