lunes, 11 de julio de 2016

La entrevista telefónica a Cristina Fernández de Kircher


Julio Fernandez Baraibar

La verdadera colaboración no es alabar siempre, sino señalar los errores, hablando un lenguaje claro de realidad, de verdad y de amistad. El verdadero amigo es el que aconseja, y si es el enemigo el que habla, es mejor que esté cerca.
Conducción Política, Juan Domingo Perón


El reportaje telefónico a Cristina Fernández de Kirchner en el principal programa televisivo opositor, conducido por el periodista Roberto Navarro, obviamente generó una gran expectativa, ya que por primera vez, desde el 10 de diciembre del año pasado, la ex presidenta era entrevistada por un medio.

Por las mismas horas se daban a conocer algunas cifras sobre el crecimiento de la pobreza en el país que hielan la sangre, habida cuenta del ambicioso objetivo de Pobreza Cero con que el candidato Mauricio Macri se pavoneó en su campaña electoral.
En el informe brindado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) junto al Instituto de Economía Popular (INDEP) se vio que la pobreza para el Gran Buenos Aires subió, a partir de fines del año pasado, del 24,4% al 31,42% en marzo (un 7%) y, luego, al 33,25% (casi un 10%). Esto, según los investigadores Hernán Letcher y Eva Sacco, significa, sólo en el área metropolitana, una crecimiento de 1,7 millones de pobres.
 Para el instituto Gino Germani, de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, la pobreza en el Gran Buenos Aires subió del 22% al 35,5% (la indigencia pasó de 5,9% al 7,7%). El porcentaje de pobres pasó de 23,8% al 38,2% en el conurbano (indigencia del 6,8% al 9%), mientras que subió del 12,6% al 21,8% en la Capital Federal, con un incremento de la indigencia del 1,1% al 1,4 por ciento.
 Estos guarismos, de medirse en todo el país, significarían que desde que asumió Mauricio Macri en la Rosada habrían entre 4,5 y 5 millones nuevos de pobres, según estimó el investigador del Instituto Gino Germani, Eduardo Chavez Molina.
 También la Universidad Católica Argentina (UCA) estimó que la misma está cercana al 35%, en estos días. Según esta investigación, entre noviembre y marzo se habían creado 1,4 millones de pobres. El investigador Agustín Salvia, responsable de esa encuesta, explicó que el tarifazo tuvo un impacto importante en los deciles de la población con menores ingresos (1).
 De manera que las declaraciones de Cristina Fernández de Kirchner se han dado en un momento de agudización extrema de las demandas sociales, en el inicio de un duro invierno anticipado por un frío otoño y en el marco de un desabastecimiento general de gas, cuyo precio para los usuarios domiciliarios se ha convertido en cifras que implican hasta la mitad del salario. El grueso de la clase media asalariada o con ingresos fijos, la clase trabajadora y los sectores más vulnerables de la sociedad -desocupados, semiempleados, trabajadores en negro- están sufriendo día a día una brutal disminución de su capacidad de compra y una exacción de sus ingresos a favor de los sectores concentrados de la economía y, sobre todo, del sector financiero. Como lo denuncia la Declaración de Formosa:
 “La derecha pretende imponer un modelo de Estado mínimo, un gobierno de ricos y gerentes de grandes multinacionales. Su objetivo es desmantelar el conjunto de progresos laborales y sociales y los derechos conquistados durante los últimos años”.

A su vez, los bloques parlamentarios del otrora Frente para Victoria se han ido desgajando al vaivén de distintos intereses, legítimos e ilegítimos, justos e injustos, mientras que la presión del gobierno nacional sobre los requerimientos presupuestarios de los gobiernos provinciales ha tenido su efecto en las votaciones del Congreso. Hemos sostenido en otra parte:
 “'Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío, / Sus alas de gigante le impiden caminar'.
El peronismo, en el poder, se asemeja, en su autonomía, en su agilidad de movimientos, en su grandeza, a ese albatros que cruza los mares del Sur. Pero alejado del poder, “sus alas de gigante le impiden caminar”. Le cuesta recomponer sus amplias alas, trastabilla con la inmensidad de su cuerpo y se le hace difícil volver a remontar el vuelo” (2).

A excepción de esa Declaración de Formosa, llevada a cabo a instancias del presidente del Congreso del Partido Justicialista, Gildo Insfrán, no ha habido otras manifestaciones orgánicas del movimiento que, a través de Néstor y Cristina, ejerció el poder desde el 2003 hasta el año pasado. El establecimiento de una clara y definida política opositora dispuesta a reconquistar el poder del Estado para la realización de sus grandes banderas no alcanza a manifestarse, mientras desde el movimiento obrero se realizan permanentes esfuerzos en aras de una unificación de la CGT bajo un programa y una conducción capaz de resistir el embate del neoliberalismo financiero. En este último sentido son alentadoras las palabras del dirigente Horacio Ghillini, del SADOP, quien en un sustancioso reportaje acaba de manifestar (3):
 “Queremos que el programa de la CGT sea en un con presencia federal, movilizado. Que no tenga ambigüedades con respecto a este proyecto político. Una cosa es tener respeto democrático por el gobierno y otra es estar de su lado. Este es un gobierno contrario a los trabajadores. Queremos confrontar su modelo económico”.

Los dichos de la ex presidenta dieron lugar a una gran producción de interpretaciones, elogios y críticas. No podía ser para menos. Un importante sector de la sociedad ha depositado sus expectativas y esperanzas en las palabras o los gestos que puedan venir de la ex presidenta para dar respuestas políticas al gran desafío que la derrota del año pasado ha impuesto sobre el peronismo y, en general, sobre todo el movimiento nacional y popular. Estas líneas no intentan más que sumarse a ese necesario debate.

La entrevista
La primera sorpresa fue que la entrevista se hiciera por teléfono. Alguien dijo alguna vez, en tono humorístico y paradojal, que, de haberse inventado la radio después de la televisión, los oyentes la hubieran elogiado diciendo que era como la televisión pero mejor, ya que no había necesidad de mirar la imagen. No soy un especialista en comunicación, pero fue evidente para el más desprevenido que el recurso típicamente radial de una comunicación telefónica enfrió la expectativa de la entrevista. En una época en que, con un teléfono y una aplicación podemos conversar, con imagen y sonido, con un amigo en Estocolmo, la decisión de no poner su imagen en vivo no pudo ser sino producto de una decisión de política comunicacional. Y el resultado fue una sensación de distancia y lejanía. Si a eso se le agrega el comentario de la ex presidenta acerca de que recién entraba en su casa, el efecto de sentido fue el de un encuentro casual, casi inesperado.

Cristina, a lo largo de la conversación, dejó en claro, fundamentalmente, que no pretende conducir a la oposición y, mucho menos, al peronismo. Dejó en manos de la representación parlamentaria esa función que queda así sin una dirección política que la vertebre. Reivindicó con justo derecho las políticas de su gobierno y dejó en clara su opinión sobre la naturaleza liquidacionista, clasista y antinacional del gobierno del presidente Macri, aún cuando señaló que deseaba su éxito. Este quizás haya sido una de sus afirmaciones más desconcertantes dado que el éxito del gobierno macrista consiste en la implementación, desarrollo y profundización de esas políticas.
 Puso énfasis en dos o tres cosas: por un lado, una correcta visión alejada de cualquier tipo de vanguardia iluminada, que es algo muy distinto a una conducción política de un amplio espacio; puntualizó que son necesarias ideas, más que hombres, para enfrentar al gobierno; y, por último, su confianza en lo que llama “empoderamiento” de la gente.
 Este concepto, de frecuente aparición en el discurso de Cristina, ha tenido su origen en la sociología norteamericana (enpowerment) y encierra un sentido más psicologista que político y social. Un proceso de empoderamiento reemplazaría así “un sistema piramidal tradicional por otro más horizontal en donde la participación de todos y cada uno de los individuos formen parte activa del control del mismo con el fin de fomentar la riqueza y el potencial del capital humano lo que se reflejará no sólo en el individuo sino también en la propia organización” (4). En los discursos de Cristina el concepto parecería más bien a apuntar a una cesión de poder, por parte del Estado, en los ciudadanos y ciudadanas para que tengan la capacidad, la decisión y el coraje de enfrentar las decisiones injustas o contrarias a sus intereses. La ausencia de una mediación organizativa, capaz de luchar por la conquista del poder político del Estado, corre el riesgo de convertir el empoderamiento en una apelación a los derechos y garantías de los ciudadanos, propio de todas las constituciones liberales.
 Uno de los momentos en los que más ruido me hizo el mensaje de la ex presidenta fue su negativa a responder a la pregunta del periodista acerca del estado de desamparo -creo que usó esa palabra- en que se encuentra parte de la opinión pública que ha confiado en su liderazgo. Fue evidente que no quiso contestar a ello y en su lugar se extendió en un minucioso relato sobre las cañerías de la calefacción en Santa Cruz, que en el crudo invierno patagónico quedan congeladas y revientan de no tener el calor necesario. Fue también, ahí, donde la expresidenta mencionó por única vez un acuerdo previo y repitió varias veces la expresión inglesa “no more”.
 En suma, Cristina Fernández de Kirchner ha vuelto a Buenos Aires. La pertinaz persecución judicial a la que la somete la dictadura judicial y mediática requiere de su paciencia y capacidad de respuesta. Es evidente y obvio que esta es su primera preocupación. Pero también quedó evidenciado que no está en sus objetivos inmediatos encabezar una oposición política amplia y mayoritaria al gobierno de los CEOs y el imperialismo.
 Es obvio que no se esperaba de la expresidenta un discurso incendiario o un llamado a la rebelión. No hay antecedentes en la conducta pública de Cristina para pensar algo así. Lo que quizás se esperaba eran ciertas señales hacia el movimiento peronista que fue la base de apoyo del presidente Néstor Kirchner y la llevó al poder en dos oportunidades con el voto mayoritario. Una gira por provincias, insinuado en las redes y en portales noticiosos, podría satisfacer esas expectativas. Una reunión con el ex gobernador de San Juan, José Luis Gioja, y actual presidente del PJ nacional, una serie de entrevistas que cubra el espinel político del peronismo en su amplia expresión -gobernadores, intendentes, senadores y diputados- así como con dirigentes gremiales y de los sectores que apoyaron a sus gobiernos harían manifiesta la voluntad de Cristina de acaudillar, en las nuevas condiciones, el gran frente opositor.
 Poseedora hasta hoy de un gran caudal electoral en cualquiera de los escenarios en que intente presentarse, su aparición del domingo no dejó traslucir más que la idea de que con sus dos gobiernos cumplió más que ampliamente con la voluntad popular y las grandes tareas de la Patria. Algo que la Historia y sus contemporáneos no dejaremos de agradecer y recordar con emoción.
 Algunos amigos me preguntaban si valía la pena plantear estas cuestiones, habida cuenta que tampoco el peronismo ha resuelto o está en vías de resolver su problema de conducción. Otros me decían si no era preferible que la realidad hiciera evidente estas tendencias aquí señaladas, ya que estas reflexiones solo generarían respuestas iracundas y apasionadas de fervor. No tengo resuelto el dilema. Pero mi formación y tradición políticas me indican que, para citar a Joan Manuel Serrat, “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Hacer frente a una situación, ayudar a que con el conjunto reflexionemos sobre la real situación estoy convencido que ayuda a encontrar, entre todos, respuesta a los desafíos a los que estamos enfrentados.

A todo esto, una patota fascista empastelaba la redacción del periódico Tiempo Argentino, golpeando a sus trabajadores, y otra atacó la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, donde Cristina se había reunido con los curas de la opción por los pobres.
Y al día siguiente, 4 de julio, el presidente Macri se fotografiaba con una escarapela de los EE.UU.

Hacemos propias, para enfrentar este desafío, las palabras que cierran la Declaración de Formosa:
 “En definitiva, los argentinos nos encontramos hoy ante la misma encrucijada histórica que enfrentaron los patriotas de 1816: Patria o colonia. Ante este dilema, no dudamos que las banderas históricas del peronismo, enriquecidas con los aportes expresados en este documento y los que realicen todos los sectores del campo nacional y popular, constituyen el faro que nos ha de guiar hacia la efectiva emancipación nuestro pueblo en el Bicentenario de la Independencia”.

4 Blanchard, K., Carlos, J. & Randolph, A. (1997). Empowerment: 3 Claves para lograr que el proceso de facultar a los empleados funcione en su empresa. Bogotá: Norma S.A.


Extraído de:  http://fernandezbaraibar.blogspot.com.ar/2016/07/la-entrevista-telefonica-cristina.html


domingo, 10 de julio de 2016

Mauricio Macri y la soberanía nacional. La Argentina en el Bicentenario.

Mauricio Macri y la soberanía nacional. La Argentina en el Bicentenario.
Por Juan Godoy (Sociólogo –UBA)
“Los argentinos usamos una expresión, atrevida y pintoresca a la vez, cuando nos referimos a personas inescrupulosas: "éste es capaz hasta de vender a la madre"; pero sabemos y sentimos hondamente en el corazón que a la Madre no se la vende, no se la puede vender... y tampoco a la Madre Patria. Celebramos doscientos años de camino de una Patria que, en sus deseos y ansias de hermandad, se proyecta más allá de los límites del país: hacia la Patria Grande, la que soñaron San Martin y Bolívar Esta realidad nos une en una familia de horizontes amplios y lealtad de hermanos. Por esa Patria Grande también rezamos hoy en nuestra celebración: que el Señor la cuide, la haga fuerte, más hermana y la defienda de todo tipo de colonizaciones”. (Carta de Papa Francisco por el Bicentenario)

En la Declaración de la Independencia de España que, vale la aclaración, no hace referencia a la Argentina sino a las Provincias en Sudamérica, lo que marca su impronta ligada a la Patria Grande, se indica que nuestro territorio también es libre de “toda dominación extranjera”. Lamentablemente eso no fue lo que terminó primando, pues el fracaso del Proyecto de la Patria Grande que le permitiera a nuestra región encarar un modelo de desarrollo con justicia social, tuvo como corolario la aparición de una veintena de países que emergen como países dependientes de alguna potencia en nuestro caso claramente Gran Bretaña.
  Ahora esa dominación no es directa sino más bien indirecta, vía la “ocupación” de la estructura económica de modo de expoliar las riquezas y paralizar el desarrollo nacional contrario a los intereses de Gran Bretaña. Raúl Scalabrini Ortiz habla de los dos tipos de políticas que aplican los británicos con nuestro país: una directa y otra indirecta. La primera refiere al conjunto de declaraciones, manifestaciones, documentos (públicos), etc., que indican la cooperación conjunta de ambos países para el bienestar general del pueblo argentino y su nación soberana. Una ficción. Mientras la segunda, lo que se esconde detrás del velo, es la política que pretende a través de la penetración económica dominar nuestro país manteniéndolo en el primitivismo agropecuario. América del Sur como la Granja abastecedora del desarrollo industrial de las potencias, y en ese marco la Argentina productora de materias primas, y consumidora del excedente de la producción británica que arruina la propia.
  Esa política, con sus “idas y vueltas” fue la que se aplicó en nuestro país (con excepciones claro como por ejemplo el caso de Juan Manuel de Rosas), hasta octubre del 45 cuando el subsuelo de la Patria se subleva y emerge el segundo movimiento nacional del siglo XX: el peronismo. Perón sigue la máxima de la Declaración de nuestra independencia, esa idea que enunciamos al principio “libre de toda dominación extranjera”, y procura que nuestro país avance en una “nueva emancipación” a partir de la nacionalización de la estructura productiva, y el impulso del desarrollo industrial a partir de la captación de la Renta Agraria Diferencial que antes solo disfrutaba la oligarquía en viajes, lujos  y placeres. En fin el desarrollo de una Revolución Nacional. La Argentina comienza a dejar atrás la dominación semi-colonial de parte de Gran Bretaña, y se ponía en guardia rechazando la Norteamericana, por ejemplo negándose a ingresar al Banco Mundial y FMI.
  Como sabemos, esa Revolución Nacional queda inconclusa, bombardeos de la población civil mediantes, con el golpe de septiembre del 55. Allí comienza la Argentina a vertebrar su camino a la dominación semi-colonial, ahora principalmente por parte de los Estados Unidos, así salvo el interregno de la vuelta de Perón, su continuación con el proceso de emancipación nacional, y el último periodo de gobiernos nacionales-populares que se corre en cierta medida de la égida del imperialismo (el rechazo al ALCA es la manifestación más clara y contundente), fue ese el camino que siguió nuestro país profundizado a partir de la última dictadura cívico-militar genocida, y el modelo neoliberal de los años 90.
  Los argentinos entonces podemos decir vivimos una ficción, la que somos un país plenamente independiente cuando la realidad es la contraria. Gran parte de nuestra riqueza, dada la estructura económica dependiente (sobre la que hace al menos 40 años poco se ha avanzado en el sentido del rompimiento), drena al extranjero. Un país rico en que gran parte de su población vive en la miseria, y presenta un aparato productivo atrasado. Asimismo, gran parte también de las decisiones se toman fuera de nuestras fronteras, y/o dentro de las mismas pero no según el interés nacional, sino más bien el de las potencias que nos dominan. Jauretche remarca la idea que sobre la estructura dependiente se monta una superestructura cultural de colonización pedagógica que procura hacer invisible esta situación semi-colonial.
  De diciembre pasado a esta parte, el “cambio” viene profundizando a paso acelerado esta dependencia. Retrotraer la Argentina a (al menos), 1910 parece ser el proyecto que ganó las últimas elecciones por escaso margen. Sin que el último proyecto nacional-popular haya emprendido una revolución, la oligarquía sí está llevando a cabo una contrarrevolución con un revanchismo de clase muy fuerte. Vale la aclaración en este punto sobre la no “alternancia democrática” entre dos proyectos nacionales en los países semi-coloniales como el nuestro, pues no existen dos proyectos nacionales, sino uno nacional y otro colonial. En nuestros países, con una cuestión nacional a resolver, tenemos claramente un sector político que “juega” para el interés extranjero.
El gobierno de la Alianza Cambiemos es la manifestación más clara y descarada de esa realidad. Basta ver los ministerios ocupados directamente por los gerentes de las empresas imperialistas que la única intención que abrigan es saquear la riqueza que generamos diariamente los que habitamos el territorio patrio. Nos interesa aquí recorrer algunas de las ideas del actual Presidente y del gobierno en relación a nuestra independencia y dependencia como demostración de lo enunciado.
El desparpajo del Presidente, y el desconocimiento de nuestra historia se manifiesta al recordar que siendo Jefe de Gobierno en conmemoración del 9 de julio, arrancó la respuesta a un periodista diciendo: “siendo el día de la bandera…”. Pero uno podría decir que fue una equivocación, y que era temprano, así que indaguemos un “poco más” en su relación con la soberanía nacional.
En un reportaje reciente con el Diario de los Mitre en su último viaje a Europa se explayó sobre la cuestión del desarrollo, y la relación con los países centrales: “El planteo claramente es: ellos tienen serias ventajas en todo lo que es el aparato industrial, fabricación de bienes y servicios. Nosotros tenemos ventajas en el sector agrícola (…) Eso es lo que naturalmente cada región tiene como fortaleza, después en cada lugar se ve sector por sector. En líneas generales es lo que se ve como ventaja comparativa de una región y la otra”. Es decir, claramente la “vieja teoría” de las ventajas comparativas que estalló en mil pedazos con la crisis del 30, y que ningún economista de línea nacional de un país dependiente puede tomar en cuenta.
Es más ya la había enjuiciado y desestimado Carlos Pellegrini en el contexto de la crisis internacional y de los posteriores debates parlamentarios por los aranceles aduaneros en 1876 durante el gobierno de Avellaneda: “El libre cambio mata a la industria naciente. Los que han defendido ciegamente teorías sostenidas en otras partes no se han apercibido que apoyaban intereses contrarios a los suyos. Cuando esta cuestión se discutía en el Parlamento inglés, uno de los ilustrados defensores del libre cambio decía que él quería hacer de la Inglaterra la fábrica del mundo y de la América, la granja de la Inglaterra. Y decía una gran verdad, que en gran parte se ha realizado porque en efecto nosotros somos y seremos por mucho tiempo, si no ponemos remedio al mal, la granja de las grandes naciones manufactureras (...) Yo pregunto, Sr. Presidente, ¿qué produce hoy la provincia de Buenos Aires, la primera provincia de la República? Triste es decirlo. Sólo produce pasto y toda su riqueza está pendiente de las nubes. El año que ellas nieguen riego a nuestros campos, toda nuestra riqueza habrá desaparecido. Es necesario que en la República se trabaje y se produzca algo más que pasto".
A esto se le suma un modelo claramente delineado sobre la valorización financiera y el híper-endeudamiento. Se calcula en estos seis meses unos 30 mil millones de dólares se ha incrementado la deuda a partir del pacto de  sumisión con los “fondos buitres”. En ese sentido también se expresó la vicepresidenta: “Vamos hacia un país agroexportador y de servicios, basta de industria”. Recordemos la sentencia de Hernández Arregui: “o nación o factoría”.
El giro en la política internacional que procura la incorporación de nuestro país a la Alianza del Pacífico, que implica desenterrar al ALCA que se creía enterrado en las costas de Mar del Plata, una alternativa de libre comercio, la adopción de las políticas neoliberales diseñadas en el Norte, el deterioro de la soberanía nacional, y un retroceso significativo de las condiciones de vida de nuestro pueblo. Sumado a esto la regresión de los gobiernos en mayor o menor medida nacional-populares en América Latina y la posibilidad concreta de la instalación de dos bases norteamericanas en nuestro territorio (Misiones y Tierra del Fuego), muestran a las claras que el “fantasma de Kissinger” merodea por nuestro continente y está ávido de enterrar por muchos años la posibilidad de un proyecto nacional y popular.
Si hay una causa nacional que cala hondo en el sentimiento del pueblo argentino, el 82 es una manifestación de ese sentimiento más allá de los “desmalvinizadores”, es la causa por la soberanía en nuestras Islas Malvinas. Al mismo tiempo es demostración de la ocupación colonial directa por parte de Gran Bretaña, y cómo los reductos oligárquicos no comparten esa identidad nacional, sino que como enseñó Hernández Arregui la identidad de la oligarquía es la del imperialismo que justamente disuelve la comunidad nacional, es decir es diametralmente opuesta. La oligarquía siempre se mira, a partir del esquema civilización y barbarie en el espejo del colonizador, añora ser europea, británica o norteamericana.  Es por ello que se entiende que el actual representante de los intereses foráneos a cargo de la Presidencia haya manifestado, de vacaciones (situación en la que suele estar seguido) en Punta del Este, con respecto a las Malvinas: “la verdad es que los temas de las soberanías con un país tan grande como el que tenemos nunca los entiendo mucho. Nosotros no tenemos un problema como los israelíes, que tienen problema de espacio. Acá lo nuestro es casi un amor propio. Es más, creo que las Islas Malvinas serían un fuerte déficit adicional para la Argentina. Tengo entendido que al Tesoro de Inglaterra le cuesta bastante plata por año”. El “mal que aqueja a la Argentina es la extensión” había dicho el “Padre del Aula” para procurar hacer “Europa en América”.
Más claramente aparece nuestra situación semi-colonial, cuando el “viejo país”, ese pasado que vuelve festeja en la Embajada Norteamericana la independencia del país del norte que cumplió con la advertencia de Bolívar y plagó de miseria a Nuestra América. Prácticamente una reunión de Gabinete ampliada a los miembros de las corporaciones mediáticas y la justicia. Casi el “blanqueo” del entramado de alianzas que nos gobierna hoy (quizás, no sabemos si estaban, faltaban los servicios de inteligencia)
Conmemorar hoy el 9 de julio entendemos significa recordar a los hombre y mujeres que dieron su vida a lo largo de estos doscientos años para que seamos un país plenamente soberano, libre de toda dominación extranjera adopte la forma que adopte. Al tiempo que tener presente que estos procesos de emancipación fueron continentales, de la Patria Grande, y por la justicia social. La política de estos patriotas es una impugnación al proyecto de sumisión neocolonial de Cambiemos. Por eso, este acto de rememoración no debe quedarse en el inmovilismo, sino debe movilizar los espíritus. Como decía el “Pepe” Rosa poner las pasiones del pasado al servicio de las presentes. Reconstruir el Frente Nacional de liberación contra la política oligárquica-imperialista es imperativo. La historia es rectora y sirve en tanto nos pueda orientar en la conformación de una política nacional. En este sentido Ernesto Palacio sentencia: “la historia ha de ser viviente, estimulante, ejemplificadora, o no servirá para nada”, y en todos los rincones de la Patria empieza a emerger el grito que corroe los cimientos de la dependencia: “PATRIA SÍ, COLONIA NO”.
 
 
 


MARIOTTO: “No hicimos efectiva la Ley de Medios. Vamos a concretar lo que faltó realizar”


Gabriel Mariotto brindó una larga entrevista a La Señal Medios.

En diálogo con Gabriel Fernandez, el referente de MILES expresó “que aún en ausencia, Cristina tiene presencia. Es omnipotente en la vida de quienes somos peronistas y estamos de acuerdo con la dirección del gobierno de Néstor y Cristina“. También hizo hincapié en el regreso de la ex presidenta: “Lo hace en un contexto de gran malestar social. Los poderes fácticos podrán poner el acento en aspectos de corrupción como el caso López. Podrán desviar la atención un rato. Pero no pueden tapar el sol con las manos. Acá hubo un aumento de tarifas producto de haber quitado retenciones a los alimentos. La mesa familiar se fue por las nubes. Existe una brutal devaluación. Las importaciones amenazan los puestos de trabajo y el tarifazo es inhumano. En ese contexto vuelve Cristina”.

Mariotto tuvo palabras de elogio para Luis D´Elía, Fernando Esteche y Amado Boudou: “Somos los patitos feos. En este espacio también están Fernando Vaca Narvaja, Osvaldo Papaleo, Walter Formento, Juan José Hernández Arregui, Graciana Peñafort o Néstor Segovia, entre tantos otros cuadros políticos. Amado Boudou es hostigado por recuperar los fondos de las AFJP. Quién cometió tamaña osadía tiene la cabeza en la pica. No me molesta estar junto a compañeros que los medios hablan tan mal”; y agregó: “No me molesta estar con compañeros demonizados por los medios. Somos peronistas y no pedimos permiso. No somos los únicos en condiciones de hacer aportes y queremos recuperar el gobierno para darle al país las cosas que no se hicieron. Porque ponemos como bandera lo que no hicimos”.

“La Campora es una organización importante, pero el frente nacional popular es mucho más grande. Son importantes los trabajadores, los partidos políticos y las organizaciones sociales. No nos olvidemos que en Provincia de Buenos Aires, la lista la armó José Ottavis”; declaró el ex vice gobernador bonaerense.

Gabriel Mariotto dio cuenta de la conformación de MILES y su correlato político: “Nacimos como partido con vocación frentista. En ese frente, tenemos un sólo límite que son quienes votaron por los Buitres. Si un compañero del Frente Renovador que votó contra los buitres, es bienvenido. Tenemos coincidencias mas allá de las diferencias. Por eso me siento más cerca de Facundo Moyano que de Bossio-Urtubey”; y agregó: “Desde MILES planteamos la nacionalización del comercio exterior porque pulseamos contra los sectores concentrados del campo pero no nacionalizamos el comercio exterior ni los puertos. Tampoco tenemos una flota de bandera para llevar adelante las exportaciones, ni hemos cambiado la matriz energética y del transporte. Tampoco hicimos efectiva la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual”.

Los errores de la Ley de Medios. Quien fuera titular del AFSCA dijo “hacerse cargo de lo que no hicimos durante nuestro gobierno. Llamamos a concurso para 220 licencias televisivas y de un día para otro se suspendieron los concursos. Una vez aceptada la ley por la Corte Suprema comenzaron los planes de adecuación. Fue el momento en el cual se dijo que Telefé no pertenecía a Telefónica y con esa misma vara se quiso adecuar a Clarín. Imposible negar. Primero hay que adecuar al grande. No se puede decir que Telefé no era de Telefónica. Hay que marcar los errores para no volver a cometerlos”.

“Suspender los 220 concursos fue un grave error. En nuestro pais, desde 1958, hubo 29 concursos de canales privados que siempre fueron renovados sin llamar nuevamente a concurso. Conseguimos espectro en bandas de televisión digital. Había 16 frecuencias en Capital cuando en verdad eran dos o tres, más alguna en Mendoza, San Juan y Tucumán. Se llamó a 220 para ver si se podía colar alguna y sustanciar el proceso de democratización de las televisiones. Suspendiendo el concurso se abortó la posibilidad de entrega de nuevas licencias. Fue un error nuestro. Se hizo mal el plan de adecuación ya que no se comenzó por Clarín, y, reitero, el de Telefé fue grosero. Son errores que no debemos volver a cometer”, dijo Mariotto.

Un tema sensible es la Causa Fútbol para Todos. Consultado por Carlos Aira sobre su situación judicial, Mariotto expresó: “La causa involucra a los dos coordinadores, del cual yo fui el primero (Pablo Paladino lo sucedió), y a los tres jefes de gabinete (Aníbal Fernández, Juan Manuel Abal Medina y Jorge Capitanich). Se nos acusa de un montón de delitos infernales: créditos que AFA obtuvo con distintos bancos, cambio de cheques en cuevas, convenios con mutuales de ex futbolístas. Como si el rol del estado hubiera estado en administrar los recursos de los derechos que compraba. No era un subsidio sino un contrato. Nosotros no tenemos que auditar a AFA por el dinero de FPT. Se involucró al estado y nosotros como funcionarios cometimos el supuesto delito de aceptar compartir con AFA el nombre del auspicio del torneo. Nombre que jamás estuvo cedido, al igual que la publicidad estática. Nosotros compartimos el derecho con AFA ya que habían conseguido el auspicio de Iveco, que pagaba nueve millones, la mitad en especias. Yo recomendé que el estado aceptara los camiones y AFA se quedara con el efectivo. 5 millones en camiones y 4 en efectivo. La jueza Servini de Cubría dice que yo recomendé que el estado pierda cuatro millones, cuando yo recomendé que ganara cinco. Como recuperamos cuatro de la estática que estaba en manos de AFA, ya que una cosa es la publicidad por televisión, sino tan sólo la ven quienes están en las tribunas. Estoy honroso de mi labor en FPT”.


También dio cuenta del futuro del fútbol: “vamos camino a la Super Liga, que dejará dos grandes con privilegios y al resto en una situación de emergencia. Será el antecedente primario de la intención final de Mauricio Macri: la privatización de los clubes. También están en juego los derechos de televisión. Aun no se animan a quitarnos el fútbol, porque cuando el campeonato de primera división se vea nuevamente codificado, el pueblo pondrá el grito en el cielo. Cuando ejercemos los derechos no volvemos para atrás. ¿Que empresa comprará los derechos desde 2019 cuando saben que ganará el peronismo y certificará ese derecho?”.

jueves, 7 de julio de 2016

Corrupción, política y poder


Aritz Recalde, junio 2016
Extraído de la Revista Orillera, Año 1, N 1. Invierno 2016



La reciente escena que protagonizó el ex secretario de obras públicas de La Nación José López, desató un debate sobre la corrupción. Más allá de lo que se puede suponer, consideramos que el concepto de corrupción no es una categoría simple de definir, por el hecho de que forma parte de una disputa política de sentido.
Tradicionalmente las elites y sus aparatos de comunicación, destacaron que la corrupción es una actitud propia de la dirigencia partidaria. Dicha suposición, tiende a subestimar la gravedad de actos ilícitos que son efectuados por grupos empresarios contra el patrimonio público y que disponen de complicidad de sectores del Poder Judicial. El presente texto destaca que:
a-     La noción de corrupción es una construcción política y sus alcances forman parte de una lucha por el poder económico y social.
b-    La corrupción es un recurso fundamental para la acumulación económica del capitalismo neoliberal.
c-     La corrupción económica existe en base a la complicidad y/o participación judicial y mediática.

La corrupción partidaria es trasversal a las fuerzas políticas
La participación de funcionarios en actos de corrupción contra el Estado, es tan vieja como la actividad política. Lo mismo se puede decir sobre la utilización de la categoría corrupción, que históricamente se esgrimió para justificar la asunción de diversos y contradictorios tipos de gobierno, incluyendo aquellos derivados de golpes de Estado.
Uno de los primeros corruptos de la vida nacional independiente fue Bernardino Rivadavia, quien se desempeñó como representante de empresas que negociaban con el gobierno que él mismo presidía. Tal cual documentó José María Rosa, Rivadavia - adelantándose en más de un siglo al macrista Juan José Aranguren- recibía una “comisión” por parte de empresas mineras inglesas, a las cuales intentó otorgarles licencias de explotación de los recursos naturales de la provincia de la Rioja. Manuel Dorrego llamó a este sistema donde el poder económico controla las decisiones políticas, como la “aristocracia del dinero”. Para debilitar la capacidad de lobby de los ingleses, Juan Manuel de Rosas directamente cerró el Banco Nacional refundado por Rivadavia. Varias décadas después, Hipólito Yrigoyen hacía campaña electoral por el voto secreto al cual consideraba como un mecanismo tendiente a evitar el corruptor ejercicio de la “compra” de voluntades. Paradójicamente, los titulares del golpe de Estado que lo derrocaron justificaron su salida del gobierno acusando la UCR de protagonizar negociados, coimas o la entrega fraudulenta de cargos públicos. Al proyecto iniciado en el año 1930 José Luis torre lo caracterizó directamente de “infame”, por considerar que funcionaba como un mecanismo político tendiente a “vender a la patria”. Otro caso que adquirió notoriedad fue el denunciado por Lisandro de La Torre. En el año 1935 siendo senador, el titular del Partido Demócrata Progresista se opuso férreamente al accionar del gobierno de Agustín Justo, al cual acusó de beneficiar ilícitamente a los frigoríficos ingleses. En parte, la justificación de la revolución del año 1943 tuvo que ver con un intento de superar un sistema de fraudes políticos, económicos y de injusticias sociales. Juan Perón al momento de lanzar el Estatuto del Peón Rural, aseveró que la oligarquía controlaba el Estado y se repartía las “ganancias con los caciques” y actuaba con “merodeadores de grandes empresas” y con los “escribas sin escrúpulos al servicio de los poderosos”. A la caída de Perón los militares ordenaron realizar un informe sobre la gestión del gobierno depuesto. La investigación fue publicada en el año 1958 bajo el titulo “El libro Negro de la Segunda Tiranía” y acusó al peronismo de ser “corruptor y demagógico”, cuestión por lo cual la asonada castrense estaba justificada en la necesaria “reconstrucción moral”. Arturo Illia anuló los contratos petroleros del también radical Arturo Frondizi, al considerarlos carentes de legitimidad y “dañosos” a los intereses de la Nación. Juan Carlos Onganía al asumir el mandato de facto en el año 1966, mencionó que iba a cumplir un imperativo patriótico y desinteresado tendiente a terminar con la “falsedad y el engaño”. El periodista Rogelio García Lupo documentó con detalle la trama de negociados efectuados por la conjunción de representantes civiles, jefes de armas y las corporaciones trasnacionales desde 1966. Lupo resaltó que durante los años sesenta las corporaciones y la corruptela política y militar organizaban un “gobierno invisible” que beneficiaba a las dominaciones extranjeras. En el año 1976 Jorge Rafael Videla aseguró que asumía el mando del país para terminar con el “desgobierno, la corrupción y la complacencia” del gobierno democrático de Isabel Perón. Durante la gestión militar ingresaron al Banco Central y a la cartera económica, representantes directos de la oligarquía, de la finanza internacional y de los grupos concentrados. Resultado de su accionar, se consolidó una inmensa transferencia de recursos del conjunto de la sociedad a un grupo reducido de factores de poder, entre los cuales estuvo el grupo Macri que según el historiador Norberto Galasso, aumentó su patrimonio de 7 a 47 empresas. A la vuelta de la democracia Carlos Melconian siendo Jefe del Departamento de Deuda Externa, contribuyó a la licuación de la deuda de miles de millones de dólares de los grupos económicos, entre los cuales estaba los del presidente Macri. Durante el menemismo sectores del Partido Justicialista estuvieron involucrados en ventas ilegales de armas a Ecuador, en el trágico contexto de la guerra contra Perú. El gobierno de Fernando de La Rua involucró a la UCR en un caso de coimas, cuya finalidad era aprobar la flexibilización laboral contra los derechos trabajadores. Como resultado del escándalo de la “Banelco” renunció el vicepresidente Carlos Álvarez. La participación de Federico Sturzenegger en el Megacanje de deuda del año 2001, hoy es investigada judicialmente. Resultado de esa onerosa negociación, el gobierno nacional pagó comisiones cercanas a los 150 millones de dólares y negoció préstamos con la altísima tasa de interés de hasta 15 %. Ricardo Jaime o José López, son dos figuras que comprometen en casos de corrupción a miembros del partido Frente Para la Victoria. Fernando Niembro debió renunciar en plena campaña electoral, por no poder justificar la causa por la cual recibió más de 20 millones de pesos de parte del gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Existieron casos de corrupción en las filas de los liberales, los conservadores, radicales, menemistas, kirchneristas o macristas, sean civiles o militares, sin excepciones. El acto ilícito o de corrupción suele derivarse en lo siguiente:
a-     Acumulación personal de la riqueza a favor de los dirigentes.
b-    Acumulación de riqueza al espacio político. José Luis Manzano, aunque luego lo negó, habría bautizado este mecanismo como un “robo para la corona”. 
c-     Compra de votos legislativos o de dirigentes con la finalidad de orientar sus decisiones.
d-    Compra de voluntades políticas por parte del poder económico o de otras elites.

Los casos ubicados en los puntos A y B son el centro de la denuncia mediática y ocupan un espacio fundamental en la opinión pública. Los golpes militares de 1930, de 1955 o de 1976 denunciaron, principalmente, este tipo de accionar. La finalidad del universo C, indudablemente, parece ser un mecanismo frecuente para la construcción de consensos legislativos y partidarios en un ámbito donde se compran y se venden votos y voluntades. El punto D y pese a ser el más oneroso de los cuatro ya que implica la pérdida del patrimonio económico y de la soberanía de un país, suele ser poco investigado por la justicia, escasamente conocido por la opinión pública y ocultado por la prensa. Yrigoyen, Lisandro de La Torre, Perón, Illia o García Lupo, consideraron a esta corrupción como el mecanismo y la garantía para la acumulación del poder económico de las elites antinacionales y antipopulares. 
Las diversas acusaciones que recibieron Mauricio Macri y su grupo empresario se ubican en los universos A y D. El presidente reconoció disponer de 18 millones de pesos no declarados en las Islas Bahamas y no pudo negar que tiene cuentas en diversos paraísos fiscales como Panamá.
La Oficina Anticorrupción no parece muy preocupada por estas difusas y contradictorias declaraciones gananciales de Macri o de otros funcionarios nacionales como es el caso de Juan José Aranguren que es accionista de Shell y contratista de la misma empresa desde el Estado (corrupción tipo D). El gobierno de los CEOS que hoy controla la Argentina, institucionalizaría un sistema de corrupción tipo D. Es de esperar que el Estado reiteraría el mecanismo de transferencia masiva de fondos desde la mayoría social, hacia la minoría empresaria, repitiendo lo ocurrido en todas las oportunidades en las cuales las Corporaciones extranjeras controlaron el gobierno con Onganía (Krieger Vassena), con Videla (Alfredo Martínez de Hoz), con Menem (Roig de Bunge Born o Domingo Cavallo) o con De La Rúa (López Murphy y Cavallo).


La doble vara para evaluar los actos de corrupción
La noción de lo corrupto se construye a partir de una articulación entre los poderes económicos, mediáticos, políticos y judiciales. Lamentablemente, el Poder Judicial no parece ser un parámetro imparcial y objetivo para definir los alcances y los responsables de la corrupción. Por un lado, por el hecho que algunos jueces no están siendo ecuánimes y suelen actuar en defensa de los partidos en el poder, de las corporaciones económicas o bajo la influencia de los diversos poderes facticos. Asimismo y tema más profundo, la legislación argentina es una representación del poder existente y tiende a institucionalizar y a legalizar diversos mecanismos de desigualdad y de transferencia de la riqueza colectiva hacia la privada.
Dado el marcado partidismo de un sector judicial, parecería que algunos de sus miembros están más preocupados por “imputar mediáticamente” a una persona, que por hacerlo “judicialmente”. Dada la mediatización de los casos, se invierte la lógica procesal y todos los funcionarios son considerados culpables y son penados por la opinión pública mucho antes del juicio previo que fija la ley. Como resultado de estas operaciones, pueden declararte inocente judicialmente, lo que difícilmente va a ocurrir es que te absuelvan éticamente frente a la sociedad. Si vas a la cárcel o no importa poco y en realidad interesa que estés de por vida “preso políticamente”.
Cuando la corrupción involucra al poder económico y a sus representantes, el tratamiento es más distante y menos frecuente. Por ejemplo, la investigación de la evasión de las más de 4000 cuentas bancarias en el HSBC de Suiza o la existencia de miembros del gabinete nacional involucrados a estafas contra el Estado como fue el Megacanje de 2001, no se presentan a la opinión pública como un caso flagrante de corrupción. Los actos de evasión y de fuga de capitales son ocultados o matizados al atribuirlos a omisiones desinteresadas de algún empresario, que en realidad haría ese delito por “estar agobiado” como resultado de la presión fiscal del desmedido Estado recaudador. Si un empresario roba al Estado en un paraíso fiscal, lo presentan como parte de un problema de “confianza” que es causado por el gobierno. Se invierte la prueba y el victimario se transforma en víctima. Por el contrario, cuando un dirigente partidario estafa al Estado reteniendo dinero que no le corresponde, lo acusan de ladrón y de hasta de traidor a la patria.
A diferencia de lo que se explica a la opinión pública, la evasión fiscal de las corporaciones y el accionar mafioso que conlleva la fuga de riqueza nacional empresaria, tiene una capacidad de daño social muchas veces superior a aquella generada por los dirigentes que juntan billetes en sus casas y/o autos. En ambos casos, sean funcionarios públicos, empresarios o representantes de multinacionales en el gobierno, se está estafando al Estado y al conjunto de la sociedad.

Debe quedar claro, que estamos muy lejos de absolver de la responsabilidad que les cabe a funcionarios públicos o a dirigentes partidarios, que en caso de demostrarse la apropiación ilícita de recursos, deben recibir el peso de la pena judicial y de la reprobación de la opinión pública. Esta circunstancia que es repudiable, no debe evitar la posibilidad de conocer, de develar y de castigar la corrupción estructural protagonizada por los grandes factores del poder económico.

La corrupción neoliberal
El sistema de acumulación de capital en el neoliberalismo mundial, se desenvuelve organizando un sistema institucionalmente injusto, antisocial y depredatorio del ecosistema y de los recursos naturales. Además y cuestión cada día más evidente, el capital trasnacional actúa violando la ley y estafando a los Estados y a los pueblos.
En Sudamérica los sistemas impositivos son regresivos y benefician principalmente al capital trasnacional y a las oligarquías. Pese a ello, existe un sistema organizado de evasión fiscal, de fuga de capitales y de estafa permanente contra el Estado.  
Entre las causas de la crisis económica mundial del año 2008, está que las calificadoras de riesgo de inversión omitieron y/o mintieron sobre la realidad financiera y bursátil. Estos entes que son manejados por un pequeño círculo de factores de interés norteamericano y europeo, falsearon la situación económica del sistema, permitiendo la ganancia fabulosa de reducidos grupos de especuladores. Además de un extraordinario negocio, la corrupción de las calificadoras favoreció la destrucción económica y financiera internacional. Paradójicamente, actualmente esas mismas instituciones extorsionan a los países en desarrollo bajando o subiendo el costo del crédito y la “credibilidad de los gobiernos”. Su objetivo real es enriquecer a unos pocos grupos y Estados y ser los garantes del ordenamiento geopolítico internacional.
La divulgación de cuentas no declaradas en el HSBC o de los Panamá Papers,  hicieron pública la existencia  de paraísos fiscales a partir de los cuales los grandes financistas internacionales, los grupos económicos de varios países y las corporaciones trasnacionales, evaden el pago de impuestos y esconden riquezas no declaradas o de origen incierto. Este sistema mundial de corrupción económica y financiera estructural, tiene distintas terminales en Suiza, Hong Kong, Estados Unidos, Singapur, las Islán Caimán o el Reino Unido.  
El daño económico, social y político de los actos de corrupción estructural efectuados por las calificadoras de riesgo o por la evasión de los paraísos fiscales es inmenso y contribuye a que el sistema productivo mundial profundice la crisis.

Teatralización de la corrupción
Actualmente, pareciera que las denuncias de corrupción importan más como actos de propaganda, que como acciones de justicia. Varios jueces o fiscales actúan de manera tendenciosa y más allá de la veracidad de la prueba y de la resolución final de la acusación, lo importante es instalar el manto de duda acerca de la integridad del funcionario. La sospecha de corrupción, sea real o infundada, es un instrumento de persuasión política tendiente a disciplinar los comportamientos de los dirigentes y a moldear la opinión pública. El modus operandi de varias de las operaciones judicial - mediáticas parece ser el siguiente:
a-     El guión de la teatralización lo redactan los servicios de inteligencia del Estado por requerimiento de grupos económicos o de otros factores de poder.
b-    Un fiscal y/o juez son los actores fundamentales de la película, que se construye previamente con los medios de comunicación.

Los medios oligopólicos en sintonía con los servicios de inteligencia y el Poder Judicial, preparan el momento de la presentación pública del caso garantizando cobertura mediática e impacto comunicacional. A contramano del típico secretismo y oscurantismo judicial, algunos casos de investigación de hechos supuestamente de corrupción de funcionarios públicos, se presentan en tiempo real con las cámaras de televisión. Los periodistas de los grupos concentrados parecen empleados del Poder Judicial y conocen los horarios, el día y el lugar de “algunos” allanamientos de los domicilios de los imputados.
El manejo de la imagen y del contexto del supuesto crimen, es fundamental y tiene que interpelar emocionalmente a la opinión pública. Perros que huelen plata, vecinos que comentan insustancialidades o testigos dudosos que historian la trayectoria supuestamente indecente de los acusados, forman parte de la operación. Sobre la noticia judicial, se monta una maquina de difusión desde los programas de espectáculo y de entretenimiento, que garantizan que el público no especializado en temas técnicos se convenza de la culpabilidad y maldad de los acusados. La veracidad o no de la denuncia importa poco y lo fundamental es la capacidad de daño mediático que cae sobre los acusados.

La utilización política del caso José López
Tal cual adelantamos, la denuncia mediática y/o la judicialización de la corrupción son construidas con finalidades políticas determinadas históricamente. En el caso de José López la causa judicial está siendo utilizada para:
a-     Debilitar a Cristina Fernández de Kirchner y su círculo político.
b-    Dividir al Frente Para la Victoria.
c-     Presionar a la dirigencia partidaria para la aprobación de leyes o de proyectos de CAMBIEMOS.
d-    Debilitar a la dirigencia política nacional, para empoderar a los grupos económicos y a sus representantes.
e-     Construir una agenda pública que oculte la trasferencia de la riqueza a los grupos económicos que realiza CAMBIEMOS y que no permita debatir la grave situación económica (recesión e inflación) y social (mayor desempleo, pobreza e indigencia).

En definitiva, la sociedad argentina, sudamericana e internacional debe combatir las diversas expresiones de la corrupción. Por un lado, la partidaria por corroer la posibilidad del cambio de la actividad política. Debe trabajar contra la acción fraudulenta de la justicia, de los servicios de inteligencia y de los medios de comunicación que pueden ser parte del problema y no su solución. Además y tema fundamental, hay que erradicar el neoliberalismo financiero y especulador y su sistema depredador, injusto y corruptor que está poniendo en duda la viabilidad del planeta en su conjunto. 



martes, 5 de julio de 2016

La vida eterna era una total certeza

                              

                                                                                                Alberto Buela (*)

Hasta el siglo XIII la vida eterna era una total certeza, pero a partir de allí esa certeza comienza a resquebrajarse.[1]
Así a partir del siglo XIV, sin discutir para nada lo religioso, comienza a imponerse la investigación sobre la dignidad del hombre, la filosofía empieza a independizarse de la teología y la razón experimental comienza un camino que llega hasta hoy día. El Renacimiento en Italia es la expresión más acabada.
A este estado espiritual convergen causas de todo tipo y de distinto peso, que son múltiples y variadas: a) la crisis climática con la disminución de la temperatura, por ejemplo, en Inglaterra se dejó de cultivar uva para el vino. b) la peste negra (1346-1356) que redujo la población de Europa en un tercio. c) la gran hambruna de 1313 a 1317. d) el crecimiento del peso político de las ciudades. e) el paso de las monarquías feudales a las monarquías autoritarias. f) el paso del feudalismo al capitalismo. g) la guerra de los cien años como primera guerra comercial.  h) el cuestionamiento filosófico a la teología tradicional en Ocham con su nominalismo y en Scoto con el solo conocimiento de las realidades individuales (haeccietas).
La convergencia de estas causas, y otras que seguro se nos escapan, dio como resultado la perdida de la total certeza de la vida eterna.
Hoy, en la primera parte del siglo XXI el hombre dejó de pensar en la eternidad como una realidad que lleva a su plenitud la vida humana. Y si la piensa lo hace bajo sucedáneos bastardos como lo son el cúmulo de religiones a la carta que se multiplican día a día o la búsqueda de una espiritualidad oriental en donde la persona: única, singular, e irrepetible, moral y libre se disuelve en un miasma cósmico de todos en una sola alma cósmica. O cosas por el estilo.
La pérdida de la inmortalidad personal es uno de los rasgos de nuestra época signada, paradójicamente, por la exaltación de individuo y sus gustos en una sociedad de consumo en donde Dios fue reemplazado por el mercado.
Una sociedad individualista guiada el goce egocéntrico busca su anclaje espiritual en fuentes oscuras que la llevan a un destino de homogeneización en un alma cósmica universal.
La pregunta es entonces ¿se puede rescatar lo eterno en el hombre?
En primer lugar se necesitan gobiernos que alienten el rescate y realización de valores espirituales y religiosos. Luego la constitución de comunidades que intenten vivir de acuerdo a estos valores, para, finalmente, proyectarlos a los ámbitos más ampliados de las naciones y los pueblos.
En el dominio de los Estados se deben llevar a la práctica, como políticas de Estado, los principios de subsidiariedad y bien común; en el de las comunidades el de solidaridad y proximidad y en el ámbito familiar el de projimidad.
Pero sobre todo y fundamentalmente hay que tener en claro la idea que nos hacemos de Dios. Él es nuestro principal hacedor y bienhechor, y en función de Él está dirigido nuestro obrar, y ante Él vamos a tener que responder personalmente y no en conjunto.
Estas verdades de plomo, que se caen de suyo y que fueron evidentes hasta el siglo XIII, han desaparecido de la conciencia del hombre occidental y no llegaron a ser implantadas en el hombre oriental.  
Hoy solo existe la esperanza mundana que se agota en un bienestar material en un océano de falsa espiritualidad. A ello se suma una cantidad enorme de falsos derechos humanos que hacen que la vida sobre la tierra se transforme en una parodia. Así en estos días tuvo que salir el Consejo de Europa con sus 47 jueces de otros tantos países a decir: “no existe el derecho al matrimonio homosexual…y no se debe imponer a los gobiernos la obligación de abrir el matrimonio a las personas del mismo sexo”  Y, sin embargo, los gobiernos de los grandes países hacen lo contrario. En el mismo sentido el Papa Francisco afirma que: el aborto es el mal absoluto, pero aquellos gobernantes que se sacan fotos a diario con él, aprueban el aborto, bajo el sofisma de defensa de la libertad de vientres.
Estamos viviendo en un mundo desquiciado en donde los que aparecen como mandantes (los gobernantes) son en realidad mandados por los diferentes lobbies que elaboran sus decisiones y discursos.

Arkegueta, eterno comenzante o aprendiz constante



[1] Como novedad podemos contar que la tesis doctoral de Ortega y Gasset en 1904 que es un breve ensayo de 58 páginas y que no fue publicado en la edición de sus obras completas por voluntad del autor se titula: Los terrores del año mil: crítica de una leyenda. En donde va a sostener que los temores acerca del fin del mundo producto del milenarismo fueron una fábula creada por los cronistas franceses e italianos del siglo XVI, pero que la certeza de la vida eterna era la realidad del año mil.

domingo, 3 de julio de 2016

“Un ALCA hoy sería un desastre”


Entrevista a Celso Amorin por Martín Granovsky

Celso Amorim fue canciller de Lula durante sus ocho años de gobierno y ministro de Defensa de Dilma Rousseff en su primer mandato.

–¿Michel Temer encabeza un gobierno golpista o interino?
–Prefiero evitar un problema semántico. Lo que pasó en Brasil es como si el cambio de Cristina a Mauricio Macri se hubiera dado sin una elección de por medio. Sin entrar en los aspectos técnicos, en mi opinión en la acusación contra Dilma Rousseff no es firme la sospecha de que cometió un delito de responsabilidad fiscal. Además, el mecanismo del impeachment no está hecho para cambiar un gobierno por otro de tendencia opositora. En un sistema presidencialista esa tarea le corresponde al pueblo cuando vota. Si no se pone en riesgo la legitimidad política en el sentido weberiano de la expresión. Cuando fue el impeachment al presidente Fernando Collor de Mello se generó un gran sentimiento de unión nacional. Hoy sucede lo contrario. No sé si el gobierno de Temer se va a sostener o no. Si se sostiene vamos a tener un período largo de dificultades. Justo estuve en los Estados Unidos cuando se produjo el proceso de juicio político a Richard Nixon, que renunció antes de que la Cámara de Representantes tratara su caso en el plenario, y el juicio a Bill Clinton, que no resultó culpable para el Senado. Nadie pensaba que un juicio político a Nixon tendría como resultado inmediato su reemplazo, sin elecciones, por George McGovern, un demócrata que se había opuesto a la guerra de Vietnam. Tampoco un juicio a Clinton sería para sustituirlo por el ultraconservador Jesse Helms. El cambio total de orientación político-ideológica no es el objetivo del impeachment.
–Los peritos del Senado dictaminaron en los últimos días que Dilma no cometió delito.
–Sí, fueron muy claros. En una de esas acusaciones ya se estableció que la Presidenta no tuvo ninguna participación. O sea que ni siquiera hubo una acción, ni buena ni mala. Las decisiones pasaron por debajo de ella y a través de funcionarios que se manejaron utilizando lo que creían eran las reglas.
–¿Qué cambió en la política exterior con la dupla Serra-Temer?
–Para desplegar una buena política exterior es bueno tener un gobierno con legitimidad y apoyo interno. Lula disfrutaba de ambas cosas, además de lo que significaba él mismo como símbolo: un tornero que llegó a Presidente. Era un gran aporte histórico. La visión de Lula sobre el mundo reconocía el rol que Brasil podía tener en la región y en el planeta no solo para defender sus propios intereses. También para ayudar a procesos de evolución en las relaciones internacionales. La gente dice a veces que el Mercosur fue un fracaso. Pero el Mercosur evolucionó. La integración se desarrolló. Se creó Unasur. Se creó la Celac. Cosas que no se habían visto en 200 años de vida independiente. Y Lula no lo hizo solo. Pese a dificultades, nunca fueron tan buenas las relaciones con los países sudamericanos. Manteniendo, siempre, la pluralidad ideológica. Con la Argentina obviamente las relaciones fueron buenas, pero también con Hugo Chávez y con Álvaro Uribe. Lo que muchos hoy no perciben es que la integración, y eso se ve ahora en Europa, no es solo un aumento de comercio.
–¿Qué otras cosas miden el nivel de integración, además del comercio?
–El esfuerzo para profundizar la paz y la cooperación, que es lo que siempre deseamos en América del Sur. Y más allá de la región esa visión del mundo nos permitió la aproximación con África y con los países árabes. Creamos el IBAS, el grupo de la India, Brasil y África del Sur. Los BRICS surgieron del deseo de Rusia y China de participar en el IBAS. Junto con la Argentina jugamos un rol importante en la negociación del G-20 comercial. Juntos resistimos al ALCA como un acuerdo que no nos servía y no porque fuera solo una cuestión de doctrina. No nos favorecería en agricultura y nos crearía dificultades por ejemplo en propiedad intelectual. Lo hicimos sin perder las buenas relaciones con Europa (creamos una asociación estratégica con ellos) y con los Estados Unidos. Lula y George Bush intercambiaron opiniones en Camp David. Participamos, en parte por pedido de Barack Obama, en las negociaciones con Irán, que demostraron que sí era posible lograr un acuerdo, como quedó demostrado dos años después. Teníamos una visión en el sentido de buscar un mundo cada vez más multipolar.
–Serra propuso, sin dar detalles, “flexibilizar el Mercosur”.
–En un mundo de grandes bloques lo peor que podemos hacer es debilitarnos. Puede ser que Serra cambie y que gire, pero si insiste en las declaraciones iniciales sobre la flexibilización del Mercosur debería saber que a largo plazo significa terminar con el Mercosur como lo que es, o sea un proyecto de unión y vocación. No puede ser solo un área de libre comercio sin significado político. A fines de los años ‘50 en Europa había dos proyectos. Uno, el mercado común europeo. Otro, el área europea de libre comercio. Ganó el primer proyecto. ¿Quién se acordaría de un área de libre comercio? Nadie. Las áreas de libre comercio van y vienen. La Unasur creó el Consejo de Defensa Sudamericano. Esas cosas valen mucho. Quedan.
–En sus diez directrices para los diplomáticos de Itamaraty, Serra dijo que no hará una diplomacia ideológica y menos una diplomacia al servicio de un solo partido. ¿Usted se sintió aludido como canciller de Lula durante ocho años?
–Es muy curioso. Cuando la derecha está en el poder dice que su diplomacia es de Estado. Cuando el centroizquierda gobierna, la derecha critica que la diplomacia es “ideológica”. Ideológico es siempre el otro, ¿no? El problema es que la derecha en el poder mantiene los intereses de siempre, los de la elite política y social, y los confunde con intereses del Estado. Pero lo que corresponde al Estado está en la Constitución brasileña. Allí figuran los principios de autodeterminación, de no intervención, de solución pacífica de las controversias y de integración latinoamericana. ¿Buscar la prosperidad por acuerdos bilaterales de libre comercio es de Estado y buscarla por negociaciones multilaterales en la OMC es ideológico? Poner el centro en la OMC no tiene nada de izquierda ni es partidista. Y criticar estas políticas supone pensar, equivocadamente, que firmar acuerdos es fácil. No. Es difícil. Es más fácil hablar que hacer.
–¿Qué opina del programa de Temer, “Un puente para el futuro”?
–Que es partidista. Representa los objetivos de las clases dominantes. Lo que hicimos nosotros, en cambio, tiene que ver con los intereses de la población brasileña: diseñar una visión más nacional, distribuir mejor el ingreso, buscar una política industrial propia...
–-En 2005 los países del Mercosur más Venezuela, que entonces no era miembro pleno, le pusieron una bolilla negra a la formación de un ALCA. ¿Deberían formarlo hoy? ¿La cumbre de Mar del Plata quedó vieja?
–Un ALCA hoy sería un desastre. Seguiría el criterio de los acuerdos de última generación como el TPP, el Trans-Pacific Partnership, con cláusulas inaceptables al menos para Brasil. Ya eran inaceptables incluso antes de Lula. Por ejemplo la forma de solucionar diferendos entre inversores extranjeros y el Estado.
–Fuera de Brasil.
–O las cláusulas sobre propiedad intelectual. Incluso en los Estados Unidos este tipo de acuerdo genera gran resistencia popular. El cuestionamiento es que están hechos para las multinacionales y no para los pueblos. Si eso es verdad en los Estados Unidos, imagínese lo que sería para nosotros. Volviendo a la cuestión del ALCA, en 2005 las negociaciones ya estaban paralizadas y la Cumbre de Mar del Plata puso la piedra final.
–¿Un acuerdo entre el Mercosur y los Estados Unidos sería posible?
–No tengo por qué excluir esa posibilidad. Pero en otras condiciones y con otras concesiones. Pensar en la resurrección del ALCA es un absurdo. Y para que se dé una negociación pragmática con los Estados Unidos antes debemos seguir trabajando en la diversificación de relaciones. Si no, se pagará un precio muy caro. Pero la capacidad de negociación será muy reducida si liquidamos la unión aduanera del Mercosur. Tabaré Vázquez dijo una vez: “Podemos tener alguna negociación comercial siempre que no vulnere el corazón del Mercosur”.
–Veo que sigue siendo muy mercosurista.
–Para una charla busqué números. En los últimos años el comercio intra-Mercosur se multiplicó por doce mientras el comercio mundial se multiplicaba por cuatro. Además, nos beneficiamos por el intercambio recíproco de productos de alto valor agregado. Pero los problemas deben ser resueltos en el diálogo y no con la subordinación de cada país a una potencia de fuera de la región.
–¿Qué habría que hacer hoy con la crisis venezolana?
–En el pasado países como la Argentina, Brasil y Chile jugaron un papel importante. Hoy hay pocos gobiernos que pueden ayudar a un diálogo, que es indispensable, entre el gobierno y las fuerzas políticas de oposición. Eso hicimos con el Grupo de Amigos de Venezuela en 2003. Lo formamos Brasil, Chile, España, los Estados Unidos, México y Portugal después del golpe de 2002. Y Chávez por supuesto estuvo de acuerdo. Hoy tenemos que hacer que se potencie la presencia de Unasur con la colaboración de ex presidentes y ex primeros ministros, como ya ocurre con Leonel Fernández de República Dominicana y José Luis Rodríguez Zapatero de España. El diálogo involucra concesiones de los dos lados. Chávez lo comprendió en su momento. Aceptó un referéndum revocatorio y admitió la presencia de observadores internacionales. Maduro es un presidente electo. Es un dato. Hay una oposición fuerte que tiene la mayoría en el Legislativo. Es otro dato. Es bueno que Maduro y la oposición dialoguen. La voz de Brasil está debilitada por la situación interna, pero lo menos no debe hacer sugerencias que empeoren el clima en Venezuela. Por suerte en esto veo una cierta prudencia, que se demostró en la actitud cauta durante la discusión de la Carta Democrática en la OEA.
–¿Brasil y la Argentina deberían integrarse a la Alianza del Pacífico? ¿Deberían ser observadores?
–Siempre se puede observar. Si el Mercosur en conjunto fuera observador sería muy bueno. Pero hay una cierta visión mistificada de la AP. Ellos comercian más con el Mercosur que con países de la propia alianza. Los cuatro tienen una actitud similar ante el comercio internacional. No incluyen normas sociales o de ventajas mutuas de residencia o seguridad social. Por otra parte es bueno recordar que ya tenemos acuerdos de libre comercio con todos salvo con México. Se lo propusimos en su momento a México y no quiso. Para decir la verdad, lo que menos me gusta de la AP es el nombre.
–¿Por qué?
–Alianza suena que uno está contra otros países. Como la OTAN. Tampoco me parece bien separar Atlántico de Pacífico. Con Lula, Néstor Kirchner y otros presidentes en su momento reforzamos la integración sudamericana con todos los gobiernos, con independencia de las afinidades políticas como el Perú de Alejandro Toledo. Buscamos unir al Atlántico y el Pacífico antes que separarlos. Estuve presente en Asunción cuando se creó el Mercosur en 1991. Luego, ya más cerca de la cumbre de Ouro Preto del 94 surgió una tendencia a buscar un acuerdo separado con el NAFTA. Pero le quiero terminar de responder su pregunta: ¿por qué integraríamos la AP si no estamos en el Pacífico? ¿Por qué buscar una vuelta si a nivel sudamericano tenemos un acuerdo, la Unasur? ¿Por qué aceptar reglas de comercio y servicios que no nos convienen?
–Usted hoy integra un organismo de la ONU sobre salud. ¿Qué efecto negativo tendrían las reglas comerciales usadas en el TPP en este sector?
–Ya participe de varias comisiones creadas por el secretario general de la ONU sobre el Ebola y sobre acceso a medicamentos. Esas reglas crean más restricciones a la posibilidad de acción autónoma de los países en desarrollo. Aumentarían las condicionalidades para fabricar genéricos y subirían los precios. La Argentina tiene una industria importante. Se perjudicaría.

–El libro que presentará habla de una política “activa y altiva”.
–No solo tener una visión reactiva ante la agenda internacional sino ayudar a crearla. No aceptar cosas que nos son impuestas y no corresponden con nuestros intereses. La visión contraria es la que pide un Brasil modesto, que en realidad significa un Brasil que se desentienda de la solución de grandes problemas internacionales. Brasil es más fuerte con la integración –de eso no hay duda– pero a la vez no desconozcamos que somos el quinto país en población y en territorio y el séptimo en economía. No podemos estar ausentes en los grandes problemas internacionales. Sería una posición subalterna. De la globalización uno no puede ocultarse. El problema es cómo estar en ella. Una variante es la pasiva. La otro es ser un país activo en la OMC, en la FAO, en la OMS, en América Latina, en los Brics, en la integración con los países árabes o en el G-20 financiero, donde con la ayuda de la Argentina y de Turquía logramos cambiar las cuotas dentro del FMI y el Banco Mundial. La creación del banco y del fondo de contingencia por parte de los Brics demostró que las alternativas son posibles.
–¿Tiene ya una prospectiva del mundo después del Brexit?
–Por lo pronto habrá una negociación más difícil entre Europa y el Mecosur, porque el Reino Unido era una fuerza que facilitaba en nuestro favor la liberalización comercial. Al revés de Francia. En general, ya estamos viendo una gran turbulencia en los mercados internacionales y existe la posibilidad de que eso profundice tendencias recesivas o a la no recuperación de las economías europeas. Mala señal, porque la demanda de los países de la UE es importante para nosotros. Me preocupa también la tendencia a un nacionalismo que no es el nuestro, es decir un instrumento de desarrollo, sino una vuelta al pasado en el sentido de extremar diferencias e intereses locales.

–¿El acuerdo entre el Mercosur y la UE no es un ALCA con Europa?
–No. El ALCA tenía una visión ideológica de cómo debía ser el mundo. Por eso es difícil, aunque no imposible, una negociación con los Estados Unidos. Con la UE no discutimos sede de solución de controversias ni propiedad intelectual. Solo formas de acceso a mercados.
–Embajador, si se hilvanan fenómenos diversos como la crisis en Venezuela, el apartamiento de Dilma en Brasil y el triunfo de Macri, ¿qué pasó en Sudamérica?
–Hablemos también de algo positivo como el acuerdo de paz en Colombia. Al final quedó demostrado que el diálogo era necesario. No podíamos intervenir pero sin duda podíamos facilitar las condiciones para un diálogo que condujera a la paz. Y entonces me pregunto: si fue posible un diálogo entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC después de tanta violencia, ¿cómo no van a ser posibles otros diálogos en otros países?

–¿Usted es de los que piensan que la nueva situación en Sudamérica es un producto de la influencia de los Estados Unidos?
–Trato de no quedarme con teorías conspirativas, aunque puedo decir, imitando a un humorista brasileño, que el hecho de que no sea paranoico no quiere decir que no me persigan. Cometimos muchos errores. En el caso de Brasil el sistema político privilegia al que tiene mucha plata e induce a la corrupción. Está bien que se investigue pero debe haber neutralidad. Demasiado dinero, demasiados partidos: mala combinación. Hay que cambiar el sistema político hacia uno más racional y compatible con los intereses del pueblo. De manera general diría que hubo varios factores que ya no están. Todos nuestros países aprovecharon el boom del crecimiento de China y ahora, en cambio, vivimos una situación contraria. Volvemos a Raúl Prebisch y su teoría del deterioro de los términos del intercambio. Y eso lleva a turbulencias. Una cosa es desarrollar una política social de distribución en ese contexto y otra es cuando las clases ricas sienten que van a perder mucho dinero. En el caso de Brasil también suceden algunas cosas raras: espionaje en la Petrobrás, en el sector de energía nuclear, en el sistema de promoción de exportaciones y en el Banco Nacional de Desarrollo. Muchos problemas son endógenos, nacionales, pero también hay una correlación entre el espionaje y algunas investigaciones. Hablo de la utilización de la pesquisa judicial, porque un Poder Judicial independiente es importante sobre todo si actúa de manera neutral. Me preocupa un Brasil con su empresa petrolera debilitada, con su energía nuclear en jaque y con fragilidades mayores en las empresas de construcción de obras públicas o en los instrumentos de promoción de exportaciones.


Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-303311-2016-07-03.html

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