viernes, 1 de febrero de 2019

Una estrategia de gobierno para 2019


AUMENTO POBLACIONAL: LA PRIORIDAD DEL PRÓXIMO GOBIERNO

Anticipo de mi libro “¿Grieta o sepultura?, que editaré, Dios mediante, a fines de febrero próximo

Por Juan Gabriel Labaké

2019 será un año decisivo para la Argentina, no solo porque durante su curso se desarrollara la campaña electoral que culminará con la elección de un nuevo presidente en octubre y su asunción del mando el 10 de diciembre, sino porque esos comicios no serán como cualquier otro. En ellos se decidirá el modelo de país, o más directa y simplemente, el país que tendremos en las próximas décadas.
En los mensajes que envié a mis amigos y compañeros durante 2018, en varias oportunidades me he referido a los importantes cambios que se produjeron en el tablero internacional en los últimos 10 o 15 años. Sintéticamente: de un rígido dominio planetario de EEUU, se pasó a un complicado y muy fluido panorama multipolar, y ello a costa de la pronunciada pérdida de influencia planetaria de la superpotencia norteamericana, principalmente a manos de China y Rusia.
Ello desembocó, como era previsible, en un repliegue de EEUU tanto de Asia Central, como de Medio Oriente y África. Esa pérdida de control territorial, sumada al futuro enfrentamiento norteamericano-chino, que seguramente será en forma preponderante económico y no militar, produjo un renovado interés de EEUU por fortalecer su retaguardia o patio trasero, que sigue siendo Latinoamérica y, especialmente, Sudamérica.
Para completar el cuadro de situación internacional que se nos presenta a los argentinos en este momento, hay que agregar la especial importancia que está adquiriendo el Atlántico Sur y la Antártida para las potencias del mundo y, sobre todo, para nosotros.
Ése es el tablero que me ha llevado a postular la adopción de una estrategia geopolítica para la Argentina de los próximos años, centrada en tres ejes de desarrollo y de aumento de nuestra influencia territorial, económica y aún política:
-   la Cuenca del Plata y su relativamente fácil conexión con las cuencas del Amazonas y del Orinoco;
-   el eje bioceánico Atlántico-Pacifico, en asociación estratégica con Chile; y
-   el aprovechamiento integral de lo que he llamado el Proyecto Sur que, geopolíticamente, comprende la Patagonia, las Malvinas y las otras islas del Atlántico Sur, nuestro sector antártico hasta el Polo Sur, y el pasaje de Drake  de fundamental importancia para el transporte marítimo futuro de gran calado.

Ese ambicioso, pero no utópico, plan de expansión territorial y de influencia de la Argentina tiene una condición primordial e insoslayable: el rápido, programado y racional aumento de la población. Como un dato ilustrativo, agrego que nuestra Patagonia, que abarca un millón de kilómetros cuadrados, posee solo un millón de habitantes. Con un plan de desarrollo razonable y una sensata política poblacional, en dos o tres décadas la Patagonia podría albergar 10 millones de habitantes. Con los mismos criterios expansivos y en el mismo lapso, la población argentina podría pasar holgadamente los 100 millones de habitantes, en lugar de los exiguos 44 millones que tenemos hoy.
Al respecto, en el mundo hay suficiente población y capitales para inversión física directa disponibles, incluidos los activos de residentes argentinos en el exterior.
Será necesario, también, atender los dos parámetros que influyen sobre la cantidad de habitantes de un país: la tasa de crecimiento vegetativo (nacimientos versus defunciones) y el saldo migratorio internacional (inmigrantes extranjeros versus emigrantes argentinos).

En ambos sectores, la desidia, la incomprensión o el desinterés de los gobiernos de las últimas décadas ha permitido que la Argentina retroceda peligrosamente, en lugar de mejorar su posición.

 MIGRACIONES Y NACIMIENTOS
Así, para el INDEC, y según su informe del censo de 2010 (el último realizado; el próximo se hará en 2020):
Hasta 1960, el aporte de la migración internacional - originaria mayoritariamente de Europa- al crecimiento de nuestra población fue significativo aunque con distinta intensidad : entre 1885 y 1890 el papel de la migración tuvo su máxima expresión al explicar el 70 por ciento del crecimiento en ese período, durante los primeros quince años de este siglo aporta alrededor de un 50% ; luego aparecen oscilaciones provocadas por una disminución de la llegada de inmigrantes durante las dos guerras mundiales para aparecer un reflujo posterior a la segunda guerra, que refuerza el aporte migratorio, y que alcanza a representar el 20% del crecimiento total entre 1945 y 1955. A partir de 1960, el crecimiento poblacional depende casi exclusivamente del crecimiento vegetativo, al perder relevancia el componente migratorio, cuya incidencia futura se considera poco significativa.
A partir del año 1960 se produjeron dos fenómenos que crecieron con el tiempo. El primero de ellos fue que la inmigración desde los países latinoamericanos, y especialmente la de los países limítrofes (Paraguay, Bolivia, Uruguay, Chile) más la proveniente de Perú comenzó a reemplazar a la de origen europeo, hasta superarla ampliamente.
El segundo fenómeno fue que, aún con el aporte de inmigrantes hispanoamericanos, el balance migratorio comenzó a ser cada vez menos positivo y, en los últimos años ha sido desfavorable para nosotros. Cada día se ahonda más nuestro problema de disminución de la población por las migraciones.
De modo que, hoy, somos un país que necesita aumentar en forma acelerada su población por razones geopolíticas y económicas pero, incomprensiblemente, mantiene una estratégica política general que expulsa población, en lugar de atraerla, al punto de perder cada año más habitantes por los movimientos migratorios.
A esto debe agregarse otro fenómeno que es mundial: por un lado, el aumento de la expectativa de vida, que se traduce en menos fallecimientos al año, y que con ello ayuda al aumento poblacional; y por otro lado una abrupta y permanentemente acelerada disminución de nacimientos. Lamentablemente para nuestro país, la disminución de nacimientos es mucho mayor que la disminución de fallecimientos producida por el alargamiento de las expectativas de vida.

Para el INDEC, y siempre según su informe sobre el censo de 2010:
Entre 1870/1875 y 1950/1955, la tasa bruta de mortalidad descendió fuertemente del 31,9 por mil al 9,2. Con posterioridad la baja es poco pronunciada, para llegar a 7,8 por mil en el 2010. Este estancamiento de la tasa bruta de mortalidad se debe al progresivo aumento de la población mayor de 65 años y oculta las ganancias logradas en la esperanza de vida. La natalidad, en cambio, continuará su tendencia secular descendente hasta reducirse al 18 por mil durante el período 2005-2010, gracias a la baja sostenida de la fecundidad, es decir del número de hijos que en promedio tienen las mujeres al final de su vida reproductiva.
Así, la cantidad de hijos por cada mujer era en 1950/1955 de 3,15. En 1965/1970 había bajado a 3,04, para caer a 2,62 en 1995/2000, y a 2,30 en 2005/2010.
De esa forma, y si se tienen en cuenta todos estos fenómenos (el balance migratorio y el llamado crecimiento vegetativo que compara nacimientos y fallecimientos) el resultado general es que, desde la segunda guerra hasta hoy, el fenómeno dominante y preocupante es que nuestra población cada vez crece a un ritmo menor.
Para contrarrestar esta verdadera catástrofe poblacional, el gobierno que surja de los comicios de octubre próximo debería adoptar, como centro de su estrategia política y pilar fundamental de su programa de desarrollo, un plan que tienda a poblar integral y racionalmente todo el territorio argentino, para aprovecharlo adecuadamente. Cuando hablo de desarrollar y aprovechar todo el territorio nacional, incluyo los aproximadamente 6.600.000 Km2 que nos ha reconocido la CONVEMAR (Convención de las Naciones Unidas para el Derechos del Mar) en 2016, entre el mar bajo soberanía argentina (1.700.000 Km2) y la zona de explotación económica exclusiva (otros 4.900.000 Km2).
Una última reflexión: todo aumento poblacional está basado, por un lado, en una política migratoria de puertas abiertas, complementado con un plan de radicación de nueva población en las zonas que el país necesita desarrollar; y, por otro lado, en una política que favorezca y apoye efectivamente el aumento de los nacimientos y las familias numerosas, como puntal de la elevación de la tasa de crecimiento vegetativo.

Buenos Aires, 10 de enero de 2019

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