martes, 1 de junio de 2010

Ciencia y universidad durante el primer peronismo*
por: ahoraeducacion, 2 Noviembre, 2009

En el marco de la presentación de un nuevo número de su publicación La Ménsula, el Programa de Historia de la Facultad, organizó un encuentro para debatir un tema siempre polémico: ciencia y universidad durante el primer peronismo.
Con el aula de Seminario del Departamento de Física colmada, el Programa de Historia de la Facultad presentó el número 9 de La Ménsula con una charla sobre una cuestión que invariablemente provoca enconadas discusiones: ciencia y universidad durante el peronismo.
Una semana antes de la charla, la sola difusión de la temática propuesta por La Ménsula desató apasionadas controversias. “Uno de los autores más destacados de la literatura idish, Sholem Aleijem, tiene un personaje, Tevie, quien describe la vida en Anatevka, una pequeña aldea rusa de principios de siglo XX. Tevie, el lechero, va presentando personajes y costumbres hasta llegar al mercado del pueblo. Todo trascurre apaciblemente hasta que Tevie desliza en voz baja un comentario y de inmediato la calma se derrumba y todos empiezan a discutir con todos. La historia viene a cuento porque el Programa de Historia me recuerda a Tevie; dijimos por lo bajo ‘peronismo’ y estalló la polémica”, comentó Carlos Borches al abrir el encuentro.
Borches, quien junto a Eduardo Díaz de Guijarro son los responsables de La Ménsula, estaba acompañado por Beatriz Baña, del Programa de Historia, y por Diego Hurtado, físico y especialista en historia de la ciencia.
En la introducción, Borches contó cómo los temas desarrollados en La Ménsula eran discutidos y consensuados por los miembros del Programa, “los autores son los responsables finales de lo que escriben y por lo tanto tienen la última palabra sobre sus textos, pero previamente deben defender sus argumentos en los encuentros que realiza el Programa, donde les aseguro que las discusiones son intensas, pero muy constructivas”
Los participantes de la mesa coincidieron en el asombro que les despertó tomar contacto con documentos de la época peronista. “Yo ingresé a la Facultad de Ciencias Exactas en 1965 y siempre escuché que durante el peronismo todo había sido un desastre y que los profesores eran un conjunto de mediocres que estaban allí por apoyar al gobierno. Pero cuando comencé a estudiar las actas del Consejo Directivo de la Facultad descubrí otra cosa”, apuntó Baña.
Borches dejó en claro que “nadie pretende decir que durante el peronismo la universidad fue un paraíso. Ni mucho menos restarle valor a todo lo hecho durante la etapa 1955-1966, cuando la Facultad y la Universidad adquirieron muchos de los rasgos que hoy nos enorgullecen. La idea es mostrar una realidad más compleja que el relato con fuertes características míticas que habitualmente circuló en los ámbitos académicos”.
Baña se refirió a los profesores “Flor de Ceibo”, denominación utilizada por elantiperonismo para referirse a los profesores del período peronista. “Revisando las actas del Consejo, vi que había muchos profesores de renombre que incluso ocuparon cargos políticos en la Facultad, como los matemáticos Rey Pastor y Albert González Domínguez, el físico Ernesto Galloni o los químicos Alfredo Sordelli y Venancio Deulofeu. Muchas veces había escuchado que Deulofeu había sido echado por el peronismo, pero encontré que integró el Consejo e incluso llegó a ser vicedecano de la Facultad”.
Como señaló Baña, “hay manejos poco claros por los cuales se jubilan a algunos profesores de mérito y a otros no, pero el interrogante es en qué medida fueron producto de presiones del gobierno nacional y en qué medida fruto de las internas de la propia universidad”.
Al respecto, Diego Hurtado puntualiza “parece claro que sobre el grupo de Bernardo Houssay, Leloir, Braun Menéndez, hubo presiones probablemente generadas desde el mismo gobierno. Pero otros grupos, como el caso de los físicos atómicos, acompañaron críticamente las iniciativas del Ejecutivo. Esto permitió el surgimiento de la CNEA”.
Al mirar con cuidado el mapa de las universidades aparecen notables diferencias. Sobre la UBA reinaba un clima de malestar que acompañó las tensiones políticas y se agravó con el correr de la década del 50 hasta llegar a los momentos de mayor tensión en 1954, cuando fueron encarcelados un grupo de estudiantes opositores. Pero otras universidades, como Cuyo o Tucumán, contaron con un clima de mayor tranquilidad y apoyo financiero que permitió el establecimiento de grupos de investigación. Incluso aparecen migraciones internas, como la del grupo de matemáticos de la UBA que abandonan la Facultad de Ciencias Exactas cansados del clima político que vivían en la universidad porteña y son incorporados con cargos de dedicación exclusiva en la Universidad de Cuyo por el rector Irineo Cruz.
La existencia de cargos con dedicación exclusiva mereció un comentario de parte de Baña. “En las actas aparecen las discusiones sobre la creación de los primeros cargos full time, que ponen en evidencia que entre los profesores no había acuerdo sobre si la universidad debía hacer investigación o no. Recordemos que hasta 1952, las actuales Facultades de Ciencias Exactas y Naturales y de Ingeniería formaban parte de la misma facultad, llamada de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Es muy probable que esas discusiones estuvieran reflejando las tendencias profesionalistas y academicistas que convivían en la misma Facultad”.
“Por distintas razones, en aquel momento la investigación, por lo menos en Buenos Aires, se concentró fuera de la Universidad. Los cargos de investigación, la estructura edilicia, los quipos de laboratorios en Buenos Aires tuvieron lugar en el ámbito de organismos dependientes directamente del Estado nacional”, comentó Hurtado. En la misma dirección, Baña añadió “la UBA y Exactas en particular, no superaron problemas presupuestarios que trabaron cualquier iniciativa. La política de ingreso irrestricto produjo una explosión en la matrícula que incluso llegó a provocar la suspensión de clases porque no había dónde ubicar a los alumnos”.
En Exactas de la UBA, los cargos de dedicación exclusiva se masificaron con la política llevada a cabo por Rolando García, decano de la Facultad desde 1958 hasta la Noche de los Bastones Largos en 1966, quien también inició la construcción de Ciudad Universitaria, cuyos pabellones fueron inaugurados en 1960 (Pabellón I) y 1971 (Pabellón II). En tiempos del peronismo, se construyó el actual edificio de la Facultad de Derecho y se planificó un edificio para Exactas que no llegó a construirse.
La organización de la ciencia
“Suele decirse que el CONICET fue creado en 1958 por Arturo Frondizi, pero esta afirmación encierra una doble trampa: el acta fundacional del CONICET está firmada nada menos que por el General Pedro Aramburu y el Almirante Rojas, pero además se oculta que hubouna estructura previa al CONICET creada en tiempos del peronismo que fue borrada de la historia. Algo similar ocurre con el INTI y el INTA, instituciones herederas de creaciones peronistas que después del golpe de Estado les cambiaron de nombre”.
Para Hurtado, no hay dudas de que el peronismo tenía una clara política científica moderna que fue borrada después del golpe de estado de 1955 donde se impuso otro modelo que el historiador explica, “son dos modelos donde la gran diferencia radica en la relación entre la comunidad científica y el Estado, y lo que cada una de las partes espera de la otra”.
“Durante la década de 1930, Bernardo Houssay organizó la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, una entidad conocida por fomentar el desarrollo de la ciencia mediante becas para formar graduados en el exterior y reinsertarlos en nuestro medio, pero también era una usina de ideas. Entre sus objetivos estaba la necesidad de que la clase política, las fuerzas productivas y el público en general valoraran y apoyaran el desarrollo de la ciencia”, señala Hurtado. Y agrega, “fue un plan acabado e impulsado por Houssay. En esta etapa ya podemos decir que estamos frente a una comunidad científica, entendida como conjunto de personas que comparten una actividad y elaboran un proyecto común”.
La labor de la Asociación no tuvo detractores pero tampoco contó con un gran apoyo estatal. El modelo económico imperante seguía siendo el agroexportador, más allá del agotamiento evidenciado por la crisis del 30. Los efectos de la Segunda Guerra Mundial cambiaron radicalmente el panorama y el peronismo sería el interprete de los nuevos tiempos donde la ciencia y a tecnología pasaron a ocupar un lugar central en el desarrollo económico y una herramienta estratégica en las cuestiones de defensa nacional.
“El peronismo tuvo un encontronazo inicial con Houssay y su grupo, a quienes les aplicó la ley de jubilaciones y torpemente los separó de la universidad. Y volvió a actuar en forma poco inteligente al restarle mérito al científico cuando recibió el Premio Nobel, aduciendo que el premio tenía intencionalidades políticas”, explica Hurtado. Pero estos episodios ocultan aspectos más profundos en la relación entre el gobierno peronista y el grupo Houssay. Así lo señala Hurtado, “Houssay expresó un modelo de política científica que en términos muy simplificados puede resumirse diciendo que reclamaban de parte del Estado financiamiento y libertad absoluta en la elección de las líneas de investigación. Pero el peronismo había formulado en los planes quinquenales políticas para todas las áreas de la vida nacional, incluso para la ciencia”.
Hurtado explica la política científica delineada por el peronismo, donde la ciencia y la tecnología se transformaban en una herramienta estratégica del modelo de desarrollo económico y los problemas planteados por la guerra fría. Esto planteaba una confrontación con Houssay, puesto que en la política científica peronista, el Estado financiaba la ciencia pero también se reservaba el papel de orientar las líneas de investigación.
Ambas posiciones fueron reflejadas en dos publicaciones: Ciencia e Investigación y Mundo Atómico. Ciencia e Investigación fue la revista creada por la Asociación para el Progreso de las Ciencias y sus editoriales expresaban la política del grupo. Ciencia e Investigación continúa editándose, pero Mundo Atómico pasó al olvido. “Mundo Atómico es otro ejemplo de aquellas expresiones vinculadas con la ciencia que fueron injustamente olvidadas. Sin perder el culto a la personalidad tan difundido en la época, la revista divulgaba los desarrollos de la ciencia local e intentaba explicar, de la mano de científicos del ámbito académico, los principales conceptos de la ciencia”, destaca Hurtado.
Luego de la extensa y detallada exposición de Hurtado, que cautivó al público, comenzó el debate donde la búsqueda de argumentos superó a las pasiones que todavía despierta la sola mención de la palabra peronismo.

*El Cable (Facultad de Ciencias Exactas y Naturales)

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