viernes, 1 de junio de 2012

Apuntes para la militancia nacional y popular – N° 4 –


por Gonzalo Pedano
Córdoba 05/04/12            


“No hay mejores batallas que las que se ganan con el corazón, esas son las que perduran en la memoria de los pueblos.” Cristina Fernández de Kirchner

A modo de introducción: notas de observación participante
Buenos Aires, Septiembre de 2011, Luna Park, acto convocado bajo la consigna: “Néstor le habla a la Juventud y la Juventud le habla a Néstor”
“Unos 6000 jóvenes militantes de las juventudes peronistas de todo el país, colmaron el Luna Park. El evento político – cultural tuvo el carácter de una celebración, del festejo por un modelo nacional y popular que se va abriendo paso ante tantas dificultades. Algo nos invadía aquella tarde. Miles de jóvenes cuadros políticos de todo el país se encontraban en un acto pensado como un espacio por y para la juventud. Es simple, el proyecto nacional requiere de un actor estratégico para continuar avanzando. ‘Néstor le habla a la juventud y la juventud le habla a Néstor’, fue la consigna dialéctica utilizada como slogan y un Néstor vestido de ‘Eternauta’ sostenía la consigna: ‘Bancando a Cristina’ en las dos gigantografías ubicadas a los costados del escenario. Un nieto restituido abre el acto con su discurso. Ese nieto nacido en la ESMA, pronunció su discurso frente a miles de jóvenes porque es un cuadro del proyecto. Y porque el proyecto necesita de jóvenes cuadros para ensancharse. Y porque si el proyecto no se ensancha, no avanza”.
“Ciertos componentes históricos de fuerte contenido político y simbólico estuvieron presentes en el encuentro. Ohesthereld y el Eternauta, los golpes gorilas y los desaparecidos, las Abuelas, la Madres y los nietos, el enorme edificio del Diario ‘La Nación’ en frente del Luna Park, donde la juventud peronista estaba de fiesta. Les digo, fue una fiesta”.
“En términos objetivos, fue una puesta en evidencia de la fuerza. Miles y miles de jóvenes cuadros, de diferentes organizaciones peronistas –sindicales, sociales y partidarias- dispuestos y convencidos de que la tarea es profundizar el modelo. Cada uno lo hará desde el lugar que ocupe, en el terreno que se desempeñe. Pero toda esa fuerza se organiza en pos de un objetivo estratégico. Esto es, no sólo está la fuerza, sino también – y esto es lo más importante- la organización de esa fuerza. Por ello consideramos que este acto no puede dejar de ser vinculado con el Encuentro de Jóvenes realizado en Embalse, con la creación del Consejo Federal de Juventud, con los programas de la Dirección Nacional de Juventud. Sucede que el proyecto incorpora una nueva columna para tener más empuje. En términos subjetivos, la pasión y el festejo nos invadió. Gritamos, cantamos el Himno Nacional, una marea de saltos y de voces coreando al unísono la marcha peronista, nada de disturbios, todo era cantado: ‘no vinimos por el chori / no vinimos por un Plan / vinimos por un Gobierno / Nacional y Popular…’; ‘Clarín, Magnetto / devuelvan a los nietos…’; ‘Cristina, Cristina, Cristina corazón / acá tenés los pibes para la Liberación’. Un aluvión zoológico juvenil fue el actor central de la obra y el festejo. Festejamos porque estamos en la escena con un rol a cumplir en el proyecto”.
Como sostiene Vommaro (2012): “son pocas las veces que la categoría de juventud como tal es problematizada a los fines de comprender las prácticas políticas de los sujetos jóvenes”. Estas notas de observación participante pretenden allanar el camino para poder indagar las prácticas políticas que el kirchnerismo ha desarrollado en estos años desde su llegada al gobierno nacional en referencia a los jóvenes y, a través de esto, analizar también la aparición de lo que, a nuestro modo de ver, puede ser denominado como una nueva forma de subjetividad política “juvenil” que pretende adquirir características propias y reivindicar para sí una clara identidad nacional y popular. Nueva forma de subjetividad que se expresa en distintas agrupaciones políticas, pero que tiene en la agrupación denominada “La Cámpora” uno de los principales espacios abiertamente identificados con la juventud y con fuerte presencia en el aparato estatal. En ese proceso de aparición de una nueva subjetividad política destacamos tres hechos que nos parecen centrales: el acto de Néstor y la Juventud en septiembre del 2010, la muerte de Néstor en octubre del mismo año y la conmemoración de la asunción de Cámpora el 11 de marzo del 2011, en el Estadio de Huracán. Hechos que permiten señalar la constitución de un vínculo generacional anclado en vivencias comunes de ruptura, pero también de innovación y cambio.

Juventudes y generaciones
Según sostiene Vommaro (2012): “la concepción más difundida por muchos años acerca de la juventud – y los jóvenes- fue la de aplazamiento, cesantía, moratoria, un tiempo de espera, intermedio, en el que ‘lo juvenil’ representaba un estadio de demora o transición en el pasaje a la adultez”. Frente a este enfoque, se pretende en cambio desarrollar un abordaje en el que la juventud como categoría cobra significado cuando es enmarcada en un tiempo y espacio determinado, esto es, en el mundo social y el campo de relaciones que le es propio. La tarea es, entonces, analizar las modalidades concretas en que se produce la juventud, las formas de subjetividad juveniles que surgen en ese contexto determinado y a partir de experiencias históricas particulares, puesto que la mera contemporaneidad de estos fenómenos sociales no necesariamente los hace inteligibles. Entendemos pertinente para ello, destacar algunas de las políticas públicas que el gobierno kirchnerista ha elaborado desde el 2003 orientadas a los sectores juveniles de todo el país y, en vinculación con ello, el desarrollo y la aparición de nuevas subjetividades juveniles fuertemente ligadas a lo político. La conexión generacional es un fenómeno social cuyas propiedades tienen que ser descritas y comprendidas como producto de un proceso social, histórico, cultural y político. La “generación”, sostiene Vommaro, “tiene que ver con un conjunto de sujetos que comparten un problema y emprenden, a partir de reconocerlo, de reconocer el problema y reconocerse, una búsqueda para solucionarlo […]. El vínculo generacional se constituye así como expresión de un proceso de subjetivación, ligado con una vivencia común en torno a una experiencia de ruptura a partir de la cual se crea la necesidad de instituir una práctica disruptiva, alteradora y alternativa. Crear, innovar, reinventar. Esto se traduce en prácticas y acciones colectivas” (pág. 8). En este sentido, el kirchnerismo, como expresión generacional, establece una conexión de implicancias políticas y culturales, en el que determinados sectores juveniles establecen una vivencia común de ruptura para con un pasado neoliberal cuyo modelo de país colapsó en el 2001 y comienzan a instituir una práctica disruptiva y alternativa que encuentra en la figura del ex presidente Néstor Kirchner el símbolo de un modelo distinto de país como posibilidad cierta y real. En el contexto argentino -y Latinoamericano en general podríamos sostener también-, el auge hegemónico de las políticas neoliberales aplicadas fuertemente por la última dictadura militar de 1976 y continuadas estas políticas –en líneas generales- por sucesivos gobiernos democráticos, fueron el marco condicionante de una juventud vista como apática, apolítica, individualista, desinteresada. Según sostiene Saintout (2012): “Se dijo: no les interesa nada. Se los condenó por apolíticos e individualistas. Mientras unos celebraban lo que era el final de la dialéctica (de la historia, de las luchas) y otros lo lamentan aceptando que el mundo no podrá ser nunca más transformado, se asumió que los jóvenes ya no tenían nada que ver con la política. Que la devastación, la desafiliación, la desarticulación (todas las D del deterioro) los habían dejado por fuera del compromiso con lo público”. Esta mirada y caracterización de la ‘juventud’, fue consustancial al modelo neoliberal que no sólo implicó la aplicación de medidas económicas, sino también una política cultural distintiva orientada a frenar e impedir la movilización juvenil, en el marco general de una criminalización de la protesta social. Contrariamente a esta construcción, el kirchnerismo apeló a la aparición de los jóvenes en el escenario político y cultural del país, haciendo uso de diversas herramientas y prácticas orientadas a fomentar la participación política en diversas formas. Sostuvo Mariana Grass Buscetto, ex Directora de la Dirección Nacional de Juventud: “En estas tres últimas décadas, se construyó un discurso hegemónico que plantea que ser joven es ser un conflicto y que la palabra juventud es sinónimo de problema. Justamente lo que nosotros planteamos en todos los ámbitos, es que en la Argentina hay 10 millones 250 mil jóvenes y puedo asegurar que no son sinónimo de problema, sino sinónimo de solución, hay diversidad de juventudes pero, sobre todo, lo que hay son ganas de participar, ganas de solucionar, ganas de ser protagonistas. Entonces, lo que proponemos es generar espacios de participación donde los jóvenes sean sujetos activos de derecho y no sujetos pasivos” MEMORIA CONCEJO FEDERAL DE JUVENTUD; 2009, pág. 12). Uno de dichos espacios es el Consejo Federal de Juventud, creado en el año 2008 a partir de la implementación de la ley N° 26.227, orientado a colaborar con el diseño y la coordinación de políticas públicas de juventud nuevas o existentes. El mismo está conformado por jóvenes de todo el país, representados por las direcciones provinciales de juventud y las organizaciones sociales de juventud de las distintas provincias o localidades.
En este mismo sentido se pronunciaba Alicia Kirchner en una alocución realizada febrero del 2012 en un acto político: “Apostar a los jóvenes es apostar a continuar por el camino de la transformación con las energías renovadas, a la militancia y compromiso, a la solidaridad y la construcción colectiva de una sociedad mejor con igualdad de oportunidades para todos los hombres y mujeres de la patria”. Asimismo, remarcó que “ese es el principal objetivo que motoriza a miles de jóvenes que, motivados por la figura de Néstor Kirchner y conducidos por la valentía y el coraje de nuestra Presidenta, volvieron a comprometerse con un proyecto político que los incluye y que les devolvió la posibilidad de soñar con un futuro de grandeza. Fogoneada por buena parte de los grandes medios de comunicación, la sociedad construye una imagen despectiva de la juventud. La asocia a la violencia, la marginalidad, el desgano, la falta de compromiso y solidaridad”, advirtió, pero aclaró que “es una imagen falsa porque desde hace una década, estos jóvenes que despertaron a la vida política tras el estallido social de 2001, trabajan en la consolidación de un modelo más inclusivo, equitativo y con redistribución de la riqueza que acaba con la miseria, el hambre y la exclusión que las medidas neoliberales generaron durante tres décadas” (KIRCHNER; 2012)

Antecedentes históricos: un proceso de nacionalización de la juventud
El análisis comparativo con otros períodos históricos con fuerte participación juvenil en el escenario político de nuestro país permite poner en consideración similitudes y diferencias que, salvando las distancias temporales, son parte de un aprendizaje político que nos debemos como generación. Como señaló Carnovale, una de las características de los años ’60 fue el protagonismo que adquirió la juventud y su manifestación en nuevas prácticas tanto culturales como políticas que evidenciaban la aparición de nuevos valores: “los jóvenes de la década del ’60 construyeron y compartieron una cultura diferenciada y hasta en fuerte oposición a la de sus padres y abuelos” (CARNOVALE; 2012, pág 5). Según lo señala la mencionada autora, el paso de los ’60 a los ’70, señala el proceso de cambio de una modernización cultural a una radicalización política juvenil. “En nuestro país, modernización cultural y radicalización política encontraron –sin mayores tensiones en principio- lazos empáticos que parecían predefinir para la juventud un tránsito ‘casi natural’ entre ambos términos” (CARNOVALE; 2012, pág. 6). Radicalización política que trajo consigo una suerte de cultura de la militancia y una fuerte idea del compromiso con la realidad, como algunos de los rasgos más distintivos de la generación del ’70.
Norberto Galasso entiende que a partir de mediados de 1972 comienza un proceso de consolidación y vertiginoso crecimiento de la Juventud Peronista: “si las demás organizaciones armadas nacían como resultado tanto de la crisis de las clases medias como del triunfo de la Revolución Cubana y el Mayo Francés, en este caso se agrega un factor muy singular: los jóvenes en rebelión contra el mundo de sus padres, sus valores e instituciones, descreyendo de los políticos e intelectuales tradicionales, vuelven su mirada hacia aquél argentino, que desde hace 17 años permanece desterrado, cuyo nombre el decreto 4161 prohibió se mencionara, como así también prohibió que se publicase su fotografía o se cantase su marchita. Este sector de clase media no sólo se radicaliza –como los jóvenes contestatarios que pasan a integrar la FAL o el ERP- sino que también se nacionaliza, en la medida que va hacia los barrios a la búsqueda de los trabajadores para construir el frente antiimperialista” (GALASSO; 2006, pág. 1110). Galasso sostiene el desarrollo no sólo de un proceso de radicalización política, sino también y especialmente un proceso de nacionalización de la juventud que comienza a nuclearse dentro de la Juventud Peronista, no entendida esta como una rama o fracción del Partido Justicialista sino como una rama más del Movimiento. “Desde principios de este año 1972 se ha ido manifestando este notable crecimiento cuantitativo, aunque se produce de mañera inorgánica y confusa, como se advierte en diversos actos donde conviven jóvenes que luego asumirán posiciones antagónicas, contradicción que aún muestra sus rasgos todavía a mediados de año. Los actos que se han ido sucediendo, son hitos de la consolidación y el crecimiento de la juventud peronista: Ensenada (29/01/1972), Merlo (1/05/1972) y Federación de Box (9/06/1972). Ahora, alcanzan su mayor expresión el 28 de julio, en el Estadio de Nueva Chicago, con una concurrencia estimada entre 18.000 y 20.000. Se trata del primero de los actos lanzados bajo la consigna ‘Luche y vuelve’, convertido desde este momento en el gran lema convocante de los jóvenes” (GALASSO; 2006, pág. 1111). Esta capacidad de convocatoria, viene de la mano con un proceso de organización y estructuración política y territorial de la juventud. “En esos días, se organizan las Jotapé Regionales en todo el país. La juventud se convierte, a un ritmo acelerado, en la principal columna de sustentación, en el sector más dinámico del justicialismo […]. Lo indudable es que esta estructura nacional de los jóvenes peronistas significa –como muy bien lo señala Oscar Anzorena- la apertura de cientos locales partidarios y unidades básicas, en barrios y villas, la realización de numerosos actos políticos y movilizaciones, y el lanzamiento de campañas de pintadas como la famosa ‘Luche y vuelve’ ” . No pretendemos aquí analizar los discursos del propio Perón en relación a los jóvenes ni tampoco el desenlace final de la relación entre el líder y la juventud, sino hacer hincapié en el desarrollo de un proceso de fuerte participación y nacionalización. “La incógnita mía está en cuando esta juventud formará la generación de emergencia que es necesario formar para salvar al país. Esa es la única preocupación mía; si eso se forma y se pone en marcha, después ya no hay problema. No es el problema de los políticos el que me interesa tampoco. No, es esa juventud la que debe ponerse los pantalones y empezar a decir lo que hay que hacer. En todo no es cuestión de bla, bla, bla. Aquí hay que hacer y eso tiene que hacerlo la juventud”. (Declaraciones de Juan D. Perón, en Prensa Argentina, 12/02/1973 – En: GALASSO; 2006, pág. 1151)

La muerte de Néstor: el nacimiento de “la generación del bicentenario”
Alcira Argumedo, desde una perspectiva nacional y popular de pensamiento, entiende al acontecimiento como “el ocurrir de determinados hechos o procesos que generan una nueva dinámica en el devenir político y social; nuevos lineamientos de desarrollo y contradicciones que dan lugar a un replanteo de las alternativas históricas existentes con anterioridad. La lógica del acontecimiento significa que un hecho detonante reformula el proceso histórico anterior y produce un escenario diferente en el conjunto de una sociedad o en la arena mundial” (ARGUMEDO; 2009, pág. 217). La muerte de Néstor Kirchner constituyó un acontecimiento fundante en varios sentidos, pero de manera muy específica resultó un acontecimiento fundante en relación a la aparición de nuevas formas de construcción política juvenil, generando una dinámica en el escenario político nacional que sirvió como detonante para la aparición de nuevas formas de participación política de los jóvenes. Como sostiene Saintout: “el 27 de octubre del 2010 volvieron a aparecer los jóvenes en la política para todos aquellos que no los habían visto: para unos intereses conservadores que festejaron demasiado rápido todos los finales pero también para una ciencia social de epistemología de superficie, nada abocada a ver el hormigueo intenso de las profundidades. La presidenta de la nación de un estado en vías de ser recuperado ha visto a éstos jóvenes que se movían a los ojos ciegos nada abiertos. Y los ha llamado” (SAINTOUT; 2012, pág. 2). Con el kirchnerismo los jóvenes empiezan a creer que la política puede ser una herramienta de transformación social y no el vehículo de intereses corporativos y antinacionales. En otros términos, el kirchnerismo ha permitido que los jóvenes revaloricen la política, como espacio con potenciales de cambio social y no sólo como lugar de corrupción y envilecimiento. Esta primacía de lo político constituye uno de los rasgos centrales a partir de los cuales podemos caracterizar a este protagonismo juvenil como parte de un proceso de construcción de una fuerza política con sentido nacional y popular. En efecto, como sostiene Alcira Argumedo: “la primacía de lo político en los procesos históricos y sociales constituye uno de los nudos teóricos fundamentales de la matriz de pensamiento nacional y popular en América Latina” (ARGUMEDO; 2009., pág. 216). El neoliberalismo tuvo como uno de sus ejes claves no estimular la participación juvenil y el de convertir a la política y lo vinculado con ella en un ámbito de “corrupción” y “enriquecimiento ilícito”. “La posibilidad de hacer de la figura de Néstor Kirchner una figura asociada a las pasiones, a un relato casi romántico de encuentro con la política, los aleja de la mirada absolutamente profesionalizante y burocrática de los políticos de otras generaciones […]. Ven en la figura del ex presidente una convocatoria a las pasiones y a la vez a la política llamada tradicional, o ligada a la disputa desde los partidos políticos, que les permite entrar al campo de la política desde la subjetividad, desde la emoción, pero también desde el cálculo” (SAINTOUT; 2012, pág. 19). Algo explotó aquel 27 de octubre. Una marea de gente, y en especial de jóvenes, venidos de todas partes del país, sorprendió a aquellos despistados que miraban sorprendidos ese nuevo aluvión zoológico que inundaba las calles. Para aquellos que estuvimos en ese aluvión, la experiencia nos marcó. Éramos miles. Realmente no sabíamos que éramos tantos. A partir de esa masiva participación, los jóvenes tienen un fundamental aporte que realizar para profundizar e incrementar esta vertiente abierta en pleno desarrollo. Como sostuvo Clausewitz: “las generaciones no existen para observar el mundo; al luchar constantemente por lograr objetivos racionales constituyen el mundo […]. El tiempo os pertenece; lo que llegue a ser, llegará a serlo a través de vosotros” (En: FERNÁNDEZ VEGA; 1993, pág. 5). Las organizaciones del campo popular requieren de la juventud como agente estratégico para la continuación de sus históricas luchas y la serie de conquistas en proceso de consolidación brindan más ganas, sin duda, de tirarnos al agua y nadar a favor de esta correntada. En este sentido, estamos presenciando el surgimiento de una nueva forma de subjetividad política juvenil, distinta de las existentes en períodos anteriores de nuestra historia, que tiene como uno de sus factores condicionantes la convocatoria que se realiza desde los propios espacios estatales, reivindica para sí una identidad política nacional y popular, que retoma las consignas vinculadas a los Derechos Humanos, que encuentra en la figura de Néstor un símbolo de lucha, que consolida vínculos emotivos acentuados por el duelo colectivo de la pérdida. El kirchnerismo le dio a los jóvenes una experiencia de comunión emocional que constituye una de sus conexiones generacionales más firmes y sólidas. Las herramientas creadas por el Estado con anterioridad al fallecimiento, permitieron encauzar políticamente esa correntada.
Ya en Agosto del 2010, se había realizado en la localidad de Embalse de Río III el 2° Encuentro Nacional “Argentina Soberana y Popular” organizado por la Dirección Nacional de la Juventud del Ministerio de Desarrollo de la Nación, encabezado por la ministra Alicia Kirchner. Cerca de 3000 jóvenes militantes de diferentes organizaciones políticas, sociales y sindicales de todo el país, se dieron cita para la elaboración de una agenda política generacional en el marco de la tarea estratégica de profundizar el actual modelo nacional y popular de país. El debate y las exposiciones de ministros, senadores, funcionarios e intelectuales giraron en torno a distintos ejes temáticos: salud como derecho, trabajo y pleno empleo, educación inclusiva, justicia democrática, integración latinoamericana, comunicación y nueva ley de medios, independencia económica, fueron algunos de los temas tratados y discutidos en comisiones. Este segundo Encuentro superó ampliamente en número al primer Encuentro realizado en mayo de ese mismo año, en la localidad de Chapadmalal, provincia de Buenos Aires. Es el Estado el que ahora brinda a la juventud en cuanto tal un espacio para discutir su propia agenda estratégica, definir sus problemáticas centrales y detallar las propuestas concretas para su solución. Es por ello que se creó el Consejo Federal de la Juventud, organismo cuyo fin es el de colaborar con el diseño y coordinación de políticas públicas de la juventud y promover espacios participativos de jóvenes en todo el país, como se mencionó anteriormente. Este Encuentro es uno más de esos espacios generados. Como señala Saintout: “me interesa remarcar como es que desde la política instituida, desde un liderazgo en el gobierno del estado, es que se convoca a unos jóvenes hermanos de estos otros, que sólo una década atrás decían no creer en nada, en ningún tipo de representación política, ni en los políticos ni en la política. Me interesa puntear como es que desde la política institucionalizada como tal se está convocando a los hijos de aquellos que pasionalmente habían dicho que se vayan todos. Y cómo es que estos jóvenes (hermanos menores e hijos de los que rechazaron la política) responden asumiendo que tienen un lugar en la historia” (SAINTOUT; 2012, pág. 12). Entendemos que esta participación juvenil tiene como desafío principal el de la disputa por la conducción política de los partidos y organizaciones (culturales, sindicales, sociales) con sentido nacional y popular. Si los jóvenes, como actores sociales con potenciales transformadores, no se organizan, si no elaboran una estrategia de construcción de poder y aplican las herramientas territoriales necesarias para materializar esa organización y su estrategia, entonces los puestos claves van a seguir quedando en manos de conducciones burocráticas y anquilosadas. En este sentido se expresaba Néstor cuando manifestaba: “a los jóvenes les digo, sean transgresores, opinen, la juventud tiene que ser el punto de inflexión del nuevo tiempo”. Para llegar a ello, hay que saber crear las herramientas de trabajo necesarias. En el proceso de creación de estas herramientas de trabajo territorial, los jóvenes nos vemos enfrentados a un doble desafío teórico – práctico. Teórico porque nuestra realidad nacional demanda nuevos esquemas y conceptos para ser pensada y práctico porque esa demanda se vincula con la solución efectiva de problemáticas sociales, culturales y económicas concretas. Como sostuvo Jauretche: “La revolución no devora a sus hijos: devora a sus padres. Porque los padres por revolucionarios que sean, están conformados por un mundo de hábitos, gustos, ideas, de todo lo cual no es posible desprenderse como un traje […]. Por eso yo deseo para mis viejos camaradas peronistas que no se pongan en viudas tristes. Espero que contemplen este avance de la juventud con la alegría propia de nuestro movimiento” (JAURETCHE; 1973, pág. 13). Tendremos que desprendernos de viejos esquemas del peronismo, pero re-discutiéndolos en función de nuestra realidad actual para orientar nuestra acción en pos de una renovación de los cuadros dirigentes sindicales, partidarios y empresariales. El trasvasamiento generacional debe ser realizado en sus diferentes aspectos y espacios políticos, constituyendo esto uno de los desafíos generacionales más destacados. Especial tarea tenemos aquellos jóvenes que nos desempeñamos laboralmente en ámbitos académicos y que somos beneficiarios de las políticas de Estado en relación a investigación y producción de conocimientos. Como sostenía Jauretche: “en largos años de lucha al servicio de la idea de emancipación nacional, me fue dado conocer la mentalidad de los hombres que se designan como ‘intelectuales’, y su absoluto divorcio con la realidad del país, así como los obstáculos que ellos crean a la inteligencia argentina cuando busca su camino” JAURETCHE; 2008, pág. 11). Estos ‘intelectuales’ aislados de la realidad nacional proyectan uniformemente sus generalizaciones con esquemas extraños pretendiendo adecuar los hechos nacionales a los cuadros sinópticos confeccionados sobre hechos foráneos. Desde la matriz de pensamiento nacional y popular, se utilizó el concepto de aparato de colonización pedagógica para referirse, entre otros aspectos, a ese impedimento para realizar un abordaje de la realidad del país desde una perspectiva nacional. No será posible responder a necesidades propias a partir de esquemas extraños. En nuestra cotidiana militancia tendremos que dar respuesta a este doble desafío. Esa pasión juvenil despertada por el proyecto nacional y popular requiere ser complementada con una reflexión sustantiva sobre las tareas centrales y las herramientas para hacerlas realidades efectivas, siendo esto otro de los desafíos generacionales.

Una nueva experiencia de trasvasamiento generacional: La Cámpora
El acto realizado en el Estadio de Huracán el 11 de marzo del 2011 -ese mismo estadio colmado tantas veces por Juventud Peronista del ’70- constituye uno de los hechos políticos fundamentales en relación a la política que el kirchnerismo ejecuta en referencia a los jóvenes. Dicho acto, puede ser entendido como la exposición exitosa de una convocatoria a la participación política de los jóvenes con alta capacidad de aceptación, que marca los logros y resultados de las Jornadas, Encuentros y debates realizados, dando forma a un sujeto popular estructurado como fuerza política propia, con capacidad de acción territorial en diferentes provincias del país. En ese mismo Estadio en el que la Juventud Peronista coreaba aquél 11 de marzo de 1973: “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, Cristina utilizó un concepto que, a nuestro modo de ver, define a esa nueva forma de subjetividad en ciernes: “la Generación del Bicentenario”. Especialmente en una parte de su discurso afirma. "Quiero una juventud que construya su propia historia, como lo hicimos nosotros. Ustedes son la generación del Bicentenario. Les pido que tengan ejemplos, pero que sean ustedes mismos. El gran vínculo que nos une a todos es el inmenso compromiso con los intereses del pueblo. No hay pueblo sin nación, ni nación sin pueblo". La utilización de categorías sustantes (juventud, Generación del Bicentenario, pueblo, nación) marca el alto contenido político del discurso kirchnerista que no queda “pedaleando en el aire”, sino que continúa dándole forma a esa emergencia de una nueva subjetividad realizando una importante demostración de fuerza y preparando, a grandes rasgos, el curso de acción estratégico: Juventud, Pueblo, Nación. Conceptos e ideas claves en una matriz de pensamiento nacional. Las organizaciones políticas son herramientas elaboradas para profundizar –o detener llegado el caso- los procesos en ciernes. La agrupación denominada “La Cámpora”, adquirió una relevancia importante en el marco de este proceso de participación juvenil. No es casual que se haya utilizado ese nombre para denominar a una organización conducida por jóvenes, dada su alusión a aquél Presidente que basó su campaña presidencial apoyándose fundamentalmente en la Juventud Peronista. Con esta organización, comprendida en su función de herramienta política creada en el marco de un proyecto nacional y popular, el kirchnerismo da inicio a una experiencia inédita de trasvasamiento generacional desde dentro del Estado. Los jóvenes cuadros políticos nucleados en esta organización son ubicados en cargos de gobierno y de gestión, asignados a tareas específicas y técnicas sobre temáticas diversas. Ministerios, Secretarías, Subsecretarías y Organismos varios del Estado nacional tienen en funciones a integrantes orgánicos de la mencionada agrupación. Así también desarrollan trabajo territorial en la mayoría de las provincias y en las principales localidades del país con actividades culturales y sociales de diversa índole, algunos inclusive compitieron en varias compulsas electorales en los últimos años. Desde otra óptica, Beatriz Sarlo entiende que esta agrupación juvenil debe ser entendida a partir de la relación que el kirchnerismo estableció, desde el 2003 en adelante, con las organizaciones sociales de nuestro país: “la relación del kirchnerismo con las organizaciones sociales (piqueteros, titulares del planes repartidos por los intendentes) consistió básicamente en cooptar a sus dirigentes con cargos en el Estado y paquetes de planes sociales, y mantener el nivel de conflicto lo más bajo posible, sin represión pero también sin idea de organización de estos sectores (ni mucho menos de autonomía)” (SARLO; 2011, pág. 148). A lo que se puede agregar una afirmación todavía más desafiante que insiste en demostrar que el kirchnerismo no tiene la capacidad de constituir nuevas identidades –sean o no juveniles-, sino en todo caso la de reactualizar las de la generación del ’70, reincorporando esta identidad en el contexto actual. El kirchnerismo es, para Sarlo, un populismo sin sujeto y todo populismo sin sujeto no es más que un oxímoron, una contradicción en los términos. Una agrupación como La Cámpora se encontraría, desde la óptica de Sarlo, atrapada entre la estrategia de cooptación kirchnerista y su falso populismo sin pueblo. El concepto de populismo utilizado por Sarlo, fue implementado por el filósofo argentino Ernesto Laclau, para designar un conjunto de procesos sociales y políticos diversos con algunas características centrales en común: “Lo único que es una variable permanente de cualquier forma de populismo –sea de izquierda o sea de derecha– es apelar a los de abajo frente al poder. Es un discurso confrontativo que tiende a dividir a la sociedad en dos campos. Eso se puede hacer desde ideologías diversas, no hay ningún motivo por el cual el populismo tenga una caracterización ideológica intrínseca” (LACLAU; 2011). Diferente, sin embargo, parece ser la opinión de Laclau en referencia al kirchnerismo y, en especial, a La Cámpora. Interrogado sobre si el kirchnerismo era un aggiornamiento del peronismo, Laclau responde: “Es una trascendencia del peronismo. Usted sabe que yo me califico a mi mismo como post marxista, pero no en el sentido de que simplemente he roto con el marxismo, sino en el sentido de que estamos en una etapa que va más allá de lo que el marxismo histórico pensaba. De alguna manera, con el kirchnerismo pasa lo mismo respecto del peronismo. El peronismo es una matriz histórica que está allí, el corte que se dio en el ’45 es algo que ha signado nuestras vidas y las sigue signando. Pero de lo que se trata es de ir un paso más allá de esa experiencia histórica del peronismo y eso es, precisamente, lo que está haciendo el kirchnerismo. Veo muchos grupos jóvenes que surgen, La Cámpora, la Asociación Evita y demás, y de alguna manera estos grupos empiezan a expresar la necesidad de ir un paso más allá de las matrices históricas que hemos heredado. Creo que el kirchnerismo en ese sentido es un post peronismo, lo que no significa renegar del peronismo, sino ir más allá de los horizontes que el peronismo había construido” (LACLAU; 2011). Precisamente en ese terreno de trascender el peronismo, de ampliar los horizontes políticos, pretende situarse este trabajo. No es casual por ello que hagamos referencia al aluvión zoológico, esa expresión despectiva y discriminatoria históricamente utilizada para designar a la clase trabajadora peronista, pero adjuntándole el adjetivo calificativo de nuevo y redefiniéndolo como la generación del bicentenario. Con ese enunciado, el nuevo aluvión zoológico: la generación del Bicentenario, pretendemos hacer referencia a un proceso político de protagonismo juvenil que denota un vínculo generacional expresado en nuevas formas de subjetivación de fuerte contenido nacional y que se articula con un trasvasamiento estatal de cuadros políticos. Así también, nos pareció pertinente señalar algunos de los desafíos que, a nuestro modo de ver, tenemos como generación en el marco de este proceso en curso.


BIBLIOGRAFÍA

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-Laclau, E.; El Kirchnerismo realizó un milagro histórico, Entrevista para Tiempo Argentino, 1 de Octubre de 2011 (http://tiempo.infonews.com/notas/kirchnerismo-realizo-milagro-historico )

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