jueves, 15 de enero de 2026

La espada y la moneda

Alberto Buela 


En estos días Trump invadió Venezuela y no lo hizo para recuperar la democracia conculcada por el dictador Maduro sino por el petróleo venezolano atado al dólar. “Somos los más fuertes y el petróleo es nuestro” afirmó sin tapujos ni hipocresía.

Esto manifiesta una “voluntad de poder explícita” desconocida desde la Segunda Guerra. “El trumpismo es un nietzscheanismo para las masas” (J. Garriga). Y así puede afirmar sin ponerse colorado que los Estados Unidos es el nuevo pueblo elegido, que son los más fuertes y que son los amos del mundo.

Claro está, todo esto desquicia y asusta a todas las cabezas progresistas o pseudo progresistas del mundo porque rompe el relato del globalismo. Ese globalismo multiculturalista(indigenista), de agenda verde(abortista) y arco iris(Lgtb), de sustitución de poblaciones (le grand remplacement).

Trump rechaza el globalismo retirando a USA de 66 organizaciones inter gubernamentales dirigidas a eso.

 Pero ese rechazo no significa sostener una visión multipolar como puede llegar a creerse sino First America, un nacionalismo supremacista por parte de los Estados Unidos. Muy similar al de Israel.

Es cierto que este nacionalismo exacerbado es un riesgo para todos aquellos países que puedan caer dentro del interés yanqui, pero hasta ahora ninguna de las naciones más poderosas de Nuestra América han hecho nada para  combatir eficazmente a los corruptos, dictadores y malvados. Como fue el caso de Brasil y México respecto de Maduro, Ortega o Raúl Castro.

En primer lugar esta decisión de Trump  dio al traste con la idea de atlantismo o imperialismo talasocrático (oceánico) proponiendo la ocupación de la tierra: hoy Venezuela, mañana Groenlandia y luego Canadá.

En definitiva, todo indica que el mundo será dividido en naciones continentales: Rusia, China, a lo mejor India, con una relativa independencia pero bajo la férula norteamericana.

Es decir, Trump propone un mundo multipolar antiglobalista pero controlado por la voluntad omnipotente de USA. China no se va a enfrentar, nunca lo hizo en su larga historia, Rusia e India no pueden. Todos irán e una convivencia pacífica sin sacar los pies del plato. Porque será un mundo multipolar bajo una égida unipolar. Hay que recordar que la capacidad militar de los Estados Unidos es superior al conjunto de las cinco potencias nucleares que le siguen.

Obviamente que desaparece Europa no solo por la sustitución de su población por musulmanes y negros, sino porque perdió su élan vital. África seguirá siendo explotada al máximo, con la connivencia de sus corruptos dirigentes, por las empresas multinacionales y las naciones que puedan hacerlo. Mientras que Nuestra América seguirá siendo “la gran Ecúmene siempre del futuro”, nunca en los hechos. Se aplica a Iberoamérica aquel epigrama de Oswaldo Aranha, canciller del Brasil: Pobre Brasil condenado a ser siempre el gran país del futuro.

Me dirán que somos pesimistas pero no, somos realistas esperanzados que venimos a sostener que mientras que el número determinante de la dirigencia hispanoamericana sea corrupto no vamos a levantar cabeza.

Mientras se roben el dinero de los pueblos diciendo que lo hacen para defenderlos, mientras no se rompa con la hipocresía y el cinismo de los gobernantes ladrones, mientras no nos demos un Proyecto Común de Nación, en el mundo no cortamos ni pinchamos. En política internacional estaremos condenados a seguir con esta vida vegetativa de ahora.

Y a título personal dejamos de preferirnos a nosotros mismos. Con gobiernos que llevan sus ahorros (oro) a Londres, Basilea o Nueva York, con colegios y universidades que relatan nuestra rica historia contra nosotros mismos (la leyenda  negra), con millones de jóvenes que emigran buscando, prioritariamente, dinero y más dinero.

Tenemos que revertir esta decadencia, al menos pensando que Trump no va a durar para siempre y es probable que esta nueva geopolítica suya desaparezca. De modo tal que tenemos que estar presentes participando en una futura geopolítica para la región. Nosotros hace algunos años hemos propuesto la Teoría del Rombo para Suramérica y es hora que vayamos pensando un aggiornamento.

 


 

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