viernes, 21 de octubre de 2011

Sociólogos cama adentro. Críticas de Arturo Jauretche a la sociología cientificista

Por Juan Godoy

“…esa manera oscura y cipaya de designar “subdesarrollo” a lo que es “colonialismo”, o llamar “sociólogo” a lo que es Gino Germani”
[Ortega Peña, Rodolfo. (1964). Prólogo a Hernández Arregui. (1973). Imperialismo y cultura. Buenos Aires: Plus Ultra, página 10]

Para dar cuenta desde donde Arturo Jauretche le realiza críticas a la sociología de corte cientificista, debemos poner de relevancia que nuestro autor considera que la situación de la Argentina es semi-colonial, entendiendo por ésta, a naciones que son independientes formalmente, pero que su situación dista de ser de soberanía plena, pues la estructura se encuentra en manos de potencias extranjeras. Así en las semi-colonias, las armas (en relación a las colonias, donde la conciencia nacional es incentivada por la presencia del invasor extranjero) no son importantes (más allá que por momentos puedan serlo) para asegurar la dominación. En éstas, aparece como cuestión fundamental para someter al país el desarrollo de una superestructura cultural que conlleva a la colonización pedagógica, de la cual es fruto la intelligentzia. (Jauretche, 2004). Así el problema “es la colonización pedagógica en cuyas redes está prisionera toda la intelligentzia. Por eso es intelligentzia y no inteligencia” (Jauretche, 2010). Hay una relación estrecha y de reforzamiento mutuo entre dos tipos de coloniaje, a saber, el económico y el cultural. La sociología de corte cientificista que Jauretche viene a criticar es parte de dicha intelligentzia. Ésta había surgido luego de la intervención de la Universidad de Buenos Aires, por parte de José Luis Romero (que iba a ser calificado, conjuntamente con los profesores de la intervención como flores de Romero), como parte de las carreras que se crean bajo una concepción modernizadora. La tarea, en el caso específico de la sociología, estará a cargo de Gino Germani. El año 1957 aparece entonces como el año fundacional. El origen de la sociología como tal en la argentina, como conocimiento científico, con un método determinado, una forma, la forma de hacer sociología. Todo lo demás, lo anterior y lo que no siga “las reglas del método” va a ser considerado como un estadio menor de conocimiento, como pre-científico. Aparecerán así los ensayos, los pensamientos, el impresionismo, las notas, etc. Desde nuestra perspectiva, nos interesa poner en consideración que desde el pensamiento nacional se ha producido una reapropiación de la acusación de “no científicos”, de estar a la “orilla de la ciencia”, así se han revalorizado estas ideas, la idea de ensayar, de las notas, etc. Vemos como, por ejemplo, Jauretche le pone como subtítulo al medio pelo en la sociedad Argentina, apuntes para una sociología nacional, Gunnar Olson habla en un artículo publicado en Antropología Tercer Mundo de Notas sobre el pensamiento Nacional, Alcira Argumedo subtitula en la década del 90 a Los silencios y las voces en América Latina, Notas sobre el pensamiento Nacional y popular. Los argumentos que se vierten desde las orillas de la ciencia, también implican el rescate de esas voces que se encuentran en los márgenes, que no obtienen una visibilidad al no ser portadores de un capital cultural adecuado al exigido para ser escuchado como voz autorizada. Dicha intelligentzia, producto de la colonización pedagógica, es conformada por sujetos que se autodefinen como intelectuales, y son parte de la superestructura cultural que determina modos y un instrumental que opera en su conformación y difusión, al mismo tiempo que no permite que se convierta en una inteligencia, auténticamente nacional. Es una inteligencia extraviada, enajenada de la realidad en la cual se desenvuelve, “la intelligentzia revela que no es inteligencia sino un deslumbramiento (…) a nivel del espectador infantil del cine, por su confusión entre lo universal y la que sólo es producto de la universalización aparente que genera el poder o la riqueza que lo deslumbran” (Jauretche, 2011, 8). Jauretche va a denominar “académicos cama adentro” a los individuos que conforman este universo, que son parte de esta superestructura cultural que desarrollamos anteriormente, de ahí que nosotros podamos nominar a los sociólogos de corte cientificista como “sociólogos cama adentro”, que añoran lo extraño, lo ajeno, lo “civilizado”, y desdeñan todo lo propio, lo autóctono, lo nacional. Se pueden dar polémicas entre los “intelectuales”, pero de orden puramente estético y no en relación a circunstancias nacionales (Jauretche, 1969). Esta intelligentzia, en la cual venimos indagando, ha identificado los valores universales con la cultura, despreciando así toda otra cultura. Identificó civilización con cultura, así todo intento civilizador consistió en desnacionalizar (Jauretche, 2004b). La concepción de Jauretche se desenvuelve de forma “estrictamente consecuente, a partir del hecho de que la Argentina semi-colonial importaba ideologías (como capitales, mercancías, medios de producción) todas las cuales se convertían en factores de dependencia, en cuanto ideologías importadas” (Spilimbergo, 1985; 68).
El fundador de FORJA, da cuenta de la importación acrítica de ideas, conceptos, teorías por el mero hecho de haber sido realizados en “países serios”, a lo cual sostendrá que: “no uso para analizar los hechos de la sociedad los parámetros y formas buenas (…) sino que prefiero buscar los datos en índices reveladores cuya captación sólo requiera el necesario estaño de quien ha vivido –y no al divino botón- en su país” (Jauretche, (1967) 2004c; 171). El conocimiento científico, los conceptos, las construcciones teóricas no pueden ser un fin en sí mismos, sino un medio para la realización nacional. La ciencia en tanto construye un modelo científico abstracto y luego pretende aplicarlo a la realidad, fracasa dado que “es construcción abstracta y en el aire y toda apariencia y el aparato de la técnica es una simple construcción mental desvinculada del hombre común” (Jauretche, 2009; 50).
Llamamos la atención, para observar la relatividad de la “canonización de los textos y de ciertos pensadores”, acerca de cómo han ido cambiando, en nuestras carreras, los programas, la currícula a lo largo del tiempo. Podemos dar cuenta, por ejemplo, cómo sobre finales de los 60’s, y principios de los 70’s se incorporan a la Carrera de sociología bibliografía que no se hallaba presente hasta el momento, aparecen entonces nombres como Hernández Arregui, Gunder Frank, Rodolfo Puiggrós, el propio Arturo Jauretche, Mao Tse Tung, Frantz Fanon, Juan Perón, etc. Podemos ver la incorporación de textos que podríamos denominar del Tercer Mundo, con una mirada desde los oprimidos, que muchas veces surgen desde las orillas de la ciencia. Podemos asimismo poner en consideración los criterios de relevancia que son utilizados para la “calificación y clasificación” del conocimiento, Alcira Argumedo al respecto nos dice que las ciencias humanas tienen criterios para medir la relevancia, como la rigurosidad, el método, etc., pero no obstante “sin desconocer tales criterios, creemos posible incluir otras variables para evaluar esa relevancia. Si millones de hombres y mujeres durante generaciones las sintieron como propias, ordenaron sus vidas alrededor de ellas y demasiadas veces encontraron la muerte al defenderlas, esas ideas son altamente relevantes para nosotros, sin importar el nivel de sistematicidad y rigurosidad alcanzado.” (Argumedo, 2002;10). La intelligentzia siempre está al tanto de la última moda del pensamiento europeo, norteamericano, asiático o de cualquier sitio que no sea el propio. Autores que por el mero hecho de escribir desde los “países centrales” serán tenidos en cuenta de sobremanera; como asimismo autores que por el mero hecho de escribir desde países del “tercer mundo” no serán tenidos en cuenta como serios, “el hombre de nuestra intelligentzia no mira la realidad para comprenderla sino que intenta aplicar las soluciones, los esquemas de otras realidades, que acata por sobreestimación de aquellas y subestimación de ésta” (Jauretche, 1976; 63-64).
Hoy podemos observar por ejemplo, lo que podríamos denominar una foucaultización de la sociología argentina, donde el escritor de Vigilar y Castigar tiene un lugar central (no negamos aportes significativos a la construcción de la subjetividad, a la conceptualización del poder, etc. que ha realizado), donde los hechos nacionales, actuales y pasados, pueden ser explicados por medio de dispositivos que vienen a sujetar a los sujetos a un orden social de dominación. Horacio González comenta al respecto que “en todos esos campos aparecerían dispositivos (…) por los cuales el estado tomaba a su cargo la definición de la normalidad, la salud, la locura y la insalubridad a través de criterios científicos. La nacionalidad era entonces un efecto inducido de ciertas políticas que se presentaban con el sello y el prestigio de la ciencia moderna” (González, 1999; 103). Quede claro que no excluimos los aportes, las ideas que puedan surgir en otras latitudes, pero sí que su “ingreso” debería ser desde nuestras perspectivas, sin realizar una importación acrítica de ideas, conceptos, etc. realizados en y para otras realidades. Según John William Cooke, lo que hace que una ideología sea extraña, ajena, no es el lugar geográfico desde donde se elaboran sino su correspondencia con la realidad nacional y sus necesidades. (Cooke, 2011) Aquí nuevamente es importante recordar que la Argentina se desarrolla como una semi-colonia, pues en las colonias propiamente dichas se piensa en nacional o colonial indefectiblemente por oposición al orden vigente, o por apoyo al mismo (introyección del opresor). En las semi-colonias el dominio es impuesto, como decíamos al comienzo, por la colonización pedagógica, por lo cual pensar en nacional en una semi-colonia es “pensar desde una óptica anti-imperialista, no abstracta, sino nutrida en las luchas y experiencias de nuestro pueblo”. (Galasso, 2008; 10) Aquí, en este tipo de construcción de sociología, se hace presente todo un entramado académico que generan verdaderos “enclaves intelectuales” en la vida nacional. Unos intelectuales ajenos a la realidad nacional, más preocupados por el “prestigio” que otorgan las Altas Casas de Estudios, de acceder a tal o cual beca, de escribir papers en serie, que de pensar los temas que sean necesarios a la nación y al mejoramiento de la misma. Dicho entramado tiene sus formas, sus propias reglas. Ahí aparecen las notas al pié de compromiso, los congresos con sus respectivas acreditaciones, etc. Dado este proceso se van acumulando pilas de escritos (vaya a saber uno en qué rincón de las universidades) que ¿alguien realmente los lee? Lo importante aquí es tener “visibilidad”, y/o darle “visibilidad” a otros de forma que luego éstos nos den a nosotros la notoriedad necesaria. El camino ya se encuentra trazado, quién se quiera apartar de éste no será tenido en cuenta, así el único “compromiso es el de no comprometerse con la nación real… Para triunfar hay que comprometerse… a no comprometerse”. (Jauretche, 2004c; 71) De esta forma el mecanismo de la superestructura cultural “exige el sometimiento a sus directivas, y paga con el prestigio la rendición” (Jauretche, 1983; 16).
El dato científico, las estadísticas como la forma excluyente de la conformación del conocimiento sociológico, va a ser relativizado por Jauretche. Él propondrá el estaño como método de conocimiento. No es un rechazo al uso de las estadísticas, sino que aquí el estaño, la comprobación personal aparecen como correctivos del dato estadístico. (Jauretche, 2004d). Horacio Pereyra al respecto argumenta que “si bien Jauretche exagera, ya que él mismo recurre a conocimientos anteriores de forma continua (…) su afirmación en método inductivo constituye una respuesta necesaria al “despotismo ilustrado” de que hacen gala los intelectuales reconocidos; en otras palabras, desconfía de la “autoridad” establecida” (Pereyra, 1989; 47). Lo social aparece en Jauretche, según Matías Manuele, como conformado por “toda una red de microrrelaciones (que) escapa a las estadísticas, cuando son esos mismos vínculos los que constituyen lo social” (Manuele, 2000; 303). Así, lo que está en discusión no es una mera cuestión metodológica, sino lo que por nación específicamente se entiende. Está considerando de esta manera, la existencia de un sustrato profundo al cual no se accede por la mera “cuantificación de la realidad”, sino que se nos impone la necesidad de caminar conjuntamente con el pueblo, ver allí en los resquicios que nos deja la superestructura cultural que nos viene a ocultar los problemas nacionales propiamente dichos, a la vez que, algunas veces, nos arrima soluciones falsas, por ser ajenas en tiempo, lugar, y concepción a nuestra propia realidad como país semi-colonial, “el aprendizaje por la propia empiria que es lo que corresponde en un pueblo para cuyo pensamiento aún no han sido escritas las bibliotecas y para el que no sirven los laboratorios ajenos” (Jauretche, 2011; 101). A la vez es un llamado, un rescate a la utilización del sentido común, como el mejor de los sentidos, ésto Jauretche lo sostiene desde la necesidad de penetrar en nuestra formación cultural, que nos viene dada por la superestructura cultural que conlleva la colonización pedagógica, “la mentalidad colonial enseña a pensar el mundo desde afuera, y no desde adentro. El hombre de nuestra cultura no ve los fenómenos directamente sino que intenta interpretarlos a través de su reflexión en un espejo ajeno, a diferencia del hombre común, que guiado por su propio sentido práctico, ve el hecho y trata de interpretarlo sin otros elementos que los de su propia realidad” (Jauretche, 1983; 112) Aparecen así, en relación a indagar en nuestra formación cultural, la idea de las zonceras como “principios introducidos en nuestra formación intelectual (y en dosis para adultos) con la apariencia de axiomas, para impedirnos pensar las cosas del país por la aplicación del buen sentido”, (Jauretche, 2004b; 12) las hay políticas, geográficas, culturales, etc. Según nuestro autor, hay que reflexionar sobre las zonceras que nos han sido impuestas, tanto a nivel social, como el individual pues descubrir las zonceras es como “quitarse el entripado”, es la desnaturalización de las ideas dominantes, a la vez que de nuestras propias concepciones y prácticas. De esta forma, Norberto Galasso, su biógrafo, sostiene que “fue Jauretche, en cambio, que destacó la importancia de esta cuestión, desnudando la función reaccionaria de la “colonización pedagógica” y dedicando sus mayores esfuerzos a demoler esas “zonceras” paralizantes” (Galasso, 2005; 592-593).
El del escritor de Los Profetas del Odio y la yapa, a pesar de lo que de sus detractores sostengan lo contrario, consideramos que es un conocimiento que busca la profundidad de las cuestiones que analiza, no quedarse en el número, o en la naturalización de ciertas ideas, sino buscar en la realidad nacional lo esquivo a la estadística, hacer una genealogía de los conceptos e ideas que circulan en el tejido social. Finalmente, pretendemos dejar constancia que, de esta forma, desde estas ideas, Jauretche nos hace un llamado a tomar el compromiso con la deconstrucción de la colonización pedagógica sin la cual es imposible la liberación nacional, Jorge Torres Roggero sostiene que el ideal jauretcheano implica que si queremos “romper el entramado de la tela de araña que ahoga nuestro vuelo y vacía de vida nuestro cuerpo y nuestra alma, no usemos los métodos que la araña nos provee, ni los valores que la sustentan en el centro de su tela porque son el origen de nuestro vaciamiento material y moral” (Torres Roggero, 1984; 41). Nos convoca a una crítica de los “modelos” dominantes en el “mundo académico” y específicamente en la sociología, para, de esta forma, avanzar en la construcción de una sociología nacional en consonancia con las luchas por la liberación nacional.

Bibliografía
Argumedo, Alcira. (2002). Los silencios y las voces en América Latina. Notas sobre el pensamiento nacional y popular. Buenos Aires: Ediciones del Pensamiento Nacional (Colihue).

Cooke, John William. (2011). Informe a las bases. En Obras completas, Tomo V. Buenos Aires: Colihue.

Galasso, Norberto. (2005). Jauretche y su época. La revolución inconclusa, 1955-1974. Tomo II. Buenos Aires: Corregidor.

Galasso, Norberto. (2008). ¿Cómo pensar la realidad nacional? Crítica al pensamiento colonizado. Buenos Aires: Ediciones del Pensamiento Nacional (Colihue).

González, Horacio. (1999). Restos Pampeanos. Ciencia, Ensayo y Política en la Cultura Argentina del Siglo XX. Buenos Aires: Colihue.

Jauretche, Arturo. (1969). Prólogo a Cascella, Armando. (1969). La traición de la oligarquía. Buenos Aires: Sudestada.

Jauretche, Arturo. (1976). Forja y la década infame. Con un apéndice de manifiestos, declaraciones y textos volantes. Buenos Aires: Peña Lillo.

Jauretche, Arturo. (1983). Filo, contrafilo y punta.. Buenos Aires: Peña Lillo.

Jauretche, Arturo. (2004). Los Profetas del Odio y la Yapa los profetas. Buenos Aires: Corregidor.

Jauretche, Arturo. (2004b). Manual de Zonceras Argentinas. Buenos Aires: Corregidor.

Jauretche, Arturo. (2004c). Textos selectos. Buenos Aires: Corregidor.

Jauretche, Arturo. (2004d). El Medio Pelo en la Sociedad Argentina (apuntes para una sociología nacional). Buenos Aires: Corregidor.

Jauretche, Arturo. (2009). Polémicas 2. Que al salir salga cortando. Buenos Aires: Colihue.

Jauretche, Arturo. (2010). Prosa de hecha y tiza. Buenos Aires: Corregidor.

Jauretche, Arturo. (2011). Mano a mano entre nosotros. Buenos Aires: Corregidor.

Manuele, Matías. (2000). Arquetipos de una sociología orillera: tilingos y guarangos en Arturo Jauretche. En H. González (Comp.). Historia crítica de la sociología Argentina (pp. 301-305). Buenos Aires: Colihue.

Pereyra, Horacio J. (1989). Arturo Jauretche y el bloque de poder. Buenos Aires: Centro editor de América Latina.

Spilimbergo, Jorge Enea. (1985). Desmontando por izquierda. En Parcero Daniel. Cabalgando con Jauretche (pp. 67-72). Buenos Aires, Roberto Vega.

Torres Roggero, Jorge. (1984). Jauretche, profeta de la esperanza. Rosario: Fundación Ross / La Ventana.

Los intelectuales y las organizaciones del campo popular: el caso Hernández Arregui

Por Gonzalo Pedano *
“Y así caen en la trampa cenagosa de la distorsión cultural que el imperialismo,

cualesquiera sean sus estandartes y sus mercaderías filosóficas,

ha armado con la precisión cronométrica de un engranaje

vasto e impalpable en los países coloniales” J.J. Hernández Arregui


El caso Hernández Arregui: pensando en nacional

Filósofo, escritor, ensayista, sociólogo, militante, político, los rótulos no alcanzan a definir en su totalidad las actividades constantes que desarrolló Juan José Hernández Arregui a lo largo de su vida. Adscribió en su juventud al Partido Radical de la provincia de Córdoba, colaborando con numerosos artículos en los periódicos Debate, Nueva Generación, Doctrina Radical, Intrasigencia y La Libertad. Durante la década del ’40 estudió en la Facultad de Filosofía y Letras –ahora Filosofía y Humanidades- de la Universidad Nacional de Córdoba, en la que tuvo como principal maestro a Rodolfo Mondolfo, quien lo acercó a los debates del marxismo y del pensamiento europeo. Se graduó como Doctor en Filosofía en 1944, con Diploma de Honor entregado por dicha Facultad. En 1947, tras su renuncia al Partido Radical, se produce su acercamiento al peronismo de la mano de Arturo Jauretche, quién lo llevo a colaborar en el gobierno bonaerense como Director de Publicaciones y Prensa del Ministerio de Hacienda de la Nación. En 1948 comienza su labor docente en la Universidad Nacional de La Plata y en la Universidad Nacional de Buenos Aires, hasta que en 1955 el golpe de Estado autodenominado “Revolución Libertadora” lo relega de forma violenta al silencio y al asilamiento, expulsándolo de sus cátedras universitarias y prohibiendo las revistas, periódicos y medios masivos de comunicación en donde había publicado. “Se sumó en este período a la Resistencia Peronista y comenzó una ardua labor intelectual y militante, que conjugó lúcidamente la teoría revolucionaria marxista con el ideario peronista de las masas trabajadoras. En 1957, publicó Imperialismo y Cultura, obra fundamental en la historia de las ideas en la Argentina, donde analizó la influencia de las ideas dominantes en la intelectualidad nacional. Poco después, en 1960, publicó La formación de la Conciencia Nacional, con el objetivo explícito de contribuir desde la izquierda a esclarecer la cuestión nacional. En 1962, apareció un nuevo libro, ¿Qué es el Ser Nacional?, en el que abordó nuevamente la cuestión nacional desde una óptica latinoamericana”. En ese mismo año es detenido el 18 de abril, luego del golpe a Frondizi y llevado a la cárcel de Caseros. Hacia 1969 publica Nacionalismo y Liberación y en 1972, Peronismo y Socialismo, donde elaboró la propuesta de transformar al peronismo en un partido revolucionario capaz de construir el socialismo nacional. La mayor parte de sus obras, al menos aquellas que resultaron más influyentes, fueron producidas en el contexto de proscripción y persecución del peronismo en nuestro país.
En 1964 funda el grupo CÓNDOR, junto con Eduardo Luis Duhalde, Ricardo Carpani, Rodolfo Ortega Peña, el gremialista Alberto Belloni, Rubén Bortnik y otros intelectuales. Utilizan esta figura simbólica del Cóndor para contraponerla como antítesis al Águila imperial que conquista y usurpa. CÓNDOR fue un grupo de difusión ideológica no identificado con partido político alguno pero que entendía a la clase trabajadora peronista como el principal actor antiimperialista en nuestro país y enmarcaba su accionar en un contexto histórico – político de resistencia peronista a la dictadura autodenominada “Revolución Libertadora”. “La desunión de América Latina es consecuencia impuesta a estos pueblos, por unión siniestra de las grandes metrópolis, en particular Inglaterra y Estados Unidos, empeñadas en mantenernos, junto con nuestra división, en ficticias naciones nominales, en el atraso material y la humillación cultural. En tal sentido, la acción de CÓNDOR busca el entronque, como queda establecido, del pensamiento revolucionario nacional con la actividad política del proletariado peronista, la única fuerza, esta última, que en oposición real al imperialismo, por su composición de clase, puede consumar la REVOLUCIÓN NACIONAL. El punto de partida de CÓNDOR es pues: la teoría se convierte en fuerza material tan pronto cuando prende en las masas”. Esta caracterización de la clase trabajadora peronista es una de las características distintivas del grupo, dándose a la tarea de crear una corriente nacional y popular con base en la clase obrera peronista. Así también, CÓNDOR adopta un método marxista de análisis sin dejarse dominar por él, recusando la aplicación mecánica de sus fórmulas a la realidad nacional y latinoamericana, “tal cual lo han hecho las izquierdas tradicionales en la Argentina, que así han caído en una odiosa y deplorable falsificación del marxismo, y por lo tanto, de la historia nacional”. Se pretende desarrollar una acción de esclarecimiento mediante la revisión crítica de la historia argentina a la luz del marxismo estrechamente unido al pensamiento nacional, enfilando tal acción tanto contra la historia oficial del liberalismo como contra la historiografía del nacionalismo de derecha. Esta postura crítica del grupo para con los partidos de la izquierda tradicional que subordinan la política local a directivas extranjeras, así como contra las versiones liberales o nacionalistas antipopulares que niegan el protagonismo de la clase trabajadora, es una de las características distintivas de este grupo de difusión ideológica organizado por Hernández Arregui. Siendo consecuentes con ello, asumen una línea historiográfica revisionista federal y provinciana. Su duración, sin embargo, fue efímera y el grupo se disuelve tiempo después, aunque sus planteos seguirán siendo formulados por Hernández Arregui. La creación y existencia del grupo CÓNDOR es mencionada aquí para señalar la forma en que Arregui y otros pensadores y artistas, buscaban concretar en la práctica política una articulación con los sectores populares de nuestro país, para los cuales pretendían pensar, escribir y trabajar. Esta tarea será una constante en la vida de Hernández Arregui y su producción teórica se encuentra en gran medida orientada a dicha tarea.

Imperialismo y colonialismo

“A fines del siglo XIX la humanidad ha ingresado en la era imperialista, es decir, en la política de expansión seguida del espíritu de conquista, de parte de un puñado de potencias, sobre la regiones productoras de materias primas […]. El adueñamiento de los mercados coloniales se afianzó en nombre de la civilización con los métodos de la barbarie, la masacre y la expoliación en masa de las poblaciones coloniales”. Esta situación fomenta el desarrollo de dos grandes tipos de países: las metrópolis imperialistas y las colonias periféricas. Así, imperialismo y colonialismo son dos caras de la misma moneda. En esta lectura, el autor señala que el colonialismo tiene un conjunto de rasgos distintivos y comunes. Más allá de algunas diferencias de los países coloniales entre sí, existen similitudes globales que los ensamblan como piezas de un ancho cordón periférico de las grandes metrópolis, cuyas políticas ejecutan en sus propios territorios y jurisdicciones por intermedio de ciertos grupos “nativos” que son funcionales a sus intereses. Algunas de estas similitudes son:
-“Los innumerables países, naciones formales, dominios, protectorados, etc., vistos desde el vértice de la economía mundial y de la división internacional del trabajo, son partes anexas de los imperios coloniales”. América Latina forma parte de los países coloniales siendo parte de las regiones marginales de los países centrales que dirigen la economía mundial, dando forma a un ordenamiento colonialista que trae problemas simétricos y estrechamente emparentados entre los países periféricos sometidos de América Latina, Asia y África.
-Un grupo de naciones centrales, en especial Inglaterra, Francia, Estados Unidos y Alemania, se disputan el poder sobre las zonas atrasadas y los países periféricos, repartiéndose el control monopólico de los mercados coloniales divididos y organizados según los intereses de las metrópolis. Es así que, como lo demostraron los estudios de Scalabrini Ortiz, Inglaterra ejerció durante la primera mitad del siglo XX, un fuerte control de la economía argentina, estructurando todo el aparato de producción en función de sus propios intereses imperiales.
-Existe una explotación uniforme de las colonias, “mediante técnicas que no varían mucho de parte de las distintas metrópolis, aunque haya matices diferenciales en los métodos políticos y militares de sojuzgamiento, empleados por Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Bélgica, etc. Es esta misma uniformidad sin banderas de la opresión imperialista la que reagrupa en un todo revolucionario al mundo colonial”. Es por ello que, en la era del imperialismo ejercido por las metrópolis, los países coloniales –como Argentina- de reservas de materias primas se convierten en reservas de la revolución mundial. Donde hay poder imperial, hay resistencia nacional. En este sentido, el “nacionalismo” de las colonias, señala Hernández Arregui, tendrá una función política completamente distinta al “nacionalismo” defendido por las metrópolis, puesto que aquél está orientado a terminar con el yugo extranjero y éste último a legitimarlo. “En primer término, y en sentido lato, el concepto de nacionalismo referido a una nación poderosa es en su núcleo vital, inseparable del concepto de opresión de los países débiles […]. El concepto de nacionalismo en un país atrasado, en cambio, es enteramente canjeable por el concepto vivo de libertad. El nacionalismo es, entonces, lucha por la libertad”.
-El “nacionalismo” que se desarrolla en las colonias como lucha por la libertad, implica una demanda consciente de la nacionalización de las riquezas, de los servicios públicos, de las entidades bancarias y financieras, de las entidades de exportación y comercialización de materias primas. Así como también, el intento de desarrollar un proceso de industrialización, que debe terminar con la interferencia de las metrópolis para poder subsistir y en especial, con entidades como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que orientan los créditos y empréstitos financieros según los intereses de las metrópolis.
“El colonialismo no sólo es un fenómeno económico, aunque esta sea, en última instancia, la raíz de todas sus derivaciones políticas y culturales residuales. Es además, en su correlato superestructural exacto y aberrante, una colonización mental. Con signo liberal, pseudomarxista o nacionalista, tales corrientes han enfocado nuestra vida nacional desde perspectivas europeas, nacidas allá de condiciones propias y no desde la plataforma de un pensamiento nacional o hispanoamericano asentado en sí mismo”. De esta forma, el colonialismo es un fenómeno de dimensiones económicas y también culturales que implica una inversión de la imagen que lleva a ver a Argentina desde Europa y a aplicar en nuestro país recetas elaboradas en los países centrales. En este sentido, es importante que los intelectuales y académicos comprometidos con la eliminación del colonialismo, evalúen con crítica severa toda filosofía, arte y ciencias surgidas en los países imperiales. Liberarse de la caparazón mental del coloniaje, el examen crítico de esas teorías europeizantes sin arraigo en los sectores populares, son algunas de las tareas y roles que, desde la concepción de Hernández Arregui, los intelectuales deben realizar en su vinculación con las organizaciones del campo popular. Romper la muralla psíquica de la mentalidad colonial para desarticular el mecanismo elaborado para la deformación del pensamiento de las clases colonizadas. “La representación del país que el habitante colonizado cree elaborada por su propia mente le ha sido inyectada desde afuera mediante los vasos conducentes del régimen educativo de la oligarquía extranjerizante, que es todavía, pese a su declinación histórica como clase económica, la intermediaria política y cultural del dominio extranjero secular. Romper esta segunda naturaleza, nacida bajo el constelado mortecino de las ideas coloniales, preformada por la escuela primaria y configurada por la Universidad y demás instituciones educativas, que son los vehículos institucionalizados –en forma oficial o privada- de ese colonato cultural, es una exigencia de la liberación nacional”. En este sentido, la crítica y la erosión de esas representaciones propias de los habitantes colonizados y la ruptura del régimen imperante –en ese entonces- de enseñanza propio de la oligarquía liberal aliada a los intereses de las metrópolis, es la apuesta y la responsabilidad de los grupos intelectuales en su pertenencia y compromiso con las clases populares.

Colonialismo y Universidad

En términos generales, considerando los aspectos señalados anteriormente, para Hernández Arregui el colonialismo “no sólo es un molde deformante de vida que el colonizado recibe predeterminado al nacer. Es una estructura sociológica rígida, un conjunto orgánico de formas de pensar y de sentir, un mundo – visión extremado y finamente fabricado, que se ha transformado en una actitud ‘normal’ de conceptualización de la realidad. El colonialismo es la codificación de valores antinacionales puestos a la vista del colonizado como nacionales”. Esto implica como uno de sus resultados, que ciertas capas intelectuales y académicas de nuestro país se encuadren dentro de las filosofías transferidas por el coloniaje cuyas notas peculiares se expresan en una consideración pesimista de la realidad argentina, en una constante denigración de lo propio, en un sentimiento de menorvalía y en la consideración de que la subordinación del país y su poco valor cultural es una ineptitud congénita de la que sólo se sale con la ayuda de los países “civilizados”.
Las metrópolis, que mundialmente centralizan y controlan los medios de difusión cultural más importantes, apuntan con especial e insistente coordinación a esta cooptación mental de las capas intelectuales de los países dominados. La institución universitaria tiene aquí un papel fundamental que cumplir al servicio de los intereses de las metrópolis. “En los países dependientes –y el caso es comprobable en Argentina-, el contenido subordinado de la formación superior es disimulado tras el mito de la ‘autonomía universitaria’. Es la filosofía del liberalismo colonial la que insiste, en este país, en la farsa de la ‘autonomía universitaria’. Tal autonomía no existe. La Universidad es un órgano del Estado. Quizá, el más rígidamente adaptado al orden establecido por la clase dirigente. La Universidad es un instrumento del poder político vigente […]. Los estudiantes, al defender la ‘autonomía universitaria’ sin saberlo, tal es la fuerza de los credos morales, luchan, en rigor, por el colonialismo”. Los programas de liberación nacional, anticolonialismo y nacionalismo popular no pueden ser desarrollados en esta Universidad, porque dicha institución desarrolla una fuerte persecución y expulsión de docentes y estudiantes que pretendan llevar adelante dichos programas. En este sentido, Hernández Arregui reflexiona en un contexto histórico caracterizado por la proscripción absoluta del peronismo en la vida política del país y, por consiguiente, también de la vida universitaria, de la que él mismo fue víctima al ser expulsado de sus cátedras en 1955. Sumado a ello, la obra en análisis –Imperialismo y Nación- publicada en 1969, ya había presenciado la política universitaria de Onganía y la noche de los bastones largos. Es precisamente a esta Universidad de las décadas del ’50 y del ’60, que el autor considera como ‘colonial’.
“Ha sido el ideal de vida de la oligarquía agropecuaria, al margen por antítesis sociológica, del desarrollo industrial del país en el que poco ha tenido que ver la Universidad Argentina, el que durante un siglo predominó y aún predomina. Esta clase ha promovido estudios históricos, económicos, jurídicos, estéticos, filosóficos y sociales sistematizados por la voluntad educadora del país agroexportador. Ha sido, además, por derivación complementaria, una enseñanza fundada en el privilegio. A esta cultura mimética sólo pueden llegar quienes pueden costearla” En este sentido, si la Universidad es una institución social, y por tanto parte del Estado, su rol es prescripto por una economía fundamentalmente agroexportadora y por el sistema social, político y cultural que le es afín y simétrico. Pero no sólo la Universidad tiene este rol, sino también todas las instituciones culturales afines proceden de esta manera, como el caso de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), que permanecieron calladas todas ellas cuando miles de argentinos fueron encarcelados y algunos fusilados a partir de 1955, omitiendo mencionar también los vejámenes cometidos a escritores, pensadores argentinos y a los cerca de 4000 profesores universitarios que fueron separados de sus cátedras al caer Perón. “La ‘libertad de cultura’ es una comedia en un país donde el pueblo está proscripto del comicio desde hace más de diez años. Éste es el índice que muestra el desligamiento de la Universidad de la política […]. El Estado es el que impone este mutismo político a la Universidad. De espaldas al país, la casta profesoral vive en un espacio vacío entre el mundo de las masas y el Estado colonizado. No sólo se apartan del pueblo. Esto los lleva a desterrarse del pensamiento nacional, y así, justifican al colonialismo, que a través de la Universidad, vegeta con luces hurtadas a Europa. En nombre de la augusta inteligencia pura prefieren no tomar partido en las cuestiones centrales del país”. La Universidad autónoma como institución, desde el ’55 en adelante, sostiene el autor, no ha hecho sentir su voz una sola vez en defensa de los trabajadores y sus necesidades, amparada en su carácter ‘apolítico’, ha hecho política ‘antiobrera’ y ‘antinacional’.
“Por su composición de clase, el estudiantado, en su mayoría, se plegó a la coalición reaccionaria que derribó a Perón. Al producirse la contrarrevolución de 1955, esa juventud universitaria festejó el hecho como un triunfo grandioso de la libertad. Y es también un hecho que estudiantes reformistas y católicos –el culto de la ‘libertad’ los había unido a todos- se alzaron en defensa de la Universidad que retornaba […]. Los estudiantes apoyaron ese retorno, sin comprender que detrás de las grandes frases –patrióticas, políticas, filosóficas y religiosas- se movían las fuerzas siniestras que dividen a una patria colonizada”. Los estudiantes y su movimiento fueron utilizados como fuerza masiva de choque por la oligarquía, en el golpe autodenominado “Revolución Libertadora”. Nada se dijo sobre la persecución, el fusilamiento y el asesinato de miles de argentinos. Sin embargo, Arregui señala que esta posición empieza a cambiar en los años posteriores y se da inicio a un proceso de “nacionalización” del estudiantado y de los sectores intelectuales que va a implicar una fuerte autocrítica a las posiciones asumidas y en la postulación de la necesidad de la constitución de un “frente obrero – estudiantil” que vincularía a los estudiantes universitarios con los trabajadores peronistas.
Es así que, en la segunda edición de La formación de la conciencia nacional publicada en el año 1970, Arregui sostiene “es imposible resumir aquí la agitación universitaria que recorre al país. La población estudiantil ha tomado conciencia de la realidad nacional y de la necesidad de luchar junto a los trabajadores. Es éste uno de los hechos más decisivos acaecidos en la Argentina de la última década. El país está sacudido por permanentes rebeldías estudiantiles que han tomado la calle como escenario y la ocupación de las Universidades como expresión de protesta. Millares de documentos, volantes, folletos, publicaciones, inundan el país. Y la acción violenta, la reacción multitudinaria de los estudiantes, es cada vez más profunda en el orden ideológico y combativo”. Diferentes agrupaciones y organizaciones que forman parte de este movimiento estudiantil, adscribiendo inclusive a diferentes identidades políticas, le hacen llegar un profundo reconocimiento a la labor pionera que Arregui venía cumpliendo desde hace varios años en las filas del movimiento nacional, en contra de la deformación cultural de las clases dominantes y del aislamiento de la intelectualidad para con las luchas populares de los trabajadores. Las Cátedras Nacionales, desarrolladas por esa época en la Universidad Nacional de Buenos Aires, lo tendrán como bibliografía de ineludible lectura.
El propio José María Aricó hará referencia a la influencia de Arregui en ese grupo de jóvenes de la Federación Juvenil Comunista que fueron expulsados por sus críticas a la conducción del partido: “la formación básica del militante comunista de los años ’40 y ’50 seguía siendo la historia del Partido Comunista de la URSS. Puede parecer una burrada, pero sabíamos más de los problemas de algunas aldeas de la URSS o sobre teorías de bolcheviques no renombrados, pero ignorábamos el debate revisionismo – liberalismo en sus fuentes. Sabíamos de Stalin, pero ignorábamos a Mitre […]. Además, había una suerte de desprecio a esto que llaman tradiciones nacionales, su peso, su densidad, no eran vistas, ni tenidas en cuenta. A fines de los ’50, nos abrimos a los textos vetados en el Partido: los trabajos de Puiggrós sobre los partidos políticos argentinos y en los primeros ’60, a Hernández Arregui”. Las observaciones de Aricó hacen hincapié en el desconocimiento de los problemas nacionales por parte de este partido de la izquierda tradicional, el desconocimiento de la historia nacional, el carácter endogámico y vuelto ‘hacia adentro’ por parte de sus militantes. En alguna medida, entonces, Arregui colaboró con ese proceso de nacionalización de las capas intelectuales, docentes y estudiantiles de nuestro país, brindando su obra nuevas herramientas conceptuales necesarias para pensar la realidad de nuestro país en el proceso de formación de su propia conciencia nacional, que no es otra cosa más que el proceso de su propia liberación.

(*PONENCIA PRESENTADA EN LAS JORNADAS INTERNACIONALES “JOSÉ MARÍA ARICÓ”, Córdoba septiembre de 2011)

El Puyehue de los monetaristas

por  Maximiliano Molocznik

De las cifras que vamos conociendo a diario sobre el desempleo en Europa y en los EEUU hay un sector al que aun no se le ha prestado la debida atención pero cuyo índice ha crecido abruptamente en los últimos tres años: los monetaristas. Otrora poderosos académicos oriundos de la Universidad de Chicago y funcionarios del pensamiento único, estos hoy menoscabados masters en finanzas y vendedores de humo profesionales, han devenido en tristes espectros desempleados que vagan por las consultoras en busca de nuevos conchabos laborales para mantener sus lujosas vidas primermundistas hoy en riesgo. Siguen soñando con los jugosos contratos que gozaban en los años 90, tratando de confundir a nuestro pueblo, explicando lo inexplicable o advirtiendo -frente a la evidente crisis mundial del modelo neoliberal- que ellos sólo eran “técnicos”, que las recetas eran buenas y que si hubo errores los responsables fueron los “políticos”.  Otros, más pragmáticos -con la furia de los conversos- se han hecho rápidamente keynesianos para poder bañarse en las aguas (heterodoxas) del Jordán y conseguir algún laburito. Los más fieles al credo neoliberal asoman poco la cabeza (Artana y los muchachos de FIEL sólo hablan en el Consejo de las Américas ante banqueros de Wall Street) y ya no se los ve tan sonrientes en los medios de comunicación de la derecha vernácula (Broda ya no muestra su sonrisa sardónica en la televisión y elige el bajo perfil) que tanto supieron cobijarlos y transformarlos en estrellas mediáticas en los ruinosos años 90.
Ahora bien ¿por qué se esconden? ¿qué es lo que no pueden explicar los gurúes? Básicamente que la crisis global que hoy afecta a Europa y a EEUU no se ha hecho sentir hasta ahora en la Argentina. ¿Qué pasaba antes cuando nuestro país seguía metódicamente las recetas del FMI y BM? Allí aparecían los predicadores del evangelio neoliberal a explicarnos que debíamos acudir al “círculo virtuoso del endeudamiento”, “al ajuste doloroso pero necesario” y al resto de las zonceras que ya conocemos. Y si aun duda, estimado lector, del verso de estos “profetas” veamos, brevemente, qué pasa en el mundo. En EEUU, Obama, el “progre”-un bolchevique a ojos de Rick Perry, el Tea Party y los halcones republicanos- estuvo acorralado en el presente año por la discusión sobre la aprobación o no del presupuesto. Para mostrar su “buena voluntad” ante el establishment propuso un recorte de gastos de 33 mil millones de dólares ante lo cual los republicanos le exigieron que el mismo fuera de 44 mil millones. El recorte final ascendió a 39 mil millones afectando al núcleo duro de la gestión “reparadora” de Obama: la reducción de gastos en los planes de salud para ancianos y pobres. Si a esto le sumamos que el déficit presupuestario norteamericano para este año es de 1,5 billones de dólares, que EEUU lleva acumulada una deuda de 14 billones (millones de millones) de dólares y que la calificadora Standard & Poors -una organización al servicio del capital financiero internacional, no de la IV Internacional Trotskista- le ha bajado a “negativa” la calificación de su deuda, tenemos un panorama de la situación actual de la gran potencia predicadora del libre cambio. ¿Será por eso que Rick Perry -un ranchero texano, estilo Bush, ultraliberal y ultramontano- comienza a perfilarse como el candidato republicano con más posibilidades de suceder al “psico-bolche” Obama? La salida parece ser por (ultra) derecha.
¿Y qué sucede en la amada Europa? En Finlandia, país “civilizado” y presentado como modelo por los socialdemócratas, los amarillos pseudo progres y los tilingos clasemedieros, el partido de ultraderecha “Los Verdaderos Finlandeses” acaba de transformarse en la tercera fuerza política del país al obtener el 19 % de los votos y 39 escaños en el parlamento. Su líder, Timo Soini, ya les avisó a los republicanos-liberales y a los social demócratas que se ha terminado la Finlandia integrada a Europa.  En Grecia, a pesar del ingente esfuerzo del opaco ajustador Papandreu -su familia alterna en el poder desde el fin de la segunda guerra mundial- y a pesar de haberse producido el desembolso de 142 mil millones de dólares para evitar el default, este aparece cada vez más cerca. El gobierno -jaqueado por las protestas sociales- ha propuesto un recorte de 26 mil millones de euros hasta 2015 y aun así no alcanza. Ya se empieza a hablar de tomar medidas de restructuración de la deuda y de asumir la incapacidad de pago. No mucho mejor marcha Irlanda, el paraíso tan mentado por el periodista-historiador devenido jefe de gabinete de De la Rúa, Rodolfo Terragno. En ese país la agencia Moodys -calificadora de riesgo también al servicio del capital trasnacional no del buró político de la revolución cubana- volvió a bajar la calificación de las entidades financieras. El propio gobierno de Dublín admitió que los bancos irlandeses necesitan 24 mil millones de euros extras para no caer en el default tras el fallido rescate por 85 mil millones ya realizado.
En Portugal tenemos un panorama similar ya que -según estimaciones de la Comisión Europea- el rescate sería por 107 mil millones de dólares a cambio del tan conocido por nosotros plan de austeridad fiscal controlado por el FMI y la UE.
En Francia aún no se presentan problemas de este tenor pero, por las dudas, los discípulos de Le Pen, las huestes ultraderechistas del Frente Nacional, salen a “cazar” marroquíes, musulmanes y otros “indeseables” y cierran las fronteras ferroviarias con Italia de donde vienen -dicen- los “sucios africanos” que quieren llegar a su país. Este nuevo acto de “pluralismo, democracia y tolerancia” debería hacer poner colorados a los cipayos locales que han vivido ponderando la democracia gala. Recientemente un paparazzi francés pescó al presidente Sarkozy -de vacaciones con su bella mujer, Carla Bruni- leyendo El Capital. El miedo no es tonto. Pese a este signo auspicioso para la derecha francesa parece que allí también -como en EEUU- la salida que ofrece la “culta Francia” es la xenofobia y el autoritarismo.
Y ni hablar de España. 22 por ciento de desocupados (5 millones de personas), 43 % de desempleo en jóvenes menores de 25 años, aumento exponencial del delito y de la prostitución. De hecho, en Madrid, ha surgido una nuevo tipo de rebusque: “las porno chachas”, mujeres de clase media, muchas con estudios universitarios que por un mismo precio ofrecen a hombres solos realizar las labores domésticas tradicionales con un plus: el acto sexual antes o después de terminar la jornada laboral. Tampoco debemos olvidar en esta breve reseña al patético alquimista inglés sin magia, David Cameron, quien para intentar explicar la ola de violencia juvenil que incluyó saqueos a supermercados (en la Londres de su graciosa majestad, no en el conurbano bonaerense) prefirió hablar del “colapso moral” de la juventud. Olvidó explicar que el 23 % de los jóvenes son pobres y desempleados.
Frente a tan abyecto panorama ¿cómo dudar de la sabiduría del pueblo argentino que ha ratificado un rumbo el pasado 14 de agosto?. ¿Cómo no comprender el veredicto popular frente a un gobierno que ha elegido un camino totalmente opuesto al que monetaristas, recesionistas y enfriadores de la economía han querido llevarnos? ¿Cómo no ver que pese a que aun quedan muchas tareas pendientes (reducir el trabajo en negro, profundizar la industrialización por sustitución de importaciones, modificar la carta orgánica del BCRA, aprobar la nueva ley de entidades financieras, reconstruir la red ferroviaria, poner en agenda el reclamo de los pueblos originarios, etc.) nada de esto sería pensable si volviéramos a oír los cantos de sirena (neoliberal) de estos monetaristas hoy en retirada. No debemos creerles una palabra. Hoy quieren volver a endulzarnos los oídos, hablan de metas ortodoxas de inflación, reducción del gasto público, eliminación de las retenciones y desfinanciamiento del estado, apreciación cambiaria, vuelta a los organismos multilaterales del crédito, etc.
Estas nuevas zonceras no son más que el último manotazo de ahogado de los que saben que, después de mucho tiempo, como decía Jauretche “el país se les empieza a ir de las manos”.

viernes, 23 de septiembre de 2011

El modelo de sustitución de importaciones de ideas

Por Ana Jaramillo

Se han denominado los modelos de acumulación de capital de acuerdo a las políticas estratégicas (objetivos, proyectos y políticas) implementadas en distintas latitudes y en distintas épocas históricas de acuerdo a los grupos de interés que se privilegian o que detentan y hegemonizan el poder político. En nuestro país se han implementado diversos modelos de acumulación de capital de acuerdo a las distintas políticas implementadas a lo largo de su historia, que a veces se denominan fundamentalmente desde categorías económicas y a veces desde categorías políticas que denotan las opciones de política económica. Así tuvimos modelos agroexportadores, de sustitución de importaciones, industrialistas, desarrollistas, liberales o neo liberales, etc. Desde otras latitudes hablan ahora del modelo argentino que aún no tiene nombre. El New York Times le recomienda a Obama implementarlo para aplacar el “malestar económico” y en Europa lo recomiendan para salir de las crisis. El diario neoyorquino habla del crecimiento del país que no perjudicó al pueblo y que bajó el nivel de pobreza y el desempleo. Se lo define como heterodoxo de acuerdo a la posición frente a las recetas “ortodoxas” de los organismos internacionales financieros, sobre el manejo del gasto público y del endeudamiento, los ajustes estructurales frente a las crisis, etc. Al modelo argentino aun innominado, a mí me gustaría llamarlo “modelo de sustitución de importación de ideas”. Desde la formación del Estado nacional, hemos copiado ideas y modelos económicos y políticos tanto de los europeos como de los Estados Unidos. Es lo que Jauretche denominó el colonialismo pedagógico de nuestros intelectuales que llevó a la dependencia e imitación de las formas de gobierno y de las políticas económicas para solucionar nuestros problemas vernáculos.  En el 1900, el pensador uruguayo José Enrique Rodó nos decía: “No veo la gloria, ni en el propósito de desnaturalizar el carácter de los pueblos- su genio personal-, para imponerles la identificación con un modelo extraño al que ellos sacrifiquen la originalidad irremplazable de su espíritu; ni en la creencia ingenua de que eso pueda obtenerse alguna vez por procedimientos artificiales e improvisados de imitación. Ese irreflexivo traslado de lo que es natural y espontáneo en una sociedad al seno de otra, donde no tenga raíces ni en la naturaleza ni en la historia…” Todavía se sigue hablando de la educación como un gasto, mientras sabemos que es una de las inversiones más estratégicas de nuestro país y de toda América Latina, no sólo para crecer sino para ampliar la democracia. ¿Qué ganamos importando en forma permanente “bienes de capital” descubiertos y producidos en otras latitudes, sin preparar a nuestros hombres y mujeres para investigar y capacitarlos para la creación científica y tecnológica adecuada a nuestra realidad y a nuestros problemas? Desde el otro lado de los Andes la educación superior continúa siendo simplemente un gasto casi suntuario del Estado y no una necesidad de formar científicos, profesionales, académicos y tecnólogos que con vocación nacional se comprometan con el desarrollo propio.  La gratuidad de la enseñanza universitaria decretada por el Presidente Perón en 1949, es una inversión indispensable para sustituir la importación de ideas, para cuestionar la verdad y el pensamiento único. Si no fuera así terminaríamos siendo maquiladores de capital, de productos e ideas ajenas. Afortunadamente, el Presidente Kirchner se negó a aceptar el ALCA hace ya seis años. La supuesta globalización es un globo cuyo piolín lo manejan los poderosos, generando más pobreza y menos democracia. Las medidas políticas aplicadas desde el año 2003, desde el rechazo al ALCA, el desendeudamiento y el pago de la deuda externa con reservas, la nacionalización de las AFJP, el empoderamiento de los menos favorecidos a través de la asignación universal por hijo, la inversión del presupuesto destinado al pago de la deuda hacia la inversión en educación, la derogación de las leyes de punto final y obediencia debida, la restitución de las paritarias, el aumento bianual a los jubilados, el matrimonio igualitario, la ley de medios suprimiendo los monopolios informativos y tantas otras medidas que ensanchan los derechos democráticos del pueblo nos confirman que no somos maquiladores de ideas ajenas.
En 1949, el filósofo y Ministro de Educación mexicano, José Vasconcelos, nos decía en el Primer Congreso de Filosofía:: “la verdad es armonía de pensamiento y realidad…afortunadamente, en nuestros pueblos, el filósofo ha sido, por lo menos en la etapa heroica de nuestra formación nacional, un héroe de la idea; un creador de cultura” (...) cada nueva doctrina filosófica se convertía en el alma de una cruzada de inmediata aplicación social”.  En Nuestra América, la construcción social de la libertad y de la democracia no es imaginaria ni utópica como las de Tomás Moro, la de Campanella o la de Bacon, sigue siendo un lugar donde hacerla realidad

NO ME OLVIDES: 1955 -CRÓNICAS RESISTENTES- 1973

María Claudia Falcone recordada en la UNLA

La gobernación de Eduardo Duhalde 1991- 1999 El proyecto político que transformó la provincia de Buenos Aires

  Prólogo       Eduardo Duhalde, febrero de 2026 Cuando llegó a mis manos el borrador de este libro, que habla sobre la gestión de gobiern...