martes, 28 de septiembre de 2010

Hacia una Arquitectura Nacional y Popular.

Gonzalo Pedano

La dimensión política: contra la colonización pedagógica.

Viernes 12 de diciembre del 2008. Una multitud se agolpa en el salón de actos de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de Córdoba. Tarde calurosa en la ciudad, por cierto. Un motivo central convoca a ex – docentes, ex – alumnos y familiares. Es la presentación del libro titulado Arquitectos que no fueron, en el que se detalla el conjunto de estudiantes y egresados de la mencionada Facultad, asesinados y desaparecidos durante la vigencia del Terrorismo de Estado. Sensaciones invaden la sala. “Es una alegría volver a este salón” me dice una asistente. “Acá teníamos muchas reuniones políticas, era la época del Taller Total”. Recuerdos, imágenes, rostros. Era de esperar que durante el transcurso del acto, el llanto y el dolor se hicieran presentes también. Las intervenciones de algunos de los participantes, que explicitaron ser familiares de estudiantes desaparecidos, llenaron de llanto la sala. ¿Me pregunto hasta qué punto este tipo de actos no funcionan también como rituales funerarios? ¿Acaso no son el lugar donde recordar y llorar a nuestros muertos? Nuevamente, en las diferentes intervenciones, el Taller Total vuelve a ser mencionado repetidas veces. Es que todos los desaparecidos y asesinados de la FAUD participaron en esa experiencia y estudiaron estando en vigencia dicho Taller. Los docentes cesanteados también formaron parte del mismo. ¿De qué se trataba? ¿Qué conjunto de prácticas le fueron propias y distintivas? ¿Qué significó pedagógica y políticamente? Acaso me guía el propósito no sólo de determinar el conjunto de asesinados y desaparecidos, sino principalmente el de analizar en detalle sus proyectos y apuestas fundamentales. Ya no sólo convocar su memoria, sino retomar ahora sus propuestas”. Valgan estas notas de observación participante registradas en un diario de campo para destacar como nos encontramos, casi sin quererlo, con esta experiencia del Taller Total, que pretendemos aquí caracterizar al menos en alguno de sus elementos fundamentales.

lunes, 20 de septiembre de 2010

MODELOS DE DESARROLLO E INTEGRACIÓN REGIONAL EN AMÉRICA LATINA


Aritz Recalde, agosto de 2010.

“La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta”. Eduardo Galeano .

“El Estado promoverá, sobre los principios de una relación justa, equitativa y con reconocimiento de las asimetrías, las relaciones de integración social, política, cultural y económica con los demás estados, naciones y pueblos del mundo y, en particular, promoverá la integración latinoamericana”. Artículo 265 de la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia.

“Les convoco a que suscribamos un verdadero Tratado de Comercio de los Pueblos, bajo los principios de integración de nuestras economías y sociedades, que nos complemente, que sea solidario, como los dedos de una mano, para ir con firmeza y afecto a sentar las bases reales de nuestras soberanías alimentarias, energéticas y financieras de la región, que sean sostenibles en el tiempo, respetuosos de nuestro ambiente”. Rafael Correa

El siglo XXI conmemora el bicentenario de las revoluciones latinoamericanas y nos encuentra en el proceso de construcción y de edificación de la segunda y definitiva independencia, que es el desarrollo integral de nuestras naciones. La primera independencia fue la política y paradójicamente, en la medida que rompimos lazos con las metrópolis ganando soberanía, quebramos los vínculos con los pueblos y los gobiernos de la nación latinoamericana y esta condición favoreció la dependencia de nuestros Estados frente a los intereses de las potencias. Salimos de la esfera colonial española y portuguesa para ingresar a la órbita del imperialismo británico, francés o alemán que aceleró la balcanización del continente.
Tal cual estableció Enrique Gugliarmelli la primera “Independencia, fue obra del pueblo en armas. La segunda y actual, es la de su desarrollo integral” . La segunda independencia reconoce entre sus tareas impostergables la necesidad de consolidar el desarrollo económico pleno y sustentable, emancipar socialmente y políticamente a las organizaciones libres del pueblo e implica solidificar una cultura nacional y latinoamericana que permita dar el salto científico y tecnológico. Además y cuestión primordial, la segunda emancipación americana tiene que consolidar la soberanía política de los Estados pero - y a diferencia de las independencias del siglo XIX- debe integrar a los gobiernos y a los pueblos del continente en un sistema confederado, cooperativo y solidario. Esta tarea implica conocer los puntos de encuentro y las diferencias de los Modelos de Desarrollo de cada país de América Latina, apuntalando o promoviendo en la agenda de integración la resolución de los intereses globales de la región.
La segunda independencia y la integración regional no son una mera manifestación de deseo intelectual, sino que y por el contrario, son un camino imprescindible para que los pueblos del continente no sean aplastados por los intereses objetivos de las metrópolis imperialistas. Los recursos del tercer mundo son un objetivo económico, político y militar permanente y tomada la decisión por parte de las potencias de apropiarse de los bienes de los Estados del sur de la tierra, es un problema meramente de tiempo, de posibilidad y de circunstancia. La confirmación de la política expansionista y colonial no debe verificarse en torno del debate moral que ella esconde, sino que y por el contrario, se deduce del más elemental análisis histórico. Ya lo estableció claramente Justino O` Farrell cuando afirmó que “las grandes potencias imperiales, bajo el pretexto de desarrollar la “obra civilizadora”, ocultan su verdadera esencia y escamotean a la realidad lo que deben garantizar: su expansión” . Así fue como la ciencia occidental dio un marco de posibilidad concreta a la obra imperialista y la navegación y la técnica para superar distancias, apuntalaron la vocación expansionista europea: la historia del imperialismo fue y sigue siendo, la historia de la tecnología y la innovación puesta al servicio de las potencias expansionistas. Los límites expansionistas del imperialismo los dispone su capacidad industrial, su avance tecnológico y la organización política del pueblo y el gobierno que quieren ocupar: el tope a los intereses objetivos de las potencias está dispuesto por nuestros Modelos de Desarrollo y por la capacidad que dispongamos para alcanzar la integración regional.

La historia reciente de occidente y lamentablemente, lejos de frenar la política expansionista del imperialismo europeo o norteamericano, ha acelerado el proceso de apropiación de los recursos de los otros Estados del planeta . Durante la colonización inicial la población de América Latina fue la mano de obra de Europa que operó la exportación de los recursos naturales. La segunda etapa expansionista europea posterior a las independencias americanas, fue la neocolonial e implicó la apropiación de los mercados para la colocación del trabajo extranjero y la confiscación de la energía y de los recursos naturales. La tercera etapa expansionista neoliberal es el resultado del triunfo político y militar garantizado por las dictaduras y los gobiernos apuntalados por Estados Unidos y su finalidad privilegiada fue cerrar la etapa de las revoluciones nacionalistas y socialistas del tercer mundo. Se trató con esta política y en gran parte de los casos, de obstruir la posibilidad de aplicar Modelos desarrollistas, socialistas y nacionalistas. Una vez obstruida la etapa de liberación y destruida la industria de los países, se promovió una política de integración regional dependiente a los anhelos del capital financiero y monopólico norteamericano y europeo.
En palabras de Methol Ferre para América “Nacemos entonces bajo la hegemonía del Imperio Hispánico, el primero en dar la vuelta al mundo. Pero a Magallanes le siguió el pirata Drake. Y España en su retroceso histórico hace lugar desde la Independencia al predominio del Imperio Británico, que a su vez lo va cediendo al Imperio Yanqui, llegado con el siglo XX y consolidado en la segunda Guerra Mundial. Tres imperios sucesivos signan nuestra historia” .

La aplicación de Modelos de Desarrollo Neoliberales permitió que el imperialismo se apropie de las empresas públicas y privadas de las periferias fruto de la acumulación y el trabajo de los Estados. Paralelamente a la desindustrialización, el neoliberalismo produjo una distribución asimétrica de los recursos entre el capital y el trabajo a favor del primero, sumergiendo en el terrorismo del hambre y la pobreza a gran parte de las organizaciones libres del pueblo de América Latina.

La vertiginosidad de la expoliación del tercer mundo adquirió ribetes trágicos en países como Argentina, Bolivia o Perú, que vieron destruir sus economías, desarticular las legislaciones sociales y privatizar sus empresas fruto de los procesos nacionalistas y desarrollistas. El embate imperialista neoliberal dispuso de los mercados, de los recursos naturales y financieros y de la mano de obra y con esta finalidad, las empresas trasnacionales y el capital financiero se organizaron políticamente a través de los gobiernos de las potencias y los organismos internacionales. A su expansión económica le correspondió una organización política y militar que le otorgó sostén: organizadas sus industrias las potencias se abren paso hacia la conquista de mercados y materias primas por intermedio de las finanzas, la política o la guerra, que son sólo medios para alcanzar sus fines. Las potencias no tienen ética, sus leyes escritas son sólo eso y la política, el terrorismo económico o la guerra y el exterminio de pueblos o de líderes populares , son decisiones circunstanciales de una misma codicia: la ganancia de sus capitales y el crecimiento de sus naciones.

Los países cuando amplían su estructura industrial y productiva, se proyectan en el plano político y cultural haciendo de su visión del mundo, un modelo de esquema mental distorsionado que exportan con la finalidad de que sea asimilado por las periferias: una de sus manifestaciones es la exportación de Modelos de Desarrollo y de Integración para América Latina. El pensamiento de las potencias es apropiado de forma deformada por los intelectuales y los políticos de los Estados subdesarrollados, que a través de este acto de sometimiento mental, planifican y justifican las políticas antinacionales sobre su pueblo y cavan las tumbas en donde enterrarse como miembros de un país subyugado. La justificación de los proyectos antinacionales que no pueden garantizar los fusiles, los aviones o las cancillerías, los ejecutan las instituciones educativas, culturales y periodísticas del aparato de la colonización pedagógica, que es planificado en las metrópolis y ejecutado por sus operadores internos en los Estados dependientes. Frente a este panorama, las organizaciones libres del pueblo y sus intelectuales enfrentan una batalla política y cultural por la supervivencia nacional y regional de América Latina. No existe emancipación social sin autonomía política, sin independencia económica y sin soberanía cultural y estos aspectos fundamentales de un Modelo de Desarrollo, no se consolidan sin integrar la región latinoamericana para poner tope a los intereses expansionistas del imperialismo.

En este cuadro, es que introducimos el debate sobre los Modelos de Desarrollo y su relación con la integración regional, ya que consideramos que de la realización o la obstrucción de ambos, se define parte importante de la viabilidad social, cultural, económica y política de América Latina.

Objetivos
El presente documento tiene como objetivo central analizar la relación existente entre los Modelos de Desarrollo y los tipos de integración en América Latina actual. Con dicha finalidad, vamos a tomar como casos de análisis las experiencias nacionales de Brasil y de Argentina, por un lado; y los casos de Cuba y Venezuela por otro. La elección de los países no es aleatoria sino que responde a que los Estados de Argentina y del Brasil conforman uno de los polos de integración con características y perspectivas propias y diferenciadas. Asimismo ocurre con Venezuela y con Cuba que conforman un modelo de integración que y tal cual veremos, reposa en su Modelo de Desarrollo particular.

Para alcanzar los objetivos establecidos el documento introduce una definición de los conceptos utilizados como el de Modelo de Desarrollo, nación, oligarquía, geopolítica, pueblo e integración regional. Con dichas categorías abordaremos un breve análisis de las experiencias nacionales identificando los cruces entre Modelos de Desarrollo y los tipos de Integración. Asimismo y a modo explicativo, mencionaremos un conjunto de HIPÓTESIS que articulan las relaciones entre los conceptos y que manifiestan nuestro punto de vista sobre las relaciones históricas, actuales y futuras entre los Modelos de Desarrollo y la integración regional.

domingo, 19 de septiembre de 2010

La Matanza de Napalpí: crónica de un genocidio por Maximiliano Molocznik


La Matanza de Napalpí: crónica de un genocidio

Por: Maximiliano Molocznik

“Para fingir gratitud podrá alzarse cualquier monumento al indio en una plaza pública de la capital federal y hasta cantársele loas, pero, en la realidad de la vida, se le explota, humilla, expulsa y mata”
El Heraldo del Norte, 27 de Junio de 1925

El 19 de Julio de 1924 fue un día aciago para la historia de los pueblos originarios en nuestro país. Esta matanza fue la respuesta del poder político al primer movimiento agrario reivindicativo aborigen de la historia contemporánea argentina.
En los primeros días de julio de 1924 comenzó a gestarse un movimiento de resistencia integrado por cerca de 800 aborígenes tobas y mocovíes que deseaban llevar adelante la primera y única huelga agrícola indígena de nuestra historia. Se negaban a participar de la cosecha algodonera de ese año por estar hartos de cobrar jornales muy inferiores a los del resto del país. La situación ya se venía caldeando desde fines de 1923, cuando se produjo “el crimen del cuchillo”, un asesinato horrible de indios en los lejanos parajes de El Cuchillo en el departamento salteño de Rivadavia, limítrofe con el territorio nacional del Chaco que nunca fue aclarado.
El movimiento se extendió rápidamente a otras comunidades indígenas y etnias del Chaco. Sus reclamos eran muy claros: mejores condiciones de trabajo, pago en pesos y no en vales por sus tareas, y fin a la ocupación ilegal que los blancos hacían de sus tierras. También denunciaron los atropellos y vejaciones que venían sufriendo desde fines del siglo XIX con la anuencia y distracción de las autoridades civiles y militares.
Frente a la dimensión del movimiento, una delegación de caciques presidida por Pedro Maidana intenta viajar a la ciudad de Resistencia para plantear formalmente sus reivindicaciones. No lo logran. Son detenidos a la altura de la localidad de Quitilipi, a poco más de cien kilómetros de la capital del Chaco, debiendo volver otra vez a la reducción. Cuando corre la información del fracaso de Maidana, los indígenas comienzan a autoorganizarse para emigrar a las provincias de Salta y Jujuy a trabajar en los ingenios azucareros. El gobernador nombrado por el gobierno federal, Fernando Centeno, les prohíbe la salida del territorio. El carácter pacífico del movimiento permitió que se sumaran los hacheros criollos de origen correntino –serán también brutalmente asesinados en Napalpí- y los cosecheros de origen santiagueño. Frente a la cohesión, a la predisposición a la lucha y al abandono de los campos, comenzaron a levantarse las voces de los poderosos de siempre: terratenientes, gerentes de las multinacionales extranjeras y concesionistas obrajeros. Los “desesperados terratenientes” Walter Kaussel, Juan Retamozo y Luis Fernández, lloraban sus penas ante el gobernador por la falta de cosecheros para explotar. Denunciaban pérdidas millonarias al no poder levantar sus cosechas, sembrar o talar los montes. Piden al gobierno de Chaco que adopte una postura firme para “escarmentar a los que dan el mal ejemplo”.
La situación comienza a repicar en Buenos Aires y obliga el 12 de julio a Eduardo Elordi, titular de la Secretaría de Territorios del Ministerio del Interior de la Nación, a viajar urgentemente a Chaco a negociar con los caciques. Estos, para ese momento, ya se habían concentrado en Napalpí. Nunca se supo de qué hablaron los caciques rebeldes y el funcionario nacional. Lo cierto es que la reunión fracasa frente a la intransigencia absoluta del gobernador Centeno, quien no está dispuesto a aceptar ninguna de las reivindicaciones solicitadas. Inicia un raid por los medios, preparando el clima de la futura represión al hablar de “sublevación”, “peligro indio” y “malón que se avecina”.Colaboran con él, en la instalación de la paranoia, los terratenientes. El periódico “La Voz del Chaco” informa que “todos los campos quedaron deshabitados desde Quitilipi a Fortín Aguilar (…)en la estancia de los señores Von Rentzell y Jorge Kessel se construyeron trincheras sistema alemán, en toda forma, tendiendo redes de alambre de púa alrededor de las casas y con bolsas de tierra y algodón para parapetos de tiro”. Centeno, no conforme con esto, reclama la llegada de tropas del ejército para “sofocar la sublevación”. Frente a la negativa de las autoridades militares a intervenir, ordena a la tercera división militar “tener tropas listas para cualquier emergencia”.
El 16 de julio sale de Resistencia hacia Machagai el comisario Sáenz Loza junto a cuarenta policías nacionales cuya misión era reforzar la concentración policial ya existente en la zona. Sáenz Loza no era un desconocido para los indígenas, su fama de siniestro torturador lo acompañaba desde hacía largo tiempo. Un testimonio de la época dice de él: “…ni siquiera sabía firmar. Dibujaba la firma y era temido por propios y extraños por su brutalidad con quien se le metía entre ceja y ceja. Hacía gala de sus contactos políticos en Resistencia. Después de Napalpí exhibía con orgullo en su despacho un frasco grande de vidrio donde conservaba en alcohol orejas de aborígenes de aquella ‘batalla’”.
El 18 de julio de 1924 Centeno, alegando una supuesta desprotección de colonos blancos y el peligro de un malón indígena, ordena la represión. Es importante aclarar que ni los tobas ni los mocovíes eran pueblos “salvajes dedicados al pillaje” ni realizaban “saqueos o raptos de mujeres” como decía el poder político local.
En la madrugada del 19 de julio comienza el genocidio. Los efectivos dispuestos por el gobernador rodean la zona “para que nadie escape”. A las nueve de la mañana, para sacarlos de la espesura del monte, les arrojaron una sustancia química que produjo el incendio de la toldería y del monte que los protegía. Esta acción fue realizada por el sargento Emilio Esquivel, acompañado por el civil Juan Browis desde un avión biplano, propiedad de la Escuela de Aviación del Aeroclub Chaco. No hubo resistencia. Cuando comenzaron a salir desesperados del monte por el fuego los niños, ancianos, mujeres y hombres adultos, desarmados y con las manos en alto, comenzó la masacre. Les dispararon tanto de la tierra como desde el aire. “Las descargas de fusiles Mauser y Winchester de los 130 efectivos comenzaron cuando dieron la orden el comisario Sáenz Loza y su lugarteniente, el comisario de Quitilipi José B. Machado. Se dispararon más de cinco mil cartuchos en menos de dos horas, sin previo aviso. Mataron a todos los que pudieron, porque se quedaron sin municiones. Entonces, a los muertos y a los heridos todavía con algún hilo de vida los degollaban a sablazos, como trofeos de guerra, les cortaron a machetazos las orejas, los testículos y penes a los hombres y los pechos a las mujeres. Aun vivo, también a machetazos, caparon al líder de la huelga que se había entregado prisionero. Al cacique Pedro Maidana se le había prometido que se le iba a respetar la vida. Fue empalado junto con sus dos hijos, José y Marcelino. El mismo destino corrieron otros líderes de la huelga. Los colocaron por sus esfínteres, atravesados por grandes estacas, con los cuerpos todavía moviéndose a la entrada de la toldería que seguía incendiándose. Se salvaron de este salvajismo los correntinos y santiagueños, que sólo fueron degollados”. Hasta el día de hoy, cuenta la tradición toba, que en las noches de tormenta se pueden sentir en los montes los gritos desesperados de dolor de aquellas víctimas. Sin embargo, no todo terminó aquí. Las persecuciones y asesinatos se prolongaron por más de tres meses. Las mujeres jóvenes que tuvieron la “suerte” de no ser masacradas de entrada, fueron violadas y abusadas reiteradamente para “solaz de la soldadesca” y, luego, también fueron asesinadas. La orden era clara: no debía quedar ningún testigo aborigen.
Los enterramientos fueron tan perversos como la masacre. Una gran parte de los muertos fue enterrada en grandes fosas comunes allí mismo; algunos heridos todavía estaban vivos. Treinta y ocho prisioneros cavaron las fosas. Luego de esta tarea fueron degollados allí mismo, según lo relata el prestigioso historiador chaqueño Carlos López Piacentini. Los que no tuvieron la “suerte” de tener una sepultura fueron amontonados en enormes piras, rociadas con querosene y alquitrán. Se les prendió fuego y ardieron por varios días. El hedor y el humo de la carne quemada se extendió por varias leguas. Las fuerzas de seguridad habían hecho bien su trabajo, no quedó ninguno de los que “dan el mal ejemplo”.
En Buenos Aires, muy poca gente se enteró de este hecho. Los grandes medios lo ignoraron o, en su defecto, publicaron la noticia apoyando la represión. Así, vemos que el Diario La Prensa, por ejemplo, titula el día 20 de Julio de 1924: “Alzamiento de indios en el territorio chaqueño”. Es importante indicar que el país se encontraba en democracia pero, evidentemente, el presidente Alvear estaba más preocupado por atraer a los inversores extranjeros y por proseguir los últimos años de la Belle Epoque, que por esta masacre. Sólo unas pocas voces se alzaron para denunciar esta situación. La que tomó estado público fue la realizada por Enrique Lynch Arribálzaga, ex director de la Reducción de Napalpí, quien el 24 de agosto de 1924 ante el Congreso Nacional habló de “una verdadera carnicería humana”. La segunda fue el informe de la Comisión Honoraria para la protección de los indios, redactado por Lorenzo Galíndez, Ramón Pardal y J. Bialet Masse que resulta esclarecedor para comprender el nivel de explotación al que eran sometidos los indígenas: “Tenemos establecimientos de empresas particulares donde el indio trabaja de sol a sol, sin descanso, mal alimentado, casi desnudos, viviendo en huetes hechas con paja, llenas de piojos y donde se producen las más grandes enfermedades infecciosas. Los indios están directamente bajo la acción de un tratante que los contrata y maneja como bestias y que después de haberlos hecho trabajar todo lo necesario, terminada la zafra, los despide, dándoles unos trapos viejos, algún animal doméstico que ya no sirve y algunas moneditas”.
La Matanza de Napalpí fue un verdadero ejemplo de terrorismo de Estado que merece nuestro más profundo repudio, no solamente por el dolor infringido sino también por la impunidad que gozaron y gozan sus culpables. Cabría preguntarse, entonces, por qué nuestros juristas, tan apegados siempre a las formalidades de la Ley no han declarado aún este hecho como un Crimen de Lesa Humanidad.

Fuente:

Vidal, Mario: “Napalpí, la herida abierta”, Resistencia, Editorial Región, 1998.

Enrique González Tuñon, un poeta entre la ciudad “culta” y la ciudad “rea” por Maximiliano Molocznik


Enrique González Tuñon, un poeta entre la ciudad “culta” y la ciudad “rea”

Por Maximiliano Molocznik


La vida y la obra de Enrique González Tuñon se ha visto a menudo opacada por la labor poética y militante de su hermano Raúl. Sin embargo, sus aportes al periodismo, su cuentística y sus novelas, lo colocan como uno de los mejores escritores argentinos del siglo XX.
Con esta semblanza intentaremos no sólo hacerle justicia histórica sino posar nuestra mirada en el intenso período de las letras argentinas que va desde el auge de las vanguardias, en los años 20, al nacimiento del arte revolucionario en los años 30.
Nació en BsAs el 10 de marzo de 1901, en el barrio de Once. Fue uno de los más destacados representantes de la bohemia porteña de los años 20.
Un verdadero autodidacta según cuenta su hermano Raúl: “Mi hermano leía ávida y desordenadamente, como yo, desde la niñez. Citaba a menudo a Quevedo, el de El Buscón, a Dickens, Chéjov, Bret Harte, Gorki, el Payró de El casamiento de Laucha, y a Ángel Ganivet, Lord Dunsany, Charles Louis Philippe, Rafael Barret, Mansfield, Zola (…) Manejó el idioma madre plena y hermosamente cuando fue necesario, más detestaba a los cursis que pretenden abolir el uso del che y el vos, hasta en el íntimo dialecto de lo familiar. Con igual señorío utilizó las derivaciones populares porteñas en la lengua”.
Su labor periodística, en la que fue reconocido como un verdadero renovador del estilo, se inició en el semanario El Noticiero, en la Revista Caras y Caretas y, a partir de 1924, con sus colaboraciones en las revistas Proa y Martín Fierro. Estas publicaciones agrupaban por aquellos años a la “vanguardia criolla” integrada por Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal y Oliverio Girando, entre otros.
Raúl Gonzalez Tuñon recuerda de este modo ese período: “En 1922 comenzó Enrique su carrera periodística en un semanario llamado El Noticiero. En 1923 colaboró, y yo también, en la revista literaria Inicial, y en la popular Caras y Caretas. Al siguiente año adherimos al movimiento Martinfierrista, o de Florida, colaborando en el hoy legendario periódico Martín Fierro, en la revista Proa, de Ricardo Güiraldes. Aquí publicó Enrique sus notables imágenes de Brújula de Bolsillo, y en el periódico sus epitafios fueron los más mordaces durante la guerrilla literaria”.
Su obra resulta difícil de clasificar ya que, a pesar de participar -como decíamos- en el grupo de Florida, su anarquismo romántico y el sesgo proletarizante de sus escritos parecen orientar más su obra en el sentido de la espiritualidad de Boedo. Algunos críticos literarios proponen ubicarlo en una suerte de “zona intermedia” entre ambos grupos.
Su primer libro, Tangos (1926), surge a partir de su convencimiento de que este género musical es la “representación genuina del alma popular y la expresión musical del pueblo argentino”.
Este libro surge a partir de la escritura de sus notas semanales en el Diario Crítica, en el que trabajará desde 1925 hasta 1931.
La afición por el “universo tanguero” -dice Silvia Saítta- “ya había sido absorbida por el diario dentro de la crónica roja, la página del turf o como hecho periodístico desde 1915, por ejemplo, las notas de Felipe Fernández, Yacaré, o los retratos de músicos y bandoneonístas para cubrirlas; pero el tango desembarca a toda página en una sección especial a cargo de Enrique González Tuñon. La primera aparición sale el 4 de junio de 1925 y su frecuencia era semanal, aparecía el día sábado y presentaba en forma casi excluyente la reproducción de la letra de un tango y un relato sobre ella al que luego se lo llamó “glosa”. Pero la iniciativa de Crítica no se detiene ahí. En julio de ese mismo año comienza a organizar concursos y bailes de tango combinando estrategias de divulgación y difusión que apuntan a llegar a más público y a aumentar sus ventas. En su afán por ganar mercados no teme caer en contradicciones: la apuesta del diario es la de convocar a toda la familia e instalar una imagen decente de una danza considerada por algunos como “demasiado” sensual, amenazante; por otro parte, los textos de González Tuñon, simultáneos con estas operaciones de prensa, proponen una lectura que privilegiará “el origen prostibulario del tango, el arrabal malevo, sede del delito, el juego o el crimen”.
Su conocimiento de la ciudad, su apuesta por la “nueva sensibilidad”, su erudición tanguera y su rol de intelectual que, desde la vanguardia, analiza las complejas relaciones entre modernidad y tradición, hacen que Enrique se transforme en uno de los periodistas preferidos de Natalio Botana, el dueño de Crítica.
Tangos es cálidamente recibido por Nicolás Olivari y por su amigo Conrado Nalé Roxlo y duramente criticado por Borges.
Ricardo Güiraldes le envía, en septiembre de 1926, una elogiosa carta en la que le dice: “Por mi parte, he compartido durante casi todo su libro, sus dolores, sus compadradas, sus anhelos de figuración en los anales de policía, que dan cartabón de capacidad maleva. Hacer querer, simpatizar o simplemente comprender a un tipo humano, de cualquier calaña que sea, es obra a mi entender más caritativa que las falsas piedades y las pretenciosas obras de criminalistas”. Luego de felicitarlo por la calidad de las descripciones, las biografías y las escenas, concluye: “Tangos tenía que ser así. Prueba de ello es que deja una marcada impresión después de su lectura y propone asimismo un interrogante sobre el lunfardo. Por mi parte digo: existe y, aunque todavía deficiente, es expresivo, curioso y pintoresco en el dolor como pocos”.
En 1927 Manuel Gleizer- en sus ya míticas ediciones artesanales- publica su segundo libro, El alma de las cosas inanimadas y al año siguiente, La rueda del molino mal pintado, muy elogiado por Roberto Arlt en sus aguafuertes porteñas del Diario El Mundo. Ambos eran libros de cuentos. El primero es, básicamente, una antología del grotesco con textos que, como diría Discepolín “producen tanto dolor que hacen reír”. En el segundo, en cambio, nos muestra el proceso que lleva a los hombres que viven la crisis económica de los años 30 de la honradez a la “caída” en la ilegalidad. Sus personajes no son delincuentes ni “mal intencionados” son-al igual que las prostitutas de Evaristo Carriego-sectores de clase media “caídos del mapa”. Estos cuentos son la crónica de la vida de una franja social que, a pesar de que coquetea con lo que está fuera de la ley, no abandona los valores morales que rigen a la sociedad. Son “malandrines” a los que, en un punto, el lector termina queriendo y deseando que les vaya bien.
Como vemos, entonces, gran parte de su obra literaria tiene relación directa con su participación en publicaciones periodísticas.
En 1930 publica-en edición del autor, de tirada reducida-Apología del hombre santo, extenso poema en prosa sobre la vida y la muerte de Ricardo Güiraldes.
En 1931, ya escribe en Noticias Gráficas y en el suplemento literario del diario La Nación. En 1932 publica las novelas El Tirano y La Cruz del Círculo.
El Tirano, editada durante el gobierno fascistoide del general Uriburu, puede leerse tanto como una mordaz crítica a las actitudes de “von pepe”-como llamaban al dictador-, como un llamado latinoamericano a la paz y al razonamiento.
Ese mismo año aparece su libro más logrado, Camas desde un peso. Allí narra la historia de cinco atorrantes porteños que comparten una pieza en un tugurio miserable llamado “El puchero misterioso” por el módico precio que especifica el título. En este libro se muestra con mucha claridad el impacto que sufren las clases populares por la recesión económica surgida a partir de la crisis del 30: “El mundo es un desierto. Soy un hombrecillo anónimo, un dolor anónimo en la inconmensurable superficie de la tierra. Quisiera llamar a mi madre para que me diera su caricia y levanto al cielo la mirada. ¿En cuál estrella se habrá asomado para proteger mis pasos? Indalecio me toma del brazo y me dice: -Tristeza, tristeza, tristeza, amigo mío. No tengo un cobre. No tengo a quién pedir un cobre. He agotado todos los recursos. Desde hace ocho días me alimento con café con leche recalentada. He digerido ya mi honestidad. Pienso que después de todo soy un hombre liberado; un hombre que arrojó por la ventanilla de su desván de miseria el lastre inútil de la honestidad”.
Al igual que en los tangos de Enrique Santos Discépolo, Gonzalez Tuñon se lamenta de la pérdida de los valores de antaño que hacían de la sociedad un ámbito más igualitario: “Al fin de cuentas, ¿qué es un hombre honesto? Un fabricante que explota a cientos de obreros, paga impuestos cuando no puede eludirlos con una coima, cumple con las reglamentaciones legales, engorda, cohabita con libreta de
registro civil, educa a sus hijos en la misma escuela, come con voluptuosidad animal, ocupa su butaca en el teatro, se deleita con la música empalagosa, eructa y se duerme pacíficamente, es un hombre honesto.
El empleado que acepta su situación de síbito, escala puestos, es el perfecto alcahuete del amo, vende a sus compañeros por mucho menos de treinta dineros, obedece al horario, goza su licencia, fabrica hijos y se pavonea con la mujer preñada, es un hombre honesto y, además, un hombre que mira por su porvenir.
El funcionario que usufructúa una posición holgada conquistada horizontalmente, horizontalmente por su cónyuge; el canalla político que alienta aspiraciones de inmortalidad, son señores honestos. Estoy harto de la honestidad. Harto de las personas honestas. Asqueado de la mediocridad con dos patas. El abdomen burgués me produce asco. Me indigna la injuria de esa bestia que se nutre junto a la vidriera del restaurant abofeteando a la miseria que pasa. La imparcialidad me revienta e igual me acontece con la vida normal. ¿Qué es la vida normal? Vivir sin una aspiración, vegetar pasivamente. No tener jamás un sueño luminoso ni alumbrar la oscura existencia con un rayo de locura. ¿Para qué quiero cien años de vida normal?. La rabia se transforma en lástima y compadezco a esas pobres criaturas normales que quedan bien con todo el mundo. Con la ley y con Dios. Para obtener su asiento en el Paraíso les basta con la señal de la cruz, bajo las abrigadas cobijas, en compadecer a los desdichados que se mueren de frío en los umbrales inhóspitos”.
Conocía la ciudad de BsAs como la palma de su mano, recorrió sus márgenes geográficos y sociales quedándose en los “bajos fondos”, lugares a donde la mayoría de la gente no quería ir y de donde otros muchos, no podían salir.
Esto lo transformó en un verdadero mediador entre la “ciudad culta” y la “ciudad rea”. Buscó con el alma a esos seres castigados por la indiferencia de los “saciados” y la “soberbia de los bacanes”, a esos seres tristes y desamparados que se mueven en ambientes de miseria y sordidez: “No tengo un cobre. No tengo honestidad. La he regalado al mundo. Venga en buena hora la locura, la ardiente locura de un sueño que será mi eternidad. Comprendo al individuo estrafalario que vivaba a los faroles encaramado en un poste telegráfico, pues de cada farol un día no lejano será necesario colgar un canalla. He llegado al hotel. En la puerta recórtanse las figuras de los facinerosos. Al acercarme me observan con minuciosidad de policías y en el instante de transponer el umbral uno de ellos musita: -Parece un chorro. Voy subiendo la escalera del hotel y el edificio me pesa sobre el alma. Por primera vez cuento peldaños. Son sesenta y cada uno se empina en mi orfandad. En el “hall” descubro a un amigo de otros tiempos y siento que me mortificaría si supiera que todas las noches duermo allí, porque me humillaría con sonreír compasivo. Y en el momento en que me decido a explicarle que he perdido el tren -un tren cualquiera que pudiera llevarme a un hogar- el hombre del hall descubre mi intención y no me da tiempo a mentir. Con sorna, seguro de que me está haciendo daño, deja caer estas palabras: -Amigo, hoy no hay cama para usted. Ni de un peso, ni de un peso cincuenta. “… de cerca nadie es normal…”
Son también de esta época Las sombras y la lombriz solitaria y El cielo está lejos, ambas de 1933. Su último libro, La calle de los sueños perdidos, producto de una recopilación de sus trabajos en el diario El Mundo-con el que colaboraba desde 1935-, es de 1941.
Escribe también tres obras de teatro: El reloj (1938), La borrasca y La mujer y El leopardo las dos estrenadas en 1942.
Cabe destacar también tanto su labor como guionista de cine con Mañana me suicido (1942) y Pasión imposible (1943), como su labor de compositor de tangos.
Entre los más importantes podemos mencionar Pa’l cambalache, escrito junto a Rafael Rossi y grabado en 1929 por Carlos Gardel y, en colaboración con Nicolás Olivari, Tengo apuro (1927). También escribió numerosas piezas teatrales, sainetes y folletines.
Al igual que su hermano fue un fervoroso defensor de la causa de la España republicana contra el Fascismo en la trágica Guerra Civil Española.
Sobre los momentos previos a su muerte contamos con el testimonio de quien más lo amó y acompañó en sus aventuras: su hermano Raúl, quien recuerda: “Tengo presente nuestro último encuentro en Mendoza, a comienzos de 1943. Enrique venía de Cosquín y yo de Santiago de Chile, donde residía desde el año 40.
Enrique estaba esperándome en el aeródromo y al descender yo del avión no perdió la oportunidad de decir algo que rompiera la tierna solemnidad del instante del abrazo: “Estamos como Roosevelt y Stalin…”. Lo hallé febril, agotado. Varias veces había vencido su mal, viajaba a la paz de su luminosa casa de Cosquín, al aire puro. Me pareció que estaba como apurando a la muerte. Le rogué que se cuidara, que no hiciera tonterías. No lo vi más. Recuerdo su mano espléndida dibujando un ademán náufrago en el vacío, y caer sobre el pecho como un pájaro herido. Sí, sí, Enrique, en este largo viaje hacia la verdad que es la vida estamos rodeados de zonas desconocidas, de lo que generalmente llamamos misterio por comodidad o ignorancia, y debe ser algo muy real (…) un día, en el muro de la casa del barrio donde nacimos, mejor dicho, en la pared de un feo edificio sin historia que ahora se alza allí, sin el patio, sin el níspero, podrán leerse estas palabras grabadas en el bronce: En este sitio estaba situada la casa de la infancia de Enrique González Tuñon, el más porteño de los cronistas de Buenos Aires (…) No era un general, no era un primer ministro, pero era un artista, era un poeta, tenía la llave de la calle. ¡Salúdenlo!”.
Su obra, ignorada por los “mandarines” de la cultura oficial, ha sido sometida a un injusto silencio. Prácticamente ausente de las grandes obras de referencias literarias, ignorado por muchas de las grandes antologías de narrativas, este autor de nueve libros-hoy casi inhallables ya que en su mayoría tuvieron sólo primeras ediciones- es un verdadero “maldito”.
Escribe, en 1932: “Me apena el hombre que no se equivoca. Seguiré equivocándome el resto de mis días. Que no me hable nadie de experiencia. Alguien dijo que la experiencia es una forma de cobardía. El único camino no equivocado del hombre es el camino de la belleza”.
Más de una vez suspiró: "Cuando yo muera, no planten un sauce en mi tumba; planten una máquina de escribir".
Este gran cronista y narrador, verdadero representante de la cultura nacional y popular, muere víctima de la tuberculosis en Cosquín, provincia de Córdoba, el 9 de mayo de 1943.

Fuentes:
Saítta, Silvia: Enrique González Tuñon, cartógrafo espiritual de Buenos Aires. Material del Seminario de orientación en las Poéticas y Culturas del Siglo XX: “Buenos Aires de papel: representaciones urbanas en la literatura argentina del siglo veinte (1900-1950)” UBA, Facultad de Filosofía y Letras, Maestría en Literaturas española y latinoamericana, 2004.
Saítta, Silvia: Regueros de tinta. El diario Crítica en la década de 1920, Buenos Aires, Sudamericana, 1998.
Tiempo, César en: “Cómo conocí a Enrique González Tuñon”, prólogo de Camas desde un peso, Rosario, Ameghino, 1998.
Revista La Maga, 3.6.1992.
Suplemento Cultura y Nación, Diario Clarín, BsAs, jueves 7 de Febrero de 1980.

















































































Enrique del Valle Iberlucea, primer senador socialista de América por Maximiliano Molocznik



Enrique del Valle Iberlucea, primer senador socialista de América

Por: Maximiliano Molocznik


Abogado, político, periodista e historiador nacido en 1877. Fue un hombre muy importante surgido de las filas del Partido Socialista. Olvidado por muchos, ignorado por otros, se transformó con su coherencia, su ética y su opción política e ideológica por el marxismo en el primer senador socialista de América.
Su figura, indudablemente aportativa a la causa de la justicia social a partir de su trabajo parlamentario, se complementa con una fervorosa adhesión internacionalista al “fantasma rojo”, a partir de 1917, en una actitud que lo distingue de sus camaradas partidarios, casi todos reformistas, y adherentes a los postulados de la II Internacional. Nació en Castro Urdiales, provincia de Santander, España, el 18 de Abril de 1877. Hijo del pescador Epifanio del Valle y de María Iberlucea. El matrimonio decidió exiliarse en la Argentina en 1885, buscando seguridad y un clima más propicio para su hijo. Las ideas liberales y republicanas de Don Epifanio se estrellaron contra la falta de libertad y las persecuciones que se suceden tras el fracaso de la primera república desatadas por la represión alfonsina.
En 1886 se instalan en Rosario, que será para él una referencia ineludible en el futuro, tanto para su vida política como para su vida personal. Allí conocerá a la joven María Luisa Curutchet con la que se casará en 1905.
Su primera socialización política se realiza en esta ciudad al calor de la revoluciones de 1890 y 1893, en las que participa activamente no obstante su juventud. En 1894, siendo estudiante del Colegio Nacional, funda el periódico “Fiat Lux” y, en 1895, colaborando activamente con un grupo de emigrados alemanes, funda un centro socialista.
En 1896 forma parte de “La Revista”, publicación teórico-política que desarrolla una intensa campaña de agitación liberal. En su primera formación cumple un papel muy destacado el ingeniero Eduardo de la Barra, quien lo orienta con claridad hacia un pensamiento liberal pero con tintes socializantes.
El 12 de Octubre de 1894 realiza su primer ejercicio de retórica política: un discurso escolar, a propósito del descubrimiento de América. Con apenas diecisiete años y una voz clara y vibrante, se expresa el futuro senador sobre el destino de América.
Los tópicos de su discurso están aún orientados hacia el liberalismo de su primera formación, aunque se presenta como un fervoroso americanista destacando la obra del General San Martín, en tanto artífice de la unidad latinoamericana.
Hace también, por esos años, su primera experiencia en el periodismo trabajando en el diario La Capital. En 1896 se radica en Bs. As. donde se doctora en jurisprudencia con diploma de honor en 1901.
Siendo estudiante del tercer año de derecho, en 1899, constituye el “Centro de Antropología y Sociología criminal”, que tendrá a su cargo coordinar las célebres charlas dictadas en Bs. As. por el criminalista Pedro Gori. Ese mismo año pronuncia una importante conferencia denominada “Sobre el colectivismo integral”, en la que adhiere expresamente al socialismo, todavía según los parámetros del Partido Socialista: evolucionista, reformista y parlamentario.
Alumno destacado y laborioso, ponderado por sus profesores se transformó, ya desde joven, en un prolífico escritor. Su primer trabajo data de 1901 y se denomina “Derecho Político”. En él, aún imbuido en los valores del positivismo evolucionista, realiza una crítica demoledora en la que caracteriza como ineficaz la “clase dirigente” polemizando contra los argumentos que expone Juan Agustín García en su “Introducción al estudio del derecho”.
Ese mismo año publica también “Derecho Procesal Internacional” que será luego publicado, en un folleto de ochenta páginas, por el Centro Jurídico de Ciencias Sociales en 1902. En ese año obtiene su carta de ciudadanía y presenta su tesis de doctorado llamada “El procedimiento judicial en el Derecho Internacional”.
Publica, también, dos importantes trabajos: “Fundamentos científicos del divorcio” y “Teoría materialista de la Historia”. A partir de 1905 fija su atención sobre cuestiones constitucionales, en especial sobre el problema de la división de poderes, sobre la que realizará, también amplias publicaciones.
De esta, su primera etapa de producción intelectual, destacamos su conferencia de 1907 sobre “Teoría materialista de la Historia” dictada en la biblioteca de la Universidad Nacional de la Plata. En ella realiza interesantes aportes aunque lee, y lo seguirá haciendo hasta 1917, esta teoría con el criterio etapista, evolucionista y demo liberal propio de Partido Socialista.
Aún así ya comienza a evidenciar una tensión entre el determinismo materialista opuesto a la acción del hombre y los instrumentos de trabajo mediante los cuales este modifica el entorno natural. Es importante recordar que Del Valle estaba formado en los cánones “ortodoxos” de la II Internacional, a diferencia de su compañero Juan .B. Justo que se ubicaba más en la línea del revisionismo bernsteiniano.
Otro trabajo clave de esta etapa es el ensayo “Industrialismo y Socialismo en la República Argentina” (1909). Allí analiza el desarrollo capitalista de nuestro país y responde a los que considera “críticos superficiales del socialismo argentino” como Enrico Ferri que, al visitar BsAs en 1908, le negó carácter de socialista al partido argentino.
Del Valle supera también dialécticamente la polémica Justo-Ferri sobre el carácter colonial de la Argentina al caracterizarla, con gran lucidez, como un país semicolonial siguiendo las conceptualizaciones de Lenin en el “Imperialismo, etapa superior del capitalismo”. Desde la adscripción al socialismo internacional realiza notables aportes a la divulgación cultural fundando, en diciembre de 1908, la Revista Socialista Internacional, que se publica durante diez años. Revisando atentamente los doce tomos de la colección podemos ver una gran vocación educadora, una conmovedora tarea de socialización de la cultura socialista e infinidad de ciclos culturales y conferencias.
La Revista cambia de nombre en Enero de 1910 pasándose a llamar “Humanidad Nueva” y cuenta con la colaboración de importantes plumas marxistas del continente como la de Emilio Frugoni. En 1912 dicta, a pedido del rector del Colegio Central Enrique de Vedia, una memorable conferencia llamada “Laboremus” en el salón Mariano Moreno que lo encuentra fervorosamente convencido de la defensa de la dignidad del trabajador y de la importancia de la educación como pilar de la prosperidad.
Esta centralidad del concepto de trabajo ya se había hecho presente en 1911, en ”La doctrina histórica de Marx” donde el futuro senador postula la idea de que todo modo de producción está determinado por los instrumentos de trabajo y el medio natural (incluyendo la geografía, el clima y el ambiente telúrico).
Hasta aquí, pese a su aquilatada trayectoria, no se había ganado aún el odio de clase del que sería víctima en los años siguientes. Es con su elección como senador nacional en marzo de 1913, con su honrada participación en los debates parlamentarios luchando por la reglamentación de la ley de trabajo a domicilio, la transparencia de los ejercicios económicos y las reformas para democratizar el Código Penal, que se transformará en blanco de ataque permanente tanto de las fuerzas de la reacción como de los radicales.
A partir de 1914 y hasta su muerte transcurren los años más intensos de su vida. Es importante recordar que el desencadenamiento de la conflagración mundial había abierto, en el seno del Partido Socialista, un intenso debate sobre la actitud a asumir en el conflicto.
Este debate era un reflejo de lo que sucedía en Europa al conocerse la desición de los diputados alemanes pertenecientes a la II Internacional de votar los créditos de guerra. Iberlucea se muestra proclive a los aliados, destacando la afrenta recibida por la Argentina con el hundimiento de los barcos Monte Protegido y Toro.
Cumple una importante tarea en el congreso socialista de la Haya en 1916 en el cual el Partido Socialista se ponía, formalmente, en una postura antiguerrerista. Aún en febrero de 1917 y teniendo noticias de la revolución democrático-burguesa en Rusia, sigue oponiéndose, con encendidos discursos en el Senado Nacional, al totalitarismo germano y mostrando hasta dónde llegaba su incorrecta posición frente al problema de la guerra.
Este debate interno hará eclosión en el 3º Congreso extraordinario del PS realizado el 28 y 29 de Abril de 1917. Allí Del Valle cierra filas junto a Juan. B. Justo y la conducción aliadófila. Recibe severas críticas de las bases radicalizadas y presenta su renuncia provisional a la dirección del periódico partidario La Vanguardia.
Sin embargo, a pesar de estos errores políticos, seguía con apasionamiento los hechos que se desarrollaban en Rusia. El 23 de Marzo de 1917 pronunció en el Ateneo Popular su célebre conferencia “¿Qué pasa en Rusia?”. En ella utilizó y defendió el concepto de colectivismo y sostuvo que la Revolución Rusa abriría otra etapa de la Historia.
Señaló con gran lucidez que la nueva etapa sería profundamente social en virtud de las tradiciones colectivistas del pueblo ruso.
Se manifestó convencido de que la misma bandera que había flameado en la comuna de París flameaba ahora en la Rusia revolucionaria. Predijo que el proceso ruso se transformaría, por imperio de las circunstancias, en una revolución socialista y profunda.
A partir de aquí es donde lo vemos romper con los grilletes dogmáticos, evolucionistas, reformistas y positivistas del PS y volcarse definitivamente al marxismo historicista, en tanto instrumento de análisis de la realidad y guía de acción política de las masas. Apasionado lector de Lenin vuelve a leer todas las obras clásicas del marxismo ya despojado de las “claves” reformistas sobre las que había construido su primera formación ideológica.
1920 será el año clave del desenvolvimiento de este replanteo ideológico. El 30 de mayo de ese año pronuncia, en el Teatro Nuevo de Bs. As., otra memorable conferencia llamada “La doctrina socialista y los consejos obreros”. En ella traza las grandes líneas políticas y económicas de la doctrina marxista.
Realiza una valoración general de la revolución rusa tanto en su contexto histórico como en su realidad presente y en sus perspectivas de futuro. Critica con dureza a los revisionistas del marxismo y al parlamentarismo burgués. Pondera la vocación internacionalista de sus dirigentes y apoya la dictadura del proletariado y el control obrero de la producción.
Considera indispensable que el Partido Socialista adhiera a la III Internacional, se muestra impaciente e irritado con la poca predisposición de sus compañeros de filas a definirse y cree que esta actitud los llevará a “perder el tren” de la posibilidad revolucionaria en nuestro país.
Está convencido de que tampoco existe contradicción entre la adhesión a la IC y su permanencia en la banca de senador. No cree que haya que “regalar espacios” a la reacción y fundamenta esta postura nada menos que con los argumentos de Lenin en “El Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”.
El 26 de Agosto pronuncia en el Teatro Marconi el discurso “La Revolución triunfará” donde denuncia a la coalición imperialista que amenaza la revolución proletaria.
El 30 de Septiembre vuelve a enaltecer a los soviets y a criticar con dureza al parlamentarismo burgués en su discurso sobre “El Consejo económico del trabajo”. El 28 de octubre publica en el periódico La Hora otro artículo clave: “El seguro contra la desocupación en la Rusia soviética” donde explica la apuesta de los dirigentes bolcheviques por establecer una adecuada asistencia social a los trabajadores asalariados y a los pobres de las ciudades y aldeas.
El 9 de Enero de 1921 se lleva a cabo el IV Congreso Ordinario del PS en Bahía Blanca donde del Valle vuelve a plantear sus críticas radicales a las instituciones burguesas y a proponer la adhesión sin reservas a la III Internacional.
Su férrea defensa del marxismo y de la dictadura del proletariado genera la repulsa del sector reformista del PS.
Increíblemente, luego de su discurso se realiza una denuncia penal en su contra encuadrada en los artículos 19 y 26 de la Ley 7029 -una ley de 1910 conocida como ley de “defensa social”, hermana gemela de otra ley tristemente célebre, la 4144, de 1902 conocida como “Ley de residencia”- que utilizada discrecionalmente por el reaccionario juez Emilio. J. Marenco, deriva en un pedido de desafuero ante la cámara de Senadores. La figura que se esgrime es “delito de opinión”. Absurdo. La burguesía no perdona a sus enemigos de clase.
En las dos sesiones clave de la Cámara, 25 y 26 de Julio, del Valle se defiende con vehemencia de los argumentos esgrimidos contra él por los senadores González, Melo y Garro, quienes logran finalmente, en uno de los tantos episodios vergonzosos de la historia parlamentaria argentina, su destitución.
Esta ignominia termina de mellar su ya debilitada salud. Fallece de una bronco neumonía el 30 de Agosto de 1921, a los 44 años de edad.
Su desaparición genera una enorme congoja en los sectores obreros y populares que ven en su muerte la mano siniestra de la reacción que se había opuesto a todos los proyectos socializantes del senador desde 1913.
Para completar esta semblanza queremos mencionar algunos otros trabajos teóricos de importancia: “Los diputados de Bs. As. en las Cortes de Cádiz” (1912), “Introducción al libro de las colonias orientales del Río Paraguay o de la Plata” (1914) y “El Socialismo Científico” (1914), una interesante polémica con Ives Guyot.
Como críticas le marcaremos, a diferencia de su amigo José Ingenieros, su poca preocupación por la cuestión latinoamericana que lo llevó, muchas veces, a un doctrinarismo genérico sin asiento en los problemas del país y del continente. Este desconocimiento le impidió reutilizar su bolchevismo a pleno frente a las nuevas necesidades locales. Por el contrario, debemos realizar una revalorización de su figura en tanto teórico del marxismo y luchador abnegado.
En el primer aspecto resulta muy interesante su crítica al economicismo histórico y fatalista de Aquiles Loria, su apoyo a Antonio Labriola y su cuestionamiento a la teoría de los factores.
Son muy útiles también sus aportes al estudio de la importancia del fetichismo de la mercancía en “El capital” y la revalorización de Hegel en la herencia de Marx.
Otro tópico interesante es su idea de que reforma legal y revolución no son formas de progreso histórico sino momentos distintos del desarrollo de la sociedad de clases. En el segundo aspecto destacamos su ética inconmovible, su preocupación permanente por los trabajadores y sus luchas y la esperanza que siempre mantuvo sobre la posibilidad de una redención social de las clases subalternas de nuestro país.
Esta lucha lo transformó en un enemigo de la oligarquía política y económica. Fueron sus personeros en el terreno de la cultura quienes lo transformaron en un verdadero “maldito”.

Fuentes:
Solari, Juan Antonio, Enrique del Valle Iberlucea, BsAs, Ediciones Bases, 1972.
Corbiere, Emilio: “El marxismo de Enrique del Valle Iberlucea”, BsAs, CEAL, 1987.
Marianetti, Benito: Enrique del Valle Iberlucea: una honesta conducta frente a la revolución rusa, BsAs, Ediciones Sílaba, 1972.
Del Valle Iberlucea, Enrique, La Revolución Rusa, BsAs, Editorial Claridad, 1934.

Rodolfo Mondolfo: filosofía de la praxis, alienación y humanismo socialista por Maximiliano Molocznik


Rodolfo Mondolfo: filosofía de la praxis, alienación y humanismo socialista

Por: Maximiliano Molocznik

En el pensamiento marxista de nuestro país especialmente en el plano académico ocupa Mondolfo un lugar especial, desde los años cuarenta, como el más importante historiador de la filosofía.
Hombre de una vastísima trayectoria ha sido sometido a un olvido intencionado por los “filósofos oficiales” de la cultura porteña en general y de la UBA en especial, por su adhesión al marxismo.
Convencido de que la filosofía debe entenderse como problematicidad y no como sistema, dedicó toda su vida al estudio del pensamiento griego y del marxismo.
Su apuesta teórica siempre fue la filosofía de la praxis, en la cual el hombre es el sujeto real de todo proceso de conocimiento y, por ende, de práctica, como le enseñara su maestro Antonio Labriola.
Profesor desde muy joven en Padua, Turín y Bolonia alternó su trabajo académico con un fuerte compromiso político. Acosado por el fascismo debió abandonar, en 1938, sus cátedras en la Universidad de Bolonia y emigrar.
Eligió como destino la Argentina a la que llegó en mayo de 1939. Intentó sin éxito incorporarse al plantel docente de la Facultad de Filosofía y Letras, cuya trenza de catedráticos lo rechazó. Sólo el Colegio Libre de Estudios Superiores, institución creada y dirigida -hasta verse obligado al exilio- por Aníbal Ponce, le brindó un espacio de libertad donde supo dictar conferencias magistrales.
Consiguió, luego, trabajo en las universidades del interior que lo recibieron como un verdadero maestro. Enseñó Lengua Griega en la Universidad Nacional de Córdoba entre 1940 y 1947. En 1948 fue designado en la cátedra de Historia de la Filosofía Antigua en la Universidad de Tucumán donde dirigió el Instituto de Filosofía.
De su etapa europea su libro más importante es:”El pensamiento antiguo-Historia de la filosofía grecorromana” (1928). De su producción teórica en la Argentina podemos destacar “El problema del conocimiento desde los presocráticos hasta Aristóteles” (1940), “Sócrates” (1941), “Moralistas griegos. La conciencia moral de Homero a Epicuro” (1941), “La filosofía política en Italia del siglo XIX”, (1942), “El genio helénico y los caracteres de sus creaciones espirituales” (1943), “Rousseau y la conciencia moderna” (1944), “El infinito en el pensamiento de la antigüedad clásica” (1956) y “Heráclito y Parménides” (1965).
Luego de finalizada la segunda guerra mundial recibió muchas propuestas de universidades y centros de estudios en Europa y los EE.UU., que fue desechando una a una, para quedarse a trabajar y a producir en nuestro país, pese al rechazo de la “corporación” porteña.
Apasionado estudioso de Demócrito, Leucipo y Heráclito, consideraba indispensable el estudio de la filosofía jónica como antídoto frente a dogmatismos y sectarismos. Tradujo al castellano la “Ciencia de la Lógica” de Hegel y produjo ensayos y diversos estudios sobre Descartes, Malebranche, Spinoza, Condillac, Tomás Hobbes, Helvetius, Ardigó, Marx, Engels, Feuerbach, Antonio Gramsci, György Lukács, Eric Fromm, Raya Dunayevskaya, y muchos otros. Pese a que no fue historicista reivindicó la figura Giordano Bruno, en tanto hombre comprometido con la transformación de la sociedad. Su impronta humanista le permitió apropiarse, en esa clave, de los manuscritos económico-filosóficos de Marx de 1844. Siempre defendió la idea del marxismo como “brújula” frente a los sectores reformistas del Partido Socialista Italiano.
Surgen de esa polémica con el PSI, según Emilio Corbiere, los tres nudos esenciales del aporte de Mondolfo al marxismo entendido acción transformadora de la realidad:
a. Filosofía de la praxis y materialismo histórico: concepción voluntarista y crítico-práctica de la historia, reconocimiento de la importancia central de la necesidad y del hecho económico en la actividad humana y afirmación de la lucha de clases como llave maestra de todos los procesos históricos.
b. Determinación de la esencia de la sociedad actual como antagonismo de burguesía-proletariado: situación histórica donde la fuerza de trabajo humano se reduce nada más que a mercancía, sujeta a las leyes económicas de la oferta y la demanda.
c. Reconocimiento del despertar espontáneo de esta deshumanización en el proletariado: conciencia de clase, que corresponde a la propaganda despertar más claramente, a la teoría socialista iluminar y a la acción práctica desarrollar, corroborar e intensificar concientemente. Pero ¿qué tiene esto de característico frente a cualquier otra conciencia de clase? poseer una inspiración humana, universalista, y tender a la emancipación no sólo de sí mismo como clase, sino de la humanidad entera más allá de toda división de clases; o es decir, no a la afirmación de un nuevo dominio en lugar del viejo, sino a la liberación universal.
Estaba convencido tanto de las limitaciones del materialismo mecanicista de los enciclopedistas como de la importancia medular del hombre como fuente de creación y transformación en el materialismo histórico y dialéctico.
En el tema del conflicto social consideraba que el mismo se transforma en antagonismo y lucha de clases y ello constituye el modo de las transformaciones históricas de la sociedad. Porque para el marxismo, decía, el conocimiento humano (y la teoría), no son solamente un puro 'reflejo' de la realidad en el cerebro humano, sino que concibe ese conocimiento (y su formulación teórica) como una crítica radical articulada dialécticamente con la praxis.
En los que creemos son sus mejores libros, “Marx y marxismo” (1960) y “El humanismo de Marx” (1964)-donde reunió sus nuevos aportes al estudio del pensamiento socialista, que había iniciado, en 1912, con su célebre obra “El materialismo histórico en Federico Engels”- polemizó con el stalinismo, condenando todas las formas de dictadura, y defendió un marxismo sin dogmas. En 1968 reaparecen sus escritos sobre la Revolución Rusa y las características del régimen soviético bajo el título “Bolchevismo y Capitalismo de Estado”.
Confrontó sus ideas con Gramsci, con quien discrepó, aunque valorando su reflexión sobre la necesidad, que es a la vez exigencia, de que el movimiento de los trabajadores desplegara su propia conciencia de una nueva humanidad y cultura.
Aún hoy, a más de treinta años de su muerte, debemos rescatar su insistencia en que los elementos clave de la filosofía de Marx son el humanismo realista e historicista y el papel de la práctica.
Para él "la dialéctica de la historia es la dialéctica de la praxis humana" y esta sólo se logra a través de un profundo cambio de la conciencia y de la vida espiritual de la sociedad y no simplemente con transformaciones económicas.
También debemos valorarlo como lo que fue: un profundo humanista, tal vez uno de los últimos exponentes renacentistas. Admirado por sus discípulos , entre ellos el gran pensador nacional Juan José Hernández Arregui, respetado por los colegas que supieron ver en él a un verdadero creador, fue un intelectual comprometido con su época y para quien los problemas de la justicia social, la libertad, la ética y la transformación de la sociedad, eran fundamentales.

Fuentes:
Corbiere, Emilio, Rodolfo Mondolfo y la Filosofía de la Praxis, en: Perfiles, BsAs, Argenpress, 2004.
Tarcus, Horacio: Diccionario Biográfico de la Izquierda Argentina, Buenos Aires, Emecé, 2007 (430-433).

La gobernación de Eduardo Duhalde 1991- 1999 El proyecto político que transformó la provincia de Buenos Aires

  Prólogo       Eduardo Duhalde, febrero de 2026 Cuando llegó a mis manos el borrador de este libro, que habla sobre la gestión de gobiern...