viernes, 23 de mayo de 2014

De Sandino al Sandinismo: la experiencia nicaragüense en la lucha por la liberación nacional


por Dionela Guidi


A Néstor y Hugo. Patriotas del Bicentenario

Tras la huella de Morazán
                                                
Resucitar de la Tumba de Morazán a Centroamérica.” José Martí
                                                                                       
A lo largo de su historia, Centroamérica fue una codiciada tierra de disputa imperial. Su importancia geopolítica radicaba, y radica, en su posición intercontinental e interoceánica, vital para la circulación de mercancías. Con la decadencia colonial de España en América y la expansión capitalista mundial producida a partir de siglo XIX, Inglaterra como  potencia de ultramar, fija su mira en el Caribe como vía marítima para el transporte rápido y económico de materias primas, en el que Nicaragua sería el territorio para la construcción de un canal interoceánico. En 1821, los países que conformaban el Reino de Guatemala, declaran su independencia y casi de inmediato comienza el enfrentamiento por estas tierras entre Inglaterra y el naciente poderío de Estados Unidos, afectando desde el inicio el curso de la vida política interna de sus provincias, devenidas mas tarde en países. (1)

Luego de una breve anexión al Imperio de Iturbide en México, las Provincias Unidas de Centroamérica, conformadas por Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, proclaman en Asamblea General la primera constitución de la República Federal de Centroamérica. Se concretó el 22 de noviembre de 1824, y se instituyeron entre otras medidas, la independencia de España, México o cualquier otra Nación, la eliminación de los títulos nobiliarios y la abolición de la esclavitud. Es en este momento cuando se definen con claridad los grupos políticos en Centroamérica delineándose dos Partidos antagónicos: los Liberales y los Conservadores. Los primeros abogaban por el desarrollo de un Estado Capitalista, basado en un sistema político federal en donde las distintas provincias contaran con igualdad de derechos. Los Conservadores, encarnados en caudillos regionales, defendían los privilegios provenientes de la época de la colonia y tendieron a fracturar la unidad en América Central. (2) 

En 1825, Manuel José Arce es elegido como el primer presidente de la República Federal. De tendencia liberal, intentó aplicar un programa de reformas fuertemente resistidas por los conservadores, quienes impidieron a través de su poder político, económico y de control del Congreso la concreción de las mismas, lo que llevó a la claudicación del presidente y su posterior alianza con su otrora oposición. Arce decidió disolver el Congreso federal, decisión que desató una guerra civil y condujo a una ola de levantamientos en todo el territorio centroamericano. En este convulsionado momento ingresa la figura de Francisco Morazán. Este político y militar, olvidado por la historiografía del Continente, protagonizó desde Honduras la rebelión contra las medidas de Arce, y resistió la destitución del jefe de Estado hondureño y tío político de Morazán, Dionisio de Herrera. En 1827, tras fugarse de la prisión, organiza una fuerza militar a lo largo y ancho del Istmo con el objetivo de reconstruir la Federación Centroamericana. Desde aquí protagoniza una serie de victorias militares que lo posicionarán como líder de los liberales y que lo conducirán a la presidencia de Honduras primero y más tarde, en 1830, a la presidencia de la República Federal de Centroamérica derrotando en las elecciones al conservador José Cecilio del Valle. (3) Morazán encabezó una serie de transformaciones que buscaban romper con los antiguos vestigios del colonialismo y construir un Estado Nacional soberano e independiente, intentando avanzar contra el latifundio en manos de la oligarquía terrateniente y la Iglesia Católica. Dirigió esfuerzos en la creación de una clase burguesa nacional para el desarrollo un modelo autónomo, y protegió la incipiente industria impidiendo la apertura indiscriminada a los productos extranjeros. Promovió la producción local exportable fomentando a su vez el mercado interno. En materia educativa, entendió a la misma como piedra angular para la conformación de una Nación, la que se constituyó como responsabilidad del Estado, gratuita y obligatoria. Sabiendo que se erguían sobre Centroamérica los colmillos imperiales ingleses y norteamericanos, luchó constantemente por la soberanía de Belice, Islas de la Bahía y demás territorios del Caribe  en manos de la corona británica, quien  como conocemos ampliamente en nuestras tierras del sur, no perdió el tiempo, cosechando permanentemente la división de la Unión Federal. Sin embargo, las fuerzas de la reacción (la vieja oligarquía y los diferentes imperios) socavaron las bases de este proyecto emancipador, que por otro lado no pudo consolidar fuerzas económico sociales que sostuvieran dicho proyecto. Se presentaron profundas dificultades a nivel organizacional, esto es, qué grado de soberanía le correspondía a cada Estado, tendiendo a reproducir los viejos recelos entre cada uno, así como los gastos que la defensa  requería para mantener la integridad eran elevadamente costosos y se hicieron insostenibles a lo largo del tiempo. Al término de su segundo mandato la Federación se encontraba colapsada y las fuerzas oligárquicas se encontraban en plena ofensiva, asentada ya en Guatemala, Nicaragua, Honduras. A pesar de apostar el proyecto unionista reorganizando fuerzas desde su presidencia en El Salvador, no pudo contra la feroz oposición de sus contrincantes y partió al exilio primero a Costa Rica y luego al Perú. Retornó en 1841, con la idea de refundar la federación, desembarcando en territorio costarricense obteniendo una rápida victoria política sin enfrentamiento armado, convirtiéndose en Jefe de Estado. Este acontecimiento convulsionó a las oligarquías regionales y por sobre todo al consulado inglés. La contrarrevolución se hizo sentir de inmediato, con una invasión de tropas nicaragüenses a Costa Rica con el fin del derrocamiento político y físico del Presidente y patriota centroamericano. El 15 de septiembre de 1842 es fusilado este hombre de la Patria Grande, sin juicio ni posibilidad de defensa alguna. Con él muere también el proyecto confederal.

¿Por qué empezamos a hablar de Francisco Morazán para hablar de Sandino y del pueblo sandinista?  Porque entendemos que los sueños de unidad, soberanía y libertad de nuestros libertadores se reflejan en todas las luchas populares nuestroamericanas y porque también se unen y se enhebran en la historia en la medida en que esos proyectos inconclusos retornan como asignaturas pendientes a  la vida de los pueblos. Las unen además similares adversarios, encarnados en las élites terratenientes o propietarias de los principales recursos, y el imperialismo ya sea europeo o estadounidense, que operó siempre como factor disgregante y deformador de las economías y las instituciones latinoamericanas (y de toda la periferia). Morazán y Sandino, fueron, son, líderes y mártires de la misma causa, en distinto momento.

Nicaragua: de patriotas, gerentes y filibusteros

¿Verdad que da escalofrío? ¿Dónde comienza y dónde termina el “Gobierno” del Estado Yanqui? Juan José Arévalo
                                                             
Nicaragua sufrió particularmente las guerras civiles luego de desmembrada la Federación. Tenía dos ciudades relativamente desarrolladas y enfrentadas entre sí: Granada y León. Organizaban su vida económica y política  de forma independiente, mientras el resto del país era una extensión territorial en dónde se asentaba la población mestiza pobre, mano de obra de las haciendas de añil y cacao. (4) Granada era una rica ciudad de comerciantes conservadores, que se opusieron a la independencia y a las reformas liberales, y León era una ciudad conformada por agricultores, cuna del partido liberal. Rota la Federación, ambas ciudades reclamaban para sí la capitalidad del Estado Nacional. Los campesinos eran arrastrados a la guerra civil que enfrentaba a estas ciudades antagónicas. Inglaterra pronto comenzó a competir con el reciente poderío norteamericano por la hegemonía continental, y en Nicaragua por la construcción del canal interoceánico. A través de un tratado denominado Clayton-Bulwer, Inglaterra le reconoce a Estados Unidos el derecho canalero sobre Nicaragua, dónde, por supuesto, las autoridades nicaragüenses ni siquiera fueron consultadas. El hecho de que en 1848 se descubra oro en California, despierta ávidamente la sed de la piratería, que obliga a innovar las rutas de acceso y es Nicaragua un punto neurálgico por dónde pasaran los filibusteros. Se fagocitan a su vez, las internas entre granadinos y leoneses, en donde los segundos deciden contratar mercenarios norteamericanos para derribar el gobierno conservador de Chamorro. William Walker, esclavista del sur estadounidense, arrebatador de tierra mexicana para su anexión al país del norte, será la cabeza del ejército mercenario. Es recibido con júbilo por los leoneses, toma la Ciudad de Granada, fusila a sus dirigentes políticos, y tal fue el impulso de su victoria, que termina proclamándose Presidente de la República. Decreta el idioma inglés como lengua oficial, restituye la esclavitud, los Estados Unidos reconoce su mandato y establece relaciones diplomáticas. Sin embargo, la aventura del pirata será breve, y los ejércitos centroamericanos lo derrotaran y expulsaran del país. A pesar de ser derrotado, perseveró en su empresa, e intentó conquistar nuevamente el territorio en varias oportunidades, hasta que en 1860 es arrestado y fusilado en Honduras. Granadinos y Leoneses firmaron un acuerdo de paz que permite a los conservadores gobernar 30 años el país en un clima relativamente apacible. (5) 

Llegando a los últimos años del Siglo XIX, el capitalismo mundial dio un nuevo salto expansivo, y Centroamérica, como todo el Continente fue insertada en el mercado mundial como proveedora de materias primas para los centros manufactureros. Café y Bananos son los nombres de las cadenas centroamericanas. El nuevo orden agrario ligado a las necesidades del mercado mundial, es la veta que encuentran los liberales para llevar a cabo revoluciones contra los conservadores, estableciendo en el poder un gobierno militar liberal presidido por José Santos Zelaya en 1893. En paralelo son ocupadas enormes extensiones de tierras por parte de compañías norteamericanas como la United Fruit para la producción del banano. Zelaya llevó a cabo reformas liberales que no fueron vistas con buenos ojos por el vecino del Norte, quien no le perdonó el intento de la construcción del canal en asociación con otras potencias extranjeras como Alemania y Japón. Esta “desobediencia” le costó el gobierno al militar en 1909 y a Nicaragua la ocupación del territorio por parte de la Marina de Guerra estadounidense. De aquí en más, las fuerzas de ocupación vigilarán los gobiernos conservadores que se suceden en una calesita entre parientes, que de los rangos gerenciales de las empresas yanquis pasan a la Presidencia de la República. El colmo de la infamia se vería retratado en el tratado que Emiliano Chamorro firma con el secretario de estado norteamericano en 1914 en torno a la construcción del canal. En su triste letra dice: “El gobierno de los Estados Unidos tendrá la opción de renovar por otro lapso de noventa y nueve años, el arriendo y concesiones referidos, a la expiración de los respectivos plazos; siendo expresamente convenido que el territorio que por el presente se arrienda y la base naval que pueda ser establecida en virtud de la concesión ya mencionada, estarán sujetos a las leyes y soberana autoridad de los Estados Unidos." (6) En este tratado se manifiesta la absoluta venta de la soberanía en el que Estados Unidos consiguió que ninguna otra potencia conserve y explote un canal en Nicaragua, al que por otra parte no le interesa construir porque ya concretó el de Panamá.

Los liberales, que permanecían en segundo plano en esta relación simbiótica entre el imperio y los conservadores, volvieron al ruedo bajo la accidental presidencia de Bartolomé Martínez, quien asume por la muerte del jefe de Estado. Martínez mantenía cierta independencia de criterio por no provenir directamente de una familia de la oligarquía granadina. Fue así como buscó la confluencia con el Partido Liberal y dirigió una alianza para las siguientes elecciones entre un conservador (Solórzano) y un liberal (Sacasa). Entre revueltas y contrarrevueltas, son puestos y depuestos, promulgados y derrocados  presidentes liberales y conservadores en el lapso de meses, hasta que la bendición norteamericana nombra a un antiguo amigo suyo, ex contador de una empresa minera: Adolfo Díaz. Los liberales, expresados en Sacasa, desconocen esta decisión y establecen un gobierno en Puerto Cabezas, lo que trae aparejada una crisis militar que desemboca en un nuevo desembarco de marines de guerra y también de la diplomacia estadounidense dispuesta a negociar con los liberales el precio de su rendición. El Ministro de Guerra, General Moncada, se sintió tocado por la varita mágica y creyó ver en los acuerdos de rendición con Estados Unidos su salto a la presidencia. Reparto de cargos para los insurgentes y la Presidencia para su General era el punto cúlmine del alegre pacto.

Sandino: Una Pedagogía de la Dignidad
                                                                                                                    
En Nicaragua, señores, le pega el ratón al gato.” Cántico guerrillero sandinista
                                                                                                                                                                    Augusto César Sandino emergió a la escena pública en el marco de esta rebelión de los liberales contra los conservadores y su alianza imperial. Sandino había trabajado en plantaciones y haciendas, había sido guardalmacén en la United Fruit de Honduras y minero en Nicaragua. Comenzó su prédica entre los mineros en 1926, enfatizando en la causa nacional, a tal punto que conformó una pequeña columna de soldados al norte de Nicaragua, que se plegó al combate de los liberales de insurrectos. Entendía que en esa rebelión se estaba combatiendo la intervención extranjera y fue así como se incorporaron a su ejército además de los obreros de las minas, los campesinos desharrapados de las selvas nicaragüenses. Con armas viejas e insuficientes, con equipamiento rudimentario pelearon enarbolando la bandera de Libertad o Muerte. Como la insurrección de los liberales no era otra cosa que una disputa oligárquica, el pacto con Estados Unidos era motivo suficiente para aceptar la rendición. Pero para las huestes sandinistas, se estaba librando una lucha por la liberación nacional que empezaba a ser plenamente tal y que terminaría con la expulsión del Imperio: “transformarían una guerra de soldados reclutados a la fuerza y de generales oportunistas, en una guerra en que generales serían todos pobres y soldados serían todos pobres e hijos de pueblo, que andarían en harapos (…) y aquella guerra convencional de montoneras, se transformaría en la primera guerra de guerrillas librada en el continente americano." (7)Entre 1927 y 1933 este ejército del pueblo libra a brazo partido la guerra contra el invasor ocupante obligando su retirada el 1 de enero 1933, día en que el último contingente de marines se embarca y abandona Nicaragua.

El pensamiento de Sandino

Sandino entendió desde siempre su lucha como una lucha por la nacionalidad, por la necesidad de dejar de ser colonos de una potencia extranjera. Desde sus columnas en la selva, los soldados aprendían a combatir y también a leer y escribir para poder emitir sus propios telegramas, cartas y  comunicados. El ejército del pueblo pobre también era una escuela. Dice Sandino: “Los yanquis solo pueden venir a nuestra América Latina como huéspedes; pero nunca como amos y señores, como pretenden hacerlo. No será extraño que a mí y a mi ejército se nos encuentre en cualquier país de la América latina donde el invasor asesino fije sus plantas en actitud de conquista." (8) Sandino convirtió la causa nicaragüense en una causa latinoamericana. En todo momento enlazó la defensa de la soberanía con la defensa de los oprimidos, los indígenas, los campesinos, los obreros explotados en las plantaciones y haciendas. Proclamó a viva voz que lo que en Nicaragua se estaba librando no era sólo incumbencia de los nicaragüenses, sino de todo el mundo latinoamericano, y se vinculaba a los proyectos que nuestros libertadores habían concebido en el siglo anterior: “Los hombres dignos de América latina debemos imitar a Bolívar, Hidalgo, San Martín, y a los niños mexicanos que el 13 de septiembre de 1847 cayeron acribillados por las balas yanquis en Chapultepec, y sucumbieron en defensa de la patria y de la raza, antes que aceptar sumisos una vida llena de oprobio y de vergüenza, en que nos quiere sumir el imperialismo." (9) 

En la senda de Simón Bolívar, enarbola el proyecto de unidad continental como una necesidad histórica. En su manifiesto Plan de Realización del Supremo Sueño de Bolívar sostiene: “Variadas y Diversas son las teorías concebidas para lograr, ya sea un acercamiento, ya una Alianza, o ya una Federación que comprendiendo a las veintiún fracciones de Nuestra América, integren una sola Nacionalidad. Pero nunca como antes se había hecho tan imperativa y necesaria esa unificación, unánimemente anhelada por el pueblo latinoamericano, ni se habían presentado las urgencias, tanto como las facilidades que actualmente existen para tan alto fin, históricamente prescrito, como obra máxima por los ciudadanos de la América Latina." (10) También rescata el proyecto morazanista de la Federación Centroamericana, elaborando un Plan de Unión en el que otorga a cada provincia -estado una cartera y función específica de acuerdo a su grado de organización y desarrollo, poniendo énfasis en la creación de un Ejército Autonomista Centroamericano para la defensa de toda América Latina: “El Ejército Autonomista de Centroamérica declarará abolida la farsante Doctrina Monroe. Y, por lo mismo, anula el vigor que dicha doctrina pretende ejercer, para cobardemente inmiscuirse en la vida política, interna y externa, de las Repúblicas Indo-Hispanas." (11) 

Una vez expulsado el invasor, el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua depuso las armas y se dispuso a negociar la paz. El gobierno del liberal Sacasa, electo en 1932 había aceptado el pliego de condiciones impuesto por Estados Unidos tanto como a liberales como conservadores, que requería que al retirarse las tropas de ocupación se llegara a “común acuerdo” para designar al jefe de la Guardia Nacional. Por primera vez sería un nicaragüense, aunque no por eso menos adicto a Norteamérica: Anastasio Somoza García. El Ejército profesional, se convirtió tras años de lucha contra el sandinismo en un ejército armado y entrenado para combatir a su propio pueblo, y a ejercer como una fuerza de ocupación en su propio territorio. En el año 1934, cuando se estaban realizando los acuerdos de paz entre Sandino y el gobierno, el héroe de Las Segovias es asesinado a balazos junto a varios compatriotas, tras una emboscada. Somoza es quien ejecuta la criminal empresa, pero es el Imperio quién da la orden de fuego.

La semilla de Sandino se siembra en la lucha del pueblo nicaragüense

Vos estás resucitando/ en cada brazo que se alza/ para defender al pueblo/ del dominio explotador./ Porque estás vivo en el rancho,/ en la fábrica, en la escuela,/ creo en tu lucha sin tregua,/ creo en tu resurrección.Hermanos Mejía Godoy,  Credo Nicaragüense. Misa campesina

 Cuarenta años de dictadura familiar padeció el pueblo de Nicaragua. El somocismo, como era de esperar, favoreció el control monopólico de las empresas norteamericanas a la vez que garantizó el orden social vía represión y persecución política. Con el auge del cultivo de algodón y café, se generó una concentración abrumadora de tierras en favor de los terratenientes, en detrimento del campesinado quien se vio desprovisto de los terrenos de cultivo. Esta situación trajo aparejada más desocupación y pobreza. Por otra parte, el crecimiento industrial favoreció la consolidación del Grupo Somoza, quien comenzaba ya a asegurarse para sí el control de la banca nacional.
Para la década del ’60, el clima de malestar en que se vivía manifestaba profundas tensiones sociales. En 1962 nace le Frente Sandinista de Liberación Nacional. Los hijos de Sandino emprendían la lucha por la recuperación de su dignidad. Confluyeron en él la masa de obreros campesinos agrícolas desarrollada bajo el funcionamiento del esquema agroexportador. De aquí que en un primer momento el FSLN llevara a cabo su estrategia en base a la guerrilla rural. Ya entrada la década del ’70 se suman al frente los trabajadores urbanos lo que permitió la articulación de demandas de amplios sectores de la población en contra de la dictadura. El FSLN supo apoyarse de las contradicciones de la sociedad dictatorial para dar el salto a la toma del poder. Carlos Vilas argumenta: “la contradicción fuerzas productivas (pueblo)/relaciones de producción (clases dominantes), estuvo presente siempre en el desenvolvimiento de la dialéctica social, pero fue la acción política de las masas, su incorporación a la lucha sandinista, la que hizo de ella una crisis revolucionaria." Con el asesinato de Pedro Chamorro, dirigente liberal, en el año 1978, se recrudeció la movilización popular y se aceleraron las condiciones para el estallido social. La Revolución Sandinista triunfa el 10 de julio 1979 abriendo una etapa de rica experiencia de transformación social, con participación popular pero también plagada de incertidumbres, iniciando un camino  minado de obstáculos provenientes tanto de la estructura socio-económica preexistente, la amenaza permanente de los Estados Unidos,  como del propio marco de alianzas al interior del bloque popular. El programa desplegado por el gobierno revolucionario llenó de esperanza a Nicaragua  y a América Latina. En materia económica se creó un Área de Propiedad del Pueblo en base a los bienes confiscados al somocismo. El objetivo era desarrollar una moderna industria que impulsara la producción de café, algodón, azúcar, banano como principales productos de exportación. Se nacionalizaron la banca, el comercio exterior y se impulsó una Reforma Agraria. Se llevó a cabo un Plan Nacional de Alfabetización en el que toda la sociedad se vio comprometida tomando forma de causa nacional. De alguna u otra forma los y las nicaragüenses formaron parte de este Plan que pretendía terminar con el analfabetismo en el país. (13)

Retomando el análisis realizado por Carlos Vilas, la Revolución Sandinista abre varias cuestiones que pueden ser utilizadas para pensar los procesos de liberación nacional en América Latina. Con similares desenvolvimientos históricos, estructuras económicas dependientes y una pluralidad de actores sociales, la liberación tal cual es entendida por los movimientos populares aborda por lo menos cuatro cuestiones principales:

A- La cuestión de clase o de la situación de los sectores oprimidos. Aquí se manifiesta la necesidad de eliminar la explotación de las masas populares por parte de pequeñas élites propietarias.

B- La cuestión nacional. Esto es la supresión del Imperialismo como factor dominante en las sociedades latinoamericanas a nivel interno y externo. La autodeterminación es condición necesaria para la conquista de la soberanía.

C- La cuestión del Desarrollo. En esta cuestión se refleja la superación del atraso derivado de la posición en la que se colocó a América Latina en el mercado mundial, como economías netamente agrarias y dependientes de las manufacturas exportadas. La expansión de las fuerzas productivas deriva generalmente en la necesidad de que el Estado sea quién se ponga a la cabeza de este desarrollo, al no existir una clase que lidere dicha expansión. Las alianzas policlasistas son intentos de llevar a cabo esta expansión.

D- La cuestión democrática. Aquí se plantea la necesidad de refundar instituciones y canales para la participación en las decisiones de Estado de las amplias mayorías y no sólo de un reducto oligárquico. (14).

La Revolución sandinista como proyecto emancipador pone sobre el tapete los desafíos que se le presentan a América Latina en su lucha por el camino de la liberación, y también nos habla de la importancia que ese camino nos encuentre unidos, ya que en soledad los gobiernos populares suelen naufragar a la deriva, a merced del imperialismo siempre atento al sabotaje y a sus aliadas nativas representadas en los núcleos reducidos de las élites económicas y políticas.   

Notas


[1] ver Ramírez, Sergio. (2007). El muchacho de Niquinohomo. Buenos Aires: El Andariego.
[2] Pérez Cruz, Felipe de J. (2010). Centroamérica en Morazán. Morazán en Centroamérica. En Son Tiempos de Revolución. De la Emancipación al Bicentenario. Buenos Aires: Ediciones Madres de Plaza de Mayo.
[3] 3-Ibídem
[4] 4-Ramírez, Sergio. (2007). Op. Cit.
[6] Selser, Gregorio. (1955). Sandino. General de hombres libres. Buenos Aires: Ediciones Pueblos de América, página 63.
[7] Ramírez, Sergio. Op.Cit., página 34.
[8] Sandino, Augusto César. (2007). Escritos y Documentos. Buenos Aires: El Andariego, página 94.
[9][9] Ibídem, pp. 99.
[10] Ibídem, pp.106.
[11] Ibídem, pp.186.
[12] Vilas, Carlos. (1987). Perfiles de la Revolución Sandinista. Liberación Nacional y transformaciones sociales en Centroamérica. Buenos Aires: Legasa, página 135.
[13] Torres, Rosa María. (1980). Nicaragua: Revolución y Alfabetización. En Revista Nueva Antropología. Año IV N15. Distrito Federal: Universidad Nacional Autónoma de México.               
[14] Vilas, Carlos. (1987). Op. Cit.

viernes, 16 de mayo de 2014

Números, relatos e intelectuales

por Hugo Presman

Una de las decisiones más erróneas y letales adoptadas por el gobierno fue la intervención de facto del INDEC y la adulteración de las estadísticas ocurridas en el 2007. No es que el INDEC anterior era un paraíso impoluto, como se lo quiere plantear ahora, pero era muchísimo menos desconfiable que la falsificación grosera de los números de los últimos 6 años. Las explicaciones soto voce que se dieron transitaban  por el camino que el maquillaje  implicaba un importante beneficio  para evitar voluminosos pagos de bonos ajustados por inflación. Pero lo que se ganaba por un lado se perdía por el otro porque eso afectaba en más el aumento del PBI  influyendo en el cálculo de la rentabilidad de los bonos ajustados por dicho incremento. Cuando el aumento superaba el 3,22%, los acreedores cobraban.  Al falsificar los índices de precios, se adulteraron las cifras del crecimiento del  PBI, de la cantidad de ciudadanos  afectados por la pobreza y la indigencia.  Las cifras con las mediciones mejoradas mediante cirugía plástica  llevaron a que la pobreza se redujera al 4,7% y la indigencia a 1,4% y en algunas provincias al absurdo de la desaparición estadística de la pobreza. Al modificarse la operatoria a partir del primer mes de este año y acercarse a la realidad, si se utiliza el mismo método hacia atrás, sincerándolas, las cifras que arrojaría producirían rectificaciones importantes. Eso es jurídicamente inconveniente porque daría lugar a una multiplicidad de juicios de aquellos tenedores de bonos que percibieron cifras menores a las actualizadas. El Centro de Estudios Económicos y Sociales Raúl Scalabrini Ortiz, favorable al gobierno, tomando las estadísticas provinciales, para el segundo semestre del 2013 reconoce una pobreza del 13,2% y una indigencia del 4%. Posiblemente las cifras reales estén varios puntos arriba que las mencionadas. Otros revolean cifras más basadas en deseos e intenciones que en realidades.

Resulta irritante que muchos de los que manifiestan su sorpresiva preocupación por la pobreza han sido propulsores y cómplices de políticas que la originaron o la acrecentaron. Como bien sostiene el escritor Mempo Giardinelli:  “Por eso fastidia tanto el penoso papel de políticos y periodistas “indignados” que jamás se ocuparon, ni se interesaron, de la pobreza, pero ahora se disfrazan de adoloridos profetas de la justicia social." Bajo la cobertura que le brinda las distorsiones estadísticas,  desde la oposición política y la ofensiva mediática que la articula, fueran minimizando y reduciendo a la nada muchos de los avances de esta década. Así, el PBI creció en forma sostenida, pero posiblemente un punto menos que lo informado; la pobreza y la indigencia se redujeron a la mitad o un poco más desde donde se partió; la desocupación se bajó a cifras impensables si tenemos memoria y recordamos  lo que se sostenía en el 2003 cuando se afirmaba, que en el mejor de los casos, se necesitarían dos o tres décadas para bajarla. Hubo recuperación industrial, notable actividad económica, un boom de consumo que atravesó las clases sociales, una baja de la relación deuda externa sobre el PBI, menor a lo anunciado, pero que sin lugar a dudas es de la más baja y con una mejora significativa en la composición y plazo de la misma. El balance es bueno, pero no extraordinario, como lo presenta el gobierno y mucho menos desastroso como lo presenta la oposición. Si el gobierno dice “La década ganada”, la oposición retruca “La década perdida”. Si el gobierno la ubica como la mejor de los últimos 200 años, periodistas militantes de grupos empresariales  la estigmatizan como “la década robada”.
  
Una década desaprovechada
Están los que pretenden ubicarse en el medio y entonces hablan de “la década desaprovechada”. El ensayista Juan José Hernández Arregui apuntaba hace muchos años a este  tipo de posicionamientos, cuando afirmó: “No es lo mismo el justo medio que mediar con lo justo”. Al gobierno de la primera década peronista se intentó minimizar en sus logros, con la afirmación que con el Banco Central repleto de oro era muy fácil gobernar, transformado ahora con el kirchnerismo en el trillado viento de cola, que significa el alto valor de las exportaciones primarias a lo largo de la mayor parte del período 2003-2014, fundamentalmente de la soja. Con relación de “la década desaprovechada”, a Perón se le imputó la promoción de la industria liviana, no habiendo afrontado o encarado  la industria pesada. Ahora se dice lo mismo haciendo el listado de lo que no se hizo o no se modificó, en función de algunas condiciones favorables. En ambos casos es cierto, pero no se puede invalidar lo que se hizo bien en función de lo que falta o no se hizo. Con esos parámetros, no hay proceso histórico que salga indemne y lo que resulta aún más grotesco es que muchos de los críticos viscerales y desequilibrados lo hacen desde su oposición a los avances concretados. Quedan muchas cosas que no se encararon, o se encararon tarde; errores de implementación e islas de corrupción; una matriz económica con pocas modificaciones sustanciales, junto con limitaciones  positivas al mercado; recuperación de la política y de la militancia; mejoría en la presencia del Estado, y recuperación por éste de empresas vitales por todos conocidas. Política latinoamericana con avances significativos en la unidad continental, a través de los gobiernos populistas surgidos en el siglo XXI; hitos históricos como el no al ALCA; la renegociación de la deuda externa que la inmensa mayoría de la población y de los políticos consideraba imposible; mejoría importante en la distribución del ingreso, y un avance notable en la incorporación de derechos individuales y en la política de derechos humanos. Suponer o afirmar que todo es un mero relato sin ninguna inserción en la realidad, sólo puede sostenerse desde el odio o el desequilibrio emocional. El economista Aldo Pignanelli, que fue Presidente del Banco Central de julio a diciembre del 2002  en el gobierno de Eduardo Duhalde se pasea por los medios dominantes, como otros, afirmando, sin ponerse colorado, que estamos peor que en el 2001 Se ha llegado al absurdo consumado por la periodista Silvia Mercado, quien para hablar del presente y demolerlo, considera que el Peronismo, el movimiento popular más longevo del Continente, es también un mero relato fabricado por Alejandro Apold. (Libro “El inventor del peronismo. Raúl Apold, el cerebro oculto que cambió la política argentina”).

El objetivo es transparente: si el Peronismo cuyos logros produjeron un clivaje en la historia argentina fue sólo una impostura y una mentira, el Kirchnerismo, cuyas transformaciones son menores, es claramente un simulacro. Pero las mentiras de este contra relato pueden ser desarticuladas a través de las fisuras de sus propios mentores. Así Carlos Pagni, un crítico visceral del gobierno, columnista estrella del diario La Nación, escribió el 31 de marzo del 2014: “…..desde 2003 los empleados privados vieron mejorados sus ingresos en un 51% por encima de la inflación.” El diario Clarín del jueves 10 de abril del 2014, página 18, bajo el título “Los directivos argentinos son los que menos ganan en dólares en la región”, afirma: “Al mismo tiempo el país tiene uno de los mejores salarios para operarios y técnicos” Eduardo Fidanza, de la consultora Poliarquía, columnista de los sábados del diario La Nación, crítico permanente del gobierno, escribió en ese diario el 19 de abril del 2014: “Es preciso recordar este hecho a la hora de evaluar un dato significativo que aportan los sondeos a 18 meses de las elecciones presidenciales. De acuerdo con la encuesta de Poliarquía, elaborada para LA NACION y publicada el domingo pasado, el 46% del electorado argentino adopta una posición relativamente conservadora de cara a las elecciones de 2015: desea que el próximo presidente cambie algunas políticas de las ejecutadas por el kirchnerismo, pero que mantenga vigentes otras. Si a eso se suma que otro 15% prefiere que se continúe con la mayoría de los lineamientos actuales, se observa que casi dos tercios de los electores se aferran a ciertos logros verificados en la pasada década.¿Cuáles son esos logros y a qué esfera pertenecen? Se trata, ante todo, de conquistas económicas: básicamente, trabajo, salario y consumo, impulsados por altos índices de crecimiento. Ese buen desempeño tiene dos puntos de comparación que operan en la memoria de los votantes: en primer lugar, contrasta dramáticamente con los valores registrados en la crisis de principio de siglo; en segundo lugar, arroja cifras muy superiores a las observadas en la segunda mitad de los 90. Datos aportados por el economista Jorge Lucangeli convalidan esta observación: el valor del salario actual, deflacionado por consultoras privadas, es 70% más alto que el vigente entre 1995 y 2000, y 90% mayor que en la crisis de 2002.Por su parte, la tasa de desempleo registra el mismo comportamiento: era de alrededor de 15% durante la segunda mitad de los 90, trepó a casi 19% durante la crisis y es hoy de apenas el 7%. Los logros económicos correlacionan claramente con la confianza del ciudadano consumidor que en 2015 elegirá presidente.”

Todos estos datos de críticos superlativos del gobierno que en un momento de sincericidio dicen lo que no puede negarse,  no alcanza a Joaquín Morales Solá que describe un escenario apocalíptico en La Nación del 23 de abril: “Una política fanática, una sociedad duramente dividida, una economía aislada y pequeña para su potencialidad, una devastada noción de la moral pública, un sentido autoritario del poder democrático. Esa es la herencia que está en juego”. Sintoniza el conductor televisivo de “Desde el llano” (extraño desconocimiento geográfico: llama llano al apoyo de las cúspides empresariales y mediáticas)  con el analista económico Ismael Bermúdez, que desde las páginas de Clarín y el programa ultra clarinista de Jorge Lanata, coincide con las posiciones petardistas del Partido Obrero. No es sorprendente: una vez más la izquierda y el poder económico se alinean del mismo lado. Claro que aquí la coincidencia está afianzada porque Bermúdez y Jorge Altamira son hermanos y bajo dos seudónimos refulge el escondido apellido Wermus.

Intelectuales opositores de ayer y hoy 
Para el ensayista y editor Alejandro Katz “el kirchnerismo es reaccionario” y eso le permite al autor del libro  “El simulacro”, ser niño mimado de todos los medios del establishment. Para el escritor y columnista de “La Nación” Jorge Fernández Díaz, “el kirchnerismo es la revolución de la lavandina, un ladriprogresismo”. Juan José Sebreli, el intelectual preferido del periodista Jorge Lanata, sostiene en su diario favorito “La Nación”: “Hoy la oligarquía es el kirchnerismo…… En el caso del kirchnerismo uno tiene que considerar que es una política autoritaria y una economía populista que nos ha llevado al empobrecimiento, la desigualdad y una corrupción como jamás se ha visto.” El historiador Luis Alberto Romero, habitual columnista de los dos principales diarios se pregunta desde Clarín del 9 de abril: “El kirchnerismo, ¿es populismo o cleptocracia?”, mientras que desde La Nación del 24 de marzo escribió bajo el título de “Derechos humanos: de la justicia a la venganza”: “En un nuevo aniversario del 24 de marzo de 1976, la democracia muestra sus promesas incumplidas cada vez que no garantiza la igualdad ante la ley y se violan garantías procesales de los acusados” refiriéndose a varios condenados por delitos de lesa humanidad. El licenciado en filosofía Ignacio Kovadloff, que trabaja para “La Nación”, la mesa de enlace agropecuaria y un conglomerado de corporaciones denominado “Foro de convergencia empresarial” con predominio de AEA, sostiene: “Difícilmente se hubiera llegado a esta convergencia empresarial sin el trasfondo económico, social y político de la Argentina actual. Pocas veces se acumularon tantos y tamaños desaciertos en una gestión de gobierno como para comprometer incluso los pocos logros alcanzados en estos últimos diez años. Vulnerado el valor de nuestra moneda; ensanchado el espectro de la pobreza; cercenada la libertad de comercio; arraigados el autoritarismo y la intolerancia al disidente; mermado el poder adquisitivo de los desposeídos; desvirtuada la credibilidad externa; errática, prepotente e inverosímil nuestra política exterior; minada la paz interior; quebrantada la educación nacional y condicionada hasta el límite del escándalo la autonomía de la Justicia, ¿qué cabe sino convocar a un esfuerzo general para reabrir el rumbo hacia la esperanza, rehabilitando el valor de la sensatez y el conocimiento?” Es el mismo que desde la vicepresidencia de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas se preocupa porque el juzgamiento de Vicente Massot, dueño del diario ultra reaccionario “La Nueva Provincia”, acusado de delitos de complicidad con la dictadura establishment militar, sea un atentado a la libertad de prensa. La presidencia de la Academia la desempeña Manuel Solanet, viceministro de la dictadura. El licenciado en filosofía Kovadloff se hace gárgaras de republicanismo en cada una de sus notas, pero convive y es asalariado de golpistas de frondosos prontuarios, sin que el pudor lo ataque.

Estos son algunos de los intelectuales opositores de hoy. El Peronismo tuvo la oposición de Ernesto Sábato que en 1956 publicó “La otra cara del peronismo”, que por vergüenza nunca volvió a reeditar. Otro intelectual y crítico furibundo fue Ezequiel Martínez Estrada, autor de “Radiografía de La Pampa” y “La cabeza de Goliath”. Caído el peronismo publicó “¿Qué es esto?” donde  puede leerse: “El peronismo es una orgía de sobremesa…Evita era una sublimación de lo torpe, ruin, abyecto, vengativo, ofídico… tenía no sólo la desvergüenza de la mujer pública en la cama, sino la intrepidez de la mujer pública en el escenario…En la relación, ella era el hombre y él, la mujer…. Perón abrió la puerta que daba al patio del corral y los hizo entrar. Después de saludarlos y palmeándolos en el hombro, los sentó a la mesa, de la que ocupaban él y la señora de la casa, las cabeceras. Quedamos espantados, porque no era para menos. Jamás habíamos presenciado una invasión de parientes pobres y sucios en la sala del comedor…..” Este tipo de relatos recogido, atravesando décadas, por el psicoanalista César Merea, quién en Clarín del 24 de abril del 2014, bajo el título “El populismo, o como mantener la ignorancia” sostiene que Ernesto Laclau “promovió, como un pase de magia…presentar un producto de derecha como una forma de progresismo de izquierda… El populismo crea “seguidores”, sumisos y acríticos…sancionando el carácter infantil de la masa… Para los líderes populistas, (“ los padres de la horda”) la ignorancia y la dependencia de los pueblos es necesaria para sostenerse en el poder…”

Números, relatos e intelectuales 
El gobierno mintió con las estadísticas, la realidad se filtró importunadamente y asomó con su rostro menos favorable llevándolo a un laberinto del cual sólo puede salir con un costo político tan enorme como previsible. La oposición salvaje coordinada por medios periodísticos que sólo son la expresión de intereses económicos concentrados, les perturba los aciertos y golpea sobre déficit y errores, recurriendo a prácticas deleznables, donde la mentira es la principal protagonista. Más allá de sus aciertos y errores, el Kirchnerismo es lo más cercano al Peronismo histórico con las diferencias de época, con menos transformación de la matriz económica, pero con una ampliación de derechos muy significativa. El periodismo favorable al gobierno suele omitir o considerar superficialmente los flancos desfavorables del oficialismo. Intelectuales que apoyan al gobierno suelen actuar como justificadores de sus acciones, omitiendo su aporte fundamental que es el pensamiento crítico y el ser generador de iniciativas. Los intelectuales de la oposición enarbolan mayoritariamente una superficialidad lamentable; un pensamiento manifiestamente rústico; una crispación cercana al odio que obnubila sus interpretaciones. Están lejos de la afirmación del filósofo Baruj Spinoza: “En política no hay que reír ni llorar, sólo comprender”. Parece que el escritor italiano Cesare Pavese hubiera pensado en ellos cuando escribió hace muchas décadas: “Hay momentos en la historia que los que saben escribir no tienen nada que decir y los que tienen algo que decir no saben escribir.”


Sotanas del Pueblo

por Iciar Recalde

“Padre Carlos que estás en los cielos, y en las barriadas humildes, tu mensaje son mis piernas y tu sueño mi sangre.”  ("Carlos Mugica", Tercera Posición: Rock nacional y popular)



Un once de mayo de 1974, es ametrallado a quemarropa por los esbirros de la Argentina semicolonial tras su salida de la parroquia San Francisco Solano en Mataderos, el Padre Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe, el padrecito Mugica, abanderado de los humildes. La figura de Mugica, como las de Miguel Ramondetti, Jorge Goñi, Héctor Botán, Enrique Angelelli, entre otros, fue expresión de la profunda convulsión acontecida en instituciones de extensa tradición en nuestro país, como es el caso de la Iglesia católica. En este sentido, recordar a Mugica en la actualidad supone en principio, un ejercicio crítico de corrosión de la tradición liberal de izquierda anticlericalista fuertemente asentada en los modos de interpelar el rol de la Iglesia en la Argentina. De impronta conservadora y atada a los dictados colonialistas del Vaticano, la Iglesia sin embargo, corrió las venturas (y las desventuras) del Movimiento Nacional en su conjunto. Fue Juan José Hernández Arregui uno de sus más lúcidos analistas, cuando estipuló que el catolicismo en nuestro país, por la estructuración de las clases sociales y por tradición histórica, era liberal y había operado casi sin solución de continuidad como instrumento de la oligarquía y el imperialismo hasta la llegada de Juan Domingo Perón al poder. Apoyándolo, pero no al contenido popular del Movimiento -a medida que Perón se nucleaba en los trabajadores, la Iglesia se alejaba del Movimiento- iría prefigurando su posición como institución política a favor del Golpe de Estado del año 1955 tras la figura de Lonardi, hombre fuerte de la Iglesia, en alianza con la oligarquía fogueada por el extranjero, la gran Prensa, la Universidad y los manuales de historia mitromarxista, los comunistas y socialistas argentinos y la Sociedad Rural. La contrarrevolución acontecida en 1955 puso en jaque a la institución –como al país en conjunto-, haciéndola entrar en un proceso de conmoción interna donde varios de sus factores, sobre todo los nacionalistas, comenzaron a revisar el error histórico cometido frente al país. Es en este período cuando la Iglesia comienza a expresar tendencias radicalmente antagónicas: la del cristianismo liberal a favor de la clase dominante y, aunque minoritaria, la del social cristianismo que decantará,  entrada la década de 1960, en el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, que comenzará a vislumbrar que su rol se juega en el proyecto de liberación nacional vehiculizado por las masas peronistas.[1] En este contexto, y como producto del proceso de ascenso de la conciencia nacional de los argentinos, nace a la vida política el padre Mugica. La caída del gobierno popular y la proscripción de las masas de la escena política nacional fracturará la cosmovisión liberal de Mugica -atada por su formación y su condición de clase acomodada a los cánones de una Iglesia de espaldas al país-, obligado por las circunstancias históricas y por el deber de posicionarse como argentino junto al Pueblo peronista perseguido por haberse atrevido bajo la conducción de Perón, a romper los lazos de la dependencia. Su labor de crítica descolonizadora en las villas miseria y de reactualización en clave tercerista del texto bíblico,  partió de la asunción de que el Peronismo representaba un momento particular de la conciencia histórica antiimperialista de los argentinos y de que el nacionalismo en las semicolonias latinoamericanas era el eslabón primero de cualquier intento serio de revertir esta situación. Lo había vislumbrado en términos teóricos Hernández Arregui cuando afirmaba que el nacionalismo debía ser concebido en los países dependientes con un contenido distinto al europeo. Éste nacionalismo “ofensivo” había surgido durante el siglo XIX estrechamente vinculado con el desarrollo y la expansión del sistema capitalista a nivel mundial, proceso que condenaba al Continente latinoamericano a la miseria y al saqueo indiscriminado de sus recursos naturales. Como resultado de la división internacional del trabajo, la Argentina en tanto exclusiva productora de materias primas sería subsidiaria de sus amos externos: el imperialismo británico en principio, el imperialismo norteamericano y sus socios locales después. El nacionalismo adquiría aquí otro matiz, de carácter intrínsecamente defensivo que se plasmó por primera vez en un proyecto concreto durante las gestiones de gobierno peronista que llevaron adelante la industrialización del país. Sin industria, la Argentina no tendría Independencia económica, base de la Soberanía nacional y de la Justicia social y sin Soberanía nacional, no existiría Autonomía cultural. En ese orden y sin vacilaciones. Mugica lo vislumbró con claridad cuando señaló que el dilema para Argentina y América Latina era radical: o hacía su revolución nacional o el imperialismo remacharía los anillos opresores a fin de retardar la Liberación mundial de los pueblos oprimidos. Y Dios, agregaba, no vive en el Vaticano sino en el corazón y en la lucha de los humildes, de los condenados de la tierra. Legado que continúa señalando un camino: cuando las banderas nacionales vuelven a surgir por entre los escombros de la Patria devastada y Argentina se adueña de su economía y de su política nacional, la palabra y la acción de Mugica están más vivas que siempre: "Yo sé, por el Evangelio, por la actitud de Cristo, que tengo que mirar la historia desde los pobres, y en Argentina la mayoría de los pobres son peronistas."



Notas 

1-Hernández Arregui estipulaba que una Iglesia al servicio de los intereses nacionales podía jugar un rol fundamental en el proyecto de liberación nacional por su influencia en el Ejército, de fuerte tradición católica. Creía que la Iglesia podría coadyuvar al reencuentro de las Fuerzas Armadas con el movimiento nacional, fusión imprescindible para la emancipación, en tanto brazo armado de la voluntad nacional y de la industrialización del país (basta recordar que fueron militares como Savio, Mosconi y Baldrich, quienes llevaron a cabo los planes siderúrgicos). Las FFAA como la Iglesia, deberían, al decir de Arregui, poner la patria por encima de todo y en el caso de la primera, retomar la tradición popular y latinoamericana de nuestros ejércitos emancipadores.

El Padre Mugica: el Cristianismo revolucionario y antiimperialista

por Juan Godoy

“A esos poderes malignos los podemos llamar Imperialismo internacional del dinero y oligarquías nativas que son las que le chupan la sangre al Pueblo argentino, siguiendo precisamente a ese Imperialismo. Esas minorías se han enriquecido a costa del sufrimiento del Pueblo argentino y pretenden seguir usufructuando sus privilegios” (Mugica, 1973: 10)

Pretendemos aquí abordar la cuestión de la religiosidad alejándonos de la idea de que toda religiosidad constituye un opio para los pueblos, y que la misma retardaría siempre los procesos de Liberación. Así la religión, sea ligada a la jerarquía eclesiástica o a lo popular tendría el papel invariable de la reacción y mantención del orden social vigente. Esto es, la religión como opio de los pueblos, concebida como un obstáculo, como una tara más de los sectores de academicistas y/o de izquierda abstracta que se alejan de la Cultura Nacional e importan acríticamente “modelos” realizados en y para otras realidades. Desde nuestra visión, el campo religioso es una disputa permanente por su sentido: puede servir para la Liberación o para la mantención de la opresión. Un recorrido por nuestra historia nacional muestra cantidad de ejemplos de religiosos comprometidos con el Pueblo y la lucha por la Liberación Nacional. Tempranamente vemos a Grela, participando como “chispero” en la Revolución de Mayo y luego apoyando a Dorrego. A Aparicio, quien también está “con armas en la mano” en el bando revolucionario, o al Fray Beltrán, quien contribuye al armado del Ejército sanmartiniano en Mendoza y luego se pone bajo las órdenes de Bolívar. Y más acá a Angelelli, Obispo de los pobres riojanos, a Hernán Benítez, confesor de Eva Perón, a Novak, luchador por los Derechos Humanos y contra la entrega del menemato, al “Pocho” Leprati, asesinado por la represión en 2001, por citar sólo algunos casos entre los que claramente ubicamos al Padre Carlos Mugica.

Nacido apenas comenzada la Década Infame, donde reinaba el hambre, la miseria y la desocupación, en el seno de una familia conservadora y de buena posición económica, se ordena Sacerdote a fines de la década de 1950 y en 1968 se suma a un Equipo Pastoral en las Villas y comienza a participar en el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, que se enfrenta a la jerarquía eclesiástica y se suma a los procesos de Liberación del Tercer Mundo. No es el surgimiento de una nueva Teología sino de una profunda “reflexión teológica desde la perspectiva de los pobres de Latinoamérica.” (Dri, 1987: 9) Parten del análisis de los países latinoamericanos como semicolonias exportadoras de materias primas dependientes de los países desarrollados y sostienen la “firme adhesión al proceso revolucionario, de cambio radical y urgente de sus estructuras y nuestro formal rechazo del sistema capitalista vigente y todo tipo de Imperialismo económico, político y cultural.” (MSTM, 1969) Para el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, Dios está en los sectores populares y no dentro del Templo. (Dri, 1996) Desde aquí, Mugica va a desarrollar una práctica que pretende encauzar al Cristianismo en la senda revolucionaria y antiimperialista. Este proyecto cristiano vendría de sus propias raíces ya que Jesús lidera un Movimiento de Liberación contra el Imperio Romano. (Dri, 2004) Por eso Mugica sostiene que: “Cuando los hombres de hoy luchan por extirpar las clases que dividen a los hombres en explotadores y explotados, y se oponen al Neocolonialismo y al Imperialismo, están reconociendo en la práctica, tal vez sin advertirlo, la fuerza del mensaje que Cristo trajo hace dos mil años.” (Mugica, 1973: 32) Cuando plantea la Liberación de los países del Tercer Mundo, sostiene: “Estoy convencido que en la Argentina sólo hay salida a través de una revolución, pero una revolución verdadera, es decir simultáneamente: cambio de estructuras y cambio de estructuras internas.” (Ibídem: 10) Romper con el orden social injusto, con la estructura dependiente, y al mismo tiempo, con la introyección del opresor, porque el Imperialismo penetra las conciencias de quienes oprime, llevándolos a reproducir los mismos valores.

La praxis revolucionaria de Mugica no es para los pobres, sino más bien es desde y junto con los pobres, imbuido en sus problemas, en sus anhelos es cómo se va a poder avanzar conjuntamente en el camino de la Liberación del hombre y de la Patria, en sus palabras: “Nuestra realización “desde el Pueblo y con el Pueblo”, acompañando al Pueblo.” (Ibídem: 43) No hay “vanguardismo iluminado” en Mugica. Se trata de crear relaciones horizontales en oposición a la verticalidad y al elitismo del Episcopado. Mugica considera que “La misión de la Iglesia es ser voz de los que no tienen voz” (Ibídem: 43), y el Sacerdote debe integrarse, por consiguiente, en la lucha por la Liberación Nacional, así: “No puede no hablar. No puede no actuar, si quiere seguir siendo Sacerdote de Jesucristo y no Sacerdote del statu quo.” (Ibídem: 50). Poco tiempo antes de su asesinato a manos de un grupo de la Triple A, había sostenido: “Los cristianos estamos llamados a dar testimonio de la verdad, y a la lucha con todas nuestras fuerzas contra la injusticia, aunque esto traiga como consecuencia, la cárcel, las torturas, el secuestro y eventualmente la muerte.” (Ibídem: 52). Mugica fue consecuente entre la palabra y la acción, dejó su vida luchando palmo a palmo con el Pueblo peronista por una Iglesia que se enfrentase al Imperialismo y a la oligarquía para instaurar una sociedad más Justa, Soberana e Independiente.   


Bibliografía

Dri, Rubén (1987), La Iglesia que nace del Pueblo, Buenos Aires: Nueva América
Dri, Rubén (1996), Autoritarismo y Democracia en la Biblia y en la Iglesia, Buenos Aires: Biblos
Dri, Rubén (2004), El movimiento anti-imperial de Jesús, Buenos Aires: Biblos
Documento MSTM (1969)
Espasande, Mara (2005), “Carlos Mugica (1930-1974)”, Galasso, N. (Comp.), Los malditos. Vol. 2, Buenos Aires: Madres de Plaza de Mayo
Mugica, Carlos (1973), Peronismo y Cristianismo, Buenos Aires: Merlín.


Memoria de siglos

Ricardo IORIO En lo que digo nadie se engaña Nos libramos del vencido Todos barremos con saña A los ídolos caídos No serás siemp...