martes, 29 de septiembre de 2015

Relecturas de Malvinas


Aritz Recalde, septiembre 2015

·         A la derrota militar y política, le sigue la cultural
En el año 1982 se produjo una derrota militar argentina en la guerra de las Islas Malvinas y el Atlántico Sur. Ese mismo año se había demostrado errónea la estrategia política de la Junta Militar y los británicos consiguieron el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU, de la OTAN o de Chile, aislando a nuestro país. Argentina obtuvo el sustento de varios gobiernos de la región, sin poder revertir la estrategia colonialista británica. 
Habiendo alcanzado el éxito militar y político, el gobierno inglés se propuso remachar su dominio sobre las Malvinas a partir de un rotundo y definitivo triunfo cultural. Con esta finalidad, el imperialismo británico desarrolló una estrategia ideológica  orientada, principalmente, a persuadir a los sectores medios argentinos.
Este mecanismo de sugestión neocolonial ya había sido utilizado por Inglaterra en el siglo XIX y como resultado de esta operación, varios políticos e intelectuales argentinos apoyaron públicamente la agresión militar europea en nuestro continente. La embestida de Inglaterra y de Francia de 1845 fue acompañada por Domingo Faustino Sarmiento, que publicó el Facundo con el objetivo de derribar a Juan Manuel de Rosas y de favorecer la ocupación militar extranjera. Algo similar ocurrió en el año 1838 en el contexto de la guerra con Francia, que fue apoyada públicamente por Juan Bautista Alberdi, Florencio Varela o por Esteban Echeverría, entre otros. Esteban Echeverría mencionó en el Dogma Socialista sin parecer sentir contradicción ideológica o al menos vergüenza alguna, que ellos operaron políticamente a Juan Lavalle para que acompañe la armada enemiga francesa.
En la historia de todos los pueblos del mundo existen personajes locales al servicio del extranjero (cipayos). Lo extraño del caso argentino, es que estos personeros alcanzaron lugares predominantes en la política del país y en la organización de su cultura. Echeverría tiene monumentos con su nombre y Sarmiento es considerado el “padre de la escuela pública”. Haciendo analogías, es como si el pueblo de los EUA homenajeara con algarabía al grupo intelectual que ideó o que impulsó al piloto de avión que destruyó las Torres Gemelas en 2001 o los que bombardearon Pearl Harbor de 1941. Sarmiento alcanzó la presidencia del país y nadie le enrostró que apoyó a las fuerzas extranjeras británicas en 1845 o a las brasileñas en 1852. Es como si los franceses a la salida de la Segunda Guerra Mundial, elijan de presidente a un aliado confeso del enemigo alemán o japonés. Difícilmente un país con conciencia nacional cometa semejante agravio a su historia y a sus mártires que lucharon defendiendo el territorio contra el ejército opresor. Parece una realidad habitual que los Estados doblegados política y culturalmente por las potencias coloniales, rindan tributo a los “aliados de sus enemigos”. Esa deformación política y cultural se hizo sistema de pensamiento, programa de cátedra universitaria y línea editorial del periodismo.

A la salida de la guerra de Malvinas del año 1982, los británicos se propusieron aplicar el mismo programa ideológico utilizado desde 1852, cuando cayó Juan Manuel de Rosas. Los argentinos debían ser doblegados culturalmente, impidiendo la conformación de una conciencia nacional. Con esa finalidad los colonialistas ingleses y sus aliados norteamericanos, agitaron una concepción que postula lo siguiente:
a-     La guerra de Malvinas no es una manifestación del colonialismo europeo mundial, sino que simplemente se originó en los excesos de Leopoldo Galtieri y de un nacionalismo autoritario y retrogrado argentino. La política colonial del imperialismo, deja lugar a un relato psicológico y subjetivo que responsabiliza a la Junta Militar argentina.
b-    No existió en el año 1982 en nuestra población un sentimiento nacional y una voluntad de defender el territorio, incluso por medio de las armas. La historia derrotista de la desmalvinización, postula que las movilizaciones de apoyo a la guerra de 1982, son el producto de una mera “operación ideológica” ejercida por la dictadura argentina.
c-     No hubo una batalla entre ejércitos en el contexto de la guerra, sino que se enfrentaron “chicos” (argentinos) y “soldados” (ingleses). Se dan dos operaciones ideológicas conjuntas. Por un lado, la acción militar de nuestro país es borrada y pese a que el saldo de bajas del enemigo es considerable. Se da por hecho que la Argentina no puede ni siquiera pensar un enfrentamiento militar o de resistencia a la prepotencia colonial. Para la ideología de la desmalvinización no es posible que exista un sentimiento nacional de defensa de nuestro suelo. Por otro lado, se busca humanizar al enemigo militar que causó las 649 víctimas y cientos de heridos, que cometió crímenes de guerra (hundimiento del Crucero Belgrano con 323 muertos argentinos) o que obligó a nuestros soldados a morir extrayendo minas. No son poco los argentinos que en lugar de denunciar los crímenes de guerra ingleses, sostienen que sus tropas eran “amigables” y que les daban alimento y “cariño” a los “chicos de la guerra”. El victimario se hace víctima y pareciere que los asesinos ingleses, en realidad, venían a traer la “civilización” y la “libertad” a Malvinas.

·         ¿Qué buscan los argumentos de la desmalvinización?

a-     Buscan impedir que la clase política Argentina haga un análisis geopolítico nacionalista y soberano del tema Malvinas. Se trata de ocultar la voluntad expresa del imperialismo británico y norteamericano de mantener y de profundizar la ocupación de Sudamérica y del Atlántico Sur. En su lugar, la opinión pública local debe fustigar meramente a la Junta Militar y no al criminal extranjero y a su acción expansiva mundial. Resultado de la estrategia neocolonial, no se analizan las agresiones de la OTAN y de las potencias occidentales contra nuestro país y no se estudia el accionar del imperialismo británico y de sus operadores en el continente.  
La política exterior del ex presidente Carlos Menem es un síntoma, trágico, de la derrota cultural y política del país. Durante su mandato, se firmó en España en el año 1990 una Declaración conjunta de las delegaciones de la Argentina y del Reino Unido. Resultado de la Declaración las partes avanzarían en un acuerdo de “Promoción y Protección de Inversiones”: los ingleses no sólo se quedarían con las Malvinas, sino también con las empresas privatizadas argentinas. El texto permitió a los ingleses obtener permisos de pesca y derechos de explotación comercial. Por si ya no fuera poco lo que lograban con ese tratado, los británicos consiguieron que la Argentina esté obligada a informar sobre el movimiento de las Fuerzas Militares de nuestro país. Tal cual se observa en el proceso actual de militarización de las islas, queda claro en los hechos de que no existió “reciprocidad” en este humillante tratado.
Para la dirigencia menemista los ingleses ya no eran colonialistas, sino buenos socios inversores. Ocurrió lo mismo que a la salida de Rosas: los asesinos europeos eran absueltos de su responsabilidad y teníamos que pedir disculpas por haber defendido nuestro suelo. Bajo ésta ideología de la desmalvinización y poco tiempo después, argentinos y británicos se unieron en la Guerra del Golfo: “el colonialismo inglés había terminado y ambas naciones combatirían juntas a la barbarie en el nuevo orden mundial”.   

b-            Se proponen eliminar la voluntad de defensa del territorio y con ello, debilitar nuestra conciencia nacional. Quieren desconocer la hostilidad manifiesta del hombre argentino frente al extranjero agresor.
Ambos reflejos nacionalistas son tan viejos como nuestra Independencia y ello posibilitó que actualmente no seamos una colonia española, inglesa o francesa. Se esconde o se presenta como un “absurdo”, la voluntad expresa del pueblo de defender su suelo y sus recursos. La desmalvinización supone una escritura de la historia que relativiza o esconde las resistencias del pueblo a las invasiones inglesas de 1808, de las Malvinas de 1833 o contra la agresión europea de 1845. Por el contrario, se hace apología de la ideología del “afrancesado” Bernardino Rivadavia y del “pro británico” Bartolomé Mitre.
La ideología de la desmalvinización se asienta en el supuesto de que nuestro país es pacifista y que repudia la violencia. Paradójicamente, varios de los mismos sectores que postulan que la defensa del suelo que movilizó miles de personas a favor de la guerra es un “absurdo” o una “invención demagógica”, apoyaron la muerte de personas detrás de otras causas como el “socialismo” o la “libertad”. No son pocos los que se escandalizan con la decisión de muchos jóvenes de combatir en Malvinas, mientras que consideran “heroico” la muerte de de miles de guerrilleros que lucharon por el “marxismo” o por el “socialismo”. Parece lógico que la juventud deje su vida en la guerrilla en los montes tucumanos, que acompañe las acciones armadas en todo el continente cayendo en selvas desconocidas y no así, que alguien esté dispuesto a enfrentar a los ingleses para defender la soberanía territorial. 
No son pocos los que fustigan la voluntad de ir a la guerra contra Inglaterra en 1982 y se honran haber luchado por “libertad” cuando acompañaron el bombardeo de Buenos Aires de 1955. A los sucesos tenebrosos de los meses de junio y septiembre de 1955, los llamaron “Revolución Libertadora” y a los jóvenes terroristas de los Comandos Civiles, “patriotas idealistas”. Es bueno destacar, que entre el bombardeo  de junio de 1955 y los 27 fusilados del año 1956, murieron más argentinos que en combate en 1982 (no cuento el crimen de guerra del crucero General Belgrano, donde no hubo enfrentamiento ya que se estaba fuera del teatro de operaciones).
Los promotores de la desmalvinización, no aplican la misma severidad historiográfica para evaluar el conjunto de las guerras en las cuales intervino la Argentina. No son pocas las escuelas y universidades donde se enseña que la Batalla de Caseros y la Guerra del Paraguay son actos de “libertad”. Poco y nada se dice que murieron miles y miles de argentinos y sudamericanos. Solamente en la Guerra del Paraguay se calculan 40.000 bajas argentinas y casi un millón de habitantes del país que fue brutalmente agredido. Escasos son los análisis de la Batalla de Caseros donde los ejércitos del Brasil, de Mitre y de Urquiza, derrocaron a Rosas. No existe registro de la cantidad de muertos y ninguno analizó la participación de los jóvenes en los enfrentamientos. No se mencionan a los miles y miles de “chicos de la guerra” que murieron en conflictos internos absurdos y humillantes contra países hermanos.     

·         Algunas preguntas aun abiertas
¿Una mala conducción militar le quita legitimidad a la decisión del pueblo de combatir por su tierra?
Bartolomé Mitre fue un pésimo conductor militar en Paraguay y llevó a una guerra fratricida al pueblo argentino. Es bueno destacar, que también Mitre como Galtieri, entabló una sangrienta acción militar contra el pueblo argentino. Son escasos o nulos, los estudios históricos que lo juzguen críticamente como a Galtieri. Posiblemente y para nuestra dirigencia de ideología racista, Mitre estuvo justificado en que asesinó paraguayos y no se atrevió a enfrentar al europeo que “venía a civilizarnos”.
La conducción militar de la guerrilla argentina llevó, casi sin excepciones, a la derrota y a la muerte a sus cuadros y a militantes.
Hay un caso interesante para analizar y es el del registro cultural e histórico de las guerras del Pacifico y del Chaco protagonizadas por Bolivia. En ambos casos se produjeron derrotas que tuvieron origen, entre otras cuestiones, en la pésima conducción militar y en la decadencia de la dirigencia política del país. Los bolivianos consideran a sus soldados patriotas y a su dirigencia la juzgaron críticamente como incapaz e incluso, como traidora de sus intereses nacionales. La sociedad boliviana, a diferencia de un sector de la argentina, no siente vergüenza de la guerra ni de la voluntad de sus soldados de luchar por su suelo.

¿La diferencia militar de los Estados enfrentados, invalida la decisión de muchos argentinos de ir a Malvinas?
No son pocos los que consideran ilógico la decisión de muchos argentinos de combatir, por el hecho de que los ingleses tenían superioridad militar. Lo mismo ocurría en 1806, en la Independencia iniciada en 1816 o en las defensas contra las agresiones de 1838 o de 1845.
Esta misma realidad, no impidió el surgimiento de organizaciones revolucionarias en el siglo XX en todo el continente.

·         Reflexión final
Leopoldo Galtieri es un dictador genocida y es el responsable de la pésima conducción militar que trajo aparejada la derrota de la guerra. Más allá de esta realidad, sostenemos que la desmalvinización cultural es una operación ideológica del imperialismo británico y de los EUA. La guerra de Malvinas reflejó una voluntad nacional histórica de defensa del territorio y la soberanía, sin la cual hoy seriamos una colonia extranjera.
Tal cual mencionó el Papa Francisco, actualmente el mundo va a la Tercera Guerra Mundial por el control del territorio, los mercados y los recursos naturales. El enfrentamiento se da en los planos económicos, políticos y militares. En el terreno cultural la lucha es implacable. Las potencias con el manejo del cine, las cadenas de información o las universidades, hacen de su manejo terrorista del mundo un acto de civilización. Los países y pueblos agredidos son presentados como la causa originaria de la violencia y no como las víctimas de un sistema injusto y opresivo.  
Actualmente, los británicos y su socio EUA, continúan con las acciones colonialistas en Iberoamérica, en Europa, en Asía y en África. Debe quedar claro que las Malvinas son un “piso colonial” y no un “techo” y si Sudamérica no consolida su conciencia antiimperialista, será agredida por las potencias extranjeras que ambicionan nuestros territorios y recursos, incluyendo los de la Antártida.




Presentación "La FORJA del nacionalismo popular" de Juan Godoy


V jornadas de psicoanálisis, salud y políticas públicas - La Masotta / UNR


Encuentro de Formación Política en la UNLP - Peronismo Militante


martes, 22 de septiembre de 2015

Entrevista a Iciar Recalde

Revista Integración Nacional dialogó con la Licenciada Iciar Reclade, directora editorial de la publicación política "Mano a Mano", acerca de la realidad en la Universidad argentina, sus avances de los últimos 12 años y también acerca de las deudas pendientes en materia de reforma de planes de estudio. También, nos dio su opinión acerca del proceso de elecciones que estamos atravesando.

RIN: ¿Qué opinión te merece la política hacia la Universidad durante estos últimos 12 años?

IR: La Universidad argentina vive en la actualidad un panorama diametralmente diferente al de principio de siglo. Difícil es encontrar en otra década de nuestra historia el peso y la significación que se le ha otorgado a las Universidades nacionales en estos 12 años.

En primer lugar, es necesario atender a transformaciones cuantitativas. Los estudiantes aumentaron casi un 37 % entre el año 2001 y el 2015. Los egresados también aumentaron en relación con aquel año de base en un 80 %, lo que supone una disminución de la tasa de deserción. Muy impactante es el cambio del presupuesto universitario, que duplicó su peso en el producto: el Estado aumentó de $ 1.900 millones en el año 2002 a $ 39.000 millones en 2015. Este último dato se expresó particularmente en los salarios de los docentes y de los no docentes, atrasadísimos en aquel entonces, en el nuevo régimen jubilatorio (movilidad jubilatoria del 82 % móvil), pero también en el número de becas universitarias que se incrementaron en un 1754 %, pasando de 2726 a 47296, en la implementación de Programas de apoyo y mejoras de la calidad académica, en los de mejoramiento que involucraron a Ingeniería, Agronomía, Geología, Química, Recursos Naturales y Artes.

En segundo lugar, está la inversión en infraestructura universitaria. Solamente en obra pública se invirtieron más de 1500 millones de pesos y se inauguraron 15 nuevas Universidades a lo largo y ancho del país.

En tercer lugar, el actual Modelo de desarrollo, la apuesta a la ciencia y tecnología nacional y la inversión de recursos en áreas consideradas “estratégicas”, las becas a Carreras prioritarias o la apuesta a la pertinencia social de las investigaciones, ha favorecido la inserción profesional de los egresados universitarios.

Vale decir, los cambios experimentados en nuestras Universidades se producen en una Argentina que abandona paulatinamente el neoliberalismo, cuyo producto ha crecido no sólo cuantitativamente sino también en su composición interna pues ha disminuido el grado de primarización de nuestra economía, lo que permitió que la distribución del ingreso haya revertido la curva declinante para los trabajadores y acrecentado la proporción de los trabajadores formales a través de un papel más destacado del Estado. Además de los cambios efectivos en el sistema jubilatorio y la ampliación de las prestaciones en el área de la previsión social, la existencia de paritarias anual y, en general, toda una política económica que incide en el mercado otorgando mayores ingresos y posibilidades a los sectores más vulnerables.

Asimismo, debe atenderse a los cambios en la educación en general que, sin lugar a dudas, impactan en la cuestión universitaria. En esta década, encontramos cambios en la legislación sobre financiamiento educativo, educación técnica profesional y educación nacional. Estas modificaciones legales tuvieron su aplicación más importantes en el financiamiento, pero además se observó en las transformaciones habidas en la Enseñanza Básica y Media, en los salarios docentes, en las 1786 nuevas escuelas, en la cantidad de estudiantes y en políticas destinadas a aligerar los costos educativos a las familias a través de la distribución de computadoras, material didáctico y libros.

"Lamentablemente, sabemos que las Universidades argentinas continúan forjando sus Planes de Estudio en teorías europeas y norteamericanas, de espaldas al pensamiento nacional y latinoamericano, al que se suele considerar de manera peyorativa."

RIN: En algunas currículas todavía existen muchos vestigios de planes de estudios desactualizados y, en el peor de los casos con una clara primacía de corrientes políticas retardatarias. ¿Por qué creés que no se ha llevado adelante una reforma integral de los planes de estudios y con ello la incorporación de pensadores del campo nacional como Jauretche o Scalabrini Ortiz?

IR: Hacés referencia justamente a dos pensadores que legaron un modelo de Universidad ligada a las necesidades nacionales que, simbólicamente, se sintetiza en dos proclamas que siempre cito de memoria y forman parte de los desafíos actuales: “Aproximar más la Universidad al país.”, pedía don Arturo Jauretche,  y Raúl Scalabrini Ortiz afirmaba: “Por mi parte, yo tengo una fe profunda en la juventud de mi tierra.” Lamentablemente, sabemos que las Universidades argentinas continúan forjando sus Planes de Estudio en teorías europeas y norteamericanas, de espaldas al pensamiento nacional y latinoamericano, al que se suele considerar de manera peyorativa. En necesario que atendamos de manera creativa a la necesidad de revisar críticamente la tradición fuertemente europeísta y norteamericana de nuestras Universidades para comenzar a direccionar los contenidos de los planes académicos y de los programas de las asignaturas orientados al estudio de la realidad nacional y regional.

Creo que el cambio de una cultura universitaria cuya tradición es profundamente colonial, demandará tiempo y profunda vocación patriótica de la comunidad universitaria junto a políticas estatales que refuercen la necesidad de que las Universidades se comprometan más y mejor con proceso de desarrollo nacional y regional y abandonen el paradigma de repetir acríticamente teorías extranjeras para comenzar a textualizar los problemas del país.

La actual hora política de América latina demanda además el compromiso en la confección de una agenda compartida que incluya el desarrollo de políticas para promover y profundizar las iniciativas conjuntas de integración académica y científica desarrolladas hasta el momento, que refuercen los lazos de intercambio de estudiantes, docentes, investigadores, trabajadores técnico administrativos y de iniciativas de producción de conocimiento socialmente relevante. Pienso, en la profundización de las acciones  iniciadas por el Sector Educativo del Mercosur, el ARCU-SUR que impulsó entre los años 2007 y 2008 un Sistema de Acreditación de Carreras Universitarias para el reconocimiento regional de la Calidad Académica de sus respectivas titulaciones en el MERCOSUR, la profundización de la labor del Consejo Sudamericano de Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología e Innovación, etc. Los retos que tenemos por delante son múltiples. Todos y cada uno están estrechamente vinculados con el reconocimiento de nuestro destino común. El desafío es por ello, promover la unidad en la diversidad, único reaseguro de que terminemos de saldar la dependencia estructural que aún padecen nuestros Pueblos y que logremos viabilizar nuestra soberanía científico tecnológica que permitirá el desarrollo integral de cada uno de nuestros países.

"La actual hora política de América latina demanda además el compromiso en la confección de una agenda compartida que incluya el desarrollo de políticas para promover y profundizar las iniciativas conjuntas de integración académica y científica"

RIN: En muchas universidades nacionales del país, no se implementa el Turno Noche ¿Pensás que es un freno al ingreso de la clase trabajadora, la cual debe mayoritariamente acceder a las universidades privadas?

IR: El cursado del turno noche se implementó con la creación de la Universidad Obrera Nacional en el año 1948, que trajo enormes beneficios sociales y educativos fundamentalmente a las clases sociales históricamente postergadas en nuestro país del acceso a la Educación Superior: los trabajadores. La Universidad con el peronismo comenzó a ser un derecho de los argentinos sin distinción de clase social de origen y pertenencia (gratuidad) propugnando la movilidad social ascendente de los sectores populares. Fundamentalmente, se discutió la matriz liberal y predominantemente profesionalista de las Universidades tradicionales y se suprimió la veda al ingreso de los sectores del trabajo que exigía tener título de Bachiller y obstaculizaba el que otorgaban las escuelas técnicas. Resta mucho por hacer para profundizar la masividad de nuestra Universidades. Al respecto, soy una convencida de que las condiciones de una democratización total del ingreso universitario estarán dadas cuando la Argentina termine de forjar un Modelo de Desarrollo independiente, superando la concentración y extranjerización de nuestra economía, con una economía industrializada, con pleno empleo y justicia social para todos los argentinos.

RIN:Una encuesta realizada por Poliarquía hace algunas semanas muestra que la mayor parte del electorado que vota Macri se puede encontrar en una franja etaria que abarca de los 18 y 29 años,  principalmente femenino y que, mayoritariamente, posee o busca un título universitario. ¿A qué se debe este fenómeno?

¿Podemos señalar que la punta de lanza de oposición a gobiernos de tinte nacional y democrático se encuentran, aún hoy y en latinoamericana, en la universidad?

IR: Es un problema fundamentalmente cultural y político. Los sectores medios son objetos de la política ideológica de los sectores poderosos. Todo el aparato de la colonización pedagógica está montado al efecto de que, como históricamente sucedió, se alíen con los poderosos para conseguir privilegios. Pensemos en el caso de Venezuela, donde la Universidad es un factor de enfrentamiento constante a las políticas emancipadoras. Para el caso argentino, pienso que la enorme inversión universitaria, no se correspondió en su totalidad con un saldo político organizativo lo suficientemente comprometido con el proceso que vivimos los últimos 12 años. Es un desafío que deberemos encarar con seriedad los próximos años el de la nacionalización de los sectores medios.

RIN:¿Qué análisis hacés, pasadas las PASO, de los resultados y las perspectivas para octubre?

IR:Es claro que estamos lejos del escenario del 54 % que el FPV obtuvo en una de sus mejores elecciones. Deberemos, por lo tanto, redoblar los esfuerzos militantes de cara a octubre para evitar un posible escenario de ballotage. Asimismo, sería importante avanzar en la discusión pública acerca de las propuestas de nuestros candidatos para el gobierno de los próximos años para no quedarnos en el repetitivo repaso de lo realizado. Por lo realizado el pueblo argentino ya nos votó. Es necesario plantear con claridad cuál será el rumbo de profundización en torno a las rémoras heredadas del neoliberalismo que no logramos sortear en los 12 años pasados y que continúan siendo cuentas pendientes: estructura económica extranjerizada, la riqueza generada por los argentinos que drena hacia el exterior, la concentración de la economía, el acaparamiento de mayor porción de la renta agraria diferencial, la discusión del modelo sojero, la desigualdad, el pleno empleo, reforma tributaria, reforma financiera, nacionalización del comercio exterior, fuerte política de propiedad social, políticas de avance en la descolonización ideológica, Banco del Sur...

RIN: Es posible afirmar, aún hoy, aquello que explicaba Jauretche respecto del antagonismo que conflictúa en Argentina respecto del Campo Nacional y el Antinacional? ¿Existe tal polarización en la actualidad? ¿Quiénes son sus principales exponentes? ¿Podría señalar alguna diferencia con aquel entonces?

IR:Sin dudas. Jauretche dividía tajantemente los campos del pensamiento y de la política con una frontera: lo nacional y lo antinacional, en lugar del esquema clásico del pensamiento de la izquierda tradicional entre "izquierda-derecha" que eludía la cuestión nacional no resuelta. Esto es particularmente cierto en un país complejo como el nuestro donde la condición dependiente y semicolonial se da mediada por un conjunto de clases internas donde discernir donde está la infamia imperialista es más difícil ciertamente que, por ejemplo, en Cuba donde el pueblo cubano sabe que la patria no está del lado de Obama. La batalla se da en todos los terrenos y el campo de deslinde es el campo nacional del campo antinacional para transformar la estructura económica del país, único reaseguro de la justicia social y la soberanía política. Por eso, Don Arturo hacía un llamado a pensar en nacional, desde nuestra propia realidad, desde nuestras categorías, quitándonos las zonceras adquiridas por la colonización pedagógica, pensar desde nuestras problemáticas, desde el centro del planisferio, no como estamos acostumbrados desde abajo y desde un rincón. Forjar una conciencia nacional resulta salvaguarda de la victoria política. Es que la colonización pedagógica impide que lo social se identifique con lo nacional, se crean problemas marginales que dividen, y de esta forma no hay posibilidad de arribar a soluciones sociales por el único camino posible la integración vertical de todos los sectores enfrentados a la oligarquía y al imperialismo para lograr la emancipación integral de la nación. Se trata de buscar puntos de coincidencia para construir la patria, decía Don Arturo. Por eso, el camino para emprender la liberación nacional en un país semicolonial como la Argentina es la creación de un frente nacional que aúne a todos los sectores “nacionales” enfrentados a la oligarquía y al imperialismo, la unificación de éstos bajo una línea nacional que es la conciencia histórica de los argentinos. Su columna vertebral deben ser si o si, los trabajadores. Largamente se ocupó Jauretche de demostrar el papel esquivo de la denominada burguesía nacional, que la lleva en forma directa a la traición, quiere ser oligarquía y no puede, es ausentista, parasitaria, etc., lo que significa darle mayor centralidad al rol del Estado como empresario y único capaz de nacionalizar y estatizar el patrimonio nacional enajenado. El peronismo fue una revolución nacional que, lamentablemente, quedó trunca por la violencia antinacional del año 1955. El kirchnerismo es un peronismo moderado. Si bien, el FPV impulsó todos estos años medidas antiliberales e industrialistas en lo económico, antiimperialistas y americanistas en lo político y populares en el plano social, estamos a mitad de camino en el tránsito hacia la consolidación de la segunda y definitiva independencia nacional. La opción es de hierro: o nos quedamos a medio camino o avanzamos en la construcción de un proyecto nacional integral que enarbole las tres banderas, sinónimo de industrialización y recuperación del patrimonio nacional. La independencia económica tiene un obstáculo en la extranjerización y la concentración económica actual. La independencia económica es la base de la soberanía política y es el principio sobre el cual se va a producir la emancipación social del pueblo.

La oposición al gobierno nacional, todo el arco político antinacional, se compone de un sector de los grupos económicos y financieros internos y trasnacionales con poder financiero, mediático y judicial cuyo proyecto es reprivatizar la economía, detener el proceso de industrialización y  aumentar la rentabilidad del capital financiero y de la oligarquía aliada al imperialismo.

*Iciar Recalde. Licenciada en Letras (UNLP). Docente de Literatura argentina del Siglo XX y de Sociología de la cultura latinoamericana en la UNLP y de Política y Sociedad en la UNAJ. Directora editorial de Mano a mano, revista de política, economía, cultura y pensamiento nacional de la UNAJ. Declarada por el Honorable Senado de BA como Mujer destacada de la Provincia de Buenos Aires. Miembro del Centro de Estudios Juan José Hernández Arregui.

 http://rinacional.com.ar/entrevista-a-iciar-recalde.html

domingo, 20 de septiembre de 2015

Documental "FORJA y LA UNIVERSIDAD"


Guión:        Veronica RANDI
Dirección:   Geronimo QUEVEDO

 Lo podés ver en línea pulsando acá

A continuación algunos datos históricos que contribuyen a la interpretación del tema.-


FORJA y la Universidad
Aritz Recalde, marzo 2015 

“La Enseñanza Superior cumple entre nosotros la función de resolver el problema económico de los hijos de la minorías y parte de las clases medias y extraer, accidentalmente, algunos elementos calificados del seno del pueblo para incorporarlos. Carece de finalidades sociales más amplias y lógicamente, carece de finalidad nacional.” (Jauretche, 2004: 132)

Las Agrupaciones forjistas
Según Ciria y Sanguinetti: “FORJA estuvo integrada, en su mayoría, por universitarios jóvenes.” (Ciria y Sanguinetti, 1983, T 1: 84) Sus activistas militaron la reforma y además fueron acérrimos críticos del funcionamiento de la institución décadas posteriores a 1918. FORJA fue una de las expresiones políticas y culturales argentinas que con mayor claridad se referenció con la reforma universitaria del año 1918. (Hernández Arregui, 2004: 224) En este sentido, en el Cuaderno 2 de FORJA Gabriel Del Mazo estableció que:

“Así como el sufragio universal fue el instrumento primero para la movilización política y el alumbramiento civil de la conciencia nacional, Yrigoyen auspició desde el gobierno el gran movimiento, hoy continental, de la Reforma Universitaria, que surgía aquí por obra de la juventud con esa incorporación del pueblo a la vida nacional.” (Cuadernos de FORJA, 2012: 88)

Varios de sus miembros, tales como Manzi, Jauretche, Dellepiane[1] o Del Mazo desarrollaron una activa militancia en los espacios juveniles universitarios. Incluso, Jauretche y Manzi se conocieron en la Facultad de Derecho de la UBA. (Galasso, 2009 T II: 318) En esta época de activismo universitario, Jauretche tomó contacto con Gabriel del Mazo. (Galasso, 2003: 110 y 126) En los tres casos, su militancia universitaria se alistó a favor del reformismo. Su paso por la Universidad no estuvo exento de altercados políticos y la intervención de la Facultad del año 1930 expulsó a más de setenta alumnos, entre los que se encontraban Manzi y Jauretche. (Ciria y Sanguineti, 1983: 79)
El investigador Juan Godoy (2014) realizó un relevamiento de volantes y documentos históricos de la etapa y mencionó que la Agrupación Organización Universitaria Forjista (OUF) abrió espacios en:
-UNLP: sus dirigentes más reconocidos eran Miguel López Francés, Francisco Capelli y René Orsi
-UBA: entre sus activistas se destacan Carlos Maya y Mario Pascale, que logran conducir el Centro de Estudiantes de Derecho y Ciencias Sociales; Tomás Luzzani militó en Medicina y en Farmacia lo hizo Víctor Casabona
-Universidad de Tucumán: condujo el espacio Celestino Gelsi
-Universidad Nacional de Mendoza: participó el forjista Matos Hoyos

FORJA impulsó la Unión Federalista Revolucionaria Argentina (UFRA) en la Universidad Nacional de Córdoba, conducida por José Cafasso. (Godoy, 2014) Es bueno destacar que el Abogado marplatense Francisco Capelli,[2] alcanzó el cargo de Presidente de la Federación Universitaria Argentina en el año 1939. (Godoy, 2014; Galasso, 2008: 256; García y Ríos, 2008: 2)

La complicidad universitaria con el régimen
En la opinión de los forjistas, la Universidad formó parte del sistema de poder y consideraron que no se podían analizar sus funciones a partir de la mera realidad interna de la institución. Para FORJA el problema universitario no constituye: “Una parcialidad que pueda enfocarse puramente como cuestión pedagógica, sino como elemento histórico, sin duda sustancial, en la elaboración del destino argentino.” (A 3er M, N° 4, Documentos, p. 59) Ponían en duda el funcionamiento de la institución ya que la consideraban distante del “destino argentino.” La opinión traía implícita una crítica a la concepción tradicional de la Universidad de la época, que reivindicaba la autonomía de la institución en relación a las políticas del Estado y a las luchas populares del contexto. Por el contrario, desde el Manifiesto FORJA consideraba que la Universidad tenía que avanzar en su “identificación con el país y su integración con el pueblo.” El Manifiesto destacó que la Universidad había mantenido un silencio cómplice con el contexto represivo inaugurado en el año 1930. En sus palabras:

Demasiado sabemos en qué medida es esta Universidad, madre de las corrupciones, adoctrinamientos y complicidades que han llevado al país a la situación presente de colonialismo económico y cultural. (…) En la deliberada desviación de la inteligencia argentina y en la frustración de sus mejores intentos, la Universidad ha tenido parte principal. Se ha desenvuelto de espaldas al país, ajena a su drama y a la gestación de su destino. Costeada y mantenida por el esfuerzo de todos los argentinos, movió a las sucesivas promociones a buscar en el título profesional la satisfacción -cada día más problemática- de la propia comodidad.” (A 3er M, N° 4, Documentos, p. 60)

La crítica forjista incluyó una denuncia a:
-supuestos de “corrupción” interna en la institución
-la “complicidad” con los intereses corporativos económicos y políticos
-una falta de interés manifiesta por los temas de agenda popular
-la ausencia de una libertad cultural interna que bloqueó las divergencias ideológicas “frustrando” los potenciales intentos de cambio.

El resultante de esa tarea era un profesional liberal. En su concepción ideológica los forjistas cuestionan que la matriz de pensamiento universitario apoyó el libre comercio, el modelo agroexportador y un europeísmo cultural. Además, consideraron que la Universidad agudizaba el egoísmo y el interés individual de los alumnos y de los egresados y los distanciaba de un posible compromiso social y colectivo. En la crítica forjista se hace manifiesta una ética del intelectual comprometido que denuncia una Universidad que consideró, despectivamente, como liberal y como extranjerizante. En su relato hay un cuestionamiento a la falta de relación entre la institución y la agenda pública, en una Universidad que es “Costeada y mantenida por el esfuerzo de todos los argentinos.”


FORJA, la Universidad y la Revolución de 1943

El Manifiesto que publicó A 3er M es del año 1943 y dejó exteriorizado el apoyo dado por FORJA a la Revolución. Una de las causales principales de las expectativas que generó el proceso tuvo que ver con el hecho de que sus miembros denunciaron el fraude político de la década anterior. El proyecto de país de la Década Infame que venía a terminar la Revolución, se caracterizó por desplazar la economía de propiedad nacional hacia el extranjero y profundizar la desigualdad social. En sus palabras, se trató de: “La expresión contemporánea del régimen antinacional, y por consecuencia antipopular, fundado hace más de medio Siglo para impedir la libre y espontánea formación de la personalidad argentina.” (A 3er M, N° 4, Documentos, p. 59)
Si bien los forjistas apoyaron buena parte de las acciones de la Revolución, vieron críticamente la intervención de las Universidades. A partir del año 1943, varios nacionalistas ingresaron a la Universidad en carácter de interventores como fueron los casos de Héctor Llambías (Filosofía y Letras de Mendoza), Tomás Casares (UBA) o Jordán Bruno Genta (Litoral). Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast) se desempeñó como Ministro de Justicia e Instrucción Pública y ese cargo lo ocupó a su salida, Alberto Baldrich, quien también ocupó un lugar en la gobernación de Bidegain de 1973. (Urriza, 2004: 62)
Los activistas de FORJA no renegaron de la participación juvenil en la Universidad que fue iniciada con la reforma de 1918. Ratificando sus convicciones en las potencialidades de los jóvenes para refundar la Universidad, el Manifiesto de FORJA fue terminante y sostuvo que:

Temer al estudiante, es temer al país (…) toda tentativa de eliminación del estudiante en la dirección de la Universidad, favorecería la contrarrevolución que viene sustentando, desde los más antiguo de nuestra historia, la fuerza de oposición al pueblo, que son, en el gobierno de la Universidad como en el país, los dóciles mandatarios del interés extranjero.” (A 3er M, N° 4, Documentos, pp. 67 y 65)

En algunas situaciones, la intervención universitaria de 1943 suprimió la actividad política de las Agrupaciones enfrentadas a la Revolución. Esta cuestión separó a los forjistas del gobierno de 1943 al punto de que Jaurteche, Oscar Mena y el delegado estudiantil Mario Pascale, fueron encarcelados durante el gobierno del General Ramírez. El origen de la discordia es que publicaron el texto “La falsa opción de los dos colonialismo”, donde cuestionaron la gestión represiva del interventor Jordán Bruno Genta.[3] (Hernández Arregui, 2004: 292-295)

Universidad y Estado
Para FORJA el hecho de que la Universidad era financiada por el conjunto de la sociedad, implicaba derechos y conllevaba obligaciones. Si el “esfuerzo” de los argentinos era poco retribuido por la Universidad cogobernada, era necesario buscar nuevos instrumentos de planificación pública y social de la institución. Al hacer hincapié en esta condición originaria de financiamiento, se favorecía un relato tendiente a la intervención del Estado representando a la voluntad popular en la Universidad. Los forjistas no fueron los primeros, ni los últimos, en exigir una mayor intervención del Estado y del resto de la sociedad en la planificación universitaria. El tema que va a aparecer con una centralidad evidente en A 3er M, se discutió acaloradamente en el año 1946 y va a formar parte de la nueva organización institucional promovida con las leyes de 1947 y de 1954.

Eduardo Wilde y la autonomía universitaria
Con anterioridad al postulado de los forjistas, uno de los más lucidos expositores de la doctrina que promueve la intervención del Estado en la planificación universitaria, fue el Ministro de Justicia e Instrucción Pública del gobierno de Julio A. Roca, Eduardo Wilde.[4] El Ministro exteriorizó sus opiniones en el marco del debate de la Ley universitaria sancionada en 1885.[5]
Wilde mencionó que existe una tendencia generalizada a que las “corporaciones” (Universidades) ejecuten sus actos en base a los intereses de sus propios miembros, desconociendo las funciones y los objetivos establecidos en su creación. Sostuvo que las “corporaciones son muy irresponsables” y que actúan bajo la sujeción de intereses particulares. (Debate Parlamentario, 1959: 102) Sobre este presupuesto promovió una mayor regulación del Estado con la finalidad de que permita direccionar las acciones y los recursos universitarios. Uno de los aspectos al que aludió, fue el de la modalidad de designación de los docentes. Wilde era contrario al sistema de Concursos y mencionó que dicha fórmula no era garantía alguna de excelencia académica. Por el contrario, sostiene que “la garantía que se busca en el concurso es una garantía falaz” que da lugar a que lleguen “nunca los más competentes, repito: son siempre los más audaces.” (Debate Parlamentario, 1959: 103) Para sostener su argumento frente a los otros legisladores, indicó dos aspectos:
A. Estableció que originariamente la UBA copió el modelo de Francia y que desde 1852 ese país derogó los Concursos para nombrar profesores titulares. Sostuvo que durante Napoleón existió la formalidad de los concursos,[6] pero que en la realidad el Emperador: “Hacía ver a los miembros del Jurado para que nombraran al candidato que él quería, es decir, Napoleón tenía indirectamente el nombramiento de los catedráticos.” (Debate parlamentario, 1959: 122)
B. Por otro lado, sostuvo que la “generalidad de los jueces (jurados) es incompetente”, ya que nació de un compromiso previo de los miembros del jurado con el aspirante y “se presenta con grandes formas, con gran aparato, una cosa que con unas palabras se destruye, diciendo que ese nombramiento no es el de un jurado independiente, que reúna las condiciones necesarias de competencia, sino un nombramiento debido a un caucus, a un complot.” (Debate Parlamentario, 1959: 110 y 130)
Las tendencias corporativas propias de la Universidad, contrastaban con un hecho fundamental que habían mencionado los forjistas, que era la dependencia presupuestaria de la institución. Sostuvo Wilde: “Nuestras Universidades no pueden vivir por sí solas: es un hecho. Viven del poder público. (…) No tienen fondos propios. Por consiguiente, no se puede todavía invocar su independencia.” (Debate Parlamentario 1959: 182) Queda claro para el autor, que no hay autonomía universitaria posible con el resto del Estado, sin antes alcanzar financiamiento propio.
Para Wilde la Universidad era corporativa y tomaba sus decisiones atendiendo el interés de sus propios miembros. ¿Cómo solucionar este problema? El autor propone reorganizar las potestades de control del Estado, sobre el funcionamiento de las Universidades.[7] El Poder Ejecutivo nacional tenía que intervenir en la designación de los docentes[8] atendiendo el hecho de que cumplía un mandato popular “que tiene la vista de la República sobre él.”  (Debate Parlamentario, 1959: 129) En su argumento, el Poder Ejecutivo y a diferencia de los universitarios, alcanzaba su cargo por elección popular y rendía cuentas de sus acciones, cuestión que lo conducía a ser más prudente al momento de sus actos.
En el terreno financiero, el Estado nacional tenía que vigilar y poner límites[9] a las Facultades: “Controlándolas en sus ambiciones legítimas, pero quizás también exageradas.” (Debate Parlamentario, 1959: 184) Wilde sostiene que el Estado nacional tiene el monopolio de la emisión de títulos, cuestión que sumada a la erogación financiera, consolidan una dependencia estrecha de la Universidad con el Congreso y con el Poder Ejecutivo.
Los forjistas compartían con Wilde la preocupación acerca de la separación que se producía entre el conjunto de la sociedad y la Universidad. En sintonía con el ex Ministro, van a insistir en que la institución educativa tenía que inscribirse en un colectivo nacional o, como sostuvo años después Jauretche, había que: “Aproximar más la Universidad al país.” (Jauretche, 2004: 139) El “país concreto” como lo llamó Jauretche, se expresaba en programas de articulación política que se proyectaban hacia el seno del Estado. Es por ello que sostuvo que uno de los problemas fundamentales de la reforma del 1918, fue el hecho de: “Divorciarse de su base de sustentación original. Que era la presencia del pueblo en el Estado.” (Jauretche, 2004: 132)

La Universidad y la extranjerización de la economía
El contexto de surgimiento del Manifiesto, se caracterizó por la aparición de oligopolios económicos que se disputaban la apropiación de las principales actividades productivas del país. FORJA se refirió especialmente al proceso de la extranjerización del Comercio exterior, del transporte, del petróleo o de la industria.
El Manifiesto mencionó que muchos de los docentes y funcionarios de la UBA promovieron el desenvolvimiento de los oligopolios extranjeros. Una de las causas de esa actitud, fue el hecho de que se beneficiaron con sus ganancias y obtuvieron considerables prebendas. En sus palabras, la Universidad:

Se encargó de preparar los expertos de entrega, elaborando una mentalidad dócil a las desviaciones jurídicas en que se sustenta la modalidad depredatoria de las leyes y contratos que enajenaron la soberanía económica de la Nación, poniendo a disposición de monopolios y trust a los alumnos que se destacaban en aptitudes técnicas para que fueran utilizados en contra del pueblo argentino, y haciendo de su cátedra el puntal doctrinario de todas las tesis del entreguismo.” (A 3er M, N° 4, Documentos, p. 61)

Como resultado de sus prácticas: “Universidad, Empresas y Política, se complementaban en una misma obra antinacional.” (A 3er M, N° 4, Documentos, p. 60)

La Universidad, por consiguiente, cumplía las siguientes funciones:
-capacitar técnicamente a los intelectuales de la clase dominante, seleccionando los más aptos para cumplir tareas en las empresas
-difundir la ideología y los valores de la clase dominante
-educar a un sector de la clase política

La Universidad y la “importación” cultural
Los miembros de FORJA cuestionaron la dinámica de funcionamiento de la UBA, por considerar que la institución era incapaz de resolver las demandas nacionales. En su punto de vista, la Universidad no formuló un pensamiento propio y original y derivó en una institución importadora de técnicas carentes de soluciones:

La enseñanza magistral, prestada de paso y sin vocación alguna, convirtió a la Universidad en un enseñadero sin alma, informada por doctrinas de encargo o de técnicas cuya aplicación no se condicionaba a ninguna finalidad social (…) sus escasos intentos de otros tipos de enseñanza, no pasaron nunca del trasplante de técnicas experimentales carentes de soluciones auténticas en las cuales los problemas del país fueran causa a estudiar y solución a proponer.” (A 3er M, N° 4, Documentos, p. 61)

Esta idea será retomada con los años por Arturo Jauretche quien manifestó: “La incapacidad para ver el mundo desde nosotros mismos ha sido sistemáticamente cultivada en nuestro país.” (Jaurteche 2004: 108) En más de una oportunidad el autor se referirá al tema universitario, insistiendo que la técnica puede ser universal, pero su aplicación es siempre nacional. En su defecto, existió el peligro de confundir:

Civilización con cultura” o “instrucción con educación” y resultante de ello, se creyó erróneamente que “aprender la técnica y practicarla era civilizarse, culturizarse, considerando los tres términos como inseparables, lo que es incierto, como lo demostró Japón, que hizo suya la técnica de la civilización europea asimilándola a sus formas culturales. (También el Paraguay de los López lo intentó, y se lo “civilizó” a la fuerza para impedirlo).” (Jaurteche, 2004: 101)

FORJA y la reforma universitaria
“Enarbolamos la bandera de la Reforma Universitaria, cuyo símbolo, hoy como en el 18, es el de una Universidad instrumento de cultura y libertad para que nuestros pueblos se capaciten con el objeto de comprender la gran lucha ani-imperialista para emancipar a Latinoamérica de sus opresores.” (Organización Universitaria de FORJA, Mayo de 1942)

Para los miembros de FORJA, el deficiente funcionamiento de la institución educativa se debió a la incapacidad de actualizar los postulados originarios del reformismo. El artículo sostiene que la reforma universitaria había contribuido a acercar la “preocupación política al estudiante”, unificando el proceso de cambio interno de la institución con los objetivos del “movimiento popular del radicalismo.” Destacan que el movimiento había realizado aportes en la renovación de la cultura universitaria, promoviendo una perspectiva latinoamericana frente a la fuerte tradición académica de raíz europeísta. En sus palabras la reforma aportó: “El sentido de la comunidad de los americanos de un mismo origen, y cualquiera acción futura destinada a restablecer el equilibrio de esa comunidad frente a las falsificaciones imperialistas, tendrá que volver a su punto de partida.” (A 3er M, N° 4, Documentos, p. 63)
Tal cual adelantamos y pese a la importancia que tenían ambos aspectos, para FORJA la Reforma del 18 fracasó en la posibilidad de cumplir gran parte de sus objetivos originarios. La incapacidad de la institución para cambiar sus funciones se vinculó con que el ímpetu renovador reformista había quedado limitado a algunos estudiantes y profesores jóvenes y: “Su falta de continuidad para arquitecturar las construcciones profundas que la sacaran de lo meramente universitario y la pusieran en el rumbo de lo nacional, determina que sus consecuencias hayan sido escasas.” (A 3er M, N° 4, Documentos, p. 62)  Jauretche formuló una crítica acérrima a lo que consideró una “desviación” del accionar docente y estudiantil. En su batería de sustantivos peyorativos los incluyó en los motes de fubistas, medio pelo, cipayos, cagatintas y les atribuyó un comportamiento político elitista y extranjerizante. Resultado de sus ideologías y prácticas, Jauretche les enrostró que apoyaron los Golpes de Estado de 1930 y de 1955.

La nueva Universidad argentina
“El humanismo no es entelequia o avalorio mental: es aquí, que lo argentino, lo americano, en cuerpo y espíritu, no siga pereciendo o padezca destierro de sí o de lo suyo.” (A 3er M, N° 4, Documentos, p. 66)

El diagnóstico de la función histórica de la Universidad que efectuaron era negativo y es por eso que mencionaron: “Entendemos urgente la remoción total de las actuales estructuras de la Universidad, como medio para su identificación con el país y su integración con el pueblo.” (A 3er M, N° 4, Documentos, p. 59) Frente al panorama mencionado anteriormente, la UBA tenía que ser refundada modificando su misión en relación a los intereses del país y los de sus habitantes. Se trataba para FORJA, de crear una “nueva Universidad.”
Para FORJA la Universidad tenía que involucrarse en el debate sobre el proceso de extranjerización de la economía. En su opinión, a la institución le cabía la responsabilidad de ser defensora del patrimonio nacional, ya que:

No vale invocar la autonomía de la Universidad para salvar su dependencia de los extranjeros (…) la Universidad no es en sí un fin, no lo es la preparación de sus alumnos, la perfección de sus profesores, la excelencia de sus gabinetes; es sólo un medio cuya perfección se realiza cuando la perfección de sus elementos se ha ordenado para la colectividad, cuya síntesis es la Nación.” (A 3er M, N 4, Documentos, pp. 65 - 66)

Los miembros de FORJA propugnaban un modelo de hombre de ciencia estrechamente relacionado a los problemas nacionales. Con este punto de vista tomaban distancia de las concepciones académicas centradas en la defensa de la autonomía de la institución: “La Universidad debe dejar de ser una simple agrupación de escuelas, ajenas entre sí y ajenas a la Nación.” (A 3er M, N° 4, Documentos, p. 66) La nueva Universidad tenía que sustituir la enseñanza “verbalista”, promoviendo trabajo en equipos y proyectos de educación experimental. Entre las acciones a implementar, los redactores del Manifiesto impulsaron:

“Comisiones de estudio, ensayos de gabinete -que ya se practican con todo éxito en algunas Universidades- anteproyectos, análisis, estadísticas. Controles, investigaciones astronómicas y mineras, censos, pericias, lucha contra las plagas, asistencia social, consejo y asesoramiento técnico, recolección de material folklórico, preparación especial de artesanos y obreros, enseñanza de adultos, y mejoramiento sanitario de medios en atraso, creación de grupos artísticos y musicales, racionalización del deporte, organización de vacaciones y turismo escolar y obrero, estudio sobre el terreno de las formas jurídicas y su aplicación, difusión cultural, fichaje y clasificación de bibliotecas y archivos, ordenamiento de materiales históricos, etc. La Universidad proyectada hacia todas las actividades – se acaba de señalar sólo algunas-, viviendo en el medio argentino, recibiendo la influencia de su espíritu e infundiéndole el suyo, proporcionaría por otra parte al país, con sus equipos de estudio y trabajo, un medio de movilización de eficacia muy superior al que puede darle una burocracia papelera y sin fe.” (A 3er M, N° 4, Documentos, p. 68)

En resumen, la opinión de FORJA estableció que:
-El  movimiento reformista del año 1918 implicó un proyecto universitario progresista, en tanto fomentó la participación de los jóvenes en la política nacional y promovió los debates sobre la realidad de Latinoamérica.
-El apoyo al Golpe de 1930 y su silencio frente a la Década Infame, demostraron que el movimiento reformista fracasó al no alcanzar gran parte de sus objetivos originarios. La Universidad había sido cómplice de la represión de la Dictadura ejecutada contra el radicalismo en 1930
-La Universidad era promotora de un proyecto académico que favoreció la extranjerización de la economía y educó un modelo de profesional liberal e individualista
-La Universidad iba a ser renovada con la participación activa de los jóvenes.

Frente a esta realidad impulsaron una “nueva Universidad” para superar las limitaciones del modelo reformista. El desafío refundacional contempló reformas en los contenidos de las Carreras y en los abordajes académicos. La institución tenía que consolidar una ciencia estrechamente ligada a los problemas argentinos, promoviendo marcos teóricos nacionales y antiimperialistas.  




[1] Luis Dellepieane (1895 – 1951) se graduó en Medicina en la Universidad de Córdoba y participó del movimiento reformista de 1918. Estuvo entre los primeros integrantes de FORJA y se desvinculó del espacio en 1940. Desde la UCR, se integró a la Unión Democrática y alcanzó el cargo de Diputado en 1946. (Galasso, 2009 T III: 340) 
[2] El Abogado marplatense Francisco José Capelli (1916-1999) inició su militancia política en el año 1936 en la Facultad de Derecho de la UNLP. Cercano a Gabriel Del Mazo, condujo la Convergencia Juvenil Forjista, la Federación Universitaria de La Plata y desde 1938, la Federación Universitaria Argentina. En el año 1945 fue designado Secretario General de la Junta Nacional de FORJA. Ingresó al Peronismo y ocupó algunas funciones durante la gestión del gobernador Mercante en la Provincia de Buenos Aires. (García y Ríos, 2008: 2)

[3] Bruno Genta (1909-1974) era un  Filósofo de orientación católica que se desempeñó como escritor y docente. Fue asesinado en el año 1974 por un comando paramilitar y al día de la fecha, no se conocen los autores. (Berazza, 2005: 42, 43 y 321) Juan Gasparini le atribuyó la autoría a Montoneros. (Gasparini, 2005: 77; Gasparini, 2006: 34)
[4] Eduardo Wilde (1844-1913) de padres argentinos, nació en Tupiza Bolivia. Estudió en el Colegio de Concepción del Uruguay y luego obtuvo el título de Médico de la UBA. Se desempeñó como docente de la Facultad de Medicina y en la de Física y Ciencias Naturales de la UBA. Desarrolló una importante labor periodística y produjo una importante obra con temas de Medicina, Sociología, Filosofía o Derecho. (Wilde, 1960) Militó contra Bartolomé Mitre, con quién entabló varios debates y se integró al Partido Autonomista Nacional. Alcanzó durante la presidencia de Roca el cargo de Ministro de Justicia e Instrucción Pública en 1882. (Hanon, 2013: 305; Galasso, 2011 T I: 579-585; Galasso, 2009 T IV: 275-280) Fue uno de los promotores de la Ley educativa número 1420 de 1884, cuestión que recibió una oposición frontal de la Iglesia católica y del Vaticano. Estos sucesos derivaron en la expulsión del país de Monseñor Mattera y la ruptura de relaciones con el Vaticano en 1885 por quince años. Fue Ministro de Interior de Juárez Celman, cargo al cual renunció tras la revolución de 1890. (Hanon, 2013 II: 275) Integró el Departamento de Higiene durante el segundo gobierno de Roca. Abelardo Ramos recuperó una cita de Wilde que sostiene que: “Era necesario reformar creencias, instituir el Socialismo, pero el Socialismo liberal, inteligente, ilustrado; reorganizar la república; aun más: América, y hacer de toda ésta una gran Nación.” (Ramos, 1974: 262 y 280; Hanon, 2013 T I y II) 
[5] En el año 1881 por Decreto del Poder Ejecutivo Nacional se formó una Comisión para proyectar los Estatutos y el Plan de Estudios de la UBA. La integraron Nicolás Avellaneda, Juan B. Alberdi, Vicente Quesada, D. de Peralta y Eduardo Wilde. El proyecto de Estatuto se elevó al Congreso de La Nación, quien no emitió pronunciamiento. Atendiendo la ausencia de normas, Nicolás Avellaneda presentó el proyecto de Ley universitaria que regularía el funcionamiento de la UBA y Córdoba. (Debates parlamentarios, 1959)
[6] Arturo Jauretche se refirió al manejo “político” de los Concursos. En línea con el comentario de Wilde, el autor sostiene que detrás de la formalidad se esconden relaciones de poder. Tras el Golpe de Estado de 1955 se intervinieron las Universidades: “No sólo fueron expulsados de la Universidad los profesores “flor de ceibo” [docentes etapa 1946-55] También se los prohibió competir. No serían tan “flor de ceibo” como técnicos, por cuanto se los excluyó de la participación en los concursos. ¿Se temía de su competencia?” (Jauretche, 2004: 131)
[7] En el marco del debate de la Ley, Wilde resaltó que el Poder Ejecutivo Nacional nombraba los docentes y que el Congreso nacional aprobaba los Estatutos y los Planes de Estudio. El autor propuso que los Estatutos sean elevados al Poder Ejecutivo (así fue redactada la Ley). La norma no mencionó la intervención del Congreso en la aprobación de los Planes de Estudio.  
[8] La Ley 1.597 de 1885 en su artículo 1.6. sostuvo: “La Facultad respectiva votará una terna de candidatos que será pasada al Consejo Superior, y si este la aprobase será elevada al Poder Ejecutivo quien designará de ella el profesor que deba ocupar la Cátedra.
[9] La Ley 1597 de 1887 en el artículo 1.3) obligó a que los derechos universitarios tengan la “aprobación del Ministerio de Instrucción Pública.”

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