martes, 16 de octubre de 2018

NUESTRA IDENTIDAD POLÍTICA ES LA QUE DEFINIÓ PERÒN


Por Juan Gabriel Labaké

Es ya un lugar común afirmar que el peronismo sufre una crisis profunda de identidad, y que ella está en las raíz misma de las divisiones actuales.
En mis últimas notas he insistido en que la división entre peronistas “racionales” y peronistas “kirchneristas” es tan dañina como equivocada y falsa, porque ninguno de esos dos sectores enfrentados representa, y menos defiende verdaderamente el pensamiento filosófico y político de Perón.
Sintéticamente y sólo como recordatorio: el peronismo “racional” no pasa de ser una ficción para disimular el apoyo a las políticas neoliberales de Macri. Sus responsables son, en buena medida, los continuadores del “peronismo sin Perón” que proliferó mientras el General estaba exiliado en España. Un intento inútil y fallido de entrada.
A su turno, el peronismo “kirchnerista” está repitiendo, por otros medios, la experiencia montonera de 1972/1974: proclamarse peronista para desplazar a Perón como conductor del Movimiento (en 1972/1974), y como creador de su doctrina (en 2018).  Algo más ingenuo que perverso, que desea llevar el peronismo a las posiciones del sectarismo de izquierda.
De esa forma, la grieta que divide a los argentinos ha extendido un brazo para separar a dos viejos neoperonismos, y hacernos creer que se ha divido el Movimiento, cuando en realidad lo que se ha dividido son las caricaturas del peronismo, sus desviaciones “sesentistas” y “setentistas”.
Ante ello, estimo necesario y conveniente que los peronistas que seguimos siendo fieles al pensamiento de Perón -si se me permite esa redundancia- proclamemos y reafirmemos los primeros principios que el propio General usó para crear ese coherente y lúcido edificio intelectual que es la doctrina peronista.

Al respecto, remarco que:
1.- No queda duda posible de que el peronismo verdadero sigue siendo un Movimiento Nacional, Popular, Humanista y Cristiano. Nunca será excesivo aclarar que el agregado del calificativo “cristiano” no significa una definición confesional, y mucho menos sectaria, sino que expresa nuestra adhesión al Humanismo de inspiración cristiana, es decir espiritualista o trascendente, el cual se puede sostener desde cualquier creencia, religiosa o no, que considere al hombre, no como mera materia, sino justamente como un ser que trasciende la Historia.
Hoy es necesario aclarar que nuestra adhesión al humanismo trascendente es la base de nuestra defensa de la vida como valor supremo e inamovible de la política y, por ende, de nuestro rechazo de la legalización del aborto.
2.- Hay una segunda definición de Perón que, con otras palabras pero en forma totalmente coincidente, define a nuestro Movimiento, y es aquel axioma que reza: “Los dos grandes objetivos de la política son la grandeza de la patria y la felicidad del pueblo argentino”.
Parafraseando a Perón, en su definitorio y definitivo discurso del 21 de junio de 1973 (un día después de la masacre de Ezeiza) digamos que “seguimos siendo lo que esas dos liminares definiciones de Perón dicen que somos”.

3.- También mantenemos irrenunciablemente las tres banderas fundacionales. Al respecto, es bueno traducir esas banderas en las concretas e indispensables definiciones de hoy:
La Soberanía Política exige ahora:
·         una política internacional independiente de las grandes potencias y de los centros de poder financiero mundialista;
·         una clara e intransigente oposición al acuerdo con el FMI;
·         una expresa definición de la usurpación de nuestras Islas Malvinas por parte de Gran Bretaña como la principal y más grave hipótesis de conflicto actual;
·         la preservación, poblamiento y desarrollo de todo el territorio nacional (tanto terrestre como marítimo) como primera prioridad de nuestra política económica, poblacional, territorial y de defensa nacional;
·         el desendeudamiento externo, con especial énfasis en el repudio de toda deuda que sea ilegítima y fraudulenta.

La independencia económica reclama hoy:
·         un plan económico basado en una economía en expansión, con centro en el consumo masivo como motor del desarrollo, lo cual conlleva el pleno empleo y los salarios dignos;
·         la renacionalización del aparato productivo y, especialmente, de las empresas de servicios públicos;
·         la defensa de la producción nacional;
·         una ley de inversiones extranjeras que oriente la inversión hacia las zonas y los sectores de actividad que interesan al país, con expresa limitación del porcentaje de utilidades que puedan repatriar anualmente las empresas inversoras, y la exigencia de que el resto se reinvierta en nuestro país;
·         la transferencia de tecnología de dichas empresas, que debe completarse en un plazo limitado;
·         un racional control de cambio, de depósitos bancarios, del comercio exterior, de las transferencias o remesas al exterior y de otros resortes o rubros  macroeconómicos que, por su influencia en la economía general del país, sea aconsejable no dejarlos librados al arbitrio de grupos privados casi siempre monopólicos;
·         un cuidado equilibrio fiscal y monetario, para evitar y prevenir tanto la presión inflacionaria como el endeudamiento público;
·         un razonable equilibrio entre la inversión y el consumo.

La Justicia Social significa en la actualidad:
·         un sistema de distribución del ingreso que garantice a los trabajadores al menos un 50% de la renta nacional;
·         salarios dignos y suficientes para el pleno desarrollo de la familia del trabajador;
·         un sistema de educación, de salud, y de seguridad que permitan una vida digna para todos los argentinos;

Sobre estos principios primigenios, con los agregados y correcciones que cada uno de nosotros proponga hacer, los peronistas deberíamos reunirnos en un congreso casi refundacional, en el que los proclamemos y nos comprometamos a sostenerlos en forma inclaudicable por ser la base fundamental de nuestra tarea política.

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