sábado, 2 de junio de 2018

MANIFIESTO de "La BRIGADIER GENERAL"


“Nada es más hermoso que conocer la verdad, nada es más vergonzoso que aprobar la mentira y tomarla por verdad”. Cicerón

La historia argentina, desde sus comienzos, estuvo signada por continuidades y rupturas y el enfrentamiento de dos líneas antagónicas. Una, enmarcada en la tradición hispánica, historicista, cristiana y heredera de los fueros de Castilla y la democracia capitular, y otra anglófila, iluminista, masónica, y heredera de la democracia jacobina. Son las dos líneas históricas de las que nos habla el General Perón en “La Hora de los Pueblos”, la hispánica y nacional y, frente a ella, la antinacional anglosajona. En la primera abreva el Federalismo, el Yrigoyenismo y el Peronismo, la segunda es el soporte ideológico de las vanguardias iluminadas y de una casta parasitaria agropastoril, minoritaria y gerencial de los intereses de la metrópolis que constituye la oligarquía financiera y terrateniente. La primera es popular y encarna la cultura de la producción y la comunidad organizada; la segunda es oligárquica y se identifica con la especulación y el individualismo deshumanizado.
Que el mundo no pueda explicarse en base a teorías conspirativas, a las que son tan afectos ciertos sectores del campo nacional, no implica que las cosas sucedan por simple casualidad. A cada acción corresponde siempre un efecto. Y a cada inacción también. Así, la falsa grieta, que no es otra cosa que las dos alas del mismo partido, con la cual amedrentaron a los sectores medios y un importante segmento de asalariados, cuentapropistas, comerciantes y pequeños empresarios y productores, no surgió de la nada. Fuimos derrotados en Caseros, bombardeados en 1955, masacrados en 1976, pero nuestra fenomenal derrota se consolidó en 1983, cuando el peronismo fue vaciado de contenido y transformado en un apéndice partidocrático de las internacionales europeas, sean demócratas cristianas o socialdemócratas. A eso se suma el derrumbe del Muro de Berlín, que cubrió de escombros a los sistemas teóricos que pugnaban por la hegemonía del poder mundial desde la segunda mitad del siglo XX.
No obstante el actual contexto internacional, donde vuelven a tener preponderancia los vectores nacionales, y por tanto ser más vigente que nunca nuestra doctrina, jamás como ahora la Argentina estuvo tan próxima a un estado de disolución y anomia social. En el decenio 1945-1955 y con un escenario internacional desfavorable, el peronismo transformó un país agropastoril semicolonial e injusto en una nación con justicia social y en vías de industrialización e innovación tecnológica, los logros alcanzados en energía nuclear e ingeniería aeroespacial así lo demuestran. Sin embargo, a partir de 1983, los gobiernos que asumieron en nombre del peronismo no han podido, más allá de las buenas intenciones, revirtir el rumbo decadente y antinacional impuesto con sangre por el Proceso de Reorganización Nacional. La razón de ello se debe a que el Movimiento Nacional Justicialista se convirtió en un mero partido político del sistema, que opuso una estéril resistencia a las políticas semicoloniales ordenadas desde afuera e implementadas por la democracia liberal, impuesta tras la derrota de Puerto Argentino. Hemos perdido el rumbo, parece que nuestro anhelo ya no es el alcanzar la Patria Justa, Libre y Soberana, ni transfomar el caduco sistema político actual, meramente representativo y oligárquico, en una democracia social, orgánica y directa, donde se concrete efectivamente la participación popular a través de las organizaciones libres del pueblo. Hemos perdido nuestra esencia social, nacionalista y revolucionaria, lo que se evidenció, entre otras cosas, en nuestra actitud pasiva ante el proceso contracultural impuesto, la desmalvinización, la aceptación de la deuda externa de dudosa legitimidad, el desarme de nuestras FF.AA. y los llamados “Acuerdos de Madrid”, verdadero tratado de Versailles argentino. La labor del enemigo fue tenaz y paciente y fue transformando al peronismo en una expresión política de dientes cariados, distante del pueblo, sin energía o tan solo voluntad de transformación, reduciendo al más formidable movimiento popular del último siglo a un partidillo político de roscas. Esa desviación de nuestra doctrina posibilitó algo inédito: que la expresión política de la oligarquía extractiva agro-minera-financiera sea aceptada e incluso elegida por el conjunto de una sociedad anestesiada y anómica que acepta voluntariamente la muerte en grageas.
Este es nuestro diagnóstico de un período que culmina con la oligarquía llegando al gobierno por primera vez en nuestra historia sin recurrir a la violencia o al fraude electoral. Sin embargo estamos convencidos de que podemos revertir este rumbo cuyo destino es el abismo, pero para ello creemos que es un requisito fundamental que los nacionales, en general, y los peronistas, en particular, estemos más unidos que nunca. Se impone hoy el deber de retomar las riendas de la historia y reconstruir nacionalidad y orgánica popular, ante un panorama desolador de endeudamiento, hipoteca y saqueo del bien público y la "La Casa Común", que al decir de S.S. Francisco no es otra cosa que la misma Patria. Consideramos que ha llegado el tiempo de deponer viejas rivalidades, tanto ideológicas como personales, ante la certeza de una inminente disolución nacional. Es por ello que nos hemos nucleado en una corriente de pensamiento y acción política, que englobe y sume a todas las expresiones del campo nacional, identificadas en la necesidad de retomar el legado del General Perón, cuyas expresiones más acabadas son el “Modelo Argentino para el Proyeto Nacional” y la “Carta a los gobiernos y pueblos del mundo”. Estos verdaderos tesoros que hemos heredado del General nos plantean la necesidad de reunir a todos los sectores de la política nacional ante problemas que hoy vemos con mayor claridad; la lucha por los alimentos y los recursos estratégicos de la Patria, y el refortalecimiento de la identidad cultural ante un proceso universalista inevitable.
Por estas razones y otras que se irán integrando al calor del debate, es que nos reunimos en "La Brigadier General" al calor de la evocación de quién fue digno heredero de la espada del Libertador, ya que, en palabras de nuestra figura máxima "Cuando la Patria está en peligro todo está permitido, excepto no defenderla".

La Brigadier General

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