Dr. César Augusto Lerena, 24 de enero de 2022 ©
El gobierno,
para conmemorar los 40 años de la Guerra de Malvinas, se apresta a realizar una
serie de charlas; actos recordativos; difusión de derechos; antecedentes
históricos; búsqueda de apoyos y homenajes a los combatientes, etc. Ninguna política activa destinada a
recuperar la soberanía plena en Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y
los territorios marítimos e insulares ocupados por el Reino Unido de Gran
Bretaña. Mucho menos, resaltar la Recuperación de Malvinas ocurrida el 2 de
abril de 1982 que se prolongó hasta el 14 de junio de 1982, después de 149
años de la ocupación militar británica ininterrumpida desde el 3 de enero de
1833.
El gobierno no
quiere (y yo tampoco) atribuir esta Reconquista al dictador Galtieri; pero, en
ese intento, sus sucesivas autoridades han confundido las motivaciones espurias
de éste; la falta de oportunidad y de disponibilidad del armamento
indispensable; la pésima planificación y conducción de los principales
responsables; la incapacidad estratégica y, la falta de consentimiento nacional
y autorización de los representantes legítimos del pueblo, entre otras razones,
que podrían ser detalladas con mayor precisión y amplitud, con la Gesta Heroica
de quienes ejecutaron la recuperación de Malvinas y la defensa del territorio
nacional, combatiendo y cumpliendo fielmente con el juramento de “seguir
constantemente la bandera y defenderla hasta perder la Vida”.
Depreciar la Reconquista, es desvalorizar
el esfuerzo de los soldados, suboficiales, oficiales, mercantes, civiles y
hasta pescadores combatientes y de sus familiares. Depreciar la Reconquista
hace caer en abstracto y devalúa todas las condecoraciones y reconocimientos a
los Veteranos de Guerra. Es una sanción que no puede alcanzar a quienes
combatieron con honor y, su ocultamiento, es una condena explícita y una
desmalvinización que se cumple hasta nuestros días devaluando la Reconquista y,
manteniendo al país y a los argentinos postrados ante la Infamous Falange de
Albión; quien, no solo utilizó todo su
poderío militar durante la guerra, sino que después de ella nos desculturizó
poniendo a la Nación de rodillas; consolidando la hegemonía del Reino Unido -a
través de todos los gobiernos- mediante la persistencia de los Acuerdos de
Madrid (1989/90); el de Nueva York (Ley 25.290); el Pacto de Foradori-Duncan;
la protección y promoción de los bienes británicos (Ley 24.184); la derogación
de la Ley 17.094 del Mar Territorial de 200 millas (Ley 23.968), etc.
apropiándose de nuestra soberanía; de 1.639.900 km2 de territorio marítimo e
insular y 250 mil toneladas anuales de recursos pesqueros, a la par de avanzar
sobre los petroleros e internacionalizar el Atlántico Sur; sin detallar,
las concesiones de servicios esenciales y explotación de recursos naturales que
enajenan el patrimonio y el administración nacional. Todas decisiones odiosas
que aún continúan vigentes.
¿Por qué los
gobiernos, por sancionar legítimamente a Galtieri, privan a los combatientes de
Malvinas y a todos los argentinos de semejante orgullo nacional equiparable -o
aún más- a la Reconquista de Buenos Aires de 1806? Ya que, si bien ésta tuvo
como protagonistas a criollos, fue fundamentalmente de españoles (miñones y
tercios catalanes, cántabros, asturianos, gallegos, castellanos, andaluces y
aragoneses), orientales; granaderos e infantes de Marina; dragones y
blandengues; milicias de caballería e infantería de Colonia y Montevideo;
libertos negros y esclavos, bajo la conducción del francés Liniers. Una defensa
española de civiles y militares radicados en Montevideo y Buenos Aires que
reaccionó ante la invasión inglesa, mientras, que la Recuperación de Malvinas,
fue una tarea de argentinos con el apoyo latinoamericano.
A Galtieri ya se
le aplicaron los dichos previos a la derrota de Ayohuma del general Manuel Belgrano:
“Yo respondo a la Nación con mi cabeza del éxito en la batalla”; pero, nunca
supe, que una Nación ocultase una victoria, aunque su sostenimiento fuera
efímero y adverso (La batalla de la Vuelta de Obligado fue por un día, terminó
en derrota argentina y, tuvo 250 muertos y 400 heridos). Si a la Reconquista de Malvinas la ocultásemos por transformarse
finalmente en una derrota, seguramente también deberíamos encubrir el Éxodo Jujeno (1812) y las
batallas de Vilcapugio (1813) y de Ayohuma (1813) del Gral. Belgrano; la de
Cancha Rayada (1818) del Gral. San Martín; la de Tacuarembó (1820) del Gral.
Artigas y, hasta la propia batalla de la Vuelta de Obligado (1845) del Gral.
Mansilla, que, aún derrotados conmemoramos la fecha de este combate como el
día de la soberanía nacional (Ley 20.770 del 26/9/74) y, es que, como refiere
el escritor y corresponsal de guerra Arturo Pérez-Raverte «El modo más seguro
de perder una batalla es creerla perdida».
¿Los isleños
británicos festejarán el 14 de junio de 2022 los 40 años de la segunda
usurpación de Malvinas, o se lamentarán en este aniversario de no haber tenido
suficientemente protegidas las Islas en abril de 1982? Festejarán, mal que nos
pese, la expulsión de nuestras tropas de las Islas. ¿Qué debería hacer por su
parte la Argentina? Conmemorar el 40 Aniversario de la recuperación de Malvinas
después de 149 años de la invasión y ocupación militar británica interrumpida
y, sancionar severamente -si aún no ha sido suficiente- a Galtieri y, a
quienes, junto a él, tomaron la decisión y condujeron a los argentinos a la
posterior derrota en el combate, por aquello de que: “Un ejército victorioso
gana primero y entabla la batalla después; un ejército derrotado lucha primero
e intenta obtener la victoria después. Esta es la diferencia entre los que
tienen estrategia y los que no tienen planes premeditados” (Sun Tzu, “El Arte
de la Guerra”).
Está claro que,
según esa idea, Galtieri y otros generales y almirantes merecen la mayor de las
humillaciones, pero ésta no puede trasladarse a los combatientes y al conjunto
de los argentinos. ¿Qué hubiera pasado si en lugar de un gobierno de facto,
hubiese sido un gobierno elegido por la voluntad popular quien recuperara
Malvinas? ¿No está acaso en la voluntad
popular recuperar la soberanía plena de Malvinas? La respuesta puede
encontrarse en la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional
de 1994 aprobada por la representación unánime del pueblo: «La Nación Argentina
ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las islas Malvinas,
Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares
correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional. La
recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía,
respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del
Derecho Internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del
pueblo argentino». ¿La forma para ello? Dependerá de nuestras capacidades y
voluntad. Entre la acción bélica y la genuflexión, hay un gran abanico de
acciones posibles.
Hay muchas
formas para encaminarnos hacia una resolución favorable en la "Cuestión
Malvinas" y desprendernos también, de la dependencia que impide el
desarrollo de nuestras potencialidades. Las que anuncia el gobierno en la
"Agenda de Malvinas 40 años" no hubiese ocupado en el diseño
estratégico del Gral. Juan Domingo Perón ni un capítulo menor. No hay en esta
Agenda, como he dicho, una sola política activa destinada a recuperar la
soberanía plena en los territorios argentinos ocupados por el Reino Unido.
Mientras nosotros damos charlas sobre Malvinas, los isleños británicos se
llevan nuestros recursos, construyen puertos e instalan sistemas antimisiles,
aun conociendo nuestra extrema debilidad. Es la excusa. No somos nosotros.
A esta altura el
Consejo Nacional de Homenajes y Cultura de Malvinas (de eso trata la Ley
27.558) es difícil que pueda conciliar un Plan
Nacional de Recuperación de Malvinas (además la ley no los faculta) ya que, por
un lado, está integrada por miembros como Marcelo Kohen (que propuso un
referéndum a los isleños, etc.), Susana Ruiz Cerutti (gestora de los Acuerdos
Madrid) y Martín Balza (ejecutor de éstos desde su jefatura del ejército) y,
también, donde conviven ideas antagónicas entre los excombatientes (dos,
aunque la ley prevea solo uno ¿?), ya que, mientras Ernesto Alonso
representando a un pequeño Centro local relata algunas ideas esotéricas: “nada
tiene que ver (él) con los llamados Veteranos de Guerra” (sic) y, entiende como
“una denominación castrense que apareció en los 90 de mano de los carapintadas”
(sic), ignorando, que el Congreso Nacional sancionó la ley 25.370 declarando el
2 de abril “Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas” e,
igualmente, que el Presidente Néstor Kirchner, por Ley 26.110 definió esa fecha
como feriado nacional inamovible y, la Agenda Malvinas 40 años: «tiene como
ejes principales el (…) el homenaje del pueblo argentino a los (…) veteranos y
veteranas de Malvinas» (Malvinas nos une. Argentina.gob.ar). Además, Alonso no
considera héroes a los combatientes de Malvinas: “es importante para la etapa
que se viene deconstruir los estereotipos de HÉROE fundados en la lógica del
patriarcado, dentro un pacto extremadamente machista” (sic) (Infobae
23/2/2020). Es decir, chau San Martín,
Belgrano, Rosas, Güemes, Artigas, etc. y, por cierto, también los que
ofrendaron su vida y combatieron en Malvinas. Estos dichos fueron repudiados
por la Federación de Veteranos de Guerra de la Provincia de Buenos (39 Centros)
que los consideraron “una bajeza total”; otro tanto hizo la Comisión de
Familiares de Caídos en Malvinas y, entre otros, el excombatiente César Trejo
que expresó: “dónde está el lugar de Juana Azurduy (…) primero nos tildaron
de loquitos, después de niños y, por último, de víctimas, ahora Alonso nos
trata de machirulos…” (Radio Gráfica, 3/3/2020). En contrario, Adolfo “Fito”
Schweighofer representante de la Comisión Nacional de Excombatientes de
Argentina refiere a la Recuperación de Malvinas como “la Gesta de Malvinas del
2 de abril de 1982 (…) los Veteranos de Malvinas desde el primer día que
volvimos del sur (…) qué mejor oportunidad que los 40 años de la Gesta (…) si
nos quedamos en lo conmemorativo solamente apelaremos a la nostalgia…” (https://youtu.be/R7MqV2osa1l,
6/1/2022). Pareciera que, entre Alonso y Fito, después de 40 años, hay un
abismo y no sólo terminológico. Aunque en ambos casos, no conozcamos sus
planes.
Espero, que a 40
años de la Recuperación de Malvinas podamos “separar la paja del trigo” y,
procedamos a conmemorar la Recuperación de Malvinas, con la salvedad indicada.
Entiendo que si no se valoriza la Recuperación no se lamentará suficientemente
la pérdida y, sin ello, no se habrán de poner las suficientes energías para lograr
la integridad territorial y, evalúo que, frente a la posibilidad de utilizar
herramientas proactivas, la “Agenda Malvinas 40 años” no está a la altura de
las necesidades estratégicas de la Argentina y, en nada habrá de modificar la
situación de sumisión y oprobio que padecemos todos los argentinos que sufrimos
Malvinas como un desgarro infame a nuestra nacionalidad.
Como indica
Alfonso Hernández-Catá “La guerra no empieza nunca en la primera batalla ni
acaba con la última” y, yo modestamente digo: a Cancha Rayada le llegó su Maipú
como también le llegará a Malvinas, si nuestra política deja de ser declamar,
reclamar y cooperar unilateralmente.