viernes, 14 de abril de 2017

El Pensamiento Nacional es el contra-discurso a la clase dominante


Entrevista a Norberto Galasso - marzo 2017



Una tarde de marzo. La tele muestra la marcha de guardapolvos blancos, que parece no tener fin. “¡Impresionante!” dice el maestro, mientras se acomoda y se sienta. Una gata negra sigue su camino entre los pies distraídos, en busca de cordones para destrozar. El paisaje se hace libro. Y me pregunto, antes de iniciar: ¿qué secretos guardarán las paredes de esta casa de barrio de la Avenida Asamblea? De repente, el silencio da lugar a la palabra.

¿Qué significa hablar hoy de pensamiento nacional?

Hablamos de pensamiento nacional porque la Argentina fue organizada con la llegada de Mitre al poder en 1862 como un país semicolonial, un país que tiene bandera, himno y escarapela pero su política estuvo subordinada al Imperio Británico hasta el ´45. Ya con Yrigoyen se había avanzado algo, pero después del ’45 vino un período importante, donde se consolida una forma de encarar los problemas, nuestros propios intereses; ahí nace el Pensamiento Nacional. Pero después del ´55 volvemos a caer, otra vez, en esta situación.  Hay una gran parte de la sociedad argentina, especialmente en los sectores medios, que están influidos por la clase dominante vinculada a los intereses extranjeros, como ocurre actualmente y como ocurrió a través de casi toda la historia. Entonces, la manera de dominar económicamente un país es lograr que sus habitantes no tengan un pensamiento nacional, sino que piensen “al revés”, como decía Arturo Jauretche. Que cuando un amigo le anuncia a otro que sale un fin de semana a Mar del Plata o a Córdoba, dice “me voy para afuera”, cuando en realidad va “para adentro”. Es decir, tiene un pensamiento “al revés” porque cree que el “adentro” es el Atlántico, Europa, cree que los principales autores son los europeos y que la Argentina está “abajo” no solo en el planisferio sino en el mundo, como un país de segunda categoría. Se piensa de manera colonial en función de los intereses que no son los intereses argentinos. En pocas palabras el pensamiento nacional es el contra-discurso con respecto a una clase dominante, que persiste en entregar el país y vincularse económicamente a los intereses anti-nacionales.

¿Tiene algún punto de encuentro esa manera de pensar antinacional con el momento actual en el que atraviesa el país?

La ciudad de Buenos Aires es una ciudad esencialmente administrativa y comercial que tiene muy pocas industrias y, por lo tanto, predominan las clases medias, formadas por los grandes diarios (Clarín y La Nación); especialmente, por la enseñanza tradicional de los colegios y por los grandes intelectuales del sistema. Entonces formulan un pensamiento que hace  posible que gran parte de la sociedad piense no nacionalmente sino en función de los grandes intereses de las empresas extranjeras, trayendo como consecuencia la llegada de este hombre al poder.

¿Y la izquierda tiene algún rol en esto?

Gran parte de la izquierda ha pensado “en ruso”. El PC, por ejemplo, ha pensado en chino, no ha pensado en Latinoamérica. Recuerdo una anécdota de un amigo que estaba en esa izquierda no nacional; lo llevaron en una delegación a Vietnam y tuvo la suerte de conocer al General Giáp, que fue el que “paró” a los yanquis en Vietnam. A través de un traductor le preguntó ¿cómo fue posible defender la soberanía de un pequeño país frente a una gran potencia? Y el general Giáp le respondió “Lo fundamental es conocer profundamente la historia”. Y cuando volvió a Buenos Aires, cuenta mi amigo, empezó a estudiar historia, historia vietnamita.

¿Cuáles son los mojones de la argentinidad en nuestra historia?
 Especialmente la resistencia de los pueblos del interior, la resistencia del Chacho Peñaloza, de Ricardo López Jordán y de Felipe Varela a la política centralista de Buenos Aires. Después, todo ese mundo de las montoneras del interior, que confluye un amplio sector de las clases medias, da origen al radicalismo, que no tiene nada que ver con el actual. Es decir, el radicalismo del Yrigoyen conspirador, el que luchaba por el sufragio libre, el que se consideraba él mismo como padre de los pobres y que ganó dos elecciones con cifras apabullantes. Otro mojón es el 17 de octubre de 1945 cuando esos hombres del interior, que se han vuelto obreros, rescatan a Perón cuando ha sido desplazado del cargo; y, por último, creo que también el desarrollo que tuvo el período iniciado en 2003, donde el kirchnerismo surge como una expresión popular que sacó el país del infierno, como decía Néstor, y lo llevó a una situación muy favorable, aunque lamentablemente ese proceso ha sido interrumpido.


Destacados
A. “La manera de dominar económicamente un país es lograr que sus habitantes no tengan un pensamiento nacional”.

B. “Soy peronista porque soy marxista, decía Hernández Arregui. Deberíamos discutir si se puede ser las dos cosas al mismo tiempo, ¿no?”

C. “Es extraordinario que habiendo televisión desde 1951, y muerto Scalabrini Ortiz en 1959, no haya aparecido nunca en la pantalla chica. Peor aún Hernández Arregui, que murió en 1974. El único que rompió ese cerco fue Arturo Jauretche, por su carácter enérgico y hasta agresivo.”

D. “Juan Carlos Schmid me dejó una decepción idéntica a la que tuve con Facundo Moyano”.

E. "Con el kirchnerismo salimos de una crisis y a muchos de nosotros eso nos llevó a suponer, erróneamente, que teníamos ganada la batalla cultural".


Vida y obra de José María Velasco Ibarra

Aritz Recalde, junio de 2017 “Individuos y pueblos, ciudadanos y conductores tienen que conocer a dónde van, qué persiguen en la vida. Es...