miércoles, 12 de diciembre de 2012

Argentina: piratería y soberanía

Ricardo Carpani y la construcción de un arte nacional-latinoamericano y popular

por Juan Godoy

“En países como el nuestro, la posición de un verdadero artista revolucionario supone el enfrentamiento con las viejas fuerzas de la oligarquía y el imperialismo. Y ello implica no una simple postura ideológica, sino sobre todo una serie de actos indisolublemente unidos a las grandes luchas sociales de nuestra época,”  Ricardo Carpani

“Un arte nacional no significa cerrazón frente a Europa, sino en la medida en que lo extranjero penetra y disuelve, a través de la colonización mental de la clase dirigente, el patrimonio intransferible y colectivo de la propia cultura nacional. Cultura es resistencia, pero también asimilación (…) el arte no escapa a la política.”. Juan José Hernández Arregui (Prólogo a Carpani, 1962)

“El arte está íntimamente vinculado con lo que nos rodea y sino no es arte, podrá ser algún ejercicio personal de alguien pero tiene que estar directamente vinculado. (…) Ricardo Carpani, también pintor argentino, pintor comprometido, creo que el primer Carpani no lo vi en un cuadro, lo vi en la portada de ´La formación de la conciencia nacional´ (…) Doris donó los tres Carpani que están en esa escalera que lleva ahora sí el nombre de ese gran argentino que fue Ricardo Carpani. Escalera Ricardo Carpani en una Casa de Gobierno que tiene a sus Mujeres Argentinas, a sus Científicos, a sus Patriotas latinoamericanos, a sus Escritores y Pensadores, a sus Pintores, porque nos parecía que estaba bien la escalera Francia y la escalera Italia, que fue el agradecimiento de las cosas que nos habían donado en el Centenario, pero nosotros en el Bicentenario nos quisimos hacer cargo de los argentinos, así que como nos hicimos cargo de los argentinos nos dedicamos a recordar toda las buenas cosas que habían hecho argentinos y argentinas.” Cristina Fernández de Kirchner (Inauguración de la Escalera Carpani y el Salón de los Pintores y Pinturas Argentinas. 8 de abril de 2011)

Consideramos aquí que, afortunadamente, en los últimos años se ha dado una revalorización de la obra de Ricardo Carpani, expresada en la inauguración de diferentes muestras, ya sean itinerantes o estables, ya sean en espacios privados o en la esfera pública, entre estos últimos es destacable la tarea de reivindicación de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, o  la difusión de diferentes charlas, o la re-edición de varios de sus libros. Quien escribe, estima que una de las claves para comprender esta “vuelta a Carpani” se liga al proceso de re-industrialización y de politización creciente, ambos procesos dados desde el año 2003. Destacamos que en la militancia política, sindical, cultural, etc. se mantuvo, con afiches, volantes, banderas, etc. en alto a través de todos los años. ¿Por qué sostenemos esta relación? Porque la obra de Carpani había tenido difusión hacia fines de la década del ´60 y comienzos de los ´70, donde se observaban características similares de estas cuestiones, pues el proceso de industrialización por sustitución de importaciones acelerado en los primeros dos gobiernos de Juan Perón se mantenía erguido, todavía no habían logrado destruirlo diferentes experiencias anti-populares, y fruto de un conjunto de factores internos y externos se observaba una politización creciente de amplias capas de la sociedad argentina. El período en que la obra de Carpani es “dejada de lado”, comienza en la larga noche de  la última dictadura cívico militar, donde se impone un modelo económico de valorización financiera profundizado por el modelo neoliberal del menemato y el delarruismo .

De esta forma, se explica  la aparición fuerte de Carpani en los dos momentos consignados, porque su obra se encuentra íntimamente ligada por un lado, a los sectores trabajadores, y por el otro,  a la politización de la sociedad argentina. Los dos períodos donde se dan estos factores son entonces una de las causas para la valorización de la obra, el largo período donde la patria se ligaba a la “timba financiera” y se desligaba de lo que le pasaba a nuestros compatriotas, dejando tendales de trabajadores desocupados, flexibilización laboral, precarización del trabajo, pobreza, indigencia, etc. Ricardo Carpani no encuentra cause en una sociedad sin industria, sin amplios sectores de la población laburando y luchando por la liberación nacional. No será rescatado ni una ni otra vez, por la superestructura cultural de colonización pedagógica, para ésta, Carpani seguirá siendo “un maldito” .

Abordaremos aquí, algunas consideraciones acerca del desarrollo del arte que realiza Ricardo Carpani, su relación con la superestructura cultural predominante, con la cultura nacional, la política, los procesos de cambio emancipatorios y revolucionarios. Trataremos una faceta menos conocida de Carpani, pues como bien sostiene Juan Carlos Trejo (estimamos seudónimo de Jorge Abelardo Ramos ): “Carpani es un pintor y un teórico, que no ha temido romper con los prejuicios predominantes, según los cuales un pintor se expresa únicamente por lo que pinta y debe desdeñar toda otra expresión de su mundo.” No indagaremos en la plástica propiamente dicha (más allá que la de Carpani nos parece excelente), ya que no es nuestro tarea. Coincidimos con Hernández Arregui, cuando argumenta que la obra escrita de Carpani es parte de una serie de trabajos que denuncia las raíces de nuestro coloniaje cultural, “enjuicia” la superestructura cultural de colonización pedagógica. Carpani aparece en el año 1959, formando el “Grupo Espartaco” que buscaba alejarse del arte ajeno a lo que sucede en el seno de la sociedad, del universalismo abstracto, al mismo tiempo que rechazaba las manifestaciones artísticas que eran mera “copia” de la realidad. Pretendía un arte profundamente nacional (y critica la superestructura cultural que la obtura), en consonancia y como parte de las luchas del Pueblo argentino y latinoamericano. Rechaza al arte encerrado en sí mismo, el artista sólo con su caballete, pintando lo que será consumido por las clases altas (dominantes) o medias altas, que al mismo tiempo moldean su estilo artístico y procuran en su manifiesto (redactado por Carpani ), un modo de oponerse a toda esta “tradición”: “El arte revolucionario debe surgir, en síntesis, como expresión monumental y pública. El Pueblo que lo nutre deberá verlo en su vida cotidiana. De la pintura de caballete, como lujoso vicio solitario, hay que pasar resueltamente al arte de masas, es decir, al arte.”

Carpani al poco tiempo se irá del grupo.  Eduardo Luis Duhalde refiere que quizás este retiro se ligue a su desarrollo ideológico y político, al mismo tiempo que a la personalidad del artista social que buscaba otras formas de expresión alejadas de las galerías y salas de exposiciones. Galasso pone en consideración dos cuestiones más al respecto: que ante el cierre de la superestructura cultural algunos miembros pretenden tender lazos hacia quienes otorgan prestigio; además, cita a Carpani quien sostiene que “unos éramos de izquierda nacional y otros, todavía estaban adheridos a la izquierda tradicional.” Nos interesa destacar que Duhalde, establece como influencia más importantes a dos autores: Juan José Hernández Arregui, fundamentalmente con el libro editado en 1957, Imperialismo y cultura, y el dado a conocer en 1960, La formación de la conciencia nacional; por otro lado, Jorge Abelardo Ramos (quien edita varias obras escritas de Carpani) especialmente por Crisis y resurrección de la literatura argentina (1954), y Revolución y contrarrevolución en la Argentina, editado por vez primera en 1957. Entre las influencias ligadas a la pintura y al dibujo, Galasso consigna a Guillermo Facio Hebecquer, quien dibujaba en un periódico socialista; a Pettoruti con quien estudió y perfeccionó su técnica; a Lino Spilimbergo, y a los muralistas mejicanos.  Resaltados por Carpani, a Orozco, Siqueiros, Rivera, Guayasamín, etc. Así, en consonancia y profundizando lo que venía trabajando en Espartaco, Carpani establecerá su posición como argentino y latinoamericano, expresando las exigencias de la Patria Grande. Pondrá de relevancia la relación entre las manifestaciones artísticas y la realidad social, política y económica de donde surgen las mismas. En la base del surgimiento del arte, de la necesidad del hombre de expresarse estéticamente, aparece al separación del hombre respecto a la naturaleza. Al mismo tiempo, argumenta que el capitalismo mercantilizó la obra de arte y la transformó de bien público en mercancía, en objeto de apropiación privada, aislando a ésta y al artista de la comunidad, enajenando a este último de su creación. Para superar esta situación, es necesario romper con las condiciones que la generan, así “Mientras el arte esté separado de la sociedad, como lo está el actual arte burgués, el cumplimiento de aquella intencionalidad, su función desalientante (…) y su reinserción activa en la vida social como vía a su realización (…) resulta imposible. Y es esto, precisamente, lo que plantea como necesidad la aparición de un nuevo gran arte, superador del arte burgués. Un arte público e integrado a la sociedad.” Pues el arte revolucionario tiene que ser arte de masas por tres cuestiones: primero, por el público al que se dirige la misma; segundo, por la naturaleza de los problemas que trata y tercero, por los medios a través de los cuales llega a ese público.

Los procesos emancipatorios del siglo XIX en Nuestra América culminaron con la colonia pero rápidamente cayeron en la situación semi-colonial, agravada por la segregación en 20 “Patrias Chicas”. En esta “nueva situación”, la oligarquía supeditada al imperialismo fue generando una “cultura oficial” que actúo como “disociadora de una auténtica conciencia nacional y al servicio de la explotación de nuestros Pueblos.”  El carácter dependiente de la cultura se relaciona con la falta de creatividad, de originalidad y con la copia de la “última moda” europea o norteamericana. La especificidad latinoamericana viene dada por su situación semi-colonial y por su rebelión frente a la misma. La generación de una cultura propia, nacional, diferenciada de nuestros colonizadores, la elaboración con y desde el Pueblo. Carpani profundiza al respecto en la Revista dirigida por Hernández Arregui, Peronismo y socialismo: “El arte, para no perder de vista su vitalidad creativa desconectándose de la realidad, debe asimilarse a la actividad política y social (de hecho, y mal que les pese a los subjetivistas y artepuristas, esa asimilación existe también en sus obras, aunque con signo reaccionario, ya que el apoliticismo es una forma de convalidar pasivamente el sistema). Sin embargo, no basta ya con una participación desde fuera, indirecta o circunstancial del artista y su obra en la lucha política. El arte debe transformarse él mismo en actividad política revolucionaria y asumirse como tal.”

Avanzando en el planteo, observamos que Carpani diferencia los nacionalismos de los países centrales, que son nacionalismos expansivos, reaccionarios, burgueses, del nacionalismo de los países del tercer mundo, que luchan contra la opresión de aquellos, por la afirmarse como nación frente al avasallamiento del imperialismo en alianza con la oligarquía. En éstos últimos, hay una cuestión nacional a resolver y la formación de una conciencia nacional se revela esencial en la lucha por la liberación. Revelarse y revertir la cultura de los colonizadores. Carpani sostiene entonces que: “Es la propia lucha de liberación, contra el colonialismo, primero, y contra el imperialismo anglosajón, después, que fue y va conformando nuestra nacionalidad (…) la historia de una lucha aún inconclusa, como inconclusa está la conformación de nuestra nacionalidad.” El arte en un país semi-colonial, con una conciencia nacional en desarrollo, actúa como apuntalamiento y reforzamiento de la misma pues se encuentra íntimamente ligada a la conformación de una cultura nacional-popular: “Como hecho colectivo generalizado en la cotidianidad de la vida de la sociedad y que se expresa en estilos de vida, modos de pensar y actuar, pautas de conducta, etc., prevalecientes en las masas, por ellas elaborados.” El artista aparece aquí como quien puede objetivar esta creación colectiva, romper con la cultura preconizada desde los sectores dominantes a través de su superestructura cultual y construir una cultura común que se enfrente a ésta.

Rechaza Carpani el uso de la idea de un “Arte Americano” en tanto la necesidad de estrechar vínculos artísticos con Estados Unidos y conformar una unidad distinta de la europea, pero en términos reales esta concepción termina solamente imitando las corrientes estéticas de moda en los Estados Unidos. Carpani considera un arte situado en la realidad de la cual emerge, sosteniendo que las regiones tienen diferentes niveles de desarrollo. Procura entonces un arte nacional, entendiendo lo nacional como lo latinoamericano. El arte aquí cumpliendo un papel que tienda a la unidad de nuestro continente latinoamericano. Por eso los factores disociadores de esta unidad se levantan contra la posibilidad de un arte nacional. Es un llamado a un arte propio, creativo: “La construcción de una cultura y un arte nacionales no constituye para los latinoamericanos una mera apetencia contingente, sino un imperativo humano y político ineludible.”  Se aleja al mismo tiempo de la pintura como mero “reflejo”, pues para eso ya existe la fotografía, la cámara filmadora, etc. Hernández Arregui reivindicando el arte de Carpani sostiene que: “La imitación puramente formal es academicismo. Arte muerto, aunque se titule moderno.” Carpani, según Galasso: “Recrea a los trabajadores tal cual los siente, ampliando sus dimensiones, acentuando su combatividad, deformando su figura con formas vanguardistas -provenientes del cubismo, del expresionismo- imbuyendo al dibujo de un sentido colectivo y amenazante (…) el hombre no es un obrero. Es la clase obrera.”

Carpani también se va a alejar de los artistas que reflejan situaciones de pobreza, de miseria, humillaciones, en tanto  no movilicen al sujeto popular, sean manifestaciones artísticas despolitizadas: “No basta con el mero anecdotismo, con la simple descripción de hechos o cosas vinculadas con la lucha de clases para concretar un arte tal (revolucionario). No basta con pintar obreros, fábricas, Villas Miseria si a través de esas anécdotas no se comunican emociones e ideas revolucionarias.” La idealización de los sectores populares podrá ser arte social en la concepción de Carpani, pero no arte revolucionario. Asimismo destaca que: “Hay obras que, utilizando temas revolucionarios, expresan contenidos reaccionarios, y hay otras que, sin desarrollar una anécdota elaborada, simplemente pintando un desnudo o un paisaje, por ejemplo, están cargadas de un profundo contenido revolucionario. Emprende también  la crítica al denominado “arte puro”,  sostiene que no existe, pues: “La forma sin contenido no es arte.” Acerca del arte abstracto,  argumenta que si es manifestación genuina de nuestro proceso histórico-social será auténtico, pero luego del análisis histórico concluye que el arte abstracto ha surgido en Europa fruto de la crisis del capitalismo: “El proceso del arte abstracto no se ha dado en Latinoamérica. Y, por lo tanto, éste no puede surgir espontáneamente, sino como trasplante artificial y en esa medida inauténtico.” Es expresión de las modas impuestas por el coloniaje cultural. El artista como hombre, como ser social tiene dos posibilidades: o está de acuerdo con el orden social imperante o lo quiere modificar.

Respecto a  la relación entre el arte y la política argumenta: “La finalidad de un pintor no es “hacer pintura, a través de la pintura es hacer arte. Pero como el arte es un producto de la realidad, a la cual refleja en sus aspectos más dinámicos y nuestra realidad posee un creciente carácter revolucionario, nos encontramos con que haciendo arte haremos también política.” Este arte revolucionario encuentra como lugar propicio para manifestarse, lo monumental y público, el arte-mural, y también el afiche, el panfleto, el cartelón, las ilustraciones, etc. Todas formas desdeñadas por el universalismo y el arte-purismo, como categorías inferiores al arte, o directamente como lo que no es arte. El arte revolucionario no se construye con “recetarios”, sino que se realiza en íntima relación con la realidad nacional y social, en estrecha comunicación con los sectores populares que en su lucha anti-imperialista y anti-oligárquica son los forjadores de la cultura nacional: “El arte debe y puede constituirse en un arma de lucha nacional y social de los oprimidos contra la penetración y dominio imperialistas al mismo tiempo que contra las clases dominantes nativas y su cultura colonizada.”




jueves, 6 de diciembre de 2012

Una aproximación a la Filosofía Latinoamericana; El pensamiento de Kusch en perspectiva epistemológica

por Juan Manuel Pereira


“Todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran… volver a la realidad es un imperativo inexcusable. Para ello es preciso exigirse una virginidad mental a toda costa y una resolución inquebrantable de querer saber exactamente cómo somos.Raúl Scalabrini Ortiz

La cita que precede al texto debe comprenderse a modo de imperativo categórico, pues se erige en faro de la construcción de un pensamiento estratégico, distinto, propio. Scalabrini nos marca un camino a seguir, que no está exento de obstáculos políticos, históricos, metodológicos y gnoseológicos. El Pensamiento Nacional y Latinoamericano, luego de un largo camino comienza a transformarse, en Seminarios, en Cátedras y en Casas de Altos Estudios, en una opción académica. A pesar del significativo avance en un contexto de resurgimiento de gobiernos populares, continúa siendo hasta hoy un pensamiento minoritario que debe militarse constantemente para abrirse paso en una disputa trascendental para la Liberación Nacional. Las distintas cosmovisiones que conducen a la conformación de un pensamiento de índole propia, no han podido conciliar axiomas comunes que permitieran profundizar una discusión unificada al campo de las ideas. La heterogeneidad de las propuestas teóricas y metodológicas del pensamiento propio, deben darse un debate profundo y sistemático en la unificación de criterios comunes y lanzar una estrategia ofensiva sobre las elites académicas. “Todo lo que nos rodea es falso o irreal”, es un punto de partida, es una proclama a construir lo nuevo, a la capacidad de reinventarse, el Pensamiento Nacional no debe transformarse simplemente en un eficaz molde interpretativo porque lo estaríamos condenando a una simple construcción ideológica, debe coordinarse, profundizarse hasta el máximo límite, reconocer su propia frontera interna, sólo así será pensamiento estratégico popular con capacidad de ser Cosmovisión Hegemónica..

El campo de la Filosofía Social, aún debe ser abonado desde un eje interpretativo Nacional y Latinoamericano, discutir la condición humana sin ningún tipo de prejuicio previo a la experiencia real, es decir, virginidad mental entendida como la aceptación de que lo establecido en términos hegemónicos es ajeno a la realidad propia; no así, las teorías e ideas que las academias extranjeras producen, pues nacionalidad no se opone a intertextualidad; virginidad mental no significa arrancar de cero, significa asimilar el aporte externo, entendiendo a las variables internas como propias, como mecanismos que no deben ser eliminados sino plenamente aceptados en el natural desarrollo de la existencia. La Filosofía Social y la Cosmología tienen que despertar del letargo, de la licuación de su producción intelectual en el relato posmoderno y en el inútil criticismo sin esencia. Pensar, reinventar y actualizar un “nosotros”, no es tarea sencilla, implica un esfuerzo muchas veces desvalorizado frente al acontecer político. Somos el sujeto dominado en las relaciones sociales de poder y la praxis de la política nos invita a acotar nuestros marcos reflexivos a la contingencia y a la historia, pero la estrategia política nos exige construir caminos hacia la victoria, imperando la necesidad de resignificar el meollo cultural en el que estamos inmersos en nuestra condición de dominados. Se trata pues, de que axiomas fundantes de una cosmovisión se cristalicen en capacidad de disputa en todas las ramas del conocimiento, las ciencias, las artes y la técnica. Y en este sentido, el aporte de Rodolfo Kusch es invalorable, no sólo por su producción antropológica, sino más bien por encontrar una frontera interna en el Pensamiento Nacional y Latinoamericano. La condición humana se pone a prueba en todas sus dimensiones por una nueva variable, la geocultura americana que aporta una dimensión territorial del Ser y a partir de ello, se transforman radicalmente las concepciones sobre racionalidad, religiosidad, política y conocimiento. América, y más específicamente lo latinoamericano, se constituye en una frontera frente a las cosmovisiones que universaliza un Occidente que comprende y actúa sobre el mundo desde otra perspectiva ontológica.

“He aquí la fuente de todos los caos y verdades: la vida cotidiana: para saber estar nomás no se necesita explicación. Estamos otra vez frente a la polaridad de estar nomás y ser alguien. Y con estar que no sabemos qué es, pero es vivido profundamente por nosotros en Sudamérica.” Rodolfo Kusch

Abordar la complejidad del pensamiento kuscheano no es tarea fácil, las nuevas claves de conocimiento que aborda ponen en jaque toda concepción previa en materia de filosofía, si bien su pensamiento es tributario de la fenomenología, el cambio sustancial que plantea en la unidad de análisis conduce a un universo de nuevas reflexiones en cuanto al objeto de estudio, ni más ni menos que la condición humana. La búsqueda genuina de un sujeto americano, viene repleta de un sinfín de nuevos cuestionamientos al orden jerárquico que el conocimiento le da a la racionalidad positivista típicamente burguesa, que piensa al ser desde una ontología universal o, mejor dicho, imperial.

El “sujeto trascendental” burgués esbozado por Kant, se funda en el paradigma eurocéntrico de la Ilustración, en donde la dialéctica sujeto-objeto es mediada por una racionalidad universal, que ordena el plano fenoménico de la realidad cobrando sentido a partir de una entelequia superior inaccesible a la voluntad del hombre. El sujeto occidental-burgués se ve atrapado en una encrucijada ontológica, pues la afirmación de su propia voluntad libre y racional se encuentra atada a leyes superiores inaccesibles desde el sentido común y desde la cotidianeidad. Las cosmovisiones eurocéntricas, realizan esta operación epistemológica recurrentemente, y resuelven esta encrucijada vía el concepto de Ilustración, desde el marxismo en gran parte de sus vertientes, en donde la alienación del dominado se supera fundiendo los conceptos de “ciencia” y “conciencia”, como objeto externo a las masas en donde media una vanguardia intelectual, hasta el liberalismo clásico, en donde “la mano invisible” se transforma en rectora de la libre voluntad del sujeto. La trascendentalidad del sujeto occidental, se funda en su capacidad de enunciar proposiciones, lógicas, racionales y positivas para transformar legible una realidad plena misteriosamente vedada al hombre, quizás la Alegoría platónica de la caverna pueda ayudarnos a develar el origen de semejante propuesta del ser. Esta lógica de constituir el sujeto pasa de universalista a imperial cuando el pensamiento eurocéntrico fagocita a todo aquello que se encuentra por fuera de su frontera interna, cuando todo lo que no se rige por las leyes positivas del ser, debe ser aniquilado porque atrasa en los términos civilizatorios del desarrollo occidentalmente entendido.

La propuesta kuscheana nos obliga a romper con el corsé positivista, a dar por tierra a las leyes superiores que el sujeto no puede alcanzar pero que inevitablemente lo rigen en su devenir histórico. El ser americano, debe pensarse por fuera de la trascendentalidad ilustrada del Occidente imperial porque se constituye desde la inmanencia del estar, desde la tierra, desde lo cotidiano. En este sentido, el pensamiento situado geográficamente se erige en el principal axioma fundante del Pensamiento Nacional y Latinoamericano, el famoso “pensar lo propio.” El Pueblo como categoría subjetivante del ser americano, se reconoce como tal en la medida que su devenir y su sentido último están marcados por la cotidianeidad de la épica del relato en el cual se reconoce y genera identidad, y por su condición de marginalidad (sujeto subalterno).

Alberto Buela sostiene en su ensayo "Gunther Rodolfo Kusch": “El pueblo, todo pueblo, se manifiesta en dos niveles: Uno, el suelo que como límite inferior es el molde que tiene los símbolos de una cultura, que contempla dos aspectos a) como fundamento "no se puede caer más"  y b) como arraigo "el medio donde se echan raíces". Y dos, la cultura como horizonte simbólico. Kusch elige como acceso al pensamiento popular en América el área de la religiosidad popular por ser lo más arcaico, no en el sentido de lo más viejo, sino del arjé griego, como principio.” Esta manifestación territorializada del sujeto, tiene entre sus fundamentos una religiosidad arraigada en el suelo, como bien demuestra Kusch en América Profunda (1962) a partir de la cosmogonía Amauta, en donde la deidad reside en el río, en la montaña, en la selva, en el lago, en las lluvias, diferenciándose sustancialmente de la Filosofía clásica occidental, en donde Dios se transforma en una entelequia contemplativa desde un plano superior al de las manifestaciones materiales. La deidad Amauta, convive cotidianamente y hecha raíces en el mismo lugar que cualquier mortal.

Repensar la noción de cultura desde la territorialidad, parece ser el camino encontrado por el autor para generar un quiebre irremediable con el pensamiento occidental, fundando a su vez una frontera interna bien delimitada del pensamiento propio. La realidad como una totalización de la existencia no puede comprenderse, entonces, como un fenómeno racional cristalizado en conceptos científico-filosóficos, sino como manifestación inmanente en donde el predominio de las acciones se encuentra anclado en los elementos emocionales de la sabiduría popular. La plenitud de la realidad se halla cuando la producción de saberes está fundada en una existencia práctica comprometida con su entorno geográfico, incluyendo los elementos mágico-religiosos como parte constitutiva de la realidad. En este punto, los saberes populares deben retomarse para esbozar una racionalidad geocultural, que se contrapone a la racionalidad positiva en la medida que lo americano se manifiesta desde lo arcaico, lo mítico, lo lúdico, generando una barrera infranqueable entre la trascendentalidad pulcra de sujeto occidental y el hedor inmanente del sujeto americano.

“Y el hedor de América es todo lo que se da más allá de nuestra populosa y cómoda ciudad natal. Es el camión lleno de indios que debemos tomar para ir a cualquier parte del altiplano y lo es la segunda clase de algún tren y lo son las villas miserias, pobladas por correntinos, que circundan Buenos Aires. (…) Se trata de una aversión irremediable que crea marcadamente la diferencia entre una supuesta pulcritud de parte nuestra y de un hedor tácito de todo lo americano. Más aún, diríamos que el hedor entra como categoría en todos nuestros juicios sobre América, de tal modo que siempre vemos a América como un rostro sucio que debe ser lavado para afirmar nuestra convicción y nuestra seguridad.” Rodolfo Kusch

La barrera infranqueable entre hedor-pulcritud se presenta en forma de dicotomía ontológica en el sujeto americano, en donde el criollo en tanto creación genuina de América (en sus variables originarias, coloniales e inmigrantes) parte de esta barrera para constituir el juicio sobre la realidad que lo circunda. Esta tensión fundante de la estructura existencial americana, se produce en la medida en que la existencia se destemporaliza y se arraiga al suelo. El criollo convive con esta tensión que remite al “ser algo” occidental y burgués, y al “estar ahí” propio de los pueblos originarios y rurales, paradoja que el pensamiento dominante resuelve a través de la fagocitación y el aniquilamiento, que legitiman y construyen un relato que permiten justificar aberraciones como dos genocidios nacionales con 100 años de diferencia. Sin embargo, se manifiesta una conciliación entre la racionalidad positiva y la emocionalidad geocultural, a partir de la negación subjetiva de esa tensión y de una imperiosa voluntad de realizar América a partir de un sujeto territorializado y atemporal, en donde territorio significa lugar de implicancia y compromiso con el entorno y atemporalidad en tanto que, la ontología de lo americano no se encuentra en el orden cronológico étnico-poblacional; los elementos se funden atemporalmente y en forma permanente, sería una utopía reaccionaria querer retroceder a la visión precolombina, como reaccionaria es la posición de las oligarquías que imponen la visión de occidental como herramienta de dominación, el criollo en permanente mestizaje es el sustrato propio de lo americano y la cristalización de su Sujeto.

En La negación del pensamiento popular (1975), Kusch afirma que la negación de la tensión propia del criollo se realiza bajo un nuevo parámetro intelectual. En el pensamiento latinoamericano, la negación como categoría constructora del sentido último de las cosas funciona en otra escala gnoseológica, es decir, cuando el pensamiento occidental niega, lo hace a partir del aniquilamiento y la fagocitación, en la medida de que lo que se niega es la existencia del ente opuesto. El pensamiento latinoamericano, por otro lado, no niega el opuesto y su existencia sino más bien niega su vigencia, su sentido último en la acción que encarna. La fórmula del “estar-siendo” como negación de la vigencia del “mero estar” y el “ser algo”, se transforma en una conceptualización vital para no recaer en el esencialismo indigenista y el eurocentrismo que nunca podrán resolver su contradicción. El sujeto americano adquiere plenitud en la medida que se reconoce en constante constitución de su esencia.

La Filosofía latinoamericana, debe encontrar axiomas comunes entre las múltiples corrientes del Pensamiento Popular, ya que el pensamiento académico minoritario no puede tornarse estratégico y liberador, pensar desde los propios parámetros no simplemente es un esfuerzo intelectual y contemplativo, es un esfuerzo político e ideológic. Kusch desde su producción filosófica y antropológica nos sumerge en un mundo impensado y desconocido porque es un “maldito entre los malditos”, semejante construcción teórica, metodológica y científica no podrá ser estratégica en la medida que no la saquemos a la luz y podamos discutirla, con sus claros y oscuros, pero de ninguna forma podemos serle indiferentes.









miércoles, 5 de diciembre de 2012

El 8N

por Aritz Recalde
Noviembre de 2012

El 8 de noviembre se movilizó la derecha argentina formando parte de una operación política planificada. Es importante señalar que el análisis de lo ocurrido tiene que distanciarse del mero estudio de la “legitimidad” de los reclamos de los manifestantes. Atender solamente el tratamiento de la agenda introducida en la movilización, podría suponer:

a- aceptar que la manifestación fue “espontánea” y que allí se expresó “libremente” una parte de la sociedad argentina, a la que hay “que entender e interpelar.”

b- que el gobierno no está interviniendo en la resolución de gran parte de los temas allí mencionados.

c- que el interlocutor son los “ciudadanos”, desconociendo que, en realidad, son los factores de poder económico concentrado.

PRIMERO: el 8N no es el resultado de una “autoconvocatoria” de una red social. Más allá de su origen, es evidente que dejó de serlo en el mismo momento que los oligopolios mediáticos le proporcionaron un tratamiento permanente con una única finalidad, que fue la de darle masividad y visibilidad. Tal es así, que es oportuno resaltar que la verdadera movilización se generó antes y después del 8N por intermedio de las operaciones periodísticas. Carece de seriedad alguna, suponer que fueron “las redes sociales facebook o twitter” las organizadoras de la convocatoria. Los verdaderos movilizadores del 8N son el Grupo Clarín, el capital económico concentrado y los partidos políticos de la oposición.

SEGUNDO: se pudo observar que los dirigentes políticos de la oposición fueron a la marcha sin identificación y sin banderas. El causante de dicha actitud, no fue el hecho de que iban a una “autoconvocatoria” y que las personas que participan en ella repudian a los “partidos políticos.” Por el contrario, la tarea de ocultamiento de los dirigentes es una estrategia mediática premeditada y tiene como finalidad, instalar el supuesto de que “toda la sociedad” repudia al gobierno. Los periodistas insisten que “todos los argentinos” sin distinción partidaria están “cansados”, incluyendo a muchos que “la votaron y que están arrepentidos.” La dirigencia de derecha es minoritaria electoralmente y es por eso, que no se muestra como alternativa. El 8N es una operación de desgaste contra el gobierno nacional, que busca marcarle una agenda y debilitarlo, para luego iniciar la campaña electoral del 2013.

TERCERO: es importante tener en cuenta que buena parte de la agenda enarbolada por los manifestantes es interpelada por las políticas del Estado nacional. La habilidad de los medios, está dada por su capacidad para:

a- Desviar cuáles son las soluciones de fondo para esos problemas.

b- Evitar el tratamiento objetivo de las responsabilidades que le corresponden a cada actor dentro del sistema político.

Los participantes del 8N, se expresaron a través de dos maneras de enunciar su descontento con el gobierno nacional. Un sector de la movilización, explicitó una retórica sumamente intolerante y reaccionaria, enarbolando públicamente su oposición a las políticas sociales y distributivas del gobierno nacional. En plena movilización, golpearon a periodistas, pidieron la caída del gobierno y reiteraron frases cargadas de odio y de resentimiento social contra el pueblo argentino y latinoamericano. Frente a dichas concepciones, el proyecto nacional encarna posiciones ideológicas y políticas irreconciliables. En este marco, es positivo que la derecha se manifieste en la calle: en otra época, lo hacía con los golpes de Estado.

Por otro lado y cuestión fundamental a tener en cuenta, la movilización difundió una agenda de cuestiones sensibles al sentido común de un sector importante de la sociedad. A diferencia del estilo estridente y reaccionario mencionado anteriormente, muchos de los manifestantes se expresaron “pacíficamente y en orden”, cumpliendo el mandato reiterado por los formadores de opinión. Los medios de comunicación se preocuparon especialmente en mostrar solamente éste tipo de manifestaciones. Sobre esos postulados, se organizó la disputa cultural de sentido contra el gobierno nacional. La operación busca:

a- Definir una agenda de política pública.

b- Difundir el supuesto de que el gobierno nacional no está interesado en resolver esa agenda, por un tema de “soberbia” o de “exceso de poder.”

Contra ésta última opinión, es importante destacar que buena parte de las consignas planteadas por los manifestantes, son cuestiones interpeladas por la agenda del gobierno nacional y no es cierto que no se esté trabajando para resolverlas. El proyecto nacional busca “resolver de fondo” gran parte de las cuestiones sustanciales planteadas en la movilización. Por el contrario y tomando distancia de cualquier búsqueda de solución, los medios de comunicación instalan la agenda con la única finalidad de impedir el triunfo político del Proyecto Nacional.

Consideramos que la cuestión principal, no se refiere a la veracidad o no de buena parte del temario que introdujeron los manifestantes. El aspecto sustancial, tiene que ver con poder comprender cómo los instalan y cómo les dan tratamiento particular. A continuación vamos a mencionar algunos ejemplos de lo queremos decir.

¿Los manifestantes piden SEGURIDAD?: el gobierno nacional también y tal es así, que le dio a la problemática un tratamiento central creando el Ministerio de Seguridad o el Operativo Centinela. Además, el proyecto está impulsando políticas sociales para revertir la conflictividad en el largo plazo. En este marco, la operación mediática se centra en dos cuestiones:

- Sostener que el gobierno nacional no se preocupa del tema por mera “soberbia”;

- Desviar las responsabilidades institucionales evitando que los reclamos se dirijan a los responsables primarios de la seguridad, como es el caso del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

¿Quieren detener la INFLACIÓN?: el gobierno nacional también. Es por eso, que propone los acuerdos de precios, regula el desplazamiento de los precios internacionales con las retenciones, aporta créditos baratos para el sector productivo o subsidia empresas de servicios y otras actividades estratégicas que permiten bajar los costos de producción. En este cuadro, la operación mediática se centró en:

- Evitar decir que son las empresas y no el gobierno, ni el INDEC, los que suben los precios.

- Profundizar las críticas contra los funcionarios que protagonizan la lucha contra la inflación, como es el caso de Guillermo Moreno. En su lugar, le dan cobertura a los políticos neoliberales que fueron protagonistas del desastre que culminó en la hiperinflación de 1989 y en la crisis del 2001.

- Instalar el discurso neoliberal contra la inflación, que propone:

a- “Enfriar la economía.” La propuesta en los hechos, va a generar una profunda recesión como ocurre en España, metiendo en el “congelador” los problemas sociales de los argentinos. Van a crear desempleo y van a bajar los salarios para “enfriar” el consumo.

b- Mejorar la “competitividad.” Ello implica bajar los sueldos de los trabajadores y favorecer las importaciones del extranjero, reiterando las recetas de desindustrialización de la gestión de López Murphy o de Domingo Cavallo.

c- Enviarle “señales a los mercados.” Esto implica, por ejemplo, desregular las operaciones bancarias y favorecer la especulación financiera como se está haciendo en Grecia. Los resultados están a la vista.

d- Defender la “seguridad jurídica.” En los hechos, ello va a implicar retomar las privatizaciones de los años noventa.

¿Piden DEMOCRACIA? Desde el 2003, está claro que el kirchnerismo garantizó en todas las elecciones con transparencia y asumió los resultados electorales con la mayor pluralidad y apertura. La derrota que sufrió el gobierno en el 2009 es un buen ejemplo. No existen en el período que transcurre del año 2003 a la fecha, denuncias comprobadas de fraude electoral, ni de falta de Democracia. Incluso, es oportuno recordar que el gobierno rescató la democracia de una crisis profunda que derivó en el que se “vayan todos” y el “voto en blanco.” Distinta es la metodología política, por ejemplo, de dirigentes como Mauricio Macri que introdujo líneas telefónicas para denunciar niños que fueron declaradas ilegales por la justicia; o que está procesado por escuchas telefónicas violando las libertades individuales. ¿Cuál es el problema entonces?: que la derecha no acepta -como sí lo hizo el kirchnerismo en 2009- una derrota electoral.

¿Quieren LIBERTAD DE EXPRESIÓN? El gobierno también y por eso aprobó con apoyo de buena parte de la oposición, la Ley de Medios. La norma favorece la pluralidad de voces y otorga participación en la emisión y en el control de medios audiovisuales, a todas las personas, las organizaciones y las fuerzas políticas. ¿Qué es lo qué piden entonces los Medios: la libertad de empresa de Clarín y de sus aliados de la oligarquía mediática.

¿Quieren COMPRAR DIVISAS para atesorar? El gobierno también quiere cuidar el poder adquisitivo de los argentinos y es por eso, que no olvida que en el año 2001 las cacerolas sonaron por el asalto que implicó el “corralito.” En el 2001 en nombre de la “libertad de mercado”, les robaron los ahorros en dólares a los argentinos y en su lugar les dieron bonos (Patacones o Lecop). El gobierno nacional está protegiendo el ahorro de los argentinos y es por eso, que evita la fuga de capitales y las operaciones de desestabilización financiero que lo originan. Lo que no va a permitir el gobierno nacional, es que los grandes especuladores bursátiles sigan ganando fortunas sin generar riqueza y a costa de confiscar nuestros ahorros.



Los Cuadernos de FORJA y el Periodismo

por Aritz Recalde
Septiembre de 2012

“Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre.” Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina

“A pesar de tener a su servicio todos los gobiernos y sus extensas ramificaciones, más las facciones aventureras que merodean en torno de ellos, la prensa asalariada, mercantil y desleal a la fe y a la gratitud pública, y las oposiciones, que siendo sólo por exclusión, apenas se las llama, concluyen siempre por tomar asiento en el banquete de los triunfos contra la Patria.” Hipólito Yrigoyen  [1]

“FORJA continúa su ardua tarea de ilustrar a la opinión pública sobre la índole de los problemas que atañen a la esencia de la nacionalidad.” Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (Cuaderno N° 6 y 7, 1938: 256)

Los miembros de la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA) publicaron 13 números de los “Cuadernos.” [2] En el plano periodístico, dicho órgano de prensa ofició como:

- un instrumento para la educación de la opinión pública (prensa de opinión).

- un medio partidario para debatir la línea política dentro de la Unión Cívica Radical (prensa partidaria).

- un ámbito para la divulgación de investigaciones (periodismo de investigación).

Tal cual mencionaron sus miembros, se trataba de formular las bases de una teoría independiente de las ideologías impuestas por el extranjero, capaz de favorecer la interpretación objetiva de los sucesos nacionales, ya que: “FORJA quiere afrontar los problemas argentinos con criterio argentino, porque considera que el vicio más funesto que padecemos es la entrega permanente y ominosa de la economía nacional a la colonización de las grandes potencias imperialistas.” (Cuaderno N° 1, 1936: 28)

• El rol de la prensa en la Argentina

El punto de partida para organizar los Cuadernos, surgió de un diagnóstico sumamente crítico de las funciones cumplidas por la prensa en la Argentina. En opinión de FORJA, el periodismo del país:

- carecía de objetividad en el tratamiento de la noticia ya que respondía a una lógica predominantemente comercial;

- era controlado por las empresas extranjeras que lo utilizaban en beneficio propio;

- era un instrumento para hostigar dirigentes políticos populares y favorecía a los representantes de los intereses del extranjero y de la oligarquía.

El periodismo y capital extranjero

Según los miembros de FORJA, la actividad del periodista se veía coartada en sus libertades por la imposición de contenidos y por la censura que ejercían los grupos económicos extranjeros. En sus palabras: “La prensa ya no es órgano de opinión ni de cultura, ni siquiera de objetiva información. Regida por la voluntad de empresas inglesas y norteamericanas, o de otras extracciones, por medio de presiones bancarias y de dádivas y alquileres, ajusta sus informaciones y apreciaciones, no sólo al fin de ocultar la verdad y perturbar el juicio público, sino al de confundir el pensamiento individual sobre todo asunto de interés común, a la vez que desmoraliza a nuestras naciones con la maliciosa ocultación de nuestro poder y capacidad, y con la difusión de ideas conducentes a la práctica de los más destructores vicios, cuya generalización es la meta de los planes de perpetuo dominio de los poderes extraños.” (Cuadernos N° 10, 11 y 12, 1939: 390-391)

El periodismo y el neocolonialismo político

Tal cual adelantamos, los miembros de la FORJA sostenían que el periodismo del país aplicaba un tratamiento diferenciado a los actores políticos, con el objetivo de favorecer a los representantes de la oligarquía en desmedro de los sectores populares. En sus palabras: “No existe en nuestras Repúblicas traidor que no reciba de la gran prensa glorificaciones; ni electoralismo que no goce de su auxilio; ni injusticia que no se justifique. No hay desgracia nuestra que inspire ese periodismo una palabra de reclamación de su remedio; ni rebeldía que no vitupere; ni manera de infectar y deprimir la mente americana que no practique.” (Cuadernos N° 10, 11 y 12, 1939: 390-391)

¿Libertad de prensa?
La actividad periodística ocultaba sus contenidos de clase, a partir de escudarse en la categoría de “libertad de prensa.” En nombre de la supuesta libertad, el periodismo ejecutaba una actividad política e ideológica carente de objetividad y poseedora de una marcada parcialidad. En opinión de FORJA se puede leer que: “A este sistema se llama “libertad de prensa”, siendo su negación, pues queda el pensamiento nacional sin expresión, porque las pequeñas hojas que pudieran servirlo, se hallan impedidas de satisfacer la demanda pública, por la confabulación de las grandes publicaciones, fundada en el aplastante poder de impresión y de reparto de que disponen, de donde deriva la humillación del periodista americano, constreñido, por el engranaje descrito, al abandono de su función verdadera.” (Cuadernos N° 10, 11 y 12, 1939: 390-391)

El cine y el neocolonialismo
La tarea antinacional y antipopular de la prensa escrita del país era complementada con la acción de la cinematografía producida en el extranjero. Dichas producciones culturales, construían estereotipos para volver inmutable la estructura de la desigualdad social existente. El cine oficiaba como una distracción tendiente a alejar al pueblo de los asuntos públicos. En sus palabras: “Análogamente la cinematografía importada es escuela para exaltar las virtudes imaginarias de valor, caballerosidad, abnegación, lealtad, sabiduría y humanitarismo de los que actúan en servicio de los opresores y para demostrar la criminalidad de las rebeliones de otros pueblos oprimidos como nosotros e inducir en la juventud tal sensualismo que aleje a los pueblos de toda acción defensiva, dispersándolos por el premio siempre ofrecido a los que defeccionen de sus deberes morales de ciudadano. Cuyos medios de acción son formas distintas y concurrentes a la conversión de las gentes de América hacia una pasividad puramente receptiva, sujetos adocenados conforme al orden y quietud más convenientes al invasor, para que toda rebeldía, y aún todo viril pensamiento no nazca. Y que toda viril actitud no se conciba siquiera, distrayendo las mentes de la atención de los asuntos públicos, y consumiendo la capacidad de pasión hasta reducir a muchos individuos en espectadores poseídos de frenesí en la contemplación, audición, y lectura de futilezas y feminidades.” (Cuadernos N° 10, 11 y 12, 1939: 390-391)

• Ojetivos de los Cuadernos de FORJA
“Aquí estamos, una vez más, enfrentados al problema de formar una comunidad consciente, defensiva de la soberanía, de la dignidad y de la subsistencia de la nacionalidad argentina.” Raúl Scalabrini Ortiz (Cuaderno N° 8, 1939: 322).

Prensa partidaria

“Nuestra fe inalterable en el destino revolucionario de la Unión Cívica Radical argentina, ha sido abono de nuestra sagacidad y muralla infranqueable para los confucionismos antiamericanos.FORJA (Cuaderno N° 9, 1939: 353).

FORJA nació como un intento de recuperar dentro de la UCR, la doctrina política del ex mandatario Hipólito Yrigoyen. Los Cuadernos eran utilizados para disputar los ámbitos partidarios y tal cual sostienen los miembros de FORJA. “Al cumplirse los tres años de la muerte de Yrigoyen, nuestro mejor homenaje es recordarlo con estas afirmaciones: nuestro implacable propósito de perseguir la gran Reparación Nacional, que fue, es y será, el programa inmediato de la UCR, como artículo previo para reponer a nuestra Democracia en la senda inicial de sus grandes destinos. (…) Lanzamos, en la emergencia, ante el trágico contraste de las efemérides con la realidad, la consigna de “volver a Yrigoyen.” (Cuaderno N° 2, 1936: 83)

El periodismo de investigación
Uno de los aspectos característicos de los Cuadernos de FORJA es su importante trabajo de investigación. Los Cuadernos suelen expresar aspectos de la realidad escasamente estudiados y difundidos por los ámbitos académicos o por otros medios periodísticos. Los artículos publicados abordan los temas con profundidad, con rigurosidad y con un oportuno manejo de fuentes documentales. Es en este sentido, que sus miembros resaltan la importancia de la investigación periodística ya que: “Mientras arrecia el confusionismo político (…) FORJA continúa imperturbable en su acción intransigente y definidora, revelando los grandes problemas de la argentinidad, replanteándolos en sus factores esenciales y ciertos.” (Cuaderno N° 2, 1936: 82)

Los contenidos los Cuadernos
Tal cual mencionamos, los representantes de FORJA buscaron intervenir activamente en la formación de la opinión pública. Tal cual lo expresaron sus autores, muchos de los Cuadernos son producto de transcripciones de las intervenciones de sus miembros en la vía pública, en el contexto de las “tribunas.” El objetivo de los Cuadernos estaba centrado en la contribución a la formación de una conciencia nacional. En particular, los contenidos se orientaron a la reflexión sobre:

- el rol del imperialismo en el país;

- la posibilidad del regreso de la Democracia y del gobierno del pueblo interrumpidos en 1930.

En ambos casos, a lo largo de los 13 números quedó reflejada una mirada latinoamericana en las perspectivas de análisis. En lo concerniente a la actividad política, FORJA reiteró la necesidad de incluir a la juventud en las tareas de construcción del país. A continuación, mencionamos brevemente algunos de los contenidos de la publicación.

a- FORJA y el antiimperialismo
“Dentro del movimiento de FORJA, es de importancia fundamental una publicación periódica de esta naturaleza, que denuncie la condición colonial a que Argentina y América están sometidas. La reacción del pueblo se producirá en la medida en que se conozca el proceso de desintegración y absorción realizado por el capitalismo imperialista.” FORJA (Cuaderno N° 4, 1938: 179)

“El problema de la energía no es más que una parte del gran problema político argentino en que nuestra liberación o nuestra sumisión están en juego.” Raúl Scalabrini Ortiz (Cuaderno N° 13, 1942: 458)

Tal cual se lee en el epígrafe, los Cuadernos efectuaron una importante tarea de develamiento de los aspectos negativos de la intervención del capital y de los gobiernos extranjeros en el país. Sus estudios se centraron en demostrar la relación onerosa entablada entre los gobiernos del país y un conjunto de empresas y organizaciones económicas. En particular, sus estudios analizaron el funcionamiento de:

- las empresas de transporte ferroviario inglés y automotor norteamericano;

- las sociedades de energía eléctrica y petroleras;

- los bancos extranjeros.

En opinión de FORJA: “La reverencia al “capital extranjero” no es más que una manifestación visible del sometimiento a que ha sido llevado un pueblo inteligente y valeroso como el argentino.” (Cuadernos 6 y 7, 1938: 256)

b- FORJA y la recuperación de lo popular
“El drama de la Patria enfrenta dos personajes solamente: el pueblo encadenado y la finanza imperialista.” (Cuaderno N° 5, 1938: 229)

Tal cual expresaron los autores, la política argentina de los años treinta estaba atravesada por los intereses sectoriales de los grandes factores de poder. Es en este sentido, mencionaban que los dirigentes gobernaban atendiendo las demandas de los capitales extranjeros y no a las surgidas desde los pueblos y: “Los hechos han demostrado lamentablemente que la política de colaboración legislativa de los Partidos no puede conducir sino a la complicidad con el capitalismo colonizador.” (Cuaderno N° 3, 1936: 134) Frente al gobierno de la oligarquía y los capitales extranjeros, había que elevar la consigna de la democracia popular y: “El proceso histórico Argentino en particular y el Sudamericano en general relevan la existencia de una lucha permanente del pueblo en procura de la soberanía popular, para la realización de los fines emancipadores de la República Argentina, contra las oligarquías como agentes virreinales de los imperialismos políticos, económicos y culturales, que se oponen al total cumplimiento de los destinos de América.” (Cuaderno N° 5, 1938: 226)

Bibliografía

Todas las citas de los Cuadernos fueron extraídos de la reedición Cuadernos de FORJA, Ediciones de la UNLa, Lanús, 2012

Cuaderno N° 1. Política Británica en el Río de La Plata. Las dos políticas: la visible y la invisible, por Raúl Scalabrini Ortiz, mayo de 1936

Cuaderno N° 2. El pensamiento escrito de Yrigoyen, por Gabriel del Mazo, junio de 1936

Cuaderno N° 3. La coordinación de los transportes, por Amable Gutiérrez Diez, septiembre de 1936

Cuaderno N° 4. Petróleo e imperialismo, por Raúl Scalabrini Ortiz y Luis Dellepiane, septiembre de 1938

Cuaderno N° 5. El problema de la electricidad, por Jorge Del Río, octubre de 1938

Cuadernos N° 6 y 7. Historia del Ferrocarril Central de Córdoba, por Raúl Scalabrini Ortiz, noviembre de 1938

Cuaderno N° 8. Historia del Primer Empréstito Argentino, por Raúl Scalabrini Ortiz, julio de 1939

Cuaderno N° 9. Conducta Argentina ante la crisis de Europa, por Luis Dellepiane

Cuadernos N° 10, 11 y 12. A los pueblos de la República y de América. Manifiesto de noviembre de 1939, seguido de documentos fundadores, noviembre de 1939

Cuaderno N° 13. El escándalo de la electricidad y la investigación de la Cámara de Diputados, por Jorge del Río, febrero de 1942

• Galasso, Norberto, Jauretche y su época, Corregidor, Buenos Aires, 2003

                                Vida de Scalabrini Ortiz, Colihue, Buenos Aires, 2008

                               Testimonios del precursor de FORJA: Manuel Ortiz Pereira, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1984

• Hernández Arregui, Juan José, La Formación de la Conciencia Nacional, Peña Lillo, Buenos Aires, 2004







martes, 4 de diciembre de 2012

La formación universitaria de Posgrado y el Peronismo

por Aritz Recalde
Octubre 2012


“El desarrollo de la ciencia y la tecnología argentina ha sido hasta ahora fecundo, pero insuficiente. Fecundo, por el efectivo nivel de acumulación de conocimientos científicos y tecnológicos alcanzado, principalmente impulsado por cuatro factores: 1) El crecimiento de las universidades; 2) La incorporación de tecnología proveniente del exterior; 3) La investigación aplicada particularmente al sector agropecuario; 4) y el avance de la investigación de posgrado. (…) Insuficiente, también, porque el país aún no ha organizado convenientemente vinculaciones estables y verdaderamente productivas entre el sistema científico-tecnológico, el gobierno, el sistema de producción y el sistema financiero.” Juan Perón  [1]

“Las facultades reglamentarán la enseñanza para graduados, organizando centros de graduados y cursos de perfeccionamiento o especialización.” Artículo 60 de la Ley Orgánica de Universidades 14.297/54


La legislación educativa sancionada en el año 1947, fue la primera en la historia del país que mencionó la necesidad de que las Universidades impulsen la educación de los egresados de las Casas de Altos Estudios. Dicha demanda de especialización académica de los graduados, surgió como el resultante de las nuevas exigencias en cantidad y en calidad, del sistema productivo y tecnológico argentino.

Tal cual se lee en los dos Planes Quinquenales o en el Plan Trienal, la Revolución Justicialista promovió la industrialización del país. Llevado al plano universitario, el modelo de desarrollo industrialista impulsó:

I- La demanda masiva [2] de recursos humanos altamente capacitados, atento a que la economía del país alcanzó cifras de pleno empleo.

II- La organización de un sistema universitario planificado, articulando sus funciones con el Estado, la producción y el trabajo.

III- La promoción de nuevas áreas de conocimiento en el universo de las ciencias aplicadas al proceso de industrialización. Con dicho objetivo, el artículo 2, inciso 4 de la Ley 13.031/47 sostuvo que eran funciones de las Universidades: “Estimar el estudio y desarrollo de la ciencia aplicada y las creaciones técnicas, adaptándolas a las necesidades regionales.”

IV- La regionalización de la educación científica y cultural, adecuando el conocimiento universal a las diversas demandas del país. Es por eso que la Constitución Nacional del año 1949 sostuvo que la Universidad: “Tenderá a profundizar el estudio de la literatura, historia y folklore de su zona de influencia cultural, así como a promover las artes técnicas y las ciencias aplicadas con vistas a la explotación de las riquezas y al incremento de las actividades económicas regionales.” [3]

V- La necesidad de investigar y de explotar con sentido nacional los recursos naturales del país. el artículo 2 de la Ley 13.031/47 mencionó que: “Son funciones de las Universidades de las cuales no podrán apartarse: 12) Crear y sostener institutos de investigación, cursos de perfeccionamiento o de especialización para profundizar el estudio o aprovechamiento de las riquezas naturales de la zona del país donde tuviera su centro de acción cada Universidad; 13) Reunir antecedentes y proponer soluciones para los diversos problemas económico sociales de la Nación.”

En este marco, se ubicaban los estudios de especialización de Posgrado para los graduados que implantó el Peronismo. El artículo 100, inciso c) de la Ley 13.031 de 1947 introdujo un apartado: “De la enseñanza para graduados (Cursos y carreras de especialistas).” El texto mencionó que: “Las Facultades reglamentarán la enseñanza para graduados, organizando cursos de perfeccionamiento, de especialización y carrera de especialistas, con el objeto de propender a la formación de los técnicos que necesita el país en cada una de las ramas de las ciencias y de actualizar los conocimientos de los profesionales. Se le dedicará preferente atención a aquellas materias que no figuren en el Plan de Estudios para estudiantes..

En ésta misma línea, la Ley 14.297/54 en su artículo 25 estableció que las Facultades deberían promover la apertura de Institutos y cursos de investigación incluyendo a los graduados. Tal cual se observa, la universidad tenía que:

-Promover Centros de investigación incluyendo a graduados
- Ampliar la oferta educativa abriendo cursos y carreas de especialistas

La oferta educativa de Posgrado tenía que:

-Ser socialmente relevante, atendiendo las necesidades y las demandas del conjunto del país
-Ampliar campos del conocimiento que no son estudiados en el nivel de Grado
-Capacitar a los graduados para actualizar sus competencias profesionales de manera permanente.

Notas
[1] Perón, Juan, Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, del INJDP, Buenos Aires, 2006, pp. 48-49.

[2] El Peronismo declaró la Gratuidad de la Universidad el 22 de noviembre del año 1949. Además, sancionó por Ley el derecho a becas de los estudiantes universitarios. El artículo 87 de la Ley 13.031/47 estableció que: “El Estado creará becas para la enseñanza gratuita, cuya distribución entre las diversas Universidades de la Nación, se hará por el Poder Ejecutivo. Para proceder a dicha distribución, se tendrán en cuenta las características y necesidades regionales, sociales, económicas y culturales, referidas a cada Universidad, procurando que con la concesión de becas se cumplan, de la manera más acabada posible y con un sentido social, los fines asignados a la Universidad. Habrá dos clases de becas: las de estudio y las de estímulo.” Tal cual se lee, las becas eran orientadas a satisfacer las necesidades de educación regionales.

[3] Artículo 37, inciso IV, 4. Con esta finalidad, la Revolución creó la Universidad Obrera Nacional que impulsó diversas ramas de la ingeniería en función de la región donde se radicó cada Facultad regional.

viernes, 2 de noviembre de 2012

La Fragata Libertad y la dignidad nacional

por Aritz Recalde
1 de noviembre de 2012


“Lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”. José de San Martín

La detención de la Fragata Libertad por el accionar de los especuladores bursátiles norteamericanos, muestra la impunidad con la que siguen actuando los factores de poder financiero. Estos mismos intereses, son los que están demoliendo a gran parte de Europa, continuando con las recetas económicas que destruyeron Latinoamérica. Frente al accionar de los especuladores financieros, se suma la preocupante actitud de algunos dirigentes partidarios y de periodistas, que defienden públicamente a los bonistas en nombre de la necesidad de “honrar las deudas”. Para tal gravosa actitud, arguyen que el problema de fondo no es la detención ilegal e ilegítima de la Fragata, sino que el verdadero drama, estriba en que la Argentina no reconoce los derechos de los especuladores que no adhirieron al canje de Deuda. De esa manera, los periodistas se debaten sobre la “vergüenza” que les da formar parte de la “Argentina deudora”.

Frente a semejante acto de atropello que implicó la detención de la Fragata, es bueno preguntarse qué ocurriría si un barco militar de los Estados Unidos -que es el país con mayor deuda externa del planeta-, es detenido por un Juez argentino como resultante de una demanda de un extranjero. Para poder adelantar una “potencial contestación” de los norteamericanos, vamos a comentar un altercado ocurrido hace un tiempo en las Islas Malvinas. Tal cual lo relató José María Rosa, en el mes de diciembre del año 1831 las Islas Malvinas estaban bajo la égida del gobierno argentino, por intermedio de la comandancia de Luis Vernet. Por una disposición legal de nuestro país, estaba regulada la “pesca de anfibios” y se incluyó un impuesto a los buques pesqueros que operaban en la zona. Vernet detuvo algunos buques pesqueros de bandera norteamericana, con la finalidad de dar cumplimiento a la legislación nacional. Para evitar practicar las leyes argentinas, el cónsul norteamericano en Buenos Aires, George W. Slacum, mandó a las Malvinas la corbeta de guerra Lexington. El barco ingresó a Puerto Soledad, detuvo a los colonos de la isla y destruyó y saqueó las propiedades de nuestros compatriotas, que fueron arrestados ilegalmente para ser trasladados a Montevideo. Con esa agresión, los norteamericanos obtuvieron la libertad para "pescar tranquilamente" en las Malvinas. En esa fecha, Balcarce cumplía un interinato en el gobierno y en representación del país, protestó frente a los Estados Unidos “por una conducta tan opuesta al derecho de la naciones como contraria a las relaciones de amistad y buena inteligencia que conservan ambas Repúblicas”. Reincorporado en el poder y cuestionando la gravosa tropelía, Juan Manuel de Rosas declaró persona “no grata” al nuevo Ministro norteamericano en Buenos Aires, Francis Baylies, que se retiró del país en septiembre del año 1832, aconsejando que “los Estados Unidos declarasen la guerra al insolente gobierno de Buenos Aires”. Frente a la agresión norteamericana, Rosas mantuvo acéfala la representación de la Argentina en Washington hasta el año 1838, en el que se nombró a Carlos María de Alvear con instrucciones de “entenderse directamente con la Secretaria de Estado” sobre la reclamación por el atropello. (José María Rosa, Historia Argentina, Tomo 4, Ed. Oriente, pp. 187-189)

Tal cual se lee, parece que algunos empresarios norteamericanos están acostumbrados a no cumplir las leyes y a realizar abusos contra la soberanía de los países. Por suerte para la dignidad nacional, tanto Juan Manuel de Rosas como el gobierno actual, no están dispuestos a negociar frente a la presión y a la prepotencia de los grupos económicos extranjeros y tal cual estableció Cristina Fernández de Kirchner, “se podrán quedar con la Fragata, pero no con la libertad, la soberanía y la dignidad de este país. No se va a quedar con eso ningún fondo buitre, ni nadie".







Hernández Arregui y la revalorización de la cultura nacional en los procesos de liberación nacional

por Juan Godoy

“América Latina/ Tiene que ir de la mano/ Por un sendero distinto/ Por un camino más claro/ Sus hijos ya no podremos/ Olvidar nuestro pasado/T enemos muchas heridas/ Los latinoamericanos” (Venas Abiertas. Por M. Schajris – L. Sujatovich )


Pasada la primera década del siglo XXI, años que resultan auspiciosos para el conjunto de países que conforman la gran nación latinoamericana inconclusa, consideramos que la figura de uno de los más importantes pensadores nacionales del siglo XX, Hernández Arregui, se encuentra en lenta pero constante re-valorización, en consonancia con los cambios que se vienen dando en nuestro continente. La reedición de sus obras por más de una editorial puede considerarse parte de este proceso. Sus obras habían sido reeditadas también en los primeros años de los 70’s, época de convulsiones, de esperanzas de cambios, y de sueños de Patria Grande. Arregui parece volver con los procesos transformadores de la realidad nacional. No sesgamos aquí la valorización de la obra que realizaran (y algunos continúan realizándolo) pensadores como Jorge Abelardo Ramos, Carlos Piñeiro Iñíguez, Norberto Galasso, etc., pero las mismas no dejaban de ser, lamentablemente, voces marginales dentro de la superestructura cultural de colonización pedagógica. Estas hoy, vuelven a escucharse y a iluminar la figura de Don Juan José con más fuerza.

La dificultad de explicar nuestros procesos emancipadores latinoamericanos con teorías importadas, ajenas a nuestra realidad nacional puede ser una de las razones que podemos encontrar en esta “vuelta” al Pensamiento Nacional y a la figura de Hernández Arregui. El pueblo en lucha  se pregunta por el pasado, busca entonces en las producciones que le permitan dar cuenta del mismo, entender el presente, para proyectase hacia el futuro. En esta búsqueda, indefectiblemente se cruza con la cultura nacional. En esa línea, procuraremos en el presente indagar acerca de las conceptualizaciones de Hernández Arregui de la cultura nacional, y el lugar preeminente que le otorga al rescate de la misma para los procesos de liberación nacional.

Comencemos nuestro recorrido considerando cómo considera el autor de Peronismo y socialismo, a la cultura: “el conjunto de bienes materiales y simbólicos que conforman la identidad de un grupo social. Dichos bienes materiales y simbólicos se organizan como valores colectivos que son transmitidos por intermedio del lenguaje y se expresan como conciencia a partir del cual el hombre actúa e interpela el medio” . La cultura es una categoría eminentemente política. En la concepción de Hernández Arregui hay una revalorización de la cultura nacional, que es la cultura popular. Lo nacional y lo popular en nuestro autor no son escindibles si se pretende avanzar en la liberación nacional, por eso establece que “toda cultura se inspira en el pueblo y en su ámbito geográfico y espiritual. Invertir el proceso genético, como lo ha hecho (…) la intelectualidad más visible de Buenos Aires, es adulterar el país” . La cuestión nacional y la cuestión social encuentran entonces una unidad, no hay una sin la otra. Hay entonces una crítica a la “cultura dominante”, a la superestructura cultural que se impone mediante el aparato de colonización pedagógica. La cultura nacional aparece en la pluma de Hernández Arregui como “base espiritual del país, es sin que se anulen en su seno las oposiciones de clase, participación común en la misma lengua, en los usos y costumbres, organización económica, territorio, clima, composición étnica, vestidos, utensilios, sistemas artísticos, tradiciones arraigadas en el tiempo y repetidas por las generaciones; bailes, representaciones folklóricas primordiales, etc. (…) una cultura nacional es aceptación común de esas creaciones populares”, son creaciones colectivas, geminadas en un paisaje y en la asociación de símbolos históricos que dan forma a características espirituales de la comunidad entera. La cultura es creación, resistencia y asimilación. La cultura nacional-popular, al consolidarse en una perspectiva histórica, se convierte en conciencia nacional, que sirve al pueblo para oponerse al vasallaje y la expoliación. Así, opone en toda su obra dos tendencias: la identidad nacional, como identidad del pueblo argentino y latinoamericano, contra la identidad de las clases dominantes, la oligarquía, ligada a las potencias imperiales. Hay una puja constante, pues las clases dominantes tienen una posición privilegiada, en tanto poseen los medios para esparcir por todo el tejido social su visión de nuestro pasado nacional, de nuestras luchas, del lugar de nuestro país en el mundo, etc. El imperialismo cumple aquí el papel de disolvente de las culturas autóctonas.

Hernández Arregui va a desarrollar la noción de conciencia nacional, que es la lucha del pueblo argentino por su liberación, lo nacional entendido como popular. Entonces, la conciencia nacional se relaciona estrechamente con la valorización de la cultura nacional, pues sabemos que su rescate es parte de la lucha del pueblo contra la oligarquía y los agentes imperiales.

Arregui considera que con la disolución del imperio español, y la aparición fuerte de la cultura francesa y británica en la cultura argentina (posteriormente también con la yanqui), nuestras clases dominantes se distancian y diferencian cada vez más de los sectores populares, que se encuentran anclados a nuestro suelo, forjando así en su interacción, la cultura nacional. Son estos sectores populares entonces los constructores de la cultura nacional. No se trata aquí de un rescate que podríamos considerar reaccionario, más bien es la búsqueda de puntales donde se asienta la cultura propia, que nos otorga rasgos distintivos como comunidad autónoma. Los procesos emancipadores no deben negar el pasado, ni la cultura nacional, sino que deben nutrirse de los mismos. De ahí la importancia otorgada por Arregui al revisionismo histórico, a la revisión de nuestro pasado nacional en clave nacional, desde las masas populares.

La realidad nacional tiene que ser abordada desde una perspectiva eminentemente nacional y latinoamericana, “mirar la realidad con nuestros propios ojos” y en base a nuestros propios intereses. Dejar de lado la veneración por lo ajeno, y hacernos cargo de nuestro propio legado histórico, por esto puntualiza que “el error de las capas intelectuales enajenadas a Europa es pensar la realidad colonial a través de sistemas de pensamiento germinados en otros ámbitos históricos (…) adecuar sin crítica métodos y filosofías europeos a la situación colonial, es carencia de sentido histórico." No se trata de desdeñar todo pensamiento no realizado dentro de la geografía latinoamericana, sino incorporar concepciones realizadas en cualquier lugar y tiempo, pero no acríticamente, sino “tamizándolas” con nuestra propia realidad, e incorporándolas de acuerdo a nuestras necesidades. La cultura nacional actúa en la concepción de Hernández Arregui como una herramienta de defensa de los pueblos. El imperialismo conjuntamente con la oligarquía apuntó a “reforzar la conciencia falsa de lo propio y desarmar las fuerzas espirituales defensivas que luchan por la liberación nacional en los países dependientes.”

Hernández Arregui participa del grupo CONDOR (Centros Organizados Nacionales de Orientación Revolucionaria), junto a Ortega Peña, Luis Duhalde, Ricardo Carpani, entre otros. Aparecido en el año 1964, hace a mediados de dicho año un acto en conmemoración de Felipe Varela y la Unión Latinoamericana, colgando sobre un monumento a Bartolomé Mitre ubicado en Plaza Francia un retrato de Felipe Varela. El representante de la Argentina oligárquica extranjerizante, semi-colonial, pro-británica; contra el caudillo popular, representante del Interior, de las tradiciones populares, latinoamericanista. Dan a conocer ese día un manifiesto redactado por Hernández Arregui que establece en el plano de la cultura que el grupo CONDOR “enjuicia en todos los terrenos la cultura colonial… Postula no solo la crítica al colonato mental, sino la urgencia de reencontrar las raíces y fundar las premisas de una cultura nacional como muralla defensiva contra la penetración extranjera”. Un elemento definitorio de la cultura, entonces, es la voluntad defensiva contra lo extranjero.

La cuestión de la cultura nacional es vinculada en su diferenciación de los nacionalismos de los países centrales, desarrollados imperialistas el cual es caracterizado como reaccionario; y el nacionalismo de los países del tercer mundo, sub-desarrollados, coloniales o semi-coloniales el cual es caracterizado (si es dirigido y/o apunta al pueblo) como popular y revolucionario en su defensa de la soberanía contra el avance imperial, defiende al mismo tiempo la cultura nacional, las características propias como pueblo. Al mismo tiempo, considera que la estructura económica crea formas de alienación cultural. Del desconocimiento del sometimiento económico surgen concepciones que niegan el sustrato profundo. Es la visión deformada de la oligarquía porteña, de la ciudad-puerto que verá en la industrialización, en los sectores obreros que esta trae aparejada un riesgo que amenaza sus intereses, “esta intelligentzia (…) por la doble gravitación de la oligarquía y el imperialismo, no cree en lo nacional”

En esta búsqueda del imperialismo de reforzar la conciencia falsa y eliminar las posibilidades de defensa, es de suma importancia la superestructura cultural que apunta al sometimiento. Por eso, otorgará gran importancia a las manifestaciones culturales desde la literatura hasta el arte. Con respecto a la primera, va a rescatar a los escritores que le den visibilidad a los hombres del país, a los sectores populares, a personajes característicos de nuestro suelo. En relación al arte, Arregui rescatará a artistas como Juan Manuel Sánchez, Pascual Di Bianco, y sobre todo a Ricardo Carpani, quien ilustra las tapas de algunos de sus libros. Éste prologará un libro del muralista argentino, llamado “la política en el arte”. La obra de Carpani  da lugar a los sectores populares, a los luchadores sociales, pone el arte al servicio de las masas, del caballete pasa a las calles, con murales, afiches, etc. “un arte nacional no significa cerrazón frente a Europa, sino en la medida en que lo extranjero penetra y disuelve, a través de la colonización mental de la clase dirigente, el patrimonio intransferible y colectivo de la propia cultura nacional. Cultura es resistencia, pero también asimilación (…) el arte no escapa a la política”. Considera que los artistas, su obra, no depende de un público “popular”, de las masas de trabajadores y desocupados, lo cual hace que de difícil la supervivencia a los artistas disonantes de la superestructura cultural, al mismo tiempo que moldea sus estilos artísticos. El arte nacional debe vincularse a la realidad latinoamericana, a las masas populares, en su sentir y en sus tradiciones culturales asociadas a la lucha.

Hernández Arregui va a hacer una fuerte crítica a los sectores medios colonizados pedagógicamente, que en lugar de acercarse a los sectores populares, y por miedo a éstos, terminan siendo cómplices de la estructura semi-colonial, “la clase media, convencida de su independencia, justamente porque carece de ella, se cree depositaria de valores universales, sin comprender que detrás de ellos están los intereses particulares de la burguesía. El pequeño burgués (…) piensa siempre en términos absolutos (…) su minúscula situación social le hace perorar con frases de gigante”. Los sectores medios, más permeables al sistema de valores de las clases dominantes observan sus intereses particulares como universales. Los caracteriza como “clase media… media revolucionaria… media intelectual… media nacional…. Por ello participa, cree y descree, se asume y no se asume, es peronista y critica al peronismo, es socialista y le asustan los obreros”. Fruto de estas características particulares, desdeñan lo nacional, lo popular, por seguir la “última moda extranjera” (europea o norteamericana). Como resultado tampoco será original, sino que aparenta, imita, pues “la posibilidad de adquirir una cultura superior, robustece esta tendencia a trasvasar la propia posición de clase en una actitud mental que acentúa su separación del pueblo, es decir, de sus cercanos orígenes. En esta dualidad se funda ese amaneramiento ceremonioso (…) y que consiste en la parodia de otros estilos de vida y en la manía del filisteo de concurrir a exposiciones, conferencias, etc., en busca de distinción."
Cuando hablamos de nacionalismo y de cultura nacional en Hernández Arregui, estamos pensando en no ceñirnos a las fronteras nacionales, sino a la unidad latinoamericana. Esta unidad que no se basa solamente en la cuestión geográfica, sino que también se relaciona con lo espiritual. Piñeiro Iñiguez considera que “aunque parezca paradójico, la cultura aparece antes y después de la nación, como su fermento y como su derivado” . La búsqueda de la cultura, la unidad se observa en el sistema homogéneo de símbolos artísticos, idiomáticos, religiosos, míticos, étnicos que le dan coherencia cultural, “el gradual crecimiento de nuestra conciencia cultural, fluctuante entre estas tensiones del espíritu, nos conducirá a sentirnos no extraños a Europa, pero en lo esencial, no europeos” .

En los países coloniales o semi-coloniales, la valoración y la defensa de la cultura nacional-latinoamericana, forjada por el pueblo en lucha por la liberación nacional, por la conformación de una conciencia nacional, es de suma importancia para enfrentarse al imperialismo y a sus aliados internos. Enfrentarse entonces también a partir de la generación de herramientas propias para la defensa y el avance en la construcción de un proyecto de nación disonante de las naciones opresoras. El camino emprendido por los pueblos en esta segunda década del nuevo siglo, no deja lugar a dudas que para alcanzar la segunda y definitiva independencia, los pueblos, las naciones que todavía encuentran su cuestión nacional irresuelta, que no están plenamente desarrollados, no encontrando así independencia plena, no pueden perderse en la imitación, en modas, en falsas posturas, o en sueños ajenos, sino que la senda, bajo la concepción de Hernández Arregui, la senda está en resistir, crear los propios caminos en relación estrecha con el conocimiento de la propia historia.






































El recuerdo de Hernández Arregui: un emblema del Pensamiento Nacional

por Norberto Galasso

Se cumplieron 100 años del nacimiento de una figura central del pensamiento nacional.

Nació en Pergamino, un 29 de octubre de 1912. En la semicolonia británica –"el granero del mundo"– lo atrapó desde muy pequeño la superestructura cultural que la clase dominante ha venido montando desde la presidencia de Mitre: la historia mitrista, las fábulas económicas del liberalismo, geografías exóticas y lejanas, en fin, el enciclopedismo que enseña cuanto existe en el universo menos que su Patria está destinada a proveer cereales y carnes baratas al Imperio.

Su iniciación en política –según sus propios recuerdos– se produce a los 18 años cuando "siendo un adolescente, abracé la causa antiimperialista y anticonservadora que no he abandonado ni abandonaré jamás". Por entonces (1933), desintegrada su familia pues su padre los ha abandonado muchos años atrás y su madre ha fallecido, se traslada a Villa María, Córdoba, a la casa de un tío irigoyenista. Consecuente, que pertenece a la intransigencia nacional y tiene por caudillo al Dr. Amadeo Sabattini, quien se halla rodeado de un grupo de radicales jóvenes que reciben el apodo de "los radicales 'rojos' de Córdoba". Ya por entonces incursiona en la literatura y escribe un libro de cuentos, Siete notas extrañas, merced al cual recibe un elogio entusiasta del poeta Nicolás Olivari. Luego, en 1938, pasa a Córdoba donde su fervoroso irigoyenismo empieza a combinarse con el marxismo que recibe en las clases de un socialista exilado: Rodolfo Mondolfo. A partir de allí, a sus treinta años, inicia el intento de compatibilizar o sintetizar la tradición popular de las masas seguidoras de Don Hipólito con las ideas del socialismo científico, en una mezcla –como la definiría Homero Mazi– "pampeanamente rara de Yrigoyen y Marx".
Así, mientras cursa Filosofía y Letras, en la Universidad de Córdoba, se nutre de los libros de Scalabrini Ortiz y los cuadernos de FORJA, al tiempo que lee a los clásicos del socialismo, se introduce en literatos y filósofos europeos como asimismo en libros de revisionismo histórico, aunque manifiesta una posición crítica respecto de Rosas. A estas diversas influencias se agrega, por entonces, la creciente importancia del coronel Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión y los sucesos del 17 de octubre.

Constituida la "Unidad Democrática", Juan José interviene en la convención radical del 29/12/45 donde condena el contubernio organizado y bendecido por el Embajador norteamericano Braden. Cuando llega el 24 de febrero de 1946, vota a Perón para Presidente, pero expresa su origen radical votando a Sabattini para gobernador de Córdoba. En 1947, ya casado con Odilia Giraudo, pasan a residir en Buenos Aires.

De sus lecturas y sus polémicas obtiene la conclusión de que siendo marxista y considerando al proletariado el sujeto histórico revolucionario, debe también ser peronista, pues los obreros apoyan abrumadoramente a Perón. Después lo explicará así: "Soy peronista porque soy marxista."

Entre 1946 y 1955 dicta cátedras y lo trasladan de un empleo a otro, pues no obstante su afirmación peronista, por su condición de hombre de izquierda es víctima del maccarthysmo de algunos burócratas. Jauretche trata de consolarlo: "Qué va a hacer, tenemos abismos porque tenemos cumbres." En esos años, ha venido estudiando la superestructura cultural de la semicolonia, partiendo de la tesis de Marx de que "las ideas dominantes en una sociedad, son las ideas de la clase dominante". De ese estudio brota, en 1957, ya derrocado Perón, su libro Imperialismo y cultura, una severísima crítica a la cultura semicolonial vigente. Con ese libro, dirá: "Los cocino a los intelectuales del sistema en su propia salsa." El ensayo es la más profunda y demoledora crítica a la superestructura cultural oligárquica y por eso "importó mi funeral intelectual y por ser argentino, mereció los más grandes elogios y el más grande silencio... Ese libro me creó odios definitivos... Se me cerraron todos los caminos." Existía ya la televisión pero los periodistas afirman que desde esa fecha hasta su muerte, en 1974, su imagen no aparecerá jamás en las pantallas televisivas. Por entonces, ya se define como un hombre de izquierda nacional interna al peronismo.

En 1960 publica su segundo libro, La formación de la conciencia nacional, implacable análisis del nacionalismo oligárquico y de la izquierda antinacional, como así también reivindicación de FORJA, del peronismo y de la izquierda nacional. Pero no sólo recurre al libro sino también a la conferencia, a la polémica, al artículo en periódicos y revistas de azarosa vida, pero "sigue cercado por un silencio concertado" que lo convierte en un "maldito".

Arregui apoya con fervor al peronismo y le reconoce su progresividad histórica, pero –a largo plazo– no cree en la posibilidad de un capitalismo nacional autónomo. En esa época debate con el Partido Socialista de la Izquierda Nacional respecto de si la izquierda nacional debe ser interior o exterior la peronismo. "Debe hacerse desde adentro para no perder contacto con los trabajadores", sostiene. "Debe ser desde afuera", sostiene Ramos, que proviene de los orígenes de la izquierda nacional expresados en 1945 por el grupo Frente Obrero, la única expresión política de izquierda que acompañó a los trabajadores en el 17 de octubre. Desde aquel momento esta izquierda nacional sostuvo la necesidad de "golpear junto con el peronismo, pero marchar separados", resguardando su independencia ideológica, política y organizativa.
Arregui insiste en crear centros apartidarios de izquierda nacional en todo el país, no ceja en su prédica de trabajar por abajo, por fuera de los medios hostiles y el enemigo lo juzga tan peligroso que sufre varias detenciones. Luego, publica ¿Qué es el ser nacional? (1963), pronunciándose a favor de la unión latinoamericana y dando sus fundamentos. Más tarde, crea el grupo Cóndor, donde acentúa su definición socialista. Al respecto, Cooke no lo integra y le explica: "El intelectual mira lejos, su propuesta es estratégica; pero el político debe contestar todos los días, en la coyuntura y la lucha de clases en la Argentina pasa por el peronismo."

Con el Cordobazo, Arregui lanza Nacionalismo y liberación, un nuevo aporte para forjar una verdadera izquierda, con obreros, dentro del movimiento nacional. En esa época, en medio del silencio de que es objeto, le llega un reconocimiento importantísimo: "Ningún argentino debería dejar de leerlo y toda la juventud de nuestro país debería tenerlo en la cabecera y estudiarlo profundamente." Así se lo expresa, en una carta, el desterrado Juan Perón.

Pero no sólo da conferencias y publica, cuando puede, sino que su espíritu militante lo lleva pelear en todos los frentes, inclusive el militar, donde se constituye en el ideólogo de un grupo de 40 oficiales encabezados por Julián Licastro, tentativa que se frustra cuando son descubiertos y dados de baja.

Ya en los '70, prosigue su polémica. Ahora le dice a Enrique Rivera, un hombre de Frente Obrero: "La posibilidad de un partido obrero independiente no se ha cumplido y la razón está en que el Movimiento Nacional Peronista, cosa que usted no parece ver, con todas sus contradicciones, va en camino de serlo." Como expresión de esta concepción, publica, en 1971, Peronismo y socialismo, donde afirma: "Toda guerra de liberación, más allá de sus contradicciones de clase, por la participación de las masas populares, es presocialista", y de allí deduce que el futuro será protagonizado "por un partido revolucionario, ideológicamente radicalizado con una vanguardia aguerrida, íntimamente ligado a sus sindicatos combativos, levantando banderas antiimperialistas y socialistas". A esto agrega que "el peronismo debe realizar un cambio revolucionario en los cuadros, una depuración interna". El enemigo no le contesta con ideas sino que, estando el libro en impresión, dos kilogramos de genilita hacen explotar su departamento de la calle Guise, dejando gravemente herida a su esposa.

Después del triunfo del 11 de marzo de 1973, Arregui continúa apoyando el proceso de masas, pero las contradicciones internas del peronismo hacen crisis, especialmente después de la muerte de Perón. Publica entonces las revistas Peronismo y socialismo, y luego Peronismo y liberación, alertando, en trágica profecía, que debe evitarse el golpe de Estado que instauraría una dictadura sanguinaria. Ya él mismo aparece en una lista de políticos a ejecutar por las Tres A: Julio Troxler, Atilio López, Rubén Sosa, Hernández Arregui... El 16 de septiembre del '74 asesinan a Atilio López, cuatro días después matan a Julio Troxler. Con enorme esfuerzo se decide a exilarse. Pero viaja a Mar del Plata para alertar a Rubén Sosa de que corre peligro y allí le contesta a un joven montonero que le inquiere sobre el futuro argentino: "Por primera vez en mi vida, no tengo respuesta...". Horas después lo voltea un síncope fulminante. Es el 22 de septiembre de 1974, junto al mar.

Con su muerte, desaparece uno de los mayores intelectuales que tuvo el movimiento nacional en el siglo XX. Así nos abandona pero nos deja sus libros que resumen su convicción profunda en "la confederación iberoamericana, la liberación nacional y con la construcción del socialismo, que están en nuestras manos... Porque sólo el hombre es capaz de mirar lejos, sólo el hombre es capaz de lograr lo grandioso".

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