domingo, 13 de junio de 2021

¿Y si probamos con un proyecto nacional? El peronismo y la planificación. El progresismo y la “improvisación”

Por Juan Godoy para REVISTA MOVIMIENTO


“Establecida la planificación en tales términos, es posible actuar realmente con la eficiencia necesaria para lograr la mayor parte de la expansión física que el país debe producir año a año. En gran medida, en los últimos lustros, nos hemos manejado con nombres y no con programas; y (…) la política que resultó fue de neto corte liberal”. (Juan Perón, 1974)

 

“sin industrialización no hay independencia económica base de la soberanía nacional (…) Toda industrialización es un intento consciente del país que ejecuta para alcanzar la plena soberanía”. (Juan José Hernández Arregui)

 

Nuestro país ha llegado a niveles exorbitantes de pobreza, indigencia, desigualdad, profundización del entramado económico-político dependiente, saqueo de los recursos, drenaje de nuestras riquezas, postración económica, sostenimiento de un modelo primario-exportador y de valorización financiera, altos índices de desocupación, sub-ocupación y precarización laboral, relativismo cultural, destrucción de los valores que constituyeron pilares en nuestro país, etc. Cabe resaltar que la crisis económica es la última en el orden de las diversas crisis que atravesamos, es el último escalón.

Esta realidad se ha manifestado en mayor o menor medida desde la última dictadura cívico-militar. Una constante que aparece es que en el transcurso de los ciclos de “crecimiento-decrecimiento-crecimiento-etc.” no logramos perforar el piso si se quiere, y la caída no pareciera tener fin. Sintéticamente los índices logrados por tercer gobierno peronista siempre quedan lejos. La pandemia, muchas veces utilizada como excusa (más allá que es claro que dificulta la situación), solo vino a agravar o acelerar un proceso que viene de años. Más allá del este impacto negativo cabe preguntarse: ¿qué política/s se proponen llevar adelante que la situación actual no permite? Esta crisis profunda que atravesamos todo indica se va a ahondar más en sus consecuencias negativas, al menos, en el corto y mediano plazo.

Las soluciones que se proponen no pasan de ser superficiales, y se ligan sobre todo al asistencialismo que cada vez alcanza menos pero cubre más porcentaje de la sociedad, y termina condenando a más argentinos a la miseria. Analgésicos para un enfermo terminal. Políticas que pueden ser paliativos pasan a ser políticas de fondo, cuando no “vendidas” como éxitos políticos. Asimismo, cabe destacar, que se discute siempre en los márgenes de la dependencia.

Una clase política mayormente divorciada de la realidad y de las necesidades del pueblo profundo (claro que con honrosas excepciones, pero no dejan de ser justamente excepciones). Si la acción política es una de las pocas acciones que se vincula (o debiera vincularse) a los “otros”, hoy no es “moneda corriente” en la actualidad, sino que muchas veces si liga al interés (e incluso beneficio), personal. La actividad política no aparece ligada a su dimensión trascendente. Gobernantes que desconocen no solo la historia de nuestro pueblo, y sus tradiciones culturales, sino incluso la geografía que pretenden gobernar (a la cual muchas veces son ajenos).

Quizás resulta ocioso pero vale recordar que el peronismo buscar servir al pueblo, y no al revés, ya lo establece la segunda verdad peronista: “el peronismo es esencialmente popular. Todo circulo político es antipopular y, por lo tanto, no peronista” (la tercera también hace referencia a lo mismo). Y por eso Eva Perón en sus clases en la Escuela Superior Peronista decía que "el funcionario que se sirve de su cargo es oligarca. No sirve al pueblo sino a su vanidad, a su orgullo, a su egoísmo y a su ambición. Los dirigentes peronistas que forman círculos personales sirven a su egoísmo y a su desmesurada ambición. Para mí, esos no son peronistas. Son oligarcas, ídolos de barro, porque el pueblo los desprecia, ignorándolos y a veces hasta compadeciéndolos". Al mismo tiempo también criticaba los círculos políticos, como la política de casta, afirmando que “cuando vemos a un político que no quiere que nadie más que sus amigos entren en el círculo, pensamos que también él es un oligarca. Ese también se quiere preparar otra casta para él”.

Ese progresismo se auto-proclama además como una suerte de “vanguardia iluminada”, despreciando las tradiciones nacionales y el sentir del pueblo, toma para sí mismo la vara de la moral, de lo que “está bien”, y lo que “está mal”. Ya Envar El Kadri, años atrás, problematizaba ese momento en el cual “el peronismo recibió ese inmenso caudal de clases medias, que llegaron con ciertas ideas empresariales, que traían la visión de los “señores”, la soberbia de considerar que nada ni nadie podía estar por encima de ellos”. El peronismo siempre consideró que “en esta tierra lo mejor que tenemos es el pueblo”.

Desde otro aspecto, nos interesa reseñar que en un prólogo a un libro sobre América Latina de Guzmán Carriquiry, el por entonces Cardenal Jorge Bergoglio criticaba dos corrientes de pensamiento que considera débiles, por un lado la concepción imperial de la globalización, y por otro lo que llama “progresismo adolescente”, sosteniendo que éste es “una suerte de entusiasmo por el progreso que se agota en las mediaciones, abortando la posibilidad de un progreso sensato y fundante relacionado con las raíces de los pueblos”. Ambas posturas son “antipopulares, antinacionales, anti-latinoamericanas”, aunque se presenten bajo la máscara “progresista”.

El campo nacional que tradicionalmente se abocó a buscar la emancipación nacional, se encuentra encerrado en un progresismo que no conoce y menos aún pone en discusión los problemas del país, sino que se suma al relativismo cultural, a las “agendas políticas de las minorías” (muchas de las cuales fomentadas de los usinas de ideas extranjeras), en detrimento de las de las mayorías, y cuando no a cuanta “moda adolescente” esté dando vueltas.

Quizás no sea en vano señalar que resulta hasta violento, más aún en este contexto económico y social nacional, la clase política transformada o pretendiendo aparentar ser tiktokers cuando prácticamente la mitad de nuestra población, y más del 60 por ciento de los pibes (según las estadísticas oficiales), es pobre, o que se quejen de lo que consideran sus “magros salarios” cuando (también según sus propias estadísticas), ese nivel salarial los ubica mucho más cerca de la cúspide de la pirámide salarial que de la base, cabría preguntarse ¿qué le queda a la mayoría de nuestros trabajadores y jubilados?,  o que en este marco se auto-proclamen imprescindibles e importantes por lo cual debieran recibir una vacuna antes de lo establecido por los criterios fijados por el gobierno, ni que hablar de quienes estrechan amistad (y salen en fotos sonrientes), con nuestro enemigo histórico y usurpador de nuestro territorio, por citar algunos ejemplos al azar.

La explicación puede estar vinculada al ocultamiento de los enormes problemas que enfrenta el país. Las grandes problemáticas nacionales tienden a desaparecer de la escena nacional. El debate político está “planchado”. Así, solo queda la superficialidad, el pragmatismo puro, la impostura y el marketing. Antonio Cafiero argumentaba que es necesario poner en el centro “la lucha por la idea y rechazar la noción de que lo único que cuenta en la política son las actitudes pragmáticas, desvinculadas de cualquier clase de connotaciones éticas y valorativas”.

El progresismo, heredero de la tradición iluminista y del pensamiento colonial, no considera la planificación como un pilar de la política, por lo que cae en una improvisación, así tampoco tiene una política propia (nacional), lo que lleva en la práctica a seguir la de otro/s. Prácticamente las únicas “soluciones” propuestas que aparecen se vinculan, en sus versiones más progresivas, al dinamismo del mercado interno a partir del fomento de la demanda, al parecer “confundiendo” esa idea con la política diseñada por el peronismo.

Nos interesa, muy brevemente, contraponer estas nociones algunas cuestiones vinculadas/desarrolladas al ideario de Perón como al peronismo. Así, tomar como brújula y a modo de apuntes estas cuestiones, que como siempre nos sirve de guía para la acción.

Una de las cuestiones centrales es el establecimiento de un proyecto nacional, y en ese marco aparece la importancia de la planificación de la acción política para la vida nacional a través del gobierno como cuerpo centralizado, orientado a la planificación y el estado como brazo descentralizado orientado a la ejecución. Se trata del diagrama de un proyecto nacional en pos de la ruptura de la dependencia y el desarrollo de nuestro potencial y riqueza. Resulta evidente que sin independencia económica la soberanía política resulta una ficción.

Interesa enfatizar en la necesidad de realizar diagnósticos, de planificar la economía, al mismo tiempo que, dos cuestiones: por un lado, la claridad en los objetivos hacia donde se dirige el país, es decir, a lo que se pretende lograr, como puede ser aumento del PBI total y per cápita, planes en torno al acceso a la vivienda, salud, creación de trabajo, integración latinoamericana, etc. Y por otro lado, a diferencia de los proyectos de gobiernos progresistas que piensan la economía en función del incentivo al consumo para mejorar la producción, el peronismo basa su proyecto económico en la planificación y puesta en marcha de la producción nacional para generar más riqueza bajo la noción de la Argentina Potencia.

En este último punto también Perón siempre hizo eje en la generación de riquezas y el trabajo, lo que nos permite también pensar y repensar lógicas en torno a una economía vinculada a los subsidios a una parte de la población (cuestiones que a veces en lugar de pensarse como coyunturales se piensan como política de fondo), y no al trabajo como generador de riqueza y dignidad. Al fin y al cabo necesitamos desarrollar una política nacional propia, ya que sino seguiremos la política definida desde afuera. Vale traer a la memoria que una de las verdades del peronismo sintetiza que “en la Nueva Argentina el trabajo es un derecho, y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume”.

Recordamos así que Perón, antes de asumir la Presidencia y en el contexto de la revolución juniana, diagramó un trabajo diagnóstico sobre la situación nacional y desarrollo de instrumentos para planificar la economía fundamentalmente a través del Consejo Nacional de Posguerra (CNP), que conforma en agosto del año 1944 junto con Figuerola como Secretario General (el mismo era presidido por el vice-presidente de la República, por entonces Perón). Y es justamente el mismo Perón quien lo piensa, según sus palabras, para que no nos roben como había sucedido en la posguerra de la primera contienda mundial.

El CNP procuraba que el Estado comience a impulsar y canalizar el proceso tenue que se venía dando en forma coyuntural desde mediados de los 30, apuntaba al ordenamiento económico y social, buscando "un equilibrio recto y estable entre los recursos y fuerzas económicas de la Nación, por una parte y su población activa, por otra. Este equilibrio no ha de dejarse librado a determinaciones aisladas, ineficaces en cuanto son dispares y contradictorias, sino que ha de planearse con inteligencia y previsión, especialmente para el difícil período de la postguerra". A partir del análisis de las problemáticas de esa posguerra, establecía como su finalidad: “asegurar la satisfacción de todas las necesidades de los habitantes del país sin tolerar el injusto acaparamiento de bienes en manos de unos pocos”.

Este consejo, que plantea tanto objetivos de corto como de largo plazo, constituye el primer instrumento económico vinculado al desarrollo industrial, y es a partir del mismo que se desarrollan gran parte de las medidas del peronismo. Por eso, y en base al mismo es que Perón desarrolla en su gobierno dos planes quinquenales; y cabe destacar que en el tercer gobierno a partir del análisis del cambio de la situación geopolítica, la política, economía nacional, etc. un plan trienal. Son proyectos de nación que buscan la emancipación nacional para concretar la “Argentina Potencia”, buscando soluciones nacionales a las problemáticas de la Patria.

Vale mencionar también que antes de asumir el gobierno, unos meses antes de la creación del Consejo Nacional de Posguerra (también en 1944), muchas de estas nociones, son explicitadas (vinculadas a la cuestión de la defensa nacional y la noción de “nación en armas” fundamentalmente), en forma magistral en la conocida clase inaugural de la Cátedra de Defensa Nacional de la Universidad Nacional de La Plata, como asimismo en su tercer gobierno Perón sintetizó estas cuestiones en el “Modelo argentino para el proyecto nacional”, presentado en la asamblea nacional el 1º de mayo de 1974.

Perón mismo critica al presentar el primer plan quinquenal a quienes se ocupan solo del futuro sacrificando varias generaciones, como asimismo a quienes olvidan la planificación en pos de un futuro de grandeza absorbidos por el presente llevando a la ruina a sus países, y desde ya a quienes no hacen ni lo uno ni lo otro, abogando por la conformación de “un todo armonioso que sin despreciar el presente del pueblo asegure el porvenir de la Nación (…) Para ello es menester planificar gradualmente el esfuerzo que permita la felicidad del pueblo, empeñado en asegurar la grandeza de la Patria y la felicidad de sus descendientes”. En este marco, para gobernar es necesaria una doctrina y una teoría. Por este camino, se logra la unidad de concepción necesaria para la unidad de acción. Al mismo tiempo, un plan necesita de una ideología.

Ya al presentar el segundo plan quinquenal, donde refuta las críticas de los planificadores de la Unión Soviética al primer plan quinquenal, Perón considera ociosa la discusión en torno a la necesidad o conveniencia de planificar la economía, solo “raras excepciones” pueden plantear que no es necesario o conveniente. Allí argumenta que “planificar es ante todo coordinar la acción de distintos organismos para la consecución de objetivos comunes. Supone independencia o autonomía en los entes cuya acción ha de coordinarse y, supone, también, objetivos compartidos libre y voluntariamente por una pluralidad que en este caso es el pueblo, cuya soberanía y auto-determinación es el primer supuesto y condición de la planificación”.

En el plan trienal para la reconstrucción y  la liberación nacional (concebido para el periodo 74-77), se establecen y sintetizan los objetivos y metas que se pretende alcanzar, entendiendo que “para el Gobierno del Pueblo la planificación es un proceso continuo que, entre otras formas, se objetiva periódicamente en documentos como el presente donde se miden y compatibilizan los esfuerzos que se proponen cumplir los sectores de la vida nacional para alcanzar las metas que les son comunes y exponer de modo integrado el conjunto de políticas y medidas con las que el Estado contribuye a su logro”.

Sería largo y no resulta necesario (no es nuestra intención), reseñar las referencias a la planificación realizadas por Perón, ya que sería muy largo en tanto si un elemento están en el centro de la política peronista es justamente la planificación. Nuestra intención en este recorrido es marcar solamente y en forma breve la lógica de construcción política-económica en virtud de la búsqueda de la segunda y definitiva independencia.  

Perón abre su texto póstumo sosteniendo que “treinta años de lucha pública por el país, en el pensamiento, la acción y la reflexión, me han suscitado la convicción que nuestra Argentina necesita definir y escribir un proyecto nacional. Este proyecto tiene que ser verdaderamente nacional, vale decir, realizado por el país”. El modelo, dice Perón, es el punto de partida para la conformación de un proyecto nacional, en el proyecto nacional tienen que participar todas las áreas fundamentales de la comunidad: políticos y grupos sociales. Lo que realiza Perón con “el modelo…” son lineamientos, luego tienen que venir las soluciones definitivas. Los lineamientos el modelo, las soluciones el proyecto vale decir. Cirigliano destaca que si esa propuesta o modelo logra ser adoptado como propio por decisión de la voluntad colectiva de realización, se transforma en un proyecto.

Estos instrumentos que mencionamos (también los principios doctrinarios desde ya), como asimismo “el modelo argentino…”, consideramos debieran servirnos como base y como orientación en la actualidad. Es imperioso volver al mismo, y a otros textos también para volver a formular un proyecto de nación. El legado del peronismo es amplio, va de las realizaciones a los núcleos doctrinarios, pasando por diversas herramientas diseñadas, discursos, libros, etc. En este marco, que Perón haya decidido realizar este modelo para un proyecto nacional no resulta casual, desde ya, al mismo tiempo que ese diseño actúa a modo de testamento político resulta sumamente significativo y nos interpela en el presente.

Vale decir en este marco que el pueblo argentino (a pesar que lo combatan de las más diversas formas y desde diferentes vertientes ideológicas, a la vez que procurando obturar su expresión), ha demostrado una y otra vez su voluntad nacional, de lucha, de sobreponerse a las adversidades, sobra creatividad y capacidad. Este pueblo grandioso guarda aún una fuerza que se convierte en torrente que resulta imposible detener, al mismo tiempo que una épica que seguramente nos llevará nuevamente a construir un destino de grandeza, otros relatos memorables de nuestra larga lucha por la emancipación nacional.

En este sentido, para cerrar, traemos a la memoria a los forjistas afirmaban quienes afirmaban que "el pueblo está en la raíz de lo nacional. Está en lo particular suyo, y de ahí salen sus generalizaciones. Razona de sí para afuera, y no de afuera para sí. Por eso acierta siempre en las cosas grandes de la Patria. Los doctorcitos son los que se equivocan”, por eso “sólo del pueblo argentino, de la masa innumerable sin voz y sin más conocimiento que la certeza de sus propias dificultades, puede surgir la salvación entera de la nación”.  Y Perón argumentaba también que “muchos han despreciado el ingenio y el poder del pueblo, pero a largo plazo, han pagado caro su error. Los pueblos siguen la táctica del agua; las oligarquías, la de los diques que la contienen, encauzan y explotan. El agua aprisionada se agita, acumula caudal y presión, pugna por desbordar; si no lo consigue, trabaja lentamente sobre la fundación, minándola y buscando filtrarse por debajo; si puede, rodea. Si nada de esto logra, termina en el tiempo por romper el dique y lanzarse en torrente. Son los aluviones. Pero el agua pasa siempre; torrencial y tumultuosamente, cuando la compuerta se muestra impotente para regularla”.

miércoles, 9 de junio de 2021

Duguin: profeta de Eurasia

                                                                     Alberto Buela 

 Alexander Duguin (Moscú, 1952) se ha transformado hay en el más significativo geopolitólogo ruso. Inscripto en la ideología nacional bolchevique del estilo de Ernst Nietkisch sostiene un socialismo de los narodi. Esto es, un socialismo de los pueblos, despojado de todas las taras modernas como su materialismo, su ateísmo y su ilustración.

Su teoría geopolítica es la construcción de un gran espacio euroasiático con centralidad en Rusia.

En este libro que comentamos, traducción al portugués de Aganist the west (2012), se va a ocupar en primer lugar de qué entiende por Occidente, que a partir del nacimiento de la modernidad, pasando por sus distintas etapas - Renacimiento, Nuevo Mundo, Reforma, Revolución francesa, Revolución bolchevique, Transformación tecnológica, Globalización – se ha ido transformando en el criterio normativo del mundo.

El proceso de modernización tiene dos caras, una exógena que no emerge de las necesidades de los pueblos y otra, endógena, que es un principio interno que no puede ser negado. La primera ha servido para la colonización y dominio de los pueblos, en tanto que la segunda surgió como una necesidad natural.

En cuanto a la globalización: representa el último punto de realización práctica de las pretensiones fundamentales de Occidente a la universabilidad de su experiencia histórica y de sus valores.

A la tesis de “Rusia, país europeo” va a oponer la tesis “Rusia-Eurasia como una civilización opuesta tanto Occidente como a Oriente”.

Apoyándose en la idea “gran espacio” (1939) de Carl Schmitt y teniendo como antecedente la Doctrina Monroe (1823) propone recuperar la idea de imperio.

Sostiene que la Doctrina Monroe nació como una idea anticolonialista y se fue transformando en una propuesta colonialista. Para nosotros, americanos del sur, tal Doctrina fue siempre colonialista cuyo enunciado real fue desde un comienzo: América para los norteamericanos.[1]

El concepto de imperio que se propone va más allá de los contextos históricos o políticos en que se haya dado y no se limita solo a una dimensión física ni a la presencia de un emperador. Eso si, el imperio exige un estricto centralismo administrativo y una amplia autonomía regional: El imperio es la mayor forma de humanidad y su mayor manifestación.

Cuando entre los imperios nombra el imperio comunista de la URSS y al imperio liberal de los EUA, y los pone a la misma altura que los imperios romano o autro-húngaro, Duguin no realiza la distinción entre imperio e imperialismo. Así, el imperio impone pero deja valores que le son propios (lengua, instituciones), mientras que el imperialismo es la imposición de un Estado sobre los otros para su explotación lisa y llana. El imperialismo deja solo desolación con sus factorías en tanto que el imperio abre un mundo desconocido a sus dominados.

Un comentario especial merece su caracterización del conservadorismo, donde se ve la influencia de Alain de Benoist, seguramente el más original pensador francés vivo. El conservador quiere conservar el pasado por ser pasado, según se lo define habitualmente, pero para Dugin, como para nosotros, es el que pretende conservar del pasado lo constante, lo perenne. Y eso, porque no tiene una visión diacrónica de la historia sino sincrónica. El sentido del ser, de lo que es y existe no se apoya para él en la ideas de movimiento (pasado, presente, futuro) donde las cosas nos hacen un llamamiento desde el futuro bajo la idea de progreso, como sucede con el iluminismo, el modernismo y, hoy, el progresismo, sino que el sentido de las cosas hay que buscarlo en lo constante, en lo que permanece. El ser tiene una primacía sobre el tiempo; lo comanda y predetermina su estructura: el tiempo se da en el seno del ser como acontecimiento apropiador del ser.[2]

La conclusión política del conservadorismo ha dado lugar a la “cuarta teoría política”, pues así como en el siglo XX se dieron la primera teoría política con el liberalismo, la segunda con el marxismo, la tercera con el nazismo hoy, a comienzos del siglo XXI, hace su aparición la “cuarta teoría política” que hunde sus raíces en la revolución conservadora alemana del período entre guerras y que tuvo como exponentes, entre otros, a Moeller van der Bruck, Carl Schmitt, los hermanos Jünger, Martín Heidegger, von Solomon, von Papen, Werner Sombart, Stefan George que no se pudo plasmar en una práctica política concreta.

El imperio eurasiano propuesto por Duguin con Rusia como centro y cabeza que: debe pensar y obrar imperialmente, como un poder mundial que tenga opinión sobre todo hasta los lugares más distantes del planeta, tiene “carácter civilizatorio” nos parece ambicioso, pero no inverosímil.

Nosotros creemos, y hemos intentado mostrar a través de múltiples trabajos, que las ideas de gran espacio y de imperio, en este caso, se unifican en la idea de “ecúmene”, que como la Hélade para los griegos, la romanitas para los romanos, o la hispanidad para los españoles, designan los grandes espacios de tierra habitados por hombres que comparten entre sí, lengua, usos, costumbres, creencias y enemigos comunes. Y en este sentido sostenemos que el mundo es un pluriverso compuesto por varias ecúmenes entre las que se destaca, para nosotros, la iberoamericana.

Finalmente, toda la última parte del libro va ha estar ocupada en asuntos internos y temas casi exclusivamente rusos, de los que no nos encontramos capacitados para juzgar: la relación de Rusia con Ucrania, la filosofía del narod y su patriotismo erótico, el arcano roxo de Rusia, la estructura sociogenética de Rusia e intereses y valores post Tskhinvali.

Queremos felicitar a los traductores brasileños por este trabajo, que acerca al mundo luso e hispano hablante a un geopolitólogo de valía, prácticamente desconocido en nuestra común ecúmene cultural.


 SU ÚLTIMA TESIS

 El último trabajo del que tenemos noticias es La Cuarta teoría política, libro traducido ya al inglés, farsi, serbio, portugués, francés y español. En él va ha exponer en forma detenida aquello que anunció en un breve capítulo en el libro antes comentado.

La cuarta teoría política surge luego del fracaso de las tres teorías políticas que primaron durante los siglo XIX y XX: la primera, el liberalismo; la segunda el marxismo-comunismo y la tercera el nacionalismo, el nacional socialismo y el fascismo.

Estas tres teorías políticas se apoyaron en una concepción errada del hombre, la sociedad y la historia pues privilegiaron, respectivamente, al individuo, la clase, el Estado o la raza. Los nacionalismos del tercer mundo quedan englobados dentro de esta tercera teoría política.  Cualquiera que haya vivido en Argentina sabe que el peronismo es considerado como un fascismo casi todo el mundo académico, aun cuando sabemos que esencialmente no lo es. En este sentido Duguin se suma a este reduccionismo intelectual del pensamiento único.

En lo que acierta es cuando afirma que las tres primeras teorías políticas son un producto de la modernidad y que insistir en ellas es no asumir la crisis de la razón ni la crisis de representación política que padecemos hoy, en esta época postmoderna.

Propone con su Cuarta teoría política fundarla en un nuevo paradigma que no vaya dirigido ni al individuo, ni a la clase ni al Estado o la raza, sino que se dirija al ser ahí, al Dasein.

Esta instrumentación geopolítica del Dasein es una gran originalidad de Alexander Duguin pues muestra que el pensador ruso busca hundir las raíces de su pensamiento en el concepto fundamental del filósofo más significativo del siglo XX, el alemán Martín Heidegger.

En este sentido Duguin rompe los moldes interpretativos  a que nos tienen acostumbrados los académicos y profesores universitarios, que en general se copian unos a otros, y  que lo único que hacen es “oscurecer las aguas para que parezcan más profundas”. Duguin supera la trampa de “la erudición” e intenta una interpretación arriesgada pero propia.

Y así sostiene que la revolución conservadora alemana que apareció después de la primera guerra mundial realizó aportes en todos los campos del saber pero que no se puedo plasmar políticamente. Es el antecedente remoto de lo que él denomina la Cuarta teoría política. Y que hay dos autores que se destacan por sus propuestas, que Duguin recoge como propias: Carl Schmitt y su teoría de los grandes espacios y Martín Heidegger y su teoría de Dasein. Así el jurista de Plettemberg está en la base de su concepción de Eurasia y filósofo de Messkirch en su concepción de la Cuarta teoría.

Es que Heidegger tanto en Ser y tiempo (1927) como en conferencia Tiempo y Ser (1962) va a sostener que el tiempo es el horizonte (la idea de horizonte es fundamental en Husserl, su maestro) de la pregunta por el ser, pero que el tiempo se da en el horizonte del ser. Es decir, que el tiempo tiene que ser concebido como “un advenir presentante que va siendo sido” en definición de Heidegger. Tenemos que entenderlo a través de lo constante, de lo valioso, de lo permanente. Y esto es lo que hace el pensamiento conservador, recata lo que dura en el tiempo, lo permanente, lo constante, lo valioso. La tradición no es conservar cosas viejas por ser viejas sino cosas pasadas que conservan su valor, que siguen siendo valiosas.

Esta es una visión radicalmente diferente de aquella del Iluminismo que reservó al tiempo, sobre todo al tiempo presente y futuro, el sentido valioso de las cosas y descartó el pasado. Esta visión está inserta hoy en el progresismo como lo estuvo en el liberalismo de antaño, como en el marxismo, como en el fascismo.

Duguin termina su exposición afirmando que la postmodernidad está buscando una salida política y social a las despolitización y a la deshumanización y que la Cuarta teoría política se ofrece para encontrarla.

Sin lugar a dudas esta propuesta no va a ser bien vista por la intelligensia, por el pensamiento políticamente correcto, por los agentes políticos y culturales del actual statu quo reinante, porque ella  encierra mucho de reactivo, de no conformista, de alternativo, pero como dijera ese gran pensador colombiano Gómez Dávila: Ser reaccionario es haber comprendido que no se puede demostrar, ni convencer, sino sólo invitar.

 

Post scriptum

Parte de un reportaje realizado para España

F.G - Actualmente Dugin y la 4ª Teoría Política están dando mucho que hablar. Estuviste en el I Encuentro Iberoamericano sobre la 4ª TP en Curitiba (Brasil), en noviembre pasado, ¿Qué te pareció aquel encuentro y cómo crees que esta teoría puede tener aplicación en Hispanoamérica?

A.B. – Nosotros tuvimos el honor de participar de dicho congreso donde además me publicaron un libro Hispano-América contra o Occidente y mis dos estudios introductorios a los libros Para além dos directos humanos de Alain de Benoist y Contra o Occidente (Rusia contra-ataca) de Alexander Dugin. Asistió el politólogo Leonid Savin vía Internet y varios e interesantes expositores.

Así como en el siglo XX se dieron la primera teoría política con el liberalismo, la segunda con el marxismo, la tercera con el nazismo hoy, a comienzos del siglo XXI, hace su aparición la “cuarta teoría política” que hunde sus raíces en la revolución conservadora alemana del período entre guerras y que tuvo como exponentes, entre otros, a Moeller van der Bruck, Carl Schmitt, los hermanos Jünger, Martín Heidegger, von Solomon, von Papen, Werner Sombart, Stefan George que no se pudo plasmar en una práctica política concreta.

La cuarta teoría política surge luego del fracaso de las tres anteriores. Estas tres teorías políticas se apoyaron en una concepción errada del hombre, la sociedad y la historia pues privilegiaron, respectivamente, al individuo, la clase, el Estado o la raza. Propone Dugin con su Cuarta teoría política fundarla en un nuevo paradigma que no vaya dirigido ni al individuo, ni a la clase ni al Estado o la raza, sino que se dirija al hombre, al ser ahí, al Dasein, concepto trabajado por Heidegger en su obra Ser y Tiempo de 1927.

Esta instrumentación geopolítica del Dasein es una gran originalidad de Alexander Duguin pues muestra que el pensador ruso busca hundir las raíces de su pensamiento en el concepto fundamental del filósofo más significativo del siglo XX, el alemán Martín Heidegger. Quien junto con Carl Schmitt y su teoría de los grandes espacios son los dos autores que más influyen sobre la construcción de la cuarta teoría política.

F.G – Se podría hablar de Perón como representante argentino de la Tercera Posición o incluso como precursor hispanoamericano de la 4ª TP, al unir lo social y lo nacional, yendo más allá de la Patria argentina para vislumbrar una Patria Hispanoamericana no sometida al imperialismo anglo-americano. ¿Qué opinión tienes sobre el General?

A.B. – Efectivamente Juan Perón es el creador de la tercera posición y su representante argentino más genuino.  La conferencia de Bandung de abril de 1955 convocada por Nehrú de los países no alineados, ni con Usa ni con la Urss, “ni yanquis ni marxistas” tuvo en Perón un animador principalísimo, aun cuando no pudo asistir pues las circunstancias políticas internas de ese momento no se lo permitieron.

Existe, en nuestra opinión, una convergencia entre tercera posición y cuarta teoría política y ésta es sobre el verdadero sentido político del ser humano en sociedad, que va más allá del liberalismo y el marxismo para el peronismo, a los que la cuarta teoría agrega el nacional socialismo.

La diferencia está en sus puntos de apoyo teóricos pues, como hemos visto, la cuarta teoría se apoya en los pensadores de la revolución conservadora alemana, mientras que el peronismo lo hace sobre los pensadores nacionales iberoamericanos.

Existe además una diferencia notable en el concepto de nación, pues para el peronismo la nación es el proyecto político cultural que un pueblo se da para intervenir en la historia del mundo por lo tanto este proyecto es unitario. En el sentido que unifica las distintas “naciones étnicas que lo componen” y no a la inversa como pretenden hoy el indigenismo en Iberoamérica de edificar Estados a partir de naciones  mapuches, tobas, aimará o lo que sea. Este mamarracho político, jurídico y filosófico que acaba de afirmar que Bolivia es un estado plurinacional compuesto por 36 naciones  es el ejemplo emblemático de lo que queremos decir.  Una cosa es el ethos histórico y político de una nación y otra es el ethos étnico de una nación. Para el peronismo éste último está subordinado al primero y no a la inversa.

¿Qué opinión tenemos de Perón? Que fue un eficaz conductor de masas populares. Que modificó para siempre la vieja estructura social y política de Argentina, pues nunca más se pudo hacer política aquí sin el peronismo. Que realizó una revolución que quedó inconclusa. Que creó nuevas Instituta politica más allá de las dadas por el sistema liberal burgués y que, en definitiva, nos enseñó que el anglo-yanqui es nuestro enemigo histórico.

 


[1] Cfr. El excelente trabajo del mejicano Carlos Fuentes: La doctrina Monroe

[2] Cfr. Martín Heidegger: Tiempo y ser (1962), que no hay que confundir con Ser y tiempo de 1927.

lunes, 7 de junio de 2021

EL EJERCICIO DE LA SOBERANÍA PACÍFICA EN EL ATLÁNTICO SUR Y MALVINAS

Dr. César Augusto Lerena (*) 


6 de junio de 2021 

 

El presidente Alberto Fernández, entonces jefe de Gabinete durante la presidencia de Néstor Kirchner, expresó a la Nación (13/6/2003) que el gobierno tenía como objetivo recuperar Malvinas. Siete años después en su mensaje en el Congreso de la Nación del 1/3/2020 mostró igual su interés al respecto. A un año y medio de su asunción, por la forma y en los tiempos que el Coordinador del Consejo de Malvinas Daniel Filmus lleva la cuestión, no parece que esto vaya a ocurrir durante su mandato. Aun así, como modesto observador, le prestaría mucha atención a lo que no hacen y a lo que podrían hacer excepcionalmente el trio integrado por el profesor universitario Marcelo Kohen, el embajador en Londres Javier Figueroa y el referido Coordinador. ¿Y los consejeros que son los que tienen que proponer al Presidente la Política de Estado? En lugar de empezar a reunirse a diseñar las estrategias y tácticas destinadas a recuperar Malvinas, parecen haberse quedado atados a los eventuales llamados de un Coordinador que no coordina.    

Seguramente a instancias de la Secretaría de Malvinas de la Cancillería y de Pesca del Ministerio de Agricultura- el presidente anunció que enviaría de tres proyectos de leyes, que luego serían sancionadas, aunque como veremos resultan absolutamente inofensivas. La primera ley (27.558), de “creación del Consejo Nacional de Asuntos Relativos a Malvinas”, Cuerpo se supone, debía proponer la Política de Estado en esta materia y, que hasta la fecha se ha reunido un par de veces vía Zoom, evidentemente, nada importante o confidencial, por el sistema absolutamente vulnerable utilizado y, por suerte, porque varios de los miembros (Marcelo Kohan; Martín Balza; Susana Ruiz Cerutti) designados en el Consejo -por sus antecedentes- no parece que fueran a preocuparse por recuperar la soberanía de Malvinas (ver César Lerena “La Estrategia del Consejo Nacional de Malvinas” Partes I a IV y Final, 9/2/21; 14/2/21; 19/2/21; 25/2/21 y 5/3/21). En este punto, sería de esperar alguna movida de los Veteranos de Malvinas y, de algún otro miembro que, entiendo, no querrán quedar pegados ante esta falta de acción.

La segunda ley (27.557) “de demarcación del límite exterior de la plataforma continental argentina” es cartón pintado. Las Naciones Unidas no reconoció nada y una Comisión de Límites solo “recomendó” 351.633 km2 (28/03/2016 y el 17/03/2017) del total de 1.782.000 km2 reivindicadas por Argentina y, ni siquiera trató 1.430.367 km2 por entender que se encuentran en disputa con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (en adelante el Reino Unido). En lugar de hacer mapas deberíamos ocuparnos ya que en 1982 teníamos ocupados 11.410 km2 y tres millas alrededor de las islas y hoy tenemos 1.639.900 km2 del mar argentino y su plataforma invadida; gran parte de la plataforma continental más allá de las 200 millas en disputa, al igual que la Antártida Argentina.      

La tercera ley (27.564), de aumento de sanciones, resulta absolutamente inocua. Desde su sanción a la fecha no se ha colocado ninguna multa a buque extranjero en la Zona Económica Exclusiva (en adelante ZEE) Argentina. Por otra parte, no se ha sancionado a ninguno de los buques españoles, coreanos, taiwaneses o británicos que pescan en Malvinas; alguno de los cuales podría estar violando no solo la ley 24.922 sino también la 26.386 que impide a los buques radicados en el continente argentino pescar en Malvinas. De Malvinas -año tras año- se extraen 250.000 toneladas de pescados por valor de mil millones de dólares. Tampoco se ha hecho nada respecto a los buques que en alta mar pescan los recursos migratorios originarios de la ZEE Argentina, que depredan el ecosistema perjudicando económica, social y laboralmente a nuestro país.

 ¿QUÉ SE SUPONE QUE DEBERÍA HACER LA ARGENTINA?

En primer lugar, tomar las medidas necesarias para que las Resoluciones de las Naciones Unidas no sean modificadas por el Reino Unido y mucho menos por la Argentina.

 Mantener incólume el alegato del Embajador José María Ruda de «persuadir a la comunidad internacional de que las mencionadas Islas son parte integrante del territorio argentino y que el deber jurídico y moral de Gran Bretaña es devolverlas a su verdadero dueño, afirmándose así el principio de la soberanía y de la integridad territorial de los Estados…» y, del mismo modo, las cinco resoluciones concatenadas de las Naciones Unidas que han fortalecido y fortalecen la posición soberana argentina respecto a Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur (en adelante Malvinas): la Res. 1514 (XV) del 14/12/1960; la Res. 2065 (XX) del 16/12/1965; la Res. la 3160 (XXVIII) de 14/12/1973; la Res. 31/49 del 1/12/1976 y la Res. 41/11 del 27/10/1986, sobre las que no habría que innovar ya que cualquier intento de esta naturaleza podría debilitar la favorable posición actual de argentina, dándole al Reino Unido el mejor escenario para replantear la cuestión de “la autodeterminación”; posición sepultada tras el reconocimiento de los “intereses” y no “deseos” a los isleños, que, en todo caso, debería tratarse de un derecho de los argentinos y, también, en el muy importante argumento -a los múltiples agregados por Argentina- de que las Resoluciones de las Naciones Unidas referidas a la Cuestión Malvinas omiten toda referencia a la “autodeterminación de los isleños” ya que en todos los casos, limita  las negociaciones a la Argentina y al Reino Unido y en ningún caso a los isleños, entendiendo, obviamente,  que estos son parte de la corona británica.

Además de ello, las distintas resoluciones refieren a la “integralidad territorial”, sobre lo que nada nuevo se podría agregar a lo ya sostenido por Ruda -reiterado por Argentina durante todos estos años- confirmado por el ilegal referéndum efectuado en las islas, donde los isleños implantados por el Reino Unido, mayoritariamente británicos, desean seguir perteneciendo a la corona, desmitificando el inconsistente argumento de la autodeterminación e independencia.

Toda idea destinada a ratificar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas de las Resoluciones citadas respecto a la posición argentina o recurrir a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) debiera ser descartada de plano, ya que podría debilitar o revertir la posición altamente favorable de Argentina que las referidas resoluciones le otorgan a nuestro país. Por el contrario, habría que hacer pie en estas resoluciones para llevar adelante nuevas políticas activas en el Atlántico Sur y Malvinas, algunas de las cuales se enuncian en este trabajo, aunque previamente y, de modo general, se sintetizan las referidas resoluciones de las Naciones Unidas.

En la Res. 1514 (XV) la Asamblea General «convencida de que todos los pueblos tienen un derecho (…) al ejercicio de su soberanía y a la integridad de su territorio nacional», declaró -entre otras cosas- que: «1. La sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y explotación extranjeras constituye una denegación de los derechos humanos fundamentales, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas (…) deberá respetarse la integridad de su territorio nacional. 6. Todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas (NdA: de aplicación al territorio y no a la población). 7. Los Estados no deberán (…) intervenir en los asuntos internos de los demás Estados y respetar los derechos soberanos de todos los pueblos y de su integridad territorial».

La Res. 2065 (XX), que confirmó «la existencia de una disputa entre los gobiernos de la Argentina y del Reino Unido acerca de la soberanía sobre dichas Islas, dejando en claro la disputa territorial negada sistemáticamente por el Reino Unido e, invitando a ambos gobiernos (no a los isleños, cuestión relevante que da por tierra con los insostenibles argumentos de la autodeterminación) a «proseguir sin demora las negociaciones (…) teniendo debidamente en cuenta las disposi­ciones y los objetivos de la Carta de las Naciones Uni­das y de la resolución 1514 (XV)…»; Resolución, que fuera adoptada por una gran mayoría de votos, sin ningún voto en contra, incluso del Reino Unido que debió abstenerse, consagrándose un triunfo diplomático argentino que difícilmente pueda mejorarse, porque está atado al rechazo sistemático a reunirse de parte del Reino Unido durante los últimos 56 años y al conjunto de resoluciones de las Naciones Unidas que aquí se detallan.

La Res. 3160 (XXVIII), que señala que la Res. 2065 (XX) indica que «la manera de poner fin a esta situación colonial es la solución pacífica del conflicto de soberanía entre los Gobiernos de la Argentina y el Reino Unido con respecto a dichas Islas y, expresando su reconocimiento por los continuos esfuerzos realizados por el Gobierno de la Argentina…».

La Res. ONU 31/49 que se relaciona con las resoluciones precedentemente citadas y refiere «1. En particular, las conclusiones y recomendaciones del Comité Especial relativas a dicho Territorio (…) 2. Expresa su reconocimiento por los continuos esfuerzos realizados por el Gobierno de la Argentina (…) 3. Pide a los gobiernos que aceleren las negociaciones relativas a la disputa sobre soberanía (…) 4. Insta a las dos partes a que se abstengan de adoptar decisiones que entrañen la introducción de modificaciones unilaterales en la situación mientras las Islas están atravesando por el proceso recomendado en las resoluciones arriba mencionadas». Cuestión esta última que el Reino Unido ha violado en forma continua y creciente, desde 1982 a la fecha, ocupando mayores territorios insulares y marinos de Argentina y explotando los recursos naturales pesqueros, agropecuarios e hidrocarburíferos.

La Res. 41/11 donde la Asamblea General que a instancias de Brasil declara la “Zona de paz y cooperación del Atlántico Sur” (ZPCAS) con el apoyo de todos los Estados ribereños de África Occidental y América Oriental con Mar Territorial y Z.E.E. en el Atlántico Sur (sin participación alguna del Reino Unido, dejando de manifiesto su situación irregular en el mar argentino), consciente la Asamblea de «la determinación de los pueblos de los Estados de la región del Atlántico Sur de preservar su independencia, soberanía e integridad territorial…»; convencida de «la necesidad de mantener la región libre de medidas de militarización (…) la presencia de bases militares extranjeras y, sobre todo, de armas nucleares», exhortando entre otras cosas a «3. (…) la reducción y eventual eliminación de su presencia militar en dicha región, la no introducción de armas nucleares o de otras armas de destrucción masiva y la no extensión a la región de rivalidades y conflictos que le sean ajenos; 4. (…) respeten la unidad nacional, la soberanía, la independencia política y la integridad territorial de todos los Estados de la región, se abstengan de la amenaza o la utilización de la fuerza (…) así como el principio de que es inadmisible la adquisición de territorios por la fuerza». Todas cuestiones que constituyen un llamado de atención y un mensaje a la presencia del Reino Unido ocupando los territorios insulares y marítimos de Argentina en el Atlántico Sur, ya que como nos refieren Juan J. Castelli y Fabian Aouad ello, queda ratificado cuando el Reino Unido le informa al Secretario General de las Naciones Unidas (el 3/7/1997 doc. A/52/462 del 14/10/1997), que «celebra los objetivos de la resolución 51/19 de la Asamblea General de promover la paz y la cooperación en el Atlántico Sur y desea señalar (…) la evolución de las relaciones anglo-argentinas, que ha contribuido a reducir la tensión en el Atlántico Sudoccidental. Prosigue la cooperación en el marco de la Comisión de Pesca del Atlántico Sur (…) y en la Comisión sobre Hidrocarburos del Atlántico Sudoccidental en la cual, en particular, se están desarrollando las disposiciones relativas a la explotación conjunta de los hidrocarburos en la zona especial de cooperación establecida por el Reino Unido y la Argentina en la Declaración Conjunta de 27/09/1995». Los británicos, no dejan pasar una oportunidad para dejar huellas en las cuales ratifican su carácter de ocupante (ilegal) y administrador provisorio (forzoso) y los gobiernos argentinos demuestran a cada paso sus errores diplomáticos.

Es evidente que esta Zona de Paz y Cooperación resulta un ámbito extraordinario para mejorar las políticas argentinas destinadas a profundizar la soberanía en el Atlántico Sur, mediante una relación más activa y estrecha con el resto de los Estados ribereños, procurando una acción común que desaliente la presencia extranjera en estos mares (César Lerena “Atlántico Sur. Una Zona de Paz y Cooperación en conflicto”, 3.11.2020) y, si bien hasta el momento esta Zona no ha tenido el impulso y el poder suficiente, por razones de dominio obvias e ineptitud de los sucesivos gobiernos, declaraciones como las obtenidas en la VII Reunión Ministerial realizada el 15-16/1/2013 en Montevideo deberían mutar en hechos concretos en favor de un mayor control argentino, suramericano y africano del área.

En el complejo escenario en el que se encuentra la Argentina, con las islas y el 52% de su territorio marítimo ocupado por el Reino Unido, sin una estrategia diplomática acorde a la pérdida de soberanía que ello implica; la cuestión, no pasa por buscar nuevos fundamentos jurídicos, históricos o geográficos u obtener nuevos apoyos o declaraciones (que habrá que seguir gestionando año tras año), sino aplicar nuevas herramientas destinadas a debilitar la posición británica en el área de Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur, la Antártida y el Atlántico Sur. Para ello debería considerarse a este último, no como una ribera del continente, sino, como parte integrante del mismo y, como su primera barrera de defensa y, ello supone, tomar algunas medidas que permitan regular, tener bajo control y explotar los espacios aéreos y marítimos argentinos, la plataforma continental, los archipiélagos y, las cuestiones pertinentes de la Antártida Argentina. Para ello, se indican algunas cuestiones a tener en cuenta:

 

1. LA ORGANIZACIÓN NACIONAL

 a) La Creación del Ministerio del Mar

Crear el Ministerio del Mar (del Atlántico Sur, Islas y Antártida Argentina), que entienda sobre toda práctica de extracción, explotación o investigación de los recursos naturales vivos o no vivos en el Atlántico Sudoccidental y, la Antártida y, aquellos que estén  vinculados a éstos territorios, directa o indirectamente con la Plataforma Continental Argentina, la ZEE o la Alta Mar cuando se traten de recursos migratorios y/o asociados y/o que intervengan en la cadena trófica de los recursos vivos de dominio de la Argentina y que, tenga este Ministerio, como primera misión y función, la de promover la legislación aplicable para revalorizar y demostrar la vocación soberana de ocupar, explotar en forma sostenible y cuidar ambientalmente estos espacios argentinos. Francia que tiene una ZEE Continental equivalente al 10% de la Argentina y tiene un Ministerio de este tipo.

b) La regulación de los espacios marítimos

Efectuar las reformas profundas indispensables, modificar o reglamentar algunas leyes argentinas, tales como la de Defensa Nacional (Ley Nº 23.554 y afines); Código Aeronáutico (Ley Nº 17.285 y mod., Nº 23.399); Seguridad Interior (Ley Nº 24.059 y mod.); Espacios marítimos y líneas de base (Ley Nº 23.968); CONVEMAR (Ley Nº 24.543); Pesca (Leyes Nº 24.922 y Nº 26386); Hidrocarburos (Leyes Nros. 17.319, 26.197, 26.659, 27.007 y 27.444); Puertos (Ley Nº 24.093 y provinciales del litoral marítimo); Navegación (Leyes Nros. 20.094, 2.637, 17.371, 21.763, 22.228, 26.354, 26.994, 27.077 y 27.419); Ley de Marina Mercante y Flota Fluvial (Ley Nº 27.419, Art. 10º y 13º); Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo (Ley Nº 20.645); Ambiente (Ley Nº 25.675); Ministerios (Ley Nº 22.520 y mod.) y, toda Ley aplicable al Atlántico Sudoccidental para ajustarla al objeto.

c) La administración del Río Paraná, el Río de la Plata y los puertos

La Argentina debe administrar en forma directa el Río Paraná, donde el dragado, el balizamiento y el mantenimiento son solo herramientas. La Administración supone ayudar a potenciar la región del litoral y las provincias que hacen tráfico fluvial y generar -entre otras cosas- las condiciones adecuadas para reducir los fletes y optimizar el comercio regional, nacional e internacional. Ello incluye la prolongación y profundización del Canal de Magdalena para constituir un eje de autonomía soberana del transporte y comercio nacional entre el Río Paraná, el Río de la Plata, el Atlántico Sur y el Estrecho de Magallanes y los pasos al Pacífico. El día 20 de noviembre se instituyó como el día de la Soberanía Nacional, debido a la Batalla de la Vuelta de Obligado, combate, que queda totalmente desdibujado frente a la realidad actual de la explotación de los efluentes troncales fluviales y su comercio, donde empresas extranjeras administran puertos y flotas de banderas extranjeras transportan la carga nacional: Por otra parte, la explotación del Río Paraná, su dragado, mantenimiento y control de las empresas transportadoras esta concesionado (privatizado) a empresas extranjeras, a quienes se les otorgó de facto el “poder de policía” con el cobro actualizado en dólares de un peaje relacionado al volumen transportado; con cuya recaudación, la Argentina estaría en condiciones de realizar el dragado en forma directa con dragas nacionales ya disponibles y la eventual construcción de nuevas en astilleros nacionales.             

La Argentina debe reformular la política portuaria nacional y su emplazamiento estratégico. Sus puertos, al igual que los canales que fueran necesarios deben estar aptos para realizar las operaciones de buques de gran porte y portacontenedores, de modo de asegurar el traslado marítimo y fluvial de mercaderías en todo el litoral patagónico y bonaerense y el río Paraná y de la Plata.

d) La Reforma de la Ley de Pesca y del Código Penal

Llevar adelante políticas activas en el Atlántico Sudoccidental, declarando a este espacio de interés ambiental, social y de desarrollo económico de la Argentina y Suramérica. Establecer la “Unidad Económica Pesquera” y mejorar la distribución de los recursos; incrementar el valor agregado de los productos; fomentar el consumo interno; eliminar los descartes y aprovecharlos para la generación de proteínas destinadas a la alimentación social, mayor industrialización y empleo; promover y subsidiar la captura nacional en alta mar y buscar acuerdos para la pesca en ésta; dificultar la captura en el área de Malvinas; federalizar la explotación de los recursos y radicar estratégicamente empresas en determinadas regiones del litoral marítimo, etc. Reformar el Art. 186º del Código Penal para combatir el tránsito y la navegación no inocente y la pesca ilegal. Decomisar los buques y las mercaderías.

 

2) LAS POLÍTICAS DE ESTADO RESPECTO A MALVINAS, GEORGIAS DEL SUR, SÁNDWICH DEL SUR, LA ANTÁRTIDA Y LOS ESPACIOS MARÍTIMOS CORRESPONDIENTES

 a) Cumplir en forma irrestricta con la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional.

A las medidas indicadas precedentemente se agregan las siguientes, pero, en ningún caso las que pudieran tomarse pueden apartarse de la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional y de las que pudieran resultar de la Constitución de la Provincia de Tierra del Fuego.    

b) Modificar la Ley de Creación del Consejo Nacional de Asuntos relativos a Malvinas

Modificar la Ley 27.558 con el objeto de ampliar el número de miembros del Consejo, darle carácter ejecutivo y agregar expertos en diplomacia, estrategia, defensa, petróleo, pesca, comunicación y, otros.

c) La Pesca ilegal, la emergencia pesquera y las áreas marinas protegidas

Resulta indispensable poblar alta mar con más buques pesqueros argentinos. Poner toda la flota pesquera potera y congeladora a pescar en la alta mar. El plan pesquero debe priorizar la captura de la población de calamar que migra a Malvinas y al área adyacente a la ZEE Argentina y deben eliminarse todo tipo de impuestos y derechos (combustible, derechos de captura, derechos de exportación, etc.) a los buques nacionales que pesquen en la alta mar. Al mismo tiempo acordar y controlar todos los buques extranjeros que navegan y pescan ilegalmente en la alta mar los recursos migratorios originarios de la ZEE Argentina y dentro de ésta, en especial aquellos licenciados por el Reino Unido.

Declarar zona de emergencia pesquera y ambiental y Áreas Marinas Protegidas (AMP) dentro de las 200 millas alrededor de Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, entendiendo que la explotación en esa área afecta al ecosistema del Atlántico Sur, por cuanto la captura biológicamente sostenible no puede ser controlada ni determinada por la Autoridad de Aplicación Argentina a la par de cumplir con los compromisos argentinos en esta materia.

Penalizar a todos los buques extranjeros que pescan en Malvinas.

Promover internacionalmente una política de preeminencia en favor de los Estados Ribereños respecto a la explotación de los recursos migratorios originarios de la ZEE, tomando las acciones precautorias para evitar la depredación del Atlántico Sur por parte de los Estados de Bandera (buques extranjeros).   

d) Reclamo de lucro cesante por la explotación de los recursos en Malvinas

Iniciar una demanda por lucro cesante contra las empresas pesqueras que pescaron en Malvinas entre 1976 a 2021 donde empresas españolas, británicas (o de las islas), coreanas, taiwanesas, chinas, etc.  extrajeron anualmente 250.000 toneladas por un valor estimado en los mil millones de dólares; en decir que en estos últimos 45 años han extraído 11.250.000 toneladas por un valor estimado en los 11.250 millones de dólares. 

e) Promover el Desarrollo Patagónico. La administración y desarrollo de Malvinas

Favorecer la radicación poblacional e industrial en la Patagonia. Dotar al puerto y a la base aérea de Rio Grande y Ushuaia de las mejores condiciones para operar toda la flota mercante, pesquera y militar y, otorgar cuotas de pesca a las empresas que instalen industrias procesadoras en la Isla de los Estados.

Prohibir en las Provincias del litoral marítimo la instalación de aeropuertos privados con capacidad para operar aviones de gran tamaño o militares y, desactivar los existentes.

El gobierno de la Provincia de Tierra del Fuego debería dictar los códigos de administración urbana y rurales de las islas, en consonancia con los vigentes, independiente de su ocupación británica, de modo de poner de manifiesto la legitimidad argentina sobre Malvinas. Al mismo tiempo modificar la toponimia en los archipiélagos.

Por su parte, el gobierno nacional debería elaborar un proyecto de desarrollo portuario, vial, industrial, agropecuario, social, turístico y ambiental de Malvinas e incorporarlo al presupuesto nacional, de modo, de resaltar ante la comunidad internacional y los habitantes de las Islas, la voluntad argentina, que habrá de trabajar para el desarrollo sostenido de Malvinas al momento de extinguirse la invasión británica en el territorio argentino, asegurándoles a los isleños y a quienes habiten este territorio nacional en el futuro los recursos necesarios para garantizarles el bienestar y el resguardo de los modos de vida.

 3) LA DEFENSA NACIONAL, FLOTA MERCANTE E INDUSTRIA NAVAL

Ejecutar la Ley de Marina Mercante y Fluvial (Nº 27.419) para asegurar que todo el flete en el mar y los ríos se realice mediante buques argentinos y, la Ley de Promoción de la Industria Naval Pesquera (Ley 27.418) para garantizar la construcción nacional. 

Equipar a la Armada Nacional, la Fuerza Aérea Argentina y a la Prefectura Naval, y dotar a estas armas militares y de seguridad de los medios necesarios para patrullar en forma permanente los espacios marítimos y aéreos y, mantener activo un sistema satelital que permita en tiempo real, conocer que pasa en los mares y espacios aéreos argentinos del Atlántico Sudoccidental, los Archipiélagos y la Antártida.

Fortalecer la presencia naval y aérea en el litoral patagónico y en especial Tierra del Fuego. 

 4. LA POLÍTICA DE ACUERDOS RESPECTO A MALVINAS Y EL ATLÁNTICO SUR

 a) Fortalecer la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZPCAS)

Promover la relación con todos los Estados ribereños de África Occidental y América Oriental con Z.E.E. en el Atlántico Sur con el objeto de contribuir a la preservación de la independencia, soberanía e integridad territorial y desarrollar relaciones en condiciones de paz y cooperación económica.

b) Desechar los Acuerdos vinculados a Malvinas o al Atlántico Sudoccidental con incidencia en los archipiélagos argentinos y espacios marinos correspondientes ocupados por el Reino Unido

Desechar los Acuerdos Madrid; el Acuerdo de Nueva York; el Convenio del Atún y, las negativas Organizaciones regionales de Ordenamiento Pesquero (OROP) que regionalizarían el Atlántico Sur con claros beneficios para los Estados de Bandera (buques extranjeros) y la consolidación del Reino Unido en Malvinas; el Pacto de Foradori-Duncan, cuyos efectos prácticos deberían ser la anulación de la Comisión Conjunta de Pesca del Atlántico Sur; la Comisión sobre Hidrocarburos del Atlántico Sudoccidental; los vuelos a Santiago de Chile y San Pablo desde Malvinas y viceversa y, el establecimiento de una fecha de vencimiento para el tratamiento de la soberanía de Malvinas, entre otras cuestiones, con fundamento, en que en todos estos años no han sido ratificados por el Congreso Nacional estos Acuerdos y ser contrarios a los intereses nacionales, en especial por la violación del Reino Unido a la Res. 31/49 de las Naciones Unidas, quien ha invadido en forma creciente nuestros territorios insulares y marítimos y ha explotado los recursos nacionales.

c) La implementación de un Protocolo Adicional del MERCOSUR

Firmar un Protocolo Adicional “Mercado Común Pesquero del Sur (MERCOPES) del MERCOSUR para fortalecer la presencia suramericana en el Atlántico Sur en contraposición a la ocupación del Reino Unido y la extranjerización del Atlántico Sur.

d) La instrumentación del Acuerdo entre el MERCOSUR y la Unión Europea y las certificaciones

En línea con este pre-acuerdo y en función de las nuevas condiciones relativas al Brexit, acordar con la Unión Europea para que todos los productos originarios del Atlántico Sudoccidental (Área FAO 41 y 48) o migratorios o asociados a ésta deban encontrarse certificados por los organismos oficiales de la Argentina, Uruguay o Brasil según corresponda, para su ingreso a la Unión Europea, de modo de reducir la pesca y el comercio ilegal por parte de los Estados de Bandera, inclusive el Reino Unido.

e) La Política Rioplatense

Trabajar para llegar a una política común rioplatense con los acuerdos económicos adecuados con Uruguay para, que en forma inmediata, este país suspenda todo el apoyo logístico que le presta a los buques extranjeros que operan sin permiso en alta mar y Malvinas y, al mismo tiempo,  realizar las negociaciones necesarias para facilitar las operaciones de los grandes buques, el comercio, el control aduanero, la reducción de costos, el resguardo del acceso al Río de la Plata y el transporte en el área norte del Atlántico Sudoccidental.  

f) Ejecutar el Tratado de Paz y Amistad con Chile

Profundizar las relaciones culturales, comerciales y turísticas con Chile de modo de fortalecer los vínculos con este país. En este sentido, es necesario mejorar la vinculación de Chile respecto a la Antártida; el transporte, la seguridad y en los corredores bioceánicos; acuerdos de libre comercio y, coordinar un plan turístico binacional de modo de promover la explotación de ambos mares y sus archipiélagos australes. 

g) Promover el interés de Suramérica del Continente Antártico

En atención al Tratado Antártico y, sin menoscabo a los derechos de soberanía territorial, que se dejan en claro en el art. IV inc. 1 y 2 de éste y, teniendo en cuenta las superposiciones territoriales reclamadas, el gobierno argentino debería invitar a todos los países de Suramérica a adherir al Tratado, de acuerdo a lo previsto en el art. XIII inciso 1 para acordar con ellos la transformación del Continente Antártico en la “Reserva Ambiental, Científica, Acuífera y Alimentaria de Suramérica” y convenir con estos países, en el marco de la Convención sobre la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CRVMA) la explotación de los peces, crustáceos y moluscos al sur de la latitud 60ºS.         

 Nada está hecho, mientras quede algo por hacer (Romain Rolland)

 

(*) Experto en Atlántico Sur y Pesca, ex Secretario de Estado, ex Secretario de Bienestar Social (Ctes) ex Profesor Universidad UNNE y FASTA, Ex Asesor en la H. Cámara de Diputados y en el Senado de la Nación, autor de 26 libros (entre ellos “Malvinas. Biografía de la Entrega”, 2009 y, en prensa: “Argentina. La Casa Común. La Encíclica Laudato Si’ El Cuidado de la Casa Común. Comentada”, 2021).

 

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