martes, 30 de octubre de 2018

Argentina: La misa en Luján y la “phronesis” de monseñor Radrizzani


Carlos María Romero Sosa 

No es momento ni lugar para discusiones teológicas: “Doctores tiene la Santa Madre Iglesia”, como reza el “Catecismo de la Doctrina Cristiana” del jesuita salmantino del siglo XVI Gaspar Astete. Aunque parece ser que la multitudinaria misa en la basílica de  Luján celebrada el sábado 21 de octubre y en la que cientos de miles de personas rogaron  por Paz, Pan y Trabajo, obró el milagro  que entremezclando temas pedestres como el perfil o el prontuario –en boca de los consabidos denunciantes en los medios concentrados para  alborozo del clasista público de Cambiemos- de los sindicalistas Moyano, padre e hijo, se hablara de cuestiones de índole religioso, en vez de machacar e idiotizar distrayendo de la hecatombe cambiaria e inflacionaria  con el Bailando de Tinelli.
 ¿Qué puede escandalizar de esa asamblea sin una nota altisonante,  cuando precisamente “ecclesia” en griego significaba eso: reunión? Sin embargo, los formadores de opinión de turno del tipo del avezado periodista de Clarín señor Sergio Rubín o los  algo improvisados panelistas del programa del señor del Moro, se rasgaron las vestiduras a lo Caifás horrorizados ante el hecho que la Iglesia argentina no se pusiera por encima de la grieta, o sea condescendiera con el estado actual de cosas manifiestamente injustas, o sea contrarias al bien común, o sea que volara en pecado social montada en los globos amarillos bastante desinflados del macrismo.  Justamente ese interesado desatino de silenciar la realidad que le exigen hoy a monseñor Radrizzani o a monseñor Lugones, por citar dos “pastores con olor a oveja”, es lo que y por desgracia ha venido haciendo la pecadora Esposa de Cristo a través de la historia al cometer adulterio con los poderes y los poderosos de turno. Y ello en flagrante traición al mandato de su Divino Fundador, la Virgen María y sus Discípulos. Porque no fueron Marx o Bakunin los que cantaron de una vez y para siempre en el Magnificat: “El Señor dispersó a los soberbios, ensalzó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despachó a los ricos con las manos vacías”.  Ni Lenín ni el Che Guevara auguraron mejor que el Apóstol Santiago en su epístola: “Oigan esto, ricos: lloren y griten por las desgracias que van a sufrir”. 
Muchos serviles del dios dinero se dan con una piedra en los dientes, al  descubrir que más allá de la institución tan burocráticamente paganizada en varios momentos de su trayectoria, y de los hombres mejores y peores que la vienen conformando, la razón de ser trascendente de la Iglesia es indivisible de su mensaje, que aunque tantas veces desvirtuado no ha perdido vigencia en más de dos  mil años: el bregar y más aún trabajar  en este mundo por el reino de la justicia, que por cierto no es el del módico bienestar hedonista de la posmodernidad.
El padre Leonardo Castellani, insospechado de comunismo aunque preciso sabedor y dado a resaltar en su poema: “La muerte de Martín Fierro” que “No fueron los comunistas los que mataron a Cristo”, escribió a fines de la década del cuarenta del siglo pasado el libro “Cristo ¿vuelve o no vuelve?”, un texto que le acarreó problemas con su orden jesuita y con varias jerarquías eclesiásticas bajo la acusación de milenista o milenarista carnal. Sucede  que la idea de la Parusía no resulta muy grata para los que han convertido la religión en el opio de los pueblos; es decir la Iglesia de los ricos que predica aguantar aquí la injusticia, lado del que no duermen el papa Francisco –que acaba de canonizar al arzobispo mártir salvadoreño Óscar Arnulfo Romero y mal que le pese al ex vicario castrense monseñor Antonio Baseotto, activo defensor de los genocidas de la dictadura, pronto lo hará con otro mártir, el obispo de la Rioja Enrique Angelelli,  asesinado en 1976 por los militares-, ni los curas villeros, ni los curas de la opción por los pobres, ni los varios actuales pastores “con un oído en el Evangelio y otro en el pueblo”, tal cual buscaba testimoniar su ministerio apostólico Angelelli,  que concelebraron el otro día en Luján en ese ejemplar oficio religioso con proyección ecuménica e interreligiosa.
Imaginar el Reino de Dios en esta tierra no hará subir las bolsas precisamente y al contrario puede ser que la sola posibilidad haga temblar los mercados financieros. Es curioso, rezamos que Dios es el Señor de la Historia, pero de buena gana le dejamos el presente al demonio con su guiños al “statu quo” de la explotación y la desigualdad extrema. Que haya justicia en el Cielo no representa problema para el capitalismo porque su único credo es el dinero aquí y ahora. Y en cuanto a la parábola del mendigo Lázaro, mejor no mentarla mucho en los templos de la oligarquía a los que concurren las devotas señoras gordas, que bastantes molestias tuvieron  ya por haber debido blanquear a sus empleadas domésticas en cumplimiento de la ley 26.844 que impulsó en 2013 la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Se ha imputado también al salesiano arzobispo de Mercedes-Luján que no haya mencionado en su homilía,  como para contrarrestar sus denuncias  a la pobreza y la falta de oportunidades de vastos sectores populares, el cáncer de la corrupción en alusión a los presuntos escándalos de la anterior administración. Estoy de acuerdo que eso quedó en el tintero pero  entiendo  la tal corrupción diferente a los periodistas militantes bendecidos por el señor Lombardi.  Porque  la transparencia es una bandera hipócrita del macrismo,  en esencia corrupto antes incluso de los “Panamá papers”, la estafa del  Correo, el poco claro dinero en efectivo guardado en el ropero de la vicepresidenta Michetti, los aportantes truchos  de la provincia de Buenos Aires para la elección de 2017 y los eufemísticos  “conflictos de intereses” de  los funcionarios M.
El pulcro y cívico público de Cambiemos debería agradecer esa omisión, dado que  de  hablarse de corrupción en la misa de Luján,  bien se podría haber tomado como una crítica directa al gobierno, cosa que con sabiduría monseñor Agustín Radrizzani evitó hacer en uso de su prudencia, aquella perfección que Aristóteles llamó “phronesis” en la “Ética a Nicómaco”.       

viernes, 26 de octubre de 2018

La iglesia, los sindicatos y el peronismo



     (respuesta a J.L. Espert)
     Alberto Buela, 24 de octubre de 2018 

Luego del acto de los sindicatos vinculados al camionero Hugo Moyano en la Basílica de Luján, con misa y todo, el economista José Luis Espert afirmó: Iglesia, sindicalismo y peronismo, un trío que está en el centro de nuestra decadencia. Pero se aferra a continuar y continuar. Triste.
Esta visión lineal de la historia política argentina de los últimos 70 años fue y es compartida por muchos sectores de la sociedad: desde comerciantes a banqueros y de intelectuales a terratenientes.
Pero, ¿es cierta esta afirmación?. El combo de Iglesia, sindicatos y peronismo es la causa de la decadencia argentina?
Tratemos de desmenuzar los términos del problema. La Iglesia no es una, hay muchas iglesias. Hay para todos los gustos. Está la conservadora, la progresista y la tradicionalista, que son los menos. Ya en el siglo XVI el gran teólogo y exégeta, Juan Maldonado, (que los franceses se quieren quedar con él y lo llaman Jean Maldonade) español de Burgos y descubridor de las aguas de Spa en Bégica junto con su amigo, el filósofo bon vivant Malebranche, definió a la Iglesia como un complexio oppositurum, un conjunto de opuestos. De modo tal que la Iglesia nunca es “toda la Iglesia”, salvo cuando el Papa habla ex cátedra.
Lo cierto es que involucrar a la Iglesia, sin destacar algún matiz, es un error grosero. El hecho es que en Argentina después de casi 500 años, sus aportes positivos a la sociedad en su conjunto son cuantiosamente superiores a sus desaciertos. No voy a escribir sobre esto pues existen cientos de libros sobre el tema. Hay que estar muy prejuiciado para no verlo.
El sindicalismo tal como lo tenemos hoy día comenzó a funcionar a partir del decreto ley 23.852 del 2/10/45, el de la “suficiente representatividad”, que otorgaba al gremio que mayor afiliados tenía, la potestad de representar a la actividad u oficio. Luego en el año 1955 la ley 14.250, la de las convenciones colectivas de trabajo, daba al sindicato con personería gremial el poder de negociar él solo dicho convenio.
Con los años los sindicatos argentinos han constituido un entramado social formidable, que brinda todo tipo de servicios a sus afiliados y, en muchos casos, también a los que no lo son. Salud, educación, recreación, asistencia financiera y jurídica, etc. Alguien ha observado que el sindicato, en algunos casos, está con el afiliado desde su nacimiento hasta su muerte.
Y esto viene sucediendo desde hace 70 años. No poder apreciar en su justa medida el aporte de los sindicatos a la sociedad argentina en escuelas, universidades, hospitales, sanatorios, centros de capacitación en oficios, centros de recreación, y mil actividades más, es estar muy prejuiciado.
En cuanto al peronismo, lo que hizo el primer peronismo fue una verdadera revolución que afectó a todos los ámbitos de la sociedad. El segundo, el del 73-76, nacionalizó las bocas de expendio y nos dejó sin deuda externa y con el índice más bajo de desocupación. El problema radica en el tercer peronismo, el que viene desde la restauración democrática del 83 para acá. Ese peronismo perdió el rumbo: se hizo liberal con Menem; demócrata cristiano con Duhalde y socialdemócrata con los Kirchner. Este al ser un pseudo peronismo, un falso peronismo la acusación de Espert no lo alcanza, simplemente, porque no es peronismo.
Es que estos cuatro presidentes, Menem, Duahlde y los dos Kirchner, que gobernaron en nombre del peronismo lo que menos hicieron fue peronismo. Hicieron otra cosa. No tuvieron en cuenta la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación como última finalidad de la acción del Estado, ni tuvieron en cuenta el principio de solidaridad que nos unifica a todos en un solo cuerpo: la nación argentina a la que sentimos por igual cuando rige el principio de concordia interior. Y menos aún tuvieron en cuenta el principio de subsidiariedad, el que puede más ayuda a hacer al que puede menos.
No pusieron en práctica los tres principios que fundamentan al Estado y dan razón de ser de la actividad política: el de bien común, el de solidaridad y el de subsidiariedad.  Al no hacer eso, no hicieron peronismo, hicieron cualquier cosa.
La decadencia argentina, economista Espert, nace de un sistema que funciona tanto en los aparatos del Estado como en las organizaciones de la sociedad civil que es: el de la promoción del mediocre (se puede ver en Internet este trabajo).
La Iglesia antes del Vaticano II se ocupaba de promover a sus hijos más inteligentes para que estudiaran o aprendieran oficios, pero luego los curas se transformaron en sociólogos y esto se dejó de lado.
Las colectividades también lo hacían, los italianos, españoles y franceses promocionaban y patrocinaban a sus mejores hijos, pero ya no existen más pues se integraron al ethos nacional. Yo tengo una explicación pero como es políticamente incorrecta me la reservo.
La idea de decadencia se caracteriza porque siempre se puede ser más decadente, no tiene límite para abajo. Y esta decadencia de la que Ud. habla, Espert, tiene como padres y causales profundas a aquellos que tienen más; como colectividades autocentradas que solo promocionan a sus hijos y descartan al resto. Como los grandes y enriquecidos banqueros que solo se miran el ombligo y siempre se están despegando de los destinos de su sociedad, aquella que los hizo multimillonarios.


jueves, 25 de octubre de 2018

Nuestro proyecto geopolítico nacional

Juan Gabriel Labaké

Buenos Aires, en un nuevo 17 de octubre, el de 2018.



Nuestro proyecto geopolítico nacional
Esa realidad determina las tres grandes zonas hacia las que debemos dirigir nuestra atención y extender nuestra presencia e influencia, para lograr una adecuada estrategia geopolítica de gran nación:
1.- La Cuenca del Plata-Acuífero Guaraní, verdadero pivote de la integración y desarrollo de Sudamérica, y uno de los polos de desarrollo de mayor porvenir en el mundo.
2.- Los países vecinos que limitan con el Océano Pacífico -Chile, Perú e, incluso, Bolivia- para alcanzar una influencia bioceánica: Atlántico-Pacífico.
3.- La Patagonia-Atlántico Sur-Islas Malvinas-Georgias-Sandwich-Pasaje de Drake-Antártida, la única gran región aún no integralmente explotada del planeta, y sobre la cual tenemos legítimos derechos.
Esos objetivos geopolíticos nos llevan a formular una política exterior que contemple:
a)- La transformación del Mercosur en una auténtica comunidad de naciones, unidas por una cultura común. Reformularlo y darle nuevo impulso para que abarque toda Sudamérica, dotándolo de objetivos políticos que superen su condición de mero acuerdo aduanero, demasiado volcado hoy al servicio de las grandes corporaciones transnacionales.
b)- Reformulación e impulso del UNASUR, que en la actualidad es un organismo sólo simbólico.
c)- Elaboración e impulso de alianzas estratégicas bilaterales o subregionales con:
c.1.- Chile, para la defensa de nuestros comunes derechos sobre la Antártida y el aprovechamiento de sus ingentes recursos (al respecto, se debe retomar el camino de realizar expediciones conjuntas chileno-argentinas a la Antártida, iniciado en 1942/43), así como para ejercer el debido control sobre el pasaje de Drake y lograr una presencia comercial importante de la Argentina en el Océano Pacífico.
c.2.- Bolivia, sobre todo para el aprovechamiento integral del río Bermejo y la adopción de una estrategia común para la explotación del petróleo y el gas. Intermediar con Chile y Perú para lograr una salida de Bolivia al Pacífico.
c.3.- Colombia, Perú y Ecuador, para integrarlos al Mercosur y lograr una presencia comercial importante de la Argentina en el Océano Pacífico.
En los tres casos mencionados, el objetivo general debe ser ampliar y fortalecer la alianza surgida de la Cuenca del Plata, y contrarrestar el intento norteamericano de capturarnos definitivamente en su órbita.
c.4.- Sudáfrica y Angola, para un mayor intercambio comercial y cultural, que conduzca a una estrategia común en el sector del Océano Atlántico que une ambas costas, hasta convertirlo en un virtual “mare nostrum” (mar nuestro o interno a los tres países).
d)- Estudio e impulso de las obras de infraestructura regionales que unan físicamente a la Cuenca del Plata y a toda Sudamérica.
e)- Rechazo de la incorporación de nuestro país al llamado Pacto Transpacífico, sucesor mal disimulado de la nonata ALCA.
f)- Firme oposición a la instalación en el territorio nacional de bases militares extranjeras de cualquier tipo, y con cualquier finalidad declarada.


Poblamiento y territorio: una nueva y pacífica conquista del desierto.
Queda, pues, trazada la estrategia geopolítica que nos indica la realidad para las próximas décadas, así como la política internacional y regional que de ella se desprende objetivamente.
Tales proyectos, que marcan nuestra actitud fronteras afuera, deben ir acompañados de una estrategia también de gran nación fronteras adentro. Y al pensar en una política interna se repite la necesidad de partir de un hecho incontrastable: nuestro inmenso, rico y poco poblado territorio nacional.
En efecto, la principal falla estructural de nuestra economía e, incluso, de nuestro país como unidad política independiente, es su escasa población. Por eso, un tema central de mi propuesta geopolítica es el poblamiento y aprovechamiento integral y armónico de todo el territorio argentino, el terrestre y el marítimo.
Tenemos apenas 14 habitantes por km2, y eso es uno de los más importantes problemas para el pleno desarrollo de la Nación, ya que encarece los transportes y las comunicaciones, dificulta la vinculación humana entre las distintas regiones y, lo que es más grave, tienta a otras naciones sobrepobladas, ya que poseemos lo que las Naciones Unidas llaman “espacios vacíos” (entre los cuales incluyen a la Patagonia).
Estimo que una meta necesaria y posible de lograr es llegar a los 100 millones de habitantes en 2040/2050. Hoy, somos unos 43.000.000, y crecemos a un ritmo anual del 1%. Es necesario crecer entre el 2,5% y el 3%.
Para hacerlo realidad, se requiere una estrategia integral, que comprenda:
Ø  Un programa económico expansivo, con pleno empleo y salarios dignos, en todo el país, unido a un programa de largo plazo para poblar y aprovechar integral y armoniosamente todo el territorio nacional, con especial énfasis en la región de los lagos cordilleranos de la Patagonia, en su costa atlántica, y en las otras áreas o zonas de frontera geopolíticamente sensibles. Al respecto, es necesario prestar especial atención al desarrollo de las 5 cuencas fluviales que atraviesan la Patagonia de Este a Oeste y desembocan en el Océano Atlántico: la de los ríos Colorado, Negro, Chubut, Santa Cruz y Deseado.
Ø  El aprovechamiento integral de las riquezas de la plataforma continental argentina y el mar adyacente, cuyos nuevos límites exteriores nos fueron reconocidos en 2016 por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR).
Ø  Una redistribución voluntaria y armónica de la población actual, para aliviar los grandes conglomerados urbanos, y repoblar el interior. Va de suyo que ello implica una enérgica campaña de desarrollo local de los recursos naturales de cada provincia y la previsión de las consecuentes inversiones.
Ø  Un vigoroso aumento vegetativo, para lo cual debemos defender y proteger a las familias numerosas y favorecer la procreación.
Ø  Una ley de migraciones que regule y planifique el ingreso y arraigo de migrantes, y los oriente hacia las zonas y los proyectos de desarrollo señaladas como prioritarias por el Estado Nacional en acuerdo con las provincias.
Ø  Un plan de grandes obras de infraestructura nacional que posibiliten el citado poblamiento y desarrollo integral y armónico de nuestro país.
Ø  Una política de Defensa Nacional, y de una doctrina militar que contemplen los objetivos estratégicos mencionados y las reales hipótesis de conflictos actuales.  

Sobre el particular, es necesario insistir en que los siete grandes conflictos de envergadura y trascendencia estratégica que amenazan desde hace años a la Argentina, son:
  • la deuda externa, con el acoso de los fondos buitres incluido,
  • el narcotráfico,
  • el atentado contra la Embajada de Israel y su falsa investigación,
  • el atentado contra el edificio de la AMIA y su también falsa investigación,
  • la ocupación militar de nuestras Islas Malvinas y la pretensión de extender esa dominación o esa ocupación hasta la Antártida,
  • los evidentes movimientos de acoso y masivas compras de tierras por parte de ciudadanos anglosajones e israelíes en la Patagonia y en la zona del acuífero Guaraní, con el agregado de una larga campaña de visitas “turísticas” a la Patagonia por grupos de militares israelíes camuflados como mochileros,
o   y la instalación de bases militares extranjeras en nuestro territorio: dos norteamericanas (una en Puerto Iguazú, Misiones; y otra en Ushuaia, Tierra del Fuego) que, no por casualidad, controlarán nada menos que la Cuenca del Plata-Acuífero Guaraní y el Atlántico Sur-Antártida; y una china, en Neuquén.
Debe tenerse presente, también, que esos siete conflictos tienen su origen en los planes de hegemonía de la alianza anglosajona-israelí-financiera, salvo la excepción de la base china en Neuquén.
Los otros polos de poder, si bien han hecho intentos y han avanzado en algunos terrenos (en forma especial Europa desde siempre y, últimamente, China) no tienen por ahora ni posibilidades ni planes a la vista para ejercer un dominio como el que poseen los poderes del polo anglosajón-israelí-financiero. De todos modos, nuestra posición de independencia frente a las superpotencias es válida para todas por igual.
Lo dicho hasta acá se refiere sólo a las medidas de política interior que deben acompañar a la estrategia geopolítica que postulamos. Quedan para otra oportunidad las políticas que son indispensables en el terreno de la educación, la salud, la ciencia y tecnología, la cultura, etc.
Si bien se mira esta particular situación, una estrategia global para enfrentar debidamente a dichas siete grandes hipótesis de conflicto, no sólo constituye un objetivo deseable, sino también indispensable para nuestro país, si pretendemos conservar, al menos medianamente, nuestra soberanía e independencia.
Porque nos guste o no, no hay términos medios: o se las encara decidida y debidamente, o la Argentina –tarde o temprano- sufrirá momentos muy dolorosos y pérdidas y retrocesos insanables, aún en lo territorial.
Las grandes potencias del siglo XXI serán implacables en ese terreno.
Por donde cobra nuevo e insoslayable sentido la máxima sanmartiniana “Serás lo que debes ser, o no serás nada”, o seremos una gran nación, o no seremos nada. Nada importante, al menos.
Insisto, no hay términos medios, pero sí hay formas y formas de hacerlo: irresponsable e improvisadamente, con movimientos espasmódicos cada vez que la coyuntura nos apura, o previsora y organizadamente, con un plan estratégico racionalmente estudiado y prudentemente aplicado.
En 1945, Perón enfrentó nada menos que a los tres vencedores de la Segunda Guerra: EE. UU., Gran Bretaña y la URSS.
Pero lo hizo con mucha prudencia y una inteligente estrategia: firmó 32 tratados binacionales de intercambio comercial por fuera del área del dólar, usando sólo la moneda de cada país contratante. Esos tratados bilaterales nos libraron, de paso, de la tiranía del FMI, y luego de las políticas abortistas y genocidas financiadas por el Banco Mundial y ciertas fundaciones y ONGs que son, como ya dije, simples empresas presta-nombre, o de tapadera, de la CIA y el Departamento de Estado.
En dicha tarea, Perón contó con la valiosa colaboración del Dr. Juan Atilio Bramuglia, el mejor canciller de nuestra historia. Tuvimos otros buenos cancilleres, pero ninguno debió sortear el acoso imperial con la dureza que le imprimió EE. UU. en la segunda postguerra. Bramuglia lo hizo, y lo hizo con seriedad y solvencia profesional.
No es poca cosa.
A su vez, Perón supo recibir con todos los honores, y respetuosa y amablemente, al hermano del presidente Eisenhower, mientras se negaba a obedecer la estrategia del Departamento de Estado para Latinoamérica. Porque lo cortés no quita lo valiente.
Hoy, nuevamente deberemos tomar todas las precauciones y reaseguros, y ser sensatos y prudentes.  Nunca más una chiquilinada inútil como aquélla de “Que venga el principito”, o la otra de invitar a nuestro país al presidente del Imperio, para que asista a una conferencia internacional con todo el protocolo y boato, y a sus espaldas organizarle un “escrache oficial” propio de los barrabrava futboleras o de las asambleas estudiantiles de antaño.
Se nos responderá que, aun si actuamos con prudencia y sobriedad en el planteo de una estrategia nacional de ese tipo, igual enfrentaremos la oposición, sino las iras del Imperio anglosajón-israelí-financiero.
Y bueno… habrá que soportarlo.
Pero hay que hacerlo, aunque nos traiga algunas o muchas dificultades, porque nadie puede alcanzar la grandeza nacional mientras obedece a un imperio,o sin una política internacional independiente de los grandes poderes.

De la misma manera que nadie puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos, aunque parezcan ignorarlo los más sesudos becarios programados por Harvard, la CIA y el Mossad.
Ése es nuestro gran desafío del siglo XXI: aprovechar esta oportunidad histórica.
Para ello es indispensable lograr la unidad nacional, superando la grieta actual.
Lo lograremos, justamente, si por encima de nuestras diferencias abrazamos un proyecto común de grandeza y justicia como éste.



viernes, 19 de octubre de 2018

Paz, pan y trabajo


Algo sobre la postverdad


                                                                                                   A pedido de Silvio Maresca

                                                                                        Alberto Buela (*)

La postverdad es una novedad filosófica inaugurada por los ingleses, cuándo no, hace unos pocos años con Jayson Harbin en 2015, donde se sostiene que lo que interesa no es la realidad sino lo que se dice de la realidad.
Esta postura ha dado lugar a los diferentes “relatos” sobre la realidad pero no sobre lo que ella nos dice de sí misma.
Estos relatos son básicamente los políticos y culturales que pretenden ir más allá de las ideologías pero que terminan siendo un fraude.
Los sostenedores de tan novedosa teoría han dejado de lado la idea de verdad como adaequatio intellectus et rei para reemplazarla por adaequatio rei ad intellectum. Esto es, que la adecuación entre el intelecto y la realidad fue reemplazada por la adecuación de la realidad a lo que dice de ella el intelecto.
Así, si estamos mal porque nos matan como perros por la calle, en estas democracias postmodernas donde nadie nos cuida, los sostenedores de la postverdad nos dicen: la inseguridad es solo una sensación.
Un buen profesor español, Miguel Navarro Crego, cansado de dar explicaciones sobre el tema, afirma: “la postverdad es el último y carnavalesco disfraz de lo que siempre se conoció como embuste, fraude y mentira”.
En mi opinión la idea de postverdad se encuentra, cuándo no, también en otra ocurrencia inglesa: los enunciados performativos de Austin en su libro Cómo hacer cosas con palabras (1962). Así, el lenguaje no solo describe el hecho sino que el hecho al ser expresado se realiza. Cuando decimos “yo prometo”, como no sabemos si será verdadero o falso, yo lo estoy realizando. O cuando el cura dice “yo te bautizo” produce el hecho del bautismo. Esta función del lenguaje que los ingleses llaman performative, nuestro profesores telúricos que siempre imitan, pero como un espejo opaco imitan mal, la han traducido por “preformativa” en lugar de hacerlo en castellano por “realizativa” lo que hace más entendible dicha teoría.
La consecuencia politilógica más importante en estos últimos años vinculada a la idea de postverdad es la sostenida por un argentino de origen portugués, Ernesto Laclau, quien en su libro La razón populista (2005), en vistas a que el marxismo perdió el sostén del pueblo, afirma que el pueblo, las mayorías populares tiene que ser reemplazado por distintos pueblos o colectivos o diferentes minorías, que son los verdaderos destinatarios de los gobiernos democráticos. Estos pueblos son una creación intelectual (en Argentina volvieron a aparecer los indios, en Chile la república mapuche, aparecieron diferentes géneros más allá del masculino y el femenino, etc.).
Estas nuevas oposiciones dialécticas: gays vs. heterosexuales; indios vs. blancos; abortistas vs. provida, etc. vienen a reemplazar a la agotada dialéctica marxista entre burgueses y proletarios. Por supuesto que esto no daña las condiciones de producción sino que más bien las consolida. El imperialismo internacional del dinero salta en una pata.
Al respecto observa Javier Esparza, posiblemente la cabeza más penetrante de la España actual: “Otorgando políticamente una identidad única a esa diversidad de antagonismos. Por así decirlo, el discurso político ya no es consecuencia de una realidad social objetiva que con mayor o menor fortuna pretende describir; sino que ahora el discurso es el creador de la realidad. En el caso que nos ocupa, el discurso político crea, constituye, inventa un Pueblo.”[1]
A la difusión de esta teoría de la postverdad contribuyó en mucho la antropología cultural, de origen norteamericano, cuando fracasó -los hechos están a la vista- la teoría del melting pot o crisol de razas, al no poder integrar a los negros en un proyecto unitario de nación americana.
Vemos así como la teoría de la postverdad termina justificando, en el ámbito político, la explotación del hombre por el hombre, en el ámbito cultural negando la integración y en el ámbito filosófico sosteniendo que nada es verdadero ni falso.
Y para ello entretiene al hombre (varón y mujer) en falsas disputas, cargándolo de fakes news, y haciéndole creer que como un pequeño dios puede crear a través de su logos, de su palabra. Cuando en realidad solo Dios puede crear: In principium erat Verbum, mientras que la función del hombre es acompañar la creación. El mundo es un cosmos, es algo bello, de ahí todavía resuena en nosotros en el término cosmética- arte del embellecimiento-. Y si lo acompañamos o incluso lo trasformamos sin que se note mucho, nos estamos embelleciendo. Y si nos embellecemos con nuestra acción nos estamos, sin darnos cuenta, haciendo más buenos. Y así, llegaríamos nuevamente al ideal griego de la kalokagatia, la unión de lo bello y lo bueno con perfección.


[1] Esparza, Javier: “La herejía populista”, en Cuadernos de encuentro Nº 134, Madrid, otoño 2018.

jueves, 18 de octubre de 2018

EL DÍA QUE JUAN DOMINGO, COMENZÓ A SER PERÓN, PORQUE EL PUEBLO ASI LO QUISO


Jorge Rachid
CABA, 17 de octubre de 2018

Juan Domingo había escrito dos libros, el diccionario castellano mapuche y Apuntes de Historia Militar, uno reivindicando su origen Tehuelche y sus conocimientos ancestrales, el otro una síntesis de Clausewitz, describiendo que prepararse para la guerra, es la inteligencia para preservar la paz.
Juan Domingo había pedido para sí, la Dirección de Trabajo, después del golpe de estado de 1043, que desplazó a Castillo, emblema de la Década Infame, con la participación de su grupo de pertenencia el GOU, de oficiales comprometidos a reparar el “fraude patriótico” de la soberbia oligárquica, encarnada en el poder, desde el golpe de estado de 1930 contra el presidente Irigoyen.
Juan Domingo había estado en Europa como agregado militar, había leído los griegos, se había abocado al estudio de las políticas sociales de Bismark en la Primera gran guerra, venía siguiendo las propuestas de Berberige en Inglaterra, sobre la ampliación de derechos, había visto crecer los sindicatos italianos y comprendía los sucesos que conmovían al mundo, en una guerra intercapitalista.
Juan Domingo abonó la idea de neutralidad, la misma de Irigoyen, Ugarte, Jauretche, Scalabrini Ortiz, Astrada entre otros pensadores argentinos y cientos de latinoamericanos, filósofos enterrados por la lógica liberal colonial probritánica. Esa idea prevaleció en el gobierno que protagonizó, cuando de esa Dirección, hizo la Secretaría de Trabajo, ampliando derechos de los trabajadores, desde el estatuto del Peón hasta la protección de los mismos, creando el aguinaldo y las vacaciones pagas que hasta entonces no existían. Esos derechos y otros como el voto femenino y la gratuidad universitaria, junto a Evita, fueron incorporados a la Constitución de 1949.
Juan Domingo creció al calor de sus propuestas y apoyo popular a sus ideas, que sintetizaban la recuperación de la conciencia nacional desde los pueblos originarios, de miles de años, en una síntesis con las mezclas de razas: negros, mulatos, zambos, españoles, junto a los inmigrantes de finales del siglo XlX, que dan identidad a nuestro pueblo, identidad interpretada por este Coronel.
Juan Domingo fue Ministro de Guerra y Vicepresidente, provocando la reacción de la oligarquía y del poder imperial, el anterior y el emergente de la pos guerra EEUU, que abiertamente lo combate, lo enfrenta, lo denigra y lo persigue, convocando multitudes oligarcas contra el “fascismo” de esas masas que se negaban a levantar las huelgas de los frigoríficos, porque aducían desde la oligarquía, que “perjudicaban” las tropas aliadas en Europa.
Juan Domingo fue entonces encarcelado, denigrado y expulsado de todos sus cargos, enviado a la isla Martín García, de donde es rescatado por Ramón Carrillo, con un falso diagnóstico de neumonía que lo hace volver al Hospital Militar el 16 de octubre de 1945. El pueblo se entera de la novedad, y pese a que la CGT había convocado paro y movilización para el 18 de octubre, pero en la madrugada se produce un hecho que marca el alumbramiento de la Patria: la movilización popular, masiva, puro pueblo en marcha hacia su destino que marcarían los próximos 70 años de historia, aunque en ese momento lo ignorase, y logra rescatarlo de la cárcel.
Juan Domingo entonces comienza a ser Perón, el Conductor, el Primer Trabajador, el Líder, el Coronel del Pueblo como él mismo se denomina esa noche mágica en que se le pide hablar, ante el temor al pueblo, de parte de los facciosos que lo había derrocado. Ahí Perón lejos de decir que conducirá un proceso, le dice al pueblo que sólo la Unidad de los trabajadores garantizará el futuro de la Patria y que él dejaba de ser Coronel de la Nación para ser soldado del pueblo.
Ese día comienza a ser Perón, el de la historia que todos conocemos, el de la estrategia de la Argentina Bicontinental que conocemos menos, del Perón Filosófico que está aún enterrado en su difusión, el Perón de la Patria Grande con el ATLAS de los trabajadores, el ABC de alianza continental, de los centros de estudiantes americanos reunidos por Perón en Bogotá Colombia, ese Perón del primer y segundo Plan Quinquenal, de la Constitución Social de 1949 y del Congreso de Filosofía de Mendoza. El mismo que 60 días antes de morir nos deja su testamento político: Modelo Argentino para un Proyecto Nacional, vigente y actual.
Este Pueblo y este Juan Domingo Perón conmemoramos hoy, con todos sus aportes doctrinarios, políticos, filosóficos e ideológicos que construyeron la base de la cultura nacional, impulsada por el Modelo Social Solidario, que los enemigos de la Patria, no pudieron desalojar del imaginario colectivo. Ese Modelo Biocéntrico del hombre y la Naturaleza, como ejes estructurales del mismo, mensaje que hoy recupera el mundo en palabras de Francisco, ante la prepotencia inhumana y brutal del capitalismo financiero supranacional, que hunde al mundo.
El peronismo es el pensamiento americano, moreno, profundo, criollo de raíz afincada en nuestra realidad que describe Rodolfo Kush en su “estar situado” y Fermín Chávez con su “epistemología de la periferia”, donde aclara que no somos periféricos de nadie, sino desde Perón, centro de nuestro propio destino de Patria Grande con nuestro aporte de Argentina Bicontinental con Antártida incluida.


Algunas lecciones de las elecciones presidenciales en Brasil


Aritz Recalde, octubre 2018

El dirigente del Partido Social Liberal (PSL), Jair Bolsonaro, obtuvo una holgada victoria en la primera vuelta de la elección presidencial del Brasil. Rápidamente, periodistas argentinos aseguraron que fue un triunfo de la “ultraderecha” y de los medios de comunicación. El argumento que subyace a ese análisis es simple, interpretando que cuando gana una elección un gobierno de izquierda lo hace por mérito propio y cuando pierde es el resultado de la manipulación y de la ignorancia popular. A Bolsonaro lo votó, democráticamente, más del 46% de los electores que hasta hace poco tiempo seguían al PT, y cuesta creer que eran racionales antes y muy retrógrados ahora.  Posiblemente, estos diagnósticos sirvan para persuadir a los convencidos de cara a la segunda vuelta, pero no para interpretar las causas que llevaron al electorado a seguir al PSL.
Es habitual que se caracterice al voto del PSL como de “ultraderecha” y lo mismo ocurre con su candidato presidencial que se manifestó cristiano, cercano a los militares y abogó por políticas activas para acabar con la inseguridad. Muchos analistas han caricaturizado al líder en base a recortes de declaraciones y entrevistas cuyo resultado es, meramente, convencerse a sí mismos de lo que ya creen de antemano. Matizando la caracterización corriente, Alberto Buela definió a Jair Bolsonaro como un "conservador en política y un liberal en economía". Las propuestas de la plataforma de gobierno[1] y del portal del PSL van en línea con la lectura realizada por Buela e incluyeron, entre otras cosas, la conformación de un “gobierno limitado”, la “división de poderes”, la “democracia representativa”, el “liberalismo económico”, la “inclusión social” y el “federalismo”. 

Ejes de campaña de Bolsonaro
La economía. Bolsonaro propone un “cambio”[2] para la economía y ello no debería llamar la atención ya que desde el año 2014 la situación no es buena en el país. Brasil entró en una recesión que fue profundizada por el ajuste “gradual” de Dilma Rousseff (PT) y por el ajuste “brusco” de Michel Temer (PMDB-PT). El electorado castigó a ambos, de manera que la ex mandataria no alcanzó la banca a la que se postuló en las últimas elecciones y el PMDB tuvo un magro resultado en las urnas. El programa económico del PT iniciado en 2002 consiguió importantes avances sociales y no es casualidad que recientemente los hayan votado un tercio del electorado. Ahora bien, tampoco se pueden ocultar sus incapacidades y Bolsonaro supo capitalizar el descontento de 4 años de estancamiento. Un sector de los votantes tiene una legítima aspiración de cambio y acusarlos de “derechistas” es una forma poco sutil de no asumir los errores, las incapacidades y las contradicciones del gobierno del PT y sus aliados. El problema  del pueblo brasilero no es querer una mejora en la economía, sino suponer que Bolsonaro y los neoliberales son quienes pueden efectivizarla.

La cultura popular brasileña. Bolsonaro organizó su campaña presidencial cuestionando lo que definió, literalmente, como la imposición de una “ideología de género en las escuelas”. Su plataforma electoral está centrada en un conservadurismo con varios sesgos liberales y no es de ultraderecha. El programa del PSL postula una identidad que, en sus palabras, no está anclada en “el pasado”. Por otro lado, considera que deben respetarse las “costumbres” y las instituciones como la “familia y la iglesia”, ya que ello permitiría al “individuo” vivir libremente en sociedad. En Sudamérica existe una importante población religiosa —y no religiosa—que no comparte aspectos de las políticas de género de la izquierda o que no considera oportuno que sean obligatorias. Bolsonaro catalizó inteligentemente expectativas de esa mayoría silenciosa y polarizó al electorado acusando al PT de “izquierdismo”. No debe olvidarse, que el partido de Lula surgió ligado a miembros de la Teología de la Liberación y a las comunidades cristianas de base. En su alianza con el PMDB, el PT atrajo muchos votos y a legisladores evangélicos. En el PSL y también en el tradicional electorado del PT, hay sectores reticentes al aborto o que no aprueban aspectos del programa de género y consideran que son valores propios de la esfera privada y que no tienen que ser impuestos compulsivamente. Si la discusión sobre la cultura popular sudamericana se da en términos de derechas e izquierdas, hay grandes posibilidades de caer en el típico reduccionismo de civilización y barbarie. Acusar a un continente mayoritariamente cristiano de serlo, no es una buena estrategia electoral.  Si el PT no mantiene la pluralidad cultural originaria de su espacio y crece en la corriente anticristiana, puede quedar aislado frente a una importante parte de la población brasileña.
La política. Para derribar al PT se organizó una oposición económica, mediática y judicial que delineó los “márgenes” del debate político reciente: había que elegir entre “corruptos o no corruptos” y no se puso en juego el programa de país. Con las permanentes denuncias y la espectacularización mediatizada, se debilitó el conjunto del sistema de partidos (PSDB, PMDB o PT). El paso siguiente fue encarcelar al único actor competitivo del PT que era Lula Da Silva. Si bien Bolsonaro no era “él” postulante ideal del poder económico y mediático (de hecho O´Globo lo cuestionó), cuando ascendió en las encuestas polarizó la oposición al PT y consiguió  ser el centro de la estrategia “anti” izquierda. Además de la habilidad del establishment y del PSL, hay que reconocer que el partido de gobierno que manejó Brasil desde el año 2002 se mostró incapaz para construir una organización estable y un candidato nacional.

La seguridad. Bolsonaro tiene un discurso de “mano dura” contra la inseguridad y el habitante brasileño es lógicamente receptivo a ello en un país que padece una cotidiana violencia social y en el que existen redes mafiosas y de narcotraficantes que regulan la vida en ciudades y barrios. En lugar de acusar al elector de Bolsonaro de “derechismo”, la izquierda debería ofrecer una política real y palpable en la materia. Si bien la mención a la “mano dura” del PSL no conforma un plan de erradicación de la violencia, 16 años de gobierno de izquierda del PT tampoco lo lograron.

Los militares al poder. La formula de presidente y vice (Hamilton Mourão) del PSL incluyó a dos ex militares, que tuvieron la habilidad de presentarse como una dirigencia alternativa y rupturista de los viejos partidos. Actualmente, en Brasil y en Venezuela con dos orientaciones ideológicas diferentes, los militares se ponen en el centro del dispositivo político. No es oportuno, entonces, adelantar el comportamiento que tendrá la compleja institución militar del Brasil. En el gobierno de Bolsonaro las Fuerzas Armadas pueden ser tanto un medio de represión para garantizar un ajuste conservador, como también pueden oficiar como un límite al programa económico de desindustrialización y de privatizaciones del complejo productivo brasileño.

La corrupción. Éticamente es reprochable que un empresario pague coimas o que un empleado estatal acumule dinero público. Sin embargo, la corrupción no es una práctica de un solo país, de un partido o de un grupo económico puntual, sino que es la forma habitual de construcción de las decisiones del capitalismo. En los EUA los grupos económicos manejan la política, financian los candidatos y direccionan la sanción de las leyes conformando un sistema de ¿“corrupción institucionalizada”?. Son también los norteamericanos y un grupo reducido de CEOS, quienes regulan los “paraísos fiscales de la evasión” y las “calificadoras de riesgo” que mintieron y llevaron al sistema capitalista mundial a la crisis financiera del 2008. Estos grupos son los principales organizadores del actual esquema del desorden económico internacional, caracterizado por la especulación, la fuga ilegal de capitales y la creciente e inmoral desigualdad. La empresa Odebrecht acumuló poder económico siguiendo las pautas del capitalismo y no cayó por ganar licitaciones pagando coimas, sino por el hecho de que estaba disputando los negocios de empresas de las potencias occidentales. La investigación del Departamento de Justicia de los EUA que desencadenó el Lava Jato, no buscó la transparencia financiera sino que intenta destruir las industrias del Brasil o al menos que las adquieran grupos extranjeros. La operación judicial y mediática no va a construir la transparencia institucional, sino que tendrá como resultado frenar los programas de distribución del ingreso y la política exterior multilateral del PT. La estrategia de los CEOS y de los EUA se propone destruir el sistema de partidos y quitarle la fuente de financiamiento a la política. La democracia de masas será monopolizada por una gerencia de medios de comunicación de algún grupo trasnacional. Si bien Bolsonaro capitalizó el legítimo descontento de la sociedad con la corrupción, una vez que alcance el poder será esclavo de este mismo sistema financiero, mediático y político internacional. En Sudamérica no solamente hacen falta políticos que no acepten coimas, sino que deben generarse otras reglas económicas y otro sistema de costeo de la democracia de partidos, para no caer en manos de la oligarquía financiera trasnacional.            



[1]El camino de la prosperidad. Propuesta de Plan de Gobierno”. Disponible en https://www.jairbolsonaro17.com.br/NossoPlano
[2]Bolsonaro impulsa a Paulo Gedes para ocupar el Ministerio de Hacienda y en caso de ser designado consideramos que se profundizaría la desigualdad social y la extranjerización y dependencia económica del Brasil.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Darwin Passaponti, el primer mártir del peronismo



El 17 de octubre de 1945, ese día glorioso en el que el pueblo rescató a Perón de la prisión, un joven se convirtió en el primer mártir de ese peronismo recién nacido: Darwin Passaponti.
El General, el 20 de diciembre de 1967, desde su exilio en Madrid, le escribió al padre de Darwin, Trento Passaponti, para agradecerle el envío de un libro de su autoría, diciendo:
“Su amabilidad me ha traído el recuerdo de su hijo Darwin Passaponti, nuestro primer peronista, muerto el 17 de octubre de 1945 frente a Crítica y desde aquí me uní al homenaje que el Peronismo, en su tumba, rindió con motivo del aniversario de su fallecimiento y que en esta ocasión rememoro con emoción”.

Trento Passaponti era un farmacéutico santafecino anarquista, escritor y polemista, con varias obras publicadas, que se había casado con una entrerriana, ferviente católica.
El 1º de noviembre de 1927 nació Darwin,  que recién a los dos años fue bautizado en Zenón Pereyra, aprovechando la ausencia de Trento por un viaje. La madre y la abuela convencieron al cura del pueblo que accedió sólo si le agregaban “Ángel” como segundo nombre ya que “Darwin” no figuraba en el Santoral. Le decían “Tato”.
Cuando Darwin tuvo seis años, la familia se trasladó a Buenos Aires. Vivían detrás de la farmacia y cuenta Estela Passaponti, la hermana de Darwin, que cursó la primaria en Belgrano y la secundaria en Urquiza, en el Mariano Acosta. Cuando llegó a cuarto año, le dijo al padre que quería ingresar a la escuela naval por lo que se preparaba en la Academia Ferro en donde conoció a su novia: Margarita Harcop.
Darwin Passaponti era un joven inquieto, gran lector, según su hermana, “introspectivo, no era de muchas palabras”. Tenía una vida militante, apasionada, que ocultaba en su casa y por eso tenía duros enfrentamientos con su padre que quería protegerlo. Darwin era delegado de la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios y ya, a los 16 años, habían publicado alguno de sus poemas en el periódico “Amanecer”.

 El 17 de octubre de 1945 lo encontró al frente de la columna de la agrupación a la que pertenecía, marchando feliz hacia Plaza de Mayo. Allí vieron aparecer a Perón emocionado, escucharon su palabra y, terminado el acto, a la cabeza del grupo, se retiraron.
En el camino se encontró con Tomás Carmelo Díaz que recuerda: “Cuando llego a Avenida de Mayo, tengo una discusión con Darwin Passaponti que era un joven fogoso porque él me dice: vos andá por esta Avenida, por la punta de Diagonal Norte, que nosotros vamos a tomar la punta de la Avenida de Mayo. Era un muchacho moreno, de gran carácter…”
La columna de Darwin Passaponti marchó hacia el edificio del diario Crítica, en Avenida de Mayo 1333 que el día anterior había difamado a Perón. Los muchachos atacaron los vidrios de Crítica y desde la terraza comenzó un tiroteo.

Era la una de la mañana y los estaban esperando armados. A las tres, Darwin Passaponti había recibido un tiro en la cabeza y estaba tendido en la calle, de cara al cielo estrellado.
Fue llevado hasta el Hospital Durand junto con otros heridos pero ya era tarde. La oposición se había cobrado la primera vida, una joven vida de 17 años.
Como un presagio de lo que iba a suceder, el año anterior, Darwin había publicado un poema que decía:

Quise cruzar la vida
con la luz del rayo
que el espacio alumbra,
seguro de no vivir más que un instante,
seguro de no morir debilitado.
Así como el rayo,
corto, breve y soberano.

Ese adolescente luchador fue el primero de tantos que sacrificaron lo más importante que tenían, su vida, en la defensa de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política, sólo que ese día, día de fiesta, el 17 de octubre de 1945, él no lo supo.

En nombre de la Comisión PermanenteNacional de Homenaje al Tte. Gral. Juan Domingo Perón y en el mío propio, nuestro sentido recuerdo.

martes, 16 de octubre de 2018

HACIA UNA REVALORIZACIÓN DE LO MILITAR EN LA POLÍTICA SUDAMERICANA


Miguel Ángel Barrios y Carlos Pissolito
09.10.2018

Para empezar: Digamos que la forma en que las distintas culturas a lo largo de la historia se han preparado para la guerra. Ha producido profundas transformaciones políticas en sus sociedades. Se puede afirmar con absoluto rigor histórico, sólo por citar un ejemplo, que la democracia que practicaban las ciudades-estado griegas le debe más a la organización de sus falanges que a los discursos pronunciados en sus respectivas ágoras.
No en vano el origen etimológico más primigenio de la voz exercitus, es “asamblea”. De hecho, no había distinción alguna entre su significado y la palabra “pueblo”. Para ser un ciudadano, hecho y derecho, primero, había que ser soldado, por el simple y vital hecho, de poder ser considerado como un ciudadano respetable.
Mutatis mutandis, las cosas evolucionaron mucho hasta nuestros días. Para hacer corta una historia larga. Sinteticemos, diciendo que la profesión militar se fue, valga la redundancia, profesionalizando. De hecho, fue sólo fue a fines de la Edad Media y principios del Renacimiento en que este proceso de hizo posible. Cuando el absolutismo de los reyes del siglo XVII y XVIII le puso fin a este sistema descentralizado de los señores feudales para algo tan delicado como la administración de la violencia. La que reclamaron, como era lógico, para su uso exclusivo.
Con el tiempo fueron surgiendo las academias militares, las jerarquías y el código de honor que regulaban su conducta. Todo casi como los conocemos hoy. Pero habría que esperar la llegada del siglo XIX y esa famosa Revolución llamada francesa, con la leva en masa. Para que el sistema se popularizara y llegara a su máxima expresión.
Finalmente, después de las dos guerras mundiales, esta forma de reclutar y combatir cayó en desuso. Especialmente, en los países más desarrollados de Occidente. Cansados de ver partir a sus hijos en guerra lejanas. Estas sociedades opulentas optaron por el denominado “soldado profesional”. El que ya no se reclutaría entre las clases enteras de conscriptos. Sino entre aquellos deseosos de hacerlo. Mayormente, desempleados. Y a quienes no les daba el caletre o el presupuesto para costearse alguna forma de estudio formal. También, se unieron a estos ejércitos de necesidad, los descastados: residentes extranjeros indocumentados y los amantes de la aventura barata, que es toda fuerza armada.


Presentación del Libro "Pasión y Vida"


NUESTRA IDENTIDAD POLÍTICA ES LA QUE DEFINIÓ PERÒN


Por Juan Gabriel Labaké

Es ya un lugar común afirmar que el peronismo sufre una crisis profunda de identidad, y que ella está en las raíz misma de las divisiones actuales.
En mis últimas notas he insistido en que la división entre peronistas “racionales” y peronistas “kirchneristas” es tan dañina como equivocada y falsa, porque ninguno de esos dos sectores enfrentados representa, y menos defiende verdaderamente el pensamiento filosófico y político de Perón.
Sintéticamente y sólo como recordatorio: el peronismo “racional” no pasa de ser una ficción para disimular el apoyo a las políticas neoliberales de Macri. Sus responsables son, en buena medida, los continuadores del “peronismo sin Perón” que proliferó mientras el General estaba exiliado en España. Un intento inútil y fallido de entrada.
A su turno, el peronismo “kirchnerista” está repitiendo, por otros medios, la experiencia montonera de 1972/1974: proclamarse peronista para desplazar a Perón como conductor del Movimiento (en 1972/1974), y como creador de su doctrina (en 2018).  Algo más ingenuo que perverso, que desea llevar el peronismo a las posiciones del sectarismo de izquierda.
De esa forma, la grieta que divide a los argentinos ha extendido un brazo para separar a dos viejos neoperonismos, y hacernos creer que se ha divido el Movimiento, cuando en realidad lo que se ha dividido son las caricaturas del peronismo, sus desviaciones “sesentistas” y “setentistas”.
Ante ello, estimo necesario y conveniente que los peronistas que seguimos siendo fieles al pensamiento de Perón -si se me permite esa redundancia- proclamemos y reafirmemos los primeros principios que el propio General usó para crear ese coherente y lúcido edificio intelectual que es la doctrina peronista.

Al respecto, remarco que:
1.- No queda duda posible de que el peronismo verdadero sigue siendo un Movimiento Nacional, Popular, Humanista y Cristiano. Nunca será excesivo aclarar que el agregado del calificativo “cristiano” no significa una definición confesional, y mucho menos sectaria, sino que expresa nuestra adhesión al Humanismo de inspiración cristiana, es decir espiritualista o trascendente, el cual se puede sostener desde cualquier creencia, religiosa o no, que considere al hombre, no como mera materia, sino justamente como un ser que trasciende la Historia.
Hoy es necesario aclarar que nuestra adhesión al humanismo trascendente es la base de nuestra defensa de la vida como valor supremo e inamovible de la política y, por ende, de nuestro rechazo de la legalización del aborto.
2.- Hay una segunda definición de Perón que, con otras palabras pero en forma totalmente coincidente, define a nuestro Movimiento, y es aquel axioma que reza: “Los dos grandes objetivos de la política son la grandeza de la patria y la felicidad del pueblo argentino”.
Parafraseando a Perón, en su definitorio y definitivo discurso del 21 de junio de 1973 (un día después de la masacre de Ezeiza) digamos que “seguimos siendo lo que esas dos liminares definiciones de Perón dicen que somos”.

3.- También mantenemos irrenunciablemente las tres banderas fundacionales. Al respecto, es bueno traducir esas banderas en las concretas e indispensables definiciones de hoy:
La Soberanía Política exige ahora:
·         una política internacional independiente de las grandes potencias y de los centros de poder financiero mundialista;
·         una clara e intransigente oposición al acuerdo con el FMI;
·         una expresa definición de la usurpación de nuestras Islas Malvinas por parte de Gran Bretaña como la principal y más grave hipótesis de conflicto actual;
·         la preservación, poblamiento y desarrollo de todo el territorio nacional (tanto terrestre como marítimo) como primera prioridad de nuestra política económica, poblacional, territorial y de defensa nacional;
·         el desendeudamiento externo, con especial énfasis en el repudio de toda deuda que sea ilegítima y fraudulenta.

La independencia económica reclama hoy:
·         un plan económico basado en una economía en expansión, con centro en el consumo masivo como motor del desarrollo, lo cual conlleva el pleno empleo y los salarios dignos;
·         la renacionalización del aparato productivo y, especialmente, de las empresas de servicios públicos;
·         la defensa de la producción nacional;
·         una ley de inversiones extranjeras que oriente la inversión hacia las zonas y los sectores de actividad que interesan al país, con expresa limitación del porcentaje de utilidades que puedan repatriar anualmente las empresas inversoras, y la exigencia de que el resto se reinvierta en nuestro país;
·         la transferencia de tecnología de dichas empresas, que debe completarse en un plazo limitado;
·         un racional control de cambio, de depósitos bancarios, del comercio exterior, de las transferencias o remesas al exterior y de otros resortes o rubros  macroeconómicos que, por su influencia en la economía general del país, sea aconsejable no dejarlos librados al arbitrio de grupos privados casi siempre monopólicos;
·         un cuidado equilibrio fiscal y monetario, para evitar y prevenir tanto la presión inflacionaria como el endeudamiento público;
·         un razonable equilibrio entre la inversión y el consumo.

La Justicia Social significa en la actualidad:
·         un sistema de distribución del ingreso que garantice a los trabajadores al menos un 50% de la renta nacional;
·         salarios dignos y suficientes para el pleno desarrollo de la familia del trabajador;
·         un sistema de educación, de salud, y de seguridad que permitan una vida digna para todos los argentinos;

Sobre estos principios primigenios, con los agregados y correcciones que cada uno de nosotros proponga hacer, los peronistas deberíamos reunirnos en un congreso casi refundacional, en el que los proclamemos y nos comprometamos a sostenerlos en forma inclaudicable por ser la base fundamental de nuestra tarea política.

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