miércoles, 13 de enero de 2010

Cuaderno N° 4

Cuaderno Nº 4: El Arte Nacional y Latinoamericano
Santiago Ares – enero de 2010

“Toda cultura se inspira en el pueblo y en su ámbito geográfico y espiritual” Juan José Hernández Arregui

LA CULTURA, EL ARTE Y LA NACIÓN
El ARTE es la facultad mediante la cual los seres humanos expresan sentimientos o concepciones de vida por intermedio de fuentes y de recursos materiales o inmateriales, valiéndose de la imagen, el sonido u otros instrumentos diversos. Las expresiones artísticas varían según su origen y su contexto histórico de producción. Si son desarrolladas bajo relaciones de opresión transmiten en sus obras la dicción del pueblo oprimido y lo hacen como una forma de representar sus necesidades de sujeto soberano e independiente. Al arte que nace como respuesta y rechazo a la agresión imperialista se denomina arte popular. El arte, tal cual lo expresa Ricardo Carpani[1], es un medio de comunicación entre los hombres, tal vez el más profundo, ya que penetra en aquellas zonas del individuo que aún constituyen un misterio para la razón. Es un medio de comunicación que opera con elementos simbólicos accesibles a cualquier ser humano. Con formas y colores, con palabras o con sonidos, construye una imagen expresiva de sentimientos que es captada por todo ser sensible. Ahora bien, en nuestra opinión el verdadero significado de la obra de arte más que sus cualidades estéticas puras, reside en el poder de suscitar emociones inconscientes en el público.
La CULTURA, siguiendo a Juan José Hernández Arregui[2], es un estilo de vida compuesto por rasgos regionales o nacionales diversos, articulados como valores colectivos que tienen como nexo unificador a la lengua. Dichos valores son experimentados como la conciencia de un pueblo que es el prisma a partir del cual el hombre interpela el mundo. El arte como parte de la cultura, forma y transmite valores que hacen a la conciencia de un pueblo. El arte popular aparece como un instrumento de resistencia a las presiones externas y permite afirmar los valores de la comunidad nacional que busca emanciparse. El debate sobre la formación de una cultura reconoce diferentes abordajes. Al penetrar en las capas psíquicas profundas de la cultura encontramos, siguiendo a Arregui, diversas manifestaciones materiales y espirituales estables como por ejemplo, los mitos, ritos religiosos, las tradiciones, los sistemas de comunicaciones y los estilos artísticos que regulan y uniforman la identidad y los medios de vinculación de la vida de un pueblo. Dichas condiciones básicas y estables de la cultura son parte de de constantes modificaciones y transformaciones históricas. Las formas dinámicas y renovadoras de la cultura y el arte son desarrolladas y reproducidas por individuos, por grupos sociales, por creadores y por pensadores de diferentes ideologías.
La cultura y el arte de un país soberano, sus expresiones y manifestaciones artísticas, científicas y técnicas, conforman los pilares que fundan y dan identidad a un pueblo. La identidad de los pueblos es el sustrato desde donde se consolida el ser nacional, proyección colectiva de la autorrealización de una comunidad de hombres y mujeres en el teatro de nuestro continente latinoamericano y mundial. Un pueblo sin cultura, sin identidad y sin nación, está condenado a ser apéndice de los intereses del extranjero y se encuentra imposibilitado por eso, de autorrealizarse según las necesidades y características propias.
En el teatro mundial de la división Internacional del trabajo, los países metropolitanos exportan su cultura que es impuesta y asimilada por los estados periféricos, que a partir de aquí, desarticulan su producción artística y bloquean la producción y manifestación de la creación cultural nacional. El aparato de la colonización pedagógica a través de sus cadenas informativas o de entretenimiento, dificulta toda posibilidad de que germine y se desarrolle un arte que proyecte raíces sobre su suelo, que sea propio, genuinamente local y regional. Esto nos permite aseverar que la emisión, recepción y circulación de las producciones culturales adquiere una dimensión de suma trascendencia para la conformación y el desarrollo pleno de la identidad nacional. En dicho marco, el arte popular expresa una relación estrecha con las condiciones históricas del medio en el cual se desarrolla. El avance de la cultura situada y consustanciada con el medio y la tierra, instala y trasmite de una generación a otra, progresivamente, los valores que conforman la identidad nacional. Dichos valores dan cauce al desarrollo de un arte nacional por intermedio del cual se desenvuelven el colectivo popular y sus concepciones e ideas emancipadoras.
El arte nacional conoce diversos géneros y tiene una larga historia. Un caso modelo de la cultura nacional es el Martín Fierro de José Hernández, padre fundador de la literatura nacional. En su desarrollo, la obra relata la problemática social del gaucho luego de la caída del gobierno de Juan Manuel de Rosas y por intermedio de su narrativa describe las desavenencias del criollo perseguido. Es de destacar que el Martín Fierro muestra claramente la estrecha ligazón del gaucho con los motivos culturales como la milonga y la payada, ambas acompañadas por la guitarra como un medio de transmitir los padecimientos y las vivencias del suelo argentino.
[1] Carpani, Ricardo, Arte y Revolución en América Latina, Coayoacan, Buenos Aires, 1961.
[2] Hernández Arregui, Juan José, Imperialismo y Cultura, Amerindia, Buenos Aires, 1957.

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