martes, 11 de julio de 2017

La gran Nación inconclusa y la/s clave/s de la revolución. Lecciones de nuestra historia


“los pueblos necesitan razones de vivir y razones de morir; las razones de morir son las pasiones, las razones de vivir son los ideales” (Manuel Ugarte)

 “La integración continental de América Latina es indispensable porque el año 2000 nos encontrará unidos o dominados. Pero esa integración ha de ser obra de nuestros países, sin intervenciones extrañas de ninguna clase (…) para crear las bases de los futuros Estados Unidos de Latinoamérica” (Juan D. Perón)

“esta batalla sólo está comenzando, preparémonos para un largo camino, es largo el camino de la liberación de nuestros pueblos; es largo el camino de la independencia de nuestros pueblos, sólo juntos podremos hacerlo, hay que recordar siempre a Perón cuando dijo que el siglo XXI nos hallaría o unidos o dominados, aquí estamos pues hoy dominados, subdesarrollados. Sólo unidos podremos ser libres, sólo juntos podremos hacer grande nuestra patria, sólo juntos podremos abrir le cauce a los sueños de nuestros hijos y de nuestros nietos, sólo juntos podremos hacer realidad los sueños del Che, los sueños de Bolívar, los sueños de San Martín; divididos jamás podremos, sólo unidos lo haremos” (Hugo Chávez)

Por Juan Godoy*
            Arturo Jauretche enfatizó en la necesidad de revisar nuestra historia fundamentalmente por dos cuestiones, a saber: la historiografía oficial-liberal ha falsificado el relato de nuestro pasado, pretende contar su visión parcial que es la óptica de la oligarquía porteña, como si fuera el único y verdadero abordaje de la historia; y en segundo lugar porque revisar la historia desde el punto de vista de los sectores oprimidos nos da la posibilidad de avanzar en la implementación de una política nacional, indispensable para avanzar en un proyecto de nación, así afirma el escritor de Lincoln: “No hay política nacional sin historia revisada, porque el cipayo y el vende patria son consecuencias lógicas y hasta prestigiosas en una historia que ha condenado la política nacional y glorificado la sumisión al extranjero”. (Jauretche, 2008: 84)
No es un problema historiográfico, sino más bien político. Este factor se revela más importante aún en los países semi-coloniales como la Argentina, que solo tienen una independencia formal pero la situación real es de ser una nación dependiente del imperialismo de turno. Este es nuestro punto de partida para el análisis de algunos hechos e ideas acerca de los procesos de emancipación del Siglo XIX en Nuestra América: el reconocimiento de la Argentina como un país semi-colonial, dependiente, parte de una nación inconclusa.
            En este sentido, es que pretendemos buscar en la lucha por la emancipación y el proyecto de la construcción de una Patria Grande de la primera mitad del siglo XIX, algunos tópicos que pensamos pueden servir de orientación en una política nacional-latinoamericana en los finales del primer cuarto del siglo XIX, entendiendo entonces que “somos un país porque no pudimos integrar una nación, y fuimos argentinos porque fracasamos en ser americanos, aquí se encierra todo nuestro drama y la clave de la revolución que vendrá”. (Ramos, 1986: 15) La posibilidad de cambio de nuestras “patrias chicas” latinoamericanas viene de la mano de la reconstrucción de la Patria Grande.
Así, desde nuestra visión vamos a sostener el ideal de la Patria grande de los grandes revolucionarios, y de los sectores populares en contraposición al proyecto de las oligarquías y el imperialismo de las “patrias chicas”. Al mismo tiempo, revalorizar al pensamiento nacional y latinoamericano, como puntal donde asentar el análisis de nuestra realidad, pues como enseña Don Arturo lo nacional-latinoamericano es lo universal visto por nosotros.

Por el Norte y por el Sur “A Paso de Vencedores”. Dos hombres: un mismo proyecto.
             Latinoamérica entendida así es una nación inconclusa, y el proyecto de la Patria Grande también un ideal trunco, pero absolutamente actual. En este sentido, sostenemos aquí que ese proyecto se manifestó sobre dos grandes ejes que, a pesar que la historiografía liberal pretendió enemistarlos, actuaron conjuntamente por el mismo proyecto. Estos dos grandes ejes que confluyen son los encarnados por la figura de Simón Bolívar, y de José de San Martín. El primero se dirige del Norte al Sur de Nuestra América; y el segundo, del Sur al Norte, para confluir en la entrevista de Guayaquil en la que el Libertador del Sur deja la finalización de la guerra por la emancipación a Bolívar, que en 1824 va a terminar con el dominio español en estas tierras en la Gloriosa Batalla de Ayacucho, liderada por el Mariscal Sucre.

            En este sentido Manuel Ugarte afirma que “Bolívar en el Norte y San Martín en el Sur, habían iniciado vastas conglomeraciones que tendían a hacer de los antiguos virreinatos un conjunto coherente, una nación vigorosa que, por su extensión y su población, hubiera podido aspirar a equilibrar en este siglo el peso de los EE. UU.”. (Ugarte, 1923: 12)