jueves, 12 de febrero de 2015

La revolución boliviana


Aritz Recalde, febrero 2015

“Estamos acá para decir basta: de la resistencia de 500 años a la toma del poder por otros 500 años (…) nuestros antepasados lucharon. Túpac Katari para restaurar el Tahuantinsuyo, Simón Bolívar que luchó por esa patria grande, el Che Guevara que luchó por un nuevo mundo en igualdad”. Evo Morales, 22 de enero de 2006
“En Bolivia no mandan los gringos, sino los indios”. Evo Morales, 22 de enero de 2015

En Bolivia desde el año 2006 se está desenvolviendo una revolución nacional, popular y antiimperialista que refundó el país. La revolución boliviana encarna en su seno dos tradiciones políticas que son la nacionalista de izquierda y la indigenista. La fórmula presidencial es emblemática de la fusión de las dos corrientes ideológicas: nacido en Oruro y de origen humilde, el presidente Evo Morales Ayma es étnicamente aymara y buena parte de su trayectoria política se ligó a la lucha sindical campesina junto a los pueblos indígenas. El vicepresidente de Bolivia es Álvaro García Linera, quien tiene una formación universitaria en sociología y en matemática y una ideología de izquierda nacionalista y marxista.

El nacionalismo antiimperialista boliviano
Nosotros desde el principio hemos sido antiimperialistas, anticapitalistas”. Evo Morales Ayma (2014: 112)

“El dinero internacional asumió parte conductora en los mecanismos del Estado (…) Bolivia ya no vive propiamente por sí. Representa, sumisa al dictado ajeno, el rol que un desconocido y lejano poder le asigna. Su dependencia del extranjero, sólo ideológica hasta ese día, toma formas definidamente serviles de la dependencia económica”. Carlos Montenegro (2003: 224)

Carlos Montenegro (1903 – 1953) quien fuera uno de los ideólogos originarios del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), mencionó que en Bolivia coexistieron dos tradiciones políticas opuestas: la colonialista y la nacionalista. Al momento de la independencia de Bolivia, la tendencia nacionalista enfrentó a las “corrientes foráneas de dominio”, representadas en una aristocracia de nobles y de hacendados ligados a los negocios con las potencias mundiales. La “casta directora” como la denominó el autor, adhirió a la teoría económica de Inglaterra y “con leyes traídas del Viejo Mundo querían eliminar el origen y la historia del país (…) su sensibilidad europeísta que despreciaba al indio y al cholo integrantes de las clases populares, puede explicar el menosprecio con que miró, o no miró, la suerte de las masas” (Montenegro 2003: 109 y 209).
Montenegro mencionó que la independencia boliviana se produjo por la acción heroica de la “clase popular” y de los “caudillos” del estilo de Manuel Asencio Padilla, Juana Azurduy, Pedro Domingo Murillo o de José Miguel Lanza. El autor destacó que a partir del año 1825, el nacionalismo que tuvo como finalidad la “libertad para la nación misma” y la “efectiva soberanía”, fue enarbolado por las figuras de Simón Bolívar, de Antonio Sucre, del Mariscal Andrés Santa Cruz y de José Ballivián.
Montenegro destacó que la mayoría de los caudillos y dirigentes populares de orientación nacionalista, murieron o fueron desplazados del gobierno, favoreciendo la asunción de mando de la oligarquía “colonial”. El autor mencionó que como resultante del proyecto de país y de las incapacidades de la “casta directora”, se produjo el “desastre nacional de 1879, en el cual Bolivia y Perú perdieron la guerra contra Chile que se apropió de la salida al mar del primero. Montenegro entiende que el desastre bélico “derruía” los valores de la clase dirigente y generó las condiciones para el surgimiento de un nuevo nacionalismo boliviano. 
En la misma línea histórica, Montenegro sostuvo que la clase oligárquica fue incompetente en la conducción de la Guerra del Chaco contra Paraguay (1932 – 1935). Luego del colapso y de la derrota, retornó el “sentimiento nacionalista” y “cada soldado vuelto del frente, trajo en sí una partícula ansia afirmativa de Bolivia (…) lo prodigioso de la guerra del Chaco, se cifra en esta revelación de la autenticidad boliviana ante la conciencia colectiva” (Montenegro 2003: 240). Montenegro se estaba refiriendo al proceso político iniciado en el año 1936 con el golpe militar de Germán Busch (1904-1939), que impulsó a David Toro (1898-1977) a la presidencia en el año 1936. En su discurso de asunción, Toro mencionó su objetivo que era el de “implantar el socialismo de estado con el concurso de los partidos de izquierda”. Durante su mandato se creó el Ministerio de Trabajo y Previsión Social, se nacionalizó el petróleo que era controlado por la Estándar Oil (EUA) y se reconocieron derechos civiles a las mujeres (aun no el voto, logrado definitivamente en el año 1952).
Toro renunció para que asuma Busch en el año 1937. El presidente entrante impulsó un Código de Trabajo, nacionalizó el Banco Central y la exportación minera y sancionó la Constitución de 1938 que incluyó un régimen social, uno “económico financiero”, una sección para el “campesinado”, un “régimen cultural” y un apartado de “la familia”.
Buena parte de las iniciativas nacionalistas y populares se profundizaron e institucionalizaron a partir de la revolución del año 1952, que realizó una reforma agraria eliminando el latifundio, promovió el control estatal de la economía, estableció el voto universal, nacionalizó la minería, masificó la educación básica y reformó las Fuerzas Armadas y creó milicias. La revolución desplazó a la oligarquía de los cargos de gobierno y favoreció que la Central Obrera Boliviana ocupe lugares importantes de decisión en el gobierno, con dirigentes como Juan Lechin.
Previo a la llegada de Evo Morales en el año 2006, el nacionalismo boliviano tuvo una última experiencia durante los gobiernos de los militares Alfredo Obando y de Juan José Torres. En la tercera presidencia de Ovando (1969 – 1970), se desempeñó como ministro de Energía e Hidrocarburos el intelectual nacionalista y socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, quien aseveró terminantemente que “desde el punto de vista económico, Bolivia es para el imperialismo un mercado irrenunciable de abastecimiento de recursos naturales no renovables de carácter estratégico” (Quiroga 1979: 128). Bajo la iniciativa de Quiroga y con la finalidad de revertir la acción imperialista, el 17 de octubre del año 1969 se nacionalizó la compañía norteamericana Gulf Oil, otorgando a la empresa estatal YPFB el control y la administración de los hidrocarburos.
Con Juan José Torres en la primera magistratura, se rescindió el contrato de la mina Matilde y el Estado adquirió el control del zinc, en el contexto de un gobierno con importante participación obrera.
En el año 1971 Hugo Banzer derrocó al presidente Torres y en palabras de Quiroga Santa Cruz “la burguesía pro imperialista asalta el poder” (Quiroga 1979: 15). A partir de esa fecha, se produce en palabras de Quiroga la “desnacionalización de Bolivia”, que favoreció el accionar de las empresas multinacionales, del FMI y el Banco Mundial que poco a poco, aumentaron su control sobre las políticas de petróleo, la minería y el conjunto de recursos naturales y de espacios de gobierno de Bolivia.     
Evo Morales y García Linera forman parte de la tradición política nacionalista que describió Montenegro y que postuló Quiroga Santa Cruz. El actual presidente de Bolivia desenvolvió una histórica lucha contra el imperialismo norteamericano, que promovió la destrucción de las plantaciones de coca. La defensa del cultivo frente a la intromisión norteamericana, adquirió dimensiones económicas, ideológicas, políticas y culturales. El cultivo genera empleo, es utilizado para trabajar en las acuciantes condiciones de la altura y en la minería y forma parte de las tradiciones identitarias del país.
Morales destacó que con el pretexto de combatir el tráfico de drogas, el gobierno de los EUA por intermedio de su embajada y de la Drug Enforcement Agency (DEA), asumió el mando de la policía y de las Fuerzas Armadas que reprimieron violentamente al pueblo boliviano. No es casualidad por ello, que Evo Morales expulsó en el año 2008 al embajador de los EUA Philip Goldberg y echó a la DEA de Bolivia. Según el presidente, la decisión se tomó para detener la influencia del país del norte en la política interna y en sus palabras “hemos tenido que tomar medidas drásticas, como decidir la salida del embajador de Estados Unidos y sus agencias del país, porque tenemos que destruir las bases de esa intervención permanente. No imaginan cómo trabajan las ONG´s, la USAID. Van y hablan con dirigentes para que hagan oposición a Evo Morales” (Calloni 2009: 341).

En sintonía con Busch y con Toro y por intermedio del Decreto 28.701/06 “Héroes del Chaco”, Evo Morales nacionalizó los hidrocarburos y refundó YPFB, que actualmente asume la gestión y el control de la cadena de producción y de distribución de hidrocarburos. 

Las luchas indígenas de liberación
“Los valores y principios no se descubren sino que vienen de nuestros antepasados como Túpac Katari, Bartolina Sisa, Zarate Villca, los hermanos Catari, ellos nos dejaron un línea, hay que refrescar la memoria, revisar la historia”. Evo Morales (2014: 123)

“Las naciones indígenas oprimidas por siglos, los movimientos sociales explotados por décadas no solo han retomado el protagonismo histórico sino que, como en Bolivia, se han vuelto poder de Estado y hoy conducen el país”. Álvaro García Linera, 22 de enero 2015

Además de la tradición nacionalista y antiimperialista, la revolución del año 2006 se inscribe como parte de las históricas resistencias indígenas al accionar del colonialismo. Tal cual afirmó Evo en el epígrafe, las luchas actuales se ligan a las reivindicaciones de referentes como Tupac Katari, Bartolina Sisa y otros dirigentes de los pueblos originarios.
El Preámbulo de la nueva Constitución Nacional sancionada en el año 2009, se refiere explícitamente a la existencia de las comunidades precolombinas y la resistencia al colonialismo que fue protagonizada por la comunidad indígena. En la letra de la Carta Magna se menciona que “El pueblo boliviano, de composición plural, desde la profundidad de la historia, inspirado en las luchas del pasado, en la sublevación indígena anticolonial, en la independencia, en las luchas populares de liberación, en las marchas indígenas, sociales y sindicales, en las guerras del agua y de octubre, en las luchas por la tierra y territorio, y con la memoria de nuestros mártires, construimos un nuevo Estado”.
Las organizaciones libres del pueblo son el corazón del proceso político y ofician como el sector más dinámico de la revolución. Según García Linera la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia y la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia Bartolina Sisa, conjuntamente a otras organizaciones sociales, son “la base de este Gobierno Revolucionario” (García Linera 2013: 127).
Según vamos a mencionar a continuación, a partir de la revolución las organizaciones indígenas ocupan los cargos de responsabilidad de gobierno y son el sujeto fundamental hacia donde se orientan las políticas del Estado.

La revolución política
Evo Morales fundó su construcción de poder sobre el accionar de las organizaciones libres del pueblo. Estas organizaciones sindicales y campesinas resistieron al imperialismo por siglos y derrotaron al neoliberalismo en las marchas y sublevaciones del año 2000 al 2005.
El ascenso al poder de los campesinos organizados en el Movimiento al Socialismo (MAS), reflejó la crisis del sistema de partidos de Bolivia. Los partidos liberales y los espacios de tradición antiimperialista o socialista como el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) o del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), habían perdido legitimidad por su apoyo otorgado a programas antinacionales y neoliberales. En el año 1972 Quiroga Santa Cruz ya había profetizado que el acompañamiento del MNR al dictador Hugo Banzer, era “una deserción que le llevó a pactar con la burguesía hegemónica y a claudicar con el imperialismo” (Quiroga 1979: 130).
En el año 1999 en pleno contexto de crisis de representación de los partidos demoliberales, se organizó el primer congreso de Movimiento al Socialismo[1]. El partido elevó tres banderas fundamentales que fueron suspender la erradicación de las plantaciones de coca, la nacionalización de los hidrocarburos y la convocatoria a una Asamblea Constituyente de refundación nacional.
El ciclo político neoliberal se cerró con la presidencia inconclusa de Gonzalo Sánchez de Lozada, quien alcanzó la presidencia desde el MNR y contó con el apoyo de otros partidos como el MIR.[2] El mandatario renunció como resultado de la lucha popular y fue Evo Morales el que encabezó la resistencia contra Lozada. El MAS acusó a Lozada de intentar explotar el gas por consorcios extranjeros sacándolo por puertos chilenos y de privatizar el agua, como parte de las políticas económicas recomendadas por el Banco Mundial y por el FMI. Morales resaltó que el presidente Lozada continuó las políticas de los EUA, concernientes a eliminar las plantaciones de coca y a militarizar con bases la región.
La salida del mandatario fue con una brutal represión y solamente entre los meses de septiembre y de octubre del año 2003, murieron 67 personas en los enfrentamientos del pueblo contras las fuerzas públicas. El 17 de octubre Lozada renunció y partió, sugestivamente, a los Estados Unidos. En el año 2013 se sancionó una ley que declaró al 17 de octubre como “Día de la Soberanía Nacional” en Bolivia.

Los indígenas al poder
La nueva Constitución política del Estado reconoce a 36 idiomas y naciones indígenas con derechos incluso previos a la propia formación de la República boliviana (…) Acá son las naciones indígenas, resistentes a la Colonia y a la República etnocida, las que devienen Estado; en otras palabras, las que convierten la diversidad societal en complejidad estatal y horizonte plural”. Álvaro García Linera (2014: 44)

A lo largo de décadas los sindicatos campesinos y mineros desarrollaron una importante tarea social, cuestión que les otorgó legitimidad política, masividad y base territorialidad y es por eso que Evo mencionó que “en el altiplano y en el trópico, el sindicato es también Estado, porque se preocupa no sólo de defender los intereses y derechos de sus afiliados, sino por proporcionar servicios básicos” como las escuelas, campos deportivos o caminos. 
Como resultado de la revolución del año 2006, cambió el componente de clase, racial y étnico de la dirigencia política boliviana. Según aseveró García Linera, la independencia de Bolivia del año 1825 sancionó un sistema de poder que institucionalizó la exclusión clasista y étnico racial del mundo indígena, a los que  se consideró como “irreductibles a la ciudadanía, igual que un martillo o una vaca, no obstante necesarios para acumular riquezas; nunca se los considerará iguales, ni en el origen ni en derechos y menos cuanto a destino compartido” (García Linera 2014: 31).
Para Linera la revolución boliviana del año 1952 amplió el acceso a derechos a los trabajadores reunidos en sindicatos, principalmente mineros. El proceso político que nacionalizó las minas, realizó la reforma agraria y amplió los derechos electorales, no quedó en manos de los trabajadores, sino que fue la “pequeña burguesía letrada e intermediaria” quien asumió el liderazgo (se refiere a Paz Estenssoro y el MNR).
Linera destacó que a partir del año 2006 con la instauración del Estado Plurinacional, se reconoce la “existencia de las naciones indígenas en la construcción material del nuevo Estado” (García Linera 2014: 37 - 43). A partir de la actual revolución boliviana, los pueblos originarios son el eje de construcción política. Según datos de García Linera “en los nueve departamentos, las Asambleas Departamentales cuentan con asambleístas seleccionados orgánicamente por las federaciones de trabajadores, campesinos, de organizaciones indígenas y vecinales del departamento (…) Del Total de los 130 asambleístas de la Cámara de Diputados, 73 diputados son de Organizaciones Sociales indígenas, obreras, campesinas, vecinales y laborales” (García Linera 2013: 120-121).
Los indígenas ocupan lugares en las legislaturas y demás cargos del sistema político como diputaciones, órganos de justicia, puestos públicos y en la oficialidad militar. Linera destaca que “la historia dominante y colonial había preparado un destino en el que el indio era agricultor, albañil u obrero (…) un campesino se vuelve presidente, un indígena se convierte en Ministro, Director o Senador, un obrero se vuelve viceministro, concejal o Alcalde, en fin, que el orden hasta acá acatado de las cosas se vuelca, se pode de cabeza” (García Linera 2013: 124-125). Sus idiomas son reconocidos por el Estado, tienen su propio sistema de justicia indígena, se regularizan sus tierras[3] y los movimientos sociales administran recursos desde sus organizaciones (ayllus, sindicatos, federaciones o confederaciones indígenas) (García Linera 2014: 46).

La mujer en la revolución
Además del ingreso de la clase popular y del indígena, la revolución favoreció la asunción de la mujer en la política boliviana. Dijo Evo Morales sobre el particular que “Cuando llegué a la Federación en 1988 no había organización sindical de mujeres, sólo una vez en el congreso participó una sola. En 1990 ya participaban mujeres y ahí dijimos hay que organizar a las mujeres” (Morales 2014: 119). Actualmente, la mujer tiene un rol central en la revolución, ocupando puestos ejecutivos y legislativos fundamentales.
La igualdad de género para las mujeres adquirió rango constitucional y en los artículos 11, 15, 26, 45, 48, 66, 78, 147, 210, 395 o 402 se menciona que el Estado garantizará sus derechos a no sufrir violencia, a la igualdad política, a la maternidad segura, al trabajo en paridad de condiciones y remuneración y al acceso a la tierra. El artículo 147 de la Constitución estableció queEn la elección de asambleístas se garantizará la igual participación de hombres y mujeres”. 
Para dar contenido a la Constitución, el gobierno sancionó la Ley Integral N 348 para Garantizar a las mujeres una Vida Libre de Violencia. El artículo 13 de la ley mencionó que “Para el acceso a un cargo público de cualquier Órgano del Estado o nivel de administración, sea mediante elección, designación, nombramiento o contratación, además de las previstas por Ley, se considerará como un requisito inexcusable el no contar con antecedentes de violencia ejercida contra una mujer o cualquier miembro de su familia”.

La nueva Bolivia
“Tres fueron los principales mitos a cuya advocación encomendó su suerte la oligarquía: el mito de la libertad, el del sufragio, y el de la ley (…) la oligarquía tomó entonces para sí los atributos y funciones de la nación entera –los del gobierno y los del pueblo- eliminando por completo las demás clases integrantes de la comunidad”. Carlos Montenegro (2003: 215 y 220)

Cambios culturales
“Clases plebeyas y naciones indígenas son hoy en día el bloque social dirigente del Estado Plurinacional (...) tenemos una firme indianización de la narrativa estatal oficial, la historia legítima, el idioma oficial, la enseñanza pública, los símbolos cívicos, los hábitos culturales gubernamentales (…) ni la blanquitud de la piel ni la blanquitud cultural concentran privilegios”. Álvaro García Linera (2014: 50-52)

En Bolivia se están produciendo cambios radicales en el terreno cultural. Los pueblos originarios que históricamente sufrieron racismo y discriminación, hoy son postulados como el sujeto del cambio de la historia.
Desde el año 2009, el Estado se definió como Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario. La Constitución Nacional introdujo un Capítulo con los Derechos de la naciones y pueblos indígena originarios campesinos, que incluyó un largo decálogo de derechos culturales que van de la identidad, al idioma, la religión o la educación.  Los idiomas de los pueblos indígenas adquieren reconocimiento oficial y el sistema educativo es bilingüe por ley.
Como símbolos patrios además de la bandera tricolor, se incluyó la wiphala que representa a las naciones indígenas.
Tal cual mencionó Linera en el epígrafe, el país está formando parte de un revisionismo histórico. Un caso importante para analizar, son los cambios introducidos en el Museo Casa de la Libertad  de Sucre. En la histórica Sala de la Independencia, la revolución elevó en el panteón de los héroes nacionales junto al libertador Bolívar, Antonio José de Sucre y José Ballivián, a las imágenes de Túpac Katari y de Bartolina Sisa. Con éste y otros gestos de política pública, los indígenas pasan a ser reconocidos como artífices fundamentales de la liberación boliviana respecto del colonialismo español.
imagendetiempo.jpgLa asunción presidencia de Evo Morales en Tiwuanacu[4] con a las organizaciones libres del pueblo, forma parte de la recuperación histórica de las tradiciones indígenas. Los pueblos originarios son reubicados en la historia y ya no son meros sujetos colonizados, sino que se postulan como los fundadores de una civilización propia y pujante.
En uno de los Museos de Tiwanaku hay una imagen que reproduce una línea de tiempo y que expresa la interpretación de la actual revolución, acerca del rol jugado por los pueblos originarios en la conformación de Bolivia. La iconografía cronológica transcurre del Imperio Tiwuanaku, pasando por los Señoríos Regionales, los Incas y en la titulada “Época Actual”, hay una mención al Estado Plurinacional, a Evo Morales y al satélite Túpac Katari. El satélite simboliza la búsqueda de soberanía científica de la actual revolución, que se inscribe a sí misma en los históricos logros tecnológicos, productivos y civilizatorios del Imperio Tiwanaku, de los señoríos indígenas y de los Incas. Es bueno destacar, que en la línea de tiempo no aparece el colonialismo europeo.
En el año 2008 Bolivia fue declara libre de analfabetismo, como el resultado de un programa educativo que contó con el apoyo protagónico de los maestros de Cuba. La inversión en educación pasó de 6519 millones de bolivianos en 2005, a 15.023 millones en 2013 (Informe de Gestión 2013).

El desarrollo económico
Las nacionalizaciones, la reinversión del Estado y los altos precios internacionales de los hidrocarburos y los minerales, generaron las condiciones para el histórico crecimiento del Producto Interno Bruto de Bolivia, que se elevó de 9.521 millones de dólares en 2005, a 34.000 millones en el año 2014.
Las nacionalizaciones le otorgaron al gobierno una masa de recursos que fue reinvertida en el país. Según palabras de Evo Morales en el marco de la reciente asunción presidencial, la renta petrolera que quedaba en Bolivia en el año 2005 era de 300 millones de dólares y en 2014 se multiplicó hasta alcanzar la cifra de 5.330 millones de dólares.
El presidente sostuvo que la inversión estatal en el país subió un 795% entre 2006 y 2014, frente al escaso crecimiento del 15% registrado entre 1997 y 2005. A partir de acá, el gobierno aumentó las transferencias a gobernaciones, municipios y universidades que pasaron de 6.669 millones de bolivianos en 2006, a 29.221 millones en 2014. En el terreno de la salud el presupuesto público del 2005 era de 2.773 mil millones de bolivianos y en 2013 la cifra alcanzó los 10.054 millones (Informe de Gestión 2013).
Lejos de su histórico destino económico subdesarrollado que le fue impuesto por la división internacional del trabajo, Bolivia está planificando la refundación productiva del país. Entre 2006 y el 2013 se crearon 103.217 empresas privadas (Informe de Gestión 2013). El gobierno adquirió un satélite, renovó su equipamiento militar y se propone aumentar la inversión en ciencia y tecnología. Bolivia está impulsando planes de desarrollo para la industrialización de los hidrocarburos, la modernización de la producción de alimentos (EMAPA), la minería, los transportes aéreos (BOA) las telecomunicaciones (ENTEL) o la manufactura (García Linera 2013: 97-103)

Los cambios sociales
“América Latina no sufría problemas de riqueza, sino su injusta distribución y la falta de equilibrio económico para fomentar la producción”. Evo Morales (2014: 276).

La revolución les otorgó una renta universal a todos los alumnos de la escuela primaria, que se denominó Bono Juancito Pinto. Los adultos mayores de sesenta años de edad reciben la Renta Dignidad y el gobierno efectuó un aporte económico para atender médicamente a las mujeres embarazadas y a los niños menos de dos años (Bono Juana Azurduy)[5].
Según expresó Morales, a contrapelo del neoliberalismo los salarios de los trabajadores subieron por encima del 200 % en los 9 años y el salario mínimo pasó de 440 bolivianos en el año 2005, a 1.440 bolivianos en el 2014. Una de las manifestaciones de la mejora del ingreso, es que hoy la comunidad boliviana consume y los mercados, paseos y lugares turísticos están siendo disfrutados masivamente por los hijos del país.
La cifra de desempleo es la más baja de la historia de Bolivia y llegó al 3,2 %, aunque sigue existiendo una alta tasa de trabajo informal y de menores[6].
Del 37 % de extrema pobreza que tenía el país en 2005, el gobierno la bajó al 18,8 % en 2014 y se propone que sea menor a un digito en 2020.
Bolivia no conoció en su historia un plan de infraestructura como el actual, que aumentó la  cobertura de energía eléctrica al 83%, amplió el agua potable al 85,2% de la población (programa MiAgua) y el gas llegó al 74 % de los habitantes. El Estado está desarrollando un Programa de Energía Nuclear con fines pacíficos, construyendo aeropuertos y modernizando la red caminera nacional.
Como parte del “vivir bien” el gobierno construye polideportivos en todo el país, que les permiten el acceso al deporte y a la recreación a todos los bolivianos sin distinción social alguna.

El país hoy tiene una política exterior independiente que le permite integrase a la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA) o requerir el ingreso como miembro pleno del MERCOSUR.
Bolivia, ese país que Rogelio García Lupo caracterizó como el “laboratorio de ideas que más tarde germinan en todo el continente”, está avanzando en la consolidación de un programa nacional de desarrollo independiente. Desde el año 2006 se cumple el postulado de Marcelo Quiroga Santa Cruz que afirmó que “las ideas cuando son de deliberación de todo cuanto deprime y lastra al ser nacional, se enraízan en el espíritu de la juventud, prenden en el corazón del pueblo, se hacen pasión colectiva y surge, no un golpe afianzador del injusto orden establecido, sino, una Revolución, así con mayúscula, que primero es del espíritu y después de la acción”.


Bibliografía citada
Aguiar Montaño José Luis (2010) Marcelo Quiroga Santa Cruz. Esplendor y Tragedia, Ed. OKIPUS, Cochabamba, Bolivia.
Calloni Estela (2009) Evo en la mira. CIA y DEA en Bolivia, Ed. Punto de Encuentro, Buenos AIres.
García Linera (2013) El oenegismo, enfermedad infantil del derechismo, Vicepresidencia del Estado, Bolivia.
(2014) Identidad Boliviana. Nación, mestizaje y plurinacionalidad, Vicepresidencia del Estado, Bolivia.
Informe de Gestión 2013, Presidencia de Bolivia, http://www.presidencia.gob.bo/documentos/mensaje_22-01-2014.pdf
Mesa F., Gisbert Carbonell y Mesa Gisbert (2012) Historia de Bolivia, Ed. Gisbert, Bolivia. 
Montenegro Carlos (2003) Nacionalismo y coloniaje, Ed. De La Juventud, La Paz, Bolivia.
Morales Evo (2014) Mi vida, de Orinoco al Palacio Quemado, Ed. Colihue, Buenos Aires.
            (2015) Discurso de asunción presidencial, 22/01/15, http://comunicacion.presidencia.gob.bo/index.php
Piñeiro Iñiguez (2006) “Carlos Montenegro: pasión por la nacionalidad americana”, en Pensadores latinoamericanos del siglo XX, Ed. Siglo XXI, Buenos Aires.
Quiroga Santa Cruz Marcelo (1979) El saqueo de Bolivia, Ed. Puerta del Sol, La Paz, Bolivia.






[1] Recuerda Evo Morales que “David Añez Pedraza nos regaló la sigla, él era el jefe de ese partido” (Morales 2014: 228).
[2] Al MNR se sumaron el Movimiento Bolivia Libre, el ya mencionado MIR, Acción Democrática Nacionalista y la Unidad Cívica y Solidaridad. Luego se agregó la Nueva Fuerza Republicana (Morales 2014: 258).
[3] Evo Morales mencionó que fueron 580.000 los títulos de tierra entregados desde el 2006 a la fecha.
[4] La organización económica, política y cultural del Imperio Tiwanaku, ocupó un lugar central en un amplio territorio sudamericano. Ubicada a 70 km de la ciudad de La Paz, en su etapa expansiva alcanzó importante influencia en Bolivia, Perú y en el norte de Chile y de Argentina. Los historiadores dividen su desenvolvimiento en tres etapas: período formativo, período urbano y período expansivo. El primer período se inició en el año 1500 antes de Cristo y el Imperio llegó a su ocaso en los siglos XII y XIII. Desarrollaron una importante arquitectura que actualmente se puede visitar en el Museo Tiwanaku y que incluyó la construcción de ciudades, templos, sistemas de riego, el manejo de cobre, el oro y la plata y la producción de una refinada cerámica y piedra esculpida.
[5] García Linera sostiene que “sólo el año 2010, con el Bono Juancito Pinto, se entregaron USD 59,1 millones a más de 1,8 millones de niños y niñas. Con la Renta dignidad, USD 240 millones a 600.000 ancianos y ancianas; y con el Bono Juana Azurduy, USD 13,4 millones a 208.000 madres y 342.000 niños menos de un año” (García Linera 2013: 18).
[6] El gobierno reguló el trabajo infantil en la Ley 548 Código Niño, Niña y Adolescente.

La “Colonia pirática” del Atlántico Sur

 José Luis Muñoz Azpiri 

“Hay que revolcar a la Argentina en el barro de la humillación, hay que desalojarla de la tierra antártica que le corresponde a Gran Bretaña con extensión de sus derechos y dependencias sobre las Falklands y sus dependencias Georgia y Sándwich”. Winston Churchill (nieto)
Con un lenguaje y una argumentación que en estos días nos suena habitual y con la grosera altanería que lo caracterizaba, el 6 de diciembre de 1831 el presidente Andrew Jackson justificaba ante el Congreso de su país lo que sería una práctica cotidiana de la política exterior norteamericana: el envío de una fragata: “Hubiera colocado a Buenos Aires en la lista de los Estados Sud-americanos con respecto de los cuales nada de importancia había de comunicarse que nos afectara a nosotros, si no fuera por las ocurrencias que han tenido lugar últimamente en las Islas Malvinas, en que el nombre de esa República ha sido empleado para encubrir con apariencia de autoridad, actos perjudiciales a nuestro comercio y a los intereses y libertad de nuestros conciudadanos”.
Se refería al episodio acaecido en el archipiélago de las Islas Malvinas que terminó siendo un pésimo negocio para los Estados Unidos, dado que, tal como destaca el historiador Ernesto J. Fitte, “El derecho que le negó a la Argentina de poder prohibir en las cercanías de sus costas la matanza indiscriminada de lobos y focas, hubo de tolerarlo más tarde a Inglaterra cuando este país se incautó también de dos balleneros americanos que merodeaban por la zona” (1).
El 19 de julio de 1829 el Gobernador delegado de Buenos Aires, Martín Rodríguez, creó la Comandancia Política y Militar para “las Islas Malvinas y las adyacentes al cabo de Hornos en el mar Atlántico”, con residencia en la “Isla de la Soledad y sobre ella se establecerá una batería bajo el pabellón de la República”. El decreto expresaba: “Cuando por la gloriosa revolución del 25 de mayo de 1810, se separaron estas provincias de la dominación de la metrópoli, España tenía una posesión material de las Islas Malvinas y de todas las demás que rodean al Cabo de Hornos, incluso la que se conoce bajo la denominación de la Tierra del Fuego, hallándose justificada aquella posesión por el derecho del primer ocupante, por el consentimiento de las principales potencias marítimas de Europa y por la adyacencia de estas islas al continente que formaba el Virreinato del Río de la Plata, de cuyo gobierno dependían”.
El cargo fue confiado a Luis Vernet, quien en 1819 había casado con la dama oriental María Sáenz y adoptó a Soledad para residencia de su familia, llevando asimismo algunos colonos ingleses y alemanes, así como un contingente de criollos dedicados a las tareas campestres, entre los cuales se encontraba el entrerriano Antonio Rivero, quién habría de protagonizar históricas jornadas en 1833.
En 1830 el “Adventure” y el “Beagle” navíos de la expedición del capitán Fitz Roy que llevaron a bordo al naturalista Carlos Darwin, estuvieron en las costas patagónicas, visitando Puerto Soledad, y asistieron a una velada en casa de Vernet, donde su esposa tocó piezas musicales al piano.
Mientras gobernaba Vernet se celebró el primer matrimonio civil argentino en Malvinas, entre el santiagueño Gregorio Sánchez y la porteña Victoria Enriques el 29 de mayo de 1830.

JAURETCHE Y PIKETTY

                                                                                                                                  Norberto Alayón (*)
 (*) Trabajador Social. Profesor Titular Regular de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA)
 Thomas Piketty es un economista francés, autor del exitoso libro “El Capital en el siglo XXI”. Se autodefine como un científico social que reclama para la economía “la necesidad de un abordaje que contemple la dimensión histórica, donde el conflicto juegue un rol más relevante”.
Arturo Jauretche fue un ensayista y político argentino que escribió “… con la esperanza de proporcionar al sociólogo, desde la orilla de la ciencia(destacado mío), elementos de información y juicio no técnicamente registrados…”. Anheló acercarse a José Hernández, autor del “Martín Fierro”, a quien definió como “un sociólogo nuestro que tampoco era de la especialidad”, pidiendo que “me ayuden a ponerme en la huella de tan ilustre marginal de lo científico”.
En un reciente reportaje del diario “Página 12” , Piketty señaló que “Por mucho tiempo, los economistas han tratado de presentar la economía como un tema tan sofisticado que es imposible de comprender para el resto del mundo. Eso es un chiste. Lo mejor que podemos hacer los economistas es ser modestos”. Y se preguntó: “¿Por qué se volvió tan complicada la economía? El abuso de la matemática es una forma fácil de parecer científico, es una estrategia que tiene que ver con el funcionamiento de la academia y las relaciones de poder”.
Jauretche, hace más de 40 años, nos había alertado que “cuando los economistas hablan muy difícil y nadie los entiende, no es que uno sea burro sino que seguro nos quieren meter el perro”. Sin desdeñar, de modo alguno, de la necesaria dimensión científica, me acuerdo igualmente de aquellos versos del “Martín Fierro”, cuando decía: “Hay hombres que de su cencia (sic) tienen la cabeza llena; hay sabios de todas menas, mas digo sin ser muy ducho, es mejor que aprender mucho, el aprender cosas buenas”.
Piketty señala que “La economía es una ciencia social que debe ser más humilde”, agregando que “Los temas económicos son demasiado importantes como para que sean dejados a los economistas”. Y Jauretche decía que “En economía no hay nada misterioso ni inaccesible al entendimiento del hombre de la calle. Si hay un misterio, reside él en el oculto propósito que puede perseguir el economista y que no es otro que la disimulación del interés concreto a que se sirve”.
Jauretche afirmaba que “La economía moderna es dirigida. O la dirige el Estado o la dirigen los poderes económicos. Estamos en un mundo económicamente organizado por medidas políticas, y el que no organiza su economía, políticamente es una víctima. El cuento de la división internacional del trabajo, con el de la libertad de comercio, que es su ejecución, es pues una de las tantas formulaciones doctrinarias, destinadas a impedir que organicemos sobre los hechos nuestra propia doctrina económica”.
Piketty, por su parte, critica al sistema financiero afirmando que “La clave para el desarrollo en América latina es generar los ahorros internos, la acumulación de capital y la acumulación de conocimiento para desarrollar otros sectores no vinculados a los commodities sin apoyarse demasiado en la inversión extranjera. El sistema financiero ha sido una fuente de inestabilidad. En los textos de economía se supone que la inversión extranjera es buena, pero en la vida real es muy difícil administrarla. La Argentina es lo suficientemente sabia para no depender demasiado del sector financiero internacional y sí recurrir el ahorro interno”. Jauretche había destacado, hace ya demasiado tiempo, que “Ese es el gran problema argentino; es el de la ‘inteligencia’ que no quiere entender que son las condiciones locales las que deben determinar el pensamiento político y económico”.
Supeditar los intereses nacionales al interés extranjero es una constante de los sectores conservadores del país. Mauricio Macri, el máximo dirigente del partido político PRO, expuso con contundente claridad su idea de cómo “defender” a la Argentina ante los embates de las “fondos buitres”, apoyados por el sistema judicial del imperio norteamericano. El procesado Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires expresó: “Ahora hay que ir, sentarse en lo del juez Griesa y hacer lo que diga”. ¡Fantástica propuesta! Este es el pensamiento genuino, reaccionario pero coherente con su ideología, de quien pretende ser el presidente de todos los argentinos. Si los argentinos nos decidiéramos por esta opción, quedaría gravemente afectada la posibilidad de garantizar la soberanía nacional y la consolidación de un sostenido bienestar social para la totalidad de los habitantes.
El francés Piketty y el argentino Jauretche quedan ligados en la aspiración de enfrentar los graves riesgos de la creciente y obscena concentración de riqueza, acerca de la cual Piketty afirma que “No podemos confiar en que las fuerzas naturales van a conducir ese proceso a un final razonable. Se requieren instituciones públicas fuertes. Los Estados de bienestar pueden hacer la diferencia”; añadiendo que “las instituciones de los Estados de bienestar son frágiles y están siendo amenazadas”.
Este economista, que en su libro enfatiza que “El análisis erudito jamás pondrá fin a los violentos conflictos políticos suscitados por la desigualdad”, cierra su importante obra con una suerte de cruel y certero aforismo: “Quienes tienen mucho nunca se olvidan de defender sus intereses”. Estoy seguro que Jauretche, “desde la orilla de la ciencia”, suscribiría fervientemente esta última afirmación del francés.
   Buenos Aires, febrero 03 de 2015

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