jueves, 26 de septiembre de 2013

Qué el el Pensamiento Nacional



por Jorge Rachid

Cuando se menciona “Pensamiento Nacional” generalmente remite a la historia y dentro de ella, al mal llamado revisionismo histórico, que no es otra cosa que instalar en el contexto correcto, la visión, la lectura y la interpretación de nuestra memoria histórica, para deconstruir el relato de los vencedores de Caseros. Los mismos responsables de la Guerra de la Triple Infamia, los derrocadores cívicos militares de Irigoyen y Perón, los golpistas del 76, los genocidas de la dictadura, los avasalladores del pueblo argentino a lo largo de la historia. Pero no es eso sólo el Pensamiento Nacional, porque sería un ejercicio rememorativo y en el mejor de los casos un cambio de los contenidos curriculares de la enseñanza, lo cual constituye aún hoy, una hipoteca pendiente y deseable a concretar mas temprano que tarde. Es mucho más la construcción del pensamiento, es el sincretismo integrativo de las diferentes subjetividades que se acuñaron en nuestro país, desde los pueblos originarios a los mulatos, desde los esclavos libertos a los hijos de conquistadores españoles, asumiendo su rol nacional liberador, los inmigrantes de fines de siglo XlX y principios del XX, acoplados al criollo de nuestras pampas, que dio lo mejor de nosotros en esa síntesis superadora. Pensamiento que se fue plasmando al calor de la lucha de modelos de Nación, una lucha que a lo largo de la historia reciente, confronta las visiones ideológicas eurocentristas con la perspectiva nacional, expresada antes en la historia, trágica sin dudas, en el proceso de construcción nacional, desde las epopeyas libertadoras hasta la concreción de los procesos democráticos, en la confrontación Puerto versus Interior profundo, unitarismo-federalismo, oligarquía nacional representada por el Gral.Roca, contra oligarquía comisionista inglesa porteñista representada por Mitre, antes por Carlos María de Alvear, Rivadavia, Del Carril, Florencio Varela, personalismo y antipersonalismo en los albores del siglo XX, en el primer movimiento popular expresado por el Radicalismo irigoyenista y por supuesto hasta nuestros días entre el modelo social solidario de Perón, integrador, policlasista en su expresión de Movimiento de liberación nacional y el antiperonismo colonizador e imperial, generado por las necesidades e intereses, de quienes apuestan al país agroexportador, de economía primarizada y demográficamente debilitado. En ese juego que continúa, se expresan las corrientes ideológicas de la Argentina, rescatando ahí los aportes de los pensadores nacionales enterrados y negados por los triunfadores ocasionales, en cada tiempo histórico. Esos pensamientos, vivos hoy, son los de Artigas y la Patria Grande, Moreno y el Plan de Operaciones, Astrada, Castellani, Rodolfo Kush, Manuel Ugarte, Fermín Chávez., De La Riega, Zampay, Carrillo, el Colorado Ramos, Puiggrós, Hernández Arregui. el mismo Perón impulsor del segundo Congreso de filosofía en importancia del mundo del siglo XX, el Congreso de Filosofía de Mendoza de 1949 y su teoría de la Comunidad Organizada, con un pensamiento vigente al día de hoy, en función de las demandas actuales del mundo moderno. Muchos sin dudas quedaron sin mencionar ya que el camino de construcción del pensamiento y la acción que lo solidifica, se expresó a lo largo de las luchas emancipadoras y de búsqueda de soberanía nacional. No se agota la lista si pensamos en Discépolo, Homero Manzi, Marechal, Amelia Podetti, Jauretche, Scalabrini Ortiz, D’Alessandro entre otros, que fueron enterrados de la memoria colectiva por los dueños del poder usurpador y debemos rescatar, como lo hacen y lo hicieron los recientemente fallecidos Cirigliano y Porati, además de quienes siguen batallando como Jorge Bolívar, autor de “Juegos y Teorías de Dominación del Poder”, Hugo Chumbita y su aporte en “Historia crítica de las corrientes ideológicas argentinas”, Pancho Pesthana en “Que es el Pensamiento Nacional”,de donde he tomado el título de la nota, Marcelo Gullo con su libro “La insubordinación fundante”, Norberto Galasso y su inconmensurable obra, aporte y compromiso. Por supuesto la omisión supera la intención y mis disculpas por ello.

En síntesis, el Pensamiento Nacional es una construcción permanente, es la conciencia colectiva del pueblo expresada en cada momento histórico, construída en el trato cotidiano con el relato oral, tanto familiar como socialmente compartido, por los hechos históricos relatados y vividos. Esa construcción del pensamiento, siempre fue negada por los portadores de una visión acoplada a los poderes dominantes, siempre superiores, siempre exactos, frente a pensadores nacionales, que por la masa crítica que representan, siempre quedan relegados por “la Academia”, incluso no mencionados ni considerados. Por algo Arturo Jauretche planteaba, cuando se lo criticaba por la confrontación histórica revisionista, que era como la carreras cuadreras: “primero emparejemos y después largamos”. Es que tantas décadas de historia relatada desde el liberalismo negador de las categorías Pueblo y Patria, no se modifican desde posiciones académicas sino desde la construcción de nuevos paradigmas en el seno del pueblo, que en su conciencia colectiva, va creando al calor de las luchas por su dignidad. Es la “epistemología de la periferia” descripta por Fermín Chavez en esa definición magistral, que ubica al pensamiento nacional en el contexto mundial, desde su propia perspectiva histórica en el marco de Patria Grande y de reflejo cabal de los intereses del pueblo latinoamericano. Así fue a lo largo de los tiempos, que todo lo que provenga del marxismo, liberalismo, social democracia, social cristianismo, es de consumo habitual, estudio sistemático, reflexiones y disecciones de pensamientos de contextos históricos lejanos, modelos sociales diferentes, con comunidades de conformación particulares, alejadas de nuestro perfil, que son tomadas tipo verdades reveladas, junto a la historia de los países centrales, conocida por nosotros desde chicos, como si fuese nuestra, impregnada de intereses económicos colonizadores, en donde la batalla cultural se presenta como herramienta fundamental en la construcción del nuevo modelo social solidario del siglo XXl. Siempre se negó la posibilidad de construcción de un pensamiento que no contuviese esas categorías de análisis, lo hicieron los pensadores sumisos al poder central, aquellos que no asumen la epistemología de la periferia de Chavez, que una nueva centralidad es posible. Los mismos parámetros que negaron la civilización, organización y humanismo de los pueblos originarios, los que enterraron las técnicas de aniquilamiento por explotación de riquezas realizadas sobre el trabajo esclavo indígena, que cuando no alcanzó produjo el traslado masivo de esclavos africanos, la misma técnica de ocultamiento que usaron para enterrar la Patria Morena y condenar a los verdaderos patriotas al patíbulo, mientras glorificaban los verdugos aliados a los poderes imperiales de cada etapa. Los que se condenaron a Artigas a muerte por patriota, los que prefirieron entregar Uruguay al reino portugués , antes que defender la Patria Grande que exigía el caudillo Protector de los Pueblos Libres, los que subieron a los barcos ingleses y franceses en la Vuelta de Obligado, los mismos que hoy apoyan los Fondos Buitres y las empresas extranjeras, los que propician hoy, endeudarse y subordinarse a la globalización y la modernidad, la misma gestada por la arquitectura financiera, extorsiva y codiciosa del capitalismo salvaje. En esa batalla cultural, se sintetizan los anhelos y las esperanzas del pueblo argentino y sudamericano, que han visibilizado su perfil propio frente a las potencias dominantes, desde  UNASUR, CELAC y MERCOSUR, habiendo mostrado en el imaginario colectivo, una idea de región, una vocación compartida, una idea de unidad de los Pueblos, de pueblos finalmente integrados, sin fronteras, con emprendimientos comunes, transferencias de tecnologías, acreditaciones profesionales, embajadas conjuntas en el mundo, en una idea refundadora de la unidad latinoamericana, más allá de los fundamentos económicos de los tratados internacionales, habituales marcados por el capitalismo, que reducen los sueños fundadores, a una patética discusión de aranceles, que lleva a la división y disgregación regional si no existe un acuerdo previo de fortalecimiento de la unidad necesaria, para el crecimiento del bloque americano. La integración de los pueblos sudamericanos está recuperando la línea histórica de nuestro padres liberadores Artigas, Bolívar y San Martín, quienes en su concepción de Patria Grande, nos legaron el desafío de construcción de las próximas generaciones, con la piedra basal cementada por los Chavez, los Kirchner, los Lulas, los Mujicas, los Evo y los Correa, superando las amenazas y las dificultades planteadas por una construcción neoliberal, que impregnó a sangre y fuego las últimas décadas del siglo pasado, en lo cultural y en lo económico, ignorando la América Morena, profunda, multiétnica, de saberes ancestrales y épicas memorables a lo largo de la historia. Un aporte histórico ha sido en este tiempo la construcción regional en la conformación del pensamiento nacional y latinoamericano, que logró desplazar la cultura dominante por mas de 40 años, una cultura que inculcaba el individualismo atomizador y disgregador de las sociedades, que hizo del Mercado un Dios de culto junto a la única visión de vida como proyecto, que es la acumulación de dinero, en la mejorada imagen de la codicia egoísta, que ha logrado dominar al mudo capitalista, desplazando la producción por la especulación financiera, que está llevando a la ruina a los países europeos. No lo saben aún pero están escribiendo el capítulo final de un período nefasto para la humanidad, con las desgraciadas consecuencias sociales que origina. Por ellos, los que consiguieron construir un nuevo paradigma  americano, el humanismo que hoy expresa la política latinoamericana, tiene un abismo diferencial con las conductas hegemónicas del imperialismo. Un humanismo que proyecta una nueva idea de construcción colectiva, dinamizadora de los aspectos solidarios de la comunidad, integrativos a lo mejor del hombre como un ser social, que se realiza en el seno de su comunidad, donde el hombre aislado no existe, con una concepción de Comunidad Organizada que brinda el sostén necesario del estado de justicia Social, que nuestro país ya vivió en la década del 50 y que intenta revivir en medio de las batallas actuales, de la guerra cultural contra el neoliberalismo. En esa lucha se fortalece la conciencia nacional y consolida la construcción del pensamiento, fijando en cada etapa histórica los componentes nacionales y populares, que modelan el camino trazado por las grandes mayorías populares. En síntesis, el Pensamiento Nacional es el pensamiento vivo del pueblo, es la mejor arma de la batalla cultural, es la posibilidad de construir la historia cada día y no relatarla, nos transforma en protagonistas antes que en testigos pasivos de nuestro devenir, es una construcción permanente, apuntalada en la lucha por las ideas, con las movilizaciones populares, las pugnas sectoriales, elevando los niveles de conciencia de nuestro pueblo trabajador, formulando los nuevos paradigmas colectivos que iluminan las esperanzas y fogonean las utopías, que en definitiva escriben la historia de los pueblos.


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