martes, 26 de abril de 2016

¿Se puede saltar sobre su tiempo?



                                                                                       Alberto Buela (*)

¿Por qué es que los filósofos hispanos o iberoamericanos no figuran en ningún pedestal de la filosofía occidental? Esta es una pregunta que, al menos desde Suramérica, se viene realizando desde siempre.
Del primero que tenemos noticias, aunque no sea filósofo, es de Sarmiento, quien en Conflicto y armonía de las razas de 1883, sale a defender su originalidad ante el norteamericano Mr. Scott, quien vino a afirmar años después que él, que los Estados Unidos son fruto de la Reforma protestante. Y que, para colmo, a Mr. Scott se lo coloca en un lugar de privilegio superior.
Y la explicación de Sarmiento es la siguiente: “El prestigio que le da a Mr. Scott es el país en que escribe…mientras que al autor suramericano se le aplica el verso de Quevedo: sí señor, y son de cobre y como la vierte un pobre… nadie se baja a recogerlas.”
Otro antecedente que se da entre nosotros es del uruguayo Vaz Ferreira quien en Moral para intelectuales de 1908 se queja de que nuestros estudiantes viajan a perfeccionarse en Europa y cuando regresan se apagan en una vida mediocre y no realizan ningún descubrimiento original, que él lo atribuye a la falta de estímulo de nuestras sociedades, que termina en la autodenigración o “al estado de espíritu pasivo que le hace creer que no tiene el deber de hacer uso de sus observaciones. Total, para qué.
Por la misma época el filósofo español don Miguel de Unamuno citando al obispo Torras y Bergés, quien al celebrar el centenario de Jaime Balmes (1948-1910) afirmó: “Lacordaire en Francia, entonces cabeza de Europa, Newman en el mundo anglo sajón y predominante en todo el orbe, y nuestro Balmes, que no tuvo un pedestal tan suntuoso, fueron inteligencias soberanas”, se pregunta por la razón por la cual los pensadores de lengua castellana no están ubicados en el orden occidental según sus méritos. Y su respuesta es, similar a la de Sarmiento y del obispo de Vich: “Un libro que no haya sido “empujado” (poussé) por una nación influyente, no obtendrá sino un mediano éxito; podría citaros cien ejemplos de ello”.
Modificando el aserto de Hegel que la filosofía no puede saltar sobre su tiempo, nosotros podemos decir que los filósofos iberoamericanos no pueden saltar ni sobre su lengua ni sobre el menguado poder de sus respectivos países. Sobre su lengua porque el poder de la misma radica en el poder de aquellos que la hablan y hoy en el mundo los hispano hablantes no tienen el poder que tienen los anglo parlantes. En tanto que el poder de nuestras naciones sigue siendo un poder vicario, derivado de otros poderes superiores a ellas.
En el reducido campo de la filosofía en Argentina hemos tenido a lo largo de nuestra breve historia, maestros e investigadores y algún filósofo que no le van en saga a ningún europeo o norteamericano pero, sin embargo no figuran ni a placé, en el pedestal de la filosofía. Maestros de filosofía como lo fueron Coriolano Alberini y Eugenio Pucciarelli. Investigadores en filosofía argentina y americana con una obra monumental como los fueron el chaqueño Diego Pró y el cordobés Alberto Caturelli. Investigadores temáticos como Roberto Walton en fenomenología o Alberto Moreno en lógica. Y filósofos originales como Luis Juan Guerrero y su sistema de estética operatoria o el eximio Nimio de Aquín y su teoría del ser naci-ente. Todos ellos no pudieron saltar sobre una nación condenada a ser siempre un imperio fracasado.
El mejor remedio para superar este ninguneo internacional es, primero intentar hacer filosofía sin más, de la manera más genuina y original que se pueda y dejando de imitar que es una de nuestras mayores taras. Y en segundo lugar, establecer un sistema de contactos y promociones de nuestras propias producciones en el amplio campo de la ecúmene iberoamericana.


(*) arkegueta, aprendiz constante

miércoles, 20 de abril de 2016

La Alianza Cambiemos, José Luis Torres y la “forma de vida” en el proyecto oligárquico


Por Juan Godoy*

“el antídoto que puede salvarnos de la aniquilación en el oprobio, no es otro que el patriotismo, frente a los peligros del imperialismo económico, que anda por el mundo encharcado en sangre como un lobo hambriento. Por eso, porque el patriotismo es la única barrera, se intenta debilitar el patriotismo del pueblo argentino mediante una política cínica y desvergonzada”. (Torres, 1946: 101-102)

          Asistimos en estos meses a la restauración del más crudo neoliberalismo, el cual pretende arrasar no solo con las conquistas de la última década, sino ir “más allá”, profundizando el proyecto que quedó trunco con la pueblada de diciembre de 2001, y la posterior vuelta a un proyecto nacional y popular. Profundizar la década del 90 significa retrotraer a la Argentina a los niveles de vida anteriores a la revolución nacional peronista. El proyecto más que “volver a los 90”, busca volver al 3 de junio de 1943, antes de la revolución juniana que con sus tensiones desencadenaría en el crecimiento de la figura de Juan Perón, y a partir de octubre del 45 en una “nueva Argentina”.
          José Luis Torres[1] nace con el siglo como Don Arturo, y en algunos años se convierte en el fiscal de la década infame, pues a través de su pluma y de su accionar judicial ha enjuiciado a la ignominia reinante en esos años, y a varios de los hombres que lo representan. Torres fue un “pensador olvidado”[2], silenciado por el aparato cultural oficial. Afortunadamente a lo largo de los años ha sido rescatado del ostracismo por varios escritores, como por ejemplo Alberto Buela. Pretendemos en estas líneas dar cuenta de algunos aportes que realiza Torres que nos sirven para analizar y contextualizar la actualidad nacional.
          Torres definió crudamente a la oligarquía aliada al imperialismo considerando que “el adversario más temible es el “perduellis”, el enemigo interno de la Patria, emboscado dentro de sus instituciones, al servicio de una consigna extranjera” (Torres, 1973: 22), y profundiza en otro escrito acerca de los perduellis: “se llamaba perduellis (en la antigua Roma), al enemigo interno de la patria, y hostis al enemigo exterior. El crimen de perduellio (contra la patria) y el de peculado (apoderamiento ilegítimo de cosas del estado) eran castigados con la pena de muerte” (Torres, 1943: portada)
          Nos interesa avanzar en relación a la “forma de vida” del modelo oligárquico. Torres toma esta expresión de un escrito de Federico Pinedo[3] (se trata del abuelo del actual Presidente del Senado, e integrante a la Alianza Cambiemos), de los años del peronismo[4], en que hace referencia a las “batallas ganadas” por Perón que fueron “en contra de la forma de vida por cuya implantación lucharon cincuenta años en la pesada centuria los mejores argentinos”. (Pinedo. Cit. en Torres, 2010: 38) Es decir, Perón avanzó sobre la “forma de vida” del modelo oligárquico, que según Pinedo era mucho mejor que la que comenzó con la “demagogia peronista”.
          Pero… ¿Cuál es esa “forma de vida” que tanto anhelaba Pinedo, y que hoy nos quieren volver a retrotraer? Esa “forma de vida” es la que permite la explotación más cruenta sobre los trabajadores, la represión feroz ante las protestas, la paga de míseros salarios, a las empresas le permite hacer en el territorio nacional prácticamente enclaves coloniales (hasta con moneda y policía propia), acerca de los cuáles en las escuelas se enseña/ba que le debíamos el progreso; el país dependiente del imperialismo de turno, un país en el que la “libertad económica” está por encima de cualquier otro derecho, con amos y señores en el país sumiso como el magnate Bemberg, el país con un enorme drenaje de divisas al extranjero, fuertemente endeudado, con la expoliación de sus recursos naturales, el “país chiquito” de espaldas a Nuestra América, el país con la estructura económica extranjerizada, el país para pocos, etc.
          Estos largos pero escasos meses del gobierno de la Alianza Cambiemos, comenzaron a circular desde las esferas gubernamentales y los aparatos culturales de la oligarquía diferentes ideas que pretenden demostrar la necesidad de “volver a ser un país normal”, es decir, volver al país oligárquico e imponer un “estilo de vida” correspondiente con el mismo. Este conjunto de ideas son lanzadas a recorrer el “tejido social”, enunciadas desde un lugar de saber/poder que pretende hacer sentido común “formas de vida” del país anterior al peronismo, y que en cierta medida los últimos años se había vuelto a avanzar luego de la oleada neoliberal de los años 90. Aparecen en primer plano los medios de comunicación, y también los académicos con títulos en las universidades extranjeras más prestigiosas (como asimismo en las nacionales), Torres llamaba a estos como “los defensores de la mentira histórica, los paladines del entreguismo económico, los propagandistas de la claudicación (que) predican aquí (…) la necesidad urgente del sometimiento”. (Torres, 2010b: 19)
          Así, el cambio propuesto por la Alianza cambiemos propone que gran parte de los argentinos (se habla de un millón y medio de personas con sus familias), que trabajan en el estado simplemente sobran, o son ñoquis (lo que no fue corroborado en ninguno de las decenas de miles de los casos del personal despedido). Resulta llamativo que los que siempre vivieron del trabajo ajeno digan a otros compatriotas que producen para el país, que no trabajan. Nuevamente la idea de “achicar el estado”, el socialista independiente Pinedo hablaba de la “hipertrofia del Estado”, la cuestión es que quieren que “el estado sea siempre chiquito, pues cree que solamente los monopolios internacionales tiene el derecho de ser hipertróficos”. (Torres, 2010: 327)
Es la idea del mercado sin la intervención estatal regula todos los demás factores de la sociedad, la famosa “mano invisible” que hablaba el liberalismo. La Vice-Presidenta refirió claramente a cuál es el modelo de país al que apunta su gobierno, expresado como la “vuelta a la normalidad”, Michetti sentencia: “Vamos hacia un país agroexportador y de servicios, basta de industria”. Nuevamente el país que solo produce pasto e importa los productos manufacturados, nuevamente el país para pocos con alto desempleo y pobreza. Estas políticas, según Torres, “tiende a mantenernos en estado de colonia, a impedir que se organicen nuestras industrias, que se aprovechen por los argentinos sus materias primas y las conviertan con beneficio de la Argentina en manufacturas propias”. (Torres, 1946: 36)
Pinedo en su escrito exalta al Poder Judicial, no escapa a la crítica de Torres que lo considera un “instrumento servil de la oligarquía y el imperialismo (…) dictó escasos fallos en que reconociera razón al país cuando los intereses nacionales se encontraban en pugna con los de las empresas representativas del feudalismo financiero internacional”. (Torres, 2010: 140) En otro libro anterior también habla sobre el tema de la justicia, sosteniendo que “la justicia ordinaria del país permaneció obstinadamente ciega, muda y sorda frente a los grandes delitos consumados en beneficio de las organizaciones plutocráticas y en perjuicio de la República”. (Torres, 1943: 165) Nuestro autor pretende la ruptura total de los mecanismos de la dependencia, pues difícilmente se puedan avanzar eficazmente en la liberación nacional si no se “destruye los organismos fundados por el “perduellio”. (Torres, 1973: 162)
Es claro que pretenden disciplinar a la clase trabajadora y continuar bajando sueldos, y transfiriendo recursos a la oligarquía. No quieren desocupación baja, ni salarios altos. Pinedo (abuelo) ya se quejaba de los aumentos salariales durante los años peronistas: “continúa el aumento de dinero en poder de las masas por elevación compulsiva de salarios y sueldos y por la política financiera del gobierno”. (Pinedo. Cit. en Torres, 2010: 310)
En esta Argentina que nos quieren convencer que la utilización de servicios básicos que son derechos se pagaban baratos, por lo cual se tienen que “sincerar” los precios de los mismos, es decir, subir exorbitantemente. Baratos pueden ser para los que tienen tanto dinero que lo fugan a cuentas en el exterior, pero no para la mayoría de los argentinos que viven con un salario básico o que están desempleados (muchos a partir de la nueva administración). Acerca de las “cuentas secretas”, Torres afirma que “el secreto en los negocios de orden público ha sido siempre una característica de los gobiernos de la oligarquía”. (Torres, 2010: 272)
El discurso que circula pregona la idea que los argentinos vivimos doce años de ficción, que nos acostumbramos a hacer cosas que los sectores populares parecieran tener vedadas, que eso tiene su precio, y que ahora hay que pagarlo. Idea “vieja” también, ya Pinedo había expresado en el documento citado en referencia a los años del peronismo: “volcándose sobre la colectividad una masa inmensa de recursos, todo el mundo se sintió más rico, todo el mundo tenía la sensación de que podía gastar más, y gastó más, y los gastos de unos creaban los recursos de otros (sigue ahora Torres sentenciando) no me explico por qué razones a Pinedo le da rabia la alegría de todo el mundo a la que él hace referencia con enojo”. (Torres, 2010: 300)
La posibilidad de no verse muy perjudicado por los aumentos del gas por ejemplo la dio el mismo presidente que afirmó que los argentinos usamos la calefacción demasiado alta en lugar de “estar con un suéter en su casa” (costumbre que al parecer él mismo no tiene, pues recordarán que cuando lo llamó la entonces Presidenta de la Nación por teléfono en 2011, a pesar de estar en pleno invierno se encontraba en calzoncillos). 
Nos quieren convencer que la suba de precios, la inflación desmedida, es decir la transferencia de recursos a los sectores más beneficiados y la pérdida de salario real, es ahora solamente un “sinceramiento” de precios, porque los argentinos vivíamos barato. El Ministro de economía lo expresó: “no se disparó la inflación, hubo una corrección de precios relativos”.
Nos quisieron convencer que una devaluación no iba a afectar a los trabajadores, cuando todos sabemos que eso sólo existe en la cabeza de los economistas neoliberales que hoy vuelven a “pulular” por los canales de televisión. Ya se pudo observar que finalmente la enorme devaluación, ¡perdón el “levantamiento del cepo”!, sí afectó a los trabajadores y principalmente a los de menores ingresos (por el conjunto de bienes que aumentaron, y la falta de medidas para contener a esos sectores). Así y todo siguen afirmando, contra toda realidad, que con el “levantamiento del cepo” (devaluación), que en realidad eran restricciones cambiarias, no “pasó nada”. Usted está preocupado seguramente por la situación económica, pero no se alarme porque el Presidente nos aconseja qué hacer para mitigar la merma del poder adquisitivo, afirmando que tenemos que acostumbrarnos a “gastar un poco menos de lo que se gana todos los meses”. (quién sabe, quizás con las monedas que ahorra pueda seguir sus pasos y abrir una cuenta en algún paraíso fiscal).
Pretenden que veamos como lógico que los sectores más ricos, la oligarquía argentina y sus socios imperialistas paguen menos impuestos. Es la re-edición de la teoría del derrame de los 90, llenar la copa de arriba para que paulatinamente llene las de la base de la pirámide social, pero esa copa como sabemos es muy grande o tiene algún tipo de agujero porque nunca termina de derramar. 
En este “país normal” que nos quieren llevar, la sumisión al imperialismo está en primera plana. Se pretende desenterrar de las costas de Mar del Plata el proyecto imperialista del ALCA, asevera la Canciller Susana Malcorra que “el ALCA no es mala palabra”, y que “Obviamente, el ALCA es una alternativa”.
Nos vienen de nuevo con el “viejo cuento” de la “necesidad de volver al mundo”, que la salvación viene del endeudamiento, y las inversiones internacionales. El Presidente expresó que si no se acuerda con los fondos buitres “habrá ajuste o hiperinflación. No hay alternativa”, ¡pero no es para indignarse! porque como dijo el hoy Presidente del Banco Nación, el menemista Carlos Melconian: “son tipos de buena voluntad”. Quieren que veamos como normal ¡y bueno!, el pago a la usura internacional. Que sigamos la célebre frase de Avellaneda de “pagar sobre el hambre y la sed de los argentinos”, y que esperemos la lluvia de inversiones que la historia de Nuestra América demuestra que nunca terminan de llegar.
Pinedo justificaba el endeudamiento y las facilidades para las inversiones extranjeras aduciendo que “la existencia de la deuda pública no afecta la soberanía, y que tampoco esclaviza la existencia de inversiones extranjeras”. (Pinedo. Cit. en Torres, 2010: 238) Lo refuta y explica Torres la intención del endeudamiento claramente al argumentar que “entre los planes combinados para convertir el país en un campo de explotación intensiva por el capitalismo internacional, estuvo en primera línea el de endeudarlo en el exterior, para subordinarlo directamente a los usureros de pueblos”. (Torres, 2010: 229)
Quieren acostumbrarnos a que los mayores que no pudieron realizar sus aportes, no puedan jubilarse, no tengan un sustento para poder vivir. Es más, avanzan sobre los medicamentos de los afiliados a PAMI quitándole la cobertura a 150 remedios. Pero para el Director Ejecutivo del PAMI,  esto no es un problema, porque los medicamentos sin cobertura total no tienen utilidad clínica porque son obsoletos”. Si fueran obsoletos lo coherente sería que los saquen de circulación, no que permitan seguir vendiendo “placebos”. El otro problema que encuentra Regazzoni es que las personas mayores (¡qué descubrimiento!), “toman muchos remedios”, así que mejor sacarles la cobertura. Invierte el dicho el Director Ejecutivo, parece ser que “mejor la enfermedad que el remedio”. Como sabemos para los neoliberales los adultos mayores son un gasto.
También nos quieren acostumbrar a que los argentinos no comamos carne, y si lo comemos lo hagamos con los cortes de menor calidad, porque para el representante de la Sociedad Rural Argentina, al cual el actual gobierno representa muy bien quitándole las retenciones por ejemplo, Etchevere “el lomo es para los enfermos”, a los argentinos no nos gusta.
Con la educación se está avanzando fuertemente en el plano discursivo para seguramente avanzar sobre la educación universitaria gratuita, que es un derecho que desde que lo otorgó en 1949 el General Perón ha calado profundo en el sentir nacional (recordemos el Ministro que tuvo que salir rápidamente eyectado en los años del delarruismo). Así nos quieren hacer pensar que es malo que haya, como dijo el Presidente: “universidades por todos lados”. Al mismo tiempo desde los periódicos se sigue en la misma lógica. El matutino La Nación, vocero desde su fundación de la oligarquía, se ha despachado con varias notas al respecto, recorramos algunos de los títulos: “¿vale la pena ir a la universidad? Algunos expertos consideran que el título es “irrelevante” a la hora de conseguir empleo”,  “Corrupción universitaria”, en otra nota se pregunta: “¿debe la gratuidad de los estudios universitarios ser un derecho incuestionable?”,  Clarín no se queda atrás y se quejan del mayor presupuesto para la enseñanza superior en la administración kirchnerista: “Festival de fondos antes de dejar el poder”. Evidentemente a los sectores dominantes molesta que los sectores populares accedan a un derecho que piensan reservado solo para la elite, y para reproducirse como tal.
Acerca de otros temas circulan notas en los periódicos oficialistas, como por ejemplo: “vivir en 30 metros cuadrados, una tendencia que crece”, “diez años en la misma empresa puede ser un fracaso personal”, “volver al ventilador: el mejor aliado para combatir el calor y la crisis energética”, “precios que suben y aportan al conocimiento”, “el turismo virtual no para de sumar millas”.
          Este es el modelo oligárquico que quiere imponer la oligarquía a través de la Alianza Cambiemos. Cambiar los patrones culturales, sociales, y económicos que la Argentina fue acumulando a lo largo de su vida como nación, y fundamentalmente a partir del peronismo. Ese umbral que logró nuestro pueblo, y que todavía, más luego del paso del neoliberalismo, hay que continuar subiendo encarando la Segunda y Definitiva independencia para poder lograr la soberanía política, independencia económica y la justicia social, es el que quiere “bajar” cambiemos. Reducirnos a los mayores niveles de pobreza, desigualdad, y sumisión al imperialismo. Está en nuestra capacidad de resistencia como pueblo impedirlo, y volver a encarar el camino de la liberación nacional. Caben como advertencia las palabras de Torres a la oligarquía maléfica cuando nos recuerda que esta “forma de vida” (la que impuso la oligarquía), es la que terminó engendrando “la indignación obligatoria del pueblo; la misma que sacó el ejército de sus cuarteles; la misma que hizo germinar un odio legítimo contra la oligarquía perduélica, que en su afán de saqueo por cuenta propia y ajena, llegó al extremo nunca alcanzado de robarse los gobiernos y las representaciones populares, violando leyes y atropellando las garantías ofrecidas en la Carta Magna, con criminal desaprensión”. (Torres, 2010: 41)

*Lic en sociología (UBA)
Notas



[1] Torres nace el 21 de enero de 1901 en la Provincia de Tucumán. De formación auto-didacta, pues solo cursa hasta cuarto grado. Con solo 14 años se suma a la huelga en el Ingenio Ledesma. De joven es influenciado por el anarquismo a través de un amigo. Su primer trabajo periodístico es en un periódico tucumano El Orden. En esas páginas comienza a fustigar a la oligarquía. Luego de cumplir 20 años viaja al norte. Contrae matrimonio y tiene un hijo. Allí dirige diarios, y trabaja en un ingenio, y como taxista. Participa en 1923 en la huelga azucarera dirigida por la FORA. En 1928 emprende una gira por Salta y Jujuy con Alfredo Palacios y Juan B. Justo investigando a la Standard Oil. También viaja ese año con Enrique Mosconi observando las condiciones en que se explotan a los trabajadores y los recursos naturales. En 1932 es Ministro de gobierno de Juan Luis Nogués. Al otro año se instala en Buenos Aires. Ahí comienza sus denuncias más fuertes sobre la ignominia de la década infame, y sobre el accionar de sus hombres en particular. Los negociados del Palomar, el Banco Central Mixto, el Instituto Movilizador de Inversiones Bancarias, la Ley de Coordinación de Transportes, la CADE, la denuncia a Bemberg, etc. pasan por su pluma punzante. Vuelve a contraer matrimonio en 1940 (había enviudado años antes). Estrecha relación con el GOU, y particularmente con Juan Perón. Apoya al peronismo, no ocupa cargos, pero sí asesora al General en distintos aspectos. Luego del golpe del 55 edita la revista “Política y Economía”. Sus trabajos más conocidos son Los perduellis (1943), La década infame (1945), La Patria y su destino (1947), Seis años después (1949), Nos acechan desde Bolivia (1952), La oligarquía maléfica (1953), etc. Viaja a España por esos años, regresa tiempo después, ya enfermo para morir el 5 de noviembre de 1965. (Los datos son de Buela, A. prólogo a Torres, 2010)
[2] A su muerte Arturo Jauretche escribe: “no hay ningún periodista argentino que no haya querido escribir su necrológica; pero no hay ningún periódico argentino que haya querido recogerla Este silencio que ha habido para la muerte de José Luis Torres prueba simplemente que murió en su ley. Esto es lo que se llama aquí libertad de prensa”. Libertad de los intereses antinacionales y antipopulares, para impedir que tenga medios de expresión lo nacional y popular”. (Jauretche. Cit. en Buela, A. Prólogo a Torres, 2010: XIV)
[3] Algunos datos sobre Federico Pinedo y su accionar en la década infame. Federico es parte de una familia tradicional y conservadora argentina. Su antepasado Manuel Andrés Arroyo y Pinedo es anti-morenista y rivadaviano. Federico milita en las filas del Partido Socialista de Justo, y es diputado entre los años 1920-1922. Furibundo librecambista, cuenta que fue hombre de confianza del magnate Bemberg, y de Dreyfus. De pequeño aprende inglés y francés con una institutriz. Luego de seguir el quiebre del partido socialista hacia el socialismo independiente, es legislador en el segundo periodo presidencial de Yrigoyen. En el 32 es elegido, en medio del fraude electoral, nuevamente como Diputado, pero Justo le tenía reservado el Ministerio de Hacienda el cual asume en 1933 hasta 1935. Allí, entre otras entregas está la del Banco Central Mixto, proyecto de Sir Otto Niemeyer que reservaba la mayoría accionaria a los británicos. En 1940 vuelve a ser Ministro de Hacienda, cargo que ocupa nuevamente en 1962. (Galasso, 2008)
[4] Se trata de un manifiesto del Partido Demócrata sin fecha y sin firma.

Bibliografía

Galasso, Norberto. (2008). De la Banca Baring al FMI. Historia de la deuda externa argentina. Buenos Aires: Colihue.

Torres, José Luis. (2010). La oligarquía maléfica. Autopsia de un cadáver político. Buenos Aires: Docencia.

Torres, José Luis. (2010b).  Nos acechan desde Bolivia. Buenos Aires: Docencia.

Torres, José Luis. (1973). La década infame. 1930-1940. Buenos Aires: Ed. Freeland.

Torres, José Luis. (1943). Los “Perduellis”. Buenos Aires: Ed. Padilla y Contreras.

Torres, José Luis. (1946) Una batalla por la soberanía. Buenos Aires: Taladriz (imprenta – sin editorial).

domingo, 17 de abril de 2016

La patria del dinero PRO


Aritz Recalde, abril 2016

El gobierno de CAMBIEMOS está aplicando el mismo patrón de desarrollo neoliberal, con el cual se gobernó al país en las presidencias de Carlos Menem y de Fernando De La Rúa. No es casualidad por eso, que varios miembros del actual gabinete nacional integraron los viejos equipos liberales de los años noventa. La Argentina está gobernada por un programa reaccionario, que quiere retrotraer el país al siglo XX y que atenta contra la sustentabilidad de las políticas de Estado. CAMBIEMOS no viene a construir sobre lo realizado, sino a destruir con la finalidad de refundar una Argentina dependiente de los Estados Unidos.

El proyecto económico y social de CAMBIEMOS consiste en lo siguiente:
-          Argentina abandona su reciente e incompleto programa industrial, para ser un paraíso financiero y una fuente de alimentos proveedora de las potencias extranjeras. Poco a poco, se están abriendo las importaciones, está debilitándose el mercado interno consumidor y los empresarios locales pierden competitividad. Mientras tanto, el Banco Central con el supuesto objetivo de mantener el tipo de cambio, aumenta las tasas de interés, realiza negocios con bancos extranjeros a modo de blindaje de reservas y multiplica los bonos. En algunos años, las grandes cerealeras prácticamente no pagaran retenciones. Como resultado de estas políticas, actualmente en la Argentina no es negocio producir manufacturas, sino que es más rentable especular con bonos y con bancos.
-          El Estado transferirá sus empresas y sus funciones reguladoras a los grupos privados oligopólicos y trasnacionales. Poco a poco, las empresas públicas pasarán al capital privado y el país aplicará el “libre mercado” y la Argentina será controlada por el capital foráneo y las potencias occidentales. La actual recesión económica y la inflación y la profunda crisis que se desatará por los costos de la deuda externa, exigirán “mayores esfuerzos” al país para “obtener apoyo internacional”. Es de esperar como en la etapa menemista, que se emprendan las “privatizaciones” como el “único camino al desarrollo y la salida de la crisis”.
-          El productor nacional perderá lugar frente al capital extranjero. Actualmente, no pocas áreas de la economía del país están en manos foráneas, cuestión que se profundizará en las actividades energéticas, los recursos naturales, los servicios públicos y financieros y en la distribución y comercialización de productos. Las fuentes de riqueza y de divisas argentinas, quedarán en manos extranjeras permitiendo que fuguen masivamente nuestro capital.  
-          El trabajador va a ganar mucho menos, aumentando la tasa de ganancia del capital. De manera similar a lo ocurrido luego de 1955 y 1976, el obrero va a bajar su nivel de empleo y de consumo, para transferir su sacrificio laboral a las arcas del capital concentrado y de los especuladores del extranjero.

El gobierno nacional obliga al trabajador a asumir todos los esfuerzos y sacrificios del país, mientras que los grupos concentrados son eximidos de cualquier responsabilidad. El primero y más cruel de las exigencias contra el obrero, es empujarlo al desempleo y ya expulsaron más de 120.000 trabajadores de los sectores público y privado. Resultado de esta inmoral política, dejan fuera del consumo a casi 500.000 argentinos. El obrero y sus familias tienen que soportar la inflación de los productos de la canasta de consumo y los  aumentos exorbitantes de los servicios y del transporte. La meta no declarada de CAMBIEMOS, es llevar el desempleo a más de 15 o 20 %, de manera tal de evitar las paritarias y los reclamos sindicales.
El trabajador y sus hijos padecen las carencias que son resultantes de la pobreza y el subdesarrollo al cual someten al país. En paralelo, se bajan las retenciones a los grupos concentrados del campo y a la minería, se favorece la especulación financiera y se premian con más de 12.000 millones de dólares a los fondos buitres extranjeros. Estos últimos fondos de inversión, lejos están de ser un motor de crecimiento económico y por el contrario, son los protagonistas del desastre del sistema financiero en los EUA o en Europa. La Argentina de Cristina Kirchner consiguió apoyo en la ONU para negociar con los fondos buitres y su sistema de opresión y de dependencia económica. Sin retomar ni un punto de las propuestas de negociación anterior, Mauricio Macri recuperó las iniciativas de Domingo Felipe Cavallo y le entregó nuevamente la riqueza de la Argentina al sistema financiero internacional. A lo largo de la historia del hombre, la usura que CAMBIEMOS pone en el centro del modelo de desarrollo, incluso a costa de la pobreza general del pueblo, fue cuestionada por diversas tradiciones políticas o ideológicas. No es casualidad que la usura fuera atacada por las diversas religiones por considerarla una actividad contraria a la moral y a los valores humanos. Se puede leer en el Viejo Testamento que estableció que “si dieres á mi pueblo dinero emprestado, al pobre que está contigo, no te portarás con él como logrero, ni le impondrás usura”. También en el Corán hay menciones explicitas al tema y se lee que “Dios ha permitido la venta y prohibido la usura (…) los que vuelvan a la usura serán entregados al fuego”..
Las empresas de servicios de luz, gas o peaje están recibiendo una ganancia excepcional y lo mismo ocurre con los operadores bursátiles al cual el Banco Central premia con altísimas tasas de interés y con negocios de bonos. El trabajador hace todos los sacrificios y los especuladores y grupos económicos  extranjeros aumentan su rentabilidad y cuestión no menor, crece su poder condicionando políticamente aún más a los gobiernos. El sistema de desarrollo es inmoral y mientras la familiar argentina sufre, la clase dirigente aparece denunciada internacionalmente por sus exultantes negocios de los paraísos fiscales de Panamá. Si es que CAMBIEMOS heredó una crisis, ¿no sería justo repartir los esfuerzos entre los débiles y los fuertes de la Argentina?. Nada de eso ocurre y solamente el trabajador o las PYMES asumen los sacrificios.
CAMBIEMOS asegura que al final del camino y luego de padecer muchos males, llegará la solución para el país con el “capital” y con la “inversión extranjera”. Como se demostró en Iberoamérica durante las décadas del ochenta y del noventa, ese postulado no se cumple. ¿Se le pide al obrero ser desempleado por un par de años, para ser nuevamente contratado por un extranjero en el futuro?. ¿No sería mejor cuidar el empleo actual?. Además, actualmente es dudoso que alguien invierta en la Argentina en una actividad productiva, debido a la recesión económica: la actual fuga de capitales que se está generando lo evidencia. Ahora bien y suponiendo que lleguen inversiones como en los años noventa, lo harán en las áreas energéticas y de los recursos naturales, saqueando nuestro patrimonio económico y destruyendo la sustentabilidad ecológica como es el caso de la minería. La otra posibilidad de los “inversores”, será la adquisición a bajo costos de las empresas estatales y de servicios recuperadas y capitalizadas en la última década con el ahorro de todos los argentinos.   

Menem aplicó el programa neoliberal con el Partido Justicialista y con un sector de la CGT. El radicalismo transitó la última etapa del desastre nacional del 2001, con un frente electoral (ALIANZA). Macri se propone aplicar  el desigual sistema social, con el apoyo de los medios de comunicación, de sectores de la justicia y con un subordinado y postergado radicalismo. En los tres casos históricos, existieron aliados circunstanciales y tal cual hoy lo ejercen Massa, Stolbizer, Urtubey o sectores minoritarios del sindicalismo. El intento de reemplazar la militancia partidaria por los medios de comunicación, está siendo erosionado por la cruda realidad social. Se puede hablar de cambio, de alegría y del pesado “legado del gobierno anterior”, pero la tenebrosa estadística del desempleo, la violencia e indigencia en aumento, le ponen límites claros a la ficción de Jaime Durán Barba.
La acción claramente partidaria que hoy realizan figuras como el juez Claudio Bonadio, tiene sus límites y además y cuestión a resaltar, es sumamente peligrosa para el sistema democrático argentino. Primero fue detenida Milagro Salas y actualmente, se persigue a Cristina Fernández y a miembros del gabinete nacional anterior. Si la disputa política se desplaza de los partidos hacia una corporación externa al sistema de elección popular, la sociedad dejará de creer en la Justicia y también en los gobernantes y buscará “otros canales” de representación. Esa operación judicial es riesgosa y puede derivar en conflictos callejeros y estallidos sociales potencialmente violentos y con final incierto.  



viernes, 15 de abril de 2016

Ciclo debate y formación de la conciencia nacional


Nuevo libro de Aritz Recalde


INTRODUCCIÓN                                                                                                           
 
CAPÍTULO I: SURGE ANTROPOLOGÍA DEL 3ER. MUNDO  

Los intelectuales y la política (1968-1973)

El nombre de la Revista: Antropología, Tercer Mundo y Ciencias Sociales

Se debe construir una nueva cultura

La Universidad: contexto de inscripción de A 3er M                                                                     
1.  A 3er M, las Cátedras Nacionales y su contexto

1955-1966: continuidades y rupturas

A. La economía desarrollista y la UBA
                                                                                 
B. La Iglesia y el Golpe de Estado

C. La actividad política durante la Revolución Argentina  
                                  
D. Los docentes de las Cátedras Nacionales                                                                      

2. Algunos debates sobre las Cátedras Nacionales
                                                          
3. La Universidad en la óptica de A 3er M. El punto de vista de Gonzalo Cárdenas  
Encuentros y disonancias con la opinión de Silvia Sigal

4. La Carrera de Sociología de la UBA                
                                                          
A. La Sociología oficial de Izquierda

B. Juan José Hernández Arregui y la Sociología Revisionista de Izquierda                                  
CAPÍTULO II: POLÍTICA, IMPERIALISMO Y TERCER MUNDO                                                       
1. Roberto Carri: la Teoría de la Dependencia y el Imperialismo
                                  
Imperialismo y cultura

Imperialismo y política interna. Burocracia y tecnocracia

Imperialismo y política internacional. La puja inter imperialista

Imperialismo y resistencia

Imperialismo y Peronismo

2. Perón y la Geopolítica. La situación argentina                                                                                
CAPÍTULO III: CRÍTICAS AL DESARROLLISMO Y AL MARXISMO                                    
1. A 3er M y el desarrollismo

1.1. El desarrollismo en la visión de Roberto Carri

La Sociología desarrollista

Ciencia burocrática y formalismo

Causales del desarrollismo intelectual

Sobre el desarrollismo económico y político

1.2. Crítica de Fernando Álvarez al eficientismo

Arturo Jauretche y el Brasil                                                                                            

2. A 3er M y el marxismo    
                                                                                                      
2.1. Marxismo, Izquierda y Peronismo

2.2. Conrado Enggers Lan. Ciencia e ideología en la Izquierda mundial
                                  
2.3. El marxismo y la política exterior en el postulado de Roberto Wilner   
       
2.4. Alcira Argumedo y el marxismo                                                                      

CAPÍTULO IV: MODELOS PARA PENSAR LA POLÍTICA Y LA CULTURA NACIONAL

1. La cultura popular según Justino O´Farrell
                                                                        
2. Roberto Carri y la Sociología nacional     
                                                     
3. Enrique Pecoraro y la Sociología nacional
                                                                  
4. Pablo Franco y la Sociología        
                                                                                       
5. Guillermo Gutiérrez, la Universidad  y el Pensamiento Nacional
                                       
6. Justino O´Farrell: producción de teoría, sujeto social y política  
                              
7. Gunnar Olsson y el Pensamiento Nacional          
                                                       
8. Guillermo Gutiérrez: cultura popular y cultura ilustrada   
    
9. Amelia Podetti: ciencia, política y dependencia en el Tercer Mundo

CAPÍTULO V: APORTES A LOS ESTUDIOS HISTÓRICOS ARGENTINOS
                                               
A 3er M y la historia

El Revisionismo histórico

Jauretche y las políticas de la historia

1. Interpretaciones del Peronismo
                                                                      
1.1. Fernando Álvarez: el Peronismo como “bloque histórico”

A 3er M y Antonio Gramsci

Peronismo, nacionalismo burgués y bonapartismo

1.2. Juan Pablo Franco: la gestión del Peronismo en el gobierno
                                           
El debate con Blas Manuel Alberti y la Izquierda nacional 
                            
1.3. Jozami y la Constitución Nacional de 1949                                              

2. Historia de las luchas populares
                                                               
2.1. José Gervasio Artigas    
                                                                                                      
2.2. Matrorilli: Sarmiento, la civilización y la barbarie
                                    
2.3. Juan Manuel de Rosas               
                                                                 
Roberto Carri y Juan Manuel de Rosas

El marxismo de Ortega Peña y Duhalde y Juan Manuel de Rosas

2.4. FORJA y la Universidad                                                                                                                     

CAPÍTULO VI: LOS INTELECTUALES FRENTE A LOS AÑOS SETENTA                      
1. Guillermo Gutiérrez: el Peronismo desde la base

La desarticulación del frente de clases

La burguesía nacional y la Izquierda peronista

Un Peronismo sin burocracia

Nuevas metodologías de acción política

Sectores revolucionarios dentro del Movimiento peronista

El Peronismo sale de los sindicatos y va a los barrios

La alternativa independiente y sus derivaciones políticas

2. Roberto Carri y la violencia política     
                                                                  
El debate sobre la violencia política

¿Perón vuelve por las armas o por los votos?

Guerra o política en los años setenta

A 3er M, Cuba y Cooke en la guerrilla de la Argentina

¿Hay una guerra en la Argentina?

3. La autocrítica de los intelectuales                      
                                                 

           
CAPÍTULO VII: LOS MIEMBROS DE ANTROPOLOGÍA 3ER. MUNDO Y LA UNIVERSIDAD DE AÑO 1973

CONCLUSIONES

ANEXO: NÓMINA DE MIEMBROS DE ANTROPOLOGÍA 3ER. MUNDO

BIBLIOGRAFÍA   


domingo, 10 de abril de 2016

La crisis de la educación pública


Aritz Recalde, abril de 2016

Hace ya algunas décadas que la educación pública argentina está en una profunda crisis. Hay varias cuestiones que evidencian la dificultad por la cual está atravesando la enseñanza estatal. El sistema educativo arrastra problemas de infraestructura y dificultades salariales de sus docentes y administrativos que derivan en huelgas e interrupciones frecuentes de las clases. La educación estatal tiene deficiencias serias de planificación y de gestión y carece de un objetivo nacional y social en sus contenidos y finalidades.
La crisis se origina en el hecho de que los grupos dirigentes, abandonaron la educación pública como parte constitutiva de los valores fundantes de la sociedad. A diferencia de las concepciones ideológicas liberales del siglo XIX, son pocos los políticos, empresarios o dirigentes que creen realmente en la importancia de la educación estatal inclusiva e igualitaria.
Un sector de la sociedad argentina no abandonó la defensa del sistema y es habitual por ello, escuchar a dirigentes partidarios que se muestran “preocupados” por la educación estatal. Una de las manifestaciones del deterioro de legitimidad social del sistema educativo público, es que buena parte de la clase dirigente en todas sus expresiones y banderías, no mandan a sus hijos a la escuela del Estado, sino que van a la privada. Para los políticos la educación pública es un valor a reivindicar  frente a las cámaras de televisión, pero pocas veces se manifiesta como una realidad en su grupo familiar.
La educación primaria y secundaria argentina está fuertemente estratificada socialmente y reproduce la desigualdad económica y la diferenciación de estatus de origen de los alumnos. En las últimas décadas la educación estatal primaria y secundaria se está tornando como:
- un ámbito para jóvenes pobres. La escuela pública lejos de ser un espacio de encuentro y/o de ascenso social, alimenta la desigualdad existente en el país y profundiza la brecha cultural: “dime la escuela que puedes pagar y te diré quién eres”. 
- un espacio de relaciones conflictivas e inestables entre autoridades, docentes, alumnos y sus familias, caracterizado por los problemas de convivencia (incluso violentos), las deficiencias de gestión, la falta de autoridad en el aula y la carencia de fines trascendentes. 
- un ámbito de acumulación de poder partidario, que puede funcionar sin una finalidad más importante que usufructuar los cargos.

La clase media está abandonando la escuela pública, en sintonía con los grupos de altos ingresos. A diferencia de otras épocas, para pertenecer a la clase media ya no se trata particularmente de manejar un bagaje cultural tradicional[1], sino que hay que adquirir un nuevo conjunto de bienes y de servicios diferenciadores. Al tradicional barrio coqueto, la casa chalet o el auto cero quilómetro, hoy para alcanzar el estatus de clase media tenes que enviar a tus hijos a la escuela privada, vivir preferentemente en un complejo cerrado, pagar la televisión y contratar seguridad privada.

La educación estatal en la historia reciente
En la ideología del liberalismo del siglo XIX que profesaron figuras como Domingo Faustino Sarmiento o Nicolás Avellaneda, la educación estatal era un factor de orden y de progreso social. A diferencia del neoliberalismo actual que es escéptico, nihilista y cínico, los liberales estuvieron convencidos de que la educación pública organizaba la convivencia social y que conllevaba la asimilación de las ideas del orden establecido. El Estado tenía la obligación de impartir masivamente los valores dominantes y de enseñar las capacidades científicas y técnicas necesarias para la producción. La educación se organizó sobre una concepción clasista y étnica y los sectores populares iban a recibir una educación básica (primaria) y las clases dominantes tenían acceso a la educación media y universitaria. Ideológicamente, se organizó una institución que impartió una matriz cultural extranjerizante y oligárquica. Sin ocultar su ideología, la generación liberal argentina del siglo XIX apostó a la educación pública e invirtió recursos humanos y económicos para garantizarlo. Buena parte de la infraestructura educativa existente y su cuerpo normativo originario (ley 1420 y ley universitaria de 1885) se lo debemos a estos grupos dirigentes.
El nacionalismo popular argentino (1946-1955) postuló tres  finalidades para la educación del país. La primera, fue la función social de igualación de clases y es por eso que permitió el ingreso de los trabajadores a todos los niveles educativos incluyendo la universidad. La segunda tarea, fue otorgarle centralidad en la búsqueda de la independencia económica y la soberanía tecnológica argentina. La tercera cuestión primordial de la educación, fue la promoción de contenidos nacionalistas y antiimperialistas. La revolución justicialista construyó una inmensa obra de infraestructura y fundó instituciones y leyes que van desde la creación del Ministerio de Educación de la Nación a la promoción de la escuela técnica y la Universidad Obrera.  
El pensamiento “progresista” difundido en los años ochenta y noventa del siglo XX, destacó que la educación cumplió una tarea “ideológica burguesa”. Resaltaron que los grupos dominantes justificaron culturalmente su sistema económico y político y es a partir de acá, que consideraron que la tarea de la educación emancipadora era la de transmitir la “ideología revolucionaria”. Se trató en muchos casos y como se postula normalmente, de “bajar línea”. Algunas corrientes pensamiento suponían que un sector minoritario de la población debía manejar la ciencia del movimiento histórico (marxismo), a la espera de las condiciones objetivas de la lucha de clases. Por fuera de la escuela pública, los dirigentes progresistas y sus hijos que son alumnos del sistema privado que no conoce los paros docentes, ni problemas de infraestructura, ni el hambre de los jóvenes humildes, publicaron encendidas críticas contra el Estado burgués.  

El liberalismo organizó la estructura material y legal educativa argentina. El nacionalismo popular refundó la infraestructura escolar, contribuyó a soberanía tecnológica y le otorgó a la educación una finalidad nacionalista y antiimperialista. El progresismo educativo hizo libros de crítica y cobró los trabajos de asesoramiento para el Estado en los años noventa.

Durante la última década se estuvo muy lejos de resolver la profunda crisis del sistema y pese a que el gobierno nacional aumentó la inversión en salarios, en infraestructura, en tecnología (distribuyó computadoras) o impulsó una incompleta renovación de algunos contenidos y leyes, que muchas veces se detuvo frente a la realidad provincial que administra la educación primaria y media.
La posible resolución de la severa crisis moral, económica e institucional de la educación pública primaria y secundaria, va a requerir una concertación nacional amplia, debatida y de acción radical y de largo plazo. Los intentos de organizar la educación  con recetas del Banco Mundial o de universidades extranjeras, está condenado de antemano al rotundo fracaso. El principio de solución va a salir de los argentinos y dicho debate deberá incluir, al menos, a los sindicatos educativos, a las organizaciones libres del pueblo culturales, religiosas, deportivas y productivas y a todo el amplio arco de los dirigentes partidarios. Sin una sólida y fecunda educación pública, la nación y su pueblo están en peligro.




[1] A mediados del siglo XX, para pertenecer a la clase media tenías que conocer de literatura, de geografía o de historia “universal” (en realidad, europea) y la escuela pública formaba parte fundamental en la organización de estos saberes. “Pertenecer” implicaba consumos culturales como el cine, el teatro, la moda u otras instituciones prestigiosas de la cultura oficial. Para los grupos de clase media alta, el viaje a Europa (Paris o Londres) era una coronación del acceso a la cultura ilustrada universal y una manifestación de estatus.  

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