martes, 22 de septiembre de 2015

Entrevista a Iciar Recalde

Revista Integración Nacional dialogó con la Licenciada Iciar Reclade, directora editorial de la publicación política "Mano a Mano", acerca de la realidad en la Universidad argentina, sus avances de los últimos 12 años y también acerca de las deudas pendientes en materia de reforma de planes de estudio. También, nos dio su opinión acerca del proceso de elecciones que estamos atravesando.

RIN: ¿Qué opinión te merece la política hacia la Universidad durante estos últimos 12 años?

IR: La Universidad argentina vive en la actualidad un panorama diametralmente diferente al de principio de siglo. Difícil es encontrar en otra década de nuestra historia el peso y la significación que se le ha otorgado a las Universidades nacionales en estos 12 años.

En primer lugar, es necesario atender a transformaciones cuantitativas. Los estudiantes aumentaron casi un 37 % entre el año 2001 y el 2015. Los egresados también aumentaron en relación con aquel año de base en un 80 %, lo que supone una disminución de la tasa de deserción. Muy impactante es el cambio del presupuesto universitario, que duplicó su peso en el producto: el Estado aumentó de $ 1.900 millones en el año 2002 a $ 39.000 millones en 2015. Este último dato se expresó particularmente en los salarios de los docentes y de los no docentes, atrasadísimos en aquel entonces, en el nuevo régimen jubilatorio (movilidad jubilatoria del 82 % móvil), pero también en el número de becas universitarias que se incrementaron en un 1754 %, pasando de 2726 a 47296, en la implementación de Programas de apoyo y mejoras de la calidad académica, en los de mejoramiento que involucraron a Ingeniería, Agronomía, Geología, Química, Recursos Naturales y Artes.

En segundo lugar, está la inversión en infraestructura universitaria. Solamente en obra pública se invirtieron más de 1500 millones de pesos y se inauguraron 15 nuevas Universidades a lo largo y ancho del país.

En tercer lugar, el actual Modelo de desarrollo, la apuesta a la ciencia y tecnología nacional y la inversión de recursos en áreas consideradas “estratégicas”, las becas a Carreras prioritarias o la apuesta a la pertinencia social de las investigaciones, ha favorecido la inserción profesional de los egresados universitarios.

Vale decir, los cambios experimentados en nuestras Universidades se producen en una Argentina que abandona paulatinamente el neoliberalismo, cuyo producto ha crecido no sólo cuantitativamente sino también en su composición interna pues ha disminuido el grado de primarización de nuestra economía, lo que permitió que la distribución del ingreso haya revertido la curva declinante para los trabajadores y acrecentado la proporción de los trabajadores formales a través de un papel más destacado del Estado. Además de los cambios efectivos en el sistema jubilatorio y la ampliación de las prestaciones en el área de la previsión social, la existencia de paritarias anual y, en general, toda una política económica que incide en el mercado otorgando mayores ingresos y posibilidades a los sectores más vulnerables.

Asimismo, debe atenderse a los cambios en la educación en general que, sin lugar a dudas, impactan en la cuestión universitaria. En esta década, encontramos cambios en la legislación sobre financiamiento educativo, educación técnica profesional y educación nacional. Estas modificaciones legales tuvieron su aplicación más importantes en el financiamiento, pero además se observó en las transformaciones habidas en la Enseñanza Básica y Media, en los salarios docentes, en las 1786 nuevas escuelas, en la cantidad de estudiantes y en políticas destinadas a aligerar los costos educativos a las familias a través de la distribución de computadoras, material didáctico y libros.

"Lamentablemente, sabemos que las Universidades argentinas continúan forjando sus Planes de Estudio en teorías europeas y norteamericanas, de espaldas al pensamiento nacional y latinoamericano, al que se suele considerar de manera peyorativa."

RIN: En algunas currículas todavía existen muchos vestigios de planes de estudios desactualizados y, en el peor de los casos con una clara primacía de corrientes políticas retardatarias. ¿Por qué creés que no se ha llevado adelante una reforma integral de los planes de estudios y con ello la incorporación de pensadores del campo nacional como Jauretche o Scalabrini Ortiz?

IR: Hacés referencia justamente a dos pensadores que legaron un modelo de Universidad ligada a las necesidades nacionales que, simbólicamente, se sintetiza en dos proclamas que siempre cito de memoria y forman parte de los desafíos actuales: “Aproximar más la Universidad al país.”, pedía don Arturo Jauretche,  y Raúl Scalabrini Ortiz afirmaba: “Por mi parte, yo tengo una fe profunda en la juventud de mi tierra.” Lamentablemente, sabemos que las Universidades argentinas continúan forjando sus Planes de Estudio en teorías europeas y norteamericanas, de espaldas al pensamiento nacional y latinoamericano, al que se suele considerar de manera peyorativa. En necesario que atendamos de manera creativa a la necesidad de revisar críticamente la tradición fuertemente europeísta y norteamericana de nuestras Universidades para comenzar a direccionar los contenidos de los planes académicos y de los programas de las asignaturas orientados al estudio de la realidad nacional y regional.

Creo que el cambio de una cultura universitaria cuya tradición es profundamente colonial, demandará tiempo y profunda vocación patriótica de la comunidad universitaria junto a políticas estatales que refuercen la necesidad de que las Universidades se comprometan más y mejor con proceso de desarrollo nacional y regional y abandonen el paradigma de repetir acríticamente teorías extranjeras para comenzar a textualizar los problemas del país.

La actual hora política de América latina demanda además el compromiso en la confección de una agenda compartida que incluya el desarrollo de políticas para promover y profundizar las iniciativas conjuntas de integración académica y científica desarrolladas hasta el momento, que refuercen los lazos de intercambio de estudiantes, docentes, investigadores, trabajadores técnico administrativos y de iniciativas de producción de conocimiento socialmente relevante. Pienso, en la profundización de las acciones  iniciadas por el Sector Educativo del Mercosur, el ARCU-SUR que impulsó entre los años 2007 y 2008 un Sistema de Acreditación de Carreras Universitarias para el reconocimiento regional de la Calidad Académica de sus respectivas titulaciones en el MERCOSUR, la profundización de la labor del Consejo Sudamericano de Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología e Innovación, etc. Los retos que tenemos por delante son múltiples. Todos y cada uno están estrechamente vinculados con el reconocimiento de nuestro destino común. El desafío es por ello, promover la unidad en la diversidad, único reaseguro de que terminemos de saldar la dependencia estructural que aún padecen nuestros Pueblos y que logremos viabilizar nuestra soberanía científico tecnológica que permitirá el desarrollo integral de cada uno de nuestros países.

"La actual hora política de América latina demanda además el compromiso en la confección de una agenda compartida que incluya el desarrollo de políticas para promover y profundizar las iniciativas conjuntas de integración académica y científica"

RIN: En muchas universidades nacionales del país, no se implementa el Turno Noche ¿Pensás que es un freno al ingreso de la clase trabajadora, la cual debe mayoritariamente acceder a las universidades privadas?

IR: El cursado del turno noche se implementó con la creación de la Universidad Obrera Nacional en el año 1948, que trajo enormes beneficios sociales y educativos fundamentalmente a las clases sociales históricamente postergadas en nuestro país del acceso a la Educación Superior: los trabajadores. La Universidad con el peronismo comenzó a ser un derecho de los argentinos sin distinción de clase social de origen y pertenencia (gratuidad) propugnando la movilidad social ascendente de los sectores populares. Fundamentalmente, se discutió la matriz liberal y predominantemente profesionalista de las Universidades tradicionales y se suprimió la veda al ingreso de los sectores del trabajo que exigía tener título de Bachiller y obstaculizaba el que otorgaban las escuelas técnicas. Resta mucho por hacer para profundizar la masividad de nuestra Universidades. Al respecto, soy una convencida de que las condiciones de una democratización total del ingreso universitario estarán dadas cuando la Argentina termine de forjar un Modelo de Desarrollo independiente, superando la concentración y extranjerización de nuestra economía, con una economía industrializada, con pleno empleo y justicia social para todos los argentinos.

RIN:Una encuesta realizada por Poliarquía hace algunas semanas muestra que la mayor parte del electorado que vota Macri se puede encontrar en una franja etaria que abarca de los 18 y 29 años,  principalmente femenino y que, mayoritariamente, posee o busca un título universitario. ¿A qué se debe este fenómeno?

¿Podemos señalar que la punta de lanza de oposición a gobiernos de tinte nacional y democrático se encuentran, aún hoy y en latinoamericana, en la universidad?

IR: Es un problema fundamentalmente cultural y político. Los sectores medios son objetos de la política ideológica de los sectores poderosos. Todo el aparato de la colonización pedagógica está montado al efecto de que, como históricamente sucedió, se alíen con los poderosos para conseguir privilegios. Pensemos en el caso de Venezuela, donde la Universidad es un factor de enfrentamiento constante a las políticas emancipadoras. Para el caso argentino, pienso que la enorme inversión universitaria, no se correspondió en su totalidad con un saldo político organizativo lo suficientemente comprometido con el proceso que vivimos los últimos 12 años. Es un desafío que deberemos encarar con seriedad los próximos años el de la nacionalización de los sectores medios.

RIN:¿Qué análisis hacés, pasadas las PASO, de los resultados y las perspectivas para octubre?

IR:Es claro que estamos lejos del escenario del 54 % que el FPV obtuvo en una de sus mejores elecciones. Deberemos, por lo tanto, redoblar los esfuerzos militantes de cara a octubre para evitar un posible escenario de ballotage. Asimismo, sería importante avanzar en la discusión pública acerca de las propuestas de nuestros candidatos para el gobierno de los próximos años para no quedarnos en el repetitivo repaso de lo realizado. Por lo realizado el pueblo argentino ya nos votó. Es necesario plantear con claridad cuál será el rumbo de profundización en torno a las rémoras heredadas del neoliberalismo que no logramos sortear en los 12 años pasados y que continúan siendo cuentas pendientes: estructura económica extranjerizada, la riqueza generada por los argentinos que drena hacia el exterior, la concentración de la economía, el acaparamiento de mayor porción de la renta agraria diferencial, la discusión del modelo sojero, la desigualdad, el pleno empleo, reforma tributaria, reforma financiera, nacionalización del comercio exterior, fuerte política de propiedad social, políticas de avance en la descolonización ideológica, Banco del Sur...

RIN: Es posible afirmar, aún hoy, aquello que explicaba Jauretche respecto del antagonismo que conflictúa en Argentina respecto del Campo Nacional y el Antinacional? ¿Existe tal polarización en la actualidad? ¿Quiénes son sus principales exponentes? ¿Podría señalar alguna diferencia con aquel entonces?

IR:Sin dudas. Jauretche dividía tajantemente los campos del pensamiento y de la política con una frontera: lo nacional y lo antinacional, en lugar del esquema clásico del pensamiento de la izquierda tradicional entre "izquierda-derecha" que eludía la cuestión nacional no resuelta. Esto es particularmente cierto en un país complejo como el nuestro donde la condición dependiente y semicolonial se da mediada por un conjunto de clases internas donde discernir donde está la infamia imperialista es más difícil ciertamente que, por ejemplo, en Cuba donde el pueblo cubano sabe que la patria no está del lado de Obama. La batalla se da en todos los terrenos y el campo de deslinde es el campo nacional del campo antinacional para transformar la estructura económica del país, único reaseguro de la justicia social y la soberanía política. Por eso, Don Arturo hacía un llamado a pensar en nacional, desde nuestra propia realidad, desde nuestras categorías, quitándonos las zonceras adquiridas por la colonización pedagógica, pensar desde nuestras problemáticas, desde el centro del planisferio, no como estamos acostumbrados desde abajo y desde un rincón. Forjar una conciencia nacional resulta salvaguarda de la victoria política. Es que la colonización pedagógica impide que lo social se identifique con lo nacional, se crean problemas marginales que dividen, y de esta forma no hay posibilidad de arribar a soluciones sociales por el único camino posible la integración vertical de todos los sectores enfrentados a la oligarquía y al imperialismo para lograr la emancipación integral de la nación. Se trata de buscar puntos de coincidencia para construir la patria, decía Don Arturo. Por eso, el camino para emprender la liberación nacional en un país semicolonial como la Argentina es la creación de un frente nacional que aúne a todos los sectores “nacionales” enfrentados a la oligarquía y al imperialismo, la unificación de éstos bajo una línea nacional que es la conciencia histórica de los argentinos. Su columna vertebral deben ser si o si, los trabajadores. Largamente se ocupó Jauretche de demostrar el papel esquivo de la denominada burguesía nacional, que la lleva en forma directa a la traición, quiere ser oligarquía y no puede, es ausentista, parasitaria, etc., lo que significa darle mayor centralidad al rol del Estado como empresario y único capaz de nacionalizar y estatizar el patrimonio nacional enajenado. El peronismo fue una revolución nacional que, lamentablemente, quedó trunca por la violencia antinacional del año 1955. El kirchnerismo es un peronismo moderado. Si bien, el FPV impulsó todos estos años medidas antiliberales e industrialistas en lo económico, antiimperialistas y americanistas en lo político y populares en el plano social, estamos a mitad de camino en el tránsito hacia la consolidación de la segunda y definitiva independencia nacional. La opción es de hierro: o nos quedamos a medio camino o avanzamos en la construcción de un proyecto nacional integral que enarbole las tres banderas, sinónimo de industrialización y recuperación del patrimonio nacional. La independencia económica tiene un obstáculo en la extranjerización y la concentración económica actual. La independencia económica es la base de la soberanía política y es el principio sobre el cual se va a producir la emancipación social del pueblo.

La oposición al gobierno nacional, todo el arco político antinacional, se compone de un sector de los grupos económicos y financieros internos y trasnacionales con poder financiero, mediático y judicial cuyo proyecto es reprivatizar la economía, detener el proceso de industrialización y  aumentar la rentabilidad del capital financiero y de la oligarquía aliada al imperialismo.

*Iciar Recalde. Licenciada en Letras (UNLP). Docente de Literatura argentina del Siglo XX y de Sociología de la cultura latinoamericana en la UNLP y de Política y Sociedad en la UNAJ. Directora editorial de Mano a mano, revista de política, economía, cultura y pensamiento nacional de la UNAJ. Declarada por el Honorable Senado de BA como Mujer destacada de la Provincia de Buenos Aires. Miembro del Centro de Estudios Juan José Hernández Arregui.

 http://rinacional.com.ar/entrevista-a-iciar-recalde.html

Programa de 12 puntos para la Unidad Nacional

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