lunes, 3 de julio de 2017

Un ATLAS de los trabajadores latinoamericanos


La construcción de la Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas
Por Juan Godoy*


“ATLAS nació para lograr la unidad de los pueblos latinoamericanos, luchando contra la explotación, la miseria y el hambre que imperan en el Continente. ATLAS se basa en un auténtico americanismo elaborado en base no a teorías ni abstracciones de gabinete, sino de acuerdo con la realidad que viven hoy los pueblos del Continente. La entidad quiere un americanismo ecuménico extraído del núcleo vivo de la situación actual y para ello levanta una triple bandera de Justicia Social, Soberanía Política e Independencia Económica”. (Declaración ATLAS)

“Allí donde se oiga un grito de angustia, una voz que pide ayuda, allí está ATLAS porque ATLAS es carne y alma de los pueblos de América Latina y porque está constituida por auténticos trabajadores que saben del dolor y la miseria de nuestros pueblos ya que han nacido de sus propias entrañas”. (Documento ATLAS)

“Consideramos que si América Latina ha de integrarse como son los deseos de casi todos los dirigentes populares, esto ha de comenzar a tener su base en la organización sindical que es donde está el numen verdadero del pueblo. No olvidemos esto: el pueblo argentino se unió también sobre la clase trabajadora. Pensamos que ese mismo experimento que nos ha dado tanto éxito en la Argentina nos puede dar el mismo éxito en el Continente”. (Juan Perón)

En el camino de la Patria Grande

El proceso de emancipación comenzado por los patriotas del siglo XIX, a pesar de varios avances posteriores, todavía se encuentra abierto, en tanto se logra la emancipación política, pero no la económica, y ante la profundización en la dependencia económica con su consecuencia en la cultura, aquella aparece también aparece disminuida: ¿qué soberanía política se puede tener sin independencia económica? En este marco entonces, como se ha dicho muchas veces, somos país semi-colonial, parte del proyecto de una gran nación inconcluso. Así la emancipación política debe ser profundizada a partir de la ruptura del orden dependiente, y es ahí donde los trabajadores cumplen un papel central, en tanto único sector social dispuesto a llevar los destinos de la Patria a su grandeza y emancipación definitiva.
El momento histórico que más se avanzó sobre la ruptura de la dependencia en nuestro país fue, sin dudas, los años de las tres gestiones de gobierno peronistas. Perón lleva a cabo una revolución nacional y para ello se apoya fundamentalmente en los trabajadores. Durante sus administraciones, éstos no solo obtienen un conjunto de derechos, y el mejoramiento de sus condiciones de vida, sino que logran una presencia política importante. Los trabajadores argentinos, varios nacidos de barriadas humildes de nuestra patria, históricamente relegados a un plano marginal y de subsistencia, no sólo logran mejorar sustancialmente sus condiciones de vida, sino (y esto es sustancias) que también discuten los destinos de la nación[1].
Juan Perón tiene una conciencia latinoamericana y piensa en la necesidad que para que Argentina siga avanzando en su emancipación definitiva, debe retomar el proyecto de la Patria Grande: “unidos o dominados”. La emancipación nacional es posible en el marco de la continental. Desde sus gobiernos realiza muchas medidas en ese sentido, que no viene a cuenta recapitular aquí, pues nuestra intención es centrarnos en la política ligada al sindicalismo latinoamericano, el fomento y apoyo del líder al mismo. Los trabajadores que el 17 de octubre del 45 demostraron la maduración de la conciencia nacional y trocaron los destinos de la Patria, también fueron cimentando una conciencia latinoamericana. Es que los pueblos se vinculan más a la identidad latinoamericana que las clases altas, ajenadas a Europa y/o Estados Unidos.

Situación del sindicalismo a escala global en la posguerra

Al finalizar la segunda Guerra Mundial Estados Unidos y la Unión Soviética emergen como potencias y la geopolítica se expresa como el escenario de lucha. El mundo se “parte en dos”. Las potencias comienzan a disputarse a los demás países desde los ámbitos más diversos. De esta forma: si los norteamericanos hacen el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa Occidental, los soviéticos hacen lo propio con el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME). En el plano militar, Estados Unidos lanza la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y la Unión Soviética el Pacto de Varsovia. Se crea la Organización de Naciones Unidas (ONU), donde algunos países con más iguales que otros en tanto un puñado tiene el poder de veto, cristalizando la ficción de la igualdad entre las naciones. En el aspecto económico Norteamérica lanza el Fondo Monetario Internacional (FMI), y el Banco Mundial (BM), para lanzarse a conquistar vía el endeudamiento a los países dependientes, y ajustar los lazos de dominación. En este marco de la Guerra Fría, al “tener” que posicionarse los demás países del globo, en uno u otro bando, limitaba seriamente las posibilidades de desarrollo autónomo, y se limitaba las soberanías nacionales de los países del Tercer Mundo. No obstante, no tardará en aparecer, y en esto el peronismo es señero (con su tercera posición), el levantamiento de la bandera de los países del Tercer Mundo (la conferencia de Conferencia de Bandung y el nacimiento de los Países no alineados son hitos). (Taiana, 2014)
Por la importancia de los trabajadores, el campo sindical era evidente que no podía quedar fuera de esta división del mundo en dos zonas de influencia. En este sentido, el sindicalismo mundial cristalizaba esta división. La situación se daba de la siguiente forma: en febrero de 1945 se realiza una Conferencia Sindical Mundial en Londres, donde participan más de cuarenta países, y tienen como finalidad crear una internacional de organizaciones sindicales. En esta participan, entre las principales, las centrales obreras de Gran Bretaña (TUC), soviética (CC.SS.), francesa (CGT) y de los Estados Unidos participa el Congreso de Organizaciones Industriales (CIO), pero no la Federación Americana del Trabajo (AFL). Al mes siguiente se conforma la Federación Sindical Mundial (FSM), pero las diferencias entre las centrales no tardan en hacerse presentes, y con el Plan Marshall se terminan dividiendo. Se van de la FSM la CIO, la TUC y conjuntamente con la AFL (que no había participado de la FSM), conforman la Confederación de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) en el año 1949. Así para los 50, aparecen dos grandes centrales mundiales la FSM, bajo injerencia soviética, y la CIOSL, bajo la norteamericana. En una publicación del ATLAS “Unidad para la liberación total de América Latina”, afirman al respecto de las centrales internacionales “ningún interés obrero las mueve. Ninguna preocupación por la suerte y condición de los trabajadores en los pueblos oprimidos”. (ATLAS, 1953: 2)
LA CIOSL le va a otorgar mucha importancia a su “lucha” contra el peronismo, a partir de “etiquetarlo” como una dictadura nazi-fascista demagógica. Por eso en su primer congreso dice que plantea la “solidaridad con los hermanos en esos países que están embarcados en una lucha continua para frustrar las actividades de las dictaduras”. (Cit. en Basualdo, s.f.: 6) Desde ya el peronismo estaría (a pesar de ser electo democráticamente), entre estas últimas. Más clara es la alusión del Comité Ejecutivo de la Federación Internacional de Trabajadores de Transporte enrolado en la CIOSL, en un Congreso en Londres en el año 51, donde sostienen que ““el dictador Perón desarrolló una política sistemática que tenía como objetivo transformar a las  organizaciones  sindicales  argentinas  en  instrumentos  gubernamentales  para  la esclavitud  de  los  trabajadores.  Su  arma  favorita  es  la  demagogia  y muchos  trabajadores argentinos  cayeron  en  la  trampa”. (Cit. en ibídem: 7) La CGT le contesta a Romualdi por intermedio de su periódico en una nota de fines de 1951 bajo el título: “Romualdi quiere esclaviza a los trabajadores del Continente. Una figura siniestra en América”, y dice en la misma que “los  ataques  de  la  FAT  (AFL)  y  Romualdi  a  la  Argentina  son  sino  los  ataques  del imperialismo, proferidos por boca de sus sirvientes. (…) Para atacar a Perón tendrán que quemar una muralla de 16 millones de argentinos. Y con los argentinos a todos los hombres libres de América.” (Cit. en Ibídem: 8) La preocupación norteamericana por los planes de integración regional de Perón se ponen en evidencia. Norberto Galasso sostiene que “en los documentos reservados del Departamento de Estado norteamericano, del período 1952-54, se hace referencia al peligro de la política sustentada por el gobierno peronista pues (y cita) la tercera posición no es una posición de neutralidad pasiva, ya que Perón busca agresivamente alinear a la América Latina bajo su liderazgo”. (Galasso, 2006: 627)




[1] Véase un artículo anterior: Godoy, Juan. Perón y el lugar de los trabajadores (en el movimiento nacional). Revista Zoom. Mayo de 2017. Disponible en: http://revistazoom.com.ar/peron-y-el-lugar-de-los-trabajadores/