Damián Descalzo
Los problemas económicos de la
actual gestión del gobierno nacional y el creciente malestar social que ellos
vienen generando traen reminiscencias, desde hace meses, de la crisis del año
2001. Aquí no se va a recordar ese fatídico año, ni desde el enfoque de la
administración a cargo de Fernando De la Rúa, ni a partir del complicado estado
económico general que imperaba en esa época, aunque habrá referencias acerca de
ambas cuestiones. La finalidad del presente artículo es revisar cuál era la
situación del Movimiento Peronista en 2001. Puede ser un buen ejercicio para
encontrar similitudes y diferencias con las circunstancias actuales.
SITUACIÓN POLÍTICA
En el año 2001, el peronismo gobernaba 14 provincias. Entre ellas,
las tres más pobladas: Carlos Federico Ruckauf,
hombre de Duhalde, gobernaba la provincia de Buenos Aires; Carlos Alberto Reutemann hacía lo propio en Santa Fe; y
José Manuel De la Sota en Córdoba.
Asimismo, había gobernadores con exitosas gestiones y reiterados triunfos
electorales, que venían “pidiendo pista” en el escenario político nacional:
Néstor Carlos Kirchner y Adolfo
Rodríguez Saá. Carlos Saúl Menem y
Eduardo Alberto Duhalde, a pesar de no ocupar cargo institucional alguno al
iniciar el año, representaban los dos liderazgos más importantes del Partido
Justicialista a nivel nacional. Pero no eran tiempos fáciles para el riojano:
el 7 de junio quedó bajo prisión domiciliaria en una quinta de Don Torcuato,
Partido de Tigre. La orden fue dictada por el juez federal Jorge Urso, en una
causa seguida por la venta ilegal de armas a Croacia y a Ecuador, impulsada por
el fiscal Carlos Stornelli, en la que se consideraba al ex presidente como jefe
de una asociación ilícita.
Hacia mediados de ese año, con
un gobierno nacional muy debilitado, en los medios de prensa se hablaba de las
posibles candidaturas presidenciales peronistas para las elecciones de 2003.
Los nombres de los gobernadores de las tres grandes provincias eran mencionados
como los principales aspirantes. Desde el sur empezaba a sonar, muy
tímidamente, el nombre del gobernador de Santa Cruz. El 26 de julio Kirchner participó de un homenaje a Evita que se
realizó en la Ciudad de Buenos Aires. En el acto, organizado por dirigentes
porteños (Alberto Fernández, Juliana Marino y Enrique Rodríguez) de “La Corriente” –línea interna del
Peronismo que impulsaba la candidatura presidencial del gobernador santacruceño
y que era la evolución política del Grupo Calafate formado años antes–, habló
su esposa, Cristina Fernández, quien era diputada nacional en representación de
la provincia patagónica.
El 29 de agosto, el movimiento obrero marchó hacia Plaza de Mayo.
Fue una multitudinaria movilización en la que los principales dirigentes de
ambas ramas de la CGT, Hugo Moyano y Rodolfo Daer, criticaron fuertemente la
política del gobierno y llamaron a votar en contra de la Alianza en las
elecciones de octubre de ese mismo año. Luego del proceso electoral, el día 13
de diciembre, ambas CGT y la CTA
declararon una huelga general contra la política económica y social del
gobierno aliancista. El acatamiento fue muy alto y marcó, con nitidez, que el
malestar social era enorme y creciente.
ELECCIONES NACIONALES
El 14 de octubre se llevaron a
cabo las elecciones legislativas
nacionales. El Peronismo arrolló a la
Alianza en casi todo el país. Triunfó en 17 de las 23 provincias. Además,
la victoria oficialista en la Ciudad de Buenos Aires, el más grande de los
pocos distritos (los otros fueron Catamarca, Chaco, Chubut, Jujuy y Río Negro)
en los que ganó, sus candidatos eran bastante críticos del presidente De la
Rúa. Y no eran los únicos. Muchos y muy importantes dirigentes de la Alianza
lanzaban críticas al gobierno nacional.
Los resultados electorales
fortalecieron los anhelos presidenciales de muchos dirigentes peronistas, sobre
todo de Duhalde, quien logró un
triunfo contundente. Fue electo como senador nacional por la provincia de
Buenos Aires por una distancia de más de 20 puntos sobre su principal oponente,
el ex presidente Raúl Ricardo Alfonsín, quien compartió fórmula con Diana
Conti. También fue muy amplia la ventaja del peronismo bonaerense en la
categoría de diputados nacionales, sobre la lista aliancista que encabezaba Leopoldo Moreau. La figura de Ruckauf
empezaba a quedar opacada por el líder del Peronismo Bonaerense: Duhalde.
Pero también obtuvieron éxitos
importantes, en cada una de sus provincias, los otros gobernadores peronistas
que aspiraban a tener proyección nacional: De
la Sota, Rodríguez Saá y Kirchner. En Córdoba, la lista peronista cosechó una
ajustada victoria. Pero las de los gobernadores de San Luis y Santa Cruz fueron
espectaculares y abultadas: con Cristina Fernández de Kirchner (quien había
sido electa diputada nacional con casi el 60% de los votos en 1997) de
candidata a senadora nacional, el peronismo santacruceño apabulló a la Alianza
y alcanzó el 62% de los sufragios. En San Luis la lista peronista sacó casi el
70% de los votos. En Santa Fe hubo un altísimo porcentaje de votos nulos y en
blanco. El “voto bronca”, como era habitual llamarlo en esos momentos, fue de
tal magnitud que superó a los conquistados por el Peronismo, que igualmente
consiguió el triunfo. Esto parecía restar posibilidades presidenciales al
gobernador Reutemann, aunque
mantenía una muy buena imagen, no sólo en su provincia sino a nivel nacional.
Por último, el menemismo logró una cómoda victoria en La Rioja, a pesar de estar preso el ex presidente, que fue elegido
senador suplente: el candidato vencedor fue Eduardo Menem, que cosechó un 55%
de los votos. Pocas semanas después de estos comicios, el día 20 de noviembre,
Menem fue liberado por un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
DICIEMBRE DE 2001
El modelo económico de convertibilidad a paridad fija ya había
mostrado sus limitaciones a finales de la década del 90, ante las
alteraciones producidas como consecuencia de la crisis del sudeste asiático de
1997, el default ruso de 1998 y la devaluación del Real brasileño durante 1999.
Las debilidades se fueron acentuando en el transcurso de la administración de
De la Rúa. Ni el “blindaje” –anunciado hacia diciembre del año 2000–, ni el
posterior “megacanje” –celebrado en junio de 2001– lograron enderezar el
panorama. Pero el gobierno de la Alianza estaba obsesionado en mantener la
convertibilidad a toda costa.
Cuando se habla del año 2001
no se hace referencia solamente a una crisis económica. Los principales
indicadores económicos eran negativos en el bienio 2000-2001, pero el gobierno
de De la Rúa cayó cuando la alianza
política del gobierno se debilitó hasta el punto que ya no pudo darle
sostén. Sirve esto para recordar que,
sin negar la significativa influencia que los factores económicos tienen sobre
los hechos políticos, la política no es mecánicamente determinada por la
economía. La base política y social que llevó a la Alianza al gobierno en
1999 empezó a quebrarse con la renuncia del vicepresidente de la Nación, Carlos
“Chacho” Álvarez –representante del FREPASO en la fórmula presidencial– en
octubre del año 2000. Los resultados electorales adversos en las elecciones
legislativas de 2001 aceleraron el proceso de descomposición política: la
crisis y las tensiones políticas se agudizaron. Se produjo una doble crisis
política: en la coalición y en el mismo seno de la Unión Cívica Radical (UCR).
En esas semanas se produjeron comunicaciones entre importantes dirigentes del
partido de gobierno con líderes de la oposición. Son conocidos los vínculos que
se establecieron entre Duhalde y
Alfonsín. Ambos concertaron un gobierno de unidad a partir del primer día del
año 2002. Acompañaron a Duhalde, en su gabinete presidencial, hombres del
radicalismo como Jorge Vanossi (ministro de Justicia) y José Horacio Jaunarena
(Defensa). En su momento se pensó que era una crisis generalizada del sistema
de partidos políticos, pero sobre todo fue la crisis de la alianza política
vencedora en 1999 y, en particular, del principal partido de gobierno, la UCR. El Peronismo sobrevivió a ese descalabro,
resolvió sus diferencias internas en diversos procesos electorales y continuó
siendo una opción confiable para amplios sectores de la sociedad.
Pero no deben olvidarse otros
factores del juego político a la hora de analizar la situación política de un
gobierno. Por ejemplo, el frente externo, particularmente el rol de la
principal potencia mundial, Estados Unidos, y la principal institución
financiera internacional, el Fondo
Monetario Internacional (FMI). El gobierno radical-frepasista contó con el
permanente apoyo de Washington. Haciendo un breve repaso –restringido al año
2001– se pueden contabilizar diversos contactos entre el presidente George W. Bush y De la Rúa. El 3 de
febrero charlaron telefónicamente y Bush mostró apoyo al plan económico
argentino. No sería la última vez. El 19 de abril se reunieron en el Salón Oval
de la Casa Blanca, en Washington. En esa ocasión, Bush, brindó un nuevo
respaldo a su colega argentino. “Nosotros queremos que a nuestro amigo le vaya
bien económicamente”, señaló (La Nación, 20-4-2001). El 13 de julio, Bush le
envió una carta en la que le deseaba “éxito” a De la Rúa en su compromiso para
bajar el déficit fiscal (La Nación y Clarín, 14-7-2001). El 1 de agosto,
mientras el presidente argentino se encontraba en Puerto Iguazú (Misiones),
recibió una llamada telefónica de Bush, quien le anunció que se podría
adelantar, de septiembre a agosto, la ayuda financiera del FMI (La Nación,
2-8-2001). El 23 del mismo mes, Bush volvió a llamar a su par argentino. En esa
oportunidad, lo felicitó por el acuerdo con el FMI y por la sanción de la ley
de “Déficit cero”, que se proponía
recortar gastos en la administración pública: “me alegra mucho que haya logrado
el apoyo recomendado con respecto a las medidas que han adoptado en el FMI. Es
una circunstancia sumamente importante y usted lo sabe. Pero también sabe bien
que es muy importante que su gobierno, bajo su liderazgo, implemente el plan de
déficit cero” (Clarín, 24-8-2001). El 20 de septiembre volvieron a comunicarse
telefónicamente. Bush agradeció la solidaridad argentina frente a los atentados
del 11 de septiembre, ocurridos en Nueva York y Washington, y se mostró
interesado en la marcha de la economía nacional (Clarín, 21-9-2001). El 11 de
noviembre se encontraron en el Waldorf Tower, de Nueva York. El presidente
norteamericano le ofreció “colaboración y apoyo” a su par argentino, al que
caracterizó como “un líder muy fuerte”. También se señaló que debían hacerse
los esfuerzos necesarios “para evitar el default” (La Nación, 11-11-2001; El
País, 12-11-2001). El sostenido, firme y
contundente apoyo norteamericano no bastó para evitar la caída del gobierno en
diciembre de ese mismo año.
Entre las instituciones
financieras internacionales, papel central lo cumplió el principal organismo
multilateral de crédito, el FMI. Como ya se indicó, ante los problemas del
endeudamiento externo que se fueron acentuando, durante el bienio 2000-2001 el
gobierno debió recurrir a nuevas operaciones de endeudamiento y refinanciación,
que fueron presentadas bajo las denominaciones de Blindaje y Megacanje. Ambos procedimientos fueron realizados bajo la
supervisión del FMI. El FMI también prestó ingentes fondos al gobierno de
De la Rúa, pero eso tuvo un límite. Hacia finales de noviembre se aceleraron
los retiros de depósitos monetarios de los bancos y la fuga de capitales. A
principios de diciembre, el FMI se negó
a refinanciar la deuda externa argentina, decidió interrumpir el apoyo
financiero hacia nuestro país y exigió un duro ajuste, todavía más fuerte
que el que se venía llevando adelante. Ya sin rescate económico del FMI, con la
alianza política del gobierno quebrada y con un movimiento político opositor en
situación de fortaleza, debido a su amplia victoria en las elecciones, el
gobierno de la Alianza cayó. Todo eso combinado –no sólo una crisis en el
manejo de la economía– es lo que determinó la caída de De la Rúa.
EL 2018
El gobierno actual de la Alianza Cambiemos tiene serios problemas en el
manejo de la economía. Algunos son similares a los que tuvo el gobierno de
la Alianza UCR-FREPASO, al que le fue imposible sostener un modelo económico
basado en el endeudamiento externo. Pero no deben olvidarse los factores
políticos, como los resultados electorales; el grado de apoyo social y la
fortaleza de la coalición de gobierno; el apoyo externo; la actualidad de los
otros actores del juego político, y otras variables más. En el 2001, el peronismo se encontraba dividido. Hoy lo está todavía
más. Los resultados de la elección de medio término fueron bien distintos.
Mientras que en las elecciones de 2001 abundaron las victorias peronistas que
abrieron oportunidades para muchos dirigentes del Movimiento, en las de octubre
pasado fueron escasas. No tuvieron los resultados esperados gobernadores que
habían mostrado, legítimamente, mayores expectativas en dar el salto hacia la
pelea presidencial o sobre los que se especulaba y especula que puedan tenerlas
(como Urtubey o Schiaretti). Tampoco
la ex presidenta, Cristina Fernández
de Kirchner, pudo vencer en la provincia de Buenos Aires. Tal vez, los triunfos
conseguidos en Tucumán (Manzur) y San
Juan (Uñac) hayan sido los más relevantes. Ambos gobernadores, con mucha
cautela, han empezado a deslizar intenciones presidenciales. En San Luis
triunfó la lista peronista por estrecho margen. El gobernador puntano, Alberto Rodríguez Saá, ha hecho
públicas sus intenciones de ser candidato a presidente de la Nación, lugar al
que ya aspiró a llegar en los turnos electorales de 2007 y 2011, con poco
éxito. Menos explicables resultan algunas precandidaturas de dirigentes que
históricamente han tenido pobres desempeños electorales hasta en sus propios distritos.
La unidad del peronismo, de la
que tanto se habla y escribe, parece lejana. Pero los que vivimos en este país
sabemos que la política suele dar muchas sorpresas y que la incertidumbre es
moneda frecuente por estos lares: hace un año pocos dudaban de la reelección
del actual presidente y hoy varios dudan de que vaya a poder terminar el
mandato. Por eso siempre es preferible ser prudente.