sábado, 10 de febrero de 2018

Camino a la liberación de la mano de un Sindicalismo Integral y Social


Leonardo Cajal para el ENTREVERO

Nos decía Perón que “el verdadero valor de las organizaciones no se puede medir por el número de sus afiliados… sino por la clase de dirigentes que los conducen y los encuadran”. No es casual que el campo nacional esté atravesando esta oceánica crisis, como no es casual tampoco que la oligarquía haya alcanzado una nueva victoria y día tras día afiance su poder.
Desde mucho antes del asesinato del compañero Rucci, las organizaciones sindicales vienen padeciendo constantes erosiones por parte del imperio y por sus personeros locales al servicio de la antipatria, liberales, social-demócratas y una izquierda internacionalista teñida de un blanco sepulcral. Pero fue asesinato de José Ignacio Rucci que marcó el inicio de un continuo fuera de foco de los objetivos de los dirigentes, agravado inmediatamente después por la muerte del General Perón y al poco tiempo por el golpe de Estado de marzo del ‘76, que a pesar de las forzadas interpretaciones históricas su único objetivo fue la desindustrialización del país para ubicar a la República Argentina en un nuevo lugar en el escenario mundial, esta vez no como granero del mundo sino como deudora serial de la banca financiera mundial.
Para esto era necesario exterminar a los dirigentes sindicales formados en las viejas escuelas gremiales durante los ´40 y los ´50, que tuvieron un rol protagónico e inclaudicable valor durante los 17 años de exilio y proscripción.
Una vez allanado el terreno por los sectores oligárquicos al servicio del poder financiero mundial, el movimiento obrero inició su derrotero de  debilitamiento, la desaparición de cuadros gremiales de primer y segundo orden, el cierre de cientos de miles de fábricas, y las diversas intervenciones a los gremios dejaron al movimiento muy mal herido.
Con el inicio de la democracia se intensificó  la espoliación del movimiento obrero, por ese entonces Lorenzo Miguel ejercía el cargo de presidente del partido Justicialista, dado que Isabel Martínez de Perón se encontraba exiliada en España, y más allá de haber ocupado 35 bancas en el Congreso de la Nación la conducción gremial del partido fue señalada como la responsable de la derrota.
A esta primer derrota en la urnas del peronismo se le suma el proceso de legalidad ejercida por la oligarquía antiobrera, que hasta 1983 impuso su voluntad a través de distintas dictaduras y a partir de octubre de ese año utilizó al gobierno alfonsinista. Además por esos años comienzan a tener un rol protagónico los medios de comunicación audiovisuales, ahora muchos más sofisticados y en pleno proceso de reprivatización actuando como amplificador de ideas e instaladores de cuanto tema se asocié al desprestigio de la actividad gremial.
El  Alfonsinismo triunfante sintió la fuerza de impulso producto de un contundente triunfo electoral e intentó, mediante la Ley Mucci, nombre del por entonces ministro de Trabajo Antonio Mucci, romper con el modelo sindical histórico hecho que fracasó durante su tratamiento en la cámara de Senadores de la Nación.
Por ese entonces la figura de Saúl Ubaldini se consolida en la Central Obrera y hace de la CGT la organización política más fuerte en oposición a la orientación liberal del gobierno radical. Pero en 1987 el sindicalismo, que hasta entonces ocupaba los cargos más importantes del Partido Justicialista se encuentra con una corriente interna dentro del peronismo que finalizará con la dirigencia sindical del movimiento y con el rol protagónico que las 62 organizaciones venia teniendo desde 1974.
La fuerza de “Renovación”, en enero de 1988 en el Congreso del Partido de Mar del Plata restructuró al justicialismo y le quitó la representatividad del cupo sindical del 33% en las listas e inicia un proceso de conducción del partido Justicialista, incorporando a la Carta Orgánica un artículo que limita a 17 miembros representantes del sindicalismo de un total de 110 miembros del Consejo.
La crisis política del sindicalismo se intensificó durante la década del ´90, las políticas de desguace del Estado, las privatizaciones, la flexibilización laboral con la anuencia de algunos dirigentes derivó en la ruptura de la CGT, por un lado el MTA (Movimiento de Trabajadores Argentinos) gremios que no abandonan la CGT de postura sumamente crítica  y por otro lado la conformación de la CTA, en un primer momento llamado congreso de trabajadores argentinos y luego Central de Trabajadores Argentinos, nombre que conserva en la actualidad. Esta última central obrera se formó con gremios que abandonaron a la CGT. En una primera instancia la conformaron gremios estatales, teniendo un rol protagónico ATE, y luego se sumaron algunos otros del sector privado, porque no compartían la falta de medidas combativas por parte de la CGT ante las políticas antiobreras del neoliberalismo.
La experiencia del MTA durante los ´90 y el 2000 fue muy enriquecedora en cuanto a conquistas y plan de luchas rescatando lo mejor de aquel sindicalismo de la CGT de los argentinos de finales de los ´60, frenando la ley Banelco, manifestándose frente a las mediadas flexibilizadoras del FMI. Durante el kirchnerismo la CGT se unificó, pero el movimiento obrero continuó fragmentado; por un lado la CTA que nunca abandonó la idea de consolidarse como una central obrera reconocida, más allá que en todo su tiempo de vida jamás obtuvo su personería gremial, a pesar de los pedidos a diversos organismos internacionales. Así durante el periodo de 2003 a 2015 el universo sindical marchó entre una CGT y una CTA, y en los últimos 4 años la situación de los trabajadores se ve agravada con 5 centrales obreras, 3 CGT, azul y blanca, encabezada por Luís Barrionuevo (UTHGRA),  Antonio Caló (UOM) y Hugo Moyano (Camioneros) y dos CTA Pablo Micheli (ATE) y HugoYASKI (Ctera), todo esto en el marco de un gobierno peronista. Siempre las divisiones del campo nacional fueron son y serán funcionales a la antipatria.
De esta manera el movimiento obrero argentino se posicionó frente a la embestida del neolibarialismo que por segunda vez llegó al poder por el voto popular.
Fue durante los primeros meses del gobierno de cambiemos que se produce un intento de unidad de  CGT esmerilada en un triunvirato formado por Héctor Daer (Sanidad) Carlos Acuña (Personal de Estaciones de Servicio) y Juan Carlos Schmidt (Dragado y balizamiento).
Hoy  el movimiento obrero, en estas condiciones y a pesar de las operaciones mediáticas y la crisis de representatividad, sigue siendo la única organización con capacidad de daño al liberalismo gobernante en defensa del pueblo,  un ejemplo de esto fueron las consecuencias de la marcha del 22 de agosto de 2017 que culminó con la renuncia de dos funcionarios del gobierno cambiemos Luis Scevino, y Ezequiel Sabor.
Con el correr de los años el rol protagónico del movimiento obrero dentro del campo nacional fue corriéndose de su eje principal, como columna vertebral del movimiento, muchas veces por presiones externas a él, por falta de interpretación política y otras veces por los nuevos actores que buscan equivocados protagonismos en el escenario político. Es importante comprender que el rol del movimiento obrero es mucho más que el de la organización sindical  y todo aquello referido a cuestiones laborales. En un país semicolonial como la Argentina el pasaje a la liberación nacional se da desde las chimeneas humeantes, lo entendieron así los padres de la Nación a comienzos del siglo XIX, Fray Luis Beltrán y el ejército Sanmartiniano, como también a inicios del siglo XX  el ejército industrialista, de Mosconi y Savio, bajo la influencia del Mariscal Colmar von der Goltz y sus conferencias en la Escuela Superior de Guerra, y lo entendió el General Perón organizando al movimiento obrero desde la Secretaria de Trabajo y Previsión primero y después desde las políticas sociales, los planes quinquenales, la Constitución del ´49 y las escuelas sindicales y de encuadramiento gremial.

Decía Perón en 1973 que se debía volver a las escuelas sindicales, porque el movimiento obrero había alcanzado tal magnitud que debía estar en manos de dirigentes altamente capacitados, porque a los valores propios del dirigente se le deben complementar una capacitación y una ilustración general, de esta manera el General anunciaba a la dirigencia gremial que debía estar preparado para los nuevos tiempos venideros.
Hoy a las puertas de la tercera década del Siglo XXI las palabras de Perón continúan tan vigentes como hace 45 años, la Patria necesita de dirigentes altamente preparados, que no vean a la actividad gremial como una actividad de límites y alcance laboral. El legado histórico de la CGT es revolucionario, es de liberación nacional para luego extenderla a todo Latinoamérica.
Sostengo que la CGT es mucho más que tres o cuatro dirigentes incomodos con las masas, es mucho más que los errores de algunos dirigentes que se confunden entre luces de sets televisivos, el movimiento obrero trasciende a los sinsentidos del desequilibrio constante entre tribuna de futbol y política gremial. El sindicalismo necesita reencontrarse consigo mismo porque es mucho más que una organización que se sienta a negociar, ese es el gran error político gremial del sindicalismo actual, no se puede negociar con el enemigo de la Nación, no hay nada que negociar, porque al hacerlo el movimiento obrero transita por un terreno que le es ajeno, no le pertenece y va en contra de sus propios intereses.
Hoy el movimiento obrero está sostenido por cientos de dirigentes con claros objetivos y millones de trabajadores que sienten en lo profundo de su alma el reflejo de un pasado de lucha, conquista y unidad, en los cueros curtidos de los nadies viven por siempre Felipe Vallese, Jorge di Pascuale, Amado Olmos, José Ignacio Rucci, Oscar Smith y Saúl Ubaldini, y por tal razón la Patria encontrará su sentido de la mano de un sindicalismo más próximo a los humildes, a los desplazados y profundamente cristiano; un sindicalismo integral pero a su vez completamente social.

Dice el Papa Francisco en su mensaje a los trabajadores “Los sindicatos y movimientos de trabajadores por vocación deben ser expertos en solidaridad. Pero para aportar al desarrollo solidario, les ruego se cuiden de tres tentaciones.
La primera, la del individualismo colectivista, es decir, de proteger sólo los intereses de sus representados, ignorando al resto de los pobres, marginados y excluidos del sistema. Se necesita invertir en una solidaridad que trascienda las murallas de sus asociaciones (…). Mi segundo pedido es que se cuiden del cáncer social de la corrupción. Así como, en ocasiones, «la política es responsable de su propio descrédito por la corrupción», lo mismo ocurre con los sindicatos. Es terrible esa corrupción de los que se dicen «sindicalistas», que se ponen de acuerdo con los emprendedores y no se interesan de los trabajadores dejando a miles de compañeros sin trabajo; esto es una lacra, que mina las relaciones y destruye tantas vidas y familias. (…) El tercer pedido es que no se olviden de su rol de educar conciencias en solidaridad, respeto y cuidado. La conciencia de la crisis del trabajo y de la ecología necesita traducirse en nuevos hábitos y políticas públicas. Para generar tales hábitos y leyes, necesitamos que instituciones como las de ustedes cultiven virtudes sociales que faciliten el florecimiento de una nueva solidaridad global, que nos permita escapar del individualismo y del consumismo”
Hoy los trabajadores debemos ser más hermanos que nunca y marchar juntos para la liberación de la Patria, porque no será de la mano de la política que la Argentina dejará de ser colonia.
Por último culpar al movimiento obrero de los fracasos del campo popular es el peor de los errores que se puede cometer, y estos  tiempos adversos nos obligan a no cometer ni uno más. La crisis del sindicalismo es concomitante a la crisis dirigencial de la política,  y el peronismo viene padeciendo esa crisis desde la muerte del General Juan Domingo Perón en 1974, depende de nosotros salir de ella.

Homero Manzi

Iciar Recalde, diciembre 2018 Homero Manzi fue el país que habitaba. Y su destino. Flor de patriota este gordo poeta. Hombre de convic...