miércoles, 11 de mayo de 2016
domingo, 8 de mayo de 2016
El 2019 nos encontrará unidos o dominados
Aritz Recalde, mayo 2016
La Republica Argentina está iniciando la
primera etapa de una crisis económica, política y social con destino sumamente incierto.
En tal sólo cinco meses de una nueva gestión presidencial, el país se encuentra
inmerso en recesión económica y protagoniza una inflación superior al 20%. Productos
esenciales como la carne, el pan y la leche aumentaron en valores cercanos al
50%, originando en la mayoría popular un deterioro de su capacidad de consumo. De no modificarse la política económica, Argentina
atravesará el año 2016 en una situación de estanflación.
El detraimiento del mercado interno resultante
del desempleo, de la inflación y de las inmensas ganancias de las empresas de
servicios de luz o de gas, hacen poco viable la actividad productiva de la
Argentina. En paralelo, el gobierno nacional favorece la apertura comercial, la
libertad financiera de los especuladores y emite bonos a altas tasas, generando
incentivos a los negocios financieros y la
fuga de capitales, por sobre la producción.
La
crisis de Brasil, la baja del crecimiento de China y el deterioro del precio de
nuestros productos de exportación, van a impedir cualquier tipo de “despegue”
económico en el corto plazo.
El Estado está siendo cartelizado por las Corporaciones
Trasnacionales, que definieron las siguientes prioridades de la política
macroeconómica:
-
Pagarle
a los fondos buitres para beneficiar al sector financiero norteamericano
y europeo.
-
Devaluar
el peso y bajar las retenciones de las grandes cerealeras y mineras
exportadoras.
-
Habilitar
el aumento del combustible, la luz, el gas y el agua, para generar exorbitantes
ganancias de las empresas de servicios. Para mantener la rentabilidad de
las multinacionales, el combustible aumentó un 30% en tan sólo unos meses en un
contexto de baja del precio del petróleo mundial. Para completar la
discrecionalidad del Ministro de Energía, importamos gas licuado de Chile vía la
empresa Shell de la que él es representante.
-
Emitir
bonos a altas tasas favoreciendo los negocios de los bancos y especuladores
locales e internacionales.
-
Permitir
el aumento de precios de las grandes cadenas formadoras de precios.
No hay
economía pública que soporte esta política y es por eso que se obliga al
trabajador, los jóvenes, a los jubilados y a las PYMES a financiar la malversación
de la riqueza nacional. Se le exige al obrero aceptar ser despedido o negociar
una paritaria por debajo de la inflación. La política social de CAMBIEMOS parece
orientada a pagar meramente el aumento de la boleta de la luz. Solamente y por
citar dos casos, al jubilado le otorgaron un (1) bono de $ 500 y el proyecto de
ley para la devolución del IVA de la canasta básica a los titulares de planes
sociales, tiene un tope de escasos $ 300 mensuales. El empresario argentino está
siendo perjudicado y pese a que CAMBIEMOS dice frenar la “ley anti despidos” en
nombre del productor. Éste último supuesto carece de realismo cuando le suben
todos los servicios y los impuestos, en cifras varias veces superiores a la indemnización
al trabajador. Con dicha política macroeconómica, las PYMES o comercios se ven
obligados a aumentar sus precios - profundizando la recesión del país - y muchos
de ellos directamente van a quebrar.
La estrategia de los poderes internacionales que
hoy manejan la Argentina consiste:
-
Actuar
políticamente con los delegados de los poderes
económicos (CEOs en la gestión), mediáticos
(local y extranjero) y judiciales. A
estos tres poderes, los acompañan sectores partidarios del GEN, del PJ, del
sindicalismo o del Frente Renovador, entre otros.
-
Debilitar al Estado y
al gobierno argentino,
frente al poder de las empresas y las potencias extranjeras.
-
Debilitar a las
organizaciones sindicales públicas y privadas, para poder transferir ganancias al
capital foráneo y concentrado. Derrotado el sindicato, el empresariado local
queda a la merced del importador extranjero y la financia internacional.
-
Desplazar a la
empresa argentina y a la actividad productiva local, para importar
manufactura extranjera. Proponen detener
la sustitución de importaciones de los últimos años, para hacer de la Argentina
una plaza de la especulación financiera y un exportador de alimentos y recursos
naturales.
-
Mantener la crisis de
gobierno,
para empujarlo a la privatización de los activos públicos y a la apertura
radical de la economía.
A cambio, los organismos financieros
ofrecerán dólares que serán fugados en
el mediano plazo por las multinacionales, que permitirán a la clase media
atesorar y a los representantes e intermediarios de estos negocios,
enriquecerse.
Como respuesta
directa de dicho programa antinacional y antipopular, se generó una importante
movilización.
Solamente en los últimos tres meses, se produjeron masivos hechos colectivos:
-
Reclamo
contra los despidos de empleados estatales (CTA y organizaciones sociales y políticas).
-
Movilización
frente a tribunales de Comodoro Py (Kirchnerismo).
-
Movilización
de trabajadores privados y estatales el día del trabajador (CGT – CTA).
No hay antecedentes en los últimos años de
tan masivas y diversas movilizaciones en tan corto plazo. En paralelo a estos
tres grandes actos, hay cientos de manifestaciones de empleados petroleros, de
empresas privadas, públicas o de la construcción. En el ámbito universitario se
produjo un hecho histórico y los tres claustros (docente, no docente y
estudiantil) convocaron a un paro y se movilizaron conjuntamente el 29 de abril.
Los jóvenes de diversas orientaciones políticas, de izquierda o peronistas, marcharon
por el boleto estudiantil el 6 de mayo.
La
política macroeconómica favoreció una unidad de acción de los sindicatos
nucleados en CTA y todo indicaría la conformación una CGT única. Cristina Fernández
de Kirchner convocó a un “frente ciudadano”,
que parece reiterar la experiencia trasversal de Unidos y Organizados de los últimos años de su gestión. El 3 de
mayo asumió la lista de unidad del Partido
Justicialista y se convocó a su reorganización, incluyendo a delegados del
sindicalismo y a dirigentes partidarios no kirchneristas. Hay otro sector de agrupaciones sociales, culturales y de
izquierda que desarrolla una acción intransigente contra el gobierno
nacional y que no se siente representado en los dos sectores, pero que confluye
en su enfrentamiento a Macri.
CAMBIEMOS asumió el mando del gobierno de la
Argentina con el apoyo del poder económico, mediático y judicial. Además, canalizó
el descontento popular contra una crisis económica mundial que impactó en nuestro
país, que tuvo bajas tasas de crecimiento. Mauricio
Macri se apropió del sentido de la palabra “cambio” o “mejora” de las demandas
sociales o de seguridad no resueltas. Además y cuestión fundamental, CAMBIEMOS acertó en la estrategia política
a diferencia del Frente Para la Victoria (FPV) que careció de una campaña consistente
y de una propuesta para movilizar a la sociedad. Macri alcanzó la Presidencia
gracias al histórico triunfo de María Eugenia Vidal en Buenos Aires y éste
último se consolidó como resultado de las divisiones y errores de estrategia del
FPV. Cristina impulsó para la gobernación a sus jefes de Gabinete y del AFCA y ello
derivó en una derrota histórica que no tuvo antecedentes en el justicialismo
bonaerense.
La potencial
división del Kirchnerismo trasversal y el peronismo, es la garantía de
continuidad del neoliberalismo de CAMBIEMOS. La Argentina y su pueblo demandan la unidad nacional
y para garantizarla, es importante el reconocimiento mutuo de la importancia de
ambos sectores. Sobre esta alianza SINDICAL,
JUSTICIALISTA Y KIRCHNERISTA, deberá diagramarse la estrategia de articulación
con el resto de los sectores políticos y sociales.
En el
año 1946 Juan Perón convocó a la unidad de todas las organizaciones y constituyó
el Partido Único de la Revolución Nacional,
antecedente del actual Partido Justicialista. A 70 años de la histórica unidad política
nacional, tenemos la responsabilidad de emularla reconociendo que el año 2019
nos encontrará unidos o dominados.
sábado, 7 de mayo de 2016
Universidad, igualdad y desarrollo
Por Julián Dércoli *
Durante el último tiempo, los diarios de mayor tirada
dedicaron una serie de notas a la problemática universitaria. Podemos agrupar
esos artículos en dos bloques. El primero contiene notas que denuncian
favoritismo y desmanejos fruto de la intervención de “la política”. El segundo
bloque se caracteriza por cuestionar principios básicos de nuestro sistema,
tales como la gratuidad y la capacidad de la universidad para garantizar la
inserción laboral y el desarrollo. Ambos bloques comparten una misma
cosmovisión: la universidad ya no es lo que era, ya sea porque la política se
entrometió en los claustros y esto la pervirtió, o porque el sistema
universitario se presenta como anquilosado ante un mundo nuevo “más dinámico”.
Los argumentos que esgrimen las notas del primer bloque
son fácilmente rebatibles. La denuncia de la intromisión de la política como
elemento perverso en la vida universitaria ha sido un elemento constitutivo de
las interpretaciones hegemónicas de nuestra historia, contra el cual es
necesario discutir, ya que afirma una perspectiva en la cual los mayores “éxitos”
de la universidad se produjeron cuando no se metió en el medio “la política”.
Estas interpretaciones están sostenidas sobre el pretendido ascetismo de la
ciencia y la universidad, que concluye en una falsa dicotomía entre política y
calidad educativa, una de las aristas de la dicotomía fundante del liberalismo
criollo: civilización o barbarie.
El rasgo destacable de los artículos enmarcados en el
segundo bloque es que plantean la necesidad de una modernización de las
universidades. El cinismo de sus argumentos radica en que proponen elementos de
individualización y privatización del sistema como claves para avanzar hacia
una mayor igualdad y efectividad. Un ejemplo de esto es el artículo “¿Gratuidad
es sinónimo de igualdad?”, publicado por La Nación. Su punto de partida es que
la ausencia de un arancel implica una “gratuidad indiscriminada” que no
“asegura la permanencia y la graduación”, razón por la que la inversión del
Estado en educación superior finaliza en la apropiación de este beneficio por una
minoría que se gradúa. Por eso, concluye que el desarancelamiento es un gasto
ineficiente por parte del Estado, y propone que “paguen los que puedan” o
“cobrarles a los graduados”. En otros casos se proponen “rigurosos” exámenes de
ingreso, que descartan la posibilidad de la igualación social por intermedio
del proceso educativo.
Es menester aclarar que nuestras universidades son
desaranceladas, desde 1949, porque el Estado comprendía a la educación superior
como una herramienta para contribuir al desarrollo del país, y para esto era
necesario que accedieran las mayorías sin distinción económica. De esta forma
se ampliaría la cantidad de cuadros profesionales y técnicos necesarios para el
desarrollo nacional. En esta concepción, el beneficiario de la educación
superior no es el individuo, sino el conjunto de la sociedad.
Ahora bien, el desarancelamiento no es sinónimo de
permanencia y graduación en sí mismo, por eso el anterior gobierno promovió una
mayor inversión en materia de becas y distintos programas de inclusión
educativa, que, junto con el esfuerzo de las universidades nacionales, permitió
el incremento del número de graduados, así como un cambio positivo en la tasa
graduados-ingresantes (ver los anuarios estadísticos de la SPU y los informes
del CEA 5 y 12).
Por otro lado, podemos coincidir al menos parcialmente, en
que nuestra formación universitaria se encuentra desfasada con respecto a las
demandas sociales y económicas. Esto se vincula con la cultura del aislamiento
entre universidad, Estado y sociedad predominante en nuestra historia.
Entendemos que es una relación a modificar en base a una estrategia de
desarrollo nacional y no en función de las propuestas del mundo privado, ya que
si esta demanda es resuelta por el mercado lo que se logrará es una
segmentación de los circuitos educativos, perpetuando las diferencias de clase
existentes en la sociedad.
Quienes queremos una Argentina desarrollada y socialmente
justa, entendemos a la universidad como una de las herramientas para construir
ese desarrollo. Otros proyectos políticos desestiman el papel del Estado y de
la universidad, por eso buscan atacarlo esgrimiendo móviles de “eficacia y
efectividad”. Desde esta supuesta racionalidad universal pretenden impugnar a
las universidades nacionales, cuando un análisis de nuestro pasado reciente
muestra que, con políticas activas, las universidades pueden corregir las
tendencias negativas que las atraviesan. En otras palabras, aquello que se
presenta como racionalidad universal no es más que el fruto de intereses de los
negocios educativos privados por quebrar la hegemonía que tienen nuestras
universidades en la formación superior.
* Autor de La política universitaria del primer
peronismo; docente y no docente de la Universidad Nacional Arturo Jauretche.
Extraido de http://www.pagina12.com.ar/diario/universidad/10-298620-2016-05-06.html
miércoles, 4 de mayo de 2016
LO INÚTIL DE MACRI
Norberto Alayon - Buenos
Aires, 4 de mayo de 2016
Todos los 1º de mayo se conmemora el Día del Trabajador. A
partir del gobierno del empresario neoliberal Mauricio Macri, que asumió hace
casi 5 meses, ya se produjeron en el país más de 120 mil despidos de
trabajadores (inclusive, algunos estudios de centros especializados hablan de
140 mil). El 29 de abril se concretó una multitudinaria movilización sindical
para protestar contra la enorme pérdida de puestos de trabajo y brindar apoyo a
la sanción de una ley antidespidos (para proteger el empleo), acerca de la cual
el gobierno amenazó que la vetaría en caso de ser aprobada.
El 1º de mayo, el presidente Macri decidió compartir un
almuerzo con un reducido sector sindical, que encarna las posiciones de derecha
más recalcitrantes, que formaron parte del devastador proyecto menemista y, a
la vez, con conexiones diversas con la dictadura cívico-militar de 1976 que
asoló al país. Con este sector, el presidente Macri se sintió cómodo para
compartir la ingesta dominical, junto a su esposa Juliana Awada (exitosa empresaria
de cuestionados talleres textiles), su ministro de Trabajo Jorge Triaca (hijo),
que el mismo 29 asistió a una misa en memoria del represor de la dictadura
Miguel Ángel Egea, involucrado en reducir los bienes que robaban a los
secuestrados en la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), y Marcos Peña, su
Jefe de Gabinete.
En la ocasión, el presidente Macri puso en evidencia -una
vez más- su densidad intelectual, expresando que “Hace cinco años que no se
genera trabajo de calidad, porque ocultaron el desempleo con trabajo público
inútil” (destacado nuestro). “La primera víctima es la persona, cuando se da
cuenta que no cumple una tarea útil para la sociedad. La suma de los empleos
inútiles es una ruta descuidada donde los argentinos pierden la vida”.
El gobierno, conducido en áreas estratégicas por una gran
cantidad de empresarios y CEOs de empresas nacionales e internacionales, viene
desplegando una arrasadora tarea antiestatal que se manifiesta en los despidos
de trabajadores (aunque a muchos los reemplaza por los militantes propios del
partido PRO) y en el cierre, desmantelamiento, suspensión, o reducción de
planes y programas diversos, tales como Arsat 3, Atucha 3, Conectar Igualdad,
Fines, Progresar, Orquestas Infantiles, Centros Culturales, Qunitas, Argentina
Sonríe, Televisión Digital Abierta, entre muchos otros. Todo ello acompañado de
una enorme campaña de estigmatización, difamación e insultos plasmados en las
difundidas expresiones de “ñoquis” y “grasa militante”.
En la folletería oficial de la campaña presidencial de la
Alianza Cambiemos, el entonces candidato Mauricio Macri exponía sus “sueños y
compromisos”. Afirmaba: “Mi primer desafío como presidente será POBREZA CERO.
Vamos a ayudarte para que tengas más oportunidades, porque es inaceptable que
haya tantas personas sin trabajo y muchas otras que ven que su esfuerzo no
alcanza para crecer”. Y “Es hora de UNIR A LOS ARGENTINOS y mejorar nuestra
convivencia. No te vas a sentir agredido si pensás distinto; una justicia
independiente se ocupará de defenderte a vos y no al poder”.
Hoy, ya como presidente, el trabajo público le parece inútil
a Mauricio Macri y los incesantes despidos se suman de a miles. Es probable que
le parezcan más útiles las designaciones actuales de otros empleados y
funcionarios públicos, muchos de ellos parientes directos de los dirigentes de
la Alianza PRO-Cambiemos en el poder, y algunos hasta sin reunir los
“requisitos mínimos” para la función. Veamos, por ejemplo, algunos de los
tantos casos: Inés Zorreguieta Cerruti, hermana de Máxima la Reina de Holanda,
en el ministerio de Desarrollo Social; Beatriz Orlowski, esposa del diputado y
dirigente del PRO Eduardo Amadeo, también en el ministerio de Desarrollo
Social; Carla Piccolomini, esposa del ministro de Modernización, Andrés Ibarra,
en Radio y Televisión Argentina; María Cecilia Loccisano, esposa del ministro
de Trabajo, Jorge Triaca (h), en el ministerio de Salud; Josefina Rouillet,
esposa del presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, en el Fondo
Nacional de las Artes; Mario Frigerio, tío del ministro del Interior, Rogelio
Frigerio, en la AFTIC (Autoridad Federal de Tecnologías de la Información y las
Comunicaciones); Rodrigo de Loredo, yerno del ministro de Telecomunicaciones,
Oscar Aguad, en ARSAT; Amadeo Nicora, primo del ministro de Agricultura,
Ricardo Buryaile, en el INTA; Matías Santos Crocsel, hijo del ministro de
Turismo, Gustavo Santos, en el mismo ministerio; María Alejandra Illia, prima
de la vicepresidenta Gabriela Michetti, en el Senado de la Nación; Enrique
Pinedo, hermano del senador Federico Pinedo, en el mismo Senado nacional;
Marina Klemensiewicz, esposa del Vocero presidencial, Iván Pavlovsky, en la
subsecretaría de Hábitat; Iván Kerr, primo del presidente de la ANSES, Emilio
Basavilbaso, en la subsecretaría de Vivienda; entre los de mayor trascendencia
pública en el corto tiempo que lleva “Cambiemos” en el gobierno.
Mariana Mazzucato es una economista italiana, docente de la
Universidad de Sussex (Inglaterra) y autora del libro “El Estado emprendedor”.
Recientemente estuvo en Santiago de Chile, invitada a dictar la Cátedra
Prebisch en la CEPAL. Al pasar por Buenos Aires fue entrevistada por el
periodista Tomás Lukin, quien publicó el reportaje en el suplemento “Cash” del
diario “Página 12”, del 30 de abril pasado. En sus declaraciones formula
significativas apreciaciones sobre el papel del Estado:
“En países como Estados Unidos, China y Alemania, el
crecimiento fue el resultado de un Estado muy activo en la innovación”. “La
pregunta entonces es quién se beneficia de esa visión estúpida donde el Estado
queda relegado al rol de porrista en lugar de ser un jugador relevante”. “Sin
el Estado liderando los procesos de innovación es imposible lograr el
desarrollo. Como dice Bill Gates: ‘el sector privado es inepto, el Estado debe
liderarnos y nosotros lo seguimos’”.
Lo políticamente “picante” de este reportaje surge de lo que
escribió en su cuenta de twitter, la profesora Mazzucato: “Ayer hablé con el
presidente de Argentina Macri. Charlamos sobre el rol del Estado en la
innovación y por qué las políticas económicas neoliberales fallan. No estoy
segura que lo haya entendido” (destacado nuestro). La experta italiana habrá
viajado de regreso con esa duda, pero a una enorme cantidad de argentinos nos
queda la certeza, para nuestra desgracia, de que Macri no entendió o no quiere
entender el perjuicio que le está ocasionando al país.
En el mes de noviembre de 2014 se llevó a cabo, en Buenos
Aires, un encuentro organizado por un denominado Foro de Convergencia Empresarial.
En ese evento, en el que participaron los directivos de las principales
compañías del país, intervino el representante de la importante empresa
argentina Techint (que tiene fijado su domicilio en Luxemburgo), la cual,
presidida por el ítalo-argentino Paolo Rocca, se dedica a la fabricación de
caños sin costura, destinados a la industria petrolera.
Con brutal sinceridad, el representante del Grupo Techint
expresó que “El mercado le va a ganar al Estado”. Fantástica convicción que
revela el posicionamiento ideológico-político de este tipo de empresarios que,
a la par de lucrar con el Estado, simultáneamente se proponen debilitar y
“derrotar” al Estado, si éste no se somete de manera dócil y cómplice para
garantizarles sus enormes ganancias.
Seguramente, esos empresarios tenían en el 2014 añoranzas de
otros períodos, de otros gobiernos y de otros funcionarios que servían más
puntualmente a los intereses de las empresas “argentinas”. Debían extrañar al
Dr. Juan Alemann, quien fue secretario de Hacienda del dictador militar Jorge
Rafael Videla y del dictador civil José Alfredo Martínez de Hoz, cuando
afirmaba con convicción que “… en definitiva, el Estado es el socio oculto de
todas las empresas privadas”. En algunos momentos de la historia, el Estado opera
como el “socio oculto” de las empresas privadas y en otros como el “socio
desfachatado” que ya no necesita disimular, momentos en los cuales los sectores
del gran capital despliegan obscenamente sus enormes privilegios, con toda
soberbia y hasta como si se tratara de un hecho “lógico y normal”. Muchos
empresarios “nacionales” se enriquecieron de manera exponencial e inimaginable
con los negocios que encararon con el Estado o con la protección del Estado,
especialmente durante la dictadura cívico-militar y luego con el menemismo
(aunque también en otros períodos). Sería muy ilustrativo constatar, por
ejemplo, la cantidad de empresas y de capital acumulado por parte del Grupo
Techint o del Grupo Macri, antes y después de la dictadura (1976-1983).
Estos sectores, hoy fuertemente encarnados en la conducción
del gobierno nacional, no soportan la existencia de un Estado que tienda
siquiera a regular los intereses no idénticos entre el capital y el trabajo.
Quieren un Estado que sólo exprese y defienda sus intereses, al cual puedan
condicionar y hasta conducir para imponer con impudicia las reglas y los
intereses del mercado. De ahí se desprende su desmedido y sistemático afán de
debilitar a todo aquel Estado que intente ponerle límites a su voracidad.
Hoy, a escasos cinco meses de la restauración de un proyecto
conservador, en los argentinos se va acrecentando la marcada desazón acerca de
la probidad y la inteligencia de los gobernantes actuales, corroborándose con
esta degradada caracterización de “lo inútil” en el discurso y en el accionar
del presidente Mauricio Macri.
lunes, 2 de mayo de 2016
Juan Enrique Guglialmelli y las relaciones argentino brasileñas
Aritz Recalde, abril de 2016
Proyecto de
Investigación “Modelos de desarrollo Argentino Brasileño”,
UNAJ – Secretaría de
Política Universitaria.
En el
mes de enero del año 1970 Juan Enrique Guglialmelli[1] publicó en la revista Estrategia el texto “relaciones
argentino – brasileñas”. Allí manifestó que las vinculaciones con Brasil “constituyen uno de los elementos claves de
la política exterior de la Argentina. Lo fueron en el pasado y lo serán sin
duda en el futuro” (Guglialmelli 1970: 59).
Guglialmelli
analizó las vinculaciones entre ambos Estados desde una perspectiva del
desarrollo nacional argentino. En su punto de vista, la nación es “la matriz dentro de la cual resulta posible desenvolver
las potencialidades espirituales, culturales y materiales de un pueblo. La
necesidad de extender a todos los sectores del aparato productivo (integración
sectorial) y a todas las regiones del país (integración geoeconómica) la acción
dinámica del desarrollo, supone, justamente, la toma de conciencia de la
solidaridad nacional y el desenvolvimiento consecuente de lealtades hacia todos
los miembros de la sociedad” (Guglialmelli 1970: 64).
El
autor describió las políticas de Brasil y estudió su vinculación con la
economía, el territorio y las relaciones exteriores de nuestro país. Consideró
que era estratégico para el desarrollo de Argentina, conocer y predecir los
objetivos nacionales y políticos del país vecino. Guglialmelli destacó que nuestra
clase dirigente subestimó las cuestiones geopolíticas y menospreció el problema
del espacio y olvidó aspectos fundamentales como el de las regiones “fronterizas marítimas”. El autor resaltó
que los gobiernos argentinos desconocieron el significado geopolítico de
factores como la energía, la minería o la industria (Guglialmelli 1976 b:
239-240).
Estas
variables tenían que ser analizadas conjuntamente con los factores geopolíticos
mundiales que operaban en el contexto y que influían sobre el desenvolvimiento
de la Cuenca del Plata.
El
gigante brasileño
Guglialmelli
destacó la importancia geopolítica para la Cuenca del Plata, el hecho de que Brasil
sea el país más extenso y poblado de Sudamérica. En el año 1970 Brasil tenía un
crecimiento vegetativo del 3,3 % de su población, perfilándose en el mediano
plazo entre los cinco países más poblados del mundo. En 1976 resaltó como un
acierto el movimiento migratorio de la población brasileña, que se desplazó de
Río de Janeiro hacia el sur, oeste y sudoeste del país. El caso argentino era
diferente y las migraciones se trasladaron hacia las grandes ciudades de
Rosario y de Buenos Aires. El autor manifestó que la población “brasileña avanza desde el litoral hacia el
interior de su territorio, la nuestra abandona el interior, concentrándose
sobre el área puerto” (Guglialmelli 1976 b: 227).
Brasil
expandió su territorio en las etapas históricas de la colonia, del Imperio y de
la Republica. Como resultado de un importante crecimiento espacial, el país
compartía con la Argentina 1000 Km de longitud de fronteras.
Con la
finalidad de describir la política espacial brasileña, en un artículo del año
1973 Guglialmelli retomó nociones del coronel brasileño Mario Travassos, a
quien le atribuyó divulgar una política tendiente a fortalecer el control territorial
de Bolivia y Paraguay, neutralizando la acción argentina. Aplicando la lógica argumental
del coronel, Brasil organizó un sistema de ampliación y de modernización de
caminos y de puertos que conectaban al país con el comercio de la Cuenca del
Plata.
Es en
este sentido, que el país vecino impulsaba el Operativo Misiones con el
propósito de “incorporar la zona
argentina al norte y noreste de Santo Tomé (Corrientes) al área de influencia
de Porto Alegre – Río Grande” (Guglialmelli 1973: 123). En el mismo
artículo, el autor destacó que la “llave” del nuevo sistema portuario para
integrar físicamente la Cuenca del Plata, sería Río Grande que se habilitaría como
“superpuerto” antes del año 1980. En un texto del año 1974 insistió en que “Brasil pretende que Río Grande compita con
Buenos Aires y Montevideo, para lo cual no sólo amplía su capacidad portuaria,
sino que extiende su área de influencia mediante su red vial y ferroviaria,
hacia Misiones, Corrientes, Entre Ríos y la República Oriental del Uruguay”
(Guglialmelli 1974 b: 182).
Según Guglialmelli,
Brasil había conformado políticas de Estado tendientes a fijar prioridades para
el desenvolvimiento de sus industrias y servicios básicos. El autor destacó en
1979 que:
“Brasil no acepta la “apertura de su
economía”, esto es desproteger la industria propia en beneficio de la ajena, o
subordinar su estrategia en la materia a las conveniencias de afuera, no concordantes
con su interés nacional (…) Desde una perspectiva histórica, la protección
industrial fue el método al cual recurrieron las grandes potencias del mundo
moderno para emerger como tales. Así procedieron Alemania, Japón, Francia o la
Unión Soviética. Y es el caso de los Estados Unidos de Norteamérica, donde el
proteccionismo fue predicado y practicado por Alexander Hamilton desde el día
siguiente de la independencia y que triunfó definitivamente en la Guerra de
Secesión (Guglialmelli 1979: 464).
En el
siglo XX Brasil impulsó la siderurgia, el rubro textil, el sector automotriz,
papelero o químico y para eso dispuso de inversiones de los Estados Unidos. La
Inversión Bruta Fija Argentina del año 1978 no duplicó el monto de 1960, cuando
en Brasil del mismo periodo se multiplicó por siete (Guglialmelli 1980: 561). El
resultado de esta política, fue el mantenimiento de importantes tasas de
crecimiento económico superiores a las de Argentina. Guglialmelli mencionó que
a comienzos de la década del sesenta el PBI brasileño expresado en dólares era
un 50% superior al argentino y que en el año 1978 la diferencia superó el 200%.
El
país avanzó en el control de sus reservas minerales y energéticas con la
finalidad de apuntalar su industria pesada y desarrollar el “interior” del extenso
territorio. Poco a poco, fue variando el perfil exportador de ambos Estados y
nuestro país se perfiló como proveedor de productos primarios y Brasil como
abastecedor industrial. Guglialmelli mencionó que las:
“exportaciones
de Brasil hacia Argentina mostraban una mayor participación de productos
industriales (…) el cambio operado en la estructura comercial bilateral entre la
Argentina y Brasil se generó en el contexto de una agresiva política comercial
brasileña, con fuertes rembolsos y amplia financiación al exportador, y en el
marco de un sostenido y creciente aumento en la actividad económica. Este
panorama alentador para las colocaciones externas brasileñas se enfrentó, desde
la Argentina, con una política de apertura externa con reducciones arancelarias
y sobrevaluación del tipo de cambio, tendiente a aumentar la corriente importadora
y desalentar el avance de las exportaciones industriales” (Guglialmelli
1980: 563).
Según
el analista argentino no todas eran buenas noticias en Brasil, ya que en el
país coexistían el crecimiento económico y la acumulación concentrada de
riquezas, con severas dificultades sociales. El acelerado desenvolvimiento
económico de Brasil no le permitía terminar con la pobreza, el analfabetismo o
con la existencia de áreas económicas pre capitalistas. Además, Brasil arrastraba
importantes desigualdades económicas y sociales regionales entre el norte y el
sur.
[1] Enrique Guglialmelli (1917-1983)
fue un militar e intelectual argentino especializado en cuestiones de
geopolítica. Según se manifiesta en una entrevista que le realizó el Diario Panorama
el 7/12/1970, integró la oposición a Juan Perón en el levantamiento castrense del
año 1951. Durante el gobierno de Arturo Frondizi fue Secretario de Enlace y
Coordinación. Acompañó al gobierno militar del año 1966 y por solo cuatro meses
fue el Secretario del Consejo Nacional de Desarrollo (CONADE), de donde
renunció por tener públicas diferencias con las políticas liberales del plan
económico (Guglialmelli 1971: 97- 106) (Jaramillo 2007:13-22). Se desempeñó
como Director de la Escuela Superior de Guerra
y del Instituto de Estudios Estratégicos
y de las Relaciones Internacionales donde publicó y dirigió la revista
Estrategia.
Presentación del libro "Intelectuales, peronismo y Universidad" en la ciudad de La Plata
Resumen libro
de Aritz Recalde “Intelectuales,
Peronismo y Universidad”, Editorial Punto de Encuentro, año 2016.
Mencionó Salvador Ferla que “Dice Hegel en su Filosofía de la historia,
que en América hasta los pájaros son inferiores. Opinión fácilmente refutable
pero explicable en un europeo. Nuestros Sarmientos y Alberdis iban más allá.
Pensaban que no sólo eran inferiores las aves sino los hombres”. Quienes escribieron
la historia intelectual de la Argentina del Siglo XX y en particular aquellos
que hablaron del Peronismo, continuaron la interpretación de Hegel y de los Sarmientos.
Surgieron libros, cátedras universitarias o artículos
periodísticos que repitieron al unísono, que el Peronismo fue un movimiento político
anti intelectual. Incluso, trascendió que el líder de ese Movimiento postuló la
supremacía del calzado “alpargata criolla”, sobre la cultura europea y refinada
del “libro”. No fueron pocos los investigadores, docentes o periodistas que al
momento de tratar las políticas universitarias del peronismo, hablaron de
proyecto “represivo” o incluso “policial”.
El libro “Intelectuales,
Peronismo y Universidad” interpela y discute con argumentos y fuentes
documentales a estos autores y sus interpretaciones, a las que denominó como “historia oficial de los intelectuales”.
Recalde destaca que el peronismo tuvo un PROYECTO
UNIVERSITARIO que articuló los objetivos del pueblo y el nacionalismo, con los
postulados propios de la reforma de 1918. En el año 1949 el gobierno sancionó
la gratuidad universitaria y durante esa misma etapa, los docentes adquirieron
el derecho a la dedicación exclusiva en sus cargos. En el tercer gobierno
peronista los trabajadores no docentes ingresaron al gobierno universitario, que
fue regulado por mandato expreso de la ley del año 1974. Durante la etapa se
impulsó la expansión de la universidad en las provincias y la apertura de
carreras regionalizadas como fueron los casos de las ingenierías de la Universidad
Obrera Nacional.
El libro “Intelectuales,
Peronismo y Universidad” reconstruyó los desarrollos de las CIENCIAS
SOCIALES durante el Peronismo y en los años sesenta. El trabajo demuestra a
partir de una recuperación de autores, libros e investigaciones, la existencia
de una copiosa producción de docentes y de intelectuales.
Entre los aportes fundamentales del libro, se
encuentra la recuperación de un grupo de INTELECTUALES escasamente difundidos y
que fueron los artífices de una generación cultural en nuestro país y la región.
Recalde reconstruye el ámbito de producción intelectual de los años cuarenta y cincuenta
y demuestra que a diferencia de lo manifestado en investigaciones tradicionales,
existió de una importante producción. El libro desarrolla el legado para la
sociología de los docentes Juan José Hernández Arregui (UBA-UNLP), Alfredo
Poviña (UBA-UNC) o José E. Miguens (UBA). Recalde menciona que en Derecho dio
clases el introductor de Kelsen en el país, Calos Cossio (UBA) o el redactor de
la Constitución Nacional de 1949, Arturo E.
Sampay (UBA-UNLP). La filosofía tuvo un crecimiento importante con las
plumas de Carlos Astrada (UBA-UNLP), Rodolfo Mondolfo (UNC), Rodolfo Agoglia (UNLP), Coriolano Alberini
(UBA) o Nimio de Anquín (UNC). El autor destaca el
crecimiento de las Ciencias de la Educación de la Argentina con los aportes de figuras
de la talla de Emilio Cassani (UBA – UNLP).
El libro de Recalde se extiende en el
tratamiento de los aportes teóricos de intelectuales de los años sesenta poco
difundidos actualmente, como son los casos de Conrado Enggers Lan, Roberto
Wilner, Justino O´Farrell, Roberto Carri, Enrique Pecoraro, Pablo Franco, Fernando
Alvarez, Guillermo Gutiérrez, Justino O´Farrell, Gunar Olsson o Amelia Podetti.
El autor analiza las obras de estos
intelectuales y su inscripción en el contexto político. Del trabajo surgen
interrogantes como ¿cuál es el rol de la ciencia social? o ¿la ciencia, la
ideología y la política están relacionadas?. La investigación analiza los
aportes teóricos de los intelectuales y sus derivaciones políticas, que
contribuyeron a la creación de nuevas articulaciones entre los sectores medios
y los sindicatos. La investigación
profundiza debates centrales de los años sesenta y setenta sobre la historia,
la violencia o el peronismo.
El libro de Recalde continúa la propuesta de Norberto
Galasso quien manifestó que “Tan grave,
pues, resulta cerrarse totalmente a las ideas y experiencias producidas en
otras partes del mundo, como rendirse ante ellas colonialmente.”
Presentación del libro "SOCIOLOGÍA PERONISTA"
A CARGO DE:
ICIAR RECALDE (Prof. de Sociología de la cultura latinoamericana de la FPyCS UNLP y de Literatura argentina del siglo XX de la UNLP)
VIERNES 20 de Mayo de 2016 19.30 hs.
"La Chamuyera"
CIUDAD DE ROSARIO
Calle Corrientes 1380
Organiza: Fundación Villa Manuelita-Rosario
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