Alberto Buela
En estos días Trump invadió Venezuela y no lo hizo para recuperar la democracia conculcada por el dictador Maduro sino por el petróleo venezolano atado al dólar. “Somos los más fuertes y el petróleo es nuestro” afirmó sin tapujos ni hipocresía.
Esto manifiesta
una “voluntad de poder explícita” desconocida desde la Segunda Guerra. “El
trumpismo es un nietzscheanismo para las masas” (J. Garriga). Y así
puede afirmar sin ponerse colorado que los Estados Unidos es el nuevo pueblo
elegido, que son los más fuertes y que son los amos del mundo.
Claro está, todo
esto desquicia y asusta a todas las cabezas progresistas o pseudo progresistas
del mundo porque rompe el relato del globalismo. Ese globalismo
multiculturalista(indigenista), de agenda verde(abortista) y arco iris(Lgtb),
de sustitución de poblaciones (le grand remplacement).
Trump rechaza el
globalismo retirando a USA de 66 organizaciones inter gubernamentales dirigidas
a eso.
Es cierto que este
nacionalismo exacerbado es un riesgo para todos aquellos países que puedan caer
dentro del interés yanqui, pero hasta ahora ninguna de las naciones más
poderosas de Nuestra América han hecho nada para combatir eficazmente a los corruptos,
dictadores y malvados. Como fue el caso de Brasil y México respecto de Maduro,
Ortega o Raúl Castro.
En primer lugar
esta decisión de Trump dio al traste con
la idea de atlantismo o imperialismo talasocrático (oceánico) proponiendo la
ocupación de la tierra: hoy Venezuela, mañana Groenlandia y luego Canadá.
En definitiva,
todo indica que el mundo será dividido en naciones continentales: Rusia, China,
a lo mejor India, con una relativa independencia pero bajo la férula
norteamericana.
Es decir, Trump
propone un mundo multipolar antiglobalista pero controlado por la voluntad
omnipotente de USA. China no se va a enfrentar, nunca lo hizo en su larga
historia, Rusia e India no pueden. Todos irán e una convivencia pacífica sin
sacar los pies del plato. Porque será un mundo multipolar bajo una égida
unipolar. Hay que recordar que la capacidad militar de los Estados Unidos es
superior al conjunto de las cinco potencias nucleares que le siguen.
Obviamente que
desaparece Europa no solo por la sustitución de su población por musulmanes y
negros, sino porque perdió su élan vital. África seguirá siendo
explotada al máximo, con la connivencia de sus corruptos dirigentes, por las
empresas multinacionales y las naciones que puedan hacerlo. Mientras que
Nuestra América seguirá siendo “la gran Ecúmene siempre del futuro”, nunca en
los hechos. Se aplica a Iberoamérica aquel epigrama de Oswaldo Aranha,
canciller del Brasil: Pobre Brasil condenado a ser siempre el gran país del
futuro.
Me dirán que somos
pesimistas pero no, somos realistas esperanzados que venimos a sostener que
mientras que el número determinante de la dirigencia hispanoamericana sea
corrupto no vamos a levantar cabeza.
Mientras se roben
el dinero de los pueblos diciendo que lo hacen para defenderlos, mientras no se
rompa con la hipocresía y el cinismo de los gobernantes ladrones, mientras no
nos demos un Proyecto Común de Nación, en el mundo no cortamos ni pinchamos. En
política internacional estaremos condenados a seguir con esta vida vegetativa
de ahora.
Y a título
personal dejamos de preferirnos a nosotros mismos. Con gobiernos que llevan sus
ahorros (oro) a Londres, Basilea o Nueva York, con colegios y universidades que
relatan nuestra rica historia contra nosotros mismos (la leyenda negra), con millones de jóvenes que emigran
buscando, prioritariamente, dinero y más dinero.
Tenemos que
revertir esta decadencia, al menos pensando que Trump no va a durar para
siempre y es probable que esta nueva geopolítica suya desaparezca. De modo tal
que tenemos que estar presentes participando en una futura geopolítica para la
región. Nosotros hace algunos años hemos propuesto la Teoría del Rombo para
Suramérica y es hora que vayamos pensando un aggiornamento.
