sábado, 15 de septiembre de 2018

Jornadas John William Cooke en la Universidad de General Sarmiento




¿Enfrentar la guerra de quinta generación con arcos y flechas?


Aram Aharonian

Alrededor del mundo, una inmensa gama de organismos gubernamentales y partidos políticos están explotando las plataformas y redes sociales para difundir desinformación y noticias basura, ejercer la censura y el control y socavar la confianza en la ciencia, los medios de comunicación y las instituciones públicas.
El consumo de noticias es cada vez más digital, y la inteligencia artificial, el análisis de la big data (que permite a la información interpretarse a sí misma y adelantarse a nuestras intenciones) y los algoritmos de la "caja negra" son utilizados para poner a prueba la verdad y la confianza, las piedras angulares de la llamada sociedad democrática occidental.
Son muy pocos los dueños de la infraestructura que permite el uso de internet en todo el mundo, y también los servicios que sobre ella se brindan. La propiedad de los cables de fibra subacuáticos, las empresas que se alojan y controlan el NAP de las Américas, los grandes centros de datos como Google, Facebook, Amazon o los llamados “servicios en la nube” como Google Drive, Amazon, Apple Store, OneDrive, veremos que son corporaciones trasnacionales, en su mayoría con capitales estadounidenses.
Hoy, de las seis principales firmas que cotizan en bolsa, cinco de ellas son del rubro de las TIC: Apple, Google, Microsoft, Amazon y Facebook.

CAMPO POPULAR: AGGIORNAR LA LUCHA
Es que el mundo cambia constantemente, muchas veces al ritmo de la tecnología y pareciera que a la izquierda, a los movimientos y medios populares de comunicación, nos empujan a pelear en campos de batalla equivocados o ya perimidos, enarbolando consignas que no tienen correlato con este mundo nuevo.
Mientras, las corporaciones mediáticas hegemónicas desarrollan sus estrategias, tácticas y ofensivas en nuevos campos de batalla donde se pelea con nuevas armas, donde la realidad no importa, en lo que quizá ya ni se trata de la guerra de cuarta generación, la que ataca a la percepción y sentimientos y no al raciocinio, sino a una guerra de quinta generación, donde los ataques son masivos e inmediatos por parte de megaempresas trasnacionales, que venden sus “productos” (como el espionaje) a los Estados.
Hoy debiéramos estar más atentos a la integración vertical de los proveedores de los servicios de comunicación con compañía que producen contenidos, la llegada de los contenidos directamente a los dispositivos móviles, a la trasnacionalización de la comunicación, convirtiendo a la información en campañas de terrorismo mediático… mientras apenas denunciamos lo fácil que está siendo convertir a la democracia en una dictadura manejada por las grandes corporaciones
Debiéramos estar atentos a los temas de vigilancia, manipulación, transparencia y gobernanza de internet, al video como formato a reinar en los próximos años, estar atentos al hecho de que los mismos televisores se van convirtiendo en una pantalla más a donde llegan los contenidos manipulados por las grandes corporaciones.
Pero desde el campo popular seguimos reclamando la democratización de la comunicación y la información, creyendo que una distribución equitativa de las frecuencias de radio y televisión entre los sectores público, comercial y popular puede significar el fin de la concentración mediática. Estamos peleando guerras que ya no existen, cuando el campo de batalla está en Internet, en el big data, en los algoritmos, en la inteligencia artificial.

Cansa la insistencia discursiva anclada en el pasado y con una agenda diseñada en países centrales, que no incluyen nuestras realidades. Se insiste en una necesaria renovación de la izquierda, en la necesaria búsqueda de nuevos caminos -en las catarsis colectivas de seminarios, foros, reuniones, conciliábulos, escritos-, pero no se buscan soluciones específicas al aislamiento y endogamia de nuestros sitios populares, alternativos a los mensajes hegemónicos, comunitarios, populares.
Estos temas no están en la agenda de los movimientos, de los partidos ni de los gobiernos (incluso los progresistas), más preocupados por seguir con la satanización de las nuevas tecnologías, por la denunciología, que en definir estrategias y líneas de acción. Hoy los gobiernos de la restauración conservadora disparan contra Unasur, que en su momento de auge no pudo concretar un canal propio de fibra óptica, que al menos le hiciera cosquillas al control de las megacorporaciones.
Hoy, el escenario digital puede convertirse en una vía para la reconexión del progresismo con sus bases, y en particular con los jóvenes, que es como decir con el futuro. Pero, no se ha avanzado en una agenda comunicacional común, pero tampoco en temas estratégicos para el futuro de la soberanía tecnológica, como la gobernanza de Internet, el copyright, la innovación, el desarrollo de nuestras industrias culturales.
Se habla de nuevos caminos, pero pocos parecen dispuestos a transitarlos, porque seguramente afectan su identidad, su memoria y su vida. Se insiste en denunciar la desinformación, la información basura, el terrorismo mediático (tenemos doctorados en denunciología y lloriqueo), pero no nos preparamos para aprender a usar las nuevas herramientas, las nuevas armas de una guerra cultural ciberespacial. Quizá el problema no sea formular, sino tener oídos dispuestos a intentar, dice el humanista Javier Tolcachier.
Cada sitio de medios y/u organizaciones sociales dirige sus mensajes a una masa crítica acotada, a los que ya están convencidos de su mensaje, en una gimnasia endogámica, sin definir una agenda propia, latinoamericanista, en defensa de los derechos humanos y de los trabajadores, una línea editorial que los pueda unificar y entonces entrar con fuerza en la guerra cultural, en la batalla de las ideas.
Sus lenguajes –y hablamos sobre la generalidad y por eso es de destacar los esfuerzos del mediactivismo de Fora de Eixo, Facción o Emergentes, por ejemplo- no se adecúan al momento histórico, cultural ni tecnológico. Están anclados en la denunciología, sin visibilizar las luchas, los anhelos, de los pueblos o sociedades que dicen representar.

EL INFORME DE OXFORD
Un informe de Samantha Bradshaw y Philip Howard, investigadores de la Universidad de Oxford (Challenging Truth and Trust: A Global Inventory of Organized Social Media Manipulation), confirma que la manipulación de la opinión pública sobre las plataformas de medios sociales se ha convertido en una amenaza a la vida pública.
En 2017, el primer inventario de las tropas de ocupación cibernéticas globales realizado por estos investigadores arrojaron luz sobre la organización mundial de la manipulación de los medios de comunicación social por gobiernos y actores de partidos políticos. Este año revela las nuevas tendencias de manipulación organizada de los medios, y sus cada vez más crecientes capacidades, estrategias y recursos en las que se apoya este fenómeno, con evidencias de campañas de la manipulación organizada de los medios en 48 países, 20 más que el año anterior.
En cada país se constató que al menos un partido político o agencia gubernamental usaba los medios de comunicación social para manipular a la opinión pública nacional, en países donde los partidos políticos diseminan desinformación durante las elecciones, o donde la institucionalidad se siente amenazada por noticias basura e injerencia extranjera en los asuntos internos, y desarrollan sus propias campañas de propaganda cibernética.
En una quinta parte de estos 48 países, sobre todo en los del sur global, se hallaron pruebas de campañas de desinformación operando sobre las aplicaciones de chat como WhatsApp, Telegram y WeChat. La manipulación de las redes es un gran negocio, donde gobiernos, fundaciones, ONG y partidos políticos han gastado más de 500 millones de dólares en investigaciones, desarrollo e implementación de operaciones psicológicas y manipulación de la opinión pública a través de internet.
En algunos países esto incluye “esfuerzos para contener al extremismo”, pero en la mayoría de los países esto implica la propagación de noticias basura y desinformación durante las elecciones, las crisis militares y complejos desastres humanitarios.

LA GUERRA DE QUINTA GENERACIÓN
Si la guerra de primera generación se basa en movilizar la mano de obra, la segunda en el poder de fuego y la tercera en la libertad de maniobra, los paradigmas cambian sustancialmente en la de cuarta generación, donde tanto los recursos empleados como los objetivos e intereses a alcanzar engloban tanto al interés público como privado (intereses de corporaciones). La idea principal es que el Estado ha perdido su monopolio de la guerra, y a nivel táctico incluye desde el aspecto armamentista al psicológico,
Dada la enorme superioridad tecnológica alcanzada durante la etapa anterior frente a esta asimetría de fuerzas entre contendientes, solo es concebible el uso de fuerzas irregulares ocultas que ataquen sorpresivamente al enemigo, tratando de provocar su derrota al desestabilizar a su rival, con el uso de tácticas no convencionales de combate.
En la guerra de quinta generación (también denominada guerra sin límites), introducida desde el 2009 como concepto estratégico operacional en las intervenciones EEUU-OTAN, no interesa ganar o perder, sino demoler la fuerza intelectual del enemigo, obligándolo a buscar un compromiso, valiéndose de cualquier medio, incluso sin uso de las armas. Se trata de una manipulación directa del ser humano a través de su parte neurológica (ondas biaurales y componentes de cristales de magnetita del cerebro y los métodos sobre sus posibles manipulaciones).
Y los medios masivos y las redes sociales son parte integral del esquema de esta guerra, para generar desestabilización en la población a través de operaciones de carácter psicológico prolongado; se busca afectar la psiquis colectiva, afectar la racionalidad y la emocionalidad, además de contribuir al desgaste político y a la capacidad de resistencia.
Y se cuenta con mecanismos científicos de control total a través de no solo la manipulación de medio masivos de comunicación e información concentrados, sino también de sistemas financieros como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, miles de fundaciones y organizaciones no gubernamentales,
Zbigniew Brzezinski, ex secretario de Estado estadounidense, afirmaba que la clave estaba en el ataque al recurso emocional de un país por medio de la revolución tecnológica, La táctica para mantener la desintegración política en la sociedad consiste en crear complejos de inferioridad y en convertirse en referencia externa en todos los ámbitos, evitando que los proyectos y modelos colectivos o alternativos se consoliden en su identidad, pues la referencia será algo distinto a sí mismos; el mundo desarrollado y su modelo prevaleciente.
Los medios de difusión masiva se encargan de condicionar las mentes en las naciones subdesarrolladas, puesto que “el Tercer Mundo enfrenta, ahora, el espectro de las aspiraciones insaciables”, según escribía Brzezinski hace ya 44 años.

REDES SOCIALES, AISLACIONISTAS
Las redes sociales son un conjunto de plataformas digitales de esparcimiento e interacción social entre sus diversos usuarios, ya sean personas, grupos sociales o empresas, que permiten el envío de mensajes, la comunicación en tiempo real y la difusión de contenido de distintos modos, entre los usuarios que se encuentren conectados entre sí, es decir, que sean “amigos” o “seguidores”.
La aparición masiva de las redes sociales, dice la experta británico-ecuatoriana Sally Burch, han revolucionado nuestras sociedades, pero también han causado preocupación porque al no estar reguladas son aprovechadas para la desinformación, la imposición de imaginarios colectivos con la difusión de información falsa, creando realidades virtuales lejanas a las realidades reales, la apropiación de datos personales para fines comerciales y/o de manipulación política e, incluso, para conculcar la intimidad de los ciudadanos, invadiendo sus espacios de trabajo, educación, ocio e incluso de socialización.
Las redes sociales tienen acceso y manipulan los datos de sus usuarios (direcciones de correos, números telefónicos, aficiones, gustos, amigos), gentilmente proporcionados por ellos mismos a través de la construcción de sus propios perfiles. Su atractivo principal es la masividad: el mismo mensaje, información –o la misma publicidad tácita o encubierta- puede ser enviado a millones de personas a la vez, a través de las distintas plataformas (computadoras, tablets, celulares).
Operan en base a algoritmos que organizan la información para mostrarnos más de aquello que nos guste y menos de lo que no. Cuando validamos un comentario, una publicidad o una noticia, retroalimentamos el sistema para que se adapte aún más a nuestros gustos puntuales. Ya que los algoritmos privilegian el contenido semejante al que hemos elegido (con un “me gusta”), restringiendo las oportunidades de recibir información real, no filtrada, donde el usuario solo accede a opiniones semejantes a las suyas (un efecto antidemocrático, sin duda), agrega Burch.
Por ejemplo, un algoritmo usado por Facebook se basa en la afinidad (cantidad de veces que unos se conecta con otro, publicando en sus muros, validando –me gusta- sus contenidos. Su peso es la cantidad de interacciones que tiene una publicación y el tiempo hace que la información decaiga en interés y baje en la cola de la información.
Las desventajas de las redes sociales apuntan a la ruptura con la presencia de los otros, instándonos a dejar de socializar en persona, en la construcción de sociedades ciberdependientes, nichos donde no tiene cabida el pensamiento contrario, la otredad.

¿EL FIN DE LA TRANSPARENCIA?
La consultora británica Cambridge Analytica (CA), la que protagonizó el escándalo por el uso de 87 millones de datos de usuarios de Facebook, si bien anunció el cese de todas sus operaciones, simplemente cambió de piel y seguirá sus manipulaciones, amenazando la transparencia de las elecciones en varios países, entre ellos Argentina, Colombia y México.
La compañía británica culpó de su quiebra a las denuncias de manipulación política que inundaron los medios internacionales en los últimos, pero lo cierto (y que no dice) es que sus principales activos ya trabajan en una empresa con fines similares llamada Emerdata Limited, en cuyo consejo de administración aparecen una serie de nombres directamente vinculados con CA, según destapó en marzo Business Insider.
Alexander Taylor fue nombrado director de Emerdata el 28 de marzo en sustitución del dimitido Alexander Nix, quien reconoció que trabajó en elecciones en países de todos los continentes, incluyendo Estados Unidos, Reino Unido, Argentina, Nigeria, Kenia y República Checa, y debió alejarse a raíz de un vídeo grabado por la televisión británica con cámara oculta donde hizo toda clase de comentarios inapropiados como ofrecer grandes cantidades de dinero a un candidato y amenazarle con publicarlo, para intentar extorsionarlo.
Según Business Insider, entre los responsables de Emerdata aparece Johnson Chun Shun Ko, un ejecutivo chino de Frontier Services Group, la firma militar presidida por el prominente partidario de Trump, Erik Prince, fundador de la contratista militar estadounidense Blackwater y “casualmente” hermano de la secretaria de Educación de Estados Unidos, Betsy DeVos, pilar de la internacional capitalista Red Atlas.
El Observatorio en Comunicación y Democracia señala que recién cuando el escándalo tomó dimensión global, Facebook -.el principal agente empresarial involucrado en los cambios de tendencia en las urnas británicas (referendo por el Brexit) y estadounidenses (elección de Donald Trump) en 2016- reconoció que la consultora británica había accedido (¿o comprado?) a la información personal de al menos 87 millones de usuarios y la había utilizado para crear perfiles de votantes.
Facebook gestiona más de 300 millones de gigabytes en información personal de sus usuarios, un arsenal de perfiles que le permite disponer de una de las plataformas on line más importante del mundo, indispensable para beneficiarse de modelos de negocio que amplían consumidores y diversifican mercados al calor del incremento productivo de los robots y la automatización industrial.

COLOFÓN
Todo esto acontece apenas dos decenios después de que Sergey Brin y Larry Page registraran el dominio google.com y once de que Steve Jobs presentara en sociedad, en San Francisco, el primer iPhone. Mientras, Facebook sigue creando perfiles de usuarios y los algoritmos que usara Cambridge Analytica siguen a disposición de quien los quiera (o pueda) pagar.
Difícil que un país sólo tenga capacidad de desarrollar los niveles necesarios de respuesta para mantener y/o recuperar la soberanía en algunas áreas, y por eso es imprescindible la suma de voluntades –gobiernos, academia, movimientos sociales- para sumar fuerza de negociación en temas básicos como inteligencia artificial y el big data. No hay otra salida: debemos apropiarnos del big data para poder pensar en herramientas liberadoras.
La única forma de luchar en esta guerra de quinta generación es poniéndose al día en lo que respecta a la inteligencia artificial, es en la posibilidad de montar nuevas plataformas que evadan los filtros de las grandes corporaciones, es en la necesidad de adueñarse de las armas, las herramientas para poder pelear en esta guerra cultural, de generar agendas propias de acuerdo a los intereses de nuestros pueblos.

ARAM AHARONIAN: Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la )

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Las Universidades Públicas son instituciones fundamentales para la movilidad e integración social y el desarrollo nacional




Hoy los rectores de Universidades Públicas abajo firmantes y la Confederación General del Trabajo (CGT) nos unimos para expresar nuestra preocupación frente a la actual realidad política, económica y social y defender, juntos, a la Universidad pública y gratuita, así como también los derechos de todos/as los/as trabajadores/as.
Las Universidades Nacionales están atravesando serias dificultades económicas y presupuestarias
debido a múltiples razones que pueden sintetizarse en el ajuste presupuestario, en el incumplimiento y los retrasos en los giros de los ya exiguos presupuestos y el deterioro de los salarios e ingresos de docentes y no docentes, impidiendo el normal funcionamiento de las universidades.
Las dificultades se agravan en medio de una crisis económica que se expresa de un modo contundente en la microeconomía con los aumentos de tarifas de los servicios públicos, la falta de
infraestructura adecuada de transporte, los efectos de la inflación creciente sobre los salarios de los trabajadores, los precios de los insumos y los servicios.
Las restricciones a los presupuestos de obra pública en las universidades deterioran notablemente
la infraestructura edilicia y repercute negativamente sobre la calidad educativa.
Esta delicada situación atenta contra el normal funcionamiento de nuestras instituciones y pone en peligro la continuación de las actividades de docencia, investigación y extensión, afectando así el derecho a la educación de toda la población.
La comunidad universitaria ha realizado un gran número de reclamos al respecto al Ministerio
de Educación de la Nación, incluyendo movilizaciones y acciones gremiales.
Los rectores abajo firmantes y la Confederación General del Trabajo (CGT) consideramos que las Universidades Nacionales constituyen una herramienta fundamental en la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.
El carácter público y no arancelado de las Universidades, permite que millones de trabajadores/as e hijos/as de trabajadores/as accedan a la educación superior que les es negada mediante innumerables barreras económicas en otros países de la región y el mundo.
El sistema universitario público argentino se caracteriza por su calidad y su firme compromiso
con la movilidad social ascendente y la democratización del conocimiento.
La creación de la Universidad Obrera Nacional, de la cual se están cumpliendo setenta años, es una muestra más de la férrea unión que existe entre la clase trabajadora y el sistema universitario en nuestro país.
Por estas razones entendemos que para contribuir a la igualdad de oportunidades y a la equidad social, se deben continuar y profundizar los programas de apoyo y de fomento del ingreso y permanencia de los/as trabajadores/as y sus hijos/as en las aulas. Para lo cual creemos necesario
avanzar en una actualización de los montos de los distintos tipos de becas existentes.
Además, consideramos que para trabajar en pos de una sociedad más justa e igualitaria es preciso apoyar el fortalecimiento de las Universidades, para lo cual solicitamos que se protejan los derechos laborales de sus trabajadores/as mediante la formulación de acuerdos de efectivo cumplimiento, tendientes a garantizar la recomposición salarial frente a la creciente inflación, que como mínimo aseguren que no continúe cayendo el poder adquisitivo de sus salarios.
Asimismo, creemos fundamental para el correcto funcionamiento educativo, que el Gobierno Nacional garantice las partidas presupuestarias para el ejercicio pleno de todos los derechos incluidos en los Convenios Colectivos de Trabajo del sector docente (Decreto 1246/2015) y no docente (Decreto 366/06).
Las Universidades argentinas son instituciones de gran prestigio en nuestra sociedad y constituyen una pieza fundamental para el desarrollo local, regional y nacional de nuestro país. En cada localidad en la cual están insertas, producen una sinergia fundamental con el conjunto de actores responsables de la producción, el trabajo y los agentes sociales y cooperativos. Su rol indelegable en la formación de trabajadores/as profesionales, técnicos/as y científicos/as resulta estratégico ya que contribuye a elevar las cadenas de valor y a desarrollar la industria.
Las Universidades son, además, ámbitos fundamentales en la formación, promoción y divulgación de las artes, el deporte y de las diversas manifestaciones culturales que forjan la identidad nacional, multiétnica, popular, federal y democrática de la República Argentina.
Seguiremos bregando para que la clase dirigente se persuada definitivamente de la importancia que supone mantener en el tiempo las políticas educativas de Estado, dejando en un segundo plano las diferencias de perspectivas de partidos, ideologías o credos, propias de cada Gobierno.

Abrazamos la declaración de la “III Conferencia Regional de Educación Superior (CRES) para América Latina y el Caribe”, que a 100 años de la Reforma de 1918 declaró que “el acceso, el uso y la democratización del conocimiento es un bien social, colectivo y estratégico, esencial para poder garantizar los derechos humanos básicos e imprescindibles para el buen vivir de nuestros pueblos, la construcción de una ciudadanía plena, la emancipación social y la integración regional solidaria latinoamericana y caribeña”, a la espera de que se normalicen las situaciones arriba descriptas.



Presentación del libro "Volver a las fuentes"


sábado, 8 de septiembre de 2018

Libro "Volver a las Fuentes" de Juan Godoy


Comentario de ICIAR RECALDE


“Duele sentirse chiquito/ en la propia tierra de uno / empujao como vacuno/ a consumir lo importao/ viviendo de lo emprestao / desorejado y reyuno / andando por los caminos / que anduvieron mis hermanos / uno se entierra en el guano / hasta más allá del tilo / desorientado y cansino / anda el corazón del criollo (…) si uno piensa en argentino / sin otra intención que serlo / creen que es bicho del infierno / o tiene olor a zorrino.” (“Cuando la vida me nombra”, José Larralde)

Es cosa del futuro esto de volver a las fuentes. Porque lo que los argentinos afrontamos en la actualidad se trata de un proceso de regeneración y de reconquista, de un nuevo ascenso desde la involución en la que nos hemos precipitado desde el año 1976 a esta parte, cuando hemos sido contemporáneos de una brutal transformación de la cultura y de nuestras costumbres comandada por la idea de que todo lo nuevo venido de las usinas de producción cultural del extranjero por el solo hecho de serlo es mejor, que lo anterior es repudiable y si brota de las entrañas del país, mucho más. De la primacía de la idea de ruptura frente a la continuidad, montada en la ilusión de empezar todo de nuevo cortando las raíces que, manda el esnobismo colonial, supuestamente nos “condicionan.” Y la vida en comunidad es siempre novedad en la continuidad. La interrupción desemboca, lisa y llanamente, en frustración y muerte. Dice el poeta que cuando muere despacito la tradición nacional: “duele como una espina /que se hunde hasta el infinito /cada tranco es un cachito /que se le da al extranjero /cada entrega es un agujero /que se le hace a la bandera /y el aire es una tapera /con gusto a nada sincero.”
Y así lo escribe el puño enérgico de Godoy a través de una paciente indagación de las fuentes desde las cuales brota la conciencia nacional revelando un principio activo donde se enuncia y manifiesta la Argentina, no como invento ni elucubración intelectual sino como análisis profundo de su esencia y realidad, porque allí en sus entrañas lee el autor los lineamientos de una epistemología de la periferia que va a sustentar una visión trascendente de la Patria. El pensamiento nacional, revela, defiende la existencia soberana del país,  exalta la fe en las capacidades colectivas de nuestro pueblo, ligazón indisoluble de creencia y sacrificio que empujan durante siglos por el país pendiente. Libro apasionado y valiente: pone nombre a las claudicaciones y los silenciamientos, invita de la mano de los maestros del pensar en nacional a vislumbrar las causas ignoradas de nuestros males, demuele falsas idolatrías mitromarxistas montadas por la feria de vanidades de generaciones intelectuales al servicio del neocolonialismo que todo lo corrompe y destruye. Se anima a dibujar el rostro vasallo, la verdad desencarnada de un país subyugado por el extranjero y sus socios locales, y fundamentalmente, alza la voz de la esperanza para recobrar, sobre aplazamientos y dolores, el itinerario profético de una Argentina rescatada por y para los argentinos.

El sueño de la razón del colonialismo cultural individualista y materialista viene dando siglos de frutos amargos. Para entender de lo que se trata vasta recorrer las páginas de este libro, brújula para dar cauce a un proceso que requiere de cuadros políticos y sociales que permitan reestablecer la comunidad que ordena, contiene y potencia en medio de la anomia reinante en la que vivimos producto de la desarticulación y la fragmentación de la comunidad nacional. De la estafa, el saqueo y la entrega de argentinos sin alma al pirata extranjero. Y Godoy advierte sin medias tintas: no hay Patria posible sin independencia económica, sin soberanía política y sin justicia social. Y en ese orden de factores, que de trocarse siempre alteran el producto, sea con ropajes demoliberales o desarrollistas. Y dice más: tampoco hay Patria posible sin recuperar nuestra conciencia histórica y sobradas muestras tenemos de que no reconocer la identidad del pueblo argentino ligado al destino de Nuestra América es desgracia para quienes quieran conducirlo con buenas intenciones y es condición indispensable para quienes se disponen a traicionarlo. Nos une a todas las naciones iberoamericanas una cultura profunda de raíz cristiana y humanista: formas diversas, esencias comunes. Los intentos de desviar esta cultura hacia una expresión materialista y eurocéntrica han fracasado. El desprecio por nuestra cultura permitió substituir valores comunitarios y emancipadores por antivalores demoliberales que son los que hoy nos explotan en las manos en las cifras de desnutrición y hambre, desempleo, endeudamiento, extranjerización del patrimonio nacional, reprimarización de la economía a la par de la desvinculación de gran parte de la variopinta dirigencia de un pueblo que quedó a la deriva. A secas: caldo de cultivo para que el poder real, el imperialismo transnacional financiero, hiciera y deshiciera a su antojo en nuestro suelo sin quedar expuesto.
Pero como siempre la esperanza se refugia en el corazón popular y hay que decirlo: en medio del dolor inmerecido, el pueblo argentino espera volver a ser convocado, aguarda otra vez hombres justos paridos de sus propias entrañas que sientan en su misma sintonía, que encontraremos en la humildad con que se ofrecen estos “apuntes”, un espejo donde mirarnos y reconocernos en nuestras posibilidades colectivas y en la convocatoria a volver a las fuentes de la nacionalidad donde esperan por nosotros cientos de patriotas con nuestra misma fe en procura de encontrar su cauce definitivo. Y seguramente no faltarán los lenguaraces coloniales que señalen que la propuesta de Godoy atrasa. Es claro que no puede hacerse un análisis de nuestros clásicos si no los ponemos en su contexto histórico, pero es más claro aún que lo esencial de sus planteos y realizaciones sigue vigente, está en el futuro. Significa responsabilidad de servicio y entrega para la forja de la definitiva independencia de la Argentina. Y, por último, valen para este libro los versos que siguen: “y si a veces digo cosas que abren llagas/que me escupan si no estoy haciendo patria.”

Encuentro de predicadores peronistas