jueves, 4 de junio de 2026

La gobernación de Eduardo Duhalde 1991- 1999 El proyecto político que transformó la provincia de Buenos Aires

 

Prólogo

     Eduardo Duhalde,

febrero de 2026

Cuando llegó a mis manos el borrador de este libro, que habla sobre la gestión de gobierno en la provincia de Buenos Aires entre 1991 y 1999, escrito por Aritz Recalde, comencé a leerlo con máximo interés y con la intriga de constatar si esta larga investigación había logrado desentrañar todos y cada uno de los desafíos que -junto a mis diferentes equipos de ministros, colaboradores y asesores- tuvimos que enfrentar durante los ocho años que estuve al frente de la gobernación bonaerense.

Gobernar la provincia de Buenos Aires no es una actividad menor. Es conducir el corazón productivo y social de la Argentina, con sus grandezas y también con sus heridas más profundas. Durante los ocho años que me tocó estar al frente de ese desafío aprendí que no hay decisiones fáciles cuando se gobierna para millones de bonaerenses que esperan, con razón, respuestas concretas del Estado.

Pero ningún acto de gobierno puede comprenderse si se lo separa de los valores que lo orientan. A lo largo de mi vida política sostuve —y escribí en diferentes artículos y en mi libro “El Poder Moral”— que la ética y la moral no son conceptos abstractos ni simples consignas, son guías concretas para la acción pública. Gobernar implica ejercer poder, y el poder solo encuentra legitimidad cuando está al servicio de la comunidad y no de intereses sectoriales o personales.

Las comunidades organizadas, los clubes de barrio, las cooperativas, las parroquias, las asociaciones civiles fueron, durante aquellos años, protagonistas silenciosos de muchas de las políticas públicas que se impulsaron desde la provincia. Allí estaba la Argentina real, la que no siempre aparece en las estadísticas, pero sostiene el entramado social.

Quien recorra estas páginas advertirá que muchas decisiones de gobierno tuvieron como punto de partida esa convicción: fortalecer a las comunidades, reconstruir la confianza social y defender una concepción solidaria del Estado, aun en contextos adversos. Gobernar es elegir, y elegir implica asumir costos. Este libro no elude esa verdad y por eso resulta valioso: porque ayuda a comprender, más allá de las coyunturas, el sentido de un proyecto político.

Hay, además, un capítulo ineludible de aquellos años que marcó profundamente mi compromiso personal y político: la lucha contra el flagelo de la drogadependencia. No como un problema aislado, sino como una tragedia social que destruye familias, rompe comunidades y condena a miles de jóvenes a la exclusión. Esa preocupación me llevó a trabajar incansablemente, a promover políticas de prevención, recuperación y contención, y también a reflexionar y escribir incansablemente sobre el tema. Los libros que dediqué a esta problemática no fueron un ejercicio intelectual, sino una forma de alertar, comprometer y convocar a toda la sociedad.

 

Este convencimiento me llevó a recibir a lo largo de mi vida varias condecoraciones:

1989. Orden de Boyacá en el grado de Gran Cruz Extraordinaria, otorgada por la República de Colombia por la entrega de tres aviones IA58 Pucará para ser utilizados en la lucha contra el narcotráfico al presidente Virgilio Barco Vargas.

1992. Distinguido por la Universidad de Génova, Italia, con el título de Doctor Honoris Causa, merced a la campaña a favor de la prevención de adicciones y la lucha contra el narcotráfico.

1996. Nombrado Profesor Honoris Causa del Instituto de Prevención de la Drogadependencia de la Universidad del Salvador, otorgándoseme una Maestría en Prevención de la Drogadicción.

1996. Destacado, también, como Profesor Honoris Causa 1996 por la Universidad de Deusto.

1999. Doctorado Honoris Causa de la Universidad Hebrea Argentina Bar-Ilan y de la Universidad del Salvador, por la tarea de prevención de las Adicciones.

 

Pero las distinciones recibidas no las tomo como un halago hacia mi persona sino como el reconocimiento a una causa que excede a cualquier individuo y requiere del esfuerzo de todos.

Agradezco al autor por este aporte a la memoria política bonaerense. Revisar el pasado con rigor, sin prejuicios y con sensibilidad social es una tarea necesaria para quienes creemos que la democracia se construye todos los días, aprendiendo de lo hecho y de lo que aún falta por hacer.                                                

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Introducción

El último caudillo bonaerense

 

La provincia de Buenos Aires como objeto de estudio

Este libro es el resultado de un conjunto de investigaciones sobre la provincia de Buenos Aires que realizamos en la Universidad Nacional de Lanús. Inicialmente, abordamos la gestión del gobernador Antonio Cafiero (1987-1991). Luego continuamos con la de Eduardo Duhalde (1991-1999) y finalmente con la del conservador Manuel Fresco (1936-1940).

En el presente trabajo reunimos los avances parciales de la investigación que fueron corregidos y aumentados para la edición. Además, sumamos varios apartados y nuevos datos.

La motivación que nos llevó a investigar y luego a escribir sobre la Provincia de Buenos Aires tiene varias justificaciones.

La primera, es que soy bonaerense y estoy reflexionando sobre la patria chica en la que me crie y que cobijó a mis padres y abuelos. Le debo mucho a mi tierra y es un ejercicio de gratitud contribuir a construir la comunidad que me vio nacer, crecer y que integro orgullosamente.

La segunda causa del por qué investigamos la provincia de Buenos Aires es por su inmensa importancia geográfica, demográfica, económica, política e histórica para la Argentina e Iberoamérica. Difícilmente un proyecto nacional será viable si no tiene anclaje político en la provincia. Menos aún es posible construir un programa autónomo de desarrollo sin una expresión bonaerense federal que sea capaz de impulsarlo o al menos de acompañarlo.

La tercera cuestión  fundamental que nos mueve a estudiar el tema, es que los bonaerenses estamos sumergidos hace ya tiempo en una profunda crisis de identidad y de desarrollo. La provincia siendo rica económicamente tiene altos índices de pobreza y de marginalidad. Hace décadas que se está generando un creciente y alarmante aumento de la violencia interpersonal y otra ligada al crimen organizado. El narcotráfico es un factor de poder cada día más distorsivo de la convivencia social y de la estabilidad misma del gobierno. Podemos decir, sin dudarlo, que los bonaerenses somos protagonistas en industria, turismo, en producción agropecuaria, en innovación, en ciencia y en exportaciones. Además, picamos en punta en la generación de marginalidad social, de violencia, en nuestras carencias de infraestructura, en la incapacidad de planificación y en la falta de perspectiva de desarrollo de mediano y de largo plazo.

La cuarta cuestión a destacar y que se vincula a todas las anteriores es la inexistencia de investigaciones sobre la provincia, su historia y su cultura y más aún sobre las gestiones de los gobernadores.

No tenemos conciencia histórica, ni identidad y eso impide la posibilidad de formar una dirigencia consustanciada con la realidad profunda provincial. La inexistencia de una agenda de temas, de problemas, de prioridades y de perspectivas bonaerenses dificulta cualquier intento de diagramar e implementar un programa de desarrollo que sea capaz de canalizar las demandas y los anhelos de nuestro pueblo y de La Nación en su conjunto.

 

El último caudillo bonaerense

Duhalde es una figura política sumamente conocida en la Argentina.

Primero y tema del libro,  su notoriedad pública es el resultado de que fue el gobernador de Buenos Aires. Además y cuestión fundamental, fue de los primeros –y de los pocos- dirigentes que ocupando lugares de responsabilidad institucional, criticó públicamente el programa neoliberal de Carlos Menem y ofreció una alternativa. Poco a poco, su figura se convirtió en una referencia aglutinadora de los sectores que propusieron superar el programa económico de los años noventa.   

Asimismo, su histórico protagonismo en la gestión de la crisis del año 2002 lo puso en el centro de la historia argentina y cargó sobre su conducción política el destino de una Nación que parecía marchar a su disolución. 

Duhalde fue el dirigente que construyó las condiciones políticas para salir del modelo de la convertibilidad. También fue un protagonista de la instalación y de la continuación en el tiempo del programa productivo iniciado en el año 2002. El justicialismo bonaerense fue una herramienta para derrotar a Menem en las urnas y para diagramar un nuevo modelo de desarrollo. Ese poder llevó a Néstor Kirchner a la presidencia y le otorgó gobernabilidad en un país que estaba inmerso en una profunda crisis social, económica, cultural, emocional y de legitimidad política.

 

Su figura arrastra un halo de controversias cuestión que es propia y habitual de aquellos que se dedican a la lucha política. Duhalde fue denostado por sus contendientes partidarios y por sus aliados devenidos luego a adversarios.

Primero, lo enfrentaron los menemistas por su ruptura política y por la decisión del gobernador de proponer salir de la convertibilidad para implementar un proyecto productivo. Los grupos de poder foráneo y los devotos del neoliberalismo dentro y fuera del Justicialismo, no le perdonarán nunca la ruptura con el modelo financiero de los años noventa y por el freno que le puso al Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA).

A partir de los años 2004 y 2005 su figura fue el centro de las críticas de los líderes del kirchnerismo a los que encumbró en el poder y que luego lo enfrentaron arduamente. Mientras Duhalde estaba abocado a la fundación de la Comunidad Sudamericana de Naciones, su antes aliados exacerbaron la crítica y caracterizaron a la disputa con el ex gobernador bonaerense, directamente, como la “madre de todas las batallas”.

 No nos interesa debatir en este libro las controversias mencionadas, que son propias de los dirigentes y de la lucha por el poder. En su lugar, nos vamos a ocupar de sus gestiones concretas, de sus logros y de las dificultades encontradas siendo intendente en Lomas de Zamora y gobernador bonaerense.

Sobre ambas experiencias Duhalde construyó su proyecto y es bueno destacar que el pueblo de la provincia lo apoyó activamente en las urnas, siendo una figura sumamente popular en los años noventa donde obtuvo contundentes resultados electorales. Es importante subrayar que más allá de las leyendas difundidas desde el periodismo, actualmente la militancia política y social de la provincia y de su Lomas de Zamora natal, lo sigue recordando como una figura que transformó la realidad de los más humildes.

 

Nuestra investigación analiza la gestión del gobernador entre los años 1991 y 1999. Este periodo es fundamental en su trayectoria dirigencial, ya que sus logros en el gobierno explican su notoriedad y el alto consenso que alcanzó entre los bonaerenses que vieron en el mandatario una polea de transmisión para la resolución de sus demandas, muchas de ellas postergadas por décadas.

Innegablemente y conjuntamente a la gestión, su legitimidad y su poder están relacionados al sistema de organización del justicialismo bonaerense, de los intendentes y de los grupos territoriales que Duhalde construyó. Estos temas ya fueron analizados y comentados en otros trabajos académicos y periodísticos y es por eso que no creemos necesario profundizarlos en nuestro libro que estará centrado en la gestión de gobierno.

 

Su figura es importante para conocer la historia, el presente y el destino de la política y de la sociedad provincial. Decimos en el título de la Introducción que Eduardo Duhalde fue el “último caudillo bonaerense” por varias cuestiones.

La primera, es por su origen y por su proyecto político que siempre estuvo ligado al destino bonaerense. La trasformación de la provincia fue el centro permanente de sus inquietudes y de su militancia política. Con esta finalidad, el mandatario construyó, dio identidad y condujo a un Justicialismo bonaerense al que convirtió en una herramienta poderosa de gestión institucional.

Gracias a su eficiente estructura de toma de decisiones, a su capacidad de forjar consensos políticos con la oposición y por la vocación de cambio profesada, su gobernación fue sumamente transformadora. Realizó modificaciones estructurales como pocos gobernadores en la historia y reformó la Constitución e impulsó la última gran estrategia de regionalización y de creación de nuevas municipalidades. En un contexto de crisis intervino drásticamente y reformó la policía y aprobó un nuevo Sistema provincial de seguridad pública. Durante su gestión reformó el Código Procesal Penal, creó el Consejo de la Magistratura y el Ministerio Publico Fiscal. La obra pública de la etapa fue contundente y retrotrae a la época de Manuel fresco y durante la gobernación de Duhalde se construyeron hospitales,  escuelas, cárceles, se canalizó la provincia para terminar con las inundaciones y se modernizaron las rutas, calles, espacios públicos, clubes y accesos en todo el territorio, incluyendo programas especiales para el conurbano. Un tema a destacar de la gobernación fue la política social de cuidado de las embarazadas y de los bebes,  la de tierra y vivienda y la de deporte, entre otras intervenciones que describimos en detalle en el libro.

Decimos que es el “último caudillo” ya que fue el gran organizador y conductor de una poderosa fuerza partidaria provincial, de identidad bonaerense y con proyección federal. Construyó un actor político propio y fue siempre sumamente celoso de la injerencia externa en el distrito. Tal cual sostiene Carlos Pagni en su libro sobre el conurbano bonaerense y a diferencia de lo que ocurrirá a su salida de la gestión bonaerense, no permitió la intrusión del entonces presidente Menem en la provincia. Duhalde siempre armó las listas bonaerenses de las legislaturas provinciales y nacionales entregando meramente dos lugares al Ejecutivo Federal que fueron ocupados por personajes sin peso y sin capacidad de decisión (Pagni 2023: 502).

Será este poder político justicialista bonaerense de intendentes, de redes de militancia y de funcionarios un actor fundamental del gabinete del año 2002 que garantizó la gobernabilidad en plena crisis, que condujo la transición económica y social, que enfrentó al menemismo en 2003 y que empezó a sacar al país del traumático momento histórico. 

 

Desde su corrimiento de la gobernación la provincia viene reproduciendo otra lógica en el ejercicio del poder.

Por un lado, se profundizó la incursión de los políticos provenientes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que ocupan encumbrados cargos, desplazando la capacidad de decisión de la dirigencia provincial y de los intendentes. Por ejemplo, la entonces electa senadora por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Graciela Fernández Meijide, en la elección del año 1997 encabezó la lista de Diputados Nacionales bonaerenses iniciando esta modalidad que luego será habitual desde Carlos Rouckauf a la actualidad.

A partir del año 2005 se inició la etapa de los “gobernadores interventores” del poder Ejecutivo Nacional. En este sistema, la implementación de la política social y de la obra pública y paulatinamente la capacidad de decisión y de conducción del gobierno distrital, pasó del gobernador electo al presidente de La Nación, que por intermedio de sus ministros, secretarios y armadores entabló relaciones directas con los municipios y las organizaciones territoriales. En este esquema de poder se instaló la práctica de que las listas legislativas y la distribución de lugares en el Poder Ejecutivo son diagramadas por dirigentes externos a la provincia.

Sin ánimo de emitir juicios de valor, no se puede negar que la experiencia de los “gobernadores interventores” electos tuvo seguramente logros y también deficiencias y buenos y malos administradores.

Lo que innegablemente ocurrió fue que Buenos Aires se volvió más un medio político para llegar a las legislaturas o la presidencia de La Nación, que un proyecto provincial a desarrollar y a fortalecer. Para el Ejecutivo federal demográfica y electoralmente es el territorio estratégico a conquistar. Políticamente, es el distrito potencialmente peligroso a controlar y a desarticular por el peso relativo de los intendentes y demás factores de poder.  

Como resultado de este proceso, en las campañas electorales se debaten más las internas de los candidatos nacionales que las demandas no resueltas de los bonaerenses.

Con estas estrategias de armado de poder el Justicialismo bonaerense fue herido de muerte y perdió entidad política. La dirigencia se debilitó conjuntamente a que disminuyó su poder para tomar decisiones de gobierno. En este marco, no son pocos los mandatarios que se dedican más a administrar el caos y el subdesarrollo en el corto plazo, que a transformar los problemas estratégicos provinciales. Poco a poco, se diluyó la capacidad bonaerense de incidencia en el debate federal y disminuyó su proyección nacional.

Como derivado de este vacío de poder provincial propio, es que se profundizan año a año los problemas estructurales en temas de infraestructura, competitividad económica, planeamiento urbano y rural, transporte, educación, seguridad, ciencia y salud por citar algunas agendas.

Hace tiempo que no se debate un Modelo Bonaerense y un Proyecto Provincial de Desarrollo de mediano y de largo plazo.

Tal impostergable tarea debería comprometer a todo el espectro partidario y social.

Esperemos que el libro contribuya a dar el debate.

 

Finalmente, quiero destacar que el libro fue formulado en el marco de la Universidad Nacional de Lanús a la que Eduardo Duhalde contribuyó a crear con el impulso a su fundación y luego forjando los consensos políticos para el tratamiento y la aprobación legislativa en el año 1995.


La estructura del libro

El libro tiene dos grandes ejes.

El primero de ellos se organiza a partir de los capítulos I y II que recorren el ideario y la doctrina política del gobernador a partir del cual actuó. Analizamos, brevemente, la trayectoria que lo llevó el poder de la gobernación.    

El segundo eje se inicia con el capítulo III y contiene el centro de nuestro libro que está referido a un recorte de las principales políticas de Estado implementadas en los ocho años de gestión que van del año 1991 a 1999.

La Parte primera estudió la política económica que refleja la decisión del gobernador de no abandonar la intervención estatal en un contexto nacional y regional privatista y desregulador. Se incluyeron apartados sobre Fondo de Financiamiento de Programas Sociales en el Conurbano Bonaerense, acerca de los históricos programas de obras públicas y sobre las iniciativas de Regionalización productiva.

La Parte segunda se refiere a las principales Reformas Institucionales de la etapa que dan cuenta del importante poder, capacidad de consenso y de transformación que adquirió Duhalde. Entre ellas se describe la Emergencia administrativa de una provincia que había padecido en los años ochenta las crisis de la hiperinflación y el consecuente estancamiento económico. El libro describe la histórica reforma de la Constitución de la Provincia de Buenos Aires del año 1994, que modificó la Carta Magna incluyendo un importante número de propuestas destacándose un innovador conjunto de garantías y derechos sociales. En el apartado se analizó la última iniciativa efectiva provincial de reorganización territorial a la que se denominó Proyecto Génesis 2000 y que auspició la creación de nuevas municipalidades.

La Parte tercera del libro estudia las políticas sociales. Entre ellas, describe el Plan Vida, las políticas de tierra y vivienda, las de adicciones, el Programa Infantil Bonaerense Educativo Solidario, los Torneos Juveniles Bonaerenses y los proyectos de Salud.

La Parte cuarta describe la agenda cultural y educativa en una etapa de transformación profunda de la organización escolar en todos los niveles.

La Parte quinta y última del libro analizó las Políticas Seguridad y de Justicia que incluyeron una intervención radical de la policía y la reorganización del sistema y sus leyes que designan autoridades y que definen circuitos de nombramiento de magistrados.


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miércoles, 25 de marzo de 2026

10 claves sobre la dictadura del año 1976

Aritz Recalde, marzo 2026


 

Primera. La dictadura de 1976 fue una respuesta de las CLASES DOMINANTES LOCALES Y TRASNACIONALES (y los partidos civiles aliados) al 17 de octubre de 1945.

Los civiles y militares que asaltaron el poder en 1976 se propusieron revertir los logros de la Revolución Justicialista. Con este fin concentraron, desindustrializaron y desnacionalizaron la economía y eliminaron los derechos sociales y políticos de la clase obrera que habían sido consagrados desde los años cuarenta.

Segunda. La VIOLENCIA DE 1976 FUE LA CONTINUIDAD DE LA REPRESIÓN CONTRA EL MOVIMIENTO NACIONALISTA Y POPULAR realizada con los atentados de 1953, el golpe y el bombardeo de 1955 y con los fusilamientos de 1956.

Previo al año 1976, el primer mártir del largo proceso represivo cometido contra la Revolución Justicialista fue Darwin Passaponti. El atentado terrorista más terrible de toda la historia del país desde que se tenga memoria, fue el bombardeo de la población civil de Buenos Aires del mes de junio de 1955.

Para reprimir al peronismo en 1955 se aplicaron métodos de violencia paraestatal con el accionar de los comandos civiles, que eran organizaciones ligadas estrechamente a los militares golpistas. Estos métodos eran continuadores de la violencia política implementada por los conservadores y por los radicales de las décadas del 20 y del 30. Dichas acciones y medios implementados contra el gobierno constitucional, fueron antecedentes importantes de la violencia de los años setenta, tanto de izquierda, como de derecha.

Tercera. LOS PARTIDOS DE LA CONCERTACIÓN AUTODENOMINADA LIBERTADORA 1955-66 generaron las condiciones de posibilidad de las dictaduras de 1966 y de 1976. Dichos civiles lo hicieron a partir del uso de la fuerza para impedir que la mayoría popular gobierne, siendo el Justicialismo proscripto y perseguido por casi dos décadas. A éste último, le seguirían en el año 1966 los demás partidos a los cuales se les aplicó su propia ilegal e ilegítima concepción política promovida desde 1955.

Además, esta actitud represiva fue proclive al surgimiento de la guerrilla y de los atentados, en un sistema político que no canalizó democráticamente las demandas sociales y populares y que en su lugar se propuso suprimirlas.

Cuarta. El CONTEXTO GEOPOLÍTICO DE LOS AÑOS SESENTA Y SETENTA DIFICULTÓ LA CONSOLIDACIÓN DE UN PROYECTO NACIONAL SOBERANO Y DEBILITÓ LAS INSTITUCIONES.

Los dos polos antagónicos en pugna (izquierda comunista y derecha liberal capitalista), promovieron la guerra fría, las doctrinas de seguridad nacional, el Plan Cóndor y las concepciones de guerra popular prolongada, entre otras ideologías contrarias al sistema democrático que llevo al pueblo al poder en 1946. Financiaron a la guerrilla y a diversas instituciones culturales que entablaron una batalla psicológica permanente contra los movimientos políticos nacionalistas y populares.

Quinto. SECTORES DE TODOS LOS PARTIDOS FUERON COMPRENDIENDO ESTE DRAMA, SIN POR ELLO PODER FRENEAR LA GUERRA CIVIL LARVADA QUE ESTABA CRECIENDO EN LA ARGENTINA. Inicialmente, Arturo Frondizi y luego Ricardo Balbín con la Hora del Pueblo, buscaron la unidad nacional con los dirigentes anteriormente depuestos. Lo mismo haría Solano Lima y otros políticos conservadores, solamente por citar algunos casos.

Perón desde el exilio actualizó su concepción y sostuvo, sin dudar, que para un “argentino no hay nada mejor que otro argentino”. Su doctrina para la unidad nacional quedó redactada en el Modelo Argentino Para el Proyecto Nacional.

Algunos empresarios empezaron a comprender el drama del país y revisaron sus posicionamientos y acompañaron el Pacto Social en el año 1973.

Lamentablemente, eran una minoría y los poderosos intereses locales y externos bloquearon la necesaria paz social y la posible reconciliación nacional. En su lugar, alimentaron la terrible violencia que azotó al país en los años setenta, tanto en dictadura, como en democracia.

Sexto. AL GOBIERNO DE UNIDAD Y RECONCILIACIÓN NACIONAL ENTRANTE EN 1973 LO COMBATIERON ARDUAMENTE HASTA QUE LO EXPULSARON DEL PODER EN 1976.

Héctor Cámpora, Perón y luego Isabel Martínez padecieron un sinfín de acciones armadas, saboteos patronales y operaciones de inteligencia en un país que había sido sumergido durante 18 años en un espiral de violencia y de enfrentamientos ideológicos.

Las bombas, secuestros y atentados en un contexto de gobierno democrático, generaron un dramático derramamiento de sangre entre argentinos. Si le cabe una responsabilidad al gobierno justicialista –víctima y no victimario como se lo culpa desde la izquierda y el liberalismo- fue no poder detener ese terrible drama. El gobierno no organizaba y menos aún manejaba la violencia de izquierda (llámense marxista o autodenomínese peronista) y de la derecha (autodenomínese peronista o llámese liberal anticomunista). Muchas de esas expresiones fueron financiadas y entrenadas en el extranjero y varias se integraron luego a la dictadura de 1976.

En realidad y para ser objetivos, ningún gobierno pudo detener el espiral de violencia iniciado en 1955. Perón no fue la excepción al fracaso nacional.

Al problema político, se le sumó el económico en un mundo atravesado por la suba de la energía. Esa inflación importada hizo crujir el Pacto Social y los acuerdos de precios.  

Séptimo. POLÍTICAMENTE HABLANDO, LA PRINCIPAL Y PRIMERA VÍCTIMA DE LA DICTADURA FUE EL PERONISMO AL CUAL DERROCARON COMO LO HABÍAN HECHO EN 1955. La presidenta Isabel Martínez fue detenida, torturada y exiliada y sus dirigentes obreros, gremiales, sociales, culturales y partidarios encarcelados y muchos asesinados. Luego, le siguió la brutal persecución del conjunto de dirigentes, allegados y simpatizantes de un amplio espectro de doctrinas políticas.  

EN TÉRMINOS DEL DESARROLLO, Argentina fue demolida en sus cimientos, perdimos empresas y competitividad y la patria fue endeudada a partir de un siniestro engranaje financiero que hoy seguimos padeciendo.

En el ASPECTO SOCIAL, dejamos de ser de los pueblos con mejor nivel de vida del continente, para sumergir en la pobreza y la marginalidad estructural a millones de compatriotas. 

Octavo. LA DICTADURA CAYÓ POR VARIAS CAUSAS.

La primera causa, es porque cumplió sus objetivos y debilitó o directamente destruyó los partidos políticos, las empresas y los sectores nacionales y desarrollistas de la Argentina.  Los objetivos personales de muchos militares no se alcanzaron y varios terminaron presos. Por el contrario, el proceso cívico militar fue exitoso en sus intereses históricos iniciados en 1955. La dictadura también cumplió las metas geopolíticas y nuestro país fue convertirlo en una semicolonia controlada por un conjunto de potencias occidentales.

Cumplida su tarea, para el poder trasnacional y local que la impulsaron la dictadura argentina ya podía ser remplazada por una democracia débil y tutelada, cosa que efectivamente ocurrió.

La segunda causa, fue la resistencia sindical y obrera que protagonizó un sinfín de medidas de fuerza  y que puso por eso la gran mayoría de los muertos.

La tercera razón de la salida de los militares fue la militancia de los organismos de derechos humanos, que le dieron visibilidad local e internacional al drama.

La cuarta causa que contribuyó a la caída de la dictadura surgió como resultado de su programa económico que debilitó la producción local y que erosionó las condiciones de vida de la gente.

La quinta fue la articulación político sindical, que empezó a encontrar mayores espacios de actuación tras la derrota de la Guerra de Malvinas y de la profundización de la recesión económica.

Todas estas causas y de otras tantas más, ayudan a entender la transición democrática y la entrega de poder militar a los civiles.

Novena. LA DEMOCRACIA INICIADA EN 1983 FUE INCAPAZ DE ALCANZAR EL DESARROLLO INTEGRAL DE LA NACIÓN QUE ENTRE LOS AÑOS CINCUENTA Y SETENTA PROPONÍAN PERÓN, FRONDIZI, YLLIA Y DISTINTOS DIRIGENTES DE IZQUIERDA Y CONSERVADORES. Entre estos dirigentes había diferencias. Pero existieron además, un sinfín de coincidencias que no se superior valorar lo suficiente en su tiempo.

Desde el año 1983 Alfonsín tuvo el coraje de juzgar a los militares y a algunos civiles de la guerrilla. Luego se vio obligado a ceder en parte, cuestión que se tiene que interpretar en el contexto del hombre y de sus circunstancias. Menem reprimió con dureza los últimos levantamientos armados. Fue un acierto de ambos dirigentes y partidos y un logro para la democracia.

Por el contrario, el balance social, cultural y económico de las cuatro últimas décadas es negativo y la pobreza, la marginalidad y el subdesarrollo son muy superiores a los heredados en 1983. No es objetivo culpar a la dictadura de todos los males argentinos actuales. La siniestra asonada castrense condicionó a la democracia, eso es innegable. Condicionó, pero no determinó su futuro y del actual fracaso se tienen que hacer cargo quienes gobernaron cuarenta años con paupérrimos resultados para la vida de la mayoría popular.

Decimo. PARA SUPERAR EL PROYECTO DE LA DICTADURA ES NECESARIA LA UNIDAD NACIONAL.

Muchas de las interpretaciones actuales sobre la dictadura reproducen las internas políticas y los odios de los años setenta y no son objetivas, sino más bien son lecturas interesadas.

Las nuevas generaciones necesitan conocer la verdad y esto no será posible si los partidos y grupos políticos no asumen la parte que les corresponde en el drama al que se sumergió al país. La dictadura no fue un hecho aislado, ni meramente el resultante de un grupo de locos sueltos, sino un proceso siniestro planificado a nivel regional de mediano y de largo plazo.

Además, la dictadura fue la consecuencia de un sinfín de desventuras, de incomprensiones, de enfrentamientos absurdos y de fracasos de las dirigencias políticas, económicas y sociales argentinas. Los hechos transcurridos entre 1955 y 1973 impidieron el ejercicio de la soberanía popular, exacerbaron el descreimiento sobre la democracia e instalaron un método violento para dirimir diferendos. El gobierno que ingresó 1973  tenía la legitimidad más alta de la historia y tampoco lo dejaron gobernar diversos grupos de civiles y de militares. Esto derivó en un sentimiento creciente de frustración en un sector de la sociedad, que descreyó de las urnas y que se convenció de que el único medio para frenar el caos era el Golpe Militar.  

Desde la rama política, Frondizi, Solano Lima o Balbín abrieron un camino de dialogo y de consensos que derivó en la apertura electoral de 1973. Alfonsín a la vuelta de la democracia se reunió con la derrocada Isabel Perón. Cafiero se abrazó a Alfonsín para enfrentar a los golpistas de izquierda y de derecha.

Lamentablemente, estos cruces no derivaron en acuerdos programáticos para el desarrollo. Tampoco este proceso de dialogo permitió un balance realista del conflicto abierto con la aparición de las masas populares en la arena política en 1945.

En su lugar, se construyeron relatos simplistas de héroes y de villanos, de buenos y de malos. La falta de veracidad histórica y la carencia de acuerdos nacionales sobre lo ocurrido es uno de los inconvenientes fundamentales que nos heredó la dictadura. Esto permite que los militares y los civiles que enfrentaron al gobierno democrático y que lo derrocaron en 1955 y en 1976  lo culpen de la violencia que ellos le aplicaron al pueblo que había votado al peronismo. No son pocos los periodistas y dirigentes que en la actualidad están muy lejos de la autocrítica que en su momento pudieron hacer Frondizi o Balbín y que hoy siguen justificando la lucha armada y el accionar contra la democracia iniciada en el año 1973. No asumen que el proyecto de la dictadura de 1976 pudo  justificarse frente a un sector de la sociedad, por ser el resultado de un largo proceso histórico de discordias, de desventuras y de dramas internos.

El resultado de la desviación historiográfica hace que la víctima se convierta en victimario. El último proyecto nacional justicialista se desdibuja y a los argentinos no les queda otro modelo de país que el del subdesarrollo en el que malvivimos.

Posiblemente, fue Antonio Cafiero uno de los más lúcidos analistas del proceso histórico de 1973 a 1976, de sus orígenes y de sus derivaciones para el peronismo y para la Argentina en su conjunto. En los años setenta el dirigente bregó por la firma de la Hora de Pueblo, de las Coincidencias Programáticas de los Partidos Políticos y por el Pacto Social que tenían como finalidad  terminar con la lucha entre argentinos. Desde 1973 cuestionó públicamente a la guerrilla (de izquierda y de derecha) y criticó los saboteos económicos contra la democracia. Fue encarcelado por los militares de 1976. Posteriormente, integró el brazo político que militó activamente la apertura democrática. Desde 1983 mantuvo los mismos valores y se reunió con Alfonsín para cuestionar a la guerrilla del MTP y la actitud golpista de los Carapintadas.

Antonio Cafiero defendió la democracia política, social y popular en 1973. Hizo lo mismo en el año 1983 sin levantar banderas partidistas y sin interpretaciones sesgadas de las acciones contrarias ejecutadas contra el orden constitucional.

Ese es el mensaje que tenemos que dar a las nuevas generaciones. Memoria, para la reconciliación. Verdad, para ser libres y dueños de nuestros actos. Justicia como bandera, para reconstruir a una Nación hoy de rodillas y para terminar con la humillación social del pueblo argentino. 

Luego de tantos desencuentros y fracasos, es momento de forjar la Unidad Nacional para el Desarrollo Soberano y la Paz social de todos los argentinos.  

martes, 3 de marzo de 2026

Hoy Irán, mañana Rusia (Escalada)

 

Entrevista a Alejandro Dugin


 3 de marzo de 2026

De GEOPOLITICA.RU


PRESENTADOR :  Queridos amigos, tenemos un tema importante y serio en la agenda. Todo el mundo habla de ello ahora mismo, y cómo no, dado que se está desarrollando un acontecimiento histórico. Permítanme recordarles a nuestros oyentes: el 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron una operación conjunta. Se lanzaron ataques contra Irán, que causaron la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei; numerosos otros altos funcionarios también murieron en el ataque. Irán comenzó a tomar represalias contra bases israelíes y estadounidenses, y, en consecuencia, se están produciendo enfrentamientos militares en este momento. Es interesante, pero en realidad hay muchas preguntas sobre las consecuencias, quiénes sufrirán más y si Irán podrá afrontar la situación. Pero lo primero que probablemente queramos entender es: ¿adónde nos lleva todo esto?

 

ALEXANDER DUGIN : Este es un acontecimiento verdaderamente significativo; bien podría ser el inicio de la Tercera Guerra Mundial, porque hay demasiadas fuerzas involucradas. Las acciones de los estadounidenses, Trump y Netanyahu, contra el liderazgo político de Irán fueron demasiado drásticas.

Después de todo, esta ya es la segunda vez: primero, Estados Unidos secuestró a Maduro, estableciendo control directo sobre Venezuela, prácticamente ocupando el país. Ahora han destruido por completo el liderazgo militar, político y religioso de Irán. En términos de importancia, esto es comparable a asesinar al Papa o al Patriarca Ortodoxo, porque el líder espiritual de los chiítas, el Ayatolá Jamenei, el Rahbar, era venerado no solo en Irán, sino también como líder de prácticamente todo el mundo chiíta: cientos de millones de personas en todo el mundo. Antes de esto, Israel eliminó a los líderes de Hamás —bueno, ese es un incidente aislado— y luego a los líderes de Hezbolá —ese es un asunto más serio—.

 

Ahora el liderazgo de Irán ha sido destruido directa y descaradamente, lo que significa que ya no existen normas internacionales, ni reglas, la ONU ya no existe. Esta organización se ha convertido en algo del pasado, un dolor fantasma. Trump lo dijo de inmediato: no hay derecho internacional; lo que hago es moral. Esto lo cambia todo. El orden mundial anterior se ha derrumbado. Hemos ido deslizándonos gradualmente en esta dirección, pero ya no hay vuelta atrás. Si un país es capaz de destruir el liderazgo militar, político y religioso de un estado soberano sin justificación alguna, entonces vivimos en un mundo completamente diferente, donde todo está permitido, donde la fuerza, no la ley, decide, y donde se aplica el principio: "Si puedo, lo haré".

El comportamiento de Trump es notable: todo esto ocurrió durante las negociaciones con Kushner y Whitkoff, e Irán, según informes, aceptó casi todas las exigencias estadounidenses. Literalmente, todas. Y, sin embargo, esto supuso un golpe directo al liderazgo del país. Ante todo, debemos entender que, en esta situación, somos los siguientes. Venezuela, Irán, y antes Siria, Hezbolá: todos estos son regímenes o sistemas políticos que Estados Unidos tiene en la mira, y son nuestros aliados.

De hecho, si así es como podemos tratar a nuestros aliados, si podemos salirnos con la nuestra, si Trump tiene éxito, entonces en la siguiente etapa, también durante las negociaciones de Kirill Dmitriev con Kushner y Whitkoff, una operación similar de cambio de régimen podría tener lugar aquí.

¿Y qué nos protege? ¿Armas nucleares? Pero la pregunta de si las usaríamos persiste. En un escenario radical, Occidente duda seriamente de que estemos siquiera preparados para dar ese paso: amenazamos con demasiada frecuencia, pero no cumplimos. Mientras tanto, nuestro presidente está siendo cercado. Nuestro presidente, sin duda, es aquel en quien todo recae. En nuestro país, y quizás en el mundo, todo recae en él. Él es la restricción, el Katechon, como enseña nuestra tradición ortodoxa. Ahora es simplemente un hecho geopolítico, un hecho del orden mundial.

Pero si los estadounidenses, como Trump, confían en que otros líderes rusos, que, Dios no lo quiera, reemplazarán a nuestro presidente, serán más complacientes con Occidente (y ese era precisamente el plan en Irán, cuando destruyeron a los líderes físicamente soberanos de un país que seguía políticas que no se alineaban con los intereses estadounidenses), entonces ¿qué les impedirá implementar un escenario así aquí?

 

Trump está aplicando una geopolítica de ataque neoconservadora completamente consistente. Quienes fueron atacados por los globalistas bajo Biden, Obama y Clinton, son la misma historia de siempre, nada nuevo. Y a pesar de los escándalos y las disputas con los aliados europeos de la OTAN, en última instancia, siguen la misma postura de Estados Unidos. Por lo tanto, esto es muy serio para nosotros. Esta es la decisión final.

 

PRESENTADOR :  Volvamos a la cuestión de la Tercera Guerra Mundial. Recuerdo que el año pasado hablamos de la situación en torno a Irán —la "Guerra de los 12 Días"— y también dijimos que podría desembocar en una crisis global. Sin embargo, eso no ocurrió. ¿Podría ser que esta vez también dure, digamos, 12 o 13 días y luego termine? ¿O se trata de una escala diferente de acontecimientos?

ALEXANDER DUGIN : En teoría, nadie sabe si esto es la Tercera Guerra Mundial o no. Simplemente, cuando decimos con demasiada frecuencia, como he visto con mis propios ojos, «Esto es la Tercera Guerra Mundial», «Esto es la Tercera Guerra Mundial», y no —bueno, ahora la Tercera Guerra Mundial está ocurriendo—, surge la sensación contraria: que la Tercera Guerra Mundial no puede ocurrir en absoluto, que nunca ocurrirá, y que todo está bien. Pero ese es precisamente el problema: has hablado demasiado pronto, demasiado pronto, y luego, cuando de repente empieza, incluso te da miedo hablar de lo que está sucediendo ante tus ojos.

Así que realmente debemos ser cautelosos al evaluar lo que está sucediendo. Parece el comienzo de la Tercera Guerra Mundial, pero podría no serlo; podría evitarse. Y has formulado la pregunta correctamente. Ahora mismo, casi todo depende —incluso el destino, nuestro destino, por así decirlo— de cuánto tiempo pueda resistir Irán. Porque si la coalición estadounidense-israelí logra reprimir rápidamente su resistencia durante la Operación Furia Épica, como la llaman los estadounidenses... Pero ahora todos añaden: "La Furia Épica de Epstein". Bueno, en rigor, es obvio que Estados Unidos —Trump— inició esto para desviar la atención de los archivos de Epstein, donde sin duda aparece bajo la luz más desfavorable. Esto es claramente influencia del chantaje israelí; nadie lo duda en absoluto.

Los israelíes se mueven en una dirección completamente diferente. Hablamos de la construcción escatológica de un "Gran Israel", la anticipación de los últimos días, la llegada del Mesías. Esta es una motivación muy seria en esta guerra, llamada "Escudo de Judá" en Israel. Y los iraníes... Los iraníes han entrado en la batalla final. Era bastante obvio en la etapa anterior, en esa guerra de 12 días, que no era una guerra real, sino una especie de preparación. Irán definitivamente no participó. Quizás no se habría unido ahora, de no ser por las acciones radicales de los propios estadounidenses. Ahora Irán no tiene más opción que luchar hasta el final, hasta el final: atacar todo lo posible, cerrar el Estrecho de Ormuz a los barcos estadounidenses u occidentales, a los barcos de los países que se le han opuesto, atacar bases militares, cualquier instalación, incitar un levantamiento chií en todo Oriente Medio y dondequiera que llegue, y librar una lucha —una batalla final— simplemente hasta el final.

Los iraníes estaban preparados para evitarlo, pero ahora no se les daba esa oportunidad. Y llamaron a esta operación (es importante destacarlo) "Fin del Diluvio". Permítanme recordarles que la operación de Hamás que lo inició todo —la historia de Gaza, el genocidio en Gaza y, antes de eso, el ataque de Hamás contra Israel— se llamó "El Diluvio" o también "Diluvio de Al-Aqsa". Al-Aqsa es el segundo lugar más sagrado del mundo musulmán, un templo ubicado en Jerusalén, en el Monte del Templo. Y para proteger este segundo lugar sagrado, los palestinos lanzaron este levantamiento. ¿Por qué defender este lugar sagrado? Porque Netanyahu y su círculo íntimo —Ben Gvir, Smotrich— planean volar la mezquita de Al-Aqsa y allanar el camino para la construcción del Tercer Templo, que marca el comienzo de la era mesiánica. De hecho, en el "Gran Israel", todos los preparativos conducen precisamente a esto. Así que los palestinos de Hamás decidieron defender esta mezquita de Al-Aqsa, que Ben-Gvir prometió personalmente volar y arrasar en numerosas ocasiones. Pero, de hecho, terminó en genocidio en Gaza.

Ahora bien, la operación "Fin del Diluvio" anunciada por los iraníes es, en esencia, la batalla final. Y en la filosofía iraní, chiita e islámica en general, el fin de los tiempos presenciará una batalla final entre las fuerzas del Islam, lideradas por el Mahdi (el imán oculto en quien creen los chiitas), y el Dajjal, una especie de Anticristo islámico. Y esta batalla entre el Mahdi y el Dajjal es el significado del fin de los tiempos. Además, todo ocurrirá en Siria, en Tierra Santa, y bajo el Dajjal, absolutamente todos los teólogos islámicos, tanto chiitas como sunitas, reconocen a Estados Unidos (como el Gran Satán) e Israel. Por lo tanto, lo que está en juego aquí también es extremo.

 

Pero, de manera más estratégica y abstracta, la pregunta ahora es cuánto tiempo podrá resistir Irán. Porque con cada día que resista, con cada día que defienda su soberanía, la situación podría cambiar. Trump, sin duda, aspira a una guerra muy corta. Incluso pensó que, tras la destrucción del liderazgo militar-religioso y político-militar de Irán, contaba con una "quinta columna".

 

PRESENTADOR :  Pasemos a la cuestión de la posibilidad de mantener la estabilidad en Irán: después de tales acontecimientos —la destrucción del líder supremo y de una parte significativa de la élite— ¿fue posible restaurar rápidamente la jerarquía e instalar nuevos líderes, o existe el riesgo de que el sistema pueda "colapsar" y en algún momento sufrir un cambio brusco, por ejemplo, cuando se apunten misiles a Teherán?

 

ALEXANDER DUGIN : Sabes, la historia es una incógnita. Desconocemos realmente qué está pasando en Irán: internet ha sido completamente bloqueado. Según mis fuentes, actualmente no hay ninguna protesta contra el régimen. Incluso quienes se opusieron al régimen de Wilayat-e-Faqih tras el brutal asesinato de casi doscientas colegialas inocentes por un misil israelí, la oposición iraní es radicalmente antiestadounidense y antiisraelí, y por lo tanto, en mi opinión, no hay ninguna razón para esperar que el poder le llegue a Trump en bandeja de plata.

Es decir, Irán probablemente esté más unido que nunca tras la muerte de todos sus líderes y tras el brutal ataque a la escuela. Y esto ha cambiado la mentalidad de muchos. El pueblo iraní es muy orgulloso, muy fuerte, y quizá algunos detestaban el régimen de Wilayat-e-Faqih —aunque esto también fue exagerado en Occidente por las agencias israelíes—; sin embargo, ahora todos estarán unidos en torno a la idea nacional iraní, sobre todo porque, creo, los líderes actuales serán lo suficientemente sensatos como para adaptarse a los círculos iraníes laicos, entre los que prácticamente no hay liberales. Hay nacionalistas iraníes que no son tan estrictamente religiosos como el régimen político, pero también son nacionalistas, son patriotas iraníes. Y si su energía y su voluntad se canalizan ahora a la resistencia a la agresión sionista-estadounidense, la resistencia podría durar mucho tiempo, porque incluso Gaza resistió durante mucho tiempo, e Irán no es Gaza, es un país inmenso.

Los chiítas constituyen una parte significativa de la población de Oriente Medio. Las élites de estos regímenes proestadounidenses y proárabes son completamente corruptas, francamente corruptas. Es simplemente una continuación de la "Isla Epstein": todos estos Catar, Dubái, Baréin. Y en Baréin, por ejemplo, la misma población chií, la mayoría chií. Creo que podría haber levantamientos y revoluciones chiítas por todas partes ahora mismo. Y, en principio, si Irán resiste, no está del todo claro quién saldrá victorioso de esta guerra. Sobre todo porque vemos la escalada del conflicto afgano-pakistaní. Y quién, si Pakistán o Afganistán, apoyará a Teherán, tampoco está claro. Israel no simpatiza con ninguno de ellos, por cierto, ni con los pakistaníes ni con los afganos. Y como resultado, todo esto podría acabar en un desastre para Trump, Estados Unidos y, en última instancia, para Israel. Un mar de musulmanes podría simplemente borrarlo de la faz de la tierra. Ahora la Cúpula de Hierro ha sido violada, Tel Aviv está en llamas, y algunas imágenes ya recuerdan a Gaza. La gente huye hacia allí, diciendo básicamente que así será: Irán ganará sin duda.

Aún se desconoce, pero no se rindió el primer día; no se rindió después de ese golpe tan terrible, que es precisamente con lo que Trump contaba. Ahora Trump habla de unas pocas semanas, un mes. Tiene la capacidad legal, en principio, de librar una guerra por su cuenta durante unos tres meses sin la aprobación del Congreso, y este podría apoyarlo. Pero si esta guerra se prolonga, si Irán se resiste desesperadamente, si tiene la fuerza, la energía interna, el potencial y el poder, entonces el resultado de esta batalla no está en absoluto predecible. Además, cabe destacar que la dependencia del "Escudo de Judas" es quizás el punto más débil, el momento más vulnerable de la coalición estadounidense-israelí. ¿Qué clase de escudo es este, después de todo, cuando atacaron y asesinaron a los líderes de un país que, en general, no estaba en guerra con ellos? Esto es un ataque, esto es un ataque de Judas, un ataque de Judas, y además durante las negociaciones. Hay mucho de Judas aquí, pero poco escudo. Entonces, si esto continúa de cierta manera, de hecho los cambios en el mundo podrían ser los más radicales.

Así que ahora la pregunta probablemente no sea quién ganará. Resistieron los primeros días, los primeros se mantuvieron firmes, al menos los iraníes lograron sobrevivir al primer golpe. Su liderazgo político, que ahora ha reemplazado a Rahbar Khamenei y su familia, quienes, por cierto, fueron asesinados... Un monstruo: una nieta, una niña de 14 meses, un año y dos meses. Niños, nietos... Todos, todos.

 

Como de costumbre, lo vimos en Gaza: la brutalidad de la agresión y la hegemonía estadounidense-israelí es tan monstruosa, su mendacidad y bajeza tan grandes, que la humanidad debería estremecerse ante lo que estamos viviendo, pero no lo hace, porque en su lugar contarán otra historia, dirán que Irán es el culpable, que se suicidó. Bueno, no somos ajenos a las mentiras del régimen estadounidense, de Occidente en general y de los sionistas; las hemos oído todas. Por lo tanto, Irán no puede contar con la indignación pública. Irán solo puede confiar en sí mismo y en las fuerzas que lo apoyan.

Si Irán se reagrupa ahora y puede librar esta guerra durante el tiempo suficiente, a cualquier precio, entonces, por supuesto, Israel intentará convertir a Irán en Gaza. Y, de hecho, ya ha comenzado a hacerlo. Pero, después de todo, es un país muy grande. Además, los misiles iraníes están alcanzando territorio israelí, alcanzando importantes objetivos estratégicos. Y si este tipo de bombardeos y lanzamiento de cohetes continúa durante algún tiempo, creo que Israel se sentirá un poco incómodo.

En consecuencia, tanto estadounidenses como europeos lo notarán. Hundir estos acorazados ahora... lo sabemos, tras sufrir grandes pérdidas en el Mar Negro durante la guerra contra el régimen nazi de Kiev: hundir un acorazado ahora es pan comido. Con los drones actuales, tanto submarinos como de superficie, hundir toda esta aclamada flota es una tarea tecnológica sencilla. Vivimos en una era de la información y de la guerra completamente diferentes. Por lo tanto, todo este poderío de los portaaviones es en realidad un producto de la imaginación; es solo una imagen bonita.

Helicópteros, a la velocidad con la que llegaron a Venezuela —podrían volar en 30 segundos con personal normal armado, o con drones normales, o con el tipo de armas que nuestras unidades regulares tienen en la línea de contacto en Ucrania—, a esa velocidad, un helicóptero no volaría mucho, 30 segundos. Así que, en realidad, aún no saben qué es la guerra. Ni los estadounidenses ni los israelíes. Ahora están a punto de descubrirlo.

Si Irán resiste, todo es posible. Pero no digo que estén condenados a la victoria. No digo que la victoria esté garantizada para nadie. Pero si no está garantizada y no llega pronto, en el caso de Trump e Israel, serán victorias colosales para todos los defensores de un mundo multipolar. En esencia, esta es una guerra también contra nosotros. Debemos entender: somos los siguientes. ¿Y ahora Irán... quién es? Un escudo. Solo el escudo de Katechon. Eso es Irán. En esencia, han recibido el golpe que, en principio, estaba destinado a todos nosotros. Y si resisten, será un gran éxito, incluido el nuestro.

PRESENTADOR :  Hablemos de cooperación, principalmente por parte de Rusia. Moscú está emitiendo declaraciones en este momento: Dmitry Peskov afirma que Moscú está en contacto constante con los líderes iraníes. Rusia mantiene su compromiso con una solución política y diplomática incluso después del ataque estadounidense a Irán. Vladimir Putin mantuvo hoy conversaciones telefónicas internacionales sobre la situación en Irán. El presidente se reunirá hoy con el gobernador de la región de Amur, pero eso es otra historia. ¿Qué opina: deberíamos tomar medidas drásticas ahora o deberíamos esperar a ver qué pasa? Francamente, no está claro qué esperar.

 

ALEXANDER DUGIN : Si simplemente adoptamos una actitud de esperar y ver, entonces eso significa esperar que Irán colapse, y los próximos golpes se dirigirán a nuestro liderazgo político-militar.

 

PRESENTADOR :  ¿Cómo?

 

ALEXANDER DUGIN : Nos están atacando en Ucrania, y es bastante brutal, pero tras la llegada de Trump al poder con su estrategia y políticas inicialmente bastante sólidas, hemos desarrollado la impresión en nuestro país, entre nuestros líderes, de que Trump puede retirarse de esta confrontación y que necesitamos negociar con él a través de Witkoff y Kushner, y a través de alguien más, para suavizar la escalada, al menos con Estados Unidos. Dicen que estamos en guerra con Ucrania, que estamos en guerra con la UE, pero Trump se retirará porque tiene una postura diferente. Hasta cierto punto, tuvo una postura diferente. Pero tras un par de meses en la Casa Blanca como presidente, cambió repentinamente de opinión y se convirtió en un neoconservador aún más radical, persiguiendo una política de globalismo y hegemonía con mayor celo, solo que de forma más abierta, más brutal y más franca.

 

Este momento de cambio en Trump, el paso de la postura MAGA que esencialmente hizo posible la reunión de Anchorage a una dictadura hegemónica radical —especialmente una que está triunfando, y con bastante rapidez, en otras operaciones— es algo que quizá no hayamos captado del todo. Trump ha cambiado; se ha convertido en el conductor de una voluntad que le es completamente ajena. Ha abandonado por completo a su base de apoyo. Ahora es rehén de las mismas fuerzas que iniciaron la guerra contra nosotros en Ucrania.

Y en esta situación, en mi opinión, el ataque a Irán pone fin a esto: intentar ver a Trump como un portador de la ideología MAGA —es decir, que se centrará en sus propios problemas estadounidenses, dejará de interferir en los asuntos internacionales y se centrará en sus propios y enormes fracasos políticos, económicos y culturales, que, de hecho, eran el programa original de Trump— nada de esto sucederá. Trump continuará con sus políticas neoconservadoras. Para nosotros, este es un punto crucial.

Está atacando a nuestros aliados; básicamente, está diciendo que si Irán cae —o, más precisamente, si y cuando Irán caiga— nos encontraremos no solo bajo el ataque de las mismas fuerzas que ya tenemos ahora, sino, por supuesto, cegados por la sangre, como un toro que se precipita hacia su objetivo. Trump, sintiéndose triunfante y que todo le es fácil, podrá interpretar fácilmente nuestra racionalidad y moderación, nuestra coherencia y nuestro compromiso con los principios, como mera debilidad. Entonces no tendrá otros términos ni conceptos para definir nuestra política.

 

PRESENTADOR :  ¿Cómo debemos actuar entonces ahora mismo?

 

ALEXANDER DUGIN : Creo que es extremadamente difícil, pero la decisión la tiene el presidente. Sabe, hay muchos asesores ahora mismo, y todos, desde taxistas hasta expertos, tanto militares como civiles, le decimos unánimemente que un ataque es necesario. En primer lugar, es evidente que el derecho internacional ya no existe; podemos hacer lo que queramos, porque la victoria lo cubrirá todo. Por supuesto, la eliminación del liderazgo político-militar de Ucrania es absolutamente esencial. Le hicieron esto a nuestro aliado, y nosotros estamos simplemente obligados, según las reglas del gran juego, a hacer lo mismo con sus aliados, con esas estructuras que nos libran una guerra.

Creo que es crucial usar armas muy serias, tan convincentes que no se puedan ignorar ni pasar por alto. Y no descarto la necesidad de poner en su lugar a algunos países que apoyan la guerra en Ucrania, sintiéndose completamente impunes y considerando nuestra cortesía y coherencia como debilidad. Rusia ya no puede permitirse parecer débil. No somos débiles, pero lo parecemos. Se nos ve como débiles, indecisos, vacilantes, inseguros, sin potencial suficiente. Es posible resistir la agresión de cualquier potencia hegemónica si se tiene la voluntad y la fuerza, y una potencia nuclear sin duda es capaz de hacerlo. La Gran Rusia es capaz de hacerlo. Pero nos ven como carentes de voluntad.

Creo que esto es un error: tenemos la voluntad, pero por ahora la estamos ocultando cuidadosamente, envolviéndola cuidadosamente en el proceso de negociación. Ahora esto está empezando a volverse en nuestra contra, muy rápidamente. Pero eso es lo que todos le aconsejan al presidente; eso es lo que entiendo, aunque quizás otros piensen diferente.

Ahora existe consenso en que Rusia debe reconsiderar radicalmente su estrategia de guerra contra Ucrania: necesitamos tomar medidas decisivas e incondicionales que no puedan interpretarse de otra manera. En otras palabras, un solo golpe, y Bankova se va, el liderazgo se va, Zelenskyy se va, no hay nadie presente y no está claro con quién seguir negociando. Podríamos sugerir con la misma facilidad que designen a las personas con las que estaríamos dispuestos a dialogar. Es obvio.

 

PRESENTADOR :  Por otro lado, Alexander Gelievich cree que podría suceder que, tras la destrucción de su liderazgo, elijan otros nuevos, quizás incluso más radicales, como sucedió básicamente ahora en Irán, donde el liderazgo cambió a la velocidad del rayo.

Y aquí, su perspectiva sobre el escenario iraní es interesante: ¿qué pasaría si tomáramos medidas drásticas para apoyarlo? Supongamos que Rusia, junto con China, envía su flota al Golfo Pérsico. ¿Cuál cree que sería el resultado?

 

ALEXANDER DUGIN : LA gente empezaría a respetarnos. Y también a temernos. Eso es lo que pasaría, para ser sincero. Eso es todo.

 

PRESENTADOR :  Entonces no se habría iniciado el enfrentamiento directo...

 

ALEXANDER DUGIN : La confrontación directa ya está en marcha. Simplemente creen que nos controlan y dirigen, mientras que nosotros seguimos creyendo que negociamos como socios. Hay una divergencia fundamental de puntos de vista, una diferencia en cómo interpretamos la esencia misma de lo que está sucediendo. Sin embargo, no le estoy aconsejando a nuestro presidente que haga nada: él lo entiende todo perfectamente.

En cuanto a la preocupación de que la destrucción del liderazgo en Kiev lleve al poder a fuerzas aún más radicales, ya no hay más fuerzas radicales allí. Podrían traer otras similares. Pero si no nos convienen, debemos hacer lo mismo con las siguientes, y las siguientes, y las siguientes, simplemente desmantelándolas. Sobre todo porque Ucrania no es Irán. Si realmente nos involucramos en esta confrontación ahora, no solo tendremos una oportunidad de victoria, sino también la de detener la escalada y evitar la Tercera Guerra Mundial. Trump está demostrando que ha comenzado una política de fuerza, y la fuerza no entiende de palabras. Solo se detiene donde encuentra una contrafuerza. Esta fuerza debe demostrarse. Hablamos sin parar del potencial nuclear, de "Oreshniki", pero es hora no solo de hablar, sino de demostrar esta fuerza. Esto es lo que se espera de nosotros. Solo entonces Trump comprenderá: los rusos están realmente enojados, y él se excedió.

Lo que se necesita ahora es un ataque masivo que no pueda ignorarse como "fanfarronería" o "ataques a objetivos secundarios". Dónde y cómo ocurrirá esto no nos corresponde a nosotros decidirlo, pero la lógica de la historia y el ánimo de nuestros soldados en el frente, desanimados por las conversaciones de paz, exigen decisión. Cuando la expectativa de que "todo ha terminado" se difunde a diario, resulta psicológicamente imposible luchar; la falsa sensación de esperar es breve. Debemos admitirlo honestamente: la guerra no terminará hasta que logremos todos los objetivos de la operación militar especial. Debemos reunir nuestra voluntad y hacer lo que se ha debido hacer desde hace tiempo. Antes era posible posponerlo, pero ahora ya no hay tiempo para esperar.

Es importante entender: las palabras tienen un poder enorme. Observen el nombre de la Operación Furia Épica: incluso los estadounidenses que se opusieron al ataque a Irán se sienten atraídos e inspirados por este lema. "Mi país está furioso y lo apoyaré"; funciona. Nuestro nombre técnico, "OVE", no puede inspirar; carece de un significado más profundo. "Furia Épica", "Escudo de Judá" para los israelíes, "Fin del Diluvio" para el mundo chií: son códigos semánticos poderosos. Creo que debemos renombrar la operación militar especial como "Espada de Katechon": somos nosotros quienes nos resistimos, esta es nuestra misión, nuestro papel ruso, nuestra identidad ortodoxa. Los musulmanes también nos apoyarán en esto, ya que comprenden perfectamente la unidad de la lucha. Debemos movilizar a la sociedad, revitalizar la guerra y renombrarla. Al principio, eran "Z", "V" y "O": ese era un enfoque de relaciones públicas sin profundidad. Ahora debemos centrarnos en lo que luchamos, sin ocultar la magnitud de nuestra victoria. Se lo debemos a quienes dan su vida por la Patria, por el Estado, por el gobierno y por el pueblo. Luchamos por una causa común, y la gente debe sentir este sentido de propósito.

Hoy, masas colosales están en movimiento: militares, políticas y religiosas. No somos observadores ni árbitros; somos participantes de la Gran Guerra. Quizás la última. No hay necesidad de adelantarse a la hora de discutir las fechas del fin del mundo: los ortodoxos saben que nadie lo sabe; incluso Cristo dijo que solo el Padre lo sabe. Pero nosotros sabemos que habrá un fin, porque Dios creó este mundo y Dios lo juzgará. Esto forma parte de nuestra fe y nuestras tradiciones; la parte más importante. Por lo tanto, no hay razón para entrar en pánico.

Vivimos en el fin de los tiempos. Observen Occidente, la lista de Epstein. ¿Qué detalles estamos descubriendo sobre las élites que gobiernan Occidente? Es una auténtica civilización de Baal. Es un culto a Satanás, un culto. ¿Qué hacen las élites? Seducen a menores, se comen a la gente, cazan afroamericanos. Los archivos de Epstein contienen indicios directos: violan niños, celebran orgías. Y esto está en el otro bando. Estamos en guerra con esta civilización. No es casualidad que Irán quemara una estatua de Baal en vísperas de esta invasión y que se dispararan misiles en respuesta. En la conciencia del mundo islámico, estas cosas están relacionadas: la lista de Epstein, Baal y quienes queman sus ídolos. La guerra está adquiriendo un carácter profundamente religioso. Los dispensacionalistas estadounidenses, al comentar la Biblia Scofield, están convencidos de que ahora, en el momento del enfrentamiento entre Irán e Israel, Rusia inevitablemente entrará en la guerra del lado de Irán. Para ellos, «hoy Irán, mañana Rusia» es un hecho consumado. En su mente, ya estamos ahí.

Es importante comprender la psicología del enemigo: no se alinea con los hechos ni con nuestra comprensión racional. Combinada con la energía frenética de Trump y la exaltación escatológica del liderazgo israelí, que cree que es ahora o nunca, que el Mesías debe venir y que debe establecerse un "Gran Israel", esta realidad nos deja sin margen para los negocios. La historia, la geografía, la religión y la política nos privan de la oportunidad de ser espectadores. Estamos en el corazón mismo de los acontecimientos y tenemos un papel que desempeñar.

PRESENTADOR :  ¿Cómo cambiaría el panorama geopolítico si Europa decidiera participar directamente en los bombardeos? Por ejemplo, una emisora ​​de radio israelí informó que Alemania está negociando una participación directa con Estados Unidos. En otras palabras, podrían lanzar ataques independientes, sin limitarse ya al suministro de armas. ¿Cómo cambiaría el panorama en ese caso?

 

ALEXANDER DUGIN : Hacia aquí se dirige todo. Los problemas entre Trump y la Unión Europea se han resuelto o dejado de lado, porque Trump, en esencia, ha virado hacia políticas totalmente alineadas con los intereses de los globalistas y neoconservadores. Anteriormente, el conflicto de Trump con Europa estaba impulsado por el movimiento MAGA (Hacer Grande Nueva York), su rechazo al globalismo y el "Estado profundo". Pero si Trump ahora se acerca a estas estructuras, sus diferencias con Europa se relativizan, pasando a un segundo plano. Por supuesto, Occidente debe verse como un todo único: el Occidente colectivo. Hemos regresado, en efecto, al estado pre-Trump: ese momento histórico en el que se proclamaron ideas y planes diferentes para Estados Unidos, lamentablemente, ha quedado atrás. Ahora lidiamos menos con Trump que con el mismo "Estado profundo" que respaldaba a Nuland, Blinken y Kamala Harris: son, en esencia, las mismas fuerzas.

En consecuencia, todas las contradicciones entre EE. UU. y la UE se nivelan ante la oposición radical a fuerzas que son oponentes ideológicos y geopolíticos del Occidente colectivo, principalmente, partidarios de un mundo multipolar, que nos incluye a nosotros y a China.

En cuanto a su pregunta sobre nuestra participación directa: dejemos que el presidente decida. Personalmente, creo que la participación es esencial. Cuanto más proactivos, audaces y decisivos seamos en todos los aspectos, mejor. De lo contrario, cualquier otra acción se percibirá como debilidad, y la debilidad es una provocación directa, un llamado a que nos hagan lo mismo que hicieron con los líderes iraníes. Después de todo, nuestro presidente se reunió con Rahbar Khamenei, y antes de eso, con el presidente Raisi y con otros líderes políticos, así como con Maduro.

 

PRESENTADOR :  Desarrollando este tema: ¿deberíamos actuar solos o en coalición con China? ¿Cuál es nuestra estrategia?

 

ALEXANDER DUGIN : Por supuesto, es mejor actuar en coalición con China. Pero China esperará el momento oportuno. Mire: si, Dios no lo quiera, Irán cae, una confrontación directa con nosotros será inevitable a continuación, y luego con China, porque es ahí donde tienen en la mira. Cualquiera que piense que puede mantenerse al margen —nosotros, China, e incluso Irán, que no entró en la guerra después de que las Fuerzas de Defensa de Israel lanzaran su operación terrestre contra Gaza (su Hezbolá esperaba algo, esperando a que todos fueran destruidos)— comete un error. Cuanto más esperemos, más tarde entraremos en un conflicto a gran escala con Occidente en su conjunto, mayores serán sus posibilidades de derrotarnos uno a uno.

Nos han engañado de nuevo —Lavrov habló de esto—: Israel transmitió información de que planeaba atacar a Irán. Nos están engañando una y otra vez: «Manténganse al margen por ahora, no se unan bajo ninguna circunstancia», y, al final, no quedará nadie que nos apoye. Por lo tanto, estoy convencido: debemos responder con la mayor dureza posible, en todos los frentes. No tenemos que entrar necesariamente de inmediato en este conflicto específico, pero debemos enfrentarnos a nuestros adversarios directos —el régimen nazi de Kiev— con la máxima decisión. De eso no hay duda. Y debemos hacerlo de una manera que no deje a nadie con ilusiones: los rusos, si quieren, pueden. Y si no pueden, nos irá muy mal.

Nuestra respuesta debe ser similar y lo más contundente posible. Idealmente, en coalición. Pero si no, en solitario. Si actuamos ahora, ya no estaremos solos. Y si esperamos, estaremos solos. O China esperará y estará sola. Debemos detener el mal, detener la civilización de Baal. Esta es nuestra misión sagrada.

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