viernes, 2 de noviembre de 2012

La Fragata Libertad y la dignidad nacional

por Aritz Recalde
1 de noviembre de 2012


“Lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”. José de San Martín

La detención de la Fragata Libertad por el accionar de los especuladores bursátiles norteamericanos, muestra la impunidad con la que siguen actuando los factores de poder financiero. Estos mismos intereses, son los que están demoliendo a gran parte de Europa, continuando con las recetas económicas que destruyeron Latinoamérica. Frente al accionar de los especuladores financieros, se suma la preocupante actitud de algunos dirigentes partidarios y de periodistas, que defienden públicamente a los bonistas en nombre de la necesidad de “honrar las deudas”. Para tal gravosa actitud, arguyen que el problema de fondo no es la detención ilegal e ilegítima de la Fragata, sino que el verdadero drama, estriba en que la Argentina no reconoce los derechos de los especuladores que no adhirieron al canje de Deuda. De esa manera, los periodistas se debaten sobre la “vergüenza” que les da formar parte de la “Argentina deudora”.

Frente a semejante acto de atropello que implicó la detención de la Fragata, es bueno preguntarse qué ocurriría si un barco militar de los Estados Unidos -que es el país con mayor deuda externa del planeta-, es detenido por un Juez argentino como resultante de una demanda de un extranjero. Para poder adelantar una “potencial contestación” de los norteamericanos, vamos a comentar un altercado ocurrido hace un tiempo en las Islas Malvinas. Tal cual lo relató José María Rosa, en el mes de diciembre del año 1831 las Islas Malvinas estaban bajo la égida del gobierno argentino, por intermedio de la comandancia de Luis Vernet. Por una disposición legal de nuestro país, estaba regulada la “pesca de anfibios” y se incluyó un impuesto a los buques pesqueros que operaban en la zona. Vernet detuvo algunos buques pesqueros de bandera norteamericana, con la finalidad de dar cumplimiento a la legislación nacional. Para evitar practicar las leyes argentinas, el cónsul norteamericano en Buenos Aires, George W. Slacum, mandó a las Malvinas la corbeta de guerra Lexington. El barco ingresó a Puerto Soledad, detuvo a los colonos de la isla y destruyó y saqueó las propiedades de nuestros compatriotas, que fueron arrestados ilegalmente para ser trasladados a Montevideo. Con esa agresión, los norteamericanos obtuvieron la libertad para "pescar tranquilamente" en las Malvinas. En esa fecha, Balcarce cumplía un interinato en el gobierno y en representación del país, protestó frente a los Estados Unidos “por una conducta tan opuesta al derecho de la naciones como contraria a las relaciones de amistad y buena inteligencia que conservan ambas Repúblicas”. Reincorporado en el poder y cuestionando la gravosa tropelía, Juan Manuel de Rosas declaró persona “no grata” al nuevo Ministro norteamericano en Buenos Aires, Francis Baylies, que se retiró del país en septiembre del año 1832, aconsejando que “los Estados Unidos declarasen la guerra al insolente gobierno de Buenos Aires”. Frente a la agresión norteamericana, Rosas mantuvo acéfala la representación de la Argentina en Washington hasta el año 1838, en el que se nombró a Carlos María de Alvear con instrucciones de “entenderse directamente con la Secretaria de Estado” sobre la reclamación por el atropello. (José María Rosa, Historia Argentina, Tomo 4, Ed. Oriente, pp. 187-189)

Tal cual se lee, parece que algunos empresarios norteamericanos están acostumbrados a no cumplir las leyes y a realizar abusos contra la soberanía de los países. Por suerte para la dignidad nacional, tanto Juan Manuel de Rosas como el gobierno actual, no están dispuestos a negociar frente a la presión y a la prepotencia de los grupos económicos extranjeros y tal cual estableció Cristina Fernández de Kirchner, “se podrán quedar con la Fragata, pero no con la libertad, la soberanía y la dignidad de este país. No se va a quedar con eso ningún fondo buitre, ni nadie".







Hernández Arregui y la revalorización de la cultura nacional en los procesos de liberación nacional

por Juan Godoy

“América Latina/ Tiene que ir de la mano/ Por un sendero distinto/ Por un camino más claro/ Sus hijos ya no podremos/ Olvidar nuestro pasado/T enemos muchas heridas/ Los latinoamericanos” (Venas Abiertas. Por M. Schajris – L. Sujatovich )


Pasada la primera década del siglo XXI, años que resultan auspiciosos para el conjunto de países que conforman la gran nación latinoamericana inconclusa, consideramos que la figura de uno de los más importantes pensadores nacionales del siglo XX, Hernández Arregui, se encuentra en lenta pero constante re-valorización, en consonancia con los cambios que se vienen dando en nuestro continente. La reedición de sus obras por más de una editorial puede considerarse parte de este proceso. Sus obras habían sido reeditadas también en los primeros años de los 70’s, época de convulsiones, de esperanzas de cambios, y de sueños de Patria Grande. Arregui parece volver con los procesos transformadores de la realidad nacional. No sesgamos aquí la valorización de la obra que realizaran (y algunos continúan realizándolo) pensadores como Jorge Abelardo Ramos, Carlos Piñeiro Iñíguez, Norberto Galasso, etc., pero las mismas no dejaban de ser, lamentablemente, voces marginales dentro de la superestructura cultural de colonización pedagógica. Estas hoy, vuelven a escucharse y a iluminar la figura de Don Juan José con más fuerza.

La dificultad de explicar nuestros procesos emancipadores latinoamericanos con teorías importadas, ajenas a nuestra realidad nacional puede ser una de las razones que podemos encontrar en esta “vuelta” al Pensamiento Nacional y a la figura de Hernández Arregui. El pueblo en lucha  se pregunta por el pasado, busca entonces en las producciones que le permitan dar cuenta del mismo, entender el presente, para proyectase hacia el futuro. En esta búsqueda, indefectiblemente se cruza con la cultura nacional. En esa línea, procuraremos en el presente indagar acerca de las conceptualizaciones de Hernández Arregui de la cultura nacional, y el lugar preeminente que le otorga al rescate de la misma para los procesos de liberación nacional.

Comencemos nuestro recorrido considerando cómo considera el autor de Peronismo y socialismo, a la cultura: “el conjunto de bienes materiales y simbólicos que conforman la identidad de un grupo social. Dichos bienes materiales y simbólicos se organizan como valores colectivos que son transmitidos por intermedio del lenguaje y se expresan como conciencia a partir del cual el hombre actúa e interpela el medio” . La cultura es una categoría eminentemente política. En la concepción de Hernández Arregui hay una revalorización de la cultura nacional, que es la cultura popular. Lo nacional y lo popular en nuestro autor no son escindibles si se pretende avanzar en la liberación nacional, por eso establece que “toda cultura se inspira en el pueblo y en su ámbito geográfico y espiritual. Invertir el proceso genético, como lo ha hecho (…) la intelectualidad más visible de Buenos Aires, es adulterar el país” . La cuestión nacional y la cuestión social encuentran entonces una unidad, no hay una sin la otra. Hay entonces una crítica a la “cultura dominante”, a la superestructura cultural que se impone mediante el aparato de colonización pedagógica. La cultura nacional aparece en la pluma de Hernández Arregui como “base espiritual del país, es sin que se anulen en su seno las oposiciones de clase, participación común en la misma lengua, en los usos y costumbres, organización económica, territorio, clima, composición étnica, vestidos, utensilios, sistemas artísticos, tradiciones arraigadas en el tiempo y repetidas por las generaciones; bailes, representaciones folklóricas primordiales, etc. (…) una cultura nacional es aceptación común de esas creaciones populares”, son creaciones colectivas, geminadas en un paisaje y en la asociación de símbolos históricos que dan forma a características espirituales de la comunidad entera. La cultura es creación, resistencia y asimilación. La cultura nacional-popular, al consolidarse en una perspectiva histórica, se convierte en conciencia nacional, que sirve al pueblo para oponerse al vasallaje y la expoliación. Así, opone en toda su obra dos tendencias: la identidad nacional, como identidad del pueblo argentino y latinoamericano, contra la identidad de las clases dominantes, la oligarquía, ligada a las potencias imperiales. Hay una puja constante, pues las clases dominantes tienen una posición privilegiada, en tanto poseen los medios para esparcir por todo el tejido social su visión de nuestro pasado nacional, de nuestras luchas, del lugar de nuestro país en el mundo, etc. El imperialismo cumple aquí el papel de disolvente de las culturas autóctonas.

Hernández Arregui va a desarrollar la noción de conciencia nacional, que es la lucha del pueblo argentino por su liberación, lo nacional entendido como popular. Entonces, la conciencia nacional se relaciona estrechamente con la valorización de la cultura nacional, pues sabemos que su rescate es parte de la lucha del pueblo contra la oligarquía y los agentes imperiales.

Arregui considera que con la disolución del imperio español, y la aparición fuerte de la cultura francesa y británica en la cultura argentina (posteriormente también con la yanqui), nuestras clases dominantes se distancian y diferencian cada vez más de los sectores populares, que se encuentran anclados a nuestro suelo, forjando así en su interacción, la cultura nacional. Son estos sectores populares entonces los constructores de la cultura nacional. No se trata aquí de un rescate que podríamos considerar reaccionario, más bien es la búsqueda de puntales donde se asienta la cultura propia, que nos otorga rasgos distintivos como comunidad autónoma. Los procesos emancipadores no deben negar el pasado, ni la cultura nacional, sino que deben nutrirse de los mismos. De ahí la importancia otorgada por Arregui al revisionismo histórico, a la revisión de nuestro pasado nacional en clave nacional, desde las masas populares.

La realidad nacional tiene que ser abordada desde una perspectiva eminentemente nacional y latinoamericana, “mirar la realidad con nuestros propios ojos” y en base a nuestros propios intereses. Dejar de lado la veneración por lo ajeno, y hacernos cargo de nuestro propio legado histórico, por esto puntualiza que “el error de las capas intelectuales enajenadas a Europa es pensar la realidad colonial a través de sistemas de pensamiento germinados en otros ámbitos históricos (…) adecuar sin crítica métodos y filosofías europeos a la situación colonial, es carencia de sentido histórico." No se trata de desdeñar todo pensamiento no realizado dentro de la geografía latinoamericana, sino incorporar concepciones realizadas en cualquier lugar y tiempo, pero no acríticamente, sino “tamizándolas” con nuestra propia realidad, e incorporándolas de acuerdo a nuestras necesidades. La cultura nacional actúa en la concepción de Hernández Arregui como una herramienta de defensa de los pueblos. El imperialismo conjuntamente con la oligarquía apuntó a “reforzar la conciencia falsa de lo propio y desarmar las fuerzas espirituales defensivas que luchan por la liberación nacional en los países dependientes.”

Hernández Arregui participa del grupo CONDOR (Centros Organizados Nacionales de Orientación Revolucionaria), junto a Ortega Peña, Luis Duhalde, Ricardo Carpani, entre otros. Aparecido en el año 1964, hace a mediados de dicho año un acto en conmemoración de Felipe Varela y la Unión Latinoamericana, colgando sobre un monumento a Bartolomé Mitre ubicado en Plaza Francia un retrato de Felipe Varela. El representante de la Argentina oligárquica extranjerizante, semi-colonial, pro-británica; contra el caudillo popular, representante del Interior, de las tradiciones populares, latinoamericanista. Dan a conocer ese día un manifiesto redactado por Hernández Arregui que establece en el plano de la cultura que el grupo CONDOR “enjuicia en todos los terrenos la cultura colonial… Postula no solo la crítica al colonato mental, sino la urgencia de reencontrar las raíces y fundar las premisas de una cultura nacional como muralla defensiva contra la penetración extranjera”. Un elemento definitorio de la cultura, entonces, es la voluntad defensiva contra lo extranjero.

La cuestión de la cultura nacional es vinculada en su diferenciación de los nacionalismos de los países centrales, desarrollados imperialistas el cual es caracterizado como reaccionario; y el nacionalismo de los países del tercer mundo, sub-desarrollados, coloniales o semi-coloniales el cual es caracterizado (si es dirigido y/o apunta al pueblo) como popular y revolucionario en su defensa de la soberanía contra el avance imperial, defiende al mismo tiempo la cultura nacional, las características propias como pueblo. Al mismo tiempo, considera que la estructura económica crea formas de alienación cultural. Del desconocimiento del sometimiento económico surgen concepciones que niegan el sustrato profundo. Es la visión deformada de la oligarquía porteña, de la ciudad-puerto que verá en la industrialización, en los sectores obreros que esta trae aparejada un riesgo que amenaza sus intereses, “esta intelligentzia (…) por la doble gravitación de la oligarquía y el imperialismo, no cree en lo nacional”

En esta búsqueda del imperialismo de reforzar la conciencia falsa y eliminar las posibilidades de defensa, es de suma importancia la superestructura cultural que apunta al sometimiento. Por eso, otorgará gran importancia a las manifestaciones culturales desde la literatura hasta el arte. Con respecto a la primera, va a rescatar a los escritores que le den visibilidad a los hombres del país, a los sectores populares, a personajes característicos de nuestro suelo. En relación al arte, Arregui rescatará a artistas como Juan Manuel Sánchez, Pascual Di Bianco, y sobre todo a Ricardo Carpani, quien ilustra las tapas de algunos de sus libros. Éste prologará un libro del muralista argentino, llamado “la política en el arte”. La obra de Carpani  da lugar a los sectores populares, a los luchadores sociales, pone el arte al servicio de las masas, del caballete pasa a las calles, con murales, afiches, etc. “un arte nacional no significa cerrazón frente a Europa, sino en la medida en que lo extranjero penetra y disuelve, a través de la colonización mental de la clase dirigente, el patrimonio intransferible y colectivo de la propia cultura nacional. Cultura es resistencia, pero también asimilación (…) el arte no escapa a la política”. Considera que los artistas, su obra, no depende de un público “popular”, de las masas de trabajadores y desocupados, lo cual hace que de difícil la supervivencia a los artistas disonantes de la superestructura cultural, al mismo tiempo que moldea sus estilos artísticos. El arte nacional debe vincularse a la realidad latinoamericana, a las masas populares, en su sentir y en sus tradiciones culturales asociadas a la lucha.

Hernández Arregui va a hacer una fuerte crítica a los sectores medios colonizados pedagógicamente, que en lugar de acercarse a los sectores populares, y por miedo a éstos, terminan siendo cómplices de la estructura semi-colonial, “la clase media, convencida de su independencia, justamente porque carece de ella, se cree depositaria de valores universales, sin comprender que detrás de ellos están los intereses particulares de la burguesía. El pequeño burgués (…) piensa siempre en términos absolutos (…) su minúscula situación social le hace perorar con frases de gigante”. Los sectores medios, más permeables al sistema de valores de las clases dominantes observan sus intereses particulares como universales. Los caracteriza como “clase media… media revolucionaria… media intelectual… media nacional…. Por ello participa, cree y descree, se asume y no se asume, es peronista y critica al peronismo, es socialista y le asustan los obreros”. Fruto de estas características particulares, desdeñan lo nacional, lo popular, por seguir la “última moda extranjera” (europea o norteamericana). Como resultado tampoco será original, sino que aparenta, imita, pues “la posibilidad de adquirir una cultura superior, robustece esta tendencia a trasvasar la propia posición de clase en una actitud mental que acentúa su separación del pueblo, es decir, de sus cercanos orígenes. En esta dualidad se funda ese amaneramiento ceremonioso (…) y que consiste en la parodia de otros estilos de vida y en la manía del filisteo de concurrir a exposiciones, conferencias, etc., en busca de distinción."
Cuando hablamos de nacionalismo y de cultura nacional en Hernández Arregui, estamos pensando en no ceñirnos a las fronteras nacionales, sino a la unidad latinoamericana. Esta unidad que no se basa solamente en la cuestión geográfica, sino que también se relaciona con lo espiritual. Piñeiro Iñiguez considera que “aunque parezca paradójico, la cultura aparece antes y después de la nación, como su fermento y como su derivado” . La búsqueda de la cultura, la unidad se observa en el sistema homogéneo de símbolos artísticos, idiomáticos, religiosos, míticos, étnicos que le dan coherencia cultural, “el gradual crecimiento de nuestra conciencia cultural, fluctuante entre estas tensiones del espíritu, nos conducirá a sentirnos no extraños a Europa, pero en lo esencial, no europeos” .

En los países coloniales o semi-coloniales, la valoración y la defensa de la cultura nacional-latinoamericana, forjada por el pueblo en lucha por la liberación nacional, por la conformación de una conciencia nacional, es de suma importancia para enfrentarse al imperialismo y a sus aliados internos. Enfrentarse entonces también a partir de la generación de herramientas propias para la defensa y el avance en la construcción de un proyecto de nación disonante de las naciones opresoras. El camino emprendido por los pueblos en esta segunda década del nuevo siglo, no deja lugar a dudas que para alcanzar la segunda y definitiva independencia, los pueblos, las naciones que todavía encuentran su cuestión nacional irresuelta, que no están plenamente desarrollados, no encontrando así independencia plena, no pueden perderse en la imitación, en modas, en falsas posturas, o en sueños ajenos, sino que la senda, bajo la concepción de Hernández Arregui, la senda está en resistir, crear los propios caminos en relación estrecha con el conocimiento de la propia historia.






































El recuerdo de Hernández Arregui: un emblema del Pensamiento Nacional

por Norberto Galasso

Se cumplieron 100 años del nacimiento de una figura central del pensamiento nacional.

Nació en Pergamino, un 29 de octubre de 1912. En la semicolonia británica –"el granero del mundo"– lo atrapó desde muy pequeño la superestructura cultural que la clase dominante ha venido montando desde la presidencia de Mitre: la historia mitrista, las fábulas económicas del liberalismo, geografías exóticas y lejanas, en fin, el enciclopedismo que enseña cuanto existe en el universo menos que su Patria está destinada a proveer cereales y carnes baratas al Imperio.

Su iniciación en política –según sus propios recuerdos– se produce a los 18 años cuando "siendo un adolescente, abracé la causa antiimperialista y anticonservadora que no he abandonado ni abandonaré jamás". Por entonces (1933), desintegrada su familia pues su padre los ha abandonado muchos años atrás y su madre ha fallecido, se traslada a Villa María, Córdoba, a la casa de un tío irigoyenista. Consecuente, que pertenece a la intransigencia nacional y tiene por caudillo al Dr. Amadeo Sabattini, quien se halla rodeado de un grupo de radicales jóvenes que reciben el apodo de "los radicales 'rojos' de Córdoba". Ya por entonces incursiona en la literatura y escribe un libro de cuentos, Siete notas extrañas, merced al cual recibe un elogio entusiasta del poeta Nicolás Olivari. Luego, en 1938, pasa a Córdoba donde su fervoroso irigoyenismo empieza a combinarse con el marxismo que recibe en las clases de un socialista exilado: Rodolfo Mondolfo. A partir de allí, a sus treinta años, inicia el intento de compatibilizar o sintetizar la tradición popular de las masas seguidoras de Don Hipólito con las ideas del socialismo científico, en una mezcla –como la definiría Homero Mazi– "pampeanamente rara de Yrigoyen y Marx".
Así, mientras cursa Filosofía y Letras, en la Universidad de Córdoba, se nutre de los libros de Scalabrini Ortiz y los cuadernos de FORJA, al tiempo que lee a los clásicos del socialismo, se introduce en literatos y filósofos europeos como asimismo en libros de revisionismo histórico, aunque manifiesta una posición crítica respecto de Rosas. A estas diversas influencias se agrega, por entonces, la creciente importancia del coronel Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión y los sucesos del 17 de octubre.

Constituida la "Unidad Democrática", Juan José interviene en la convención radical del 29/12/45 donde condena el contubernio organizado y bendecido por el Embajador norteamericano Braden. Cuando llega el 24 de febrero de 1946, vota a Perón para Presidente, pero expresa su origen radical votando a Sabattini para gobernador de Córdoba. En 1947, ya casado con Odilia Giraudo, pasan a residir en Buenos Aires.

De sus lecturas y sus polémicas obtiene la conclusión de que siendo marxista y considerando al proletariado el sujeto histórico revolucionario, debe también ser peronista, pues los obreros apoyan abrumadoramente a Perón. Después lo explicará así: "Soy peronista porque soy marxista."

Entre 1946 y 1955 dicta cátedras y lo trasladan de un empleo a otro, pues no obstante su afirmación peronista, por su condición de hombre de izquierda es víctima del maccarthysmo de algunos burócratas. Jauretche trata de consolarlo: "Qué va a hacer, tenemos abismos porque tenemos cumbres." En esos años, ha venido estudiando la superestructura cultural de la semicolonia, partiendo de la tesis de Marx de que "las ideas dominantes en una sociedad, son las ideas de la clase dominante". De ese estudio brota, en 1957, ya derrocado Perón, su libro Imperialismo y cultura, una severísima crítica a la cultura semicolonial vigente. Con ese libro, dirá: "Los cocino a los intelectuales del sistema en su propia salsa." El ensayo es la más profunda y demoledora crítica a la superestructura cultural oligárquica y por eso "importó mi funeral intelectual y por ser argentino, mereció los más grandes elogios y el más grande silencio... Ese libro me creó odios definitivos... Se me cerraron todos los caminos." Existía ya la televisión pero los periodistas afirman que desde esa fecha hasta su muerte, en 1974, su imagen no aparecerá jamás en las pantallas televisivas. Por entonces, ya se define como un hombre de izquierda nacional interna al peronismo.

En 1960 publica su segundo libro, La formación de la conciencia nacional, implacable análisis del nacionalismo oligárquico y de la izquierda antinacional, como así también reivindicación de FORJA, del peronismo y de la izquierda nacional. Pero no sólo recurre al libro sino también a la conferencia, a la polémica, al artículo en periódicos y revistas de azarosa vida, pero "sigue cercado por un silencio concertado" que lo convierte en un "maldito".

Arregui apoya con fervor al peronismo y le reconoce su progresividad histórica, pero –a largo plazo– no cree en la posibilidad de un capitalismo nacional autónomo. En esa época debate con el Partido Socialista de la Izquierda Nacional respecto de si la izquierda nacional debe ser interior o exterior la peronismo. "Debe hacerse desde adentro para no perder contacto con los trabajadores", sostiene. "Debe ser desde afuera", sostiene Ramos, que proviene de los orígenes de la izquierda nacional expresados en 1945 por el grupo Frente Obrero, la única expresión política de izquierda que acompañó a los trabajadores en el 17 de octubre. Desde aquel momento esta izquierda nacional sostuvo la necesidad de "golpear junto con el peronismo, pero marchar separados", resguardando su independencia ideológica, política y organizativa.
Arregui insiste en crear centros apartidarios de izquierda nacional en todo el país, no ceja en su prédica de trabajar por abajo, por fuera de los medios hostiles y el enemigo lo juzga tan peligroso que sufre varias detenciones. Luego, publica ¿Qué es el ser nacional? (1963), pronunciándose a favor de la unión latinoamericana y dando sus fundamentos. Más tarde, crea el grupo Cóndor, donde acentúa su definición socialista. Al respecto, Cooke no lo integra y le explica: "El intelectual mira lejos, su propuesta es estratégica; pero el político debe contestar todos los días, en la coyuntura y la lucha de clases en la Argentina pasa por el peronismo."

Con el Cordobazo, Arregui lanza Nacionalismo y liberación, un nuevo aporte para forjar una verdadera izquierda, con obreros, dentro del movimiento nacional. En esa época, en medio del silencio de que es objeto, le llega un reconocimiento importantísimo: "Ningún argentino debería dejar de leerlo y toda la juventud de nuestro país debería tenerlo en la cabecera y estudiarlo profundamente." Así se lo expresa, en una carta, el desterrado Juan Perón.

Pero no sólo da conferencias y publica, cuando puede, sino que su espíritu militante lo lleva pelear en todos los frentes, inclusive el militar, donde se constituye en el ideólogo de un grupo de 40 oficiales encabezados por Julián Licastro, tentativa que se frustra cuando son descubiertos y dados de baja.

Ya en los '70, prosigue su polémica. Ahora le dice a Enrique Rivera, un hombre de Frente Obrero: "La posibilidad de un partido obrero independiente no se ha cumplido y la razón está en que el Movimiento Nacional Peronista, cosa que usted no parece ver, con todas sus contradicciones, va en camino de serlo." Como expresión de esta concepción, publica, en 1971, Peronismo y socialismo, donde afirma: "Toda guerra de liberación, más allá de sus contradicciones de clase, por la participación de las masas populares, es presocialista", y de allí deduce que el futuro será protagonizado "por un partido revolucionario, ideológicamente radicalizado con una vanguardia aguerrida, íntimamente ligado a sus sindicatos combativos, levantando banderas antiimperialistas y socialistas". A esto agrega que "el peronismo debe realizar un cambio revolucionario en los cuadros, una depuración interna". El enemigo no le contesta con ideas sino que, estando el libro en impresión, dos kilogramos de genilita hacen explotar su departamento de la calle Guise, dejando gravemente herida a su esposa.

Después del triunfo del 11 de marzo de 1973, Arregui continúa apoyando el proceso de masas, pero las contradicciones internas del peronismo hacen crisis, especialmente después de la muerte de Perón. Publica entonces las revistas Peronismo y socialismo, y luego Peronismo y liberación, alertando, en trágica profecía, que debe evitarse el golpe de Estado que instauraría una dictadura sanguinaria. Ya él mismo aparece en una lista de políticos a ejecutar por las Tres A: Julio Troxler, Atilio López, Rubén Sosa, Hernández Arregui... El 16 de septiembre del '74 asesinan a Atilio López, cuatro días después matan a Julio Troxler. Con enorme esfuerzo se decide a exilarse. Pero viaja a Mar del Plata para alertar a Rubén Sosa de que corre peligro y allí le contesta a un joven montonero que le inquiere sobre el futuro argentino: "Por primera vez en mi vida, no tengo respuesta...". Horas después lo voltea un síncope fulminante. Es el 22 de septiembre de 1974, junto al mar.

Con su muerte, desaparece uno de los mayores intelectuales que tuvo el movimiento nacional en el siglo XX. Así nos abandona pero nos deja sus libros que resumen su convicción profunda en "la confederación iberoamericana, la liberación nacional y con la construcción del socialismo, que están en nuestras manos... Porque sólo el hombre es capaz de mirar lejos, sólo el hombre es capaz de lograr lo grandioso".

Una tormenta perfecta

por Jorge Rachid

Esa definición alcanzó hace poco tiempo, en el comando conjunto de los grupos hegemónicos concentrados de poder económico y relaciones internacionales que operan en nuestro país, dependientes de las directivas del Grupo de los 8, como poder imperial, en su estrategia de desplazar del poder político al peronismo, que desde el año 2003 amenaza sus bases de sustentación, ahora estructurales, del afianzamiento que habían logrado a través de los años de dictaduras blandas, dictaduras duras, democracias débiles y democracias cipayas, bajo el amparo primero de la Doctrina de Seguridad Nacional y luego del Consenso de Washington.
La Tormenta abarca todos los frentes de ataque que puedan ejecutarse en forma simultánea, desde el IPC índice de precios hasta la inseguridad, desde la corrupción a la falta de libertad, desde el supuesto cepo al dólar hasta el alineamiento con el chavismo, pudiendo seguir enumerando el listado completo de acciones en desarrollo o a desarrollar en los próximos meses. No es menor en este camino el proceso de difamación en el campo internacional, aplaudiendo a los Fondos Buitres, estimulando sanciones a nuestro país por parte de los organismos de crédito en especial al FMI, criticando nuestro alineamiento en el UNASUR y la CELAC, boicoteando los desarrollos de negocios petroleros en terceros países, propiciando sanciones sobre libertad de prensa por parte de las empresas de los medios de comunicación verdaderos arietes antidemocráticos en Latinoamérica y estimulando novedosos procesos golpistas de cualquier tipo: hueguístico, parlamentarios o sediciosos.

No es la primera vez en la historia que ocurre, ni en nuestro país ni en Latinoamérica. Le ocurrió a Bolívar con la traición de su vice Santander, aquí pasó casi lo mismo; a San Martín con Rivadavia y Pueyrredón que motivó su desobediencia a Buenos Aires; no titubearon en llamar las tropas brasileras-portuguesas para derrotar a Rosas en Caseros, antes se habían subido a los barcos franceses e ingleses en Obligado, no tuvieron empacho con el embajador Braden de EEUU para combatir a Perón, pintaron “viva el cáncer” ante la enfermedad de Evita, movilizaron la Iglesia bajo cuyo manto bombardearon Plaza de Mayo, fusilaron a sus camaradas, proscribieron las mayorías populares por 18 años, impusieron dictaduras, provocaron genocidios, vendieron al país por monedas, sin conciencia ni mandato histórico marginando al pueblo y sometiendo a los humildes, desposeídos y trabajadores, provocando el atraso y la frustración nacional por décadas.

Ahora otra vez estimulando el odio y el rencor social de las oligarquías sobre los humildes, pidiendo la muerte y la fractura democrática, ante la complicidad silenciosa de los medios y los grupos de poder. Los mismos que se favorecieron con las políticas actuales, los que pidieron que intercedieran por ellos en inversiones externas, los que solicitan ante cualquier problema ayuda estatal con financiamiento, pero critican los planes sociales, rechazan el protagonismo joven, denuncian intervencionismo y tratan a quienes combaten la evasión impositiva, como nazis en búsqueda de víctimas.

Ese verdadero aquelarre no es disparado por personas ofendidas, es planeado, ejecutado, diseñado y establecido por un grupo homogéneo de poder que busca recuperar el territorio perdido. Nada dicen sobre lo que harán si triunfan, nunca hablan de elecciones y de vencer democráticamente, tildan al peronismo de dictatorial, desconocen las leyes y piden seguridad jurídica, reclaman mano dura y protegen a los genocidas, atacan la corrupción supuesta y obvian la que está siendo juzgada, luchan por los costos empresariales intentando bajar salarios vía devaluación, plantean marcos de pobreza extremos y evaden impuestos a la riqueza. Describen un país caótico, propicio para el intervencionismo después de la Tormenta Perfecta, o sea, la conjunción en un momento determinado de todas estas acciones confluyendo en un punto, en una situación específica que provoque el desplazamiento del poder.

Lo llamativo de la actual situación es que cuadros militantes, hombres y mujeres del campo nacional y popular que quizás tengan contradicciones con el Gobierno, pero que han estado incluso en su funcionariado de primer nivel, que han recibido como en el caso de sectores del sindicalismo el aluvión de trabajo y dignificación del trabajador argentino después de décadas neoliberales, con estamentos institucionales funcionando desde los Convenios Colectivos al Consejo del Salario, se sumen ahora a la planificación de los verdaderos dueños del poder. No se puede creer en el desconocimiento de estas acciones que estoy describiendo, no se puede ignorar que ningún árbol quedó en pié cuando irrumpió a sangre y fuego el neoliberalismo, ni aún aquellos que querían aparecer como complacientes o hacerse los cómplices. Nadie les pidió que se bajen de la lucha política a esos militantes, ni se les hace reproches por buscar su destino político pero que pierdan su esencia peronista y nacional en aras de una lucha que divide al país entre quienes quieren volver al pasado y quienes apostamos al futuro modelo argentino con Justicia Social, es lamentable y le agrega masa crítica al gorilismo.

La Tormenta Perfecta está en marcha, allí pondrán todos los medios económicos y comunicacionales al servicio de esa estrategia, lo están haciendo a nivel nacional e internacional, se está desarrollando ahora, en este momento, en un marco desinformativo de lo que pasa en el mundo, de la crisis de los países centrales, de su necesidad de que los periféricos, es decir nosotros, abramos nuestras economías para que ellos puedan resolver sus crisis, que devaluemos para que nos volvamos baratos en sus estructuras de costos, pretendiendo además bajar nuestros precios de los comodities de granos en función del hambre en el mundo que ellos provocan, cuando lo han transformado en un negocio especulativo a nivel mundial. Nada se informa de la situación externa, excepto en los informes económicos aún de los medios opositores, que plantean con números, la mayor solidez de la economía argentina, reconocida por los dos últimos premios Nóbel : Krugman y Stigliz, como así también por organismos internacionales como la CEPAL y la UNESCO en el caso de la pobreza y sus avances en nuestro país y en el continente, mal que les pese a quienes combaten peyorativamente al “populismo” en América Latina como figura denigrante de lo popular.

Como siempre fue y seguirá siendo, se verá en este informe una teoría conspirativa, que nunca existe, excepto 25 años después cuando se abren los archivos o aparece Wikileaks, aunque como es información de antaño a nadie le interesa, por eso un asesino como Kissinger puede seguir escribiendo como columnista en el “gran diario argentino” pese a haber provocado la muerte de Salvador Allende, miles de chilenos, argentinos, uruguayos y paraguayos, ejecutados por su orden y consentimiento según figura en los archivos desclasificados. En este sentido, se informa poco de la Alianza del Pacífico liderada por EEUU para debilitar el UNASUR y la CELAC, conformada por Chile, Perú, Colombia, México, Nueva Zelandia, Australia, Japón, Singapur y Corea del Sur con arancel cero en su comercio tipo su propuesta del ALCA que en el caso mexicano ya sabemos como terminó con desocupación y conflicto social. O sea como en el ajedrez las blancas también juegan y EEUU tiene una estrategia para “su patio trasero”, que se expresa en el abanico de bases militares y planes de control social a través de la DEA y su supuesta lucha contra el narcotráfico.

En este cuadro de situación, se desarrolla la lucha política en la Argentina de hoy, intentando preservar el empleo por sobre todas las demás variantes evitando la caída de la producción, que otros festejan, propiciando escenarios catastróficos funcionales a la Tormenta diseñada, con el gobierno manejando la crisis externa, propiciando el consumo interno y ampliando los derechos sociales, invirtiendo en el país, desalentando la fuga de divisas y protegiendo el salario. Mientras los vientos de la Tormenta propician escenarios de demandas insatisfechas, muchas de ellas legítimas en cuanto a salarios, jubilaciones y asignaciones, pero descontextuadas del momento actual de lucha y confrontación nacional e internacional.

Nos enseñó Perón “cuando la Patria está en peligro, lo único que no puede hacer un argentino es no estar en ningún lado”. Cada uno elige su destino, el de su familia y el de su Patria, ninguna pelea sectorial es mas importante que la sociedad en su conjunto ni ningún afán político puede comprometer el futuro de nuestro país ni la felicidad de nuestro pueblo, menos aún participando de Tormentas de otros intereses ajenos a la identidad y conciencia nacional.












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