jueves, 5 de enero de 2017

El peronismo bonaerense para la reconstrucción

 Aritz Recalde - enero 2017


La provincia de Buenos Aires tiene sin resolver diversos problemas políticos, económicos, sociales e institucionales. El territorio bonaerense abarca el 8 % del conjunto nacional y viven en su suelo 15,6 millones de habitantes (38% del país). Existen limitantes presupuestarios y es de público conocimiento que la provincia recibe en concepto de coparticipación federal el 20 % del conjunto, cuestión que la hace insustentable en términos fiscales. Buenos Aires genera más recursos de los que absorbe por la coparticipación y se producen en su territorio el 31 % de las exportaciones totales argentinas y el 54 % de las de origen industrial.
Si bien el aporte de Buenos Aires es fundamental para consolidar un país federal, no se puede desconocer que deberían resolverse antes los problemas estructurales de los bonaerenses. Siendo la provincia más rica y poblada de la Argentina, acarrea profundas deudas sociales expresadas en las considerables cifras de desempleo y de flexibilidad laboral y tiene graves inconvenientes de inseguridad en los centros urbanos. Existen deficiencias del sistema de salud y educación estatal y es necesario continuar con las obras de rutas, puertos, redes de agua potable, tratamiento cloacal y de residuos o de acceso a la vivienda iniciadas en las últimas décadas. Muchos de los inconvenientes están concentrados el conurbano donde habitan alrededor de 13 millones de personas.

Los gobernadores del peronismo bonaerenses
Domingo Mercante y Oscar Bidegain
Domingo Mercante fue el responsable de llevar al suelo bonaerense los planes de la Revolución Justicialista. En el año 1943 acercó a Perón a la Unión Ferroviaria y de su mano el futuro Presidente edificó su histórica relación con la CGT.
Durante el mandato de Mercante se sancionó la Constitución Provincial del año 1949 que incluyó los “Derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad y de la educación y la cultura”, que habían sido introducidos en la Carta Magna Nacional. El texto introdujo el concepto de que la “propiedad privada tiene una función social” y sostuvo que “Los servicios públicos pertenecen originariamente, según su naturaleza y características, a la Provincia o a las municipalidades, y bajo ningún concepto podrán ser enajenados o concedidos para su explotación”.
Domingo Mercante inició un Plan Trienal de Trabajos Públicos (1947-49) y elevó a nivel ministerial el departamento de hacienda poniendo a cargo al ex miembro de FORJA Miguel López Francés. En línea con el Consejo Nacional de Posguerra, fundó la Dirección de Estadísticas e Investigaciones.
Con participación del forjista Julio Cesar Avanza creó el Ministerio de Educación (antes Dirección), se construyeron jardines de infantes y se edificaron más de 100 escuelas. Se sancionaros las leyes de educación pre-escolar (5096), de educación general (5650) y el estatuto docente (5651). Se modificaron los planes de estudio, se abrieron los institutos superiores de pedagogía y el Tecnológico del Sur y se impulsó por primera vez una Dirección de Psicología.
El gobernador apoyó el Festival de Cine de Mar del Plata y democratizó el acceso popular al Teatro Argentino de La Plata. En el año 1951 Mercante inauguró la Republica de los Niños. Los humildes conocieron la ciudad balnearia de Mar del Plata gracias a la legislación obrera y al turismo social apoyado por el Estado y los sindicatos. La gobernación hizo campaña con la consigna “usted paga el viaje, la provincia el hospedaje”.
En el año 1947 creó el Ministerio de Salud y Asistencia Social, abrió los Centros de Higiene Materno Infantil y durante su gestión aumentaron las camas y el acceso a la salud pública y bajaron la mortalidad infantil y los casos de tuberculosis, entre otras enfermedades.
En sintonía con la Revolución Justicialista, Mercante redujo impuestos a las pequeñas empresas y fomentó el cooperativismo agrario. Durante esta etapa de gobierno Arturo Jauretche dirigió el Banco Provincia.
Mercante impulsó los barrios obreros y durante su gestión se construyeron más casas para los trabajadores que en toda la historia de la provincia (9244 viviendas en 151 barrios obreros).
El Jefe de Policía Teniente Coronel Adolfo Marsillach impulsó una reforma de la institución que incluyó la incorporación de la mujer, la creación de nuevas unidades y la reforma de los planes de enseñanza.      
Oscar Bidegain asumió por algunos meses la gobernación en el tercer gobierno del general Perón (1973-74). Militó en el Partido Laborista y había resistido a las diversas dictaduras iniciadas desde 1955 conociendo la cárcel al ser acusado de “traidor a la patria”, por votar el Segundo Plan Quinquenal. Durante su breve mandato impulsó reformas de la educación con el ministro Alberto Baldrich y de la salud con Floreal Ferrara. Con la finalidad de otorgar apoyo social a los damnificados por las inundaciones, impulsó el operativo cívico militar “Manuel Dorrego” que tuvo  intervención conjunta de miembros del ejército y de la juventud peronista.

Antonio Cafiero
Muchos de los legados de Domingo Mercante fueron retomados por la gestión provincial de Antonio Cafiero (1987-91) quien fundó el Frente Renovador Peronista. Cafiero cuestionó la reforma impositiva de Alejandro Armendariz y de la UCR nacional por considerar que Buenos Aires perdió 8 % puntos de la coparticipación. El gobernador fue el ideólogo del Fondo de Reparación Histórica que le otorgó el gobierno nacional a Buenos Aires durante la gestión de Eduardo Duhalde.
En el año 1988 Cafiero impulsó fallidamente una Reforma Constitucional que reforzaba la identidad de la provincia, reconocía los derechos sociales, estimulaba la democracia popular y garantizaba la autonomía municipal. Este último punto es sumamente original y Cafiero dentro del peronismo[i] fue quien articuló con mayor ímpetu la identidad peronista con el autonomismo municipal. Su programa incluyó la descentralización de recursos tributarios y de competencias a las municipalidades.  
Cafiero impulsó la construcción del Estadio Único de La Plata continuado por Duhalde y desenvolvió más de 150 obras hidráulicas para resolver el drama de las inundaciones. Su gobierno desarrolló la infraestructura social construyendo y financiando viviendas, comedores escolares o unidades sanitarias en diversos lugares de la provincia.
El Ministro Floreal Ferrara implementó los programas de “Pacto Social de la Salud”, “Salud con el Pueblo” y la creación de miles de puestos de vacunación en el contexto de recuperación estatal de las políticas públicas del área.
El gobernador impulsó los Consejos de Seguridad Municipales, las Comisarias de la Mujer y una reforma carcelaria que incluyó la creación de nuevos penales. 
Cafiero inauguró la secretaría de Medio Ambiente, erradicó cientos de basurales y reactivó los viveros municipales para la reforestación de la provincia.

El último caudillo bonaerense
En el año 1991 Eduardo Duhalde asumió la gobernación negociando previamente con Carlos Menem el otorgamiento de 650 millones de pesos (dólares) del Fondo de Reparación Histórica[ii]. El Fondo saldó en parte el déficit financiero y le permitió al mandatario provincial desenvolver un importante programa de obras hidráulicas, viales y educativas. Para administrarlo Duhalde impulsó la ley 11.247/92 creando el Fondo del Conurbano Bonaerense, que tenía dependencia directa del gobernador.
Maximiliano Montenegro mencionó en una nota periodística en el Diario Página 12 del 29/07/98, que Duhalde no aplicó en la provincia muchos de los ajustes reclamados por el Fondo Monetario Internacional. En el año 1998 el gobernador aumentó los recursos para salarios de los empleados estatales y de los destinatarios de programas sociales (plan vida, comedores escolares, cajas alimentarias o de empleo). En un contexto recesivo en lo económico y de campaña electoral presidencial en lo político, el gobernador aumentó el déficit público para realizar obras y ampliar salarios. En el mismo período Menem aplicó un ajuste de 1000 millones y según el informe de Montenegro en el año 1998 Duhalde iba a gastar “1290 millones de pesos en obra pública, casi 300 millones más que la inversión del gobierno nacional que se mantuvo planchada en los últimos años. En términos de su presupuesto eso significa un 12,5 por ciento del total, seis veces más que la Nación”.
Duhalde consolidó un importante poder y capacidad de conducción política territorial y ello le permitió implementar reformas institucionales sustanciales como el proyecto “Génesis 2000” impulsado por Raúl Fernández y que fundó nuevas municipalidades. En el año 1994 el mandatario sancionó la tercera reforma constitucional bonaerense del siglo XX[iii].
En paralelo al debilitamiento sindical del peronismo, Duhalde tejió un entramado político propio conducido por las “manzaneras” que cumplían tareas de apoyo social y de movilización electoral. 
Si bien durante los años noventa el gobernador inauguró importantes programas de infraestructura y no aplicó muchos de los ajustes exigidos por el FMI, su apoyo inicial al candidato neoliberal contribuyó a la destrucción económica de Buenos Aires que vio desaparecer su parque industrial. La manifestación social del neoliberalismo aplicado en el país fue catastrófica y según datos del INDEC en mayo del año 1999 el 33% de las personas que habitaban los Partidos del Conurbano eran pobres. En octubre del año 2002 la pobreza alcanzó el dramático 64%.
A fines de los años noventa Duhalde rompió políticamente con Carlos Menem y empezó a delinear con el Movimiento Productivo Argentino la salida a la convertibilidad y la implantación del nuevo patrón de desarrollo económico y social que aplicó Néstor Kirchner desde 2003.

Gobernando la crisis
Felipe Sola asumió la gobernación luego de la renuncia del porteño Carlos Ruckauf. Éste último había sido ministro de Isabel Perón y de Carlos Menem y su gestión en sintonía con la ALIANZA a nivel nacional, se caracterizó por las severas dificultades administrativas en un país sumergido en una profunda crisis política, económica y social. Para poder afrontar los gastos corrientes la provincia emitió bonos (Patacones) y la gestión transcurrió en el contexto de movilizaciones y de conflictos sociales, políticos y sindicales en un país al borde de la disolución institucional.  
Felipe Sola fue el encargado de cabalgar la crisis bonaerense en un contexto de altas cifras de desempleo, de pobreza y de indigencia. En su gestión impulsó una importante reforma policial con León Carlos Arslanián.
Siendo leal al gobierno nacional, intervino en la disputa con Duhalde y fue normalizando poco a poco las cuentas estatales y la gestión de los asuntos del Estado. Con diferencias con el rol que le otorgó la conducción política nacional, inició un camino partidario que lo encontró en la UNION – PRO, en el Peronismo Federal y actualmente en el Frente Renovador.

La provincia durante el kirchnerismo
La última década se caracterizó por la existencia de un gobierno provincial débil política y financieramente, cuestión que favoreció la importante injerencia en las decisiones por parte del Estado Nacional. Una de las manifestaciones del poder de la Casa Rosada, fue que muchos de los recursos invertidos en las 135 municipalidades no eran gestionados por el Gobernador. Néstor Kirchner y Julio De Vido fueron los administradores de muchas de las obras públicas y ello les permitió ser los ordenadores políticos territoriales.
El Estado Nacional invirtió recursos nacionales en suelo bonaerense con el Fondo Federal Solidario de la soja[iv] (2009), con dineros del ANSES[v] destinados a la AUH o las jubilaciones o con los planes de mejoramiento salarial y de infraestructura educativa provincial y de las universidades públicas en suelo bonaerense. El MINPLAN impulsó el programa de inversión en infraestructura más importante de las últimas décadas[vi] y que incluyó políticas focalizadas para las municipalidades como fue el caso del programa “Mas municipio, mejor país, más patria” (2012). Solamente entre 2003 y 2009 las transferencias nacionales directas a las municipalidades bonaerenses aumentaron un 240 %.
Al carisma y al poder económico de Kirchner, se le sumó el hecho de que Daniel Scioli era procedente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no disponiendo de armado político territorial propio. 
En el año 2005 Kirchner inició la estrategia política que bautizó como la “madre de todas las batallas”, tendiente a derrotar a Eduardo Duhalde y a sus aliados en las intendencias bonaerenses. En esa cruzada convocó a Felipe Sola y a Alberto Balestrini y el FPV venció con contundencia a su ex aliado del justicialismo. A partir del año 2005 Duhalde y el peronismo bonaerense perdieron paulatinamente poder frente al gobierno nacional y al kirchnerismo. La designación de Scioli Mariotto en 2011 y la imposición compulsiva de candidatos a concejales y diputados desde la Casa Rosada en 2013 y 2015 son muestras del debilitamiento del poder político bonaerense.
Con un Partido Justicialista provincial frágil, con una CGT con escasa intervención política y ya sin Balestrini, Sola y Néstor en la conducción estratégica, la política de Buenos Aires entró en una nebulosa. Cristina no ordenó el armado partidario bonaerense y sus delegados se abocaron principalmente a instalar candidatos propios caracterizados, en la mayoría de los casos, por ser jóvenes de clase media en proceso de formación y con bajo capital electoral.
La ajustada derrota de la formula del intendente de la Matanza (Domínguez – Espinoza) en las PASO del año 2015 frente a una de “sesgo K” (Fernández – Sabatella), es expresiva del cambio político iniciado desde el 2005 con la “madre de todas las batallas”. El anteriormente imbatible Partido Justicialista de los “barones del conurbano” tenía grietas y perdió la interna y cuestión más importante aún, también entregó electoralmente la provincia a CAMBIEMOS. Pese a la difícil situación económica del país y la región y a los aspectos sociales no resueltos, no era esperable una derrota en la provincia que solamente tenía un antecedente a la vuelta de la democracia en el año 1983. Incluso, en coyunturas adversas para el justicialismo como fue el año 1999, el peronismo bonaerense había conservado la gobernación con Rouckauf cuando a nivel nacional triunfó la ALIANZA.
El éxito de CAMBIEMOS en Buenos Aires evidenció que el kirchnerismo no construyó una alternativa al justicialismo bonaerense, al cual cercenó deliberadamente desde el año 2005. La elección de 2015 dejó dos enseñanzas: el peronismo bonaerense divido pierde elecciones y la mera intención de Cristina Kirchner no es garantía de triunfo electoral en la provincia.

La aristocracia del dinero
Resultado de las medidas impulsadas por los representantes de los grupos económicos que Mauricio Macri bautizó como el “mejor gabinete de los últimos 50 años”, la economía argentina achicó su PBI en el año 2016 (-2 %) por primera vez desde 2001 y tiene la inflación más alta en décadas (45%). Los gestores del área de hacienda de CAMBIEMOS fusionaron dos variables económicas que pocas veces se juntan: recesión e hiperinflación.
En este difícil contexto, CAMBIEMOS congeló buena parte de los programas de inversión del Estado Nacional en las intendencias. El resultado de la decisión dejó como consecuencia un desfinanciamiento de las obras públicas locales, una gestión de servicios deficiente y la provincia entró en recesión económica.
María Eugenia Vidal exige un mayor manejo y financiamiento de las obras públicas ejecutadas en las municipalidades bonaerenses. Como lo había hecho Scioli, la gobernadora negocia con Macri y con los legisladores nacionales la modificación del tope de 650 millones de pesos del Fondo de Reparación Histórica.
De la misma manera que el gobierno nacional de Mauricio Macri, la gobernadora está financiando los gastos corrientes de la provincia tomando préstamos. Según datos de la Dirección Provincial de Deuda y Crédito Público en marzo de 2016 Buenos Aires tenía una deuda de 10.431 millones de dólares. En el año 2016 acumuló nuevos pasivos por 3000 millones de dólares y el presupuesto 2017 contempló 3.000 millones de nuevo endeudamiento.
Lejos de resolver los problemas de los bonaerenses, todo indicaría que CAMBIEMOS está conduciendo a la provincia y a la Argentina a una crisis financiera e institucional similar a la ALIANZA en 2001.

Modelos exitosos de peronismo provincial
Durante las últimas décadas varios dirigentes del peronismo de la Republica Argentina impulsaron modelos exitosos de gestión económica y social de las provincias. Resultado de sus construcciones políticas e institucionales mejoró la infraestructura vial, hidráulica o social y las regiones optimizaron las prestaciones de salud, educación o deporte. Fue sustancial el progreso de las provincias de Santa Cruz con los Kirchner, de San Juan con José Luis Gioja o de San Luis con los Rodríguez Saá.
Una experiencia de peronismo provincial sumamente exitosa, es la impulsada por el justicialismo de la provincia de Formosa. En el año 2003 se firmó entre Gildo Insfran y Néstor Kirchner el Acta de Reparación Histórica. Como resultado del acuerdo, el Gobierno Nacional destinó partidas presupuestarias adicionales que permitieron refundar la infraestructura y la inversión social de Formosa.
En el año 2003 la provincia reformó la Constitución y en el Preámbulo se destacó el objetivo de construir “el modelo formoseño para un proyecto provincial, reafirmando la auténtica identidad multiétnica y pluricultural”. Para cimentar el Modelo la Carta Magna se propuso otorgar “una mayor participación de los habitantes de la Provincia por sí y a través de las organizaciones libres del pueblo”.
El “modelo formoseño” que adquirió carácter constitucional había sido impulsado por Insfran en el año 1995. El Modelo articuló una identidad compuesta en base a la recuperación de la geografía, la historia y la cultura regional. A las particularidades provinciales e históricas, el Modelo le fusionó los valores propios de las tradiciones de los pueblos originarios (Wichi, Toba y Pilagá), el Humanismo Justicialista y el catolicismo social.
La Constitución incluyó una concepción multiétnica y el Estado impulsó la Educación Intercultural Bilingüe y creó los Centros Educativos de Nivel Medio para Comunidades Autóctonas. Actualmente están egresando los primeros Maestros Especiales de los pueblos originarios.
En el plano económico la Constitución formoseña sostuvo que el Estado “fomentará la explotación racional de sus recursos naturales, el crédito, las industrias, el consumo, el intercambio al servicio de la colectividad y el bienestar social asegurando el imperio del método democrático en la regulación planificada de la producción, circulación y distribución de la riqueza”. La comunidad provincial y su gobierno están facultados constitucionalmente para la “Defensa de su producción básica contra la acción de los monopolios y trusts, pudiendo el Estado intervenir en cualquier etapa del circuito económico, para restablecer y posibilitar el juego armónico de las fuerzas del mercado”. En sintonía con los principios doctrinarios de la Revolución Justicialista, la Constitución sostuvo que “Los servicios públicos corresponden, originariamente, a la Provincia o a los municipios, y la explotación puede ser efectuada por el Estado, por cooperativas, sociedades con participación estatal o por particulares”. Insfran impulsó el Programa de Acción Integral para Pequeños Productores Agropecuarios y otras iniciativas de apoyo a la innovación productiva como el Centro de Validación de Tecnologías Agropecuarias.
La provincia modernizó su red vial con las obras de renovación de la Ruta 81, desarrolló nuevas líneas y transformadores eléctricos y construyó miles de soluciones habitacionales.
En el terreno de la salud se reprogramaron las áreas programáticas y los distritos sanitarios. El Estado impulsó un Seguro de Salud provincial, desenvolvió el programa “Por Nuestra Gente Todo” y produce medicamentos genéricos desde el laboratorio público LAFORMED.

Una agenda de reconstrucción para Buenos Aires
En el año 2019 el peronismo debe recuperar la provincia de Buenos Aires. El desafío de gobernar no será fácil atendiendo la recesión económica y el preocupante endeudamiento que está generando la aristocracia del dinero.
El justicialismo necesita construir un “Modelo bonaerense” que aporte propuestas y soluciones de corto, mediano y largo plazo para Buenos Aires.  El peronismo requiere de una unidad doctrinaria y de una identidad que sea capaz de conformar una épica que movilice a las organizaciones libres del pueblo a la recuperación del gobierno y a la refundación del Estado. La Revolución Peronista y Domingo Mercante en nuestra provincia, establecieron los principios generales del programa de desarrollo y de la doctrina nacional y popular de gobierno. El peronismo en el poder impulsó diversas experiencias sumamente exitosas que deben recuperarse. Tenemos que avanzar en su actualización de la doctrina recuperando nuestra historia, afirmando lo conseguido en las últimas décadas y postulando, sin medias tintas, la agenda de soluciones futuras.   



[i] En el plano intelectual el historiador José María Rosa es el gran ideólogo del autonomismo municipal del peronismo.
[ii] La Ley Nº 24.073/92 y el ordenamiento de decreto 879/92 establecieron que del Impuesto a las Ganancias un DIEZ POR CIENTO estaría destinado “al Fondo de Financiamiento de Programas Sociales en el Conurbano Bonaerense, a ser ejecutado y administrado por la Provincia de Buenos Aires. Los importes correspondientes deberán ser girados en forma directa y automática”.
[iii] Duhalde modificó la Carta Magna sancionada en el año 1934 durante un mandato conservador. Los años treinta se caracterizaron por el fraude electoral y por el hecho de que la UCR se había abstenido de su aprobación. De la misma manera que Menem a nivel nacional, Duhalde no retomó el texto constitucional provincial del año 1949 que fue derogado de manera ilegal en 1955.
[iv] El 30 % de las retenciones de la soja se coparticipan a las provincias que giran el 30 % a las municipalidades. Entre 2009 y 2015 la provincia de Buenos Aires recibió por éste tributo alrededor de $ 4000 millones.
[v] Por decreto 406/16 se creó el Acuerdo para el nuevo federalismo que plantea la devolución del 15 % de los recursos de la seguridad social retenidos desde el año 1992. El reintegro a las provincias sería gradual con fecha límite en el año 2021.
[vi] Desde el año 2003 se avanzó en obras sumamente importantes como fue el caso de la terminación de Yacyretá, la Autopista Rosario-Córdoba, la transformación en autovía de la Ruta Nacional N° 14 o la pavimentación de buena parte de la Ruta Nacional Nº 40. Durante la etapa se amplió el Complejo Hidroeléctrico argentino (los Caracoles o Punta Negra), se creó la Central de generación eléctrica Nuclear Atucha II, se extendió la vida de la Central Embalse y en el año 2011 se inauguró gasoducto Juana Azurdy, entre otras importantes obras. Se implementó el programa de creación y de infraestructura universitaria más importante desde los años cincuenta y se construyeron más de 1800 escuelas. Cristina inauguró el Centro Cultural Bicentenario. Se recapitalizó Aerolíneas Argentinas y se recuperó una política ferroviaria adquiriendo material rodante y reconstruyendo estaciones y vías. Se desarrollaron los primeros satélites nacionales de comunicaciones (ARSAT e INVAP), se impulsó la política nuclear desarrollando el reactor CAREM, se instaló la infraestructura de la Televisión Digital Abierta y la fibra óptica a nivel federal. En provincia Buenos Aires Nación financió rutas y autovías como es el caso de la N 226, se desarrollaron obras en la Cuenca del Río Salado, se construyeron plantas potabilizadoras (Juan Manuel de Rosas en Tigre) e importantes obras de tratamiento cloacal. Entre éstas últimas, se destaca la Depuradora de Líquidos Cloacales Del Bicentenario de Berazategui. Se construyeron hospitales en diversas localidades de la provincia y entre ellos el de alta complejidad Interzonal “El Cruce” en Florencio Varela.

martes, 27 de diciembre de 2016

LA MUERTE DE JOÃO GOULART



JOÃO VICENTE GOULART MANTIENE LA SOSPECHA DE QUE SU PADRE, JANGO, FUE ASESINADO POR EL PLAN CÓNDOR

“Es casi imposible hallar pruebas categóricas después de 37 años”
El hijo del ex presidente de Brasil habla sobre el exilio de Goulart y los entretelones de la amistad que lo unía con Perón. Cree que el peritaje del cadáver no es concluyente sobre las causas de su muerte.

“El general Perón recibió al presidente Goulart de pantuflas en Madrid, Hola Janguito, le dijo, ellos eran viejos amigos, hablaron de la recuperación de la democracia en Brasil, yo tenía 15 años, fue una charla que nunca olvidaré”. Joao Vicente Goulart cuenta que tomaba nota de las reuniones de su padre durante el exilio iniciado en 1964 tras ser derrocado por los militares, y tiene “muy fresco” el registro de aquella cita en Puerta de Hierro.

“Ese encuentro con Perón fue un momento importante para mi padre, que a partir de esa charla él terminó de decidir que dejaría Uruguay donde la situación era muy complicada para radicarse en Argentina”, cuenta Joao Vicente en un español rioplantense durante esta conversación de más de dos horas en su departamento de Brasilia, al cumplirse 40 años de la muerte del mandatario en su estancia de la provincia de Corrientes.

“Qué cosas que tiene la historia, quién se hubiera imaginado que en el año del aniversario del fallecimiento de Jango, del presidente, de esa muerte que nosotros seguimos sospechando que fue un asesinato ordenado por la dictadura brasileña con la complicidad de la de Argentina, íbamos a estar viviendo bajo un gobierno golpista como es éste de Michel Temer”.

–Le propongo volver al verano madrileño del 72.

–Mi padre y yo estábamos en un hotel, suena el teléfono, atiendo y del otro lado me dicen “Habla el general Perón”, me quedé helado, allí se marcó el encuentro, y nos fuimos para Puerta de Hierro donde el que salió a atendernos fue el brujo López Rega, muy atento, servía café, estaba al tanto de todo.

Perón y Jango se conocían desde los años 50, cuando mi padre era un hombre de treinta y pico de años, por eso Perón lo llamaba Janguito y mi padre lo trataba de presidente.

Papá quedó entusiasmado porque Perón le aseguró de que cuando volviera al gobierno argentino iban a estar dadas las condiciones para que viviera seguro en Buenos Aires, y desde allí poder preparar su retorno a Brasil para sacar a los militares. Perón era un tipo imponente, convincente y sus palabras fueron esperanzadoras. Mi padre vivía pensando en el retorno. Había planeado todo para regresar a Brasil para presionar a los militares por la transición y sabía que necesitaba un plafón internacional. Tenía buenos contactos con el senador norteamericano Ted Kennedy y estaba organizando una visita al Vaticano, como parte del respaldo internacional.

Con Perón estando en la presidencia, Argentina se iba a convertir en una especie de plataforma para los demócratas que habían sido expulsados por las dictaduras sudamericanas. Acordate que a Buenos fueron a vivir el presidente derrocado boliviano (Juan José) Torres, que también quería volver a su país, los uruguayos Zelmar Michellini (senador) y Gutiérrez Ruiz (diputado), que estaban reorganizando la resistencia democrática.

–Ustedes vivían en Uruguay desde 1964

–Sí, allá nos radicamos con mi padre, mi madre y mi hermana tras el golpe. Siempre nos vigilaron los servicios brasileños y uruguayos, desde que llegamos, por eso mi padre se movía con ciudado, y con el correr de los años las cosas empeoraron considerablemente. Uruguay era casi un apéndice de la dictadura brasileña, estaba infectados de agentes, de agregados militares, la coordinación que había era total, y con la supervisión de Estados Unidos, no te olvides que a Uruguay vino a coordinar la represión Dan Mitrione, el norteamericano que antes había estado haciendo lo mismo en Brasil, y que luego fue secuestrado por los Tupamaros.

–Historia contada en la película Estado de Sitio.

–Allí se ve cómo la guerrilla tiene información sobre el accionar norteamericano en Brasil y Uruguay, y de cómo se iba cerrando el cerco en Uruguay hasta que llegó la dictadura de 1973. Pero antes de la dictadura ya se vivía un sistema autoritario. No había más condiciones de vivir con un mínimo de seguridad en Uruguay.

Mi padre sabía que estaban sobre sus pasos. Antes de viajar a Madrid en 1972, pasamos por Ginebra donde se nos informó que mi padre estaba en la mira para ser asesinado. Incluso un grupo de Tupamaros se comunicó con mi padre para decirle que si alguien lo secuestraba no iban a ser ellos, que ellos lo respetaban mucho y nunca harían eso, pero que se cuidara de los militares. Con toda esa situación complicada en Uruguay en 1973, y con Perón de vuelta en Argentina, nos vamos a Buenos Aires donde alquilamos un departamento de dos cuartos en Barrio Norte, creo que era Juncal y Ugarteche.

Jango se radicó en Argentina con la cédula de identidad y los documentos en regla que le facilitó Perón, luego de que el Ministerio de Interior uruguayo le negó los papeles, porque en ese entonces Uruguay era un títere absoluto de Brasil.

En todo ese contexto estar en Argentina era todo lo que necesitaba para organizar el retorno a Brasil. Jango llegó con mucha esperanza, pero las cosas comenzaron a complicarse, empezaron las matanzas de la Triple A, y ya no era fácil que Perón lo recibiera.

–¿Hubo más reuniones con Perón?

– Jango lo vio de vuelta en la residencia de Olivos, en 1974, pero le costó mucho arreglar la reunión. López Rega obstruyó las relaciones con Perón. López Rega ahora era el hombre fuerte y sabía que papá se comunicaba con la izquierda del peronismo. Mi padre era un político de diálogo, tenía buena relación con Jorge Antonio, que nos había facilitado el encuentro en Madrid, y al mismo tiempo tenía algunos contactos con gente de Montoneros, no por afinidad ideológica, pero igual conversaba.

Esta charla con Perón en Olivos fue corta, no tuvo el clima de la charla en Madrid, Perón ya estaba medio enfermo. Yo no estuve, pero papá me contó que Perón ya no era el mismo, me dijo que estaba fuera de la realidad, lo vio muy cercado por gente de la derecha. Fue el último encuentro. Después papá estuvo en el velorio de Perón y fue una de las personas que se pudo acercar y puso la mano sobre el cajón. Eso lo vi por televisión, yo no fui al velorio. La muerte de Perón lo preocupó mucho, al año siguiente mi padre nos envió a mi hermana y a mí a estudiar a Inglaterra, él temía por nuestra seguridad.

La pista del veneno
El 6 de diciembre de 1976 Jango Goulart murió en su estancia de Mercedes, en el interior de Corrientes, de un paro cardíaco, según el laudo médico, “pese a que no se le hizo una autopsia ni en Argentina, ni en Brasil, donde fueron llevados sus restos, la dictadura prohibió terminantemente que la hicieran, todo lo que ocurrió fue muy sospechoso, para nosotros la posibilidad de un envenamiento sigue siendo una hipótesis importante” señala Joao Vicente, autor de “Jango y yo, memorias de un exilio sin vuelta”, lanzado precisamente el pasado 6 de diciembre.

–El cadáver fue exhumado en 2013 y no hubo pruebas de envenamiento.

–No hubo pruebas concluyentes. Esto quiere decir que no se puede asegurar que lo envenaron, pero tampoco hubo pruebas concluyentes de que fue una muerte natural. Es casi imposible encontrar evidencias categóricas de un crimen en un cuerpo después de 37 años, la exhumación fue en 2013. Pero para nuestra sorpresa los peritos que analizaron sus restos encontraron una substancia química extraña, que tendrá que ser estudiada en profundidad. Nos dijeron que esa sustancia puede confirmar la hipótesis del veneno, pero esto necesita de más exámenes.

–¿Qué le hace suponer que fue envenenado?

– En primer lugar las circunstancias políticas, en 1976 el Plan Cóndor mató a Michellini, Gutiérrez Ruiz y Torres en Buenos Aires, tres amigos de mi padre que también estaban organizándose para restablecer las democracias sudamericanas. Ese año también fueron muertos, o murieron en Brasil, en situaciones poco claras, el expresidente Juscelino Kubitschek y Carlos Lacerda, dos políticos de centro que habían formado con mi padre un Frente Amplio para oponerse a la dictadura brasileña. Y después están las sospechas de que le introdujeron sustancias tóxicas en la medicina que tomaba habitualmente. No estamos partiendo de una mera especulación sino que nos basamos en varios indicios.

–¿Cuál es la pista del veneno?

– Son varias informaciones que confluyen en la misma idea. Una nos fue dada por el exagente uruguayo Mario Neira quien nos contó cómo se planeó el envenamiento con muchos detalles, con informaciones que yo pude confirmar en algunos casos. Ese testimonio incluye un encuentro entre uno de los jefes de la represión en Brasil, Sergio Fleury, con el jefe de la estación de la CIA en Uruguay, Frederick Latrash, que es un personaje de peso en los servicios norteamericanos y había estado antes en Bolivia y Chile, donde hubo otros golpes. En esa reunión de Fleury y Latrash en 1976, en Uruguay, se habría pactado la muerte de papá. Esa posibilidad se hace más importante cuando vemos que en Chile, donde estuvo Latrash, se habían desarrollado armas químicas para eliminar a enemigos de Pinochet. El químico a cargo de ese proyecto era Eugenio Berríos, un personaje asesinado en Uruguay en los años 90, en un caso que parece haber sido una quema de archivo.

Y con el correr de los años se descubre que esas armas químicas habrían matado al expresidente Eduardo Frei. Estuve en Chile y hablé con el juez Alejandro Madrid, a cargo de ese caso, y volví con más elementos para decir que la muerte del presidente Jango no fue natural. Por eso hemos pedido que se interrogue a Latrash, al ex agente de la CIA Michael Townley, que tiene varios atentados del Cóndor en su prontuario y trabajó con el químico Berríos y por supuesto a Henry Kissinger.

Es prácticamente imposible que Kissinger ignorara que mi padre estaba en la mira del Cóndor. Hay un documento de 1972 en el que se ordena a los agentes de la CIA y otras agencias que se informe al gobierno norteamericano antes de la eliminación de un presidente o un ex presidente. Quiere decir que si se tomó la decisión de matar al presidente Jango esto tenía que ser avisado a Washington para recibir la luz verde.

– ¿Cree que Kissinger será interrogado?

–Nosotros requerimos que Brasil solicite a las autoridades norteamericanas que se haga la audiencia, pero sinceramente no creo que el gobierno de Temer, por su condición de golpista y subordinado a Estados Unidos, haga algo para ayudar a este pedido. Lo que nos da alguna esperanza es que la procuradora federal Suzete Bragagnolo haya anunciado el pedido del interrogatorio a Kissinger hace dos semanas.

Una gambeta de Pelé
En Uruguay Goulart se hizo hincha de Peñarol y su hijo de Nacional, mientras en Brasil el dictador Emilio Garrastazú Médici recibía a la selección campeona del mundo y alzaba la Copa Jules Rimet junto a Pelé, artífice de la victoria en el Mundial de 1970 jugado en México. “Brasil, ámelo o déjelo” fue el lema a través del cual el régimen se promovía a sí mismo enancado en la euforia popular por el logro deportivo. Aquel 1970 fue uno de los años más duros de la represión interna, mientras en el exterior los agentes brasileños espiaban y secuestraban opositores, así ocurrió en Uruguay y en Argentina, a través de operativos en los que ya se ponían en acción la cooperación represiva que se formalizó años más tarde con el surgimiento del Cóndor.

–¿Pelé estuvo en Uruguay con Goulart?

–Fue una anécdota interesante, yo tenía unos 12 o 13 años, me acuerdo porque era todo un acontecimiento ver a los jugadores de la selección brasileña que había ido a jugar un amistoso en Uruguay.


La gente, o alguien de la selección se comunicó para decir que querían ver al presidente Goulart, y finalmente vinieron, con el capitán del equipo que en esa época era Wilson Piazza. Mi padre los recibió, se saludaron y Piazza le dijo “lamentablemente nuestro rey Pelé tuvo una gripe política inesperada y no pudo venir” y papá le respondió “no se preocupe muchos tienen miedo de aparecer al lado mío, esto es normal”.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Trump y el naufragio del ‘sueño americano’

Juan Carlos Schmid
Secretario general de la CGT
23-12-16


            El triunfo del empresario Donald Trump en las elecciones estadounidenses merece una reflexión, tratando de interpretar qué significa para quienes integramos el mundo del trabajo. Hay dos motivos claves para hacerlo. Por tratarse de la primera potencia mundial, lo ocurrido allí tiene repercusiones globales que, de un modo u otro, habrán de afectarnos. Pero, sobre todo, porque puso en evidencia algunas realidades que van más allá del resultado electoral.
            Esa reflexión es tanto más necesaria cuando muchos de los que consideraban “imposible” que Trump llegara a la presidencia y calificaban de “mediática” su candidatura ahora lo catalogan como “populista”. Es un término que últimamente muchos comentaristas aplican a diestra y siniestra, a políticos y gobiernos de los más diversos signos ideológicos y modos de proceder. Lo hacen valer tanto para el chavismo venezolano como para el PT brasileño, los conservadores ingleses que promovieron la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, los “indignados” españoles que formaron Podemos… y, claro, para el peronismo. Y como si esto fuera poco, ahora también para Trump.

Populismo
            Es necesario aportar algo de claridad cuando se habla de populismo, un concepto que los estudiosos desde hace rato vienen debatiendo sin ponerse de acuerdo. Para unos, se aplica a movimientos liderados por caudillos que no tienen muchos miramientos por la “calidad institucional” a la hora de gobernar; para otros, es la expresión “radicalizada” de la democracia de masas; otros hacen hincapié en la composición social popular de quienes los apoyan; otros, en los programas socioeconómicos que proponen. Pero ninguna de las muchas definiciones académicas posibles es aplicable al “fenómeno Trump”. Lo que está ante los ojos de quienes quieran ver es algo mucho más preocupante: es la consagración de un oportunismo que medra con la tragedia social de nuestro tiempo.

El gran naufragio
            Hay un término marítimo que me parece muy apropiado para este caso: raquear. Es la acción depredadora del que va a la zona de un naufragio no para rescatar posibles sobrevivientes, sino para apoderarse de lo que pueda haber quedado de valor, flotando en las aguas o arrojado a las costas. La victoria electoral de Trump se parece mucho a un raqueo. Está montada sobre una gran tragedia: el naufragio del tan mentado “sueño americano”, sobre el que se forjó el modelo estadounidense. La imagen de esa sociedad crisol de razas, donde cualquier persona, con voluntad, trabajo, esfuerzo y estudio tenía una oportunidad y podía forjarse un futuro, desapareció en las aguas turbulentas de las últimas décadas.
            Esta realidad no es tan evidente en los centros de las grandes ciudades costeras norteamericanas, corazón de las finanzas, el comercio, el turismo, la diplomacia y las “altas esferas” políticas, que es la geografía donde viven las elites dirigentes y que suelen recorrer los visitantes del exterior. Pero en lo profundo de Estados Unidos, una creciente masa de la población sobrevive como náufragos en el país de los sueños rotos, de las expectativas fallidas, de las frustraciones.

Cinturón de óxido
            Es la Norteamérica rural, donde antes predominaban las granjas familiares, que se endeudaron para tecnificarse y competir con las grandes corporaciones, y a las que los sucesivos “rescates crediticios” de los grandes bancos llevaron a la ruina.
            Es la nación donde el desmantelamiento fabril ha creado un “cinturón de óxido”, formado por los cordones industriales desactivados, donde maquinaria e instalaciones se oxidan en el desuso, como se oxidan también las vidas de quienes trabajaban en ellos. Ciudades que supieron ser emporios de la producción hoy parecen una mala postal de Ciudad Gótica. Con un ejemplo alcanza: en Detroit, la meca de la industria automotriz, el cierre de plantas hizo caer en picada el cobro de los impuestos y tasas municipales, a tal punto que la ciudad se tuvo que declarar en bancarrota.

La esquizofrenia capitalista
            En esas ciudades se comprueban la brutalidad y la esquizofrenia del capitalismo moderno. Los bancos, que incentivaron a la población a tomar préstamos para seguir alimentando el bienestar ficticio, armaron una escandalosa burbuja financiera, vendiendo las carteras de esos créditos. Y cuando la burbuja estalló, no dudaron en desalojar a quienes ya no podían pagar las hipotecas, aunque no tenían a quien venderles esas viviendas ni podían hacerse cargo de mantenerlas. Barrios enteros decaen en el abandono, mientras sus antiguos habitantes engrosan la población que vive en casas rodantes y las muchedumbres de los “sin techo”.
            Esos trabajadores que habían visto a sus abuelos regresar como héroes de la Segunda Guerra Mundial y que vieron a sus padres esforzarse y progresar, viviendo realmente un genuino período de crecimiento y consumo allá por los años 60, a lo largo de su propia vida adulta han padecido el deterioro de sus empleos, sus ingresos, su capacidad de ahorro y de consumo y de sus esperanzas. Comprueban que viven peor que sus padres y sus abuelos; y lo que es mucho más grave, ven que el presente y el futuro son todavía mucho más sombríos para sus hijos.
            Es un panorama que nos resulta muy familiar a los argentinos; en nuestros conurbanos vivimos realidades similares. Es lo que el papa Francisco ha caracterizado como la “cultura del descarte”, un despilfarro global que no se detiene ante nada, ni siquiera ante los seres humanos.
            El crecimiento en Estados Unidos de las adicciones alarma a las autoridades y a las instituciones no gubernamentales. Incluso más grave es el aumento del consumo de alcohol, que en algunos estados alcanza a un cuarto de la población trabajadora que, sin acceso a otro entretenimiento, pasa su tiempo libre en el bar del pueblo, tomando una cerveza tras otra.

Desempleo
            Todo esto puede parecer contradictorio con el índice relativamente bajo de desempleo de Estados Unidos. Pero lo que se perdió, acelerada y dramáticamente, es el empleo de calidad. Los obreros industriales despedidos han tenido que aceptar empleos de menor calidad, por una cuarta parte de lo que ganaban antes y sin acceso a ninguno de los beneficios de una sociedad capitalista avanzada.
            Mandando a pique el sueño americano, el egoísmo globalizado del sistema ha ido arrojando los restos del naufragio en una acumulación de excluidos, de vidas precarizadas, sin horizonte ni esperanza.

Responsabilidades compartidas
            Para que así fuese, mucho tuvieron que ver dos figuras señeras de la política estadounidense de las últimas décadas. Aunque aparecen como contrapuestas, las dos contribuyeron a un mismo resultado. Una de ellas fue Ronald Reagan, que en los años 80 emprendió la llamada “revolución conservadora”. Rodeado de una corte de “científicos sociales” desaforados, dedicados a experimentar sobre una sociedad que aún mantenía ciertos equilibrios, aplicó el conjunto de recetas que en su dudoso honor se recuerdan como Reaganomics y que el resto del mundo suele llamar “neoliberalismo”. Con ellas comenzó a cavar la tumba del sueño americano. Pero, como ha demostrado también la historia de otros pueblos –entre ellos, el nuestro–, para destruir el tejido social no alcanza con los que emprenden esa tarea cuchillo en mano y anunciando sus propósitos. Suele requerirse también que venga alguien prometiendo todo lo contrario. Este papel le correspondió a Bill Clinton, quien puso la lápida sobre los restos del American dream. Sembró expectativas al presentarse como lo opuesto a Reagan, pero la famosa frase que signó su campaña, “Es la economía, estúpido”, mostraba la triste realidad. Los grandes capitalistas entendieron el mensaje, lo aceptaron y actuaron en consecuencia. La “economía”, entendida por ellos como incremento ilimitado de la tasa de ganancia, de la “productividad” y la “eficiencia” a todo trance, chocaba con los niveles de vida de la mayoría de los estadounidenses. Y si no lo podían conseguir en Estados Unidos, lo harían en China, Vietnam, Malasia, México, o cualquier otra localización donde instalar sus negocios, sin tener que hacerse cargo de la “felicidad popular” y sus “altos costos”.
            En este marco, el cúmulo de descartados, de arrojados por el hundimiento, fue alzándose hasta formar una montaña. Las sucesivas crisis financieras especulativas, consecuencia también de ese mismo capitalismo voraz, se encargaron de hacerla crecer hasta límites insospechados. Si hace ocho años una parte considerable de la población depositó sus esperanzas en la elección del primer presidente afronorteamericano, las políticas de Barack Obama no alteraron lo sustancial del sistema. Sus magros resultados terminaron por producir, además, lo que algunos analistas llaman un efecto de retroceso: el racismo y la discriminación, que nunca habían sido erradicados del todo, recrudecieron cuando una parte importante de la población blanca, anglosajona, protestante (los llamados “wasp”) sintió que peligraba su hegemonía social y cultural.

Un futuro oscuro e inaceptable
            Entonces, un empresario y político aprovechador comenzó a raquear en el naufragio, en la montaña del descarte del sistema, en los trozos partidos del sueño americano, en las expectativas defraudadas, las frustraciones y los rencores acumulados, en los prejuicios racistas y xenófobos, para ver qué podía sacar mediante una serie de propuestas altisonantes, voluntaristas, de muy difícil aplicación, y que si se llegan a aplicar tendrán costos tremendos. Armó su campaña con la habilidad del fabricante de ilusiones, vendiéndole a cada auditorio la promesa de lo que quería oír. ¿Qué espera un desesperado? El más mínimo fragmento de esperanza. Y un oportunista siempre está dispuesto a dárselo.
            Muchos lo votaron por resentimiento, por rabia ciega contra un establishment que los trata como rezagos. Es la reacción visceral ante esa expresión denigrante con que los llaman las elites intelectuales supuestamente “progres”: white trash, desperdicio, desecho blanco.
            ¿Dará respuesta Trump a esas frustraciones acumuladas? Sin pretender hacer futurología, entiendo que no, porque la situación va más allá de su discurso voluntarista. Toda su vida ha sido y sigue siendo parte del sistema que lucra con la destrucción del tejido social, con esa “cultura del descarte” que en la mayor potencia mundial se traduce en el naufragio del sueño americano. ¿Por qué habrían de cambiar, él y las grandes corporaciones estadounidenses, esa “lógica”, que es la del capitalismo mundial en la actualidad, siendo la propia economía norteamericana la creadora del monstruo? Insisto: lejos de ser un líder populista, en cualquiera de sus variantes, Trump es un atracador ocasional, que difícilmente haga historia; o sí, tal vez haga una historia trágica.
            Y al decir esto, aclaro, no estoy cantando loas al populismo; es un tema serio y debe ser discutido con la debida profundidad, tomando en cuenta los aportes que puedan hacer los estudiosos del tema. Pero mi experiencia como dirigente sindical me ha entrenado el olfato para distinguir entre lo que puede interpretarse como una postura ideológica, se la comparta o no, y lo que es el peor género de oportunismo: el de quienes, lucrando con las desgracias sociales y los resentimientos generados, consolidan esta cultura de la exclusión, que se ha transformado en sinónimo del capitalismo moderno.
            Y ante ello, tomando la frase bíblica, desde el fondo de mi corazón lo rechazo, mil veces lo rechazo.
 




Los LEBACS y especualciòn financiera


Por Nicolás Hernán Zeolla y Estanislao Malic*


El crecimiento del stock total de vencimientos de las LEBAC es una de las consecuencias de las altas tasas de interés del BCRA para contener el dólar tras la liberación de los controles cambiarios. El volumen de estos títulos, el costo financiero y el plazo reducido en el cual deben renovarse los vencimientos implica un nuevo riesgo latente. Cuáles son las alternativas para desarmar el stock de  vencimientos sin que esto implique una corrida hacia el dólar.


Con la asunción del nuevo gobierno la política monetaria del Banco Central de la República Argentina (BCRA) giró drásticamente. En la adopción de un conjunto de medidas tendientes a la desregulación total de la compra de dólares se buscó contener una disparada del tipo de cambio absorbiendo dinero circulante mediante la colocación de los bonos LEBAC, que emite el BCRA.  Lejos del relativo éxito con que se presenta la famosa “salida del cepo”, se ha desregulado el mercado de cambios armando un riesgo latente en otra parte del mercado financiero.

Entre noviembre de 2015 y noviembre de 2016 el stock total de LEBAC se multiplicó en 2,5 veces, la duración media los vencimientos (el plazo en el que debe volver a emitirse esa deuda) se redujo a la mitad, de modo que el 85% del total debe refinanciarse cada tres meses; el costo total en concepto de intereses que paga el Banco Central por estas emisiones se multiplicó por dos: en la actualidad cada mes se debe desembolsar un equivalente a 14.700 millones de pesos, una carga de pagos del Banco Central que para todo el año ya duplica el monto en los famosos contratos de “dólar futuro”. Y todo esto, con un tipo de cambio planchado, lo que virtualmente implica una dolarización del stock de LEBAC y sus vencimientos.

En este contexto la política monetaria del BCRA tiene hacia adelante un dilema central: considerando que este formato de intervención de absorber pesos del mercado no puede continuar indefinidamente por el costo que implica tener durante tanto tiempo las tasas de interés tan altas, en algún momento el stock de LEBAC en manos del sector privado tiene que desinflarse. La pregunta entonces es como hacerlo sin que esto implique ni una corrida al dólar.

El levantamiento de los controles cambiarios y el rol de las LEBAC

Tras la liberación de los controles cambiarios, la política monetaria del gobierno nacional tuvo dos mecanismos claros de contención del precio del dólar. 
Uno fue el gigantesco volumen de dólares de endeudamiento del Estado Nacional, los Estados Provinciales y las empresas privadas; sumado al shock extra de dólares mediante: acuerdos con las cerealeras para que liquiden los stock acopiados, una deuda puente “Repro” con bancos internacionales y la activación del ultimo tramo del vapuleado swap de monedas con China. El otro mecanismo fue la política de altas tasas interés en el mercado local. Y la contracara es la acumulación de un stock cada vez mayor de vencimientos de LEBAC.

Ambas medidas fueron los principales los pilares del victorioso “plan verano” con el cual el gobierno liberó los controles cambiarios y aguanto el tipo de cambio en 16 pesos por dolar, para después hacerlo descender. Sin embargo, la política de altas tasas continúo porque bajarla implicaba un riesgo de que el dólar se escape, y por ende el stock de LEBAC siguió aumentando.


lunes, 19 de diciembre de 2016

Libro de Aritz Recalde "Estudios sobre el Brasil"

Introducción
- Juan Bautista Alberdi y el Brasil                                                                          

- Brasil y Estados Unidos según Luiz Alberto Moniz Bandeira                       

- Brasil en el pensamiento nacional: Hernández Arregui, José María Rosa
y Arturo Jauretche                                                                                           - Juan Enrique Guglialmelli y las relaciones argentino brasileñas                            
- El Partido de los Trabajadores y el Brasil.                                                         

Bibliografía                              

Que no haya retiro de embajadores en Caracas y Buenos Aires



Buenos Aires, 16 de diciembre de 2016.


Días atrás estuve en la Embajada de Venezuela, en un desayuno donde la canciller, Delcy Rodríguez, con su brazo en cabestrillo a consecuencia de la agresión sufrida el día anterior por parte de miembros de la Policía Federal y personal de seguridad del Ministerio de Relaciones Exteriores, conversó con distintos invitados sobre la situación del Mercosur, la posición del gobierno venezolano y otras cuestiones.
La canciller es una mujer joven, menuda y con rasgos típicamente latinoamericanos, de voz suave y expresión tranquila y armónica. Lucía serena, pese a la situación que acababa de vivir. Comentábamos en la mesa que si, en 1880 el canciller del Imperio Austro-Húngaro hubiera sido agredido por unos gendarmes franceses al intentar entrar en el Quai D'Orsay, la Primera Guerra Mundial se hubiera adelantado unos treinta y cuatro años, tal era la magnitud de la ofensa recibida. El hecho no tiene antecedentes en la diplomacia argentina y creo que tampoco en la mundial. Venezuela es un país soberano, miembro del Mercosur, amigo de la Argentina desde siempre.
El gobierno conservador de Julio Argentino Roca, a través de su ministro Luis María Drago, brindó, en 1908, un decisivo apoyo político a Venezuela, cuando las armadas de varios países europeos bloquearon sus puertos, como respuesta a la declaración de una moratoria de su deuda externa por parte del presidente Cipriano Castro. Venezuela nunca olvidó esa noble actitud argentina. Recibió generosamente a miles de exilados de la dictadura cívico militar de 1976, apoyó desde siempre y de manera efectiva el reclamo argentino sobre Malvinas y se solidarizó con nuestro país, contra la Task Force británica, cuando recuperamos las islas en 1982. Nos dio una mano abierta y pródiga en el 2003, cuando el default amenazaba la política de recuperación nacional iniciada por Néstor Kirchner, fue cliente de nuestra industria agromecánica, logrando que empresas familiares del interior del país se convirtieran en exportadoras de sus sembradoras, cosechadoras y otras máquinas agrícolas. Nuestro país y Venezuela lograron desbaratar, en el 2005, en la histórica Cumbre de las Américas, el intento colonizador del ALCA. Hay profesores argentinos, muchos de ellos ya retirados, en las mejores universidades venezolanas, y cientos de profesionales de aquel país se formaron y se siguen formando en nuestras universidades. He conocido profesionales que recuerdan con precisión y nostalgia algunas esquinas porteñas, gracias a sus años de estudio en nuestra Capital Federal.
Recuerdo los ojos llenos de lágrimas del diputado Carlos Escarrá Malaver -prematuramente fallecido- al entrar al espacio dedicado a Evita en la CGT. Su madre, una morena mujer de pueblo, le había hablado de niño de aquella mujer que velaba por los más pobres y no podía irse de la Argentina si evocar su obra y su vida.
Los hombres y las mujeres más longevas de aquel país todavía guardan en su memoria con emoción el final del célebre Gran Premio de América del Sur de 1948, donde las figuras de Juan Manuel Fangio y Oscar Gálvez se convirtieron en ídolos para la multitud de entusiastas del automovilismo. En aquella oportunidad, Oscar Gálvez detuvo su marcha para auxiliar a su eterno competidos Juan Manuel Fangio quien había sufrido un accidente que costó la vida de su acompañante, Daniel Urrutia. El auto de Oscar Gálvez, a muy poca distancia de la llegada en Caracas, sufrió un desperfecto que lo dejó fuera de la competencia y logró alcanzar la meta gracias a los espectadores que empujaron su auto hasta la línea final.
Quien ha vivido en Venezuela puede testimoniar que aquellas jornadas y aquellos hombres viven en el corazón de los venezolanos. Para no hablar de la popularidad que aún hoy tienen en aquel país las canciones de Leonardo Favio y de Leo Dan. O como está vivo el recuerdo del famoso productor radial Tito Martínez del Box, creador en Buenos Aires de La Craneoteca de los Genios, y exilado en Caracas por la dictadura de Aramburu y Rojas. Martínez del Box hizo historia en la radio venezolana a punto que muchos han olvidado el lugar de su nacimiento.
De modo que la alevosa agresión cometida por Macri y su ministra de Relaciones Exteriores, la súbdita española Susana Malcorra, fue, como la ejecución del Duque de Enghien, “algo peor que un crimen, fue un error”, según dijera Talleyrand.
La única pregunta que le formulé a la señora Rodriguez fue si Venezuela pensaba exigir un retiro del embajador argentino en Caracas y el consecuente retiro de su embajador en Buenos Aires. La respuesta que me dieron la canciller Delcy Rodríguez y el embajador General Carlos Martínez Mendoza fue rotunda. “Ese acto fue una provocación para que hagamos eso. El gobierno de la República Bolivariana de Venezuela no va a caer en esa provocación. De ninguna manera tenemos pensado ese tipo de respuestas. Para nosotros es muy importante seguir manteniendo nuestra representación en la Argentina, nuestro contacto y nuestro vínculo con el pueblo argentino, que lo sabemos respetuoso y solidario con Venezuela y su Revolución”. Cito de memoria pero con precisión.
Creo que la respuesta recibida a mi preocupación es la única que corresponde políticamente. Los argentinos queremos seguir teniendo representantes oficiales de Venezuela en nuestro país. Queremos que el embajador pueda seguir participando en las inauguraciones de escuelas que llevan el nombre del Libertador Simón Bolívar. Queremos que los estudiantes y residentes venezolanos sigan teniendo su embajada y su cónsul. Queremos seguir rindiendo homenaje al 19 de abril de 1810 y a la Batalla de Carabobo. Queremos seguir dialogando e intercambiando opiniones e información con los venezolanos a través de su embajada.
Han llegado noticias desde Caracas de declaraciones que piden el retiro del embajador argentino en aquel país. Creo que sería un error, más allá de la indignidad que ese embajador representa y del agravio sufrido por la honra y la dignidad venezolana. Confío en la serenidad revolucionaria de los compañeros venezolanos, del presidente Nicolás Maduro y la canciller Delcy Rodríguez.
Los momentos difíciles son para conservar la cabeza fría y el corazón ardiente. ¿Qué más querría el imperialismo norteamericano que aislar a Venezuela de Argentina, que separar a Bolívar de San Martín?
Los compañeros venezolanos, el gobierno de la Revolución Bolivariana, sabe que ni la imperdonable agresión sufrida por Delcy Rodríguez, ni la afrenta del Mercosur expresan los deseos profundos de nuestro pueblo, nuestra amistad y cariño por los venezolanos y su tierra, nuestra solidaridad con su indoblegable lucha antimperialista y por la unidad de América Latina.
Y estos sinceros sentimientos queremos poder expresarselos a los representantes en nuestro país de aquel gobierno al que acompañamos en sus esfuerzos por aplastar la reacción interna y externa.


viernes, 16 de diciembre de 2016

Un resplandor en la oscuridad

A 81 años de la disolución de FORJA
Juan Godoy - diciembre 2016 


Hace exactamente 81 años, un 15 de diciembre de 1945, se desintegraba la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, más conocida como FORJA. Diez años habían pasado desde que un puñado de patriotas proveniente en mayor o menor medida, y sobre todo, del radicalismo yrigoyenista, pero también de otras tradiciones como nacionalistas y/o marxistas, daba nacimiento a dicha agrupación en un sótano de la Ciudad de Buenos Aires. El nombre venía inspirado en una vieja frase del caudillo radical Hipólito Yrigoyen: “Todo taller de forja parece un mundo que se derrumba”.

Fue un 29 de junio, una tarde fría de otoño a las 17.45 horas, y en ese subsuelo húmedo y oscuro pocos sabían (incluso sus integrantes) que nacía una nueva agrupación que sería una bisagra en la historia argentina. En el acto fundacional los asistentes dejan estampadas sus firmas en un “libro rojo”. Entre las rubricas que se cuentan las de Arturo Jauretche, Juan B. Fleitas (que había sido ministro de Yrigoyen), Homero Manzi, Manuel Ortíz Pereyra (uno de los precursores de la agrupación), Jorge del Río, Atilio García Mellid, Gabriel del Mazo, Luis Dellepiane, etc. En el acta de nacimiento de FORJA, ya aparece escrita en letras mayúsculas una de sus célebres frases que da cuenta de la orientación de la fuerza: “SOMOS UNA ARGENTINA COLONIAL, QUEREMOS SER UNA ARGENTINA LIBRE”.

Estos muchachos están preocupados por la patria, les duele la injusticia, la claudicación del radicalismo alvearizado y la entrega de la nación al imperialismo británico. Deciden entonces entablar una lucha desigual, se lanzan a recuperar el radicalismo para su función reparadora (aunque conforme pasen los años abandonarán en cierto sentido esta idea) y a desentrañar el accionar del imperialismo británico que nos convertía, a través de una dominación indirecta, prácticamente en su sexto dominio. En esa Argentina infame, una luz asoma en la oscuridad. Las ideas comienzan a germinar desde lo bajo, crecen desde el pie, siguiendo la idea de José Hernández que decía en el Martín Fierro “el fuego, pa’ calentar, debe ir siempre por abajo”. Sus ideas las diseminan por todo el país, a través de una militancia incansable e indoblegable: en diez años hacen cerca de cuatro mil conferencias, editan trece cuadernos, libros, volantes, afiches, carteles, entabla relación con otros movimientos latinoamericanos como el APRA y/o con los cimientos del MNR, como asimismo con políticos, militares de nuestro país y de otros, etc.

No obstante estos tópicos centrales en el pensamiento forjista, en el tránsito de los 10 años de lucha terminará abordando una gama de temas más amplia, y al mismo tiempo será un importante antecedente e influencia (directa e indirecta) en el peronismo naciente, y por el cual se termina desintegrando para que sus afiliados se sumen al “nuevo” movimiento nacional-popular.

FORJA se lanzó a construir una manifestación genuinamente argentina, construir categorías desde y para un país semi-colonial, parte de una Gran Nación inconclusa, sin que esto signifique cerrazón frente al extranjero. Lo que se busca es la correspondencia de las ideas con las necesidades nacionales. Nos interesa aquí recorrer algunos de los lineamientos centrales de la agrupación, en tanto anti-imperialista y latinoamericana, al mismo tiempo que ponemos de relevancia la actualidad del pensamiento forjista que puede actuar como guía en el presente.

FORJA busca comprender las problemáticas nacionales. Para ello construye un ideario que procura abordar los problemas argentinos con criterio argentino. Sigue la máxima de Simón Rodríguez que ya ha principios del siglo XIX planteaba “o inventamos o erramos”. Pensar en nacional consiste en “dirigir el pensamiento nacional hacia los hechos concretos y sus implicancias económicas sociales y culturales propias, para tratar de contribuir a la elaboración de un pensamiento propio” (Jauretche, 1976: 68). El forjismo construye sus propias herramientas de análisis y acción política. Emprende la tarea de la construcción de un método para abordar la realidad, y llevar a cabo una política nacional.