martes, 31 de enero de 2012

Pensó y dijo lo que pensó. Actualidad de Mordisquito: El rostro oculto de Enrique Santos Discépolo

por Juan Godoy


"Gracias al voto femenino y a Mordisquito, ganamos las elecciones" (Juan Domingo Perón, 1951)


Introducción

Arturo Jauretche apunta en mayo del ’67, que luego de leer un libro del joven Norberto Galasso sobre Enrique Santos Discépolo, había prestado atención a que Galasso sostiene que se ha escamoteado, ocultado una faceta de la producción de Discépolo, aquella alegre, que apoya al peronismo y se ha resaltado la más amarga, escéptica, de los años ‘30’s (no por ello menos importante). En esos días comenta Jauretche, que fue a ver una intervención en el teatro de parte de Julián Centeya, y dio cuenta que éste ocultaba al Discépolo de “mordisquito”. Jauretche cuenta con sorpresa y decepción, cómo un poeta de ese submundo social cae en las mismas trapisondas de la superestructura dominante, así le dice a Centeya: “¿Pero vos Centeya?, ¿vos también te complicás? No me digas que sos gorila… Por favor. No me digas que estás entongado con los que hacen la historia a medias (…) ¿vos también has entrado, Julián Centeya, y te has puesto del lado de la yuta de la SADE, de La Nación que odia al Discépolo de mordisquito?” (Jauretche, 2007; 75-76) Lo que denuncia Jauretche, de lo que es víctima Centeya, es la superestructura cultural que se revela fundamental en los países en condición semicolonial para, a través de la colonización pedagógica, asegurar la dominación. (Ramos, 1961)
En las próximas líneas procuraremos poner de relevancia al Discépolo oculto por la mayoría de sus biógrafos, y la mayoría de los abordajes acerca de su figura, ¡no sea cuestión que Don Arturo piense que nosotros también andamos con la yuta del aparato de azonzamiento! Así nos centraremos en la figura de “mordisquito”, procuraremos demostrar, con varias citas (que quizás puedan abundar, pero nuestra intención también es hacer hablar nuevamente a “mordisquito”) el por qué de la rabia y odio contra esa arista del autor de “Yira, yira”, al mismo tiempo que demostrar la actualidad (en relación al proceso político-económico-cultural abierto en mayo de 2003) de las ideas vertidas por éste. Vea usted, haga la prueba, cuando lea las líneas de mordisquito, piense que se las esta diciendo hoy, no a principios de los 50’s, y verá que da lo mismo, los personajes, los rostros cambian, pero defienden los mismos intereses.
Discépolo nace en 1901, en el momento en que imperaba lo que Yrigoyen denominara como “el Régimen”, donde el imperialismo comienza a penetrar profundamente con sus garras la realidad nacional. Con tan solo 9 años, en la Argentina del Centenario que tiraba manteca al techo en sus viajes por Europa, y dilapidaba la Renta Agraria Diferencial en palacetes y demás lujos, mientras que los paisanos pasaban grandes penurias, iba a quedar huérfano (su padre ya había fallecido 4 años antes). Al tiempo se iría a vivir, luego de un pasaje por la casa de sus tíos, con Armando, su hermano. Prolífico y polifacético Enrique se iba a dedicar en su vida a escribir obras de teatro, a actuar en cine, a escribir tangos, etc. Iba a inmortalizar el espíritu de la denominada por José Luis Torres como década infame con tangos como “Cambalache”, “Yira, yira”, “Qué vachaché”, “¿Qué sapa señor?”, etc. Pero, como dijimos, aquí pondremos nuestra atención en el Discépolo de mordisquito. Por lo cual diremos que el autor de “Cambalache”, había conocido a Juan Domingo Perón en Chile, y a partir de ese momento va a ir construyendo una relación amistosa con el líder de los trabajadores, al mismo tiempo que con Evita. La relación con ambos es tan estrecha que varias veces pasará con ellos Año Nuevo y Navidad. Enrique se sumaría al proceso en marcha, pues “le basta observar esa alegría de los trabajadores que inundan la ciudad, para tomar partido junto a ellos. La jubilosa confianza de esa multitud que parece querer beberse de un solo golpe todo aquello que la vida le negó años y años, es suficiente para que Discépolo abandone la vereda indecisa y se sume con entusiasmo a la caravana en marcha.” (Galasso, 1995; 149)

El rostro oculto. Actualidad de “mordisquito”

Discépolo, hasta el momento del advenimiento del peronismo, no había participado activamente en el campo político propiamente dicho. Pero, como parte de la campaña electoral para las elecciones presidenciales del 11 de noviembre de 1951, el peronismo había ideado una serie de intervenciones radiales, bajo el nombre de “Pienso y digo lo que pienso”, que salían todos los días a las 20.35 hs. En éstas, participaban personajes de la cultura como Tita Merello, Lola Membrives, Luis Sandrini, Pierina Dealessi, Juan José Míguez, entre otros. El programa no tenía gran repercusión, pasaba audición tras audición con personajes que leían su libreto. Así, Raúl Alejandro Apold decide convocar a Discépolo para una de esas intervenciones radiales, a lo que éste último acepta, y luego de ver los libretos, arregla con los productores para reformarlos, y así comienza su participación en el ciclo. Así, como decíamos, nuestro autor “se lanza de lleno a la liza política en 1951 jugando todo su prestigio e incluso su vida misma, al adherir con militante fervor a la causa de la Revolución Nacional. Es el “mordisquito” que no le perdonarán nunca (…) el que percibe la tremenda angustia popular de los años treinta y la recrea en sus tangos es el mismo que, impactado por la alegría de las multitudes después del año 45, se suma al combate a través de sus charlas de 1951 exultante de entusiasmo ante una política de liberación económica y justicia social.” (Discépolo, 1981; 9) Durante el peronismo no realizará tangos tristes, dolidos, etc., basta con escuchar la melodía de los primeros compases de “El Choclo” para dar cuenta del cambio de actitud de nuestro autor en relación al cambio en la realidad social que está viviendo la Argentina, de la cual Discépolo es parte, “hay una relación muy estrecha entre lo que Discépolo compone y la situación que vive el país”.(Galasso, 2004, 12) No es de extrañar que el protagonista de la película “El Hincha” se juegue por sus ideas, por lo que cree mejor para las mayorías populares, desde las cuales va a desarrollar toda su tarea, pues él sostiene que “negar que he deseado ser querido, sería una impostura. Lo he soñado, lo he padecido y lo sufro con agrado. Siempre he deseado que me quisieran, aunque esta aspiración no conduzca jamás a buenos resultados comerciales, ni traiga aparejada jamás una libreta de cheques”. (Discépolo, 1981, 14) De esta forma, el 11 de julio se iba a escuchar por radio la primera participación de Discépolo en el ciclo radial. Nuestro autor, va a rescatar en sus charlas los hechos concretos del peronismo, los va a comparar con la situación del pasado argentino. Va a “bucear” en el sentido común (como el mejor de los sentidos) que, como establece Jauretche (Jauretche, 2005), tenemos bajo nuestra formación cultural, y nos desvincula de la realidad, es un ejercicio de descolonización pedagógica, de búsqueda de zonceras diseminadas en la realidad nacional. Ya desde esta primera charla iba a realizar severas críticas a los gobiernos que le habían negado sistemáticamente al pueblo mejores condiciones de vida, a compararlo con el gobierno popular en marcha, y a criticar a los agoreros de siempre, así: “nos tuvieron acostumbrados, durante tanto tiempo, a prometernos la chancha, los veinte, el rango, el organito y la pata de goma sin darnos siquiera la mitad de los veinte que, lógicamente, ya no creíamos más nada (…) lo que ellos nos prometieron ayer sin dárnoslo, se cumple hoy: llega un gobierno que toma las promesas en serio y las realiza. Pero mientras se construye, vos seguís amenazando con:”el año que viene me la vas a decir”. ¿Y qué te tengo que decir?. ¿Qué el año que viene vas a estar mejor?”.(Discépolo, 2009; 22) Y en otro dirá: “¿Por qué hablás si no sabés? ¿De dónde sacaste esa noticia que echás a rodar desaprensivamente, sin pensar en lo irresponsable que sos y en el daño que podés hacer? Estamos viviendo el tecnicolor de los días gloriosos y vos me lo querés cambiar por el rollo en negativo del pesimismo, el chisme, la suspicacia y la depresión (…) usás los rumores (…) ¡la que se va a armar!” (Discépolo, 2009; 29)
En el próximo diálogo va a poner en consideración a los sectores egoístas de la nación, que siempre andan buscándole la “quinta pata al gato”, buscando nimiedades para la crítica fácil, superficial, comparando estas actitudes con la importancia del proceso en marcha, las nacionalizaciones realizadas, de esta manera sostiene que “resulta que antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Sobre todo lo chiquito (…) y te encontraste con que te hacían el regalo de una patria nueva, y entonces, en vez de dar las gracias por el sobretodo de vicuña, dijiste que había una pelusa en la manga y que vos no lo querías derecho sino cruzado. ¡Pero con el sobretodo te quedaste! (…) Y protestás. ¿Y por qué protestás? ¡Ah, no hay té de Ceilán! Eso es tremendo. Mirá qué problema. Leche hay, leche sobra; tus hijos, que alguna vez miraban la nata por turno, ahora pueden irse a la escuela con la vaca puesta. ¡Pero no hay té de Ceilán! Y, según vos, no se puede vivir sin té de Ceilán. Te pasaste la vida tomando mate cocido, pero ahora me planteas un problema de Estado porque no hay té de Ceilán. Claro, ahora la flota es tuya, ahora los teléfonos son tuyos, ahora los ferrocarriles son tuyos, ahora el gas es tuyo, pero…,¡no hay té de Ceilán!”. (Discépolo, 2009; 23)
En otro va a poner en consideración la dignificación del trabajador en el peronismo, por lo que critica a los que sostienen que: “ahora uno ahora uno llama a un electricista y, para colocar un enchufe miserable, te cobra quince pesos. ¡Yo no sé adónde vamos a parar!» A ningún lado. ¿Por qué? Si ahí está tu error. Es que ese enchufe miserable, como era miserable la situación de ese electricista, ya no lo son. No hay nada miserable ya. Todo ha adquirido dignidad (…) hay algo que no se puede negar: la evidencia.” (Discépolo, 2009; 25-27)
Resaltará asimismo la relación con la situación de la Argentina de antes del peronismo y la de durante: “Yo no te pido que inventes una escuela filosófica o que leas a Einstein y te vayas a dormir con el teorema puesto. Yo te pido que abandones tu posición de terco y pienses… pienses en lo que estaba pasando y en lo que pasa ahora. Tenías una patria como una rosa, pero esa rosa no perfumaba tu vida sino que se estaba deshojando en el ojal de los otros. Ahora la solapa de tus enemigos está vacía y la rosa es tuya, ¡pero vos seguís como enquistado en una terquedad sin belleza y sin sentido! Aquello que antes te robaban y te negaban ahora es tuyo, ¡todo!” (Discépolo, 2009; 33)
En la novena audición radial Discépolo va a inventar un personaje: “mordisquito”, el prototipo del opositor. Acerca del nombre que elige para su interlocutor en los diálogos radiales, puede relacionarse con lo que años atrás, en 1947, diría “los hombres se dividen en dos grandes grupos: los que muerden y los que se dejan morder” (Discépolo, 1981; 16), y él nos dice que “más de una vez hubiera querido ser malo, de estafado perpetuo pasar a estafador, de hombre mordido a hombre que muerde. Pero nunca pude hacerlo”. (Discépolo, 1981; 15). También se puede hallar ligado a la idea del “prototipo del opositor recalcitrante que nada ve, ni nada quiere aceptar y que muerde incesantemente al gobierno con su rumor chiquito, con su calumnia barata, con su crítica enana”(Galasso, 1995, 165). Ahora en los diálogos le va a hablar a él, en esta ocasión acerca de la idea del “acomodo” que siempre se echa a rodar en relación a los gobiernos nacionales y populares: “Para vos todos los que comprenden que el país transita un destino de bienestar y de justicia están acomodados. ¿Y sabés una cosa? ¡Sí! Tenés razón (…)Desde los pibes, para quienes se viene construyendo una escuela por día, para quienes se han organizado campeonatos deportivos (…)también están acomodados los muchachos, aquellos que antes vendían diarios, que tienen ahora cientos de escuelas de enseñanza técnico profesional y enseñanza universitaria gratuita. Y también se acomodaron los obreros, los laburantes de nuestra sufrida carga y la clase baja de tu irreflexiva soberbia, que aumentaron al triple sus jornales y lograron la dignificación del trabajo. (…)Se acomodó la salud y el bienestar general (…) pero a mí, a mí no me vas a contar que no entraste en el beneficio de esta generala servida.” (Discépolo, 2009; 37-38) También Discépolo llama la atención acerca de una cuestión que siempre aparece en los procesos económicos de crecimiento, a saber, la inflación, aquí Discepolín es didáctico con su interlocutor: “Te oigo decir, por ejemplo: “¡Eh, ya no se puede comprar nada. Todo aumenta. Todo sube! ¡No sé a dónde iremos a parar!” Y tu frase tiene la apariencia de una sentencia (…) Pero hacéme un favor, ¿querés? Agarrá un lápiz y un papel. Te quiero hablar con cifras para no hacerla larga. Tenés razón. Sí, el costo de la vida aumentó un 113% con relación a 1946. Pero, ¿sabés en cuánto aumentaron los salarios obreros? En un 172,8%. Y bueno, hacé la cuenta.” (Discépolo, 2009; 45) También comenta en relación a los porteños y su “porteño-centrismo”, a la vez que pone de relevancia las quejas de los sectores medios y acomodados a que otros sectores sociales accedan a mejores condiciones de vida, “ocupen” sus espacios: “La geografía de tus sentimientos terminaba en la avenida General Paz (…) ¿sabés lo que decís ahora?: “¡Ah, en Buenos Aires ya no se puede comer! Vas a cualquier restaurante y no hay mesa. Están repletos. Tenés que esperar turno. ¡Hasta para comer hay que hacer cola!” (Discépolo, 2009; 47)
No va a dejar de resaltar el papel de la dignificación de la mujer en el nuevo proceso, en relación a la desigualdad salarial con los hombres que iba emparejándose: “Muchos que subieron hasta la fortuna utilizando como peldaños el lomo de mil muchachas explotadas. (…) Dignificando a la mujer, de rebote mejoramos la dignidad de los hombres, porque no me digas que el respeto hacia la mujer querida —que es tu madre, tu novia o tu esposa— no es respeto que se te ofrece a vos también. ¿Verdad que sí?” (Discépolo, 2009; 54)
Resalta la nacionalización de sectores estratégicos de la economía, fundamental para la independencia económica, la soberanía política y la justicia social, así:“El fruto irá primero a tu mesa y luego entrará en los ferrocarriles —¡tuyos!— y se detendrá en el hermoso puerto de los barcos —¡tuyos!” (Discépolo, 2009; 60)
Volverá a cargar contra los agoreros, los que siempre buscan el lado malo, tienen una mirada superficial: “Dejáme que te cuente, Mordisquito, porque esto le pasó a Pepe —un amigo— y Pepe se parece mucho a vos. Fuimos él y yo al circo y empezó el número de un equilibrista. ¡Descomunal el equilibrista! Se subía a una escalera parada de punta y al llegar allá arriba ponía un banquito, sobre el banquito un tarro de yerba, después del tarro un asiento de bicicleta, ¡también haciendo equilibrio el asiento! Y allí se sentaba él, y mientras la escalera daba vueltas sobre sí misma este bárbaro hacía juegos malabares con tres botellas en las manos, con los dos pies tocaba el arpa, ¡y, claro, todos aplaudíamos como locos! ¡Figuráte! ¡Un número estupendo! Pero Pepe movió la cabeza como la movés vos, desdeñando, ¿y sabés qué dijo?: “Sí, bueno, ¡pero el arpa no la toca bien!” (Discépolo, 2009; 87)
Discépolo hablaría al pueblo durante treinta y siete noches, luego, pedido de la audiencia retomaría las audiciones por tres noches más, ya cerca de las elecciones dirá acerca de los candidatos de la lista opositora al peronismo: “Sos el pasado que quiere volver por amor propio, sólo por amor propio (…)¿Y sabés por qué? Porque tu idea y yo sabemos que no debés volver. Y vos también, en el fondo de tu alma, aunque lo escondas, sabés también que no debés volver. Por decoro. Por recuerdo. Por historia. Sos la imagen del retroceso, de la injusticia, del hambre, del entreguismo. El pueblo lo sabe, porque lo padeció, que venís de viejos partidos que nunca hicieron nada en beneficio del pueblo que es la patria (…)¡Vos gobernaste! ¡No una vez, sino varias veces… y mal! (…) No creas que no te oí; bien claro que lo dijiste en una proclamación: «Y podemos asegurar a los obreros que si llegamos al poder las conquistas obtenidas no se perderán». ¿Obtenidas por quién? Por este gobierno. ¿Y si las obtuvo este gobierno, por qué te van a votar a vos? Has perdido hasta la sensación del ridículo.” (Discépolo, 2009; 95-96)
Pero estos diálogos, donde, como vimos, Discepolín lanza las verdades a través de la radio a recorrer los hogares de la patria, la anti-patria no se la iba a dejar llevar de arriba. A él, una persona (según nos cuentan sus biógrafos y personas allegadas) sumamente sensible, de gran bondad, comienzan a hostigarlo, a generar un ambiente de gran hostilidad. Entre algunas de las cuestiones podemos citar como ejemplos que personas (muchas conocidas) se cruzan de vereda al verlo venir, se levantan de las mesas de los bares donde ingresa, lo abuchean, le envían cartas con sus discos rotos, con excremento, lo insultan por teléfono a toda hora, hasta cuando le van a realizar un banquete en su honor compran todas las entradas de modo que no vaya nadie. Discépolo ya está enfermo, la situación agrava su estado. Pero, afortunadamente el autor de “Yira, yira”, que dirá, acerca de su relación con el pueblo, que “en el largo y penoso diálogo de mi vida no he tenido más interlocutor que el Pueblo. Siempre estuve solo con él. Afortunadamente con él”. (Discépolo, 1981; 14) No se equivocaba estando del lado del pueblo. Ese mismo pueblo que lo escuchaba noche a noche, ese mismo pueblo que iba a desviarse de los festejos luego del triunfo electoral hacia la casa de Discepolín para reconocerle el papel jugado a favor del movimiento nacional. Él piensa en irse del país, Perón lo convence para que pase la navidad con ellos una vez más, acepta, pero el pequeño cuerpo lamentablemente no resiste más e iba a morir en su casa, junto a su mujer, Tania, el 23 de diciembre de 1951. Una pérdida gigante para el movimiento nacional que en pocos años iba a enfrentar sus horas más difíciles, ¡qué bien hubiese venido Discepolín para penetrar el aparato cultural de dominación! No obstante, la gran tarea realizada por él que consideramos aquí de suma actualidad, no debe permitir confundirnos hoy, porque después de escuchar los discursos a mordisquito no nos queda otra que decirle a éste nuevamente, ¡a mí, no me la vas a contar, mordisquito!

(Trabajo publicado en Reseñas y Debates, Año 7, Nº 71, Febrero de 2012)

Bibliografía

Discépolo, Enrique Santos. (1981). Escritos inéditos (comentarios Norberto Galasso). Buenos Aires: Ediciones del Pensamiento Nacional.

Discépolo, Enrique Santos. (2009). ¿A mí me la vas a contar? Discursos a Mordisquito. Buenos Aires: Terramar.

Entrevista a Norberto Galasso. Discépolo. (Por Walter Iampietro y Alejandro Pagés). En La Memoria de Nuestro Pueblo. El futuro tiene historia. Año 1, Nº 11, diciembre de 2004.

Galasso, Norberto. (1995). Discépolo y su época. Buenos Aires: Corregidor.

Jauretche, Arturo. (2005). Manual de zonceras argentinas. Buenos Aires: Corregidor.

Jauretche, Arturo. (2007). Polémicas. Tomo I. Buenos Aires: Peña Lillo.

Ramos, Jorge Abelardo. (1961). Crisis y resurrección de la literatura Argentina. Buenos Aires: Coyoacán.

lunes, 30 de enero de 2012

Fermín Chávez: un entrerriano para toda América

por Francisco Pestanha

Sostuvimos, en oportunidad de inaugurar la décima edición de nuestro Taller para el Pensamiento Nacional, que Fermín Chávez integra esa pléyade de intelectuales argentinos que desarrollaron una modalidad del pensar auténticamente nativista definida por el mismísimo entrerriano como “una epistemología de la periferia”. Quienes tuvimos el privilegio de conocerlo y de trabajar sobre sus escritos y su obra, no dudamos en asegurar que los aportes epistemológicos e historiográficos de Fermín trascienden las fronteras de su venerada Argentina extendiéndose hacia un continente que, con voluntad resistente y con plena convicción de futuro, va erigiendo paulatinamente categorías propias para el abordaje de los fenómenos humanos que aquí acontecen.
Benito Enrique Chávez (Fermín) nació un 13 de julio de 1924 en “El Pueblito”, un caserío cercano a la ciudad de Nogoyá. Asentado con ese nombre en la alcaldía, en otro documento que da cuenta de su natalicio figura “Benito Anacleto”, por cuanto a mediados de 1945, tuvo que realizar un trámite para la rectificación definitiva de la partida. Hijo de Gregoria Urbana Jiménez oriunda de Paysandú, y de Eleuterio Chávez, transcurrirá sus primeros años en un medio rural que nunca olvidará y que probablemente contribuirá a desarrollar su extraordinaria sencillez. De cuño yrigoyenista por vía paterna, y de tradición lópezjordanista por herencia de su abuela Martiniana, su primer formación en materia histórica estará teñida por las contradicciones existentes entre el relato histórico oficial proveniente de la “unanimidad  nacional” impuesta por la generación del 80 y los relatos familiares de raigambre orillera y campesina. Gracias al impulso de Fray Reginaldo Saldaña, el joven Fermín podrá cursar sus estudios en Córdoba y posteriormente perfeccionarse en filosofía en Buenos Aires y en teología en Cuzco. Regresará del Perú en 1946 para inmediata y definitivamente inmiscuirse en el clima político epocal. Sus lecturas de Santo Tomas de Aquino, Jacques Maritain, Garrigou de Lagrange, pero además, la de sus compatriotas Ramón Doll, José Luis Torres, Ernesto Palacio, Raúl Scalabrini Ortiz, Saúl Taborda, Nimio de Anquín, Leopoldo Lugones, Leopoldo Marechal y Enrique P. Osés, entrelazadas con las de Federico García Lorca, Pablo Neruda y Miguel Hernández irán configurando su pensar, y le permitirán ante todo, comprender cabalmente el sentido histórico de un peronismo que a su regreso, ya había accedido al poder. La concepción filosófica de Fermín Chávez está íntimamente vinculada a un historicismo cuyo supuesto esencial radica en que, “para estudiar cualquier ser colectivo sea que se considere o no a éste como un organismo, es indispensable conocer todos los elementos que la forman y sus modos de funcionar, con resultados varios en su vida anterior y su vida presente.” [1] El maestro entrerriano enseñará que “ninguna disciplina en particular proporciona un sujeto a la epistemología, ya que el sujeto no es el mismo en ontología, en lógica, en psicología, en ética y en estética. No hay tampoco, un ego epistemológico especifico.” [2]
En un ensayo de mi autoría que titulé “Las Manos de Fermín” sostuve en ese sentido que el “rescate integral e integrado de episodios y protagonistas obliterados por la historiografía oficial para Fermín, debía contribuir a superar ese verdadero desprecio por nuestro pasado, descrédito que según él emergió durante el siglo de las luces (Aufklärung), un período histórico donde se sobrestimó la capacidad una “razón humana” (que para muchos filósofos era “siempre idéntica a sí misma, igual en todos los hombres y en todos los tiempos” —y donde lo racional— debía “sustituir a lo real en tanto éste (lo real) era juzgado como producto absurdo de la historia” Cabe señalar que para los historicistas como Chávez la redención del “ser histórico” no perseguía fines meramente académicos —sino muy por el contrario— objetivos político culturales vitales en cuanto “lo pasado” es constitutivo de “lo presente” y determinante de “lo futuro.” [3] En relación a las afirmaciones precedentes cabe señalar que para quienes compartimos los presupuestos que nutren el Pensamiento Nacional, a mediados del siglo XIX, se consolidó en el poder de una elite que se propuso “civilizar” por la fuerza a los bárbaros propios. Civilizar significó lisa y llanamente desnacionalizar mediante la importación acrítica de ideas, conceptos, valores y productos culturales. No cabe duda alguna que la maniquea dicotomía Civilización o Barbarie selló una fuerte impronta fundacional en la formación del Estado argentino con posterioridad a Caseros, dicotomía por su parte que por antinatural -ya que los civilizados no eran tan civilizados ni los bárbaros, tan bárbaros- determinó la formación de una superestructura opresiva y en tanto alienante ya que implicaba trastornar supuestos culturales. Contra esa alineación emergieron, entre otros fenómenos, una corriente de pensamiento que se desarrolló vigorosamente durante el siglo pasado, pero que encuentra arraigo en los siglos anteriores, y en la que se inscribió el pensamiento de Fermín Chávez. Para Fermín, la importación a libro cerrado de la doctrina iluminista no sólo generó en el país un “un prejuicio moral y cultural” respecto a nuestras raíces indo–hispánicas, sino que además, a partir de tal influencia, empezó a germinarse dicha dicotomía donde lo bárbaro resultó paradójicamente lo propio y lo civilizado, lo ajeno. La idea de barbarie empezará a cobrar para nuestro maestro un sentido peyorativo hacia adentro trastornando los supuestos culturales “hasta el punto de hacerle creer a los nativos que nuestra civilización consistía en la silla inglesa y en la levita”. El iluminismo en nuestra región presupuso así una concepción naturalista y universalista de la sociedad “bajo la cual habría de sucumbir el ethos de nuestro pueblo y nuestra propia (…) germinación espiritual.” Según Chávez, este fenómeno de índole sociológico, al consolidarse en el tiempo mediante su instalación en los distintos estamentos del sistema educativo, fue transformándose en una deformación de índole ontológica, ya que ciertos preceptos y perjuicios se fueron expandiendo por vastos sectores de la sociedad. Por eso Fermín insistía que las crisis argentinas son primero “ontológicas, después éticas, políticas, epistemológicas, y recién por último, económicas“. En síntesis: una de sus principales líneas de investigación de nuestro maestro se orientó hacia el análisis de los mecanismos de coloniaje cultural y sus consecuencias, entre ellas, la disociación entre las elites “ilustradas” y el pueblo.
Para Fermín la resistencia contra esa opresión alienante emergió desde llano, desde el pueblo orillero, desde el subsuelo de la patria, desde las clases oprimidas y se expresó a través de la cultura popular. En ese orden de ideas Chávez comprendió, como pocos, que el Peronismo germinará en medio de una profunda revolución artística, ética y estética acontecida no solamente en nuestra patria sino también en Iberoamérica, y que en la Argentina tal convulsión fue la protagonizada por la llamada “Generación Décima”, progenie que reaccionó aguda y espiritualmente contra el coloniaje y se propuso la búsqueda de un sentido y destino colectivo. Se afirma en tal sentido, que “la revolución estética y el nacionalismo cultural se expresarán a través de una innumerable cantidad de artistas y autores, en todos los campos del quehacer estético-cultural” [4] La importancia de lo cultural en la construcción de lo autoconciencia nacional, serán vitales en su obra.
En momentos como los actuales donde muchos autores han orientado su lápiz hacia el análisis integral del peronismo –para quien les escribe– éstos serán fragmentarios e inconclusos si no se aborda íntegramente el corpus que constituye la producción de Fermín Chávez, reiterando en ese sentido que el entrerriano fue el más grande pensador que albergó el peronismo durante el siglo pasado y principios del que transcurre. Otro de los aportes vitales de nuestro maestro fue la valoración crítica de los aportes conceptuales de las distintas vertientes del nacionalismo argentino a la conformación de la doctrina nacional popular y humanista que nutrió al peronismo. El abordaje que Fermín realiza de la producción teórica del nacionalismo y su evolución hacia el “nacionalismo popular de cuño humanista” son imprescindibles no solamente para comprender al primer peronismo sino a aquella etapa de la historia argentina. Para finalizar, cabe reseñar que sus legados historiográficos fueron descollantes. No solamente los conocidos respecto al Chacho Peñaloza y a López Jordán, sino además los publicados respecto a José Hernández, Juan Manuel de Rosas y a distintos personajes obliterados de nuestra historia y de nuestra cultura. Su libro Vida y Muerte de López Jordán, constituye un antes y después en la historiografía entrerriana, y las consecuencias de este texto aún resultan admirables. Mientras ciertos “mandarines del saber” intentan imponernos “nuevos contenidos civilizatorios”, es buen tiempo para reencontrase con la obra de un paisano que nos enseñó sobre todas las cosas que, para plantarse firmemente en el suelo, hay que afinar primero la mente.


Notas
[1] Wenceslao Escalante: citado por Fermín Chávez: “La conciencia nacional; Historia de su eclipse y recuperación”. Editorial Pueblo Entero. Año. 1996.
[2] Fermín Chávez: “La conciencia nacional… Ibídem
[3] Francisco Pestanha: “Las manos de Fermín”. En www.nomeolvidesorg.com.ar
[4] Juan W. Wally: Generación de 1940: Grandeza y Frustración. Edit. Dunken. 2009


domingo, 29 de enero de 2012

Los novios asépticos de la revolución. Crítica de Arturo Jauretche a la izquierda cipaya

por Juan Godoy

“¡Estos novios que quieren casarse

con la revolución, y le piden certificado prenupcial!”

[Jauretche, Arturo. (2010). Prosa de hacha y tiza. Buenos Aires: Corregidor, página 85]



En el presente abordaremos la crítica que realiza Arturo Jauretche a lo que podemos denominar como una posición política de izquierda anti-nacional, la cual consideramos que es una categoría amplia, que pretende orientar para pensar la realidad política nacional, en ésta estarían inmersos tanto el tradicional Partido Socialista creado por Juan Bautista Justo, como el Partido Comunista, creado tiempo después de la Revolución Rusa, pasando por las divisiones, ramificaciones de esta izquierda (consideramos que en el discurrir del artículo quedará más clara la categoría). Aquí Jauretche excluye a la corriente de Izquierda Nacional (considerada por él como un ala del movimiento nacional), a la cual considera acertada en sus planteos, al tiempo que evade los “vicios” de la izquierda anti-nacional. Al respecto, un miembro de dicha corriente, Spilimbergo, sostiene que “Jauretche demostró desde los años ’50 una generosa simpatía hacia la corriente ideológica de la Izquierda Nacional, a la que en cierto modo dio su espaldarazo en declaraciones verbales, y sobre todo escritas” (Spilimbergo, 1985; 68) Así, el autor de Los profetas del odio y la yapa, realiza su crítica desde una concepción de pensar en nacional, entendiendo por ello, el pensar desde nuestra propia realidad, desde nuestras categorías, quitándonos las zonceras adquiridas por la colonización pedagógica, pensar desde nuestras problemáticas, desde el centro del planisferio, y no desde abajo y un rincón. Así, Carla Wainsztok argumenta al respecto que la originalidad de Jauretche (como la de otros: Martí, S. Rodríguez, etc.) implica “un cambio epistemológico que recupere las voces de aquellos que están al margen de la ciencia.” (Wainsztok, 2006) Este pensar en nacional aparece como fundamental en los países, como la Argentina, bajo una dominación semi-colonial, donde existe una cuestión nacional a resolver, así “pensar en nacional es, pues, en una semi-colonia como la Argentina, pensar revolucionariamente, cuestionando el orden impuesto por el imperialismo.” (Galasso, 2008; 10) La óptica desde donde se piensa es la de los sectores populares, procurando no crear caminos ajenos a la capacidad creativa de las masas. Aquí Norberto Galasso hace una llamada de atención pues cuando hablamos de un mentalidad nacional lo hacemos “en tanto anti-imperialista y ligada a nuestra realidad, pero no “nacionalista”, expresión de medievalismo y xenofobia; y “universal” en tanto progreso y avance de la humanidad en su conjunto, pero no “universalista” en el sentido de mentalidad colonial que asume servilmente las irradiaciones de los grandes centros imperiales” (Galasso, 2008; 23) (la diferenciación del nacionalismo en los países opresores y oprimidos ha sido tratada profundamente por Hernández Arregui sobre todo en ¿Qué es el ser nacional?, y en Nacionalismo y liberación). Asimismo resaltamos que el pensar en clave nacional no significa negar aportes surgidos en otras tierras, pero sí “tamizarlos” con nuestra propia realidad, abordarlos desde nuestra perspectiva, pues lo que hace que una idea sea nacional, o anti-nacional, exótica, es su correspondencia con la realidad nacional, no su origen. (Cooke, 2011) De esta forma, consideramos acertada la caracterización de Jauretche que realiza Horacio Pereyra “era, más bien, un empecinado difusor del ideario del nacionalismo popular y anti-imperialista, que actuaba coyunturalmente en apoyo de aquellos movimientos que, aún en su impureza doctrinaria o ideológica, más se aproximaran a sus principios políticos” (Pereyra, 1989; 50), complementada y precisada por César Díaz, que argumenta que el autor de Prosa de hacha y tiza se definía “como “nacional”, para sustraerse de las connotaciones que consideran a menudo al nacionalismo como “piantavotos”, reaccionario y ligado al catolicismo de derecha.” (Díaz, 2009; 26) Así, el pensar en nacional, implica la complementación, el pensar juntas la cuestión nacional y la cuestión social. John William Cooke sostiene que “en primer plano aparecen, indisolublemente unidas, la cuestión nacional y la cuestión social. Una no puede resolverse sin la otra”. (Cooke, 2011; 177) Esto último que resaltamos es una de las bases desde las cuales Jauretche se apoyará para realizar su crítica a las concepciones de izquierda anti-nacional, pues estos sectores políticos realizan su análisis de la realidad nacional a partir del posicionamiento en alguna de las vertientes en que se divide el mundo, reproducen los enfrentamientos a escala global en el propio terreno, así, según el escritor de Lincoln, se impide que lo social se identifique con lo nacional, se crean problemas marginales que dividen, y de esta forma no hay posibilidad de arribar a soluciones sociales por el único camino posible “la unidad vertical de los argentinos para las soluciones nacionales, que son soberanía, independencia económica y justicia social.” (Jauretche, 2010; 33). Son problemas abstractos que no permiten la unificación concreta.
En el esquema jauretcheano “la izquierda y la derecha no son generalmente sino distintos modos de eludir la “cuestión nacional”, en beneficio de intereses exteriores.” (Jauretche, 2008; 69). Nuestro autor está enfatizando aquí que el camino para emprender la liberación nacional en un país semi-colonial como la Argentina es la creación de un frente nacional que unfique a todos los sectores “nacionales” para enfrentar a la oligarquía y al imperialismo, la unificación de éstos bajo una línea nacional, que es la conciencia histórica de los argentinos. Estos sectores de izquierda abstracta actúan como oposición siendo el ala izquierda de la oligarquía, “tiene por misión distraer la opinión del pueblo, sacarla de sus verdaderos objetivos, actúa, generalmente, bien en el episodio, en la anécdota, en lo que no tiene trascendencia” (Jauretche, 2010; 61), de ahí que tengan lugar (muchas veces privilegiado) en la superestructura cultural de colonización pedagógica, de ahí que aparezcan en la prensa escrita, la televisión, la radio, etc., pues desvían la atención del pueblo de los problemas importantes para la realización nacional, de esta forma “al libro importado oponen otro libro importado, y los conflictos sociales y la teoría económica reposan para la “intelligentzia”, sobre presupuestos culturales igualmente ajenos al país sus hombres de la multitud.” (Jauretche, 2004b; 217)
Una de las claves en la crítica del autor del Manual de zonceras argentinas, sobre todo pensando en Juan B. Justo (pero vale para varios otros también), es la división que realiza éste entre la política criolla y la política científica, lo cual conforma la zoncera número 12 de aquel libro. Así en esta división, Juan B. Justo establece que “todo lo que venía de afuera era científico y lo que nacía adentro anti-científico, es decir, criollo.” (Jauretche, 2004; 88). Así, los trabajadores que consideraba en “condiciones científicas” eran tan sólo unos pocos inmigrantes, y las inmensas masas criollas eran anti-científicas, “el sindicalismo de importación fue incapaz de comprender los problemas del proletariado nacional y se redujo a sectores obreros calificados, o al proletariado extranjero que transfería su problema al país.” (Jauretche, 2008; 50). También, al partir de este esquema dicotómico, Juan B. Justo dirigía la política del Partido Socialista en contra de la protección aduanera y de la intervención estatal para el desarrollo industrial, pues seguía la idea que el socialismo en los países centrales había desarrollado, estableciendo que la división internacional del trabajo redundaba en beneficio a los trabajadores. De esta forma, abortó todo entendimiento con el sujeto que podía ser revolucionario en nuestras tierras, a la vez que se opuso a toda posibilidad de desarrollo industrial, que era el que podía generar una clase trabajadora, un proletariado industrial, “no pudo hacer socialismo con los trabajadores existentes porque eran anti-científicos y se opuso a la creación de una industria que pudiera generar trabajadores científicos.” (Jauretche, 2004; 89). Coincidía así la “izquierda”, con la “derecha liberal” (y las potencias imperiales) en los supuestos beneficios del libre comercio. Pues, “los ideólogos de la derecha liberal y de la izquierda están enfrentados, pero enfrentados fuera del país; en el país mismo, como ideólogos están de acuerdo en un punto común: el país es el sujeto básico de su tarea civilizadora.” (Jauretche, 2004b; 219) Esta zoncera, que establece una división entre política criolla y política científica, encuentra su fundamento en la madre de todas las zonceras, a saber: Civilización y barbarie, es una nueva forma de establecer la preeminencia de lo ajeno, exótico en detrimento de lo propio, conformando así una intelligentzia que piensa desde esquemas extraños, dado que “la mentalidad colonial enseña a pensar el mundo desde afuera, y no desde adentro.” (Jauretche, 1983; 112) Aritz Recalde establece certeramente la relación entre la producción del pensamiento nacional, pensamiento anti-nacional, colonial y la dependencia en los países oprimidos, argumentando que “en las naciones del Tercer Mundo el Pensamiento Nacional discute el fenómeno de la Dependencia, que es una condición económica, social, política y cultural estructural de nuestros países que impide la consumación de la nacionalidad y obstaculiza cualquier tipo de desarrollo independiente y sustentable en nuestros Estados. Por el contrario, el pensamiento y la producción intelectual cuya función es planificar, implementar y justificar el programa de la dependencia, es denominado como Pensamiento antinacional, colonial o neocolonial.” (Recalde, s.f)Existe, de esta forma, una estrecha relación entre este tipo de pensamientos de “izquierda” y una idea de ciencia. Pues se basan, para el análisis de la realidad en esquemas teóricos exóticos, y cuando la realidad no se encuentra en éstos, procuran adaptar la realidad a sus esquemas, en lugar de hacer lo contrario, “en lugar de intentar la construcción del socialismo criollo, reclama primero que el país deje de ser criollo para que sea socialista” (Jauretche, 2008; 55), así nuestro autor sostiene que tanto en el ’16, como en el ’45, cuando las masas irrumpían fuertemente en la política nacional, los hombres de izquierda, cientificistas decían “ganan, pero no es científico” (Jauretche, prosa, 80). Él les pedirá “¡humildad, humildad, y menos cientificismo y mejor conocimiento de la realidad!” (Jauretche, 2010; 85)
Hernández Arregui establece con respecto a la relación de la interpretación del pasado y del posicionamiento político en el presente que “hay una relación directa entre la interpretación de la historia nacional y la acción práctica de un partido político. Es ya notable que la historia de la Argentina sustentada por el comunismo sea sin variantes la misma que ha puesto en circulación la oligarquía liberal.” (Hernández Arregui, 2004; 98) Jauretche va a sostener la existencia de una corriente de interpretación de la historia que es el mitro-marxismo, personajes que desde una postura de izquierda realizan una interpretación histórica con rasgos similares a la desarrollada por Bartolomé Mitre, “las llamadas izquierdas tuvieron en materia histórica la misma incomprensión de los fenómenos locales que tuvieron para lo social, económico y cultural (…) han sido solidarias sostenedoras de la historia falsificada (…) por su formación intelectual han sido tan anti-nacional, como la oligarquía por sus intereses” (Jauretche, 2008; 50-51). Al respecto de dicha corriente historiográfica liberal de izquierda o mitro-marxista, Norberto Galasso argumenta que “la historia oficial ha generado, hace unos años, una variante conformada por historiadores vinculados a los partidos socialista y comunista. Sometidos ideológicamente al liberalismo conservador (…) estos historiadores se limitaron a celebrar a los mismos próceres y maldecir a los mismos réprobos que eran celebrados y maldecidos por la historia oficial. El tono distintivo de su izquierdismo sólo estuvo dado, en algunos, en el empleo de la fraseología marxista, aunque vaciada, por supuesto, de todo contenido.” (Galasso, 1999; 29) Para finalizar, sostenemos que estos aportes de Jauretche, a la cuestión de las izquierdas en la Argentina, nos permiten tener una visión que orienta la interpretación de la misma. Asimismo, resaltamos que la crítica es a un marxismo que podemos denominar ortodoxo, ligado a los dictados de los países centrales, pero no una crítica a toda interpretación desde el marxismo, damos cuenta de ello al observar la simpatía sobre la corriente de izquierda nacional, y su interpretación histórica (más allá de algunas diferencias) que profesa Jauretche. Su biógrafo, Norberto Galasso, argumenta al respecto que cuando el escritor de Lincoln revisa la cuestión de las izquierdas “lo hace desde una perspectiva revolucionaria, sin pizca de maccarthysmo y reprochándole a ésta, no sus reclamos de transformación social, sino precisamente el papel reaccionario que ha jugado en la política concreta, como ala izquierda de la oligarquía.” (Galasso, 2005; 217) Desde nuestra visión, el pensamiento del escritor de El Medio pelo en la sociedad Argentina, en toda su extensión es profundamente político, en el sentido de pensar (o ayudar a hacerlo) la realidad actual, nuestra. En el pensar en nacional que nos propone no hay un nacionalismo reaccionario que hace a un lado toda idea ajena al discurrir nacional, sino que juzga a las mismas según su adecuación y pertinencia en relación a la problemática nacional. Evade así, los caminos esquivos a los problemas nacionales (en vinculación a los sociales), ya sean que escapen por el lado izquierdo, o por el derecho. Esta última idea nos lleva a preguntarnos: ¿acerca de qué tipo de nación estamos hablando?, ¿quiénes son los sujetos que la componen, la dirigen, etc.? Aquí la noción se encuentra estrechamente vinculada al pueblo. Nación aparece como pueblo en una construcción que no permite la existencia de uno sin el otro, “lo nacional está presente cuando está presente el pueblo y a la recíproca, sólo está presente el pueblo cuando está presente lo nacional.” (Jauretche, 2008; 49). Por último, ahora sí, resaltamos la relación que pone de relevancia nuestro autor, entre la historia y la política, el cómo la interpretación del pasado nacional se liga con el accionar político, y damos cuenta en relación a este aspecto que las izquierdas anti-nacionales argentinas han sido parte de la misma interpretación histórica que la oligarquía, de ahí (al menos en parte) su accionar político.

Bibliografía citada
-Cooke, John William. (2011). Obras Completas, tomo V. Buenos Aires: Colihue
-Díaz, César L. (2009). Combatiendo la “ignorancia aprendida”. La prédica jauretcheana en la Revista Qué 1955-1958. Buenos Aires: Edulp.
-Galasso, Norberto. (1999). De la historia oficial al revisionismo Rosista. Corrientes historiográficas en la Argentina. Cuadernos para la Otra historia Nº 1. Buenos Aires: Centro Cultural Enrique Santos Discépolo.
-Galasso, Norberto. (2005). Jauretche y su época. La revolución inconclusa, 1955-1974. Tomo II. Buenos Aires: Corregidor.
-Hernández Arregui, Juan José. (2004). La formación de la conciencia nacional. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente).
-Jauretche, Arturo. (1983). Filo, contrafilo y punta. Buenos Aires: Peña Lillo.
-Jauretche, Arturo. (2004). Manual de Zonceras Argentinas. Buenos Aires: Corregidor.
-Jauretche, Arturo. (2004b). Los Profetas del Odio y la Yapa los profetas. Buenos Aires: Corregidor.
-Jauretche, Arturo. (2008). Política nacional y revisionismo histórico. Buenos Aires: Corregidor.
-Jauretche, Arturo. (2010). Prosa de hecha y tiza. Buenos Aires: Corregidor.
-Pereyra, Horacio J. (1989). Arturo Jauretche y el bloque de poder. Buenos Aires: Centro editor de América Latina.
-Recalde, Aritz. (s.f.). ¿Qué es el pensamiento nacional? Cuadernos de trabajo del Centro de Estudios Hernández Arregui, Nº1.
-Spilimbergo, Jorge Enea. Desmontando por izquierda. En Parcero Daniel (Comp.). (1985). Cabalgando con Jauretche (pp. 67-72). Buenos Aires, Roberto Vega.
-Wainsztok, Carla. (2006). Descolonización Pedagógica. En Cuadernos para la Emancipación Nº 29, Buenos Aires, Agosto del 2006.







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