martes, 31 de enero de 2017

Llamame Francisco

25-01-17

La nueva serie Netflix Llamame Francisco está basada en una investigación de Martín Salinas, sobre la vida de Jorge Bergoglio. En materia de libros esto sería una “biografía autorizada”. Es decir que el protagonista de la historia, hoy Francisco, conoció y aprobó en términos generales su contenido.
“Y ahora, los que estamos vivos, y aquí enteros, después de habernos muerto de miedo, muertos de vergüenza por no estar muertos, mientras otros morían de verdad (...). Estas palabras pertenecen a otro cura, el padre Jorge Galli, quien, a diferencia de Jorge Bergoglio, había sido un activo militante de la Resistencia Peronista y jefe de Montoneros hasta febrero de 1974 en que rompió con la organización.
Entre las heridas profundas que el genocidio dejó clavadas en la sociedad argentina existe una poco tratada por la literatura: la culpa del sobreviviente.
Nos referimos al sobreviviente como aquellas personas que en los años 70 tuvieron una militancia política dentro, o cercana, a los grupos armados, u otras que por su rol social o laboral estuvieron muy cerca de la tragedia. 
La mayoría de los sobrevivientes cargan con su cruz. Por lo que hizo para salvar su vida, por lo que no pudo hacer para salvar a los demás, por el dolor que produjo en su familia. Siempre algo está dando vueltas en la conciencia de los viejos militantes.
Llegada la democracia y expuesto el horror de la represión, también la sociedad, la opinión pública dirigió su mirada sutilmente acusadora hacia los sobrevivientes. Y del “algo habrán hecho” que justificó la represión, se pasó al “algo habrán hecho para seguir con vida”.
Por mi tarea de investigar y escribir sobre los setenta, cuando entrevisto a algún compañero, lo primero que hace, sin que yo lo pida, es dar largas explicaciones sobre cómo hizo para “zafar”, palabra que usamos los ex militantes para explicar porqué estamos vivos; algo tan normal para el común de los mortales.
Hace poco tuve oportunidad de conocer a Jaime Dri, fugado de la ESMA, quien en 1978, acompañado por Mitterrand, dio una conferencia de prensa en París denunciando al régimen militar. Lo primero que hizo fue contarme su huida en la frontera y cómo obtuvo refugio en el obispado paraguayo, único lugar a salvo de los milicos. Con dolor dice: “todavía hay quienes me tratan de traidor por haberme fugado. Y si la Orga no me enjuició, fue porque ya se habían mandado la cagada de condenar a Tucho Valenzuela”.
Pero sin duda la explicación que me produjo más dolor y vergüenza de estar en el papel no deseado de inquisidor, fue la de una compañera sobreviviente de la ESMA, “esclava sexual” de un marino, que fingió ser su amante para salvar la vida. El libro Putas y Guerrilleras expone estas historias, aclarando que la palabra “putas” no venía de los milicos sino de sus propios compañeros.
¿Por qué esta introducción? Porque el padre Jorge Bergoglio, por el rol social que tuvo en la época, por la cercanía con personas de su afecto que sufrieron la represión, por lo que hizo para salvar unos pocos y lo que no pudo hacer para salvar a muchos más, pertenece a este colectivo social argentino de los sobrevivientes con culpa. Y realmente creo que esta biografía autorizada hecha película es su larga explicación que ya nadie le pide pero que él necesitaba dar. 
Hay quien dice que “la serie falsifica los hechos para presentar al protagonista como un héroe de la resistencia a la dictadura”. Bueno, yo no vi eso, más bien se ve a un cura algo burocrático, muy mesurado, exageradamente prudente, temeroso, que sólo da ayuda a unos pocos, que por amistad y/o por su condición de buen samaritano no podía negar.

Jorge Bergoglio ingresó al Seminario de Villa Devoto en 1958 pero sólo hizo allí su primer año. Este seminario fue cuna de lo mejor de la Iglesia progresista y revolucionaria. De allí salió un grupo de seminaristas que dejaron los hábitos para fundar las Fuerzas Armadas Peronistas, FAP. Seguramente el joven Bergoglio se cruzó en los pasillos y conoció a muchos de ellos. Pero se hizo jesuita, no se integró a los curas del Tercer Mundo ni, mucho menos, a alguna organización vinculada a la lucha armada.
¿Podemos juzgarlo mal por esto? Bueno, para quienes consideran que el único compromiso real y verdadero era la lucha armada seguramente sí. Pero, para quienes aun habiendo alentado y participado de la violencia revolucionaria entendemos que fuimos una pequeña parte de un todo muchísimo más amplio, que es la lucha del pueblo por su liberación, ya no juzgamos con la vara de los “elegidos” a quienes no lo hicieron.
Bergoglio, entonces, fue en los 70 un cura jesuita que por historia y formación intelectual simpatizaba con el peronismo. Que, a los 36 años, le dieron un alto cargo en su congregación y se dedicó desde allí a su labor pastoral. Por lo tanto nada hacía prever que fuese asesinado o desaparecido, ni tampoco que encabezara la lucha contra la dictadura.
¿Bergoglio tuvo miedo? Y… sí. Todos tuvimos miedo. Mucho miedo. Qué creemos ¿que los 30 mil no tuvieron miedo? Hay que meterse en la piel de los militantes de las organizaciones armadas, que a partir del 24 de marzo sufrieron un verdadera cacería, en la cual lo más temido eran los “dedos” o las citas cantadas, es decir los propios amigos y compañeros que quebrada su condición humana se transformaban en delatores y cazadores de su propia gente. 

Se han generado sospechas sobre el papel de Bergoglio ante el secuestro de dos sacerdotes jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics.
Francisco Jalics, que aún vive, hizo público un comunicado desmintiendo que acuse a Bergoglio de ser su denunciante.
Yorio falleció en agosto del 2000, pero quedó una carta de 1977 dirigida al superior jesuita padre Moura donde deja claro dos cosas, una que su relación con Bergoglio no era buena y, dos, que al ser liberado Bergoglio se ocupó de conseguir documentos y pasajes para sacarlo del país, hecho que se muestra en la película.

Respecto al tema de la “desproteccion” que significó que fueran separados de la Orden Jesuita, es un tema discutible. Los curitas de San Patricio no se salvaron por ser Palotinos, ni Angelelli ni Ponce de León se salvaron por ser obispos. No creo que pertenecer a la Compañía de Jesús haya dado garantías de preservar la vida. En 1989, en El Salvador fueron asesinados seis jesuitas por los escuadrones instruidos por militares argentinos.
Cuestionar la serie porque el autor desconoce que Esther Balestrino de Careaga era militante del Partido Febrerista paraguayo; si los tres seminaristas se escondieron antes del 76 o si la película no es estricta en lo cronológico, es tan importante como debatir cuántos ingleses se mojaron las patas en las invasiones inglesas de 1806.
Hay quienes creen que la Iglesia es “una retrógrada institución eclesiástica”. Y es una opinión respetable. Yo creo que en los 70 un sector importante de la Iglesia Católica, comprometida con la causa de la liberación, fue la simiente de muchos de los mejores cuadros revolucionarios en Argentina y Latinoamérica.

No será la Iglesia el movimiento revolucionario de los proletarios del mundo. Pero hoy la Iglesia tiene un Papa llamado Francisco que predica cosas como ésta: “un capitalismo salvaje ha enseñado la lógica de las ganancias a cualquier costo, de dar con el fin de conseguir sin pensar en la explotación de las personas (…) y vemos los resultados en la crisis que estamos viviendo”- El ser humano está en “peligro” y en el mundo “no manda el hombre, sino el dinero”.
Decía Perón que “aquellos que luchan contra mi enemigo son mis amigos”.
Y hoy este hombre expuesto a la acusación fácil y la sospecha, hoy este hombre llamado Francisco está plantado casi en soledad en el mundo, predicando contra el capitalismo salvaje y explotador de los pueblos.
Y creo que desde este modesto ejército de militantes, perdedores de tantas batallas, debemos llamarnos a la humildad de los juicios. Juicios que algunas veces también se alzan contra nosotros.
Los verdaderos responsables del genocidio –el neocolonialismo y sus aliados– son los mismos que hoy cuestionan al papa Francisco. ¿Hay necesidad de seguir tomándole examen y pidiéndole explicaciones?

Bueno, aunque me disguste hacerle publicidad a Netflix, vean la serie y saquen sus propias conclusiones.

* Autor del libro La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Perón.



Argentina: el delito no usa pantalones cortos

Por Daniela Bambill* (especial para Nodal)
 6 ENE - 2017

El eje de la discusión respecto de la solución a la seguridad ciudadana en Argentina vuelve a correrse hacia el imperio del sentido común, soslayando soluciones sustentables que garanticen derechos reconocidos internacionalmente.

En 2010 el censo penitenciario arrojaba fríos números sobre las circunstancias de la población carcelaria al momento de delinquir, el  80%  no tenía trabajo o changas, el 55% carecía oficio ni profesión, solo el 5% contaba con el secundario completo, estos datos indicarían que la justicia social es la clave para combatir la inseguridad, ahora bien… En el discurso que esgrimen los apóstoles de la mano dura, los mismos números son el disparador principal de la criminalización de la pobreza, que no es otra cosa que la manifestación más aberrante de la discriminación de nuestro tiempo.

Siguiendo la lógica de esta discriminación encontramos dirigentes que proponen la encarcelación de los adolescentes pobres como mágica solución a una realidad fabricada desde las pantallas televisivas. Si atendemos a las estadísticas solo 10 de cada 2000 delitos violentos son cometidos por adolescentes, esto no parece ser un número escandaloso tal cual lo reflejan los medios monopólicos.

La estigmatización de la pobreza no es una novedad en las capas medias de nuestra sociedad, hace algunos años ser pobre y ser adolescente se ha convertido en sinónimo de delincuencia a fuerza de imágenes repetidas hasta el hartazgo con musicalización acorde y relatos dantescos.

Más allá de las consideraciones, las preguntas concretas serían: ¿Qué hacemos con los menores que delinquen? ¿Adónde los “depositamos”? ¿Cuál sería el mecanismo de reinserción social?

Pareciera ser que lo único que se discute es exclusivamente la edad para aplicar el régimen punitivo.

Para direccionar la discusión, intencionalmente se utilizan datos comparativos por país sobre  la edad en que un menor es plausible de ser condenado, ahora bien, ¿Cuál es el tratamiento judicial en cada caso?

Estos días se han utilizado ejemplos de edades punibles en Latinoamérica y Europa, en ningún momento se discutió como es el sistema que contiene a los menores en conflicto con la Ley. ¿En Suriname las condiciones de reinserción social son las mismas que en los Paises Bajos? ¿Buscamos reinsertar o depositar niños en contenedores de basura?

Es imperioso  rediscutir el régimen penal de menores (ley 22.278) pero esto de ninguna manera debe centrarse en la  baja la edad de imputabilidad, debido a que  se daría un paso atrás en lo que refiere a protección de los derechos de los niños y jóvenes, y no se estarían respetando los estándares internacionales.

La solución a la seguridad ciudadana no es una cuestión mágica y no se simplifica en la máxima “los menores delinquen porque saben que salen”: la deconstrucción discursiva parece ser una tarea titánica.

Los índices de delitos cometidos por adolescentes bajan drásticamente en dirección inversamente proporcional al nivel de escolarización que tienen los mismos.

Recurriendo al sentido común, un chico que está 8 horas en la escuela, tiene actividad deportiva o cultural, está menos tiempo en la calle, menos expuesto a la contaminación de los adultos que los utilizan, adultos delincuentes o adultos pertenecientes a las fuerzas de seguridad, simple sentido común…

La inseguridad no tiene pantalones cortos, en el último año han crecido exponencialmente los hechos delictivos, casualmente o nada casualmente en dirección inversamente proporcional al retiro de la presencia del Estado de Bienestar. Todo tiene que ver con todo, y  es allí adónde debe prevalecer la responsabilidad de los dirigentes, candidatos y funcionarios que se dejan seducir por un discurso simple y perversamente demagógico, necesario para saciar el morbo social y profundizar este proyecto que implica mayor exclusión y el disciplinamiento social necesario para sostenerla.

No nos olvidemos que a mayor distribución de la riqueza, mayor igualdad de oportunidades, mayor educación, menor es el margen de concentración del poder en pocas manos.

Invertir en Educación Pública de calidad es la variable que hasta el momento no se menciona, lógico en un Gobierno de CEOs que han venido por los recursos naturales y económicos, disciplinar a la sociedad es el único camino para llevar adelante el objetivo.


*Presidenta del Instituto Independencia – danielabambill@gmail.com

JULIO IRAZUSTA; PENSADOR POLÍTICO Y VISIONARIO

 Por CARLOS IGNACIO MASSINI


Hace pocos días, el 6 de mayo pasado, algunos periódicos nos informaron muy escuetamente acerca de la muerte del más sólido de los pensadores políticos argentinos del siglo XX: Julio Irazusta. La conspiración de silencio que tantas veces él denunciara, se hacía patente aún después de extinguida su existencia: "Los componentes del movimiento (revisionista) —escribió al incorporarse a la Academia Nacional de la Historia— quedamos en un ostracismo intelectual, equivalente a una emigración en el interior. El revisionista de la historia argentina debía renunciar a la notoriedad, a los honores y a los emolumentos, a las cátedras universitarias, a los cargos públicos ele las reparticiones culturales del Estado, a que podía aspirar por su mérito". Y podríamos agregar nosotros: a las merecidas honras en el momento de la muerte, de las que gozan tantos personajes dé la Argentina oficial, para quienes el más benévolo de los homenajes debería ser el definitivo olvido.

Pero, paradojalmente, esta ausencia de homenajes públicos se produce en el mismo momento en que se evidencia el valor de una de sus mejor defendidas ideas: la necesidad de una política internacional independiente de los grandes centros del poder mundial. Cuando la Argentina siente en carne viva el peso de los intereses y componendas de los defensores de un "occidente" desfigurado, se deja en el olvido a quien, a través de miles de páginas de libros, folletos y periódicos, sostuvo aquella idea con una claridad y una entrega propias sólo de los grandes hombres.
Julio Irazusta había nacido en Gualeguaychú en 1899, en el seno de una familia de raigambre radical. Luego de realizar sus primeros estudios — incluso universitarios— en Buenos Aires, viajó a Europa con el fin de completarlos. Allí estudió en Oxford y Roma, teniendo como maestros a Jorge Santayana y Benedetto Crocce y trabando relación con pensadores de la categoría de Belloc, Chesterton, Maurras, Banville y León Daudet. En Europa frecuentó y comentó los clásicos Griegos y Latinos, elaborando una serie de glosas que llenan veinticuatro volúmenes de manuscritos inéditos. De regreso a su país inició, en compañía de su hermano Rodolfo, una larga serie de empresas políticas y periodísticas, que fructificaron en publicaciones como "La Nueva República", "Nuevo Orden", "La voz del Plata" y en agrupaciones políticas como la "Liga Republicana", el "Partido Libertador" y la "Unión Republicana". En todas ellas, Julio Irazusta sostuvo un inclaudicable y lúcido combate contra los tres "pecados capitales" de la vida pública argentina: la corrupción política, la renuncia a una política internacional independiente y el macaneo doctrinario.  En forma paralela a su actuación política y periodística, comenzó, a partir de 1930, una enorme tarea de revisión y reformulación de la historia patria, buscando en ella el origen profundo de nuestros males políticos y las líneas directrices de su auténtica superación. Dio comienzo, de este modo, al revisionismo histórico contemporáneo, expresando sus conclusiones en libros como "Vida política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia", que abarca más de tres mil páginas, "Ensayo sobre Rosas", "Actores y espectadores", "Tomás de Anchorena", "Tito Livio", "Ensayos históricos", "Urquiza y el pronunciamiento", "Perón y la crisis argentina", "Influencia económica británica en el Río de la Plata", "Balance de siglo y medio", "Genio y figura de Leopoldo Lugones", "La monarquía constitucional en Inglaterra", "Estudios histórico-políticos" y la reciente "Breve historia de la Argentina". Ya antes, en colaboración con su hermano Rodolfo, había publicado, en 1934, "La Argentina y el imperialismo británico", obra fundacional del revisionismo histórico del siglo XX. Pero lo que más nos importa destacar aquí es que, más allá del enorme valor historiográfico de su obra, existe un profundo, riguroso y original pensamiento político Irazuztiano. Lo que es más, este pensamiento se constituye en el más genuino de los intentos de encuadrar doctrinariamente a la vida política argentina formulado en los últimos cincuenta años. Siguiendo los pasos de sus grandes maestros: Burke, Rivarol, Maurras, Aristóteles, Santo Tomás, Vico, Crocce y Santayana, Irazusta planteó para la Argentina una propuesta filosófico-política inédita, que puede ser, resumida escuetamente en estos tres puntos: conservatismo social y cultural; nacionalismo económico y republicanismo político.

El conservatismo
El conservatismo social y cultural de Julio Irazusta supone la convicción, explicitada y defendida por Burke, acerca de que la sabiduría de las generaciones es enormemente superior al genio de un individuo. Supone además el dejar de lado a la mitología progresista, conforme a la cual cualquier novedad y por el sólo hecho de serlo, resulta mejor que todo lo elaborado a lo largo de los siglos. Por ello, las instituciones consagradas por la tradición milenaria: la familia, la propiedad, la autoridad política, la Iglesia, deben ser defendidas de los ataques de la razón individual, erigida en crítica y juez del valor o disvalor de las realidades sociales. Pero este conservatismo social y cultural, no supone una actitud de aceptación pasiva y, menos aún, de justificación, de todo lo ya establecido. Por el contrario, implica un prudente discernimiento de lo auténticamente
valioso en la vida social y la supresión de todas aquellas realidades que perturban o desvirtúan el funcionamiento eficaz de las instituciones sociales tradicionales; todo ello a través de una paulatina pero firme evolución. "Respetando el método de la naturaleza en la conducción del Estado —escribía Burke— no somos jamás enteramente novedosos en lo que mejoramos, ni jamás enteramente obsoletos en lo que conservamos".  Enemigo decidido de cualquier subversión, Irazusta denunciaba, no obstante, todas aquellas situaciones sociales que configuraban una injusticia evidente, propugnando su sustitución evolutiva por un real estado de justicia. Un claro ejemplo de esta actitud fue su valiente denuncia de todos aquellos mecanismos de expoliación económica instrumentados por Gran Bretaña y que llevaban sistemáticamente al empobrecimiento de los argentinos. Irazusta hizo varias veces suya una luminosa frase de Burke, con la que fustigaba "las objeciones de los especuladores o ideólogos, que cuando las formas no cuadran con sus teorías, son tan válidas contra el gobierno más antiguo y benéfico, como contra la más violenta tiranía o la más reciente usurpación". Para él, sólo las realidades y no las ilusiones, pueden ser el fundamento de una política eficaz. Realidades que se conocen a través de la historia, ya que ésta es, "para el político, el sucedáneo del experimento imposible".

El nacionalismo económico
A partir de su obra —escrita en colaboración con su hermano Rodolfo— "La argentina y el imperialismo británico", Irazusta inició un estudio profundo y detallado de los mecanismos de la entrega de la riqueza del país a los intereses extranjeros, en especial británicos. El malbaratamiento de las exportaciones, los privilegios excesivos otorgados al capital extranjero en desmedro del nacional, el pacto Roca-Runciman y el monopolio frigorífico anglosajón, el convenio de la CADE, la Coordinación de los Transportes en beneficio del ferrocarril inglés, el bloqueo en Londres del pago de las exportaciones argentinas que alimentaron a Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial, fueron analizados y viviseccionados agudamente por Irazusta.
Así pudo llegar a la conclusión que explica el "milagro argentino", es decir, el empobrecimiento crónico del país proporcionalmente más rico del mundo: la enorme riqueza de la Argentina se ha drenado y se drena hacia el exterior, por medio de una serie de conductas y mecanismos que aseguran le permanente postración Nacional.  Pero lo más importante es que toda esta tarea de descubrimiento y denuncia, fue llevada a cabo sin connotaciones ideológicas de ninguna especie. Para Irazusta, la ideología es "la muelle almohada en que descansar el espíritu de la exigente atención que reclaman los problemas contemporáneos de la práctica (...) es el disfraz de la pereza mental, del prejuicio o juicio recibido, de la comodidad para encarar espinosos problemas sin estudiarlos en su pormenor"". Por ello, su defensa de la necesidad de un lúcido nacionalismo económico, no tuvo las implicancias negativas que aparecieron posteriormente en ideólogos marxistas como Rodolfo Puiggrós o Jorge Abelardo Ramos. Para Irazusta, la defensa enérgica y tenaz del patrimonio nacional, tenía por único objetivo la salvaguarda de los reales y concretos intereses de los habitantes del país. Lejos de los sueños "liberadores" o de las utopías totalitarias, el fundamento de su nacionalismo económico se encontraba en la preservación e incremento de los bienes concretos que la Providencia y su laboriosidad habían otorgado a los argentinos.

El republicanismo político
El mismo espíritu realista que lo había llevado a afirmar la necesidad de una política económica que defendiera el interés nacional, llevó a Irazusta a sostener la conveniencia de un gobierno republicano en la Argentina. "Habiendo combatido en los ideólogos — escribía— la manía de recetar un gobierno perfecto, no podemos incurrir en ella también nosotros"1' y haciendo uso del método maurrasiano del "empirismo organizador", llegó a la conclusión de que la república "era viable como forma de gobierno deducida de una experiencia feliz, llevada a cabo por un pueblo en el que el elemento popular mostró hábitos mejores y erró menos que las altas clases en cumplir sus deberes respectivos (...). El pueblo rioplatense, colonial e independiente, siempre fue más capaz de comprender los programas de engrandecimiento nacional que sus dirigentes de proponérselos, o de realizarlos por iniciativa propia". El mismo método de análisis político que había llevado a Maurras a optar por la monarquía en Francia ("los Capetos hicieron grande a Francia en ochocientos años"), llevó a Irazusta a comprender que la única forma de gobierno estable, con viabilidad práctica en nuestro país, era la república. Sólo ella podía hacer posible esa conjunción del pueblo con una clase dirigente representativa y un líder esclarecido, que es el fundamento indispensable de toda experiencia política exitosa.
Para Irazusta, profundísimo conocedor de la historia de occidente y de los clásicos políticos, la lectura de estos últimos "permite ver que cada autor ilustra sus demostraciones con ejemplos sacados de las más afortunadas experiencias históricas; que el alegato republicano se confunde con la historia de Roma, el monárquico con la historia de Francia y el aristocrático con la historia de Inglaterra; que nadie sostiene la validez de una forma abstracta, a no ser los utopistas". Por ello, si no se quiere caer en el error de estos últimos, es preciso recurrir a la historia patria en búsqueda del modelo político que haga posible la superación de la crónica inestabilidad gubernamental argentina. Y esta historia nos presenta a la república presidencialista como el más estable de los regímenes políticos que ha conocido la Nación; por ello, y no por consideraciones doctrinarias o ideológicas, justificó Irazusta su adhesión a la forma republicana en la Argentina. "República —escribía— es el gobierno existente en cualquier país bien organizado, donde éste sea regido por aquél como el cuerpo por el alma. Implica la admisión, en el ejercicio del gobierno y en su formación, de un principio más espiritual que el mayoritario: la capacidad y la representación de esa capacidad ( . . . ) . No es la manera menos eficaz de atender a las justas reivindicaciones de los trabajadores (...) Más específicamente, la república es una de las formas da gobierno". Pero esto no significaba, para él, la adopción de la ideología democratista, con su mito del contrato social y la exaltación totalitaria de la voluntad absoluta de la mayoría; la república no es, en su pensamiento, nada más que el modo de lograr, concretamente en la Argentina, esa "colaboración entre un jefe unipersonal que en última instancia decide, una minoría que asesora y un pueblo que tácita o expresamente asiente. Cuando falta uno de esos factores, la experiencia fracasa y sobrevienen la anarquía, el desorden y la decadencia o el estancamiento. Cuando todos cumplen su misión, el resultado es una gran empresa, cuyos rasgos históricos se empiezan a estudiar como materia de la ciencia política".
La incomprensión del pensamiento irazustiano.
Estos tres rasgos fundamentales del ideario político de Julio Irazusta, dieron lugar a tres incomprensiones paralelas, que frustraron en gran medida la influencia efectiva de aquellas ideas en la realidad política de nuestro país.
La primera de ellas se refiere a su conservatismo cultural y social; los sectores de izquierda, adoradores del "progreso indefinido de la humanidad", atacaron violentamente la convicción de Irazusta acerca de la excelencia de la sabiduría acumulada de las generaciones, por sobre las pretensiones de la razón individual de construir en abstracto sistemas sociales y políticos. "Hasta que la humanidad no abandone el falso dios del progreso necesario
—escribía en 1931— para volver a la creencia en una voluntad libre que puede influir bien o mal en las circunstancias absolutamente determinadas, no podrá dominar los acontecimientos cuyo peso la oprimen ahora". "La política o es ciencia experimental o no es nada" afirmaba Irazusta, sosteniendo el valor de las instituciones creadas lentamente y probadas a lo largo de la historia, frente a la pretensión de sustituirlas por utopías más o menos ingeniosas, que serían la institucionalización de la opresión y del despotismo.
La segunda de las incomprensiones provino de los sectores liberales, que atacaron violentamente su nacionalismo económico. Quienes por boca de Alberdi habían exhortado: "No temáis enajenar el porvenir remoto de nuestra industria a la civilización" y que hace pocos meses afirmaban que era lo mismo fabricar caramelos que acero y preconizaban la "apertura" irrestricta de la economía nacional a las empresas multinacionales, debían necesariamente repudiar la propuesta razustiana. Esta se basaba sobre la convicción de que el país es inmensamente rico, dispone de enormes cantidades de capital y alberga una capacidad tecnológica suficiente como para encarar una política económica basada en el pleno aprovechamiento de la riqueza nacional; Irazusta ponía como ejemplos de este modelo económico a Inglaterra y Estados Unidos, que realizaron las primeras etapas de su desarrollo industrial bajo el signo de un decidido proteccionismo. No se oponía al aporte del capital extranjero genuino, pero creía que éste debía venir a correr la suerte del país, sin ser privilegiado por encima del nativo. Es evidente que estas ideas debían molestar a quienes, por sus intereses, su ideología o ambas cosas a la vez, menospreciaban la capacidad económica de los argentinos e idolatraban la de cualquier consorcio extranjero.
Por último, la incomprensión más lamentable fue la de quienes, por un doctrinarismo y un ideologismo cerrados, lo atacaron a raíz de su  opción republicana en materia política. Estos fueron los llamados "nacionalistas doctrinarios", que propugnaban el retorno de la monarquía de los Habsburgo o la instauración de un sistema político de tipo corporativo y que denostaron a Irazusta tachándolo de "liberal" e impugnando su aceptación de un régimen que  consideraban "intrínsecamente perverso". Partidarios de un pseudo-nacionalismo, que en realidad era un internacionalismo ideológico corporativista, no supieron comprender el profundo realismo de
Irazusta, cuando se refería a la mejor forma de gobierno posible en la Argentina del Siglo XX. No se trataba, en su caso, de una opción teórica o doctrinal por la república, sino de una conclusión extraída de la historia patria y contrastada con las circunstancias políticas contemporáneas. No lo supieron comprender y en nombre de principios doctrinarios absolutamente inviables en la práctica, rechazaron su sabia lección de prudencia política y se internaron en un camino cuyo final habría de ser una inevitable frustración política.

Irazusta en nuestros días

Ya dijimos que por una de esas paradojas que tan a menudo registra la historia, Irazusta murió en el preciso momento en que el país comenzaba a comprender gran parte de su ideario. Cuando las voces más insospechadas lanzaban distribas contra el colonialismo, proponían una política económica de corte nacional y atacaban a los principales autores de nuestro estancamiento: Inglaterra y los Estados Unidos, expiraba en su casona de Gualeguaychú, el más profundo pensador político que tuvo la Argentina del siglo XX. "Pese a todo lo dicho — escribía — que parece desembocar en una negra desesperanza, creo que el pensamiento nacional ha cambiado, para mejorar. Creo que las nuevas generaciones lo tomarán en cuenta y que, en un futuro no muy lejano, aparecerá un joven héroe capaz de transformar la catástrofe en salvación. Las grandes crisis, al parecer agónicas, pueden ser el trampolín desde donde los países privilegiados suelen saltar a la grandeza"  Palabras que parecieran escritas para el día de hoy por quien fuera —además de un pensador político egregio y un patricio ejemplar— un auténtico y lúcido visionario.

jueves, 5 de enero de 2017

El peronismo bonaerense para la reconstrucción

 Aritz Recalde - enero 2017


La provincia de Buenos Aires tiene sin resolver diversos problemas políticos, económicos, sociales e institucionales. El territorio bonaerense abarca el 8 % del conjunto nacional y viven en su suelo 15,6 millones de habitantes (38% del país). Existen limitantes presupuestarios y es de público conocimiento que la provincia recibe en concepto de coparticipación federal el 20 % del conjunto, cuestión que la hace insustentable en términos fiscales. Buenos Aires genera más recursos de los que absorbe por la coparticipación y se producen en su territorio el 31 % de las exportaciones totales argentinas y el 54 % de las de origen industrial.
Si bien el aporte de Buenos Aires es fundamental para consolidar un país federal, no se puede desconocer que deberían resolverse antes los problemas estructurales de los bonaerenses. Siendo la provincia más rica y poblada de la Argentina, acarrea profundas deudas sociales expresadas en las considerables cifras de desempleo y de flexibilidad laboral y tiene graves inconvenientes de inseguridad en los centros urbanos. Existen deficiencias del sistema de salud y educación estatal y es necesario continuar con las obras de rutas, puertos, redes de agua potable, tratamiento cloacal y de residuos o de acceso a la vivienda iniciadas en las últimas décadas. Muchos de los inconvenientes están concentrados el conurbano donde habitan alrededor de 13 millones de personas.

Los gobernadores del peronismo bonaerenses
Domingo Mercante y Oscar Bidegain
Domingo Mercante fue el responsable de llevar al suelo bonaerense los planes de la Revolución Justicialista. En el año 1943 acercó a Perón a la Unión Ferroviaria y de su mano el futuro Presidente edificó su histórica relación con la CGT.
Durante el mandato de Mercante se sancionó la Constitución Provincial del año 1949 que incluyó los “Derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad y de la educación y la cultura”, que habían sido introducidos en la Carta Magna Nacional. El texto introdujo el concepto de que la “propiedad privada tiene una función social” y sostuvo que “Los servicios públicos pertenecen originariamente, según su naturaleza y características, a la Provincia o a las municipalidades, y bajo ningún concepto podrán ser enajenados o concedidos para su explotación”.
Domingo Mercante inició un Plan Trienal de Trabajos Públicos (1947-49) y elevó a nivel ministerial el departamento de hacienda poniendo a cargo al ex miembro de FORJA Miguel López Francés. En línea con el Consejo Nacional de Posguerra, fundó la Dirección de Estadísticas e Investigaciones.
Con participación del forjista Julio Cesar Avanza creó el Ministerio de Educación (antes Dirección), se construyeron jardines de infantes y se edificaron más de 100 escuelas. Se sancionaros las leyes de educación pre-escolar (5096), de educación general (5650) y el estatuto docente (5651). Se modificaron los planes de estudio, se abrieron los institutos superiores de pedagogía y el Tecnológico del Sur y se impulsó por primera vez una Dirección de Psicología.
El gobernador apoyó el Festival de Cine de Mar del Plata y democratizó el acceso popular al Teatro Argentino de La Plata. En el año 1951 Mercante inauguró la Republica de los Niños. Los humildes conocieron la ciudad balnearia de Mar del Plata gracias a la legislación obrera y al turismo social apoyado por el Estado y los sindicatos. La gobernación hizo campaña con la consigna “usted paga el viaje, la provincia el hospedaje”.
En el año 1947 creó el Ministerio de Salud y Asistencia Social, abrió los Centros de Higiene Materno Infantil y durante su gestión aumentaron las camas y el acceso a la salud pública y bajaron la mortalidad infantil y los casos de tuberculosis, entre otras enfermedades.
En sintonía con la Revolución Justicialista, Mercante redujo impuestos a las pequeñas empresas y fomentó el cooperativismo agrario. Durante esta etapa de gobierno Arturo Jauretche dirigió el Banco Provincia.
Mercante impulsó los barrios obreros y durante su gestión se construyeron más casas para los trabajadores que en toda la historia de la provincia (9244 viviendas en 151 barrios obreros).
El Jefe de Policía Teniente Coronel Adolfo Marsillach impulsó una reforma de la institución que incluyó la incorporación de la mujer, la creación de nuevas unidades y la reforma de los planes de enseñanza.      
Oscar Bidegain asumió por algunos meses la gobernación en el tercer gobierno del general Perón (1973-74). Militó en el Partido Laborista y había resistido a las diversas dictaduras iniciadas desde 1955 conociendo la cárcel al ser acusado de “traidor a la patria”, por votar el Segundo Plan Quinquenal. Durante su breve mandato impulsó reformas de la educación con el ministro Alberto Baldrich y de la salud con Floreal Ferrara. Con la finalidad de otorgar apoyo social a los damnificados por las inundaciones, impulsó el operativo cívico militar “Manuel Dorrego” que tuvo  intervención conjunta de miembros del ejército y de la juventud peronista.

Antonio Cafiero
Muchos de los legados de Domingo Mercante fueron retomados por la gestión provincial de Antonio Cafiero (1987-91) quien fundó el Frente Renovador Peronista. Cafiero cuestionó la reforma impositiva de Alejandro Armendariz y de la UCR nacional por considerar que Buenos Aires perdió 8 % puntos de la coparticipación. El gobernador fue el ideólogo del Fondo de Reparación Histórica que le otorgó el gobierno nacional a Buenos Aires durante la gestión de Eduardo Duhalde.
En el año 1988 Cafiero impulsó fallidamente una Reforma Constitucional que reforzaba la identidad de la provincia, reconocía los derechos sociales, estimulaba la democracia popular y garantizaba la autonomía municipal. Este último punto es sumamente original y Cafiero dentro del peronismo[i] fue quien articuló con mayor ímpetu la identidad peronista con el autonomismo municipal. Su programa incluyó la descentralización de recursos tributarios y de competencias a las municipalidades.  
Cafiero impulsó la construcción del Estadio Único de La Plata continuado por Duhalde y desenvolvió más de 150 obras hidráulicas para resolver el drama de las inundaciones. Su gobierno desarrolló la infraestructura social construyendo y financiando viviendas, comedores escolares o unidades sanitarias en diversos lugares de la provincia.
El Ministro Floreal Ferrara implementó los programas de “Pacto Social de la Salud”, “Salud con el Pueblo” y la creación de miles de puestos de vacunación en el contexto de recuperación estatal de las políticas públicas del área.
El gobernador impulsó los Consejos de Seguridad Municipales, las Comisarias de la Mujer y una reforma carcelaria que incluyó la creación de nuevos penales. 
Cafiero inauguró la secretaría de Medio Ambiente, erradicó cientos de basurales y reactivó los viveros municipales para la reforestación de la provincia.

El último caudillo bonaerense
En el año 1991 Eduardo Duhalde asumió la gobernación negociando previamente con Carlos Menem el otorgamiento de 650 millones de pesos (dólares) del Fondo de Reparación Histórica[ii]. El Fondo saldó en parte el déficit financiero y le permitió al mandatario provincial desenvolver un importante programa de obras hidráulicas, viales y educativas. Para administrarlo Duhalde impulsó la ley 11.247/92 creando el Fondo del Conurbano Bonaerense, que tenía dependencia directa del gobernador.
Maximiliano Montenegro mencionó en una nota periodística en el Diario Página 12 del 29/07/98, que Duhalde no aplicó en la provincia muchos de los ajustes reclamados por el Fondo Monetario Internacional. En el año 1998 el gobernador aumentó los recursos para salarios de los empleados estatales y de los destinatarios de programas sociales (plan vida, comedores escolares, cajas alimentarias o de empleo). En un contexto recesivo en lo económico y de campaña electoral presidencial en lo político, el gobernador aumentó el déficit público para realizar obras y ampliar salarios. En el mismo período Menem aplicó un ajuste de 1000 millones y según el informe de Montenegro en el año 1998 Duhalde iba a gastar “1290 millones de pesos en obra pública, casi 300 millones más que la inversión del gobierno nacional que se mantuvo planchada en los últimos años. En términos de su presupuesto eso significa un 12,5 por ciento del total, seis veces más que la Nación”.
Duhalde consolidó un importante poder y capacidad de conducción política territorial y ello le permitió implementar reformas institucionales sustanciales como el proyecto “Génesis 2000” impulsado por Raúl Fernández y que fundó nuevas municipalidades. En el año 1994 el mandatario sancionó la tercera reforma constitucional bonaerense del siglo XX[iii].
En paralelo al debilitamiento sindical del peronismo, Duhalde tejió un entramado político propio conducido por las “manzaneras” que cumplían tareas de apoyo social y de movilización electoral. 
Si bien durante los años noventa el gobernador inauguró importantes programas de infraestructura y no aplicó muchos de los ajustes exigidos por el FMI, su apoyo inicial al candidato neoliberal contribuyó a la destrucción económica de Buenos Aires que vio desaparecer su parque industrial. La manifestación social del neoliberalismo aplicado en el país fue catastrófica y según datos del INDEC en mayo del año 1999 el 33% de las personas que habitaban los Partidos del Conurbano eran pobres. En octubre del año 2002 la pobreza alcanzó el dramático 64%.
A fines de los años noventa Duhalde rompió políticamente con Carlos Menem y empezó a delinear con el Movimiento Productivo Argentino la salida a la convertibilidad y la implantación del nuevo patrón de desarrollo económico y social que aplicó Néstor Kirchner desde 2003.

Gobernando la crisis
Felipe Sola asumió la gobernación luego de la renuncia del porteño Carlos Ruckauf. Éste último había sido ministro de Isabel Perón y de Carlos Menem y su gestión en sintonía con la ALIANZA a nivel nacional, se caracterizó por las severas dificultades administrativas en un país sumergido en una profunda crisis política, económica y social. Para poder afrontar los gastos corrientes la provincia emitió bonos (Patacones) y la gestión transcurrió en el contexto de movilizaciones y de conflictos sociales, políticos y sindicales en un país al borde de la disolución institucional.  
Felipe Sola fue el encargado de cabalgar la crisis bonaerense en un contexto de altas cifras de desempleo, de pobreza y de indigencia. En su gestión impulsó una importante reforma policial con León Carlos Arslanián.
Siendo leal al gobierno nacional, intervino en la disputa con Duhalde y fue normalizando poco a poco las cuentas estatales y la gestión de los asuntos del Estado. Con diferencias con el rol que le otorgó la conducción política nacional, inició un camino partidario que lo encontró en la UNION – PRO, en el Peronismo Federal y actualmente en el Frente Renovador.

La provincia durante el kirchnerismo
La última década se caracterizó por la existencia de un gobierno provincial débil política y financieramente, cuestión que favoreció la importante injerencia en las decisiones por parte del Estado Nacional. Una de las manifestaciones del poder de la Casa Rosada, fue que muchos de los recursos invertidos en las 135 municipalidades no eran gestionados por el Gobernador. Néstor Kirchner y Julio De Vido fueron los administradores de muchas de las obras públicas y ello les permitió ser los ordenadores políticos territoriales.
El Estado Nacional invirtió recursos nacionales en suelo bonaerense con el Fondo Federal Solidario de la soja[iv] (2009), con dineros del ANSES[v] destinados a la AUH o las jubilaciones o con los planes de mejoramiento salarial y de infraestructura educativa provincial y de las universidades públicas en suelo bonaerense. El MINPLAN impulsó el programa de inversión en infraestructura más importante de las últimas décadas[vi] y que incluyó políticas focalizadas para las municipalidades como fue el caso del programa “Mas municipio, mejor país, más patria” (2012). Solamente entre 2003 y 2009 las transferencias nacionales directas a las municipalidades bonaerenses aumentaron un 240 %.
Al carisma y al poder económico de Kirchner, se le sumó el hecho de que Daniel Scioli era procedente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no disponiendo de armado político territorial propio. 
En el año 2005 Kirchner inició la estrategia política que bautizó como la “madre de todas las batallas”, tendiente a derrotar a Eduardo Duhalde y a sus aliados en las intendencias bonaerenses. En esa cruzada convocó a Felipe Sola y a Alberto Balestrini y el FPV venció con contundencia a su ex aliado del justicialismo. A partir del año 2005 Duhalde y el peronismo bonaerense perdieron paulatinamente poder frente al gobierno nacional y al kirchnerismo. La designación de Scioli Mariotto en 2011 y la imposición compulsiva de candidatos a concejales y diputados desde la Casa Rosada en 2013 y 2015 son muestras del debilitamiento del poder político bonaerense.
Con un Partido Justicialista provincial frágil, con una CGT con escasa intervención política y ya sin Balestrini, Sola y Néstor en la conducción estratégica, la política de Buenos Aires entró en una nebulosa. Cristina no ordenó el armado partidario bonaerense y sus delegados se abocaron principalmente a instalar candidatos propios caracterizados, en la mayoría de los casos, por ser jóvenes de clase media en proceso de formación y con bajo capital electoral.
La ajustada derrota de la formula del intendente de la Matanza (Domínguez – Espinoza) en las PASO del año 2015 frente a una de “sesgo K” (Fernández – Sabatella), es expresiva del cambio político iniciado desde el 2005 con la “madre de todas las batallas”. El anteriormente imbatible Partido Justicialista de los “barones del conurbano” tenía grietas y perdió la interna y cuestión más importante aún, también entregó electoralmente la provincia a CAMBIEMOS. Pese a la difícil situación económica del país y la región y a los aspectos sociales no resueltos, no era esperable una derrota en la provincia que solamente tenía un antecedente a la vuelta de la democracia en el año 1983. Incluso, en coyunturas adversas para el justicialismo como fue el año 1999, el peronismo bonaerense había conservado la gobernación con Rouckauf cuando a nivel nacional triunfó la ALIANZA.
El éxito de CAMBIEMOS en Buenos Aires evidenció que el kirchnerismo no construyó una alternativa al justicialismo bonaerense, al cual cercenó deliberadamente desde el año 2005. La elección de 2015 dejó dos enseñanzas: el peronismo bonaerense divido pierde elecciones y la mera intención de Cristina Kirchner no es garantía de triunfo electoral en la provincia.

La aristocracia del dinero
Resultado de las medidas impulsadas por los representantes de los grupos económicos que Mauricio Macri bautizó como el “mejor gabinete de los últimos 50 años”, la economía argentina achicó su PBI en el año 2016 (-2 %) por primera vez desde 2001 y tiene la inflación más alta en décadas (45%). Los gestores del área de hacienda de CAMBIEMOS fusionaron dos variables económicas que pocas veces se juntan: recesión e hiperinflación.
En este difícil contexto, CAMBIEMOS congeló buena parte de los programas de inversión del Estado Nacional en las intendencias. El resultado de la decisión dejó como consecuencia un desfinanciamiento de las obras públicas locales, una gestión de servicios deficiente y la provincia entró en recesión económica.
María Eugenia Vidal exige un mayor manejo y financiamiento de las obras públicas ejecutadas en las municipalidades bonaerenses. Como lo había hecho Scioli, la gobernadora negocia con Macri y con los legisladores nacionales la modificación del tope de 650 millones de pesos del Fondo de Reparación Histórica.
De la misma manera que el gobierno nacional de Mauricio Macri, la gobernadora está financiando los gastos corrientes de la provincia tomando préstamos. Según datos de la Dirección Provincial de Deuda y Crédito Público en marzo de 2016 Buenos Aires tenía una deuda de 10.431 millones de dólares. En el año 2016 acumuló nuevos pasivos por 3000 millones de dólares y el presupuesto 2017 contempló 3.000 millones de nuevo endeudamiento.
Lejos de resolver los problemas de los bonaerenses, todo indicaría que CAMBIEMOS está conduciendo a la provincia y a la Argentina a una crisis financiera e institucional similar a la ALIANZA en 2001.

Modelos exitosos de peronismo provincial
Durante las últimas décadas varios dirigentes del peronismo de la Republica Argentina impulsaron modelos exitosos de gestión económica y social de las provincias. Resultado de sus construcciones políticas e institucionales mejoró la infraestructura vial, hidráulica o social y las regiones optimizaron las prestaciones de salud, educación o deporte. Fue sustancial el progreso de las provincias de Santa Cruz con los Kirchner, de San Juan con José Luis Gioja o de San Luis con los Rodríguez Saá.
Una experiencia de peronismo provincial sumamente exitosa, es la impulsada por el justicialismo de la provincia de Formosa. En el año 2003 se firmó entre Gildo Insfran y Néstor Kirchner el Acta de Reparación Histórica. Como resultado del acuerdo, el Gobierno Nacional destinó partidas presupuestarias adicionales que permitieron refundar la infraestructura y la inversión social de Formosa.
En el año 2003 la provincia reformó la Constitución y en el Preámbulo se destacó el objetivo de construir “el modelo formoseño para un proyecto provincial, reafirmando la auténtica identidad multiétnica y pluricultural”. Para cimentar el Modelo la Carta Magna se propuso otorgar “una mayor participación de los habitantes de la Provincia por sí y a través de las organizaciones libres del pueblo”.
El “modelo formoseño” que adquirió carácter constitucional había sido impulsado por Insfran en el año 1995. El Modelo articuló una identidad compuesta en base a la recuperación de la geografía, la historia y la cultura regional. A las particularidades provinciales e históricas, el Modelo le fusionó los valores propios de las tradiciones de los pueblos originarios (Wichi, Toba y Pilagá), el Humanismo Justicialista y el catolicismo social.
La Constitución incluyó una concepción multiétnica y el Estado impulsó la Educación Intercultural Bilingüe y creó los Centros Educativos de Nivel Medio para Comunidades Autóctonas. Actualmente están egresando los primeros Maestros Especiales de los pueblos originarios.
En el plano económico la Constitución formoseña sostuvo que el Estado “fomentará la explotación racional de sus recursos naturales, el crédito, las industrias, el consumo, el intercambio al servicio de la colectividad y el bienestar social asegurando el imperio del método democrático en la regulación planificada de la producción, circulación y distribución de la riqueza”. La comunidad provincial y su gobierno están facultados constitucionalmente para la “Defensa de su producción básica contra la acción de los monopolios y trusts, pudiendo el Estado intervenir en cualquier etapa del circuito económico, para restablecer y posibilitar el juego armónico de las fuerzas del mercado”. En sintonía con los principios doctrinarios de la Revolución Justicialista, la Constitución sostuvo que “Los servicios públicos corresponden, originariamente, a la Provincia o a los municipios, y la explotación puede ser efectuada por el Estado, por cooperativas, sociedades con participación estatal o por particulares”. Insfran impulsó el Programa de Acción Integral para Pequeños Productores Agropecuarios y otras iniciativas de apoyo a la innovación productiva como el Centro de Validación de Tecnologías Agropecuarias.
La provincia modernizó su red vial con las obras de renovación de la Ruta 81, desarrolló nuevas líneas y transformadores eléctricos y construyó miles de soluciones habitacionales.
En el terreno de la salud se reprogramaron las áreas programáticas y los distritos sanitarios. El Estado impulsó un Seguro de Salud provincial, desenvolvió el programa “Por Nuestra Gente Todo” y produce medicamentos genéricos desde el laboratorio público LAFORMED.

Una agenda de reconstrucción para Buenos Aires
En el año 2019 el peronismo debe recuperar la provincia de Buenos Aires. El desafío de gobernar no será fácil atendiendo la recesión económica y el preocupante endeudamiento que está generando la aristocracia del dinero.
El justicialismo necesita construir un “Modelo bonaerense” que aporte propuestas y soluciones de corto, mediano y largo plazo para Buenos Aires.  El peronismo requiere de una unidad doctrinaria y de una identidad que sea capaz de conformar una épica que movilice a las organizaciones libres del pueblo a la recuperación del gobierno y a la refundación del Estado. La Revolución Peronista y Domingo Mercante en nuestra provincia, establecieron los principios generales del programa de desarrollo y de la doctrina nacional y popular de gobierno. El peronismo en el poder impulsó diversas experiencias sumamente exitosas que deben recuperarse. Tenemos que avanzar en su actualización de la doctrina recuperando nuestra historia, afirmando lo conseguido en las últimas décadas y postulando, sin medias tintas, la agenda de soluciones futuras.   



[i] En el plano intelectual el historiador José María Rosa es el gran ideólogo del autonomismo municipal del peronismo.
[ii] La Ley Nº 24.073/92 y el ordenamiento de decreto 879/92 establecieron que del Impuesto a las Ganancias un DIEZ POR CIENTO estaría destinado “al Fondo de Financiamiento de Programas Sociales en el Conurbano Bonaerense, a ser ejecutado y administrado por la Provincia de Buenos Aires. Los importes correspondientes deberán ser girados en forma directa y automática”.
[iii] Duhalde modificó la Carta Magna sancionada en el año 1934 durante un mandato conservador. Los años treinta se caracterizaron por el fraude electoral y por el hecho de que la UCR se había abstenido de su aprobación. De la misma manera que Menem a nivel nacional, Duhalde no retomó el texto constitucional provincial del año 1949 que fue derogado de manera ilegal en 1955.
[iv] El 30 % de las retenciones de la soja se coparticipan a las provincias que giran el 30 % a las municipalidades. Entre 2009 y 2015 la provincia de Buenos Aires recibió por éste tributo alrededor de $ 4000 millones.
[v] Por decreto 406/16 se creó el Acuerdo para el nuevo federalismo que plantea la devolución del 15 % de los recursos de la seguridad social retenidos desde el año 1992. El reintegro a las provincias sería gradual con fecha límite en el año 2021.
[vi] Desde el año 2003 se avanzó en obras sumamente importantes como fue el caso de la terminación de Yacyretá, la Autopista Rosario-Córdoba, la transformación en autovía de la Ruta Nacional N° 14 o la pavimentación de buena parte de la Ruta Nacional Nº 40. Durante la etapa se amplió el Complejo Hidroeléctrico argentino (los Caracoles o Punta Negra), se creó la Central de generación eléctrica Nuclear Atucha II, se extendió la vida de la Central Embalse y en el año 2011 se inauguró gasoducto Juana Azurdy, entre otras importantes obras. Se implementó el programa de creación y de infraestructura universitaria más importante desde los años cincuenta y se construyeron más de 1800 escuelas. Cristina inauguró el Centro Cultural Bicentenario. Se recapitalizó Aerolíneas Argentinas y se recuperó una política ferroviaria adquiriendo material rodante y reconstruyendo estaciones y vías. Se desarrollaron los primeros satélites nacionales de comunicaciones (ARSAT e INVAP), se impulsó la política nuclear desarrollando el reactor CAREM, se instaló la infraestructura de la Televisión Digital Abierta y la fibra óptica a nivel federal. En provincia Buenos Aires Nación financió rutas y autovías como es el caso de la N 226, se desarrollaron obras en la Cuenca del Río Salado, se construyeron plantas potabilizadoras (Juan Manuel de Rosas en Tigre) e importantes obras de tratamiento cloacal. Entre éstas últimas, se destaca la Depuradora de Líquidos Cloacales Del Bicentenario de Berazategui. Se construyeron hospitales en diversas localidades de la provincia y entre ellos el de alta complejidad Interzonal “El Cruce” en Florencio Varela.

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