miércoles, 5 de julio de 2017

Agustín D'Attellis: "Con el cristinismo y el massismo, el Frente Cumplir coincide en un 95 por ciento"


-Después de haber estado codo a codo con el kirchnerismo entre 2011 y 2014, ahora se separa abiertamente de esa agrupación para sumarse en un rol clave en el Frente Justicialista Cumplir que presentó Florencio Randazzo, como candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. ¿Por qué? ¿En qué se diferencia, sólo en los modales?
Diferencias tiene, claramente, si no estaríamos todos formando parte del mismo espacio. Es cierto que hoy desde el peronismo opositor al Gobierno se presentan tres alternativas electorales, porque Sergio Massa mismo se considera peronista, aunque haya jugado siempre por fuera del partido con el Frente Renovador y ahora 1País; está Unidad Ciudadana de Cristina Kirchner que intentó armar una opción cuya estructura partidaria se nutre también del peronismo; y la nuestra, que en realidad es la que está dentro directamente del peronismo, porque Unidad Ciudadana decidió abiertamente abandonar el sello y el Partido Justicialista.

– ¿Esas diferencias con el kirchnerismo en particular son en las formas, el fondo, la política, la economía… en todo?
En la construcción política y en muchas cuestiones vinculadas con la economía; no en todo. Me parece que en todos los espacios que he nombrado tenemos como factor común ser opositores al Gobierno en materia de política económica, ya que si habla con los equipos técnicos en la materia del cristinismo y del massismo, el Frente Cumplir va coincidir en un 95%. En los grandes lineamientos principales de la gestión anterior en materia de política económica, en términos de inclusión; el rol del Estado como redistribuidor del ingreso; ciertas cuestiones vinculadas con lo productivo; la creación de empleos, entre otras, las compartimos. Sí tenemos diferencias en las propuestas de políticas que tendrían que implementarse y, en el caso particular con Unidad Ciudadana, en el hecho de hacer autocrítica.

-Pero usted acompañó casi hasta el final en lo que fue la política económica del kirchnerismo y no se le escucharon autocríticas…
Es que en los lineamientos principales de la política económica siempre coincidió con lo que es mi idea de la economía, porque vengo de una formación por mi cuenta, dado que mi formación universitaria fue bien ortodoxa: me recibí en la UBA y tengo una Maestría en la Universidad Torcuato Di Tella; sin embargo después, revisando otros autores, me volqué a lo que son las líneas de pensamiento más heterodoxas que algunos pueden identificarlas con el keynesianismo. Me parece que en los últimos 12 años en la Argentina, en rasgos generales, la política económica tenía que ver con esta forma de pensar y entender la economía, si  bien tuve críticas sobre cuestiones puntuales, hacia adentro.

-Ahora que se está en campaña para las PASO, las críticas a la gestión anterior las puede hacer abiertamente, ¿qué es lo que más le disgustó, en particular del segundo mandato de Cristina Elizabeth Kirchner, en materia de política económica? Concretamente, ¿estaba de acuerdo con la intervención del Indec?, ¿con el cepo cambiario?, ¿con cerrar la economía?

No. Lo divido en dos planos, uno vinculado con lo estructural y el otro con medidas más bien coyunturales. En lo estructural puedo decir: no estaba de acuerdo con haber implementado un cepo cambiario. Pero es más profundo que eso, porque en realidad las críticas que hacía previo a eso era que no se estaban haciendo las transformaciones estructurales, principalmente en materia de obras energéticas acorde con el ritmo de crecimiento que tenía la actividad agregada, y que necesita la economía para evitar chocar con esa restricción externa que llevó a tomar una medida de manotazo de ahogado, como fue la instrumentación de las restricciones al mercado de divisas por la creciente demanda de importaciones de petróleo y gas para generación térmica. Y también cuestionaba la política industrial, porque en ese período la Argentina no logró evitar la dependencia de las importaciones para llevar adelante la producción, como es el caso particular de la fabricación de automotores que tiene aproximadamente 80% de componente extranjero. Sobre todo porque por un lado se estimulaba a través de políticas de incentivo a la demanda, al consumo, al poder adquisitivo, la compra de vehículos, para que todo el mundo pudiera acceder y cambiar su auto por un 0Km; y por el otro eso empujaba a la restricción externa. Para no caer en eso habría que haber integrado el sector manufacturero con mayor cantidad de partes de fabricación en el país. También ocurría y ocurre en múltiples sectores. Tampoco se hizo una inserción inteligente de la Argentina en el mundo que apuntara a mejorar el perfil exportador con productos de mayor valor agregado. Eso fue lo que comenzó a manifestarse en 2011 y que derivó en el cepo al movimiento de divisas.

– ¿Respecto a la intervención de hecho del Indec?
 Obviamente que lo del Indec fue a todas luces un problema; no contar con estadísticas públicas creíbles, aunque a veces sirvió como argumento a ciertos sectores de la oposición de entonces para cuestionar siempre ese punto. Fue grave, pero cuando miraba algunas estadísticas, sobre todo la de precios, hubo una generalización del manto de sospecha sobre absolutamente todas las estadísticas públicas…

 Incluida las de pobreza…
 Claro, pero en ese punto, en la medición por ingresos, porque se puede estimar a través de indicadores estructurales como las Necesidades Básicas Insatisfechas. Me dicen que no critiqué la subestimación de la pobreza, pero en julio 2014 publiqué y presenté en la Cámara de Diputados, en calidad de asesor del presidente del cuerpo, Julián Domínguez, mi libro, junto a Pedro Gaite: "Medición y Estudio de las Condiciones de Vida en la Argentina 2003-13, análisis a partir de un enfoque multidimensional", en la que sosteníamos que no era tan alto como medía el Observatorio Social de la UCA, porque entonces había debatido con Agustín Salvia que sobreestimaba el indicador, sostenía que era en 2013 de poco más de 20% y a nosotros nos daba 18% de la población, ni cinco y algo por ciento como decía nuestro Gobierno. Ahí hay una clara muestra de que en estas cosas se venía trabajando.

– ¿Otras diferencias?
 En cuestiones estructurales, porque en la última etapa, puedo poner un ejemplo puntual, como fue la devaluación de 2014, porque tuvo traslado a precios; fue sorpresiva; no pudo controlarse para no afectar el poder adquisitivo y que generó una recesión ese año en la economía; también fui crítico puertas adentro, lo discutí en muchos ámbitos, porque me parecía que no era lo que había que hacer en ese momento, como subir las tasas de interés.

– ¿El alto y creciente déficit fiscal y su financiamiento con emisión del Banco Central, no le preocupaban?
Lo entendía. Si me pregunta sobre si me preocupaba, sí, mirando la película hacia adelante; era inquietante cómo se iba a financiar un rojo de las finanzas públicas creciente. Pero no era un crítico en ese momento porque mi postura, a diferencia de quienes critican desde la ortodoxia ese déficit fiscal, y siempre van por el lado del ajuste, creo que no se debía caer en el error de estigmatizar el desequilibrio, como si fuera algo malo en sí mismo, porque en determinadas circunstancias puede servir para hacer política contracíclica, como cuando se enfrenta un shock externo puede ser un instrumento para reactivar la demanda interna. Recordemos 2015: "la economía de Brasil estaba cayendo un 3,6% y la Argentina creciendo 2,4%, ese desacople se logró gracias al estímulo del mercado interno, por eso no consideré que en ese momento había que haber implementado un ajuste. Sí creía que había que trabajar sobre la recaudación de impuestos, que también me preocupa mucho ahora y lo estamos trabajando con un grupo de economistas que coordino del espacio de Florencio Randazzo, porque en la estructura tributaria el problema está en la base que es muy chica, que lleva a que sectores sean ahogados por una presión tributaria muy alta, pero que no es para concluir que es muy alta en la Argentina, salvo para el entramado Pyme. Por eso creemos que hay que hacer una reforma profunda que incluya también el impuesto a los Ingresos Brutos en las provincias. En esa línea estoy asesorando al senador de nuestro espacio Juan Manuel Abal Medina, en una Bicameral que integra con el presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda del oficialismo, el diputado Luciano Laspina.

– En este punto, la ortodoxia, muchos economistas independientes, y del propio Gobierno, destacan que se sigue una política fiscal gradualista, y por tanto no hay tal ajuste que cuestiona el frente opositor, pero sí dureza en el plano monetario, aunque ahora pareciera que se ha flexibilizado. ¿Usted ve que se esté haciendo un ajuste?
 Sí. Cuando uno dice que no hay tal ajuste, es porque se mira la evolución del gasto público y no se advierte el recorte en partida alguna. Ahí estamos de acuerdo, con la excepción del caso de los subsidios a las tarifas de las empresas de servicios públicos, donde el impacto para la población se siente muy fuerte. Pero dónde se realiza el ajuste es a partir de las decisiones que toma el Gobierno del lado de los ingresos, porque decide eliminar las retenciones sobre las exportaciones de las mineras, los industriales, los regionales, todo menos las de la soja que las redujo, porque no sólo deja de recaudar, sino que además genera una transferencia de recursos de sectores asalariados que tuvieron pérdida de poder adquisitivo hacia los sectores concentrados de la economía que tuvieron una rentabilidad extraordinaria, del orden de los USD 16.000 millones.

– Se sabe que hay una gran concentración en la exportación de cereales y oleaginosas, pero ese sector le compra a centenares de miles de pequeños y medianos, no sólo a los pocos grandes productores, sean agropecuarios, mineros, o industriales. ¿No está subestimando con ese análisis el efecto multiplicador de riqueza de valor en toda la cadena desde el productor primario hasta el exportador, cuando a partir de esa medida se ve un salto fenomenal de las cosechas a más de 130 millones de toneladas, pese a las condiciones climáticas adversas, y se incrementa el stock de ganado vacuno en más de un millón de cabezas por año?

Hay varias cosas. Una es que en el mercado exportador, si bien es cierto que algún derrame ocurre que al pequeño productor lo termina beneficiando, también es cierto que los grandes grupos obtienen un ingreso extraordinario y que hay una explotación muy fuerte de los grandes a los pequeños, y el Estado no interviene. Además, y a diferencia de lo que sostiene Unidad Ciudadana, no decimos que tenemos que volver al esquema de retenciones sobre las exportaciones que existía hasta diciembre de 2015. Pero el descalabro macroeconómico que vino después, en estos más de 18 meses de Gobierno, es que hoy las economías regionales están peor de lo que estaban cuando tenían las retenciones, porque enfrentan una situación de tasas de interés muy altas; porque el Estado se corrió completamente, y se llega a una brecha entre los precios que recibe el productor y los que paga el consumidor es abrumadora, de 7 a 17 veces, según datos de CAME, que lleva a productores ahogados en situación de quebrar, y consumidores a los que no les alcanza sus ingresos para comprar esos bienes, por eso vemos significativos niveles de caída del consumo de alimentos.

– Esas brechas de precios no aparecieron en 2016, ni ahora, sino que siempre existieron para cualquier producto, la leche, el tomate, la carne, fruta, y la lista se puede extender a toda la gama de alimentos y bebidas, en gran parte por la alta presión tributaria nacional, pero también por el efecto cascada de los impuestos provinciales, como Ingresos Brutos, ¿Por qué los economistas de la oposición levantan esa bandera de críticas al Gobierno, y no lo hicieron no sólo en los últimos 12 años, sino en los 20, 30 o 40 años anteriores?

 Es cierto que esa situación existía, pero también se ponía el acento en esa crítica, aunque creo que se erró en la forma de tratar de controlarlo, en diferentes etapas de la Secretaría de Comercio Interior, pero no se logró el objetivo. Creo que se debe ser muy innovador desde el Estado y tener mucha capacidad de gestión, por eso estamos trabajando en el Frente Cumplir en propuestas legislativas y teniendo en cuenta que tenemos a alguien que encabeza el proyecto, como Florencio Randazzo, que además de liderazgo político ha dado sobradas muestras de capacidad de gestión. Fue el que instrumentó la Tarjeta Sube identificada, hoy terminó en cualquier cosa, pero en su origen fue pensada para trabajar en la sintonía fina en el esquema de subsidios, de cara de tener en cuenta la diferenciación del consumidor, porque en el caso del transporte permitía la posibilidad de acreditar sumas de dinero para el pago del uso de ese servicio, como para compras minoristas, y contribuir a la disminución de la economía informal y reducir el uso de dinero en efectivo, con lo que también iba a tener impacto recaudatorio positivo. En eso estamos trabajando con un conjunto de 15 economistas, para enfrentar una situación que consideramos dramática.

– Destaca que "la situación es dramática", lo dice en un momento en que las cuentas nacionales comienzan a mostrar un punto de quiebre de la recesión del año anterior, con un PBI que el Indec midió para el primer trimestre con un aumento del 1,1% en tres meses, a un ritmo de más del 4% anual, la inflación vuelve a desacelerarse; el comercio exterior registra un creciente déficit pero es más producto de la normalización de la actividad que de un cambio estructural, y con la buena noticia que se acelera el incremento de las exportaciones de productos  industriales no agropecuario; el empleo registrado acumula 12 meses de suba consecutiva y la recuperación de la totalidad de los puestos caídos en los primeros seis meses de 2016; y en Hacienda aseguran que desde mayo el gasto público no crecerá más en términos reales y que cumplirá la meta de baja del déficit fiscal; es porque ¿está haciendo política, más que análisis de la coyuntura, que se sabe se ha deteriorado al extremo en los cuatro años previos a este Gobierno?
 Ese diagnóstico no lo comparto para nada!. Veo la serie del PBI, y la variación interanual muestra un aumento de sólo 0,3%; se viene de un año de caída de 2,2%; en el mercado de trabajo las estadísticas oficiales me dicen que hay una pérdida de más de 240 mil puestos en los últimos 12 meses; están creciendo los niveles de informalidad en un sector muy complejo y de alta vulnerabilidad. Además, en el caso del PBI, uno de los componentes que más explica la suba por el lado de la demanda es el consumo, con 1,1%, pero cuando se toma cualquier serie de ventas minorista en la Argentina, da negativa: CAME, ventas de supermercados y de shopping que informa el Indec; otras que miden consultoras privadas, dan negativas, ¿por qué la del Indec en las cuentas nacionales da positiva?, no le encuentro explicación.

– Algunos pocos analistas, pero fundamentalmente desde la cadena industrial, observan que efectivamente les venden menos a esos canales que pasaron a ser tradicionales, pero más a los mayoristas; chinos y proveedores de almacenes y tiendas de proximidad al domicilio del consumidor, como las ferias móviles…
 Ahí me lleva a otro problema que está llevando esta política económica, está empujando a la informalidad, y eso me preocupa porque tenemos que recorrer el camino inverso. Por eso tampoco encuentro explicación a otras medidas puntuales. Por ejemplo, el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, es un fanático del dinero electrónico, llevado al extremo se puede compartir la búsqueda de la formalidad económica. Pero antes había tomado la decisión de eliminar la devolución del IVA sobre las compras de productos de consumo masivo con tarjeta de débito bancario, que constituye ir a contramano del fomento del dinero electrónico, e incentivó la informalidad. También me preocupa en términos de empleo; más aún la política monetaria, porque creo que el Gobierno está sobre ponderando la visión monetaria de la inflación en la Argentina, y trabaja con altas tasas de interés como único instrumento para sacar dinero de la economía, porque de ese modo está condicionando el crecimiento de la actividad agregada, el empleo, y la suba de los precios tampoco la ha logrado desacelerar muy fuertemente, veníamos del 25% en 2015, la dispararon a más de 40% en 2016 y hoy celebran estar en el punto de partida, pero con la economía en recesión. Y en el plano monetario me inquieta la gran bomba de tiempo que tiene la economía que es el abultado stock de Lebac, junto con el hecho de haber desmantelado todas las regulaciones al movimiento de capitales, más aún en una situación de visible atraso cambiario. Eso es muy riesgoso. Y además, tiene un costo enorme para toda la población porque el Banco Central va a pagar sólo de intereses de los instrumentos de regulación monetaria unos $220 mil millones. Mientras que en lado fiscal, como resignó recursos con la eliminación de las retenciones, el déficit crece exponencialmente. Y, también aumenta el déficit gemelo del comercio exterior. Todo eso se está financiando con endeudamiento externo.

– Antes el rojo de las finanzas públicas se financiaba con emisión de dinero del Banco Central y con deuda interna, y también con la ausencia de obras públicas, y atrasos cambiario y tarifario. Su Frente, como el del resto del espacio del peronismo, sostiene que no hay que hacer un ajuste, pese a un indiscutible desbarajuste inicial, y por tanto hay que avanzar por otro lado, y como sostiene el Gobierno el déficit fiscal hay que reducirlo gradualmente, ¿propone volver a financiarlo con emisión de dinero, y para no disparar la inflación, volver a tener tipo de cambio reprimido y atraso tarifario?
Primero, creo que el déficit fiscal hay que reducirlo trabajando del lado de los ingresos, no del lado del ajuste y del gasto. Segundo, hay que trabajar sobre ciertas regulaciones, porque si se va a dejar todo liberado y vamos a permitir que el endeudamiento externo financie la fuga de capitales no es negocio. Es más, una de las propuestas de proyecto de ley en la que estamos trabajando en el Frente Cumplir es generar alguna forma desde el Congreso de la Nación para que tenga que pasar por allí la autorización de cada pedido de colocación de deuda pública, no sólo en términos de monto, sino de sus características de plazo, tasa, legislación, garantía, la moneda, y principalmente el destino de los fondos. Por ejemplo, la Argentina una semana atrás colocó bonos a 100 años de plazo a tasas muy altas, cercanas a 8% anual en dólares, por USD 2.750 millones, mientras que el balance cambiario del Banco Central muestra que por mes se fugan USD 2.000 millones, por tanto pregunto: ¿se justifica que la Argentina se endeude a un plazo de 100 años en el que al final del camino va a pagar USD 20.000 millones, sólo de intereses, para financiar sólo un mes y medio de salida de capitales, que se la fugan 4 o 5 sectores concentrados?

– ¿Compartió la política de desendeudamiento del Gobierno?
 Ahí también el Frente Compartir se diferencia de lo que ahora se llama Unidad Ciudadana, porque haberse abrazado, en una actitud de capricho incluso, a una política de desendeudamiento con una severa restricción externa presente, que empujaba a usar reservas para pagar la deuda, era ridículo, por qué no cerró primero el frente externo para contar con el instrumento del endeudamiento. No tenía sentido aislarse del mundo. Ahora, con lo que hizo el nuevo Gobierno de ir a pagarle a los fondos buitres todo lo que querían, no estamos para nada de acuerdo. Incluso el Senador Juan Manuel Abal Medina que forma parte de nuestro espacio votó en contra. Tampoco estamos de acuerdo en haber tomado una bandera política para ir en contra de esa situación, sino en ir a negociar en beneficio de la Argentina para cerrar ese frente externo y contar con esa herramienta, pero con uso moderado, en condiciones favorables y con destino para cuestiones que mejoren la competitividad, la productividad, la inserción internacional de la Argentina con mayor valor agregado; y, en definitiva, para mejorar la capacidad de pago futura de esa deuda, no para financiar gasto corriente.

-¿Qué otras propuestas aspiran a presentar en la labor parlamentaria, y que serán el eje de la campaña en estas elecciones primarias?
Junto al señalado tema de regulación del endeudamiento del país; estamos estudiando iniciativas que tienen que ver con lo productivo y lo industrial. Como nuestro proyecto es de largo plazo vinimos trabajando muchos temas profundos que necesita la Argentina, porque vemos que desde hace mucho tiempo nadie plantea que país queremos para el futuro, y desde el ámbito legislativo adaptarnos a un presente en el que se le ponga un freno a lo que consideramos que es dramático para el conjunto de los argentinos, como es la política económica del Gobierno. Para estudiamos volver a poner restricciones al sistema financiero para pase a trabajar al servicio de la actividad productiva y no para que sea como se ha transformado el mercado de  capitales en un sector especulativo, donde está todo montado sobre una gran bicicleta y una gran  timba; se emite deuda pública para pagar gasto corriente. Eso va permitir avanzar en otra asignatura pendiente como es la desconcentración de los mercados, que es uno de los grandes problemas del país, desde los grandes centros comerciales y también algunos productores. Recuperar el rol del Estado en la reasignación del crédito. Todo eso se puede llevar adelante, bajo la idea de generar consensos, con diálogo, iniciativas novedosas, sin que eso no implique no reconocer que hubo errores en el pasado, porque los hubo, sino no se hubiesen perdido las elecciones en 2015; las cuales requieren mucha gestión. Creemos que hay que llamar a una concertación económico-social en la que se pongan a debate los precios, las tarifas, salarios, con un plan de fondo orientado a una Argentina productiva y que se reinserte en el mundo, para poder atravesar una etapa en la que hay que superar necesidades muy urgentes de emergencia alimenticia y también estructurales.

– ¿Ninguna propuesta vinculada para tender a un Estado eficiente, purificar el gasto desviado por la corrupción; la presentación de una autocrítica sobre la gestión del Gobierno del que formaron parte; están estudiando alguna propuesta legislativa que le ponga límite o que exija la rendición de cuentas al gobierno al fin de su mandato…?

Como mi especialidad es la economía, sólo puedo decir que hay equipos que están trabajando en los  temas legales vinculados con la administración de la cosa pública; como la corrupción en actos de gobierno, nos preocupa y queremos combatir fervientemente. Fíjese que en nuestro espacio político no va a encontrar a nadie con denuncias ni sospechas de causas con la corrupción. Y la propia figura de quien fuera el ministro político y más importante en los últimos 8 años del gobierno anterior, Florencio Randazzo, no tiene ningún problema con la justicia, de haber tenido responsabilidad de gestión en frentes muy importantes; y además, el hecho de que nos preocupa la eficiencia del gasto y la importancia de la gestión desde lo público está marcado en su propia experiencia.