miércoles, 20 de abril de 2016

La Alianza Cambiemos, José Luis Torres y la “forma de vida” en el proyecto oligárquico


Por Juan Godoy*

“el antídoto que puede salvarnos de la aniquilación en el oprobio, no es otro que el patriotismo, frente a los peligros del imperialismo económico, que anda por el mundo encharcado en sangre como un lobo hambriento. Por eso, porque el patriotismo es la única barrera, se intenta debilitar el patriotismo del pueblo argentino mediante una política cínica y desvergonzada”. (Torres, 1946: 101-102)

          Asistimos en estos meses a la restauración del más crudo neoliberalismo, el cual pretende arrasar no solo con las conquistas de la última década, sino ir “más allá”, profundizando el proyecto que quedó trunco con la pueblada de diciembre de 2001, y la posterior vuelta a un proyecto nacional y popular. Profundizar la década del 90 significa retrotraer a la Argentina a los niveles de vida anteriores a la revolución nacional peronista. El proyecto más que “volver a los 90”, busca volver al 3 de junio de 1943, antes de la revolución juniana que con sus tensiones desencadenaría en el crecimiento de la figura de Juan Perón, y a partir de octubre del 45 en una “nueva Argentina”.
          José Luis Torres[1] nace con el siglo como Don Arturo, y en algunos años se convierte en el fiscal de la década infame, pues a través de su pluma y de su accionar judicial ha enjuiciado a la ignominia reinante en esos años, y a varios de los hombres que lo representan. Torres fue un “pensador olvidado”[2], silenciado por el aparato cultural oficial. Afortunadamente a lo largo de los años ha sido rescatado del ostracismo por varios escritores, como por ejemplo Alberto Buela. Pretendemos en estas líneas dar cuenta de algunos aportes que realiza Torres que nos sirven para analizar y contextualizar la actualidad nacional.
          Torres definió crudamente a la oligarquía aliada al imperialismo considerando que “el adversario más temible es el “perduellis”, el enemigo interno de la Patria, emboscado dentro de sus instituciones, al servicio de una consigna extranjera” (Torres, 1973: 22), y profundiza en otro escrito acerca de los perduellis: “se llamaba perduellis (en la antigua Roma), al enemigo interno de la patria, y hostis al enemigo exterior. El crimen de perduellio (contra la patria) y el de peculado (apoderamiento ilegítimo de cosas del estado) eran castigados con la pena de muerte” (Torres, 1943: portada)
          Nos interesa avanzar en relación a la “forma de vida” del modelo oligárquico. Torres toma esta expresión de un escrito de Federico Pinedo[3] (se trata del abuelo del actual Presidente del Senado, e integrante a la Alianza Cambiemos), de los años del peronismo[4], en que hace referencia a las “batallas ganadas” por Perón que fueron “en contra de la forma de vida por cuya implantación lucharon cincuenta años en la pesada centuria los mejores argentinos”. (Pinedo. Cit. en Torres, 2010: 38) Es decir, Perón avanzó sobre la “forma de vida” del modelo oligárquico, que según Pinedo era mucho mejor que la que comenzó con la “demagogia peronista”.
          Pero… ¿Cuál es esa “forma de vida” que tanto anhelaba Pinedo, y que hoy nos quieren volver a retrotraer? Esa “forma de vida” es la que permite la explotación más cruenta sobre los trabajadores, la represión feroz ante las protestas, la paga de míseros salarios, a las empresas le permite hacer en el territorio nacional prácticamente enclaves coloniales (hasta con moneda y policía propia), acerca de los cuáles en las escuelas se enseña/ba que le debíamos el progreso; el país dependiente del imperialismo de turno, un país en el que la “libertad económica” está por encima de cualquier otro derecho, con amos y señores en el país sumiso como el magnate Bemberg, el país con un enorme drenaje de divisas al extranjero, fuertemente endeudado, con la expoliación de sus recursos naturales, el “país chiquito” de espaldas a Nuestra América, el país con la estructura económica extranjerizada, el país para pocos, etc.
          Estos largos pero escasos meses del gobierno de la Alianza Cambiemos, comenzaron a circular desde las esferas gubernamentales y los aparatos culturales de la oligarquía diferentes ideas que pretenden demostrar la necesidad de “volver a ser un país normal”, es decir, volver al país oligárquico e imponer un “estilo de vida” correspondiente con el mismo. Este conjunto de ideas son lanzadas a recorrer el “tejido social”, enunciadas desde un lugar de saber/poder que pretende hacer sentido común “formas de vida” del país anterior al peronismo, y que en cierta medida los últimos años se había vuelto a avanzar luego de la oleada neoliberal de los años 90. Aparecen en primer plano los medios de comunicación, y también los académicos con títulos en las universidades extranjeras más prestigiosas (como asimismo en las nacionales), Torres llamaba a estos como “los defensores de la mentira histórica, los paladines del entreguismo económico, los propagandistas de la claudicación (que) predican aquí (…) la necesidad urgente del sometimiento”. (Torres, 2010b: 19)
          Así, el cambio propuesto por la Alianza cambiemos propone que gran parte de los argentinos (se habla de un millón y medio de personas con sus familias), que trabajan en el estado simplemente sobran, o son ñoquis (lo que no fue corroborado en ninguno de las decenas de miles de los casos del personal despedido). Resulta llamativo que los que siempre vivieron del trabajo ajeno digan a otros compatriotas que producen para el país, que no trabajan. Nuevamente la idea de “achicar el estado”, el socialista independiente Pinedo hablaba de la “hipertrofia del Estado”, la cuestión es que quieren que “el estado sea siempre chiquito, pues cree que solamente los monopolios internacionales tiene el derecho de ser hipertróficos”. (Torres, 2010: 327)
Es la idea del mercado sin la intervención estatal regula todos los demás factores de la sociedad, la famosa “mano invisible” que hablaba el liberalismo. La Vice-Presidenta refirió claramente a cuál es el modelo de país al que apunta su gobierno, expresado como la “vuelta a la normalidad”, Michetti sentencia: “Vamos hacia un país agroexportador y de servicios, basta de industria”. Nuevamente el país que solo produce pasto e importa los productos manufacturados, nuevamente el país para pocos con alto desempleo y pobreza. Estas políticas, según Torres, “tiende a mantenernos en estado de colonia, a impedir que se organicen nuestras industrias, que se aprovechen por los argentinos sus materias primas y las conviertan con beneficio de la Argentina en manufacturas propias”. (Torres, 1946: 36)
Pinedo en su escrito exalta al Poder Judicial, no escapa a la crítica de Torres que lo considera un “instrumento servil de la oligarquía y el imperialismo (…) dictó escasos fallos en que reconociera razón al país cuando los intereses nacionales se encontraban en pugna con los de las empresas representativas del feudalismo financiero internacional”. (Torres, 2010: 140) En otro libro anterior también habla sobre el tema de la justicia, sosteniendo que “la justicia ordinaria del país permaneció obstinadamente ciega, muda y sorda frente a los grandes delitos consumados en beneficio de las organizaciones plutocráticas y en perjuicio de la República”. (Torres, 1943: 165) Nuestro autor pretende la ruptura total de los mecanismos de la dependencia, pues difícilmente se puedan avanzar eficazmente en la liberación nacional si no se “destruye los organismos fundados por el “perduellio”. (Torres, 1973: 162)
Es claro que pretenden disciplinar a la clase trabajadora y continuar bajando sueldos, y transfiriendo recursos a la oligarquía. No quieren desocupación baja, ni salarios altos. Pinedo (abuelo) ya se quejaba de los aumentos salariales durante los años peronistas: “continúa el aumento de dinero en poder de las masas por elevación compulsiva de salarios y sueldos y por la política financiera del gobierno”. (Pinedo. Cit. en Torres, 2010: 310)
En esta Argentina que nos quieren convencer que la utilización de servicios básicos que son derechos se pagaban baratos, por lo cual se tienen que “sincerar” los precios de los mismos, es decir, subir exorbitantemente. Baratos pueden ser para los que tienen tanto dinero que lo fugan a cuentas en el exterior, pero no para la mayoría de los argentinos que viven con un salario básico o que están desempleados (muchos a partir de la nueva administración). Acerca de las “cuentas secretas”, Torres afirma que “el secreto en los negocios de orden público ha sido siempre una característica de los gobiernos de la oligarquía”. (Torres, 2010: 272)
El discurso que circula pregona la idea que los argentinos vivimos doce años de ficción, que nos acostumbramos a hacer cosas que los sectores populares parecieran tener vedadas, que eso tiene su precio, y que ahora hay que pagarlo. Idea “vieja” también, ya Pinedo había expresado en el documento citado en referencia a los años del peronismo: “volcándose sobre la colectividad una masa inmensa de recursos, todo el mundo se sintió más rico, todo el mundo tenía la sensación de que podía gastar más, y gastó más, y los gastos de unos creaban los recursos de otros (sigue ahora Torres sentenciando) no me explico por qué razones a Pinedo le da rabia la alegría de todo el mundo a la que él hace referencia con enojo”. (Torres, 2010: 300)
La posibilidad de no verse muy perjudicado por los aumentos del gas por ejemplo la dio el mismo presidente que afirmó que los argentinos usamos la calefacción demasiado alta en lugar de “estar con un suéter en su casa” (costumbre que al parecer él mismo no tiene, pues recordarán que cuando lo llamó la entonces Presidenta de la Nación por teléfono en 2011, a pesar de estar en pleno invierno se encontraba en calzoncillos). 
Nos quieren convencer que la suba de precios, la inflación desmedida, es decir la transferencia de recursos a los sectores más beneficiados y la pérdida de salario real, es ahora solamente un “sinceramiento” de precios, porque los argentinos vivíamos barato. El Ministro de economía lo expresó: “no se disparó la inflación, hubo una corrección de precios relativos”.
Nos quisieron convencer que una devaluación no iba a afectar a los trabajadores, cuando todos sabemos que eso sólo existe en la cabeza de los economistas neoliberales que hoy vuelven a “pulular” por los canales de televisión. Ya se pudo observar que finalmente la enorme devaluación, ¡perdón el “levantamiento del cepo”!, sí afectó a los trabajadores y principalmente a los de menores ingresos (por el conjunto de bienes que aumentaron, y la falta de medidas para contener a esos sectores). Así y todo siguen afirmando, contra toda realidad, que con el “levantamiento del cepo” (devaluación), que en realidad eran restricciones cambiarias, no “pasó nada”. Usted está preocupado seguramente por la situación económica, pero no se alarme porque el Presidente nos aconseja qué hacer para mitigar la merma del poder adquisitivo, afirmando que tenemos que acostumbrarnos a “gastar un poco menos de lo que se gana todos los meses”. (quién sabe, quizás con las monedas que ahorra pueda seguir sus pasos y abrir una cuenta en algún paraíso fiscal).
Pretenden que veamos como lógico que los sectores más ricos, la oligarquía argentina y sus socios imperialistas paguen menos impuestos. Es la re-edición de la teoría del derrame de los 90, llenar la copa de arriba para que paulatinamente llene las de la base de la pirámide social, pero esa copa como sabemos es muy grande o tiene algún tipo de agujero porque nunca termina de derramar. 
En este “país normal” que nos quieren llevar, la sumisión al imperialismo está en primera plana. Se pretende desenterrar de las costas de Mar del Plata el proyecto imperialista del ALCA, asevera la Canciller Susana Malcorra que “el ALCA no es mala palabra”, y que “Obviamente, el ALCA es una alternativa”.
Nos vienen de nuevo con el “viejo cuento” de la “necesidad de volver al mundo”, que la salvación viene del endeudamiento, y las inversiones internacionales. El Presidente expresó que si no se acuerda con los fondos buitres “habrá ajuste o hiperinflación. No hay alternativa”, ¡pero no es para indignarse! porque como dijo el hoy Presidente del Banco Nación, el menemista Carlos Melconian: “son tipos de buena voluntad”. Quieren que veamos como normal ¡y bueno!, el pago a la usura internacional. Que sigamos la célebre frase de Avellaneda de “pagar sobre el hambre y la sed de los argentinos”, y que esperemos la lluvia de inversiones que la historia de Nuestra América demuestra que nunca terminan de llegar.
Pinedo justificaba el endeudamiento y las facilidades para las inversiones extranjeras aduciendo que “la existencia de la deuda pública no afecta la soberanía, y que tampoco esclaviza la existencia de inversiones extranjeras”. (Pinedo. Cit. en Torres, 2010: 238) Lo refuta y explica Torres la intención del endeudamiento claramente al argumentar que “entre los planes combinados para convertir el país en un campo de explotación intensiva por el capitalismo internacional, estuvo en primera línea el de endeudarlo en el exterior, para subordinarlo directamente a los usureros de pueblos”. (Torres, 2010: 229)
Quieren acostumbrarnos a que los mayores que no pudieron realizar sus aportes, no puedan jubilarse, no tengan un sustento para poder vivir. Es más, avanzan sobre los medicamentos de los afiliados a PAMI quitándole la cobertura a 150 remedios. Pero para el Director Ejecutivo del PAMI,  esto no es un problema, porque los medicamentos sin cobertura total no tienen utilidad clínica porque son obsoletos”. Si fueran obsoletos lo coherente sería que los saquen de circulación, no que permitan seguir vendiendo “placebos”. El otro problema que encuentra Regazzoni es que las personas mayores (¡qué descubrimiento!), “toman muchos remedios”, así que mejor sacarles la cobertura. Invierte el dicho el Director Ejecutivo, parece ser que “mejor la enfermedad que el remedio”. Como sabemos para los neoliberales los adultos mayores son un gasto.
También nos quieren acostumbrar a que los argentinos no comamos carne, y si lo comemos lo hagamos con los cortes de menor calidad, porque para el representante de la Sociedad Rural Argentina, al cual el actual gobierno representa muy bien quitándole las retenciones por ejemplo, Etchevere “el lomo es para los enfermos”, a los argentinos no nos gusta.
Con la educación se está avanzando fuertemente en el plano discursivo para seguramente avanzar sobre la educación universitaria gratuita, que es un derecho que desde que lo otorgó en 1949 el General Perón ha calado profundo en el sentir nacional (recordemos el Ministro que tuvo que salir rápidamente eyectado en los años del delarruismo). Así nos quieren hacer pensar que es malo que haya, como dijo el Presidente: “universidades por todos lados”. Al mismo tiempo desde los periódicos se sigue en la misma lógica. El matutino La Nación, vocero desde su fundación de la oligarquía, se ha despachado con varias notas al respecto, recorramos algunos de los títulos: “¿vale la pena ir a la universidad? Algunos expertos consideran que el título es “irrelevante” a la hora de conseguir empleo”,  “Corrupción universitaria”, en otra nota se pregunta: “¿debe la gratuidad de los estudios universitarios ser un derecho incuestionable?”,  Clarín no se queda atrás y se quejan del mayor presupuesto para la enseñanza superior en la administración kirchnerista: “Festival de fondos antes de dejar el poder”. Evidentemente a los sectores dominantes molesta que los sectores populares accedan a un derecho que piensan reservado solo para la elite, y para reproducirse como tal.
Acerca de otros temas circulan notas en los periódicos oficialistas, como por ejemplo: “vivir en 30 metros cuadrados, una tendencia que crece”, “diez años en la misma empresa puede ser un fracaso personal”, “volver al ventilador: el mejor aliado para combatir el calor y la crisis energética”, “precios que suben y aportan al conocimiento”, “el turismo virtual no para de sumar millas”.
          Este es el modelo oligárquico que quiere imponer la oligarquía a través de la Alianza Cambiemos. Cambiar los patrones culturales, sociales, y económicos que la Argentina fue acumulando a lo largo de su vida como nación, y fundamentalmente a partir del peronismo. Ese umbral que logró nuestro pueblo, y que todavía, más luego del paso del neoliberalismo, hay que continuar subiendo encarando la Segunda y Definitiva independencia para poder lograr la soberanía política, independencia económica y la justicia social, es el que quiere “bajar” cambiemos. Reducirnos a los mayores niveles de pobreza, desigualdad, y sumisión al imperialismo. Está en nuestra capacidad de resistencia como pueblo impedirlo, y volver a encarar el camino de la liberación nacional. Caben como advertencia las palabras de Torres a la oligarquía maléfica cuando nos recuerda que esta “forma de vida” (la que impuso la oligarquía), es la que terminó engendrando “la indignación obligatoria del pueblo; la misma que sacó el ejército de sus cuarteles; la misma que hizo germinar un odio legítimo contra la oligarquía perduélica, que en su afán de saqueo por cuenta propia y ajena, llegó al extremo nunca alcanzado de robarse los gobiernos y las representaciones populares, violando leyes y atropellando las garantías ofrecidas en la Carta Magna, con criminal desaprensión”. (Torres, 2010: 41)

*Lic en sociología (UBA)
Notas



[1] Torres nace el 21 de enero de 1901 en la Provincia de Tucumán. De formación auto-didacta, pues solo cursa hasta cuarto grado. Con solo 14 años se suma a la huelga en el Ingenio Ledesma. De joven es influenciado por el anarquismo a través de un amigo. Su primer trabajo periodístico es en un periódico tucumano El Orden. En esas páginas comienza a fustigar a la oligarquía. Luego de cumplir 20 años viaja al norte. Contrae matrimonio y tiene un hijo. Allí dirige diarios, y trabaja en un ingenio, y como taxista. Participa en 1923 en la huelga azucarera dirigida por la FORA. En 1928 emprende una gira por Salta y Jujuy con Alfredo Palacios y Juan B. Justo investigando a la Standard Oil. También viaja ese año con Enrique Mosconi observando las condiciones en que se explotan a los trabajadores y los recursos naturales. En 1932 es Ministro de gobierno de Juan Luis Nogués. Al otro año se instala en Buenos Aires. Ahí comienza sus denuncias más fuertes sobre la ignominia de la década infame, y sobre el accionar de sus hombres en particular. Los negociados del Palomar, el Banco Central Mixto, el Instituto Movilizador de Inversiones Bancarias, la Ley de Coordinación de Transportes, la CADE, la denuncia a Bemberg, etc. pasan por su pluma punzante. Vuelve a contraer matrimonio en 1940 (había enviudado años antes). Estrecha relación con el GOU, y particularmente con Juan Perón. Apoya al peronismo, no ocupa cargos, pero sí asesora al General en distintos aspectos. Luego del golpe del 55 edita la revista “Política y Economía”. Sus trabajos más conocidos son Los perduellis (1943), La década infame (1945), La Patria y su destino (1947), Seis años después (1949), Nos acechan desde Bolivia (1952), La oligarquía maléfica (1953), etc. Viaja a España por esos años, regresa tiempo después, ya enfermo para morir el 5 de noviembre de 1965. (Los datos son de Buela, A. prólogo a Torres, 2010)
[2] A su muerte Arturo Jauretche escribe: “no hay ningún periodista argentino que no haya querido escribir su necrológica; pero no hay ningún periódico argentino que haya querido recogerla Este silencio que ha habido para la muerte de José Luis Torres prueba simplemente que murió en su ley. Esto es lo que se llama aquí libertad de prensa”. Libertad de los intereses antinacionales y antipopulares, para impedir que tenga medios de expresión lo nacional y popular”. (Jauretche. Cit. en Buela, A. Prólogo a Torres, 2010: XIV)
[3] Algunos datos sobre Federico Pinedo y su accionar en la década infame. Federico es parte de una familia tradicional y conservadora argentina. Su antepasado Manuel Andrés Arroyo y Pinedo es anti-morenista y rivadaviano. Federico milita en las filas del Partido Socialista de Justo, y es diputado entre los años 1920-1922. Furibundo librecambista, cuenta que fue hombre de confianza del magnate Bemberg, y de Dreyfus. De pequeño aprende inglés y francés con una institutriz. Luego de seguir el quiebre del partido socialista hacia el socialismo independiente, es legislador en el segundo periodo presidencial de Yrigoyen. En el 32 es elegido, en medio del fraude electoral, nuevamente como Diputado, pero Justo le tenía reservado el Ministerio de Hacienda el cual asume en 1933 hasta 1935. Allí, entre otras entregas está la del Banco Central Mixto, proyecto de Sir Otto Niemeyer que reservaba la mayoría accionaria a los británicos. En 1940 vuelve a ser Ministro de Hacienda, cargo que ocupa nuevamente en 1962. (Galasso, 2008)
[4] Se trata de un manifiesto del Partido Demócrata sin fecha y sin firma.

Bibliografía

Galasso, Norberto. (2008). De la Banca Baring al FMI. Historia de la deuda externa argentina. Buenos Aires: Colihue.

Torres, José Luis. (2010). La oligarquía maléfica. Autopsia de un cadáver político. Buenos Aires: Docencia.

Torres, José Luis. (2010b).  Nos acechan desde Bolivia. Buenos Aires: Docencia.

Torres, José Luis. (1973). La década infame. 1930-1940. Buenos Aires: Ed. Freeland.

Torres, José Luis. (1943). Los “Perduellis”. Buenos Aires: Ed. Padilla y Contreras.

Torres, José Luis. (1946) Una batalla por la soberanía. Buenos Aires: Taladriz (imprenta – sin editorial).

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