lunes, 4 de junio de 2018

2018, elecciones en Colombia: primera y segunda vuelta


Adalberto Santana / Especial para Con Nuestra América

Desde Ciudad de México
  

Las elecciones en Colombia para su segunda fase, muestran el reto de los más amplios sectores sociales y políticos  colombianos al decidir por mayoría continuar por las sendas del tradicional rumbo de la guerras atizadas por el conservadurismo y la represión uribista. O bien, tomar el camino de una nueva alternancia en una senda más incluyente, por la vía del diálogo y del respeto a la diversidad social, política y cultural del pueblo colombiano.
  
El domingo 27 de mayo de 2018 se celebró la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia. El resultado del recuento preliminar ubicó a los dos candidatos que alcanzaron la mayor votación y que por esa situación pasan a la segunda vuelta el 17 de junio. Por un lado quedó con más del 39 por ciento el candidato de la ultraderecha colombiana, Iván Duque, respaldado por el ex presidente Álvaro Uribe dirigente de facto del Partido Centro Democrático, el cual no tiene nada de centrista y menos de democrático. El otro aspirante que aspira a ocupar la presidencia colombiana es Gustavo Petro, ex alcalde de Bogotá, ex militante del Movimiento 19 de Abril (M19), economista y candidato postulado por Colombia Humana.
Los resultados de la primera vuelta de las elecciones colombianas, sin duda van a condicionar una serie de alianzas para la segunda vuelta. El tercer sitio de las elecciones del 27 de mayo, lo ocupó Sergio Fajardo, candidato de la Coalición Colombia, aspirante que alcanzó más de 23 por ciento de la votación (casi 4,6 millones de votos). En ese sentido su posición lo pone en una situación ventajosa si llega a manifestar su apoyo y el de sus votantes en la segunda vuelta. Fajardo después de darse a conocer los resultados de la primera ronda electoral manifestó: “Aceptamos los resultados de las elecciones. Una felicitación para Iván Duque y Gustavo Petro, nosotros respetamos la democracia (...) No podemos permitir que la violencia vuelva a marcar la vida” (https://www.telesurtv.net/news/sergio-fajardo-expectativa-apoyo-segunda-vuelta-colombia-20180527-0043.html).

Los otros candidatos presidenciales que figuraron en la primera ronda, por si solos son menos significativos pero en conjunto representan sumando todos ellos un porcentaje relevante de votos, especialmente: Germán Vargas Lleras y Humberto De la Calle. Sin embargo, otros sectores no menos importantes fueron los votos nulos o aquellos que se sumaron al abstencionismo. Si estos acuden a votar por alguno de los dos contendientes que figuran en las boletas electorales colombianas de la segunda vuelta, también será destacada su participación. Máxime si se considera que existe un estimado que 4 de cada 10 jóvenes salen a votar. Es decir, el 60 por ciento de la juventud no va a las urnas, especialmente por su apoliticismo o bien por su falta de credibilidad en los procesos electorales.
Pensamos que las elecciones en Colombia en 2018, son bastantes significativas en el contexto electoral latinoamericano. Por un lado, expresan la pugna de boques sociales y políticos por modelos de desarrollo muy diferenciados. La ultraderecha colombiana, se inserta en la lógica de la política sumisa al trumpismo y defensora del neoliberalismo, ya que busca una mayor radicalidad de sus posturas y el apoyo de Washington para erradicar al “populismo” (a las reales fuerzas progresistas que apuestan por el cambio).  La propuesta  de Duque comandado por Álvaro Uribe Vélez en el caso específico colombiano, es negar el avance del proceso de paz en un país desangrado por una guerra que lleva más de cincuenta años de existencia. Es de hecho el conflicto militar más largo de la historia latinoamericana, que incluso superó a la guerra de castas que se desarrolló en la República Mexicana en la segunda mitad del siglo XIX en la península de Yucatán. El saldo fue superior durante 50 años a más 260 mil víctimas. En México la actual guerra que se libra alcanza en 12 años a más de 250 mil asesinatos y 37 mil desaparecidos. Estos escenarios de violencia son los que la ultraderecha colombiana y mexicana no quieren realmente erradicar.  Al decir el mismo Duque que con respecto al conflicto militar para él sigue la polarización y la impunidad al señalar que “los máximos responsables le cumplan al país". Asimismo, agrega, que de lo contrario "la paz nunca va a ser duradera".
En tanto que la candidatura de Gustavo Petro, en el mismo contexto latinoamericano, representa la ruta y el camino de profundizar los procesos de paz (en particular avanzar en las negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional). De llevar a delante una política más incluyente y participativa con los más diversos sectores de la sociedad colombiana y con el resto del mundo. Tal como lo ha expresado el mismo aspirante por Colombia Humana al señalar: “Hoy no es un Acuerdo de Paz el que nos está dividiendo, sino si Colombia es capaz de abandonar todas sus violencias, es decir, si es capaz de construir una era de paz (...). Juntar todas las fuerzas políticas y sociales que quieran construir la paz.  ¿Vamos a retroceder al autoritarismo y la persecución de la diferencia, o vamos por el pluralismo y la libertad? Esa es la elección que vamos a tomar en menos de 15 días” (El Espectador, Bogotá, 27/05/2018, https://www.elespectador.com/elecciones-2018/noticias/politica/volvemos-la-violencia-o-construimos-la-paz-petro-articulo-791091).
De esa manera, encontramos en el escenario regional que las elecciones en Colombia para su segunda fase, muestran el reto de los más amplios sectores sociales y políticos  colombianos al decidir por mayoría continuar por las sendas del tradicional rumbo de la guerras atizadas por el conservadurismo y la represión uribista. O bien, tomar el camino de una nueva alternancia en una senda más incluyente, por la vía del diálogo y del respeto a la diversidad social, política y cultural del pueblo colombiano.
Sin duda, en las elecciones en Colombia, se espera que no se condicionen por las aspiraciones del tristemente Grupo de Lima, que busca alentar y refrendar la política injerencista de Washington como su fiel aliado regional. Los gobiernos que componen esa vertiente conservadora latinoamericana ponen en riesgo los comicios electores donde las fuerzas progresistas avanzan para ganar las presidencias de otros países latinoamericanos en 2018, como son los casos de Colombia, México y Brasil, en El Salvador en 2019.  Para ese Grupo de Lima la democracia es efectiva si ganan las candidaturas de la derecha y la ultraderecha latinoamericana. Veremos si Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe, pragmáticamente vuelven a hacer una alianza para frenar a Gustavo Petro y a las fuerzas progresistas colombianas que de llegar a un triunfo reforzarían las expectativas del nuevo torrente progresista latinoamericano. Recordemos que en 2018 las tendencias apuntan al arribo a las presidencias latinoamericanas de las fuerzas progresistas que son en este momento abrumadoras. Tal como se están expresando en el caso de Andrés Manuel López Obrador en México (elecciones el primero julio de 2018) y Luiz Inacio Lula da Silva en Brasil (octubre de 2018).

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