viernes, 6 de abril de 2018

Alberto Carbone, ex integrante del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y actual miembro del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres



“Generar una ley en contra del pueblo es un pecado social”

 Alberto Carbone nació en Alemania en 1924, donde su padre, Raúl, se había graduado como ingeniero en el Instituto Tecnológico de Berlín y donde había nacido su madre, Marta, hija de un distinguido pintor, Karl Albrecht. A los dos años la familia ya se había instalado en Buenos Aires y, pese a que su madre era de religión luterana y su padre, “como otros universitarios de la época” (en la opinión del sacerdote) mantenía una distancia prudencial con la religión, asistió al Colegio de los Hermanos Maristas. Allí tomó la comunión y se fue incorporando a la rama estudiantil de la Acción Católica, de la cual un par de décadas más tarde sería asesor nacional. Hoy recuerda esta etapa como la mejor preparación que tuvo para el sacerdocio, junto con su experiencia en la JUC (Juventud Universitaria Católica) en los años que estudió ingeniería, carrera que abandonó para entrar al Seminario.
 Hacia fines de la década del 60, Carbone integró el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y fue el responsable del Boletín Enlace, la publicación interna que se dio el MSTM. Pero su momento de mayor exposición pública tiene una fecha de inicio: el 29 mayo de 1970, el día del secuestro de Pedro Aramburu. Lo señalaron como autor ideológico de las primeras acciones de Montoneros por su relación con algunos de sus dirigentes, como Mario Firmenich, en los años que había pasado por la Acción Católica y la JEC (Juventud Estudiantil Católica).
 Estuvo preso en dos oportunidades: en 1970, cuando las autoridades sospechaban que de su máquina de escribir habían salido los comunicados de Montoneros y en 1972, cuando fue acusado de participar en el ataque de la misma organización a la Escuela de Prefectura Naval en Zárate.
Luego del 72, sin funciones asignadas por las autoridades eclesiásticas, no tuvo destino fijo para el ejercicio del ministerio sacerdotal hasta 1985, cuando el obispo Justo Laguna lo recibió en la diócesis de Morón. Desde entonces se encuentra en el oeste del Gran Buenos Aires e integra el Grupo de Curas en la Opción por los Pobres a cuyos encuentros regionales y nacionales asiste regularmente. Hoy, con 94 años, vive junto a otros curas en la casa parroquial contigua a la Catedral de Moreno.

USTED FUE UNO DE LOS PRINCIPALES REFERENTES DEL MSTM Y EL RESPONSABLE DEL BOLETÍN ENLACE, LA PUBLICACIÓN DEL MOVIMIENTO DE CIRCULACIÓN INTERNA. ¿CÓMO FUE LA DIVISIÓN QUE SE PRODUJO DESDE EL ‘73 AL INTERIOR DEL MSTM ENTRE LOS CURAS PERONISTAS Y LOS SOCIALISTAS

Se fue produciendo un distanciamiento entre quienes se guiaban por planteos de ideología socialista de origen europeo y quienes adheríamos al peronismo popular. Los primeros  tendían a generar planteos socio-políticos, mientras que los segundos nos incorporábamos a los movimientos de un pueblo mayoritariamente peronista y de ese peronismo de base religiosa, anterior al mismo peronismo. Lo que pesa en Argentina para que surja ese gran movimiento popular son dos aspectos absolutamente fundamentales que vienen de la antigua evangelización posterior a la conquista y que son impregnados muy bien por los misioneros en la gente: la solidaridad (entre la gente) y la providencia (en relación con Dios). Esos son los dos temas que están en el alma del peronismo popular. La distancia al interior del MSTM se profundizaba a partir de otras discusiones que podríamos llamar “intraeclesiales” sobre la liturgia, el celibato o distintas líneas teológicas. Y también, en mi opinión, sucede una cosa muy curiosa: en esta diferencia influyó de alguna manera, sin poder precisarlo, el hecho capital/interior. Tuvo mucho que ver la herencia del repudio del interior, del mundo federal al mundo unitario, para llamarlo de alguna manera, centrado en Buenos Aires y en el puerto.

PESE A QUE USTEDES, LOS DE BUENOS AIRES, ESTABAN TRABAJANDO EN LAS VILLAS.
Sí, sí, la gente del Movimiento trabajaba en las villas. Claro… hay una cosa que yo hago notar siempre (y que ha reconocido el mismísimo Jorgito Vernazza): muchos de los que inician el MSTM llegan a sentir la influencia europea del modo pastoral por ejemplo de los sacerdotes obreros franceses. Tal es así que Vernazza, Richard [por Rodolfo Ricciardelli], Botán y otros, eran obreros también. Y se mudaron a las villas, pero estando allí la gente se daba cuenta de que eran sacerdotes ¡y les pedían cosas sacerdotales!... Y ahí se va  produciendo un acercamiento con el pueblo trabajador y pobre y empiezan a descubrir el sentir de la gente y en ese sentir podríamos decir que nace su adhesión al sentir peronista de la gente. Cosa que yo trato de mantener siempre… por eso hago la clara distinción entre lo que se entiende como peronismo en cuanto a conducción y de lo que es el sentimiento peronista del pueblo. El trayecto de la conversión, digámoslo así, de Jorgito Vernazza, de Ricciardelli, de Botán al peronismo es el resultado de estar en contacto con la sensación del peronismo del pueblo. Tuvimos que deseuropeizarnos. Yo recuerdo que una de las cosas que teníamos en común con el viejo Tello, la teología del Pueblo y de la Cultura era eso: la deseuropeización. Eso de la europeización es muy bravo. En Europa por ejemplo a Jorgito Bergoglio no lo van a interpretar, no pueden. Y mi sospecha es que uno de los temas por los cuales él no viene a Argentina es ese ¿con quienes se encuentra? ¿quiénes son sus interlocutores? Esa es la realidad. No entienden, les falta el sentir…

USTED SIEMPRE HABLA DE LA “MAGDALENIZACIÓN”.
Sí. Los estudios muestran que Magdalena era una rica empresaria de pescado en Magdala. En la vida humana (y eso es tan real, porque nos lo enseña el materialismo histórico, cosa que no pudieron leer bien mis amigos de Rusia), se produce el avance de unos y la detención de otros ¿Qué dice Jesús? Felices ustedes que han abandonado la casa… por seguirme a mí ¿qué eso de seguirme a mí? Es hacer lo que hacía Jesús en su primera etapa de glorificación, ¿qué era?: curar, dar de comer, dar de beber, dar cercanía, estar junto… Y eso es la Misericordia. La misericordia no es decir ¡Ay Jesús, qué bueno que es, como me emociona el pobre, le voy a regalar algo! La magdalenización es una donación donde fundamentalmente el que tiene, da. Y hasta dice Jesús: no puede ser mi discípulo el que no renuncia a todos sus bienes. Eso está en Lucas 14, un parrafito ahí perdido. Y es lo que hace Magdalena. La caridad entonces entra no solamente en la donación personal sino promover una sociedad que valga la pena. Y es lo que hace Magdalena a través de Jesús, da. Entonces el tema es, para el político y para el empresario ¿cómo yo voy favoreciendo la donación? porque realmente hay que saber renunciar, cosa tan contraria a lo que tenemos desde hace un tiempo histórico que es la acumulación, ¿cómo aprendo yo a renunciar? El conductor de una empresa o el conductor político (cosa que pone en sus manos mucho dinero) cómo hace para promover la socialización del lugar donde está, sea el estado o la empresa, y que se promueva el derecho y la justicia.

 HAY FELIGRESES QUE NO VEN BIEN QUE LOS CURAS “SE METAN EN POLÍTICA”
Hay algunos problemas que no han sido tocados por la teología de la Iglesia, dígamoslo así, algo que va surgiendo desde hace ya un tiempo, un siglo o más: la fuerza del pecado social. El pecado social es una mentalidad en acción pero que no es objeto todavía de la mención de la conducción eclesial por lo menos en Argentina. Porque por ejemplo el generar una ley que va en contra del pueblo es un pecado social. Y a mí me gustaría saber qué curita recibió alguna vez en el confesionario a alguien diciendo: “me vengo a confesar de un pecado contra la comunidad humana o el pueblo, de un pecado social”. Y eso no está en la mentalidad de los católicos, laicos o eclesiásticos. El pecado es algo personal. Cierto… pero pará un cachito. Pero también está el pecado social ¿qué hacemos? ¿nos confesamos de él o no? Por ejemplo, la misa de hoy donde aparece el profeta Jonás, Dios lo manda a decir a Nínive: son todos unos atorrantes, están en conjunto en pecado, así que yo los voy a aniquilar. Lo mismo pasa con Jerusalén, con Sodoma y Gomorra, son situaciones sociales. Como la dictadura que es una situación contra el pueblo, entonces merece la desaprobación y el que sigue al dictador, atenta contra el pueblo, es un pecado. La no consideración de esa manera de pecar es la consecuencia de la alianza entre sacerdocio e imperio. Con sus trágicas consecuencias. Que el imperio nos favorezca nos hace contagiarnos de su modo de vivir ¿Y qué es lo que produce eso? Un enfriamiento en el estilo misionero. Para entender un poco lo que dice Jorgito [Bergoglio] ahora “Salgan, hagan lío” (Y no solo lo dice, él lo hace y calladamente, porque con el tiempo te enterabas de que pasaba bastante por las villas. Podías encontrar a una mujer que decía “Ah! Él a mi me bautizó el nene” cuando era arzobispo en Buenos Aires). “Salgan” es sacudirnos esa mentalidad que se nos metió adentro con motivo de esa alianza de más de 1200 años entre el sacerdocio y el imperio. No hubo capacidad en la Iglesia para enfrentar los temas que surgieron en todas estas épocas, eso termina en algo que es evidente: Europa es un museo religioso. Y que es lo que ahora Jorgito trata de dar vuelta.

AL PAPA FRANCISCO SE LO ACUSA DE POPULISTA POR ESTE TIPO DE REFLEXIONES.
Jesús, en su manera de vivir, de moverse, es estrictamente popular. No tiene nada que ver con el poder ¡Jesús es populista, qué le vas a hacer! Si yo digo populista me refiero a los enemigos de la elite. El evangelio lo dice muy claro. Cuando se producen los incidentes entre Jesús y los fariseos y Herodes, Lucas marca muy bien cómo va creciendo la oposición: “Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley no encontraban la manera de hacer desaparecer a Jesús pues tenían miedo del pueblo” (Lc, 22, 2). Ese es un dato histórico que se repite: por un lado Jesús y por el otro la conducción y su “claque”. Ese tema de la claque es un tema muy interesante porque los personajes, sobre todo periodistas que hablan del populismo insisten en el tema de la clientela y en el fondo no se dan cuenta de la gran cantidad de gentes que (mentalmente y con deseos positivos de serlo) son clientela de las grandes empresas. Muchas veces uno encuentra los grandes señores yanquis que empezaron como cadetes. Es decir “yo estoy aquí en esta empresa y soy cliente y hago todo lo que quieran porque es así como progreso”. Clientelismo total.