lunes, 16 de noviembre de 2015

Brasil y la Argentina, dos hermanos que se necesitan


Everton Viera Vargas
Embajador de Brasil en la Argentina

Se celebran, en 2015, los ochenta años de la visita del presidente Getúlio Vargas a la Argentina y los treinta años de la Declaración de Iguazú, marcos de las relaciones bilaterales en el siglo XX. En el momento de cambios y desafíos que vivimos hoy, recordar los orígenes del proceso de integración nos ayuda a comprender el sentido de nuestra inserción en el mundo y orientar las decisiones necesarias para asegurar el futuro.
Las elecciones presidenciales de 2014, en Brasil, y de este año, en la Argentina, estuvieron marcadas por la pluralidad y por la intensidad del debate político, además del compromiso, de todos los candidatos, de valorizar las relaciones bilaterales y la integración regional. La cobertura de la prensa argentina sobre Brasil, y viceversa, refleja el mutuo y permanente interés de nuestras sociedades.
Enfrentamos, sin embargo, una situación económica desafiante, con repercusiones políticas y sociales. Reanudar el crecimiento, fortalecer las instituciones y seguir promoviendo la equidad social son retos fundamentales para nuestros países. Políticas de desarrollo tecnológico, innovación y facilitación de negocios, como también la mejora de la infraestructura, son esenciales para aumentar la competitividad de nuestras empresas. Problemas coyunturales no deben ofuscar nuestro patrimonio acumulado ni impedir el avance de nuestra agenda común.
Desde una mirada histórica, la construcción mental de una rivalidad en las relaciones bilaterales perjudicó durante mucho tiempo lo que logramos conjuntamente en el siglo XX. Nuestros múltiples momentos de aproximación tuvieron profunda importancia y abrieron el camino en el que seguimos hoy.
Algunas vías, como el Pacto ABC (1915), no llevaron de inmediato al destino esperado, pero prepararon el terreno para iniciativas posteriores. El espíritu de concertación política de dicho pacto, que no llegó a entrar en vigor, resurgió en la visita de Vargas y en los ideales de Perón. Los entendimientos del presidente Frondizi con sus pares Kubitschek y Quadros dieron seguimiento a una amplia pauta de temas políticos y económicos, con su ápice en el Encuentro de Uruguayana (1961). Durante todo ese período, e incluso durante la guerra de 1982, Brasil mantuvo su apoyo inequívoco a la Argentina por la causa Malvinas.
En la visita de 1935, los presidentes Getúlio Vargas y Agustín P. Justo dialogaron sobre la paz en la región, firmaron tratados de cooperación y acordaron construir el puente internacional entre Paso de los Libres y Uruguayana. Vargas y Justo comprendieron que debían mostrar voluntad política en dos temas que siguen siendo centrales: la cooperación bilateral y la integración de la infraestructura. A fin de destacar la pertinencia contemporánea del encuentro, la embajada del Brasil en Buenos Aires promoverá, este mes, una exhibición de fotografías de la visita de Vargas, en el Espacio Cultural del Palacio Pereda.
La Declaración de Iguazú, firmada en 1985 por los presidentes Sarney y Alfonsín, sustituyó el mito de la rivalidad por la confianza mutua. La Declaración fue un compromiso de largo plazo, que hizo hincapié en el diálogo, la integración, la inclusión de las sociedades y la institucionalidad como anclas para alcanzar la complementariedad económica y obtener beneficios mutuos. El éxito de la Declaración impulsó las negociaciones del Tratado de Asunción (1991), marco inicial del Mercosur.
Brasil y la Argentina están conectados, hoy, por un comercio bilateral que ya se acercó a los 40.000 millones de dólares; por los 8400 millones de dólares en inversiones productivas y 44.000 empleos directos generados por empresas argentinas en Brasil, y por los 17.600 millones de dólares en inversiones y 51.000 empleos directos generados por empresas brasileñas en este país, en sectores tan variados como los de autopartes, bancos, alimentos, industria textil y alta tecnología. Nuestros intercambios están marcados por el elevado valor agregado, por la complementariedad y la interdependencia de las cadenas productivas.
Más de 1.700.000 argentinos visitaron Brasil en 2014, y se espera que muchos más lleguen el próximo verano, tanto para disfrutar nuestras playas como para ver los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Río de Janeiro. En los últimos doce meses, se inauguraron seis nuevos vuelos entre nuestros países.
Juntos, Brasil y la Argentina producen más del 50% de la soja del mundo y tienen reservas importantes de hidrocarburos. En la región, son los líderes en ciencia y tecnología, desarrollo nuclear y aeroespacial, incluyendo el avión brasileño KC-390, que tiene partes producidas en este país. En su actuación internacional, son reconocidos por el compromiso con la paz, el desarrollo social, los derechos humanos y el multilateralismo.
Ochenta años después de la visita de Vargas y treinta después de Iguazú, Brasil y la Argentina siguen firmes en el camino de la integración. Construir, mantener y reforzar los puentes entre nuestros países es un proceso que requiere voluntad política, decisiones firmes y visión de largo plazo. Si "toda política es local", como se suele decir, la democracia es un soplo que atraviesa fronteras y ayuda las sociedades a mantener el control de sus destinos. Así como la democracia, la integración es, simultáneamente, una conquista consolidada y un proceso dinámico: no hay conclusión definitiva, sino nuevas etapas para ser recorridas.




Diario LA NACIÓN, lunes 16 de noviembre de 2015

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