lunes, 30 de agosto de 2010

Ernesto Guevara como patriota latinoamericano y teórico de la Revolución por Maximiliano Molocznik


Ernesto Guevara como patriota latinoamericano y teórico de la Revolución

Por: Maximiliano Molocznik.

La obra intelectual y revolucionaria de Ernesto Guevara (1928-1967) si bien no se circunscribe a su estancia en Cuba, indudablemente está unida orgánicamente a la Revolución Cubana y a su raigambre internacionalista de la cual él ha sido su paradigma.
Norberto Galasso lo ha definido como un verdadero patriota latinoamericano y ha destrozado la fábula de su supuesto antiperonismo con una claridad meridiana “Resulta interesante, entonces, reflexionar desde cuando el Che se considera “patriota latinoamericano”, en que época se convierte al socialismo y cómo ensambla ambas cuestiones. Años atrás corrió la versión de que el Che había militado en el Partido Comunista de la Argentina. Es decir, se habría definido “marxista”, por así decir (Marx nos perdone por suponer que el partido de Victorio Codovilla difundía marxismo) y por consiguiente, resultaba declaradamente antiperonista, lo cual entroncaba con su salida de Argentina mientras gobernaba Perón (segundo viaje, 1953). Sin embargo, a medida que diversos biógrafos ahondaron en su vida se comprobó que esta tesis era falsa. El 14 de Julio de 1960, el Che declara: “Puedo decir con toda conciencia que jamás he estado vinculado al Partido Comunista, ni con los movimientos comunistas”. También resulta falsa la versión del antiperonismo del Che, como asimismo su abandono de la Argentina por razones políticas. No existe ninguna declaración, ni recuerdo, ni adhesión donde conste una definición de este tipo. Ahora, uno de sus biógrafos, Paco Ignacio Taibo II, reproduce la siguiente declaración del Che: “No tuve ninguna preocupación social en mi adolescencia y no tuve ninguna participación en las luchas políticas y estudiantiles de la Argentina”. Ni siquiera votó en las elecciones del 24 de Febrero de 1946 por faltarle unos meses de edad para alcanzar el derecho al sufragio”.
En toda su vida y su obra, Guevara se orientó a un intento permanente de acercarse con humildad y sin petulancia a los pueblos oprimidos de su América y del mundo. Veamos como lo explica él mismo: “Yo fui muchacho intelectualillo cuando estudiaba, aspirante a intelectualón cuando, ya médico, elegí una especialidad. Pero sólo aprendí a hablar en la Sierra. Allí adquirí un lenguaje elemental y directo, que no cubre nada, ni oculta nada, que no sirve para disfrazar sino para entenderse”. En otra oportunidad sostiene: “Debemos, entonces, empezar a borrar nuestros viejos conceptos y empezar a acercarnos cada vez más y cada vez más críticamente al pueblo. A mí me gusta mucho conversar con los obreros y los campesinos y voy los domingos a tal lado para ver tal cosa…Todo el mundo lo ha hecho. Pero lo ha hecho practicando la caridad y lo que nosotros tenemos que practicar hoy es la solidaridad. No debemos acercarnos al pueblo a decir: “Aquí estamos, venimos a darte la caridad de nuestra presencia, a enseñarte nuestra ciencia, a demostrarte tus errores, tu incultura, tu falta de conocimientos elementales, debemos ir con afán investigativo y con espíritu humilde, a aprender en la gran fuente de sabiduría que es el pueblo”.
Sería imposible -no es el objetivo de este artículo- reseñar la vida del Che, que cuenta por otra parte con excelentes biógrafos que han hecho brillantes trabajos de reconstrucción histórica.
Aquí nos conformaremos sólo con mencionar un aspecto que ha pasado curiosamente desapercibido para muchos de ellos: El Che además de ser un heroico revolucionario fue también un eximio teórico.
El Che atisbó y criticó el escolasticismo que ha frenado el desarrollo de la teoría marxista y las insuficiencias, en la construcción del socialismo, de aquellos que subestimaran la formación ético-ideológica. Hoy, después del derrumbe del llamado "socialismo real", encuentran su verificación desgraciadamente algo tarde aquellas insuficiencias.
Por eso, Armando Hart dice que al Che debe considerárselo como uno de los mayores precursores de la necesidad de cambios revolucionarios en el socialismo. Él vio desde el principio de la década del sesenta los problemas del socialismo como nadie los vio entonces.
Él se enfrentaba tanto a la hiperbolización de los estímulos materiales en la construcción de la sociedad socialista como a la burocratización. Un burócrata -define el Che- es “quien cierra la puerta de su oficina para que no entren los obreros y para que no se le escape el aire acondicionado”. Estaba, entonces, en defensa del marxismo, dado su convencimiento de las nefastas consecuencias que traerían ambas desviaciones.
La labor intelectual del Che se desplegó en muchos planos, desde las cuestiones referidas a la ética, la cultura, la gestación de un hombre nuevo , los problemas de la construcción del socialismo y el comunismo , la dictadura del proletariado , el papel del estado e innumerables cuestiones de carácter filosófico como la enajenación, la concepción materialista de la historia, etc.
En esta breve semblanza de su pensamiento teórico pondremos especial énfasis en su pensamiento económico, un aspecto muy rico de su producción y no tan estudiado. Este pensamiento fue borrado de la academia cubana a partir de 1970 al insertarse el país de lleno en la CAME (sovietización).
El Che distinguía claramente entre los partidarios del cálculo económico de origen soviético y sus propias ideas plasmadas en el Sistema Presupuestario de Financiamiento.
Este sistema fue el modo en que se organizó y funcionó la economía estatal cubana en el sector industrial en una fase temprana de la Revolución socialista Este sería uno de los pilares de su concepción del socialismo económico.
Es importante mencionar los cargos económicos detentados por el Che en su estancia en Cuba y desde dónde intentó aplicar sus ideas: 1. fue nombrado el 7 de Octubre de 1959, Jefe del Departamento de Industrialización del Instituto Nacional para la Reforma Agraria. 2. El 26 de Noviembre de 1959 fue designado Presidente del Banco Nacional de Cuba. 3. El 23 de febrero de 1961 fue designado Ministro de Industrias.
Tanto desde estos cargos públicos como desde la producción teórica, el Che defendió la idea de que la racionalidad del modelo económico debería estar dada por la racionalidad social del modelo en general.
Por ende, su modelo rompe con la falsa dicotomía determinista-voluntarista en la que se encontraba empantanada la discusión, en los primeros momentos de la revolución, sobre la transición al socialismo.
Al caracterizar al marxismo como un movimiento y considerar la idiosincrasia como una condición subjetiva de la economía, El Che arremete contra el cálculo económico al considerar que este imita al fetichismo del capitalismo, impide prácticas desalienantes y no refuerza la nueva moral.
Con una increíble lucidez plantea -en los años 60, no después de la caída del muro de Berlín- los contrasentidos de una economía soviética que, desde una fachada socialista, estaba retornando al capitalismo. En un prólogo de un libro (inédito) de Economía Política que Guevara escribía antes de morir decía “Se sabe desde viejo que es el ser social el que determina la conciencia y se conoce el papel de la superestructura; ahora asistimos a un fenómeno interesante, que no pretendemos haber descubierto pero sobre cuya importancia tratamos de profundizar: la interrelación de la estructura y la superestructura. Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la Nueva Política Económica (NEP) han calado tan hondo en la vida de la U.R.S.S que han marcado con su signo toda esta etapa. Y sus resultados son desalentadores: la superestructura capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las relaciones de producción y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura: se está regresando al capitalismo”.
Sus críticas a la NEP de Lenin (si bien las justifica por el contexto histórico) apuntaban a mostrar cómo el incentivo material se había impuesto en el conjunto de las relaciones sociales. Eso es lo que él no quería que le sucediera a la economía cubana.
Otro rasgo de originalidad le permite distinguir el uso que se le pueden dar a las adquisiciones técnico-económicas del capitalismo para controlar y organizar la producción, del uso ideológico de las categorías de la economía política capitalista. Defiende con firmeza la idea de una planificación centralizada y sostiene la idea medular de que la economía cubana debiera desprenderse de la Ley de Valor para avanzar en la transición hacia el socialismo.
Otro tópico importante es su apuesta, en la economía de transición, por el trabajo como un deber social y por el trabajo voluntario como factor ideológico para el desarrollo económico y moral. Considera también que todo administrador debe ser, a la vez, un cuadro revolucionario.
Su vida, pensamiento y acción constituyen una de las más importantes expresiones de orgánica unidad dialéctica y de adecuada ponderación marxista en la utilización del arma de la crítica y la crítica de las armas.
Dueño de ejemplos morales que muy pocos pueden copiar, austero frente a todas las prebendas que podría haber utilizado estando en el poder, analítico y asceta, El Che se yergue, indudablemente como un paradigma del hombre total, del hombre nuevo por el que tanto luchó.
Dijo en una carta a José Medero Mestre, publicada en Marcha, Marzo de 1965 “Anteponer la ineficiencia capitalista con la eficiencia socialista en el manejo de la fábrica, es confundir deseo con realidad. Es en la distribución donde el socialismo alcanza ventajas indudables y en la planificación centralizada donde ha podido eliminar las desventajas de orden tecnológico y organizativo con el capitalismo. Tras la ruptura de la sociedad anterior se ha pretendido establecer la sociedad nueva como un híbrido: al hombre lobo de la sociedad de lobos, se lo reemplaza con otro género, que no tiene su impulso desesperado de robar a los semejantes, ya que la explotación del hombre por el hombre ha desaparecido (…) El individualismo como tal, de una persona sola en un medio, debe desaparecer en Cuba en un proceso paralelo al desarrollo de las formas económicas nuevas, va a ir naciendo el hombre nuevo, cuya imagen no está aún acabada, no podría estarlo”.
Cómo a tantos otros revolucionarios las clases dominantes han llevado a cabo con él un siniestro plan que consistió primero en desaparecerlo físicamente y segundo, tratar de “incorporarlo” a través del marketing de las industrias culturales del sistema, para presentárselo a los jóvenes de hoy como un “romántico”, un “idealista” o simplemente una foto en una remera.
Esta mitificación permite una versión “light” del Che al que se lo muestra siempre derrotado y al que se puede admirar, pero no seguir. Dependerá del estudio y del compromiso político que se rompa este estereotipo y que la figura de Guevara cobre el lugar que se merece como faro, teórico y práctico, de los revolucionarios latinoamericanos del siglo XXI.

Fuentes
Galasso, Norberto: El Che: Revolución Latinoamericana y Socialismo, Bs.As Ediciones del Pensamiento Nacional, 1997
Guevara, Ernesto: El socialismo y el hombre en Cuba. Obras. Casa de Las Américas. La Habana. 1970.
Guevara, Ernesto: Ideario político y filosófico del Che. Editora Política. La Habana. 1991.
Hart, Armando: Sobre el Che Guevara. En Casa de Las Américas. No.165. La Habana. Marzo-Abril de 1988.
Tablada, Carlos: El pensamiento económico de Ernesto Che Guevara., Bs.As, Nuestra América, 2005.
Martínez Heredia, Fernando: Che, el socialismo y el comunismo. Casa de Las Américas. La Habana. 1989.
Vuskovic, Pedro y Elgueta, Berlamino: Che Guevara en el presente de América Latina. Casa de las Américas. La Habana.1987
O Donnell, Pacho: Che: La vida por un mundo mejor, Bs.As, De bolsillo, 2005.

sábado, 28 de agosto de 2010

FUERZA COMPAÑERO FAVIO!


FRAGMENTOS DE ENTREVISTA REALIZADA A LEONARDO FAVIO, HOMENAJEADO EN EL PRIMER CONGRESO ARGENTINO DE CULTURA DE MAR DEL PLATA

–¿Cómo ve al país hoy?

–¿Cómo lo veo? Maravillosamente bien. No es fácil la tarea en la que está envuelto este hombre. Yo diría que finalmente, después de más de cincuenta años, no tenemos un político en el gobierno, tenemos un conductor, un tipo que te convence con hechos concretos. Y despojado de toda hipocresía política. Pero además con mucha visión y mucho talento. Me gustaría que lo supiéramos preservar. Antes tenía una gran expectativa con la mujer de él, cuando la oía en sus exposiciones dentro del Congreso. Me llamaba la atención. ¡Qué brillante! Y veo que lo que decían se va cumpliendo, y más. Es como un nuevo milagro, porque vienen de un pueblo chiquito, y sin embargo están ahí, dando una batalla que la gente entiende poco a poco.

–¿Le parece que es una nueva etapa del peronismo?

–No hay ni nueva etapa ni vieja etapa. Es como decir que hay un nuevo cristianismo. El peronismo siempre fue uno. ¿Se da cuenta? Yo tengo carné de conductor, pero yo no manejo, ¿me entiende? Vos podés llegar a los más altos estamentos de un partido político y no tener nada que ver con ese partido. Porque uno es lo que hace y hace lo que es. ¿Qué tiene de cristiano el Papa Borgia? O tantos otros. O muchos obispos que hemos tenido acá. Y de golpe te encontrás por ahí con una persona en China, por ejemplo, que ni oyó hablar de Cristo, y es más cristiana que su Santidad. Entonces... el partido, como partido, nunca me expresó. Ni como cineasta ni como nada. Lo que yo amé es lo que vi, el trato con el niño que fui, con la ancianidad, las obras que se realizaron, la visión, el talento... Vos escuchás un discurso de Perón en aquella época o algo que respondía y te quedás perplejo, porque estaba cien años adelante de todo. Y todo lo que él dijo se fue dando. Entonces, ¿qué es ser peronista? Yo digo que todo el que se sensibilice frente a un niño desvalido, o frente a un salario injuriante de un obrero, o no vea en una marcha de protesta un tumulto de gente que molesta sino un conjunto de individuos que tienen algo que reclamar, ése es mi compañero, milite donde milite. Yo no le pregunto a nadie quién es ni de dónde viene. Mientras sea buena gente... Esto puede ser también producto de mi ignorancia. Yo no conozco la Constitución, por ejemplo. Pero no necesito leer la Constitución para saber qué es lo que corresponde. No sé, estoy muy feliz con esta etapa que se está viviendo. La llegué a ver, Dios me dio esa posibilidad. Yo creí que nunca más la iba a vivir. Ahora... se está construyendo, cuesta, cuesta mucho. Los otros días estábamos viendo Perón... (porque me trajeron el DVD) y te das cuenta de qué paralelos que hay, porque vos veías, cuando Perón comenzaba a trabajar con los obreros, las quejas cuáles eran y de qué grupos venían. La Cámara de Comercio decía que el camino emprendido nos iba a llevar a una inflación impresionante y qué sé yo y que todo se iba a desmoronar... Y yo me preguntaba, ¿pero esto no es lo mismo de hoy? Los enemigos tienen prácticamente el mismo carácter. Y el acercamiento de la gente que ha militado o que milita dentro del radicalismo es muy parecido a la primera etapa de Perón, cuando se fueron hacia él Jauretche y todos los que venían del yrigoyenismo, ¿no?

Fuente: diario "Página/12"

Ay, la clase media!!!


Reflexiones a propósito del libro “Del televisor a la cacerola…y de la cacerola al televisor, de Norberto Galasso


Maximiliano A Molocznik

El modus vivendi y la ideología de la estimada (y nunca bien ponderada) “clase media” argentina han sido abordados desde diversas ópticas.
Largamente han debatido los sociólogos sobre su heterogénea composición y sus diversas franjas etarias. En nuestro campo, el de los historiadores, el debate se ha centrado, básicamente, entre aquellos que desde el marxismo no la consideran propiamente una clase social, sino apenas como parte de la burguesía con sus características particulares y aquellos otros -no apegados a esa tradición- para los cuales el término “clase media” responde a la vieja tradición liberal del país.
Nosotros, que estamos en el campo nacional y popular y aún apreciando -y mucho- los instrumentos teóricos que nos ofrece el materialismo histórico, preferimos la ya clásica categorización del “medio pelo de la sociedad argentina”, tan popularizada por el maestro Jauretche.
Más allá de las polémicas sobre categorías de análisis, lo cierto es que los historiadores nos hemos dedicado con ahínco a establecer la filiación ideológica de este sector. Es allí donde las coincidencias surgen con mayor nitidez.
Nacida al calor de la democratización yrigoyenista, durante el primer peronismo será beneficiada por su política económica y, pese a ello, la clase media argentina se transformó en profundamente gorila y despreció a las clases populares. Apuntaló la Unión Democrática contra Perón siendo compañera de ruta de las instituciones representativas del gran capital. Mimada y protegida durante la Revolución Libertadora y el desarrollismo, recién en los años 60 comenzaría, en su seno, un lento proceso que los llevaría a la popularización y nacionalización.
En este tránsito no sólo descubrirían que el peronismo no era la “peste populista” que nucleaba “vagos” sino que era tanto el gran factor identitario de los oprimidos de la Argentina como el motor de cambio de la realidad social.
De posiciones izquierdistas y revolucionarias en los 70, pasa la clase media a un silencio bastante parecido a la complicidad durante la dictadura militar, para hacerse rabiosamente alfonsinista en los 80 y gozosa amante del consumismo neoliberal menemista en los 90. Este breve derrotero nos permite presentarla tal como es: un grupo oscilante y vacilante.
Hasta los filósofos -habitualmente poco dados a reflexionar sobre cuestiones de la realidad social- han descripto esa enorme capacidad de los sectores medios de apropiarse de las modas intelectuales parisinas o norteamericanas.
Sin embargo, Norberto Galasso no elige ninguno de estos campos disciplinares. Aborda el problema desde el ensayo, en un texto cargado de fina ironía en el que narra las contradicciones de un hombre proveniente de este sector.
Los avatares del texto nos permiten acompañar los sinuosos razonamientos -propios del clasemediero ambiguo- de Inocencio Esquilmao. Lo vemos avanzar, muy orondo, con sus certezas iniciales defendiendo las zonceras del libre mercado.
Es muy divertido seguirlo en el trayecto que va desde su repetición acrítica de las “recetas” de los economistas del establishment a su paulatina comprensión del carácter expoliador de la deuda externa y del déficit fiscal no como producto del “malvado populismo” sino, básicamente, generado por el ruinoso sistema de las AFJP instaurado por Menem y Cavallo.
Inocencio avanza acompañado en una suerte de mayéutica nacional-popular por un Galasso que oficia de paciente contertulio en dos grandes cuestiones que habitualmente no son visibles para los sectores medios. La primera es la comprensión de la siniestra trama de la estatización de la deuda privada con Cavallo en el Banco Central como funcionario estrella de la dictadura genocida. La segunda es la dolorosa toma de conciencia del error cometido por los empresarios nacionales al defeccionar del frente de liberación nacional, en 1955, cuando había sido, precisamente, la política económica del primer peronismo la que los había cobijado, protegido y hecho crecer.
La izquierda tradicional argentina recibe también algunos estiletazos de la pluma del maestro. Una anécdota en la que se lo muestra como “profesor” de monsergas vacuas y munido de un exasperante individualismo, le sirve a Galasso de excusa para presentarnos la figura del Dr. Nicolás Repetto.
Este “democrático” figurón del viejo Partido Socialista -a diferencia de lo que sucede con los hombres que al llegar a sus “altos años” adquieren lucidez y mayor capacidad de juicio-, en un libro conmemorativo de sus noventa años, decide cerrar su “brillante” carrera como furgón de cola de la oligarquía argentina.
No encontró mejor manera de hacerlo que recordar una vergonzosa apología de la Revolución Fusiladora, que hizo en un dantesco discurso pronunciado el 22 de Octubre de 1956 en el teatro Avenida de la ciudad de BsAs. Decía allí, sin ruborizarse: “La Revolución Libertadora lleva ya cumplida una obra sin precedentes. Nos ha devuelto la libertad, prepara las condiciones necesarias para que el país pueda restablecer el régimen democrático de gobierno, y ha enjuiciado al tirano y a sus cómplices por los delitos y crímenes cometidos durante la larga e ignominiosa dictadura. Somos ahora un pueblo libre”.
Tampoco olvida Galasso mencionar a otro conspicuo representante del cipayismo del PS: el profesor (Norte) Américo Ghioldi. Feroz opositor al peronismo, fue uno de los “capitostes” de la Unión Democrática y uno de los responsables de la peor tragedia histórica de la izquierda tradicional argentina: legitimar “por izquierda” el frente antinacional liderado por los grandes poderes del país agrario en 1945.
Ghioldi llegó, incluso, a definir como “fascistas” a las multitudes movilizadas el 17 de Octubre y a calificarlas como “bandas provenientes de las barriadas fangosas de Avellaneda y Berisso. Producido el golpe oligárquico de 1955 apoyó el fusilamiento del Gral. Valle tras la sublevación de junio de 1956 con una definición que lo hizo tristemente célebre: “Se acabó la leche de la clemencia”. Una verdadera vergüenza que alguien pueda haber dicho estas cosas en nombre del socialismo. Como dirigente del PS demostró un autoritarismo visceral y una tendencia -demasiado evidente- a participar de cuanto gobierno dictatorial se formara. Esta actitud quedó más en evidencia que nunca cuando aceptó el cargo de embajador en Portugal que le ofreció la última dictadura militar.
Heredero y repetidor de las peroratas librecambistas de Juan B. Justo y Nicolás Repetto no supo comprender a los movimientos populares argentinos (radicalismo y peronismo) lo que lo encontró, como dijimos, como aliado menor de la oligarquía y las fuerzas de la reacción. ¿Dónde habrá quedado la tradición de Manuel Ugarte y de Enrique del Valle Iberlucea?
¿No habrá llegado la hora de que los muchos y honestos militantes actuales que tiene el Partido Socialista empiecen también a descolgar algunos retratos?El stalinismo tampoco escapa a la mirada crítica del maestro. Por eso se detiene, como al pasar, en el escritor Andrés Rivera. Galasso confirma algo que muchos ya pensábamos: es un gran escritor de ficción que no debería haber abandonado nunca este terreno. Formado en los cánones de la cultura oficial del PC, ya lo hemos visto derrapar en varias ocasiones, por su desconocimiento de la importancia de la cuestión nacional en los países semicoloniales, por su izquierdismo abstracto y su imposibilidad de comprender la importancia de los nacionalismos en los países atrasados.
Parece que no alcanza con romper oficialmente con el PC si se sigue pensando con la lógica de policía epistemológica moscovita. Una verdadera pena pues no podemos dejar de reconocer su talento literario.
Caen también abatidos, bajo sus mandobles, los argumentos del trotskismo sin nación que no pudo ni puede comprender el fenómeno social del peronismo.
Estos hombres -por lo general honestos y comprometidos militantes- dueños de una importante estatura moral, han sido víctimas de la sumisión ideológica con que la clase dominante controla a la pequeña burguesía alentando sus planteos de revoluciones “abstractas” mientras el curso real de la lucha de la clase obrera se mueve por otros cauces dejándolos solos. Nadie mejor que Milciades Peña como ejemplo paradigmático de esta tragedia.
Más simpática -aunque por medio de la elipsis- es la referencia al trotskismo posadista. Este grupo, orientado por Homero Cristalli (J. Posadas) -bien rumbeado con respecto al peronismo y al tema de la liberación nacional- terminó convirtiéndose en una secta.
En ella “el profeta” Posadas postulaba que al ser nuestra galaxia una de las más chicas, debemos aceptar la posibilidad de que existan otras galaxias y planetas, pudiendo haber en todos ellos formas de vida, que por ser más antiguas que la nuestra serían superiores pues habrían evolucionado y ¡adoptado la forma de organización socialista, de lo que deduce que…vendrían por nosotros! Entonces… ¡Había que preparar el antiimperialismo terráqueo!
Analizando el cipayismo histórico de estos y otros dirigentes del liberalismo de “izquierda” –verdaderos mitromarxistas- no podemos dejar de coincidir con aquella magnífica definición que de ellos hiciera, en 1960, en su libro La formación de la conciencia nacional, el gran pensador del marxismo nacional Juan José Hernández Arregui: “son criaturas dilectas de la semicolonia engendrados por la colonización pedagógica”.
De la mano de Galasso, Inocencio va descubriendo también el carácter de fábulas de la mayoría de los viejos relatos del mitrismo liberal y antinacional. Es todo un impacto para él descubrir que Rivadavia no es el “más grande hombre civil de los argentinos” sino un agente del imperialismo británico, que la verdadera historia de San Martín le ha sido escamoteada y como explicación “superadora” de los mitos broncíneos de Mitre y sus modernos remozadores -como Luis Alberto Romero-, el mercado sólo le ofrece la chismografía histórica de García Hamilton o los “cuentitos liberales” de Félix Luna.
Tomando en cuenta todos estos elementos, cabe preguntarse, entonces, ¿cuáles son los motivos por los cuales la clase media argentina hoy no sólo mantiene alto su nivel de escepticismo, no se siente parte de la construcción de un proyecto nacional y popular sino también que, cuando muestra su compromiso militante, lo hace acompañando los reclamos de la derecha vernácula?.
Una explicación posible es, sin lugar a dudas, que el pensamiento filosófico posmoderno y la colonialidad del saber han calado hondo en este sector.
Allí los vemos, a enormes contingentes de docentes que salen corriendo a las librerías a comprar la última novela de Marcos Aguinis, nuevo centurión de la Argentina destituyente. Médicos, contadores y abogados que forman sus ideas de política internacional escuchando el programa televisivo del ¿periodista? operador de la CIA -a sueldo del Departamento de Estado norteamericano- Andrés Oppenheimer quién los aturde con sus Cuentos Chinos. Sesudos historiadores, habituales participantes de coloquios académicos en los que se analizan con ahínco los trabajos del ex canciller mexicano Jorge Castañeda, empleado dilecto del ex presidente de la Coca Cola Company, digo, de México, Vicente Fox.
Profesionales liberales que, para evadirse del tedio y la rutina, no tienen mejor idea que recurrir a la novelística del ícono de las derechas latinoamericanas, Mario Vargas Llosa que, para colmo de males, ha lanzado al ruedo a su hijo, Alvarito, versión descafeinada y sin un ápice del talento literario de su padre.
O los académicos, fanáticos cultores del pensamiento débil en los 90, convencidos gladiadores del “fin de la historia” y talibanes del “fin de las ideologías” que arrojaron a Hegel y la “totalidad” al tacho de basura de la Historia y que hoy leen azorados el último trabajo de Gianni Vattimo. ¿Qué dirán ahora estos atildados catedráticos cuando el “mesías” que tanto los impactó con la “sociedad transparente” del fin de las grandes verdades, del fin de la modernidad regida por el concepto de verdad y el apologista de la tolerancia, la diversidad y el pensamiento débil, les dice que hay que volver a ser comunistas?
Por otra parte, no podemos desdeñar, para entender este “azonzamiento” de los sectores medios, el papel que cumplen los lenguajes massmediáticos y el trabajo de horadación de las conciencias que llevan adelante los apóstoles comunicacionales de la derecha antinacional y que han incidido notablemente en el vocabulario de los sectores medios instalando una suerte de “gramática de los 90”. En la nueva jerigonza, uno de los mayores éxitos de Mariano Grondona y de Joaquín Morales Solá ha sido lograr que los sectores medios hablen de “gente” no de “pueblo”, de “inclusión” no de “justicia social”, de “república” no de “democracia”.
No podemos dejar de sorprendernos tampoco con el éxito que han logrado al vaciar de sentido a la política y transformarla en un conjunto de banalidades útiles sólo para el set televisivo.
Es cierto también que a este descrédito de la política ha contribuido mucho la clase política, en especial nuestros grises burócratas de la cultura. Estos sujetos -sobre todo en los últimos años- se presentan frente a las cámaras de televisión portando una afilada retórica nacional-popular, asumen cargos públicos convocando a la memoria de lucha de nuestro pueblo y entonando estrofas plebeyas con las que -en apariencia- pretenden dar una lucha ideológica contra la inteligencia semicolonial.
Si uno anda un poco desprevenido, puede cometer el error de creerles. Hasta que los ve actuar. Allí descubrimos que la retórica sólo es una fachada para seguir manteniendo sus privilegios y sus prebendas de funcionarios, que pueden ser peores que la derecha a la hora de censurar y retacear el apoyo a todos los que tenemos una ética y no aceptamos el disciplinamiento de la chequera. En fin, para aquellos, como nosotros, que no queremos ser “presupuestívoros”, sino que estamos luchando día a día, en el terreno de la cultura por la liberación nacional.
Pese a todas estas cuestiones Norberto Galasso nos deja una enseñanza central que no debemos olvidar: en un proceso de liberación nacional en marcha, no podemos ahuyentar a los sectores medios. Debemos sumarlos, incidir sobre ellos, aportarles clarificación ideológica para lograr que acompañen el proyecto nacional-popular, no regalárselos a la derecha. Esa es nuestra tarea. Despejar las brumas que ponen en sus mentes los aparatos mediáticos. Es útil recordar que, en un país semicolonial, los medios de comunicación son más eficientes que las botas a la hora de solidificar esa superestructura cultural al servicio del imperialismo de la que nos hablaba Jauretche.
Aún así, contra todo este montaje al servicio del imperio debemos trabajar, debemos destrozar sus mitos y desacralizar la “república” y las “instituciones”, es decir, evitar que los sectores medios caigan rendidos -atados de pies y manos- ante el discurso de la defensa de las formas abstractas de la democracia.
Ese es nuestro desafío como militantes e intelectuales del campo nacional, popular, revolucionario, antiimperialista y latinoamericano si realmente queremos construir poder popular.
Por supuesto que no somos cándidos y tenemos en claro que los sectores medios pueden defeccionar y que, seguramente, si este proceso de liberación nacional y latinoamericano en marcha se orienta hacia el socialismo encontraremos a muchos de ellos -si trabajamos bien no a todos- en la vereda de enfrente. Pero eso ya será parte de otro momento de la historia.

viernes, 27 de agosto de 2010

Nuestra América, nuestro Taller.



Carla Wainsztok - Graciela Cohen

La idea de este TALLER es reflexionar sobre la Patria Grande. Es decir pensar, conocer y sentir nuestras identidades, nuestras historias, nuestros relatos.
Las diferencias, las diversidades fueron festejadas por aquellos que imaginaron y soñaron la América Meridional.
Latinoamérica no es sólo un ideal, existió como proyecto desde allá lejos y hace tiempo Siglo XIX
Cornelio Saavedra nació en Chuquisaca, hoy territorio de Bolivia. Es decir que “nuestro primer presidente” era boliviano.
Colombianos y argentinos terminaron la guerra de la Independencia del Perú. Un ejército argentino liberó a Chile, y otro mixto de peruanos y colombianos remató, después de Ayacucho, la independencia del Perú (…) Bolívar ejerce el mando supremo en cinco repúblicas sin que nadie se le ocurra tacharlo de extranjero. Sucre, venezolano, gobierna Bolivia, y San Martín, argentino, el Perú.
La primera representación diplomática del Perú en el extranjero la lleva un argentino: García del Río.
Monteagudo, argentino y Heres, colombiano, son ministros de Relaciones Exteriores del Perú.
Bolívar decía La Patria es América nuestra enseña, la independencia y la libertad”
Monteagudo participó de la Revolución de Mayo, actuó junto a San Martín y luego fue secretario de Bolívar.
Alberdi afirmaba la Revolución de Mayo es un detalle de la revolución de América

Siglo XX
En 1951, aparece en la revista Democracia, un artículo escrito de Perón, bajo el seudónimo de Descartes allí se puede leer “El signo de la Cruz del Sur puede ser la insignia de triunfo de los penates de la América del hemisferio austral. Ni Argentina, ni Brasil, ni Chile aisladas pueden soñar con la unidad económica indispensable para enfrentar un destino de grandeza (…) Desde esa base podría construirse hacia el norte la Confederación Sudamericana (…) unidos seremos inconquistables, separados, indefendibles”
El proyecto se denominó ABC por Argentina, Brasil y Chile y Perón estuvo en tratativas con Getulio Vargas y el General Ibáñez, el sueño organizar una comunidad económica y política a partir de la unión aduanera
En 1953 Perón da un discurso ante la Escuela Nacional de Guerra donde sostiene “Pienso yo que el año 2000 nos va a sorprender unidos o dominados”

Siglo XXI
“En la Reunión de la Cúpula de las Américas (2000) en Canadá, cuando los Estados Unidos presentaron la propuesta del ALCA (…) el presidente estadounidense sometió la propuesta a votación y pidió, para facilitar el procedimiento, que quien estuviera en contra levantara la mano. Hugo Chávez levantó su mano solo (…) Fue así con alivio que Chávez electo en 1998. estuvo presente en la asunción de Lula en Brasilia en 2003 y en la de Néstor Kirchner en Buenos Aires, ese mismo año : más tarde estuvo en la de Tabaré Vázquez en Montevideo (2004), en la de Evo Morales en La Paz (2006), en la de Daniel Ortega en Managua (2007) en la de Rafael Correa en Quito (2007) y en la de Fernando Lugo en Asunción (2008). En el ínterin la propuesta estadounidense de un tratado de libre comercio para las Américas aprobada casi unánimemente en el año 2000, fue rechazada y enterrada en 2005. Desde entonces el propio Chávez fue reelegido, al igual que Lula, y Kirchner fue sucedido por su esposa”” (Sader: 2009, 35)
En abril de 2007 nace la Unasur los países que la componen son Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela.
Unasur es un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político utilizando el diálogo político, las políticas sociales, educación, energía para eliminar la desigualdad socioeconómica y lograr la inclusión.
“Uruguay, Paraguay y Bolivia forman el nexo básico en la Cuenca del Plata entre Argentina y Brasil, y le dan solidez al sur para la incorporación de Venezuela en el norte. Entonces con inteligencia y eficacia al servicio de la unidad, Uruguay, Paraguay y Bolivia se tienen que unir entre ellos profundamente. Tenemos que mandar nuestros artistas, economistas, sociólogos, empresarios a comprender en profundidad a nuestros hermanos (…) Tenemos que pensar juntos para ser juntos” (Methol Ferré: 2009, 133)
Pensar y sentir hoy a Nuestra América, implica concebir nuevas palabras, nuevas categorías, nuevas prácticas sociales. Estamos asistiendo a un momento inquietante, un momento para no estar ni quedarse quieto/a.
El conocimiento debe ser tan conmovedor como lo son los proyectos del ALBA, del Banco del Sur, de una moneda común entre tantos otros.

Las nuevas palabras van siempre detrás de las prácticas pero ya están naciendo, y junto a ellas aún tienen que nacer un magisterio y un profesorado latinoamericano[1], donde se enseñen las historias de Nuestra América, la filosofía latinoamericana, la sociología de la Patria Grande y la pedagogía de Indoamérica, los nombres no importan, lo que si importa es que las primeras materias deberían comenzar desde nosotros, desde nuestros relatos, nuestros saberes y luego integrar los llamados conocimientos universales.

Bibliografía
Methol Ferré A (2009) “Los estados continentales y el MERCOSUR”. Instituto Superior Arturo Jauretche. Buenos Aires.
Sader, E (2009) “El Nuevo Topo”. Clacso. Buenos Aires.
[1] Ya estamos asistiendo al surgimiento de la universidad latinoamericana.

sábado, 21 de agosto de 2010

LOS PENSADORES NACIONALES



Aritz Recalde, junio 2010

El término “pensamiento” se vincula a la acción de “pensar”, definida como aquella actividad intelectual que intenta alcanzar la resolución de un problema. Siempre que nos refiramos a “pensamiento” o a “pensadores”, estaremos describiendo una actividad humana cuyo sustrato primordial se vincula estrechamente a la capacidad de dar respuesta a determinados interrogantes que nos presenta el medio social, político y cultural en determinado período histórico. Asimismo, hablamos de Pensamiento Nacional y no de Pensamiento Argentino, ya que el primero no implica únicamente un tipo de inscripción geográfica respecto a la producción intelectual, sino que además involucra un posicionamiento específico del intelectual y/o pensador en función del debate en torno al “problema nacional”. El Pensamiento Nacional aborda, desde diferentes perspectivas y ámbitos de acción, el debate sobre la nación cuya condición intrínseca implica problematizar y poner en cuestión, cuál es el camino más adecuado para alcanzar el desarrollo del país en el contexto de la división internacional del trabajo mundial. Cuando un grupo o conjunto social se organiza políticamente e intenta consolidar la nación, se habla de la existencia del “nacionalismo”. Dicho término, incluye la planificación del Proyecto Nacional que implica una respuesta teórica y conceptual a las demandas y a los anhelos de la comunidad. Asimismo, el nacionalismo involucra una práctica y una acción concreta de ejecución del Programa Nacional, experiencia sin la cual la comunidad no se realiza. Proyecto Nacional y práctica política, son los dos pilares sin los cuales no se consuma la nación y consecuentemente, el conjunto de actores que habitan su territorio. En esta misma línea argumentativa Juan José Hernández Arregui sostendrá que “La conciencia nacional es la lucha del pueblo argentino por su liberación”. A continuación y más no sea como un modesto aporte, le brindamos al lector algunos datos y opiniones de nuestros Pensadores.


Arturo Jauretche (1901-1974). Ensayista, periodista, miembro de FORJA y dirigente político. Autor de varios libros y artículos periodísticos entre los cuales se destacan Los profetas del odio (1957), Ejército y política (1958), El Medio Pelo en la sociedad argentina (1966) o su Manual de las Zonceras argentinas (1968). Jauretche afirmó que “El país necesita una Universidad profundamente politizada; que el estudiante sea parte activa de la sociedad y que incorpore a la técnica universalista la preocupación por las necesidades de la comunidad, el afán de resolverlas, y que, por consecuencia, no vea en la técnica el fin, sino el medio para la realización nacional”.
Raúl Ángel Toribio Scalabrini Ortiz (1898-1959). Economista, periodista y colaborador de FORJA. Publicó varios libros y artículos entre lo que resaltan Política británica en el Rio de La Plata (1940) e Historia de los Ferrocarriles Argentinos (1940). Entre sus ideas puede rescatarse: “Desgracia de América fue la venalidad, por ingenuidad o por mala fe, de la inteligencia con mando y de la inteligencia desocupada. Esperanza de una salvación es el acercamiento de la inteligencia a los problemas americanos y su fidelidad hacia ellos”.
Homero Nicolás Manzione –Homero Manzi- (1907-1951). Poeta, escritor de letras de tango, periodista y miembro de FORJA. Escribió tangos como Malena, Sur o El último organito. Se le escucho decir en más de una oportunidad que “Hay que hacer llegar al pueblo todos los dolores concretos para que no continúe nuestra oligarquía usufructuando con la mentira de una prosperidad que sólo se ve en los balances del puerto”.
Leopoldo Marechal (1900-1970): poeta y guionista de teatro. Entre sus obras más conocidas se destacan Adán buenosayres (1948) y Megafon o la guerra (1970) Marechal nos dijo: “El hombre de letras es un manifestador de su pueblo y de las virtualidades de su raza”. “Creo que actualmente hay dos Argentinas: una en defunción, cuyo cadáver usufructúan los cuervos de toda índole que lo rodean, cuervos nacionales e internacionales; y una Argentina como en navidad y crecimiento, que lucha por su destino, y que padecemos orgullosamente los que la amamos como a una hija. El porvenir de esa criatura depende de nosotros, y muy particularmente de las nuevas generaciones”.
Juan José Hernández Arregui (1912-1974). Filósofo, catedrático y dirigente político. Publicó varios libros y artículos entre los que resaltan Imperialismo y Cultura (1957) y La Formación de la Conciencia Nacional. Arregui sostuvo que “La misión de la Universidad no es perpetuar el sistema sino contribuir a transformarlo. Y ésta no es misión de profesores que con un ojo miran a la oligarquía y al poder burocrático del Estado y con el otro a Europa, sino de educadores con conciencia nacional”.
Rodolfo Puiggrós (1906-1980). Historiador, periodista, catedrático y dirigente político. Publicó diversos libros entre los que resaltan De la Colonia a la Revolución (1940), su Historia crítica de los partidos políticos (1956) o El peronismo y sus causas (1969). Puiggrós afirmó que “Una Universidad popular es la que mira hacia adentro del país y hacia Latinoamérica, no hacia modelos extranjeros, ya sean ingleses, franceses o rusos. Es la Universidad puesta al servicio de la realidad nacional”.
José Hernández (1834-1886). Escritor, periodista y dirigente político. Entre sus obra resaltan la Vida del Chacho (1863), El gaucho Martín Fierro (1872) y la Vuelta de Martín Fierro (1879). Hernández sostuvo como consigna “Ocupémonos del porvenir; entreguémonos a la generación que viene una patria grande, libre, fuerte, organizada y respetada, y habremos cumplido la misión de nuestros padres”.
Manuel Ugarte (1874-1951). Escritor, periodista y dirigente político. Entre su extensa obra se deben mencionar Crónicas del Bulevar (1902), El porvenir de América Latina (1910) o La patria grande (1922). Ugarte estableció que se debe “abrir el espíritu a todas las formas de la elevación moral, y ninguna grandeza podrá ser mayor que la de una juventud que, sintiendo las palpitaciones de su tiempo, se declare preparada para afrontar las situaciones difíciles y para encararse con los obstáculos como los atletas que doblaban la arremetida de las fieras en la pista del circo romano. Los que respiran en una época de excepción como la nuestra, lejos de epilogar sobre los acontecimientos, deben vivirlos; lejos de juzgar la historia, deben hacerla”.
Oscar Varsavsky (1920-1976): científico y catedrático. Entre sus obras se destacan Ciencia, política y cientificismo (1967) o Hacia una política científica nacional (1972). Se propuso “hacer un llamamiento a todos los científicos politizados para que se liberen del culto a una ciencia adaptada a las necesidades de este sistema social y dediquen su talento a preparar científicamente su remplazo por un sistema nuevo, con una ciencia nueva”.
Rodolfo Ortega Peña (1936-1974). Abogado, periodista y dirigente político. Publicó varios artículos y libros junto a Eduardo Luis Duhalde entre los que resaltan Felipe Vallese, proceso al sistema (1965), Felipe Varela contra el Imperio británico (1965) o Baring Brothers y la historia política argentina (1968). Refiriéndose a la historia oficial sostuvo que “nuestros profesores universitarios, exigen un lenguaje mesurado, cuando se ataca a sus rancios próceres, pero no vacilan en usar los términos más innobles cuando deben pronunciarse acerca de los movimientos nacionales y sus representantes. Por esas razones, el estilo de este libro es duro y combativo. Responde, en sus justos términos, a es falaz actitud “académica”. Pero a diferencia de ésta, defiende tesis nacionales en forma documentada. En ese sentido, creemos solamente voceros de las masas populares restituyéndoles el patrimonio de la verdadera tradición histórica revolucionaria argentina y americana”.

martes, 3 de agosto de 2010

APUNTES PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA CULTURA


Aritz Recalde, agosto de 2010.


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“Primitivo, bárbaro, irracional no son categorías científicas, sino políticas; sirven para designar el enemigo interno o externo; para justificar la injusticia de lo que se hace victima”. Amelia Podetti[1]

Vamos a definir el término cultura siguiendo a Juan José Hernández Arregui que la precisa como el conjunto de bienes materiales y simbólicos que conforman la identidad de un grupo social. Dichos bienes materiales y simbólicos se organizan como valores colectivos que son transmitidos por intermedio del lenguaje y se expresan como conciencia a partir del cual el hombre actúa e interpela el medio. La cultura a partir de aquí, es una categoría que se vincula estrechamente con la acción política entendida como una actividad cuya finalidad es actuar sobre una relación de poder. La práctica cultural adquiere siempre una dimensión política, en tanto los valores colectivos de los sujetos son puestos en juego en las prácticas que desarrollan sobre el contexto social e histórico. Asimismo y atendiendo esta particularidad, es innegable que la acción política contemporánea reconoce entre sus prácticas la tarea cultural: la lucha política se organiza a partir de la disposición de la conciencia de los pueblos.
El término sociología[2] de la cultura implica que el análisis se va a desarrollar atendiendo sus vínculos con la organización social, política y económica en la cual se inscribe. A partir de aquí, nos interesa analizar histórica y geográficamente situadas algunas de las causas de origen para la producción y la divulgación de la cultura. Estas variables deben ser puestas en juego atendiendo la especificidad del problema nacional[3] de los países del tercer mundo. Los cruces y relaciones de dichas dimensiones adquieren un contenido y unas características diferenciales en función de nuestra condición de país dependiente[4]. Amílcar Herrera se refirió a la particularidad del problema de la dependencia en el continente y estableció que “el subdesarrollo no es meramente un estadio primario del desarrollo, sino una situación estructuralmente diferente, en gran parte generada y condicionada por la misma existencia y evolución de las sociedades desarrolladas”[5]. Las relaciones entre poder, política y cultura involucran atender dos dimensiones de análisis: existe una dimensión nacional y otra de grupos sociales. Dicha especificidad lleva a considerar la funcionalidad de la cultura atendiendo su relación con los vínculos desarrollados entre los Estados y además, el concepto debe reconocer sus implicancias dentro de los intercambios entre agrupamientos sociales dentro un territorio.
El análisis histórico demuestra que las relaciones sociales y de poder se organizan y se perpetúan a partir de constituirse políticamente. Asimismo, es innegable que los grupos sociales y sus organizaciones políticas se manifiestan y proyectan culturalmente. Tomando distancia sobre un posible análisis determinista y economicista, reconocemos que la identidad cultural se desenvuelve en un contexto cuyas relaciones sociales, políticas y económicas son complejas y su origen no tiene una causalidad única e invariante. Ahora bien y pese a que creemos que no es correcto plantear una relación directa entre cultura y economía, no se puede desconocer que existen fuertes vínculos entre ellas. En América Latina los intereses económicos de las metrópolis y sus empresas trasnacionales se organizan y se proyectan políticamente y tienen una capacidad de influencia mucho mayor que otros actores sociales. Dicho predominio se ejerce fuertemente en las instituciones de producción y divulgación cultural. A partir de aquí y pese a negar que exista una causa única en el origen de la cultura, reconocemos que los análisis tienen que contemplar la especificidad cardinal de nuestra condición geopolítica de donde se desprenden rasgos y comportamientos fundamentales.
La cultura puede ser un medio de emancipación o de opresión en tanto que busca perpetuar o que intenta modificar una realidad social, económica y política con la cual interactúa. Cuando la cultura es un instrumento de opresión entre países se define como neocolonialismo. En el caso de que la cultura sea un medio para oprimir a grupos sociales dentro de una nación se puede hablar de racismo o de clasismo. En su sentido inverso, cuando la cultura es un elemento de emancipación entre Estados se la define como nacionalismo popular o antiimperialismo. Cuando adquiere una función emancipadora entre los grupos sociales de un país se define como cultura popular.

Cultura: violencia y pedagogía.
El medio utilizado para producir y distribuir la cultura reconoció métodos pacíficos y procedimientos violentos. Entre estos últimos, es innegable que el asesinato de los opositores y de los representares de las formas de vida y de las organizaciones políticas autóctonas, fue y es una política radical que modifica un estadio del desarrollo cultural. Históricamente y frente a procesos de consolidación de nuevas formas de organización y de promoción de otros patrones culturales, se generaron enfrentamientos militares que oficiaron como una bisagra en los ámbitos de producción y distribución cultural. En esta línea, no es casualidad que políticos e intelectuales como Bartolomé Mitre que fuera iniciador de la historia oficial, fue ideólogo y aplicador del terrorismo de Estado contra los dirigentes de las provincias del interior en jornadas como Cañada de Gómez. Domingo Faustino Sarmiento, otro de los panegiristas e intelectuales organizadores de la cultura argentina, fue ideólogo del terrorismo político y cultural como método para actuar sobre sus adversarios. Luego del asesinato y decapitación del dirigente político Ángel Peñaloza estableció que “He aplaudido la medida, precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses”[6]. Hete aquí, dos grandes símbolos del terrorismo político y cultural argentino del cuál abrevaron las generaciones posteriores.
Asimismo y sin desconocer el ejercicio y la puesta en práctica de la violencia, la cultura se produce y se reproduce en instituciones por medios pacíficos. Para estudiar la especificidad de la cultura de los países del tercer mundo, Arturo Jauretche[7] introdujo la noción de aparato de la colonización pedagógica. La noción de colonización se refiere a que la cultura cumple una función colonial o sea, que apuntala o promueve las relaciones de desigualdad y opresión política, económica y social de un Estado sobre otro. El término pedagógica implica que la cultura se produce y se transmite en un proceso de enseñanza y de aprendizaje constante organizado y planificado. La palabra “aparato” da cuenta de un conjunto de instituciones que organizan y reproducen los contenidos de la colonización pedagógica. La historia de nuestras instituciones o aparatos de cultura, es la de nuestra condición política, social y económica dependiente.
A partir de lo expuesto, podemos reconocer que la sociología de la cultura es el estudio de una de las manifestaciones de nuestra dependencia económica, social y política. Dicho de otra forma: difícilmente exista una cultura autónoma y emancipada sin consolidar la organización política, económica y social independiente. A un Estado dependiente y siguiendo la opinión de Jorge Abelardo Ramos[8], se le corresponde una superestructura cultural destinada a perpetuar dicha condición de subordinación.




[1] Amelia Podetti (1969). “La antropología Estructural de Levi Strauss y el Tercer mundo”, en Revista Antropología del 3er Mundo, Año 2, Mayo. p 47.
[2] El Cuaderno del C.E.H.A. Nº 6 define el término sociología desde la perspectiva de Juan José Hernández Arregui.
[3] Según Methol Ferré “Tres elementos confluyen en la constitución del “Estado – Nación clásico”. Un Estado con su burocracia organizadora, que implica una gran herencia del derecho Romano, que incluye el ejército, símbolo mayor del monopolio de la violencia. Una industria, que desde la revolución maquinista inglesa implica, más en más, la unidad de ciencia y tecnología con la misma industrialización. Cada vez más, desde el siglo XIX, no es posible ninguna sociedad industrial moderna, sin un creciente dominio y difusión científico – tecnológico. Lo industrial implica lo científico – tecnológico de modo crecientemente indisoluble. Una sociedad que no tenga el mayor despliegue científico – tecnológico, será literalmente industrialista pero no será industrial. Una “alfabetización universal”, lo que implica una lengua en común, un idioma literario, si no total, si hegemónico. La cultura y la comunicación común que instaura una dinámica nacional igualitaria. Se objetiva en la alfabetización total, a la altura de las exigencias de la época. Este espacio “homogenizador” se manifiesta en una común cultura nacional”. Alberto Methol Ferre (2009). Los Estados continentales y el MERCOSUR, Ed. Instituto Superior Arturo Jauretche, Buenos Aires. p 67.
[4] En el Cuaderno del C.E.H.A. Nº 1 se amplían los términos de dependencia y de nación.
[5] Amílcar O. Herrera (1974). Ciencia y política en América Latina, Ed. siglo XXI, Buenos Aires. Pp 10-11.
[6] Carta de Domingo F. Sarmiento a Bartolomé Mitre del 18/1/1863. Extraído de Norberto Galasso (2000). Sarmiento¿Civilizado o bárbaro?. Cuadernos Para Otra Historia Nº 13, Ed. Centro Cultural Santos Discepolo, Buenos Aires. p 9.
[7] Jauretche, Arturo (2004). Los Profetas del Odio y la Yapa, Ed. Corregidor, Buenos Aires.
[8] Jorge Abelardo Ramos (1954). Crisis y resurrección de la literatura argentina, Ed. Indoamérica, Buenos Aires.

lunes, 2 de agosto de 2010

CURSO DE FORMACIÓN POLÍTICA







Iniciará en Agosto

El Instituto de Capacitación Política (ICP) de La Plata informa el lanzamiento de un nuevo curso de Formación totalmente gratuito orientado a los jóvenes de la ciudad. Constará de 4 materias dictadas por reconocidos docentes universitarios y se extenderá a lo largo de 1 cuatrimestre.

Los ejes temáticos que integran el programa son:
-Introducción al pensamiento geopolítico latinoamericano
- Historia argentina: la mirada de los actores sociales
- Cultura latinoamericana y actualidad política
-Sociología: dependencia, desarrollo, identidad y poder

La institución que cuenta con más de 10 años de trayectoria y un alto nivel académico, dará inicio a sus actividades el martes 17 de agosto y el único requisito para participar es tener el secundario completo. Las clases se dictarán los martes y jueves de 18 a 19:30 hs y de 19:30 a 21 hs.
Los cupos son limitados y se entregarán certificados de asistencia. Los interesados podrán inscribirse y acceder a más información dirigiéndose a la sede del ICP ubicada en calle 54 Nº 777 entre 10 y 11, telefónicamente al 483-3101 (de 16 a 20 hs.) o escribiendo a capacitacion.icp@gmail.com

La gobernación de Eduardo Duhalde 1991- 1999 El proyecto político que transformó la provincia de Buenos Aires

  Prólogo       Eduardo Duhalde, febrero de 2026 Cuando llegó a mis manos el borrador de este libro, que habla sobre la gestión de gobiern...