Por Eduardo J Vior para TELAM
El asesinato de Daría Platónova Dúgina, la hija del filósofo y geopolítico conservador Alexander Dugin, cometido el pasado sábado 20 en las cercanías de Moscú por una militante de la organización nazi ucraniana Azov al servicio de la inteligencia de ese país (SBU) puede parangonarse en sus intenciones y efectos posibles a la solicitud de incorporación a la OTAN formulada por el presidente Volodymir Zelensky en septiembre del año pasado: ambas fueron provocaciones, para empujar a Rusia a una intervención violenta no deseada. La primera está acarreando más daños para el provocador que para el provocado. Queda por ver qué sucederá con el segundo desafío.
Los hechos
clave de la
tragedia ya se
han establecido. Un
todoterreno Land Cruiser
Prado, propiedad de Dugin y con Daría (de 30 años) al volante, explotó
el sábado alrededor de las 22 hs. en una carretera cerca del pueblo de Bolchie
Vyazemy, a poco más de 20 km de Moscú. Ambos venían de un “Festival de la
Tradición” en el que el filósofo había pronunciado una conferencia.
En el
último momento Daría
tomó el todoterreno
y su
padre la siguió
en otro coche.
Según testigos presenciales, se produjo una explosión en la que el coche
de la joven quedó envuelto en llamas y chocó contra un edificio de la
carretera. El cuerpo de la víctima se calcinó hasta quedar irreconocible.
El Comité
de Investigación ruso no tardó en determinar que el artefacto explosivo
improvisado -unos 400 gramos de TNT sin
encapsular- estaba colocado bajo la parte inferior del todoterreno, en el lado
del conductor, y fue operado a distancia.
Como
autora del atentado
fue identificada Natalia
Vovk Shaban, de
43 años, miembro
de la organización nazi
ucraniana Azov, quien puso la bomba junto con su hija de 12 años. Entró a
Rusia en un auto Mini Cooper, alquiló un departamento en el mismo edificio
donde vivía Daría Dúgina y vigiló atentamente sus pasos. Para no generar
sospechas, posiblemente fue su hija quien colocó el explosivo bajo el vehículo,
mientras Dugin daba su charla. Al día siguiente la terrorista y su hija
atravesaron la frontera con Estonia.
Alexander Dugin era un objetivo de la lista
Myrotvorets, las siglas del Centro de Investigación de Indicios de Crímenes
contra la Seguridad Nacional de Ucrania que trabaja junto con la OTAN cogiendo
información sobre "terroristas y separatistas prorrusos".
El domingo
21 Maria Zajárova,
vocera de la
Cancillería rusa, dio
una declaración en
la que expresó sus condolencias
a Alexander Dugin, condenó a quienes festejan ese asesinato y pidió que se
cumplan las leyes nacionales e internacionales contra el terrorismo.
Alexander
Dugin es una personalidad controvertida dentro y fuera de su país. El filósofo,
creador de la “cuarta teoría” e impulsor de la unidad euroasiática, ha tenido
una trayectoria política muy cambiante, pasando de ser comunista a fanático
nacionalista y ferviente cristiano ortodoxo. No es asesor de Putin ni tiene
tanta relevancia en Rusia, como se afirma en Occidente.
Sin
embargo, más allá de su personalidad, es preciso colocar esta nueva fase del
conflicto en su lugar, dice el periodista brasileño y analista internacional
Pepe Escobar. “El problema es que las reglas
han cambiado, afirma,
y el combo
SBU/OTAN, ante una
debacle indescriptible en Donbass, está subiendo el dial de
sabotaje, contrainteligencia y maniobras diversivas.
Empezaron
bombardeando territorio ruso,
agrega, se extendieron
por la cuenca
del Don -como
cuando intentaron matar al alcalde de Mariúpol, incluso lanzaron drones
contra el cuartel general de la Flota del Mar Negro en Sebastopol, y ahora, con
la tragedia de Daría Dúgina, enumera, están a las puertas de Moscú.”
Posiblemente dichas acciones sean
irrelevantes para cambiar el curso de la guerra en el teatro de operaciones,
pero la continuación de
esta serie de
sangrientas operaciones psicológicas puede resultar extremadamente dolorosa para
la opinión pública rusa y empujarla a exigir un castigo devastador. Está claro
que Moscú y San Petersburgo se han convertido en escenarios de guerra.
La verdadera
cuestión, y la
más candente, es
hasta qué punto
reaccionarán el Kremlin
y la inteligencia rusa. Los
ataques de Kiev a las puertas de Moscú trasponen la "línea roja"
puesta por Moscú y exigen una respuesta a la altura de la promesa repetida por el
propio Putin de golpear los "centros de decisión". Será una decisión
fatídica, porque Moscú no está en guerra con Kiev sino con la OTAN y viceversa.
Todas las apuestas se están haciendo a que la tragedia de Daría Dúgina acabará
acelerando el calendario ruso e imponiendo una revisión radical de su
estrategia a largo plazo.
Para Moscú sería muy fácil decapitar la
dirigencia de Kiev con unos pocos cohetes hipersónicos. Sin embargo, si lo
hace, ¿con quién negocia después? Por el contrario, si el Kremlin no hace nada,
estará abriendo las puertas a una invasión terrorista.
En un
posteo en Telegram antes del asesinato de su hija, el propio Dugin marcó lo que está en juego: “Creo
que el régimen
de statu quo en
Rusia no puede
durar teóricamente más
de seis meses. La
desesperada resistencia del
régimen atlantista de
Kiev exige a
Rusia sustanciales
transformaciones internas, que
son fundamentales. Estructurales, ideológicas, de
personal, institucionales, estratégicas.”
Y continuó,
“el aumento de
los ataques a
Crimea, los intentos
de bombardear Zaporiyia,
las declaraciones sobre un
contraataque en Jérson,
la rígida negativa
de Zelensky a
negociar, la insistencia de
Occidente en cortar
todos los lazos
con Rusia son
todos signos de
que el otro extremo ha decidido mantenerse firme.
Son comprensibles: Rusia ha desafiado
realmente (y esto no es propaganda) a Occidente como civilización. Así que
nosotros también tendremos que llegar hasta el final.”
Más adelante
sostuvo que “el Comandante en
Jefe dijo que no hemos empezado nada. Ahora tenemos que empezar. Tenemos que
hacerlo, queramos o no. Durante los primeros seis meses hemos sido capaces -y
es un hecho- de llevar a cabo nuestro propio Operación Militar Especial (OME)
sin cambiar fundamentalmente nada en
la propia Rusia. Hasta ahora,
los cambios son cosméticos, e incluso se ha decidido que
las elecciones, totalmente irrelevantes
e innecesarias, sigan su curso. Como si no pasara nada. Pero de hecho
algo ha pasado.”
Añadió
también que “el régimen de máximo confort (ajustado a las condiciones de
emergencia) y la conservación del antiguo sistema tendrán que ser cancelados en
algún momento. Me parece que a principios de otoño esta toma de conciencia de
la necesidad de poner al país en una nueva vía
será bastante clara.
Habrá que esperar
otros seis meses
para darse cuenta
de la ‘irreversibilidad de lo
irreversible’ y de la continuación inercial de lo antiguo. Y no falta mucho
para el 24 de febrero de 2023”, advirtió.
A
continuación sostuvo que “puedo entender que el gobierno esté acostumbrado a
gobernar como lo ha hecho -más o menos eficazmente- durante 22 años. Pero ese
periodo ya es pasado. La OME ha
cambiado todo. Ahora
la cuestión no
es si el
gobierno querrá o
no el cambio
patriótico (conservador revolucionario). El cambio es sencillamente
inevitable.”
“Las
poderosas fuerzas de
la historia han
entrado en juego,
las placas tectónicas
se han desplazado. Dejemos que
el antiguo régimen entierre a sus muertos. Llega un nuevo tiempo ruso.
Inexorablemente“, concluyó.
La
pregunta del billón de rublos: ¿ha llegado el momento en que Rusia se decida a
atacar los "centros de decisión"? Toda la sociedad rusa lo está
reclamando impaciente, pero ¿tiene el pueblo ruso consciencia de que tal paso
implica salir de la comodidad de la vida cotidiana actual (con una inflación en
baja, altas tasas de ocupación, crecimiento económico, sin escaseces) para
poner todo el país en función de la guerra? Como dijo Vladimir Putin hace poco
tiempo: “todavía no empezamos nada”. Ay del mundo, si la OTAN sigue provocando
a Rusia para que empiece.
