Por Eduardo J Vior para AGENCIA TELAM
17-03-2022
Día más, día menos, Rusia va a vencer a
Ucrania. Ésta va a quedar desmilitarizada, desnuclearizada, desprovista de
armas bacteriológicas, desnazificada (aunque esta limpieza demore en llegar) y
neutralizada. Su reconstrucción va a llevar años, pero, si sabe darse un
gobierno democrático y realista, lo va a conseguir. La potencia vencedora, en
tanto, va a necesitar mucho tiempo, para recuperar la credibilidad perdida en
Occidente gracias a la masiva y exitosa campaña mediática de desinformación y a
los propios errores. Aunque golpeada
psicológica y financieramente, Moscú será una de las capitales del mundo nuevo
cuyos perfiles ya se avizoran.
Estados Unidos, por su parte, ha obtenido
su mayor victoria: al bloquear los suministros de hidrocarburos para Europa,
derrotó a Alemania y Francia, aumentando los costos de sus industrias lo
suficiente, como para que la transición energética quede relegada por décadas.
Al mismo tiempo, al congelar gran parte
de las reservas de oro y divisas del Banco Central de Rusia, ha propinado a su
adversario una fuerte paliza financiera.
El gran ganador de la jornada, empero, es
China. Con una economía robusta y en continuo crecimiento, las sanciones
occidentales contra Rusia no sólo han intensificado los lazos entre ambas
potencias sino que han asustado suficientemente a otros emergentes en el Sur
Global, como para que aumenten el uso del yuan, para reducir el daño que
eventuales sanciones y/o bloqueos pueda producir. Moviéndose con soltura en el
área del yuan como en la del dólar la República Popular pisa cada vez más
fuerte en el parquet económico y financiero mundial.
El sistema de las Naciones Unidas y TODAS
las instituciones vinculadas a él han demostrado en los últimos veinte años una
flagrante incapacidad para ordenar las relaciones internacionales. Sin
normas consensuadas, reglas ni organizaciones con poder ordenador, es imposible
sostener la paz. Si los vencedores de esta guerra no acuerdan reglas mínimas de
convivencia, el próximo choque entre ellos está programado.
Los mercados del
petróleo y el gas están actualmente en pánico total. Ningún agente occidental quiere comprar el fluido ruso, a pesar de que
Gazprom lo sigue suministrando debidamente a los clientes que firmaron
contratos con tarifas fijas entre 100 y 300 dólares (en el mercado al contado
otros están pagando más de 3.000 dólares). Es que los bancos europeos temen
conceder préstamos para la compra de hidrocarburos a Rusia por la histeria
provocada por la ola de sanciones. Incluso el consorcio Wintershall-Dea, que
debía operar el gasoducto Nord Stream 2 entre Rusia y Alemania, canceló su
parte de la financiación, asumiendo de facto que el gasoducto nunca se pondrá
en marcha.
Europa importa
unos 400.000 millones de metros cúbicos
de gas al año, de los cuales 200.000 millones corresponden a Rusia. No
puede sustituir tal volumen ni desde Argelia, Catar ni Turkmenistán. Con
seguridad competirá con Asia para ver quién paga más y ésta última ganará.
El ataque a las exportaciones rusas se
dirige asimismo a los metales de paladio, vitales para la electrónica. Rusia
controla el 50% del mercado mundial de estos metales. También están los
gases nobles -neón, helio, argón, xenón-, esenciales para la producción de
microchips. El titanio ha subido una cuarta parte y tanto Boeing (un tercio)
como Airbus (dos tercios) dependen del titanio de Rusia.
Más que a Rusia, la reciente ola de
sanciones castiga a la industria alemana y la economía europea. Tras
cerrarles el intercambio con Rusia, EE.UU.
buscará evitar que la UE aumente su comercio con la Asociación Económica
Integral Regional (RCEP, por su nombre en inglés), el mayor acuerdo
comercial del mundo que abarca a 15 países del Asia y el Pacífico incluida
China.
Por lo pronto,
el juego de sanciones y contrasanciones no parece detenerse. Si bien Moscú no
ha anunciado todavía la totalidad de su réplica, un decreto oficial firmado el pasado sábado permite a las empresas
rusas saldar sus deudas en rublos. Funciona así: para pagar los préstamos
obtenidos de un país sancionador que superen los 10 millones de rublos al mes,
la empresa rusa en cuestión no precisa hacer una transferencia en dólares o euros,
sino abrir en un banco ruso una cuenta de corresponsalía en rublos a nombre del
acreedor y transferir a esta cuenta el monto adeudado al tipo de cambio
vigente. De este modo, la factura se considerará legalmente saldada.
Esto significa
que la mayor parte de los
aproximadamente 478.000 millones de dólares de la deuda externa rusa puede
"desaparecer" de los balances de los bancos occidentales. El
equivalente en rublos estará depositado en algún lugar, pero los bancos
occidentales no podrán acceder a él, hasta que Occidente levante las actuales
sanciones. Es improbable que esta sencilla estrategia haya sido propuesta por
los directivos y técnicos del Banco Central de Rusia, de mentalidad tan
neoliberal que depositaron dos tercios de las reservas del país (estimativamente,
unos 463 mil millones de dólares) en bancos occidentales, por lo que a EE.UU.
se le hizo muy sencillo bloquearlas. El distanciamiento de Rusia de la economía
globalizada también deberá realizarse en la mentalidad de sus dirigentes.
Desde el otro
extremo de Eurasia los analistas chinos miran con preocupación creciente el
desacople ruso y el hundimiento de Europa. "Estados Unidos está pisoteando su propio ideal de libre mercado, al
abusar del crédito del dólar. Si Rusia logra resistir las sanciones financieras
de EE.UU., podría significar el fin de una era en la que el dólar
estadounidense domina el sistema mundial de pagos y liquidación de
operaciones", dijo Dong Dengxin, director del Instituto de Finanzas y
Valores de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Wuhan, al Global Times.
Según Dong, las
consecuencias de las medidas de sanción financiera de EE.UU. ya han aparecido, incluidas las recientes perturbaciones en los
mercados bursátiles mundiales, pero eso no es nada comparado con la erosión a
largo plazo del crédito estadounidense, ya que la gente se cuestionará
sobre la seguridad de dejar fluir su capital hacia los mercados de EE.UU.
"Los inversores globales deberían buscar un nuevo refugio seguro para
almacenar sus activos", dijo. "Es probable que la tendencia a la
salida de capitales [de EE.UU.] sea un fenómeno a largo plazo", afirmó.
China está jugando a crear el propio
espacio económico, financiero y monetario, mientras sigue participando
activamente en el área dólar. Tras una reunión virtual, la Unión Económica
Euroasiática (EAEU, por su nombre en inglés) y la República Popular acordaron
el viernes pasado poner en funcionamiento un sistema monetario y financiero
internacional alternativo al vigente. La EAEU -formada por Rusia, Kazajistán,
Kirguistán, Bielorrusia y Armenia- está estableciendo acuerdos de libre
comercio con otras naciones euroasiáticas y se está interconectando
progresivamente con la Iniciativa del Camino y la Franja (BRI, por su nombre en
inglés).
Se trata de un
proyecto pensado por Sergei Glazyev, el
economista independiente más importante de Rusia, antiguo asesor del presidente
Vladimir Putin y actual ministro de Integración y Macroeconomía de la Comisión
Económica de Eurasia, el organismo regulador de la EAEU. Ya desde que en
2014 EE.UU. decretó sanciones contra Rusia, Glazyev previó que Occidente usaría
crecientemente este instrumento para dañar la economía de su país y argumentó
(muchas veces infructuosamente) contra la credulidad globalista del Ministerio
de Finanzas y del Banco Central de Rusia.
Este sistema financiero euroasiático se basará
en "una nueva moneda internacional", muy probablemente con el yuan
como referencia, calculada como un índice de las monedas nacionales de los
países participantes así como de los precios de las materias primas. El primer
borrador se discutirá ya a finales de mes. Este sistema está llamado a
convertirse en una alternativa seria al dólar estadounidense, ya que la EAEU
puede atraer no sólo a las naciones que se han unido a la BRI, sino también a
los principales actores de la Organización de Cooperación de Shanghai (SCO, por
su nombre en inglés), así como a la ASEAN (la Asociación de Naciones del
Sureste Asiático, por su nombre en inglés). Con seguridad, también los
principales actores de Asia Occidental (Irán, Irak, Siria y Líbano) estarán
interesados en participar.
Mientras tanto, el banco ruso Sberbank confirmó que emitirá
las tarjetas de débito/crédito Mir de Rusia con la marca UnionPay de China.
Alfa-Bank -el mayor banco privado de Rusia- también emitirá tarjetas de crédito
y débito UnionPay. Aunque sólo se introdujo hace cinco años, el 40% de los
rusos ya tiene una tarjeta Mir para uso doméstico. Ahora también podrán
utilizarla a nivel internacional a través de la enorme red de UnionPay. Y sin
Visa ni Mastercard, las comisiones de todas las transacciones se quedarán en el
ámbito ruso-chino. La desdolarización en la práctica.
Como lo formuló
el analista geopolítico norteamericano residente en Bangkok, Brian Berletic,
"aunque el dólar estadounidense sigue siendo una formidable moneda de
reserva en todo el mundo con un tremendo poder coercitivo, el éxito de una
moneda de reserva se basa, en primer lugar, en la estabilidad, la relativa
equidad y la reticencia a utilizar el poder de una moneda de reserva para
coaccionar o manipular a las naciones de forma abierta".
Si bien el dólar
ofrece cierta estabilidad y seguridad, cada vez se asocia más con el riesgo de
sanciones, que Washington ha ido aplicando generosamente a países de todo el
mundo. Ante la nueva ola de sanciones contra Rusia, este proceso de
desdolarización se acelerará, afirma el economista italiano Fabio M. Parenti en
diálogo con Sputnik News, aunque, según Srikanth Kondapalli, profesor de
estudios chinos de la Universidad Jawaharlal Nehru de Nueva Delhi, se trata de
un proceso que todavía está en su "fase inicial". El profesor explica
que, a pesar de su retórica, Pekín no muestra ninguna prisa por abandonar el
billete verde.
Los expertos en China y los economistas
difieren en sus estimaciones sobre el futuro del dólar y las perspectivas del
yuan, pero la mayoría de ellos coincide en que el billete verde se usará cada
vez menos. Fabio M. Parenti, por su parte, señala que la economía mundial
ya está ampliamente regionalizada, con muchos países que utilizan monedas
locales para sus intercambios intrarregionales. Según el experto, es posible
que el mundo acabe dividido en dos sistemas financieros, como en los tiempos de
la Guerra Fría, pero con una tendencia general a la sustitución del dólar por
el yuan.
Rusia y China son más que aliados, pero no
son lo mismo. Moscú es el centro del país más grande del mundo, entre Europa y
Asia, y el cristianismo ortodoxo es una de sus grandes fuentes de identidad.
Con seguridad, el Kremlin no querrá prescindir totalmente de sus lazos
históricos con Alemania y Francia ni renunciar a la parte europea de su
cultura. El “conservadurismo optimista” que propugna Vladimir Putin tiene sus
raíces en la intersección entre ambos continentes y de ahí no querrá moverse.
A su vez, China siente nuevamente cómo el
mundo gira crecientemente a su alrededor. La “comunidad de futuro para un
destino común de la humanidad” es la propuesta para una nueva convivencia
entre las culturas en beneficio de todos quienes se sumen. No se identifica con
UNA cultura, sino con un modo armonioso de convivencia entre todas.
Ambas potencias
están asociadas, pero son diferentes. Necesariamente tendrán diferencias,
tiempos y caminos diversos, no importa cuán bien los conjuguen.
Estados Unidos, por su parte, festeja una
victoria pírrica: ha sometido a Europa y dañado financiera y
comunicacionalmente a Rusia, pero cada vez tiene menos aliados. Todos temen
su deslealtad y egoísmo.
Es poco probable
que la pequeña elite globalista neoconservadora que pergeñó la provocación
ucraniana recapacite y acepte límites a su arbitrariedad. El próximo choque
parece estar a la vuelta de la esquina. Si no se acuerdan reglas ni
instituciones que arbitren, este mundo de tres puntas marcha inexorablemente
hacia el colapso.