martes, 7 de mayo de 2019

Eva Peròn en la visión de Leonardo Favio yArturo Jauretche



“Los que no la vieron trabajar, los que no conocieron su jornada de labor sacrificada y sin pausa, que empezaba a las primeras horas de la mañana y terminaba al alba, los que sólo ven las apariencias del triunfo y del prestigio y no conocen el duro precio que se paga cuando se siente la responsabilidad y cómo la gloria es una pesada carga sobre los hombros y no las alas que ayudan a volar, no pueden saber lo duro que fue aquel vivir de pocos años y cómo la muerte fue una liberación. Hay gente que la imagina a Evita como una llama esplendorosa. Yo la veo pequeña y fuerte, tenaz, tozuda, voluntariosa. (…) Para mí no es llama porque la recuerdo así -pequeña y tenaz-, una pura brasa, fuego lento y continuado, un carbón encendido que se quema a sí mismo mientras desparrama su calor. Así fue su vida. Y murió así, consumida por su propio fuego. (…) A veces, se pretende eliminar a la mujer revolucionaria para canonizar un personaje de yeso. A Evita mujer hay que emularla. A Evita santa, basta con rezarle.” Arturo Jauretche 

“Era una santa –dice despacito una mujer que está en la cola desde el día anterior y otra dice:
- Igual que Cristo.
- ¿Cómo dijo?
-Digo que hacía lo mismo que Cristo. Daba de comer a los hambrientos… Curaba a los enfermos… Resucitaba a los muertos…
- ¿Resucitaba a los muertos? No entiendo.
- Si, si… En la Argentina había, por lo menos, diez millones de muertos… Enterrados en vida… Y ella los resucitó.” Elías Castelnuovo (1972)
“Estaba todavía en Mendoza cuando ocurrió la muerte de Evita. Un día de profunda congoja… Yo llegué a escuchar sus discursos en mi pueblo. Era una cosa muy rara. Evita era como la Virgen. Para los humildes, era un milagro el hecho de que vos le escribieras una carta y que a la semana te cayera una máquina de coser. Pensá que esa máquina -para esa gente- era un medio de subsistencia. La de Evita era una imagen muy rara, confusa, era un ser especial, era como una santita. Estaba en los altares. Mi abuelita y mis tíos -como todo el mundo- tenían una foto de Evita junto a la de los santitos. Cuando murió Evita, el país lloró con desconsuelo. Me acuerdo de mi abuelito, sentado en una silla, llorando sin consuelo. Mi acuerdo que mi bisabuela le acariciaba la cabeza y él seguía llorando acongojado, con el diario Los Andes, de Mendoza, en la mano.” Leonardo Favio 

Del muro de Facebook de Iciar Recalde

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