lunes, 29 de junio de 2015

Francisco: un Papa que le queda grande a la Iglesia Católica


Las posiciones del Papa y la consecuente oposición que sufren, han evidenciado cómo el aparato de la Iglesia Católica se encuentra atascado en ideas conservadoras y retrógradas que son las que, en última instancia, le han valido la hemorragia de fieles que, o se pasan a otras confesiones, o se suman a las legiones de escépticos que crecen día con día.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica


El Papa Francisco
Con su Encíclica Laudatio Si’, el Papa Francisco posiciona a la Iglesia Católica en un tema central de  nuestro tiempo, de impostergable discusión y sobre el cual la humanidad no puede atrasar decisiones cruciales. Sin embargo, como dice el grupo Cristianos por el Tercer Mundo, hay que tener cuidado con las lecturas tergiversadoras del documento, que no han tardado en aparecer en el seno de la mismísima Iglesia, aligerando el mensaje claro y directo que la caracteriza.

En ella, se identifica con meridiana claridad cuál es la causa principal de la llamada “crisis medioambiental”: el capitalismo, la sociedad de consumo que devora todo a su paso con tal de producir ganancias que, por demás, se concentran cada vez más en menos manos.

Esto incomoda a los poderosos, y no se han hecho esperar las voces de quienes tildan al Papa de ignorante, incompetente y, ¿cómo no? comunista (¡faltaba más!).

El inefable Jeb Bush, precandidato a presidente de los Estados Unidos por el Partido Republicano, emulando el comportamiento troglodita de su padre y su hermano, fue uno de los primeros en salir al paso del documento. No ha sido, claro está, el único que en ese país ha dicho cosas en contra de lo que plantea la Encíclica. A Bergoglio lo han tildado de impulsar un “socialismo al estilo latinoamericano”, de ser “peligroso” y cosas por el estilo.

El Papa Francisco no ha dado la campanada solamente en esta temática. Sus declaraciones en torno a los homosexuales o los divorciados, por ejemplo, tienen asustados, y secándose las manos sudadas en la sotana por los nervios, a toda una legión de curas conservadores que se atragantan con lo que dice.

Y la oposición cerrada empieza en el Vaticano mismo, en donde los intereses de la curia no conocen escrúpulos. Como se sabe, extractos de la Encíclica se filtraron a la prensa antes de su presentación, lo cual fue interpretado por algunos como una estrategia de los sectores más conservadores de la iglesia para disminuir el impacto mediático del mensaje del pontífice.

Las posiciones del Papa y la consecuente oposición que sufren, han evidenciado cómo el aparato de la Iglesia Católica se encuentra atascado en ideas conservadoras y retrógradas que son las que, en última instancia, le han valido la hemorragia de fieles que, o se pasan a otras confesiones, o se suman a las legiones de escépticos que crecen día con día.

En Europa, las descalificaciones que sufre el Papa también tienen otra tónica: la xenofobia, y la mirada peyorativa de los europeos hacia todo lo que venga de Asia, África o América Latina. Esta mirada eurocéntrica, que mira sobre el hombro todo lo que venga “del subdesarrollo”, escucha con sorna lo que dice y espera que, por su edad, no esté por mucho tiempo en ese lugar en donde los incomoda.

Se trata, en última instancia, de la lucha de clases en el seno de la Iglesia. Los que lo denigran velan por sus intereses, en primer lugar económicos, y por todo lo que refuerza su dominio. Y la Iglesia ha sido, desde siempre, su aliada incondicional, desde la más alta autoridad hasta el cura del pueblo. Verla decir lo que dice hoy, por boca de Francisco, lo ven como traición y añoran, hasta las lágrimas, los tiempos en que quienes se promovían para santos eran personajes como la Madre Teresa, y se aceptaban como buenos en el Vaticano los chismes contra Monseñor Romero.


Han cambiado los tiempos y parece que el papa se ha cerciorado de ello pero no su Iglesia. Tenga cuidado Francisco porque, como se ha visto ya en otras oportunidades, la curia romana no le teme al Dios que pregonan, y son capaces de las más bajas acciones con tal de poner a buen resguardo sus intereses.

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